domingo, 29 de agosto de 2010

Análisis estructural del relato

-Necesito que te tomes diez minutos para escucharme. Dejá de hacer la boludez que estés haciendo y sentate. Dale, te voy a explicar qué pasó con las palabras en la Argentina. Vos seguro que no te diste cuenta, boludo, pero en este país algunas palabras significan otras cosas de las que creemos. Dale, retrasado, sentate y escuchá.

Perdón, me poseyó Jorge Lanata. Fue horrible. Casi tan horrible como la vez anterior con Orlando Barone.

No era esto de lo que quería escribir (tampoco de lo próximo) pero aprovecho para decir que me resulta inconcebible que un tipo haya construido una carrera a través del boludeo explícito de sus espectadores.

Sólo intuyo que a los fans de Lanata les debe gustar que los maltraten en público. Fontevecchia, como quien no quiere la cosa, apelaría a la dialéctica del amo y el esclavo, su caballito de batalla, que de tantas veces que lo repitió ya es un Pequeño Pony.

Nadie le dice:

-Jorge, me parece que ya todo el mundo se dio cuenta de que leíste Hegel para principiantes, ¿podrías escribir algo nuevo?

La soledad del Poder que recluye a Fontevecchia en su enorme oficina y le impide comunicarse con seres humanos. A excepción de que se llamen Zloto o Tenembaum. Qué tristeza. Hasta da para tapa de Noticias.

Vuelvo a Lanata. El tipo los forrea. En cualquier momento la editorial de DDT consistirá en Lanata explicando la tabla del 2. Y lo peor es que al otro día vamos a escuchar:

-No sabés lo bien que explicó Lanata que dos por seis es doce. Nunca me lo habían dicho así. Brillante.

El “boludo” ya no es al epíteto igualitario de otrora, aquel que durante los 90’, frente a la clase dirigente corrupta, desestructuró el programa político para crear un marco de complicidad entre el periodista y su público. Los de afuera son “garcas”, como dice el muchacho de anteojos negros y voz ronca. Nosotros nos contentamos con ser “boludos”. Pero Boludos bien, eh. Boludos distinguidos. Boludos cool. Esto no va en desmedro de la capacidad y la habilidad y la inteligencia de Lanata, pero los tiempos cambiaron. Suele pasar. Vos estás en el lugar de siempre, pero todo a tu alrededor mutó. Y sin darte cuenta, ya no sos el mismo. “Ya no sos igual”, diría Mosca, de 2 Minutos. Ok, ahora el “boludo” suena a insulto.

Lanata parece resentido con sus espectadores. Los que le dieron la espalda y no fueron al Maipo. Los que no compraron Crítica. Los que ni se enteraron de Deuda. Esta semana lo escuché en una entrevista con Andy Kusnetzoff. Dijo algo así como que los que no estaban de acuerdo con él o lo criticaban o lo acusaban de vendido por estar del lado de Clarín, se podían ir a la concha de su madre. O a la de su hermana.

¿Por qué tenemos que soportar tal nivel de agresividad? Grillos.

En cuanto a lo que dijo, me parece bien. Hay más escándalo que refutación. Y yo no me rasgo las vestiduras porque alguien piense distinto o se contradiga. Antes sí. Una vez me peleé porque un vecino sugirió que la Tortuga Ninja con más banca era Donatello. Y era obvio que se imponía Rafael. Pero tenía 5 años, boludo.

¿Ven? Otra vez Lanata me expropió la pluma.

Voy a crear un grupo en Facebook: “Odio cuando reconocidos periodistas poseen mi cuerpo”.

Elipsis.

¿Qué sería de mí sin elipsis? Lo mismo que de Mactas sin su toque, de Nelson Castro sin sus versiones, de Ulanovsky sin su libro mensual sobre la radio, de Pepe Eliaschev sin su idioma particular. Nada.

La paradoja de Cristina es haber instalado masivamente la idea de que el “relato” estaba perimido, pero, al mismo tiempo, querer imponer otro. El informe oficial sobre la Historia de Papel Prensa es casi didáctico en este aspecto, se titula, llanamente: La verdad.

Lo que sucede es entendible: la política no es filosofía. No se pueden llevar las riendas de nada desde la vacilación metafísica. Ni siquiera las de un kiosco. Es blanco o negro. Amigo o enemigo. Moisés, con el ejército del Faraón respirándole en la nuca, no cruzó a nado el Mar Rojo, directamente llamó a Dios y abrió las aguas. He aquí la gran hipocresía de quienes le reclaman moderación o mesura o bolazos de ese tipo al gobierno. Y el argumento de quienes justifican a Moreno.

Todo lo que diga podrá ser utilizado en su contra.

Pero nosotros no estamos en el Poder. No podemos entregarnos mansamente al cuento infantil protagonizado por malos malísimos y buenos buenísimos. Es nuestro deber como sujetos racionales parar la pelota y no entrar en la vorágine.

¿Por qué somos sujetos racionales, no?

Cualquiera que haya visto Lost sabe que al principio Benjamin Linus era el villano más espantoso de la galaxia. Asustaba con sólo aparecer delante de la cámara. Después asume un carácter humano y se transforma en un tipo débil, que se debate moral y éticamente cada vez que toma una decisión.

Quiero decir que nada es unidimensional en este mundo. La sensación de que hay categorías inalterables es muy tranquilizadora pero nos anula la capacidad de análisis. Por eso para muchos sería preferible que no se emita una película como La Caída. De las favoritas de Cristina según recuerdo.

Porque la chica que amás es hermosa, pero también hace sus necesidades. ¡Todo viene en el mismo paquete y sin embargo parece tan diferente!

En fin, sutilezas que se me ocurren para trazar algún tipo de analogía. Juro que había escrito algo mucho peor. Pero en el fondo soy un poeta maldito. Un Rimbaud de las heces.

Se puede estar de acuerdo con Kirchner. Lo que se comprobó científicamente es la imposibilidad de ser más kirchnerista que él. ¡Con la rapidez que cambia de opinión ese muchacho, es probable que ni siquiera esté de acuerdo consigo mismo! No sólo le mueve al arco a la oposición, sino también a sus fans, que a veces corren detrás de la nueva liebre sin saber exactamente por qué y para qué.

El otro día casi rompo a trompadas la imagen que me devolvió el espejo. Y esta vez no era porque me asusté de mi cara: es que, claro, soy un asqueroso usuario de Fibertel, tan responsable de la ilegalidad del servidor de Internet como la sociedad argentina de la última dictadura militar.

El recital de las Bandas Eternas de Spinetta de diciembre del año pasado duró alrededor de 5 horas. Era literal la cosa. Cuando estaba a punto de terminar, el músico le pidió al público que le haga Fuck You a la revista Rolling Stone por un inconveniente X que había tenido con él. El 85 por ciento de los presentes (entre dormidos, agotados y maravillados) hicieron caso sin entender nada.

Lo hicieron porque era Spinetta y, en algún punto, el spinetteano está convencido de que todo lo que dice Spinetta está bien.

