lunes, 13 de diciembre de 2010

Escritos de un spinetteano indecente

La salida del box set del histórico concierto de las Bandas Eternas activó mi fervor spinetteano. Hace 4 días que no dejo de escuchar los 3 cds. El material es extraordinario. Un spinetteano de la Liga de la Justicia subió gran parte del show a You Tube y todos aquellos que pensamos 785.986 veces antes de pagar 490 pesos por algo (lo que sea), podemos acceder a esas imágenes que, quienes estuvimos en el campo, detrás del bendito vip, creímos que nunca habían ocurrido.

El spinetteano es un personaje bastante insufrible, ¿no? En primer término está convencido de que es superior por escuchar a Spinetta. En discusiones musicales se calla y sólo al final, cual jugador de truco que tiene el ancho de espadas, explicita su favoritismo por Spinetta como el non plus ultra del Universo. El spinetteano cree que tiene una sensibilidad superior al resto. El spinetteano cree que las mujeres lo deben amar porque escucha a Spinetta. En todo caso las mujeres deben amar a Spinetta por ser Spinetta, pero ¿por qué un spinetteano cree que va a seducir a alguien porque escucha a Spinetta? El spinetteano nunca pensó que una mujer le iba a decir que no le gusta Spinetta. Un 80 por ciento del vínculo que pretendía establecer se desmantela: "Nosotros y nuestro amor por el Flaco". Desconfía y arremete con frases del tipo "Lo que pasa es que no lo escuchaste bien" (subestimación), "¿Querés que te grabe un compilado?" (colonización cultural masculina), etc. El spinetteano ortodoxo, más o menos literalmente, cree que Spinetta es Dios. El spinetteano que lo llama “Luis Alberto” merece una patada en el culo. El spinetteano sobrevalora la lírica spinetteana que en más de una ocasión no es más que un surrealismo pocket, surrealismo para principiantes de Longseller: "Jugo de lúcuma chorreando en mí/ Patas de mueble de bronce caminan ya". El spinetteano atribuye genialidad a todo lo que haga Spinetta, incluso un 75 por ciento más que el fanático de Charly García o el Indio Solari. El spinetteano jamás reconocerá que Pan o Silver Sorgo lo aburrió o que la voz de Spinetta ya no es la misma que antes y en algunos temas viejos suena mal o que le rompe las bolas la prédica sobre "Conduciendo a conciencia". El dogmatismo del spinetteano, en fin, es peor que el de un estalinista en 1950. Un fan normal se permite criticar a su ídolo porque cree que su devoción le da derecho, el spinetteano sólo critica cuando Spinetta le agarró los dedos con la puerta o le garcó a la mujer o tardó un año en sacar unos dvds y la distribución de los mismos resultó ser un desastre. Un spinetteano siente escalofríos de todo tipo y color cuando lee lo que Gustavo Escanlar (escritor y periodista uruguayo recientemente fallecido que pasado mañana se convierte en el nuevo Bolaño) opinaba: "Suelo ser de los pocos tipos rioplatenses que no están convencidos de que Spinetta es un poeta genial. Es más: me aburre, me duerme, me pone de mal humor, me parece soberbio, pedante, incomprensible, inaguantable. Pero los fanáticos de Spinetta siguen pensando que es un Dios. Y el mismo Spinetta cree ser Dios. Un tipo capaz de usar la palabra "farabute" no debería ser tomado en serio".

Recuerdo cuando sonó el acorde inicial de "Cementerio Club". Ahí sentí que estaba viviendo un momento histórico. Fue como si bajara un ovni de sofisticación musical, como si se instalara entre todos los presentes una mística palpable. No sé por qué me gusta tanto ese tema. Es un blues y a mí ese género ni me va ni me viene, pero "Cementerio Club" tiene una letra sensacional, es como si cada palabra hubiese sido tallada con la habilidad de un orfebre.

"Qué calor hará sin vos en verano".

"Oye dime nena, ¿adónde ves ahora algo en mí que no detestes?".

“Sólo sé que no soy yo a quién duerme”.

En esta versión se equivoca y repite un verso, pero eso le otorga aun más poder al tema. Incluso uno accede al disco en vivo y quiere que haya errores, pifies, desafinaciones. En caso contrario escuchamos las versiones originales. Por eso nunca me gustó Cerati en vivo como solista (no así con Soda o como invitado, donde adquiere cierta necesaria espontaneidad; es como si representarse a sí mismo lo limitara). Es demasiado perfecto. Prácticamente como escucharlo en el living de tu casa, sólo que rodeado de tipos con gel, muy bien perfumados y que saltan (con la precaución de no rozarse entre sí) al grito de "Hey, hey, hey" (ése es el raro fonema que distingue al ceratiano, el llamado que los une y los congrega).

