
-Necesito que te tomes diez minutos para escucharme. Dejá de hacer la boludez que estés haciendo y sentate. Dale, te voy a explicar qué pasó con las palabras en
Perdón, me poseyó Jorge Lanata. Fue horrible. Casi tan horrible como la vez anterior con Orlando Barone.
No era esto de lo que quería escribir (tampoco de lo próximo) pero aprovecho para decir que me resulta inconcebible que un tipo haya construido una carrera a través del boludeo explícito de sus espectadores.
Sólo intuyo que a los fans de Lanata les debe gustar que los maltraten en público. Fontevecchia, como quien no quiere la cosa, apelaría a la dialéctica del amo y el esclavo, su caballito de batalla, que de tantas veces que lo repitió ya es un Pequeño Pony.
Nadie le dice:
-Jorge, me parece que ya todo el mundo se dio cuenta de que leíste Hegel para principiantes, ¿podrías escribir algo nuevo?
La soledad del Poder que recluye a Fontevecchia en su enorme oficina y le impide comunicarse con seres humanos. A excepción de que se llamen Zloto o Tenembaum. Qué tristeza. Hasta da para tapa de Noticias.
Vuelvo a Lanata. El tipo los forrea. En cualquier momento la editorial de DDT consistirá en Lanata explicando la tabla del 2. Y lo peor es que al otro día vamos a escuchar:
-No sabés lo bien que explicó Lanata que dos por seis es doce. Nunca me lo habían dicho así. Brillante.
El “boludo” ya no es al epíteto igualitario de otrora, aquel que durante los
Lanata parece resentido con sus espectadores. Los que le dieron la espalda y no fueron al Maipo. Los que no compraron Crítica. Los que ni se enteraron de Deuda. Esta semana lo escuché en una entrevista con Andy Kusnetzoff. Dijo algo así como que los que no estaban de acuerdo con él o lo criticaban o lo acusaban de vendido por estar del lado de Clarín, se podían ir a la concha de su madre. O a la de su hermana.
¿Por qué tenemos que soportar tal nivel de agresividad? Grillos.
En cuanto a lo que dijo, me parece bien. Hay más escándalo que refutación. Y yo no me rasgo las vestiduras porque alguien piense distinto o se contradiga. Antes sí. Una vez me peleé porque un vecino sugirió que
¿Ven? Otra vez Lanata me expropió la pluma.
Voy a crear un grupo en Facebook: “Odio cuando reconocidos periodistas poseen mi cuerpo”.
Elipsis.
¿Qué sería de mí sin elipsis? Lo mismo que de Mactas sin su toque, de Nelson Castro sin sus versiones, de Ulanovsky sin su libro mensual sobre la radio, de Pepe Eliaschev sin su idioma particular. Nada.
La paradoja de Cristina es haber instalado masivamente la idea de que el “relato” estaba perimido, pero, al mismo tiempo, querer imponer otro. El informe oficial sobre
Lo que sucede es entendible: la política no es filosofía. No se pueden llevar las riendas de nada desde la vacilación metafísica. Ni siquiera las de un kiosco. Es blanco o negro. Amigo o enemigo. Moisés, con el ejército del Faraón respirándole en la nuca, no cruzó a nado el Mar Rojo, directamente llamó a Dios y abrió las aguas. He aquí la gran hipocresía de quienes le reclaman moderación o mesura o bolazos de ese tipo al gobierno. Y el argumento de quienes justifican a Moreno.
Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra.
Pero nosotros no estamos en el Poder. No podemos entregarnos mansamente al cuento infantil protagonizado por malos malísimos y buenos buenísimos. Es nuestro deber como sujetos racionales parar la pelota y no entrar en la vorágine.
¿Por qué somos sujetos racionales, no?
Cualquiera que haya visto Lost sabe que al principio Benjamin Linus era el villano más espantoso de la galaxia. Asustaba con sólo aparecer delante de la cámara. Después asume un carácter humano y se transforma en un tipo débil, que se debate moral y éticamente cada vez que toma una decisión.
Quiero decir que nada es unidimensional en este mundo. La sensación de que hay categorías inalterables es muy tranquilizadora pero nos anula la capacidad de análisis. Por eso para muchos sería preferible que no se emita una película como
Porque la chica que amás es hermosa, pero también hace sus necesidades. ¡Todo viene en el mismo paquete y sin embargo parece tan diferente!
En fin, sutilezas que se me ocurren para trazar algún tipo de analogía. Juro que había escrito algo mucho peor. Pero en el fondo soy un poeta maldito. Un Rimbaud de las heces.
Se puede estar de acuerdo con Kirchner. Lo que se comprobó científicamente es la imposibilidad de ser más kirchnerista que él. ¡Con la rapidez que cambia de opinión ese muchacho, es probable que ni siquiera esté de acuerdo consigo mismo! No sólo le mueve al arco a la oposición, sino también a sus fans, que a veces corren detrás de la nueva liebre sin saber exactamente por qué y para qué.
El otro día casi rompo a trompadas la imagen que me devolvió el espejo. Y esta vez no era porque me asusté de mi cara: es que, claro, soy un asqueroso usuario de Fibertel, tan responsable de la ilegalidad del servidor de Internet como la sociedad argentina de la última dictadura militar.
El recital de las Bandas Eternas de Spinetta de diciembre del año pasado duró alrededor de 5 horas. Era literal la cosa. Cuando estaba a punto de terminar, el músico le pidió al público que le haga Fuck You a la revista Rolling Stone por un inconveniente X que había tenido con él. El 85 por ciento de los presentes (entre dormidos, agotados y maravillados) hicieron caso sin entender nada.