Si me preguntan: ¡si, yo también hice Fuck You! Incluso Spinetta ordenó que levantáramos más el brazo para que se viera mejor y acaté la orden. Los que fueron no me dejarán mentir.

Creo que la gran enseñanza de estos días (y tal vez de estos tiempos) es aprender a surfear en la ola de la incertidumbre general, con el equilibrio adecuado para no pasarse de rosca y quedar anclado en la fe desmedida a un dogma. O golpeando las puertas de un nihilismo inconducente. En vez de “No future”, “No Truth”. Una noción de la vida que puede ser atractiva hasta que cumplís 14 años y te das cuenta de que tenés que elegir entre la rubia y la morocha. Fuck. No podés estar con las dos y sin ninguna sos un boludo.

Es evidente como la oposición te hace kirchnerista, los kirchneristas te impulsan a votar a Sabbatella y votar a Sabbatella es una de las principales causas de suicidio en la sociedad contemporánea.

La tapa de cada diario exhibe una película distinta pero los protagonistas, la trama y el título indican que es la misma.

¿Cómo puede ser?

El receptor debe consolidar su espíritu crítico y sacar de cada lugar lo que sea útil para su propia cosmovisión del mundo, no para la de Spinetta o Kirchner. Seres disímiles que poseen algo en común: son depositarios de nuestros anhelos. Testaferros de nuestras pobres ilusiones. Custodios de nuestros más recónditos deseos. Tanto es así que a veces confundimos nuestros culos con los suyos.

No intentes buscarles las piezas perdidas del rompecabezas, no gastés tiempo en agradarles porque nunca en su vida se van a enterar de tu existencia. Antes de hacer Fuck You, entonces, tomate tu tiempo y si te parece bien, recién ahí cerrá el puño y extendé el dedo del medio. Esto de auto aconsejarme me está preocupando, creo que mañana consultaré con el psicoanalista.

Si tu visión del Cosmos es la misma que la de Spinetta o Kirchner o el Indio Solari u Orlando Barone o Jorge Lanata o Ricardo Alfonsín: estás frito angelito.

Lo de Ricardo Alfonsín es una broma, claro. Nadie quiere a Milhouse.

Seguir la línea editorial de un diario (llámese Clarín o Miradas al Sur o Barcelona) equivale a venderle tu subjetividad al demonio. Ahora que se acabó el stock de almas, creo que se puso de moda.

¡Hacé de cuenta sos tu propio enviado especial en las ruinas de un lugar llamado “realidad”! Si querés ponete un casco. Pero intentá que no te saquen fotos porque si no quedás como un boludo.

¡Oh maldita justicia poética, justo lo mismo de lo que acusaste durante toda la vida a los demás!

Hay algo claro: no le creo a/ ni espero nada bueno de: Magnetto (englobo bajo este apellido, que ya se convirtió en un término calificativo, no sólo al hombre detrás de la cortina, sino a todo y todos los que representa). Por eso me ahorro las críticas. Ya hay miles que lo hacen mejor. Cuando argumentan y desguazan y “visibilizan”. No cuando simplemente se dedican a deplorar que exista:

-¡No lo puedo creer! ¡El diablo tiene un tridente! ¡Y tiene cuernos! ¡Y es rojo! ¡Y resiste temperaturas elevadas!

Y ¿qué esperaban?, ¡si es el fucking Satanás, el mismísimo Adversario, el Ángel de las Tinieblas, Belcebú, Luzbel, Metatrón!

N. en medio de la R: es imperdonable que en 678 musicalicen y repitan y comenten con afectada indignación los dichos de Lidia Papaleo sobre la mirada de Magnetto. Equivale a hacer un show de una tragedia y para eso ya existe TN y Julio Bazán. Muchas gracias.

Elijo entonces la introspección progresista. El Nosce te ipsum Nac and Pop. El problema empieza cuando te conocés tanto que te odiás. Espero que nunca les pase algo similar. Es un camino de ida. Terminás enclaustrado en escritos de largo aliento y desconcierto, incoherentes, poseído por Lanata, confundiendo al Diablo con un empresario monopólico.

En La noble Ernestina, el libro de Pablo Llanto, se lee:

“Magnetto le comentó a LA VIUDA la operación que venía y le dijo también que Videla, Massera, Agosti y Martínez de Hoz ya le habían dado el okey para que los cuatro diarios más importantes de la Argentina, Clarín, La Razón, La Nación y La Prensa, compraran el paquete que finalmente se desprenderían los Graiver acorralados por los miedos y amenazas”.

La investigación data de marzo del año 2003, cuando “Kirchner, El actual” no existía. Sólo este gobierno puede sentar las condiciones para que sucedan ciertas cosas cercanas a la Justicia. Es decir, no dudo del origen espurio del actual directorio de Papel Prensa. Rechazó, sí, la serie de preconceptos y contradicciones que se ponen de manifiesto para corroborarlo. Son las reglas del juego, pero no deja de resultarme sugestivo advertir que los mismos kirchneristas que, enhorabuena, agitan día a día la idea de que todos los medios responden a determinados intereses se conviertan, en un pestañeo, en predicadores del Evangelio de Osvaldo Papaleo, un personaje hasta hace pocos meses olvidado en ese limbo impreciso en que pululan quienes fueron funcionarios del gobierno de Isabel (Triple A) y luego torturados por la dictadura. Mientras la justicia no dicte una sentencia, creerle es como creer en Dios: un acto de fe. Porque, con una mano en el corazón: ¿quién carajo es Osvaldo Papaleo? ¡Los manipuladores de archivos se devanan los sesos porque no es políticamente correcto acusar de facho a alguien que fue picaneado! ¡Qué problema! ¿Alguna vez pensaron eso? Es muy incómodo.

Eduardo Anguita dijo en 678 que a quién se le puede ocurrir pensar que Lidia Papaleo, torturada durante la dictadura militar, mienta. A mí, últimamente, se me ocurre cualquier cosa, pero esta hipótesis es válida porque ante un litigio judicial, nuestro sentido humanitario nos pone del lado del más débil.

Más ante una acusación de estas características.

Más si el acusado es Magnetto con el respaldo de la Junta Militar.

Más si lo defiende la plana mayor de TN.

Ahora bien, ¿qué hacer si otra de las víctimas, en este caso Isidoro Graiver, dice lo contrario? Luego aparece otra versión, anterior a la actual, en la que el mismo tipo se refuta. Pero ¿no podemos decir en este caso “a quién se le puede ocurrir que Isidoro Graiver mienta”? ¿Está mal del bocho? ¿Tiene esquizofrenia? ¿Entendemos sin necesidad de pruebas que le pagó Clarín? ¿Exactamente lo mismo que dice Carrió de Papaleo? ¿Se acabó la piedad? ¿Se transforma (como Felipe y Marcela) en menos víctima por estar en la vereda del frente? ¿Sobre lo que no se puede hablar, mejor callar?

¿Soy el único con más preguntas que respuestas en este mundo de esclarecidos?

Sayonara.

viernes, 27 de agosto de 2010

¿Y cómo puede ser que su deseo concibió el envión que podría propulsarlo al aire de las avenidas?