En el caso del recital de las Bandas Eternas uno debe aguzar bastante el oído para darse cuenta que se trata de un Estadio. Es verdad que el público se mantuvo en estremecedor silencio durante buena parte del concierto, pero hubo lapsos de gran estruendo, de cósmicos y masivos orgasmos, que en el audio oficial casi ni se oyen o brillan por su ausencia. Por ejemplo en el primer punteo de "Cementerio Club" y en su riff-estribillo. Cuando luego de la introducción con sintetizadores marca Juan del Barrio empieza "Alma de diamante". Y especialmente cuando Charly García canta su parte en "Rezo por vos". Esto último se gritó como un gol, como un triunfo de la vida sobre la muerte y a más de uno se nos hizo un nudo en la garganta porque siempre es bueno para la Humanidad que Charly y Spinetta toquen y se rían juntos. La verdad es que aquella vez (como siempre desde que volvió en su Vélez 2009) se lo vio muy mal a Charly. Lento, impreciso. Cuestiones entendibles si tenemos en cuenta su reciente aparición y que él (o quienes lo manejan cual principiante Pop Star) se había largado al ruedo con apuro. Pero ya a más de un año de su regreso, su tristísima participación en la Celebración por el aniversario de la recuperación democrática y el día de los derechos humanos demuestra que el "Charly Deluxe" es una farsa monumental, un invento monstruoso ideado por empresarios ávidos de dinero, una canallada cruel para todos aquellos que amamos al compositor de buena parte del soundtrack de nuestra vida. No es que esté gordo o flaco, que se drogue o no (aspectos personales que apenas me interesan), es que el resultado artístico es impresentable desde todo punto de vista. No soy un cultor del reviente, pero la verdad es que está mucho peor que antes. El que diga lo contrario es porque se dejaba llevar por el dispositivo mediático y en los últimos 15 años no lo vio en vivo ni una puta vez (yo lo fui a ver alrededor de 10 veces del 2000 para acá): García tenía días malísimos, pero otros (la presentación de Influencia en el Luna Park y el Gran Rex en el 2002, los recitales de La venganza del 2004) están a la altura de lo mejor de su carrera. En fin, el murmullo o el coreo de los espectadores (que lo hubo y mucho en los temas de Pescado) tal vez hubiera servido para matizar un poco algunas partes en que Spinetta no llega vocalmente y se da un profundo contraste frente a la perfección instrumental. La edición de los tracks, en su totalidad, es polémica. Spinetta maneja un humor absurdo estilo Capusotto y muy bien logrado pero también se eliminaron todas las presentaciones y los comentarios graciosos que hizo entre tema y tema.

Fito Páez debería ser exonerado de todas las críticas que ya conocemos de memoria, ni siquiera por sus grandes discos, sino por haber compuesto un tema tan hermoso como "Las cosas tienen movimiento". Entre tantos puntos altos, la versión de Spinetta de "Filosofía barata y zapatos de goma" no ha sido destacada como se debería. La performance de Juanse (a quien el público reprendió con un hiriente: "Pomelo, Pomelo") en "¿Adónde está la libertad?" es muy buena. Parece a punto de tener un ataque de epilepsia de hard rock. Mi teoría (no muy original ni descabellada) es que Spinetta cuidó y reguló su voz a lo largo del concierto, de otro modo no se puede entender que haya cantado tan bien los tres temas de Almendra, casi al final del show, llegando a resignificar "Muchacha ojos de papel" por la enorme calidad de su interpretación. Algo así como que el Himno o "Imagine" te provoquen un efecto de extrañamiento. De la ansiedad que tenía por ver a las Bandas Eternas tal vez no le presté mucha atención a ciertos medley’s. El que une “Era de uranio”, “Vida siempre” y “Maribel se durmió” es imprescindible para caminar por el mundo. Lo de Invisible, Pescado y Almendra, finalmente, sí, fue tan asombroso como lo notamos aquella noche.