Lo hicieron porque era Spinetta y, en algún punto, el spinetteano está convencido de que todo lo que dice Spinetta está bien.
Si me preguntan: ¡si, yo también hice Fuck You! Incluso Spinetta ordenó que levantáramos más el brazo para que se viera mejor y acaté la orden. Los que fueron no me dejarán mentir.
Creo que la gran enseñanza de estos días (y tal vez de estos tiempos) es aprender a surfear en la ola de la incertidumbre general, con el equilibrio adecuado para no pasarse de rosca y quedar anclado en la fe desmedida a un dogma. O golpeando las puertas de un nihilismo inconducente. En vez de “No future”, “No Truth”. Una noción de la vida que puede ser atractiva hasta que cumplís 14 años y te das cuenta de que tenés que elegir entre la rubia y la morocha. Fuck. No podés estar con las dos y sin ninguna sos un boludo.
Es evidente como la oposición te hace kirchnerista, los kirchneristas te impulsan a votar a Sabbatella y votar a Sabbatella es una de las principales causas de suicidio en la sociedad contemporánea.
La tapa de cada diario exhibe una película distinta pero los protagonistas, la trama y el título indican que es la misma.
¿Cómo puede ser?
El receptor debe consolidar su espíritu crítico y sacar de cada lugar lo que sea útil para su propia cosmovisión del mundo, no para la de Spinetta o Kirchner. Seres disímiles que poseen algo en común: son depositarios de nuestros anhelos. Testaferros de nuestras pobres ilusiones. Custodios de nuestros más recónditos deseos. Tanto es así que a veces confundimos nuestros culos con los suyos.
No intentes buscarles las piezas perdidas del rompecabezas, no gastés tiempo en agradarles porque nunca en su vida se van a enterar de tu existencia. Antes de hacer Fuck You, entonces, tomate tu tiempo y si te parece bien, recién ahí cerrá el puño y extendé el dedo del medio. Esto de auto aconsejarme me está preocupando, creo que mañana consultaré con el psicoanalista.
Si tu visión del Cosmos es la misma que la de Spinetta o Kirchner o el Indio Solari u Orlando Barone o Jorge Lanata o Ricardo Alfonsín: estás frito angelito.
Lo de Ricardo Alfonsín es una broma, claro. Nadie quiere a Milhouse.
Seguir la línea editorial de un diario (llámese Clarín o Miradas al Sur o Barcelona) equivale a venderle tu subjetividad al demonio. Ahora que se acabó el stock de almas, creo que se puso de moda.
¡Hacé de cuenta sos tu propio enviado especial en las ruinas de un lugar llamado “realidad”! Si querés ponete un casco. Pero intentá que no te saquen fotos porque si no quedás como un boludo.
¡Oh maldita justicia poética, justo lo mismo de lo que acusaste durante toda la vida a los demás!
Hay algo claro: no le creo a/ ni espero nada bueno de: Magnetto (englobo bajo este apellido, que ya se convirtió en un término calificativo, no sólo al hombre detrás de la cortina, sino a todo y todos los que representa). Por eso me ahorro las críticas. Ya hay miles que lo hacen mejor. Cuando argumentan y desguazan y “visibilizan”. No cuando simplemente se dedican a deplorar que exista:
-¡No lo puedo creer! ¡El diablo tiene un tridente! ¡Y tiene cuernos! ¡Y es rojo! ¡Y resiste temperaturas elevadas!
Y ¿qué esperaban?, ¡si es el fucking Satanás, el mismísimo Adversario, el Ángel de las Tinieblas, Belcebú, Luzbel, Metatrón!
N. en medio de
Elijo entonces la introspección progresista. El Nosce te ipsum Nac and Pop. El problema empieza cuando te conocés tanto que te odiás. Espero que nunca les pase algo similar. Es un camino de ida. Terminás enclaustrado en escritos de largo aliento y desconcierto, incoherentes, poseído por Lanata, confundiendo al Diablo con un empresario monopólico.
En La noble Ernestina, el libro de Pablo Llanto, se lee:
“Magnetto le comentó a
La investigación data de marzo del año 2003, cuando “Kirchner, El actual” no existía. Sólo este gobierno puede sentar las condiciones para que sucedan ciertas cosas cercanas a
Eduardo Anguita dijo en 678 que a quién se le puede ocurrir pensar que Lidia Papaleo, torturada durante la dictadura militar, mienta. A mí, últimamente, se me ocurre cualquier cosa, pero esta hipótesis es válida porque ante un litigio judicial, nuestro sentido humanitario nos pone del lado del más débil.
Más ante una acusación de estas características.
Más si el acusado es Magnetto con el respaldo de
Más si lo defiende la plana mayor de TN.
Ahora bien, ¿qué hacer si otra de las víctimas, en este caso Isidoro Graiver, dice lo contrario? Luego aparece otra versión, anterior a la actual, en la que el mismo tipo se refuta. Pero ¿no podemos decir en este caso “a quién se le puede ocurrir que Isidoro Graiver mienta”? ¿Está mal del bocho? ¿Tiene esquizofrenia? ¿Entendemos sin necesidad de pruebas que le pagó Clarín? ¿Exactamente lo mismo que dice Carrió de Papaleo? ¿Se acabó la piedad? ¿Se transforma (como Felipe y Marcela) en menos víctima por estar en la vereda del frente? ¿Sobre lo que no se puede hablar, mejor callar?
¿Soy el único con más preguntas que respuestas en este mundo de esclarecidos?
Sayonara.