Preso Ventanilla/ Luis Alberto Spinetta


Alguien dijo basta y nunca amaneció,
luego vino un ángel
que se precipitó en su rostro
sin nadie ya.
Transformado en duende,
en copo de cartón,
quiso conocer de arriba todas las ciudades
sin nadie ya.

¿Y cómo imaginar que tanta soledad
pudiera despertar en él esa piedad?
Y desde que la vida ya no le importó
quiso recordar y se perdió en la mañana
flor que late y late
aunque nunca encuentre
cuerpo que la habite.

Ya transformado en gema en lívido cristal,
se supo acrecentado
y entonces encendió su mecha,
sin fuego ya.
Luego como un monstruo,
un eje de metal,
quiso conocer el mar
y despertó en un barco
en forma de bulón!
¡Tan sólo regresar
para reír y llorar
única salida en un mundo que no está!

¿Y cómo puede ser que su deseo concibió
el envión que podría propulsarlo
al aire de las avenidas?
Y no cae nunca, está lejos de la vida
Estrellado en un periódico,
perdió el control total,
y así habló desde una hoja.

Por fin tocó un portero
y oyó: - "¡Usted no está!",
quiso reconocerse
y en éste mundo no hay espejos
sin alguien.
Así como una roca o un tímido jazmín
sintió que trasmutaba
y cada nueva vez lo hacía
sin alma ya.

¿Y cómo imaginar que tanta soledad
pudiera despertar en él esa piedad?
No sólo revivió, sino que a todos ayudó,
se completó en una flor para surgir
en llamaradas de su amor perdidas.

Vaga, vaga y vaga
infundiendo vida,
juega en la distancia
preso ventanilla
corre con su sombra
en la serranía
juega en la distancia
preso ventanilla...

martes, 24 de agosto de 2010

La rebelión consiste en escuchar Los Redondos hasta pulverizarse los oídos


Sucede que cuando nos enteramos a qué se refieren las letras (en base a investigaciones de la CIA) nos decepcionamos.


Limón era el guardaespaldas de Pablo Escobar.


Tal tema está dedicado a X periodista (que siempre responde al nombre de Enrique Symns).


Tal otro fue compuesto después de que el Indio sufriera apendicitis.


¿Para qué quiero saber todo eso? Ni el propio Solari debe estar seguro. Y está bien que así sea. A veces el poeta es un intermediario y termina por enunciar fenómenos lingüísticos que lo exceden. En el traspaso quizás se perdió el significado. Antes de afirmar que el 95 por ciento de las letras hablan de la falopa, mejor imaginar al Indio Solari en la terraza en una noche de tormenta. A través de una máquina de avanzada recibe descargas eléctricas que, decodificadas, contienen un lenguaje sensible. Es evidente: se trata de un pararrayos que capta la poesía de otras galaxias. Como sabemos todos, la buena poesía trasciende los mundos, de allí provienen frases que nos parecen intentendibles pero son completamente sugestivas (tomemos por caso un solo disco, Oktubre): "Pará, mi amor, esto está muy shangai", "Practicamos tiro al pichón y un test para ir al espacio", "Motor psico, el mercado de todo amor, lo que debes, ¿cómo puedes quedártelo?".



Me remito al gran Werner Herzog en el diario de rodaje de Fitzcarraldo: “Laplace habló de aplanar la pendiente hasta que tenga una caída de sólo doce por ciento. Le dije que no lo iba a permitir porque de esa forma perderíamos la metáfora central de la película. Metáfora de qué, me preguntó. Le dije que eso no lo sabía, sólo que era una gran metáfora”.



Existe cierta magia en las cosas que no se explican e igual nos atraen. ¿Por qué el fútbol y no el remo es pasión de multitudes? ¿Por qué con esa mujer y no otra perdí la cabeza? ¿Por qué, por qué? Eso es lo que más preguntan los nenes de cinco años al comprender el lugar al que fueron a parar. No me sirve de nada saber que cuando estoy enamorado el cerebro segrega una sustancia llamada feniletilamina, amo y ya. Atreverse a buscarle significado a las letras de Patricio Rey es muy temerario. Así lo prueban las miles y miles de interpretaciones que los fans publican en la red. Son enternecedoras e insufribles.



Complementa esta vertiente que con mucha (o poca) imaginación podemos llamar neobarroca (que incluye neologismos, giros idiomáticos, juegos de palabras), una facilidad de Solari para elaborar aforismos de consumo masivo. Éstos versan sobre el amor, la sociedad, el curso del mundo, la vida y otras yerbas. Son irresistibles y aptos para todo público. Están en el paredón de la esquina de tu casa y entre las citas favoritas de miles de usuarios de facebook, al igual que berretadas del tipo "Ven a dormir conmigo, no haremos el amor, él nos hará" o "El mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón" o "Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos".



Se calcula que en la Argentina, cada 20 minutos se escucha de boca de alguien: "Y, como dice el Indio Solari...". Versos tal vez más cercanos al eslogan que a la poesía pero que en el contexto de una canción pop de 3 minutos adquieren el status de un milagro popular de la lengua.



Violencia es mentir. El lujo es vulgaridad. Nuestro amo juega al esclavo. Dos que se quieren se dicen cualquier cosa. No sé si me gusta más que el rock, nunca la vi llorar. Las minitas aman los payasos y la pasta de campeón. Vivir sólo cuesta vida. La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo. Las despedidas son esos dolores dulces. No se entiende el menú, pero la salsa abunda. El mejor testigo se puede contradecir. Cuanto más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve. El futuro llegó hace rato. La más linda del amor que un tonto ha visto soñar.



Epa, epa, de repente nos damos cuenta de que varios de los mensajes que están incrustados en nuestro inconsciente colectivo son obra de la mente brillante de Carlos Alberto Solari. Algo similar sucede con otro Carlos Alberto pero apellidado García Moreno.



Pero ¿por qué Los Redondos explotan en la psique del joven de barrio? Alguna vez el Indio Solari, ya entrado en años, autor de insultos tales como "Aristócrata de cotillón", se sinceró y dijo no saber cuál era su conexión con un pibe de Laferrere. Hay algo claro: pocos sonidos tienen más correlación que los de Patricio Rey con el imaginario de un suburbio. No me pregunten por qué. Hay ciertas fotografías que se nos vienen a la mente cuando escuchamos cierta música instrumental. Angelo Baladamenti hizo la banda sonora de Twin Peaks con David Lynch al lado diciéndole que se imagine un bosque oscuro, la brisa que sopla a través de los árboles, una muchacha triste alejándose. Y cuando escuchamos la música de Twin Peaks, aun sin haber visto la serie, ¿en qué pensamos?: un bosque oscuro, la brisa que sopla a través de los árboles, una muchacha triste alejándose...



Podemos reducir al absurdo esta hipótesis de la mano de Woody Allen: "No puedo escuchar mucho a Wagner porque enseguida me entran ganas de invadir Polonia".



Así que la respuesta la tendrá Skay Beilinson, ese guitarrista único en su especie. Porque en Los Redondos hay tanto hard rock, blues y post punk como aires de ritmos balcánicos, músicas étnicas, polka, tonos arabescos. Del rock and roll oscuro y a la vez festivo del principio (con temas hermosos que en su mayoría no llegaron al disco: "Un tal Briggite Bardot", "El regreso de Mao", "Nena nene" y esa joya llamada "Mi genio amor") al espectro tan personal de Oktubre (1986) se pasó al rock para estadios de Un baión para el ojo idiot (1988). Bang Bang Estás liquidado, La Mosca y la Sopa y Lobo Suelto, Cordero Atado son grandes discos, con atisbos de genialidad, pero no se diferencian demasiado entre sí. La repetición de la fórmula tal vez fue uno de los motivos que desgastaron a la banda.



La música de Los Redondos se amplificó y el Indio se volvió un tanto más legible, lineal. Hay un movimiento que va de las energías superiores y metafísicas que tomaban entidad a través de Patricio Rey (La Bestia Pop, Barba Azul, MotorPsico) a los itinerarios del "lumpenaje" terrenal y posmoderno (el pibe de los astilleros, Pituca, Zippo, el héroe del whisky). Incluso hay canciones que parecen dirigidas a sus fans. Ojo, son canciones conmovedoras: "Ángel para tu soledad", por ejemplo. La demanda por "sentirse parte" de ese montón de personas desplazadas se transformó en una enorme presión. Intuyo entonces que era eso (asimilar que la banda también eran "las bandas") o la separación.



En el medio ocurren la muerte de Walter Bulacio, los disturbios y las prohibiciones para tocar en algunas ciudades. El "sistema", que ya los había dejado afuera por no tener recursos para estudiar o progresar laboralmente, ahora no les permite ni siquiera ver a Los Redondos. Cuando se percibe al enemigo nítidamente no tenemos tiempo de preguntarnos nada y se consolida lo que pensamos. Los golpes profundizaron aun más la huella de la banda en su público. ¡La cuestión se complica si el enemigo está en todas partes y ninguna! Ahí no hay certidumbre que nos tranquilice porque no sabemos de qué lado de la mecha nos encontramos. Puede fusilarnos hasta la Cruz Roja. La noción de historia como relato infalible es una broma pesada. ¿Y qué decir del concepto de Verdad manejado por el periodismo? Estamos atrapados entre versiones. Ése es el mundo que reflejan Los Redondos y quizás haya que buscar allí la solución a tanta devoción.



En la discografía pirata paralela a la oficial, compuesta por conciertos en vivo, también se nota este pasaje. En los tempranos 80' Solari es un frontman relajado, agradecido con su público, ocurrente. El tiempo y las circunstancias lo transformaron. La multitud no se maneja sola y él debe hacer las veces de Maestro Ciruela: cagarlos a pedo, putearlos cuando se mandan una macana. Nada peor para un músico de rock que convertirse en la policía. Mucho más para una banda como Los Redondos que según cuentan quienes saben eran un canto a la libertad.



Luzbelito es el clímax: el disco es un greatest hits nato, sonido ultra hi fi, una súper banda capaz de llenar River cuantas veces quiera (literalmente). En Último bondi a Finisterre y Momo Sampler se incorporan máquinas, se usan samplers, la voz del Indio aparece detrás de capas y capas de sonido. Los personajes son parte de una distopía virtual. Es un volantazo casi tan tardío como el comienzo de cuatrimestre en la Facultad de Humanidades. "La pequeña novia del carioca" lo justifica.



Los Redondos sacan su música de la anacrónica casetera y la arrojan al ciberespacio. Los discos solistas evidencian cuál de los dos líderes llevaba la antorcha de lo nuevo.



Sin Redondos en la Costa, muchas bandas parecen hacer un muestro de marketing y enterarse que buena parte del Mercado ha quedado huérfano. Cuando el gato se va, los ratones bailan. Se copia la estética de Los Redondos en sus aspectos más superficiales (voz, relación con la prensa) y se deja de lado el contenido. Callejeros mantiene el mismo discurso que Los Redondos en 1985, cuando la democracia estaba en pañales, todavía no había caído el Muro de Berlín y no existía Internet. Es una postura que atrasa desde cualquier punto de vista. En "Tarea Fina" se encuentra buena parte del rock argentino de los 90: solo de armónica, saxofón matizando la melodía, letra sobre cuestiones nocturnas, solo de guitarra, estribillo. Hay muchos temas que son así. A diferencia de Oktubre, que no tiene comparación ni siquiera dentro de la discografía redonda. El mejor disco es el más diferente a todos. La estética combativa (explicitada textualmente en "Fuegos de oktubre", esa canción sensacional) se funde con la pluma brillante de Solari, que pasa revista a los grandes placeres y males de la época: la cocaína ("Semen Up"), la televisión ("Divina TV Fuhrer"), el rock pasteurizado ("Música para pastillas"). Siempre desde un lente elusivo, con recursos que van desde la ironía a la hipérbole.



Ahora la discusión está zanjada (es decir que alrededor de la misma se cavó un pozo y quien intente acercarse se cae y se muere) pero en los 90', cuando estaba de moda ser un boludo, cierta inteligentzia esnob desdeñaba a los Redondos. Son esos círculos selectos que echan a rodar calificaciones taxativas hasta lograr que todos las repitamos sin pensar. De no hacerlo nos sentimos tontos o "grasas" o vaya a saber qué. Nuestra tarea en el mundo es luchar contra estos estúpidos y escuchar y leer y ver lo que se nos cante independientemente de que un crítico, un periodista, un escritor o un blogger (¡válgame deux ex machina!) digan lo contrario. Fuerza Bruta es el mejor espectáculo de los últimos 100 años. Las películas de Lucía Puenzo son geniales. Lisandro Aristimuño hace buena música. Se me ocurren esos ejemplos, no porque Fuerza Bruta o Puenzo o Aristimuño sean "malos" (¡qué temeridad acusar de maldad a una obra de arte!), sino porque escucho y leo a mucha "gente" halagarlos pero intuitivamente me doy cuenta de que en realidad no los conocen, están siendo hablados por la inteligentzia. Lo mismo con Los Redondos. Lo que camuflaba esta diatriba era un gran prejuicio de clase: ninguna banda puede ser buena si la sigue "la negrada".



No estoy en condiciones de delimitar etimológica ni ontológicamente qué es cultura. Sí estoy seguro de que todo lo que percibimos como un hecho cultural a través de los medios (muestras de arte, festivales de cine o literatura, exposiciones, conciertos de música experimental) se relaciona más con pertenecer a sectores socio-económicos que con el hecho cultural en sí. Con discursos de trasfondo elitista. Con el anhelo de vidriera social de sus actores principales. Si eso es la cultura estamos fritos, porque deja al 99,9 por ciento del pueblo afuera. Digo "pueblo" y no "gente". El primero "quiere saber", el segundo es una construcción ficticia que suele sentirse ajena a todo a excepción de su bolsillo. De ahí lugares comunes horrorosos como "la gente se siente rehén de la disputa entre Clarín y el Gobierno" o "a la gente no le importa lo que pasó en Papel Prensa". La gente desprecia la política, el pueblo la hace. El pueblo también es modelado a gusto de quien tenga el Poder, pero da la sensación de que preexiste más allá de todo. En cambio sin TN o Clarín o América TV, ¿existiría la gente que marcha por la inseguridad, por la suba del tomate, por la caducidad de fibertel? Y así podría seguir durante varias horas, pero no es el objetivo. Apuntaba a señalar los conciertos de Los Redondos como unos de los hechos culturales más notables de la democracia. Un fenómeno artístico de excepción que atravesaba todas las capas sociales. Es decir que apuntaba a algo repetido en miles de ocasiones, entonces (tra)vestí ese algo con metros de retórica vacía para que parezca bonito. En fin, sus recitales eran, ante la debacle dirigencial y la aparente clausura ideológica, una decisión política.



En el regreso del 2007, los recitales de Soda Stereo se asemejaban al bunker del PRO. Gente hermosa, rubia, que apestaba a perfume y hacía grandes esfuerzos para no rozarse. Antes de que los eunucos bufen quiero aclarar que uno de ellos era yo (aunque no soy hermoso ni rubio ni apesto a perfume). Sepan, de paso, que todo lo que aquí se escribe es autocrítica. Volvamos. En las imágenes recientemente subidas a You Tube que testimonian los conciertos de Los Redondos en Racing (diciembre de 1998) se tiene la impresión de que allí está por ocurrir la toma de la Bastilla. Los jóvenes proletarios amuchados entre sí parecen salidos de la tapa de Oktubre. Pancartas con el rostro del Che Guevara y nombres de localidades periféricas. Focos de luminiscencia roja producto del humo de las bengalas. Una estructura iconografía muy atractiva, que remite a la política pero que no tiene sustento ideológico. Ya lo dijo Pizarnik: La rebelión consiste en escuchar Los Redondos hasta pulverizarse los oídos. La mayoría de los que allí se encuentran descreen de la política o son militantes desencantados o nihilistas o conservadores inconscientes, como la mayor parte del público rockero.



Durante mayo, el mismo día que se difundió la información de que había material inédito de la banda en la red, TN proyectó durante toda la tarde la interpretación de “Ji ji ji”. Los conductores ablandaron por un rato la rigidez de sus rictus (con Maestrías en Caos, Crisis e Inseguridad) e hicieron grandes esfuerzos por dar a entender que entendían. Pero se notó que tenían menos rock que los Jonas Brothers. Por la noche, 6 7 8 abrió con la versión en vivo de “Juguetes perdidos”, utilizada desde hace rato para musicalizar las marchas por la Ley de Medios. Es claro: Gobierno y Monopolio se disputaban silenciosamente a la banda del Indio Solari, como si fuera el botín más absurdo de la guerra. La estrategia es tan inteligente como inquietante y requiere que, a partir de ahora, el rockero argentino preste mucha atención: apropiarse de melodías ancladas en el corazón de las personas puede también significar el apropiamiento de sus subjetividades. Como proclama la cabecera del blog de Aníbal: "Este asunto está desde ahora y para siempre en tus manos, Nene". ¿De quién será esa frase? Echemos un tupido velo.





domingo, 22 de agosto de 2010

Fogwill, nos vemos en el infierno

(El título se lo afané descaradamente a Cristian Apas. Queda a su criterio iniciar acciones legales)

Esto es así: alguien se muere y uno tiene ganas de escribir. Y si ése que se muere es un escritor que se leyó hace poco y se llama Fogwill, el oportunismo se impone.

La única vez que vi personalmente a Fabián Casas fuimos a comer y tomar algo con Matías Moscardi. Marzo o abril del 2009. Lo recuerdo porque trabajaba en una librería y me vinieron a buscar los dos. La charla derivó del fútbol a la literatura. Hablamos de muchos autores (Aira, Borges, Bioy Casares, Bolaño) y llegamos a Fogwill. Le dije que me gustaba muchísimo uno de sus cuentos (Sobre el arte de la novela, casi una nouvelle), pero que no había leído mucho más. Casas (amigo y admirador de Fogwill) me aconsejó, con esa urgencia que demuestran los lectores fascinados por una obra imprescindible, leer Los Pichiciegos. Después creo que accedí a un instante de cholulaje y le pregunté si de verdad Fogwill estaba tan loco como parecía. No sé qué me contestó, pero sí recuerdo que Casas contó que "Quique" era muy inteligente y que además siempre que pasaba una mina se la quería garchar.

Un tipo inquietante Fogwill. Siempre temí por la vida de sus entrevistadores.

Nunca conseguí Los Pichiciegos, pero en el verano me compré sus Cuentos Completos, una edición que no recopila todos sus cuentos, sino los que Fogwill consideraba pertinentes recopilar. Se trata de uno de esos libros especiales para tener en la mesa de luz y leer de a poco. Diría "como si fuera un buen vino", pero temo que Fogwill, además de burlarse desde el infierno de las idioteces que escribo, me mande un rayo contra el mal gusto. En fin, reconocido publicista, Fogwill atrapa desde los títulos, a los que imprime una efectividad deliberada al elegir racionalmente el número de sílabas por su modo de acentuación. De allí surgen frases atractivas como el eslogan de una marca de cerveza: La larga risa de todos estos años, Los pasajeros del tren de la noche, Efectos personales, Muchacha Punk, La chica de tul de la mesa de enfrente. Su prosa está signada por el Mercado, algo que se debe haber dicho miles de veces, pero no exactamente porque en sus textos aparezcan más marcas (de cigarrillos, lapiceras y encedendores) que en una serie de Adrián Suar. La voz narrativa de Fogwill piensa que todo se puede calcular y ofrecerse a la oferta y la demanda. Esta concepción de la "realidad" (mercantilista dirán los distraídos del mundo en que vivimos) está atravesada por terminologías de disciplinas generalmente ajenas a la literatura (la estadística, la economía). De esa forma alumbra una voz única que lo aleja de los lugares comunes (¿a qué escritor se parece Fogwill?) y el sentimentalismo (aunque esto no significa que el lector no se pueda conmover con sus textos).

En su autobiografía, Milagros de Vida, James G. Ballard confiesa que se refugió en la ciencia ficción porque "aquella literatura reconocía la existencia de un mundo dominado por la publicidad de consumo, en el que el gobierno democrático se transformaba en relaciones públicas". Al autor inglés le molestaba que en una novela de Virginia Woolf nadie llenase el déposito de gasolina de su coche o que en una de Sartre nadie pagara un corte de pelo. Deduzco que a Ballard le hubiese encantado leer a Fogwill. Quién sabe si no lo leyó. Sus personajes piensan en qué ropa se van a poner, calculan la hora, huelen a champú, mastican. Pero para que estos detalles de la vida cotidiana se conviertan en literatura no hace falta ser un publicista o un sociólogo. Es más, podríamos afirmar que el 99 por ciento de los publicistas y sociólogos fracasarían en su intento. Lo que hace falta es ser un escritor de puta madre, dueño de una sintaxis demoledora, que se mantiene equilibradamente entre lo coloquial ("malas palabras", referencias sociales) y cierta digresión puntillosa capaz de perderse en la descripción más absurda utilizando un vocabulario culto y refinado. Un narrador soberbio capaz de escribir un relato sobre hilos de sangre que manan de cuellos de taxistas. Y convencerte de que en cualquier momento puede suceder algo, cuando en realidad lo que siempre sucede en los cuentos de Fogwill es un lenguaje que brilla. No digo que todos sus cuentos sean extraordinarios, pero como dice Elvio E. Gandolfo desde el prólogo, aquí se encuentran seis o siete de los mejores de la literatura argentina. Mis favoritos son Sobre el arte de la novela, Muchacha Punk, Los pasajeros del tren de la noche, Dos hilitos de sangre y La cola. Estos cuentos son como hits perfectos que uno quiere escuchar una y otra vez, en este caso leerlos.

De todos modos dicen que el mejor Fogwill está en las novelas, pero yo no leí ninguna. Ya habrá tiempo.

De la imagen autoral qué él y los medios crearon, lo que más rescato es su interpelación constante al progresismo. Fogwill se hacía cargo de quien era y jamás reprimía sus instintos más retrógrados como ser humano. Por ejemplo, el prejuicio de clase, que lo llevó a escribir una nota horrorosa sobre una marcha a favor de la ley de medios.

En contra del aborto, del matrimonio gay, del número de desaparecido. La opción más fácil es pensar que todo era una gran broma, que un tipo no puede pensar así. Las barbaridades que escribió (me refiero a las entrevistas y su labor como periodista) tienen una funcionalidad que nos ayuda a mirarnos mejor al espejo, no necesariamente más lindos. Fogwill estaba al tanto, no era ningún boludo. Hay una gran diferencia entre decir boludeces y ser un boludo. En verdad todos esas manifestaciones repudiables anidan en alguna parte de nuestro ser, pero preferimos silenciarlas. El autor de Los Pichiciegos las eyaculaba bestialmente en la cara de nuestra corrección política. Es que para él, lo políticamente correcto era la incorrección. De alguna manera, encarnó el brazo armado de la cruzada iniciada por César Aira por la desacralización de la literatura argentina. Y en ese marketing consciente de su propia personalidad (que la valió tantos odios como lectores incondicionales) no barría nada debajo de la alfombra.

Años de provocaciones gratuitas y declaraciones para la gilada (algunos se perdieron al escritor detrás del ícono), le sirvieron, lateralmente, para denunciar la impostura del intelectual comprometido que se une siempre a las buenas causas e idealiza lo que no conoce. Después de escucharlo a él es imposible pensar seriamente en ciertos escritores. Un arquetipo (que tuvo su auge en los 60) se revela perimido. En realidad todo puede convivir a la vez, una forma de ser no anula a otra y preocuparse por decir "matrimonio igualitario" en vez de "matrimonio gay" puede ser genuino, pero Fogwill es tan obstinado (por no decir hijo de puta) que te hace dudar. Como se sospecha de sus opiniones porque es prácticamente imposible estar siempre en contra de cada uno de los aspectos que caracterizan lo bienpensante, debemos dudar de las nuestras, ¡porque también es imposible estar de acuerdo con todo lo que suena justo y equitativo! Somos formados en una sociedad prejuiciosa, hipócrita, clasista, misógina. Algo de toda esa mierda permanece inmutable en el transcurso de nuestra vida. Nos atemoriza saber que en el fondo somos quienes decimos detestar. Sólo hace falta que peligre nuestro servidor de internet. Que le roben la cartera a tu novia. Que te toque elegir al lado de quién te sentás en el colectivo. "La vida es un guiso espeso", también me dijo aquella vez Fabián Casas. Entonces qué decir de aquellos que añoran las calles empedradas pero jamás vivieron en un barrio. Los que hablan de la dignidad de ensuciarse las manos en el trabajo y nunca salieron de la oficina. De los seres impolutos que se paran en el atril e indican qué está bien y qué está mal.

¿Qué decir de nosotros?

Se habla a favor de los pobres pero se los subestima, se los trata como mascotas. ¿Acaso el paternalismo no es una de las formas del fascismo? La pregunta es:

¿Y si todo lo que pensamos es una proyección falsa que construimos para no sentirnos culpables de conformar un sistema desigual que ayudamos a mantener a través de un estilo de vida que deja afuera a millones de personas?

Opinar este tipo de cosas es duro y por lo menos polémico porque ataca los resortes básicos de quienes somos. Pero si estamos acá y nunca dudamos de nosotros mismos, mejor no haber nacido. Eso es algo que Fogwill, seguro, sabía muy bien.

sábado, 21 de agosto de 2010

Fogwill (1941-2010)


Llamado por los malos poetas

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España.

(Ahora España
ha vuelto a ser un reino y tiene Reina,
y Rey del reino. España es un tablero
de alfiles politizados y peones
recién comidos: a la derecha, negros, paralizados, fuera del juego).

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novela en preparación.
Ah.. y los curricola,
y sus diez mil applys nos faltan.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Se necesitan Betos, Titos, Carlos
que escriban poemas. Alejandras y Marthas
que escriban. Nombres para poetas,
anagramas, seudónimos y contraseñas
para el chat room del verso se necesitan.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles...)

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web...).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor...)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acarices con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

Y arriba España es un panal
de hormigas orientales:
rumanas, tunecinos,
suecas a la sombra de un Rey.

Riámonos del Rey.
De su fealdad.
De su fatalidad.
De Su Graciosa Realidad.
La realidad es un ensueño compartido.
La realidad de España
es su filosa lengua pronunciando la eñe
y su mojada espada pronunciando el orden
del capital y la sintaxis.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!

viernes, 20 de agosto de 2010

El servidor de Internet que amas puede desaparecer

Un hombre que habla a los gritos y se pronuncia con términos intimidatorios es idiota. Pertenezca al partido político o sector ideológico que sea. Si tiene una cámara en frente es doblemente idiota o idiota y sincero. Si lleva guantes de box y cascos es doblemente idiota, sincero y jodón. Y algo más: se quedó sin argumentos.

Ahora bien, el gobierno tiene muchas razones para “embestir” contra los directivos de Papel Prensa, pero Moreno hace todo lo posible para que tu tía le tenga miedo. Y aunque usted no lo crea, el país está repleto de tías. Incluso hay personas de 18 años que tienen la disposición mental de una tía. Y las tías vetustas votan. Y pueden hacer que un gobierno no gane una elección.

¿Con qué estratagemas retóricas el kirchnerismo deja pasar el accionar de Moreno? A través de sofismos consuetudinarios a los que sólo hace falta escarbar un poco para encontrarle la raíz conservadora y/o fascista. En primer lugar se indica que el origen espurio de la actual formación directiva de Papel Prensa justifica cualquier exabrupto del gobierno. Por otro lado se afirma que los representantes de La Nación y Clarín de Papel Prensa son tipos pesados, empresarios que deben ser relegados violentamente porque sino te pasan por arriba.

En otras palabras: 1) Ojo por ojo, diente por diente; 2) Los argentinos somos hijos del rigor.

Estas lógicas del paredón (porque llegado el caso te justifican un genocidio) son habitualmente esgrimidas a fin de año cuando la sidra caliente y la ingestión de confites bañados en chocolate impulsa a la familia argentina a discutir el destino del país, destino que han ayudado a descuartizar a través de los años sin saberlo siquiera remotamente. No hace falta ser represor o un Micky Vainilla. Para sentirse cómplice o responsable de la marginación alcanza con vivir. Adherir a una forma de vida (la que tenemos vos y yo) deja automáticamente afuera a gran parte de la sociedad. Todos sabemos que no es necesario comprarnos zapatillas Nike o una campera de 400 pesos y sin embargo. Es justamente ahora cuando el tío estrella su puño contra la mesa y suelta alguna de las frases mencionadas.

También puede decir:

-Muerto el perro, se acabó la rabia.

-Este país es un criadero de vagos.

-Acá los derechos humanos son para los delincuentes.

Etc.

Estos tíos, naturalmente, son vetustos. No hace falta decir que se puede tener 18 años y ser un tío. Y que los tíos pueden hacer que un gobierno pierda una elección.

Claro que utilizan el refranero reaccionario popular en sentido contrario. En sus apartheid imaginarios no son los empresarios acaudalados quienes merecen la silla eléctrica, sino los negros.

Ahora bien, ¿es correcto actuar como un tío conservador contra Clarín? “Lo dejo a tu criterio”. Yo creo que no, porque esto significa rebajarse al mismo nivel que el adversario. Y el nivel del adversario es muy bajo, obliga a arrastrarse por el suelo y en algunos casos recorrer las cañerías cual si uno fuera visitante de Aquasol. A través de la historia conocemos modelos de justicia pacífica ante los que debemos sacarnos el sombrero. Existiendo aquí el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo, no hace falta viajar hasta Sudáfrica y referirse republicanamente a Nelson Mandela. Ése es el camino que debe seguir el gobierno si de verdad quiere reconstruir y sanar la heridas.

Darle rienda suelta a Moreno es allanar el camino para que tipos como Aguad (con Silvina Giudici sentada al lado) ensayen el monólogo de los ataques contra la prensa. Y como diría Ricardo Iorio: eso sí que es triste.

Y así recalamos en el tema Fibertel.

¿Cómo recalamos? Simplemente recalamos, sin más, no sé si se dieron cuenta de que en la vida no hace falta mucho para recalar en cualquier lugar.

Dejemos en claro que es mucho más provechoso leer Zama de Antonio Di Benedetto que pasarse horas frente a la pantalla sin saber qué novedosa pelotudez buscar en Google.

Dejemos en claro que Internet no debería ser un eje fundamental de nuestro itinerario en el Planeta Tierra. Pero lo es.

Dejemos en claro que las quejas de los usuarios de Fibertel (que sí, es un buen servicio aunque sea de Clarín) me suenan a “Mi celu no es un lujo”, conmovedora campaña de conciencia social a través de la cual miles de ciudadanos pelearon tenazmente por su derecho a ser esclavizados por la Matrix y tener un celular barato, con cámara, reproductor de mp3, lupa, cuchillo y tenedor.

Internet es un servicio elemental dentro del paradigma del consumidor de clase media contemporáneo. No está mal ser un poquito pragmáticos a un año de las elecciones. Más allá del marco legal (cuestión de la que sólo deberían opinar abogados y en la que todos tocamos de oído), ¿beneficia al gobierno o a Clarín salir a amenazar públicamente con disolver Fibertel? No me vengan con que cayeron las acciones de la bolsa, porque soy un ser humano con corazón y las acciones de la bolsa, igual que a vos, me chupan un huevo.

Esto me suena al defensor que se tira al piso cuando la pelota ya se fue al lateral. ¿Hasta qué punto este tipo de medidas (correctas, pero repentinas, con aparentes plazos estrictos, muestras gratis de chavismo pocket) no son las que hicieron que el 28 de junio gran parte del electorado le diera la espalda al mejor gobierno de los últimos 60 años? Es verdad que todo puede quedar en la nada, pero tales cosas son las que se marcan a fuego en la memoria emotiva de tíos y tías. Y tengo malas noticias: hay que gobernar también para ellos.

Porque si fuera que este es un paso más hacia la Revolución, que a partir de mañana expropiamos a todas las empresas multinacionales que están flojas de papeles y explotan a sus trabajadores, vamos para adelante como fucking locos, más no sea para salir de esta vida monótona donde la mayor experiencia es tener muchos amigos en facebook o demasiados seguidores en twitter. Pero si todo termina en una jugada para la tribuna, para estimular el sentimiento nac and pop de mis amigos, no se hubieran molestado, muchachos.


martes, 17 de agosto de 2010

Recital de Poesía: Perdimos el Otoño


En Moll Bar (Sgo. del Estero 2358, Mar del Plata) el viernes 20 de agosto a las 20 hs. leen Nicolás Pedretti, Verónica Goldenberg, Joaquín Correa y Florencia Roca. Se presenta la Editorial Goles Rosas, dirigida por Gastón Franchini.

viernes, 13 de agosto de 2010

Érase una vez Cabeza de Radio



¿Notaron que Radiohead ni siquiera tiene comparación? ¿Qué las excelentes bandas brit pop de su época parecen estar en otro plano? Nunca se te ocurriría trazar un paralelismo entre Radiohead y Blur o Pulp u Oasis. Es como la parábola entre Aquiles y la tortuga. La banda del tuerto siempre estuvo más allá. Incluso cuando parecían una mezcla entre Nirvana y U2.
Yorke tiene el encanto rockero de que, a diferencia de Bono o Chris Martin (tipos insufribles a los que hay que pedirles que paren de una vez de salvar al mundo), jamás una madre lo querría como yerno. Jonny Greenwood es algo así como un maldito genio, ¿no? Su rostro es el del tipo que en cualquier momento saca un fusil máuser y mata a doce personas en un pestañeo. Eso es necesario en una banda de rock.
Retribuir la confianza que Radiohead nos otorgó en la adolescencia para ser depresivos es una de esas tantas cuentas pendientes que nunca saldaremos.
¿Hasta qué punto los hitos de nuestra educación sentimental no son más importantes que familiares, amigos y ex novias si uno tiene 14 años y escucha cien mil veces seguidas Ok Computer?
Radiohead me salvó de Pergolini. Una vez lo escuché reírse de “No Surprises”. No recuerdo por qué, lo consideraba un bajón o algo así, seguro que prefería Limp Bizkit. Y ahí pensé: “Este tipo es un idiota”. Evaluación que fue comprobada a través de los años. Hoy pienso que Pergolini le hizo mucho más daño a la cultura que Tinelli. Soy de los que creen que alguien con un micrófono y una gran audiencia tiene cierta responsabilidad. Pergolini les vendió mierda a sus fans haciéndola pasar por un producto inteligente y elaborado. Detrás del envoltorio cool se escondían la misoginia, la homofobia (pregúntenle a Leo García), la anti política, el clasismo y la música mala. ¿Existe algo más ridículo que hacer compilados de funk y reggae? ¿Cuál era el gran avance de Cuatro Cabezas? ¿Mover rápido la cámara? ¿Ponerse anteojos de sol? “Ruocanpop, exclusivo ruocanpop”. Qué pedazo de tilingo, por dios. Por si fuera poco, llenó el espectro mediático de discípulos, conductores cancheros que no saben nada pero se ríen de todo, mientras ejercen un cinismo propio del colegio Secundario. Tinelli, en cambio, no engañó a nadie, jamás pretendió aparentar más de lo que era. Era una mierda en 1990. Es una mierda ahora. Y dentro de 20 años también.
Cuando tocaron en Argentina, Andrés Calamaro dijo que fue como ver a Pink Floyd en su mejor momento. Radiohead es la típica banda que Charly García criticaba en las entrevistas sin haber escuchado. Decía que no afinaban. Intuyo lo bueno que sería un disco de Radiohead con versiones de temas de Spinetta. O viceversa.
Con Ok Computer (1997) hicieron historia y con Kid A (2000) se cagaron en ella.
Kid A es el soundtrack de la novela de ciencia ficción en la que vivimos. Una escrita por Philip Dick. Ritmos marciales, guitarras que repiten el mismo punteo, loops, sintetizadores, sampleos, programaciones. Estos sonidos son similares a los que abundan en los (no) lugares emblemáticos de las grandes urbes. El hit de afuera no es el canto de los pájaros ni el murmullo de la corriente de un río, sino el sonido mecánico de máquinas y automóviles que avanzan a toda velocidad. El aspecto que vincula al trabajador de una fábrica industrial con el habitué de una pista de baile es la deshumanización a la que están sometidos (por motus propio o inconscientemente): el primero a través de la rutina alienante que requiere su tarea, el segundo producto del híbrido entre la química y el beat monótono de la música. El ser humano deja paso al autómata y suspende la posibilidad de comunicación con los semejantes. El amor y el odio son reemplazados por la indiferencia relativista de la sociedad actual en la que se proclama una tolerancia engañosa, capaz de disimular las más grandes injusticias en pos de una supuesta diversidad.
Radiohead utiliza la electrónica como recurso estratégico de un disco en el que el mensaje es la música. Y la resignifica. Lo hace por gusto (según se sabe es lo que escuchaba Yorke por esa época) pero quizá también para detonar críticamente en el oyente la superficialidad y el absurdo de toda una era. U2 tiene una relación con lo tecno propia del nuevo rico con sus pares: intenta congraciarse al emular cada una de sus características. En ese plano, se pierde cualquier atisbo de ironía porque sus fans, en gran parte, son consumistas voraces incapaces de cuestionar su modo de vida. ¿Entre la espectacularidad del Popmart Tour alguien se dio cuenta de la broma? De “Discotheque” al tinte sombrío y frenético de “Idioteque” que, sí, se puede bailar, pero pegándose la cabeza contra la pared. Música para una rave de zombies. ¡Y esos zombies somos nosotros! Climas claustrofóbicos y opresivos se funden con frases que, de por sí ambiguas y contradictorias, al ser repetidas, pierden su significado hasta transformarse en mantras que pueden decir todo y nada a la vez. Creo que uno de los mejores momentos del rock contemporáneo es cuando al promediar “The National Anthem” comienza a tronar una sección de bronces enloquecida que desestructura toda la canción. Dan ganas de pararse y aplaudir. Es completamente caótico y sublime. Lo que menos uno esperaba de Radiohead, además de que sacaran algo como Kid A, ¡era escuchar el sonido de una trompeta! “How To Disappear Completely” y “Optmistic” son los dos únicos temas que podrían haber formado parte de algunos de los discos anteriores.
Hastiado de su propia lírica después del éxito de Ok Computer, Thom Yorke pretende que su voz (procesada digital y analógicamente como sucede en “Kid A” o “Everything In Its Right Place”) sea aprehendida como un instrumento más. Tanto es así que las letras no son publicadas en el libro del cd. Decide desconocer que el mensaje no se halla sólo en el discurso. Toda música es una declaración política, no necesariamente panfletaria. Hasta la forma en que estamos distribuidos espacialmente responde a una ideología (con la que probablemente no estemos de acuerdo). En la mesa familiar. En el call center. En el aula de la universidad. Esta perspectiva incluso se puede trasladar al campo virtual. Tildar de “comentarista” a quien participa en un blog coloca al emisor en una posición dominante que se contradice con la supuesta horizontalidad que diferencia el blog de la web de un diario de gran tirada. Moderar comentarios en nombre de una supuesta idea de “buen gusto” es un acto de censura. No aceptarlos directamente es reaccionario, por más progre que te creas. Lo pertinente es estar de acuerdo con la libertad de expresión, siempre y cuando te atengas a que si vas a decir lo que quieras, vas a tener que oír lo que no querés. Escribir sobre Kid A es una opción tan política como analizar los entretelones de la renuncia de Carrió o el drama de la “inseguridad”. El inconveniente es cuando no se es consciente de ello.
El cambio produjo un shock. Del rock-pop (algo experimental, pero repleto de hits) a ese ruido donde no se colaba una sola partícula de aire muchos se quedaron en el camino. Quizás también los miembros del grupo. Es elocuente que luego de Kid A sólo hayan editado 3 discos de estudio: uno genial (Amnesiac, 2001) y dos más, en 2003 y 2007, que combinaron la avant-garde con un Radiohead más canónico. In Rainbows fue lanzado como un archivo de mp3, permitiendo al fan que lo descargue y pague lo que quiera. Ante la imposibilidad de cambiar la música nuevamente, Radiohead se limita a subvertir las normas de la industria discográfica. Una apuesta menos romántica, es cierto, pero ¿qué se supone que debe hacer una banda después de Kid A sino separarse o editar un packaging sin disco, como alguna vez hizo Reynolds? No se trata de discos malos, Radiohead está impedido genéticamente de hacer eso, es que Kid A fue demasiado.
El rockólogo Nick Hornby, incluso, los acusó públicamente de venderse. Vaya uno a saber a qué. Hoy estamos convencidos de que si el rock tiene algo que ver con el arrojo, lo mejor que pudo hacer Radiohead después de un álbum bisagra como Ok Computer, fue volverle la espalda al éxito. Kid A es un disco anti comercial que, paradójicamente, se vendió muchísimo y al principio (más en octubre del 2000, cuando se editó) puede producir algún padecimiento estético. Lo inquietante es que esas voces deformes unidas a secuencias desarmonizadas y sonidos ambient (“Treefingers”), además de provocar ligeros escalofríos, con las sucesivas escuchas, son de una belleza estremecedora. De la misma forma también nos atrae la imagen de un avión chocando contra un rascacielos. O la tenebrosa postal de una autopista desierta. O las montañas nevadas rodeadas de un cielo oscuro que refleja el cuadro de la portada del disco. En fin, la sensibilidad humana no es unidimensional y podemos hallar poesía en lugares donde jamás hubiésemos pensado que habría siquiera un poco de vida. Ése es nuestro mayor remedio frente a un mundo como el de Kid A.