Recuerdo cuando tenía 7 u 8 años y fui al cumpleaños de un compañero de la escuela. Mientras todos estaban viendo una película horrible me metí abajo de la mesa con una nenita que me gustaba. Comimos papas fritas y hablamos cosas de grandes. En ese momento no me di cuenta, claro: era el descubrimiento del mundo femenino. Pero mis viejos se equivocaron de horario y me vinieron a buscar antes de tiempo. El sentimiento de desconsuelo que me invadió cuando los vi fue demoledor. Todavía recuerdo la mirada de mi amada en la oscuridad, debajo de la mesa y con un plato de papas en la mano. No hablo de extrañar a alguien, sino de echar de menos un microcosmos y angustiarse. Esto me volvió a ocurrir muchas veces en la vida. No sólo con personas, sino con libros o películas. Y una de ellas fue cuando se terminó el recital de Spinetta y las Bandas Eternas. Mucha gente se fue antes de tiempo. Yo no, yo quería seguir ahí para siempre, viendo al Flaco Spinetta cantar:

“Sin darme cuenta voy cayendo en cruz hacia el cenit,
el cielo ya no tiene mis pies.
Y la espiral que me habrá de llevar no es mejor
que todas esas vueltas que dí,
buscando un amanecer,
buscando un amanecer,
buscando un amanecer”.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Las invasiones bárbaras


En un Cuestionario Proust presuntamente apócrifo, William Faulkner declaró no creer en la posesión de nada. A continuación le preguntaron cuál era “la peor de las miserias” y siguió en la misma tónica: "La peor de las miserias, sin dudas, es poseer algo". Verbigracia: poseer algo equivale a ser un miserable. Y si reducimos al absurdo a bordo del método deductivo, nos hundimos aun más en el pantano: todos poseemos algo, todos somos miserables. Por lo tanto, los menos miserables serían aquellos a los que habitualmente les endilgamos esa condición y viven de los restos, del lado B de la pequeña burguesía: nuestra basura.


La paradoja de la posesión reside en que si uno está demasiado consciente de la misma, termina siendo esclavo de aquello que se supone nos pertenece. No te regalan un reloj, vos sos regalado a la dictadura del Tiempo Occidental.


Allí vemos al hombre maduro: cuida su auto de los inevitables rayones. Ahora mismo un novio revisa, a escondidas, el celular de su novia. La madre acaba de encontrar una ocupación que la saca del letargo existencial en sus horas libres: reprimir la libertad de sus hijos. Y los vecinos de Villa Soldati, en vivo y en directo, se aprestan a quemar las precarias carpas de los habitantes de su Parque Indoamericano.


Desde que nacemos somos sumergidos en la dinámica de la acumulación. Ésa es la única forma de crecer, de entretenerse, de vivir. Primero un juguete. Después una bicicleta. Más tarde un título. Una casa, un auto, una esposa, una parcela copada en el cementerio. Y desde la semana pasado el nuevo perfil de facebook. Si no tenés alguna de esas cosas, quedaste en off side.


Estamos subordinados, entonces, a almacenar pertenencias que regulen nuestro status ante la mirada de los Otros. Y la operación es simple: en un sistema basado en el capital, quienes no cuentan con él son despreciados y se lo quieren apropiar. ¿A quién le puede sorprender? Esquivás los semáforos con limpiavidrios audaces. Mirás para otro lado ante la escena de los cuerpos tapados con frazadas en las veredas. En el restaurante te sentís Pérez Esquivel porque le diste dos mangos al nenito que vende caramelos. Te cruzás de vereda si ves varios pibes con viseras. La clase media y media alta pasa toda su vida barriendo "negros" debajo de la alfombra, mientras éstos se desviven por llamarles la atención. Macri (un miserable) representa a la perfección ese panorama ideológico.


Cuando se profundiza en la acción de Tener, se olvida de ser uno y no se deja ser a los demás. Let it be, Let it be. Estas nociones, escritas en cualquier libro berreta de autoayuda, sin embargo son imprescindibles para "salir de la melancolía" y atravesar con serenidad nuestro itinerario en el Planeta Tierra. En caso contrario, estamos condenados a la paranoia de que nos roben: la casa, el auto, la novia, el trabajo. Y el drama, en mayor o menor medida, nos toca a todos de cerca, no hace falta ser policía o un miembro del Pro. (Temo haber caído en una tautología). Conozco progresistas que en el plano del amor son los peores fascistas. Por eso el momento mágico de una pareja sucede en las primeras instancias, cuando, sin etiquetas, se proyecta en línea recta hacia la eternidad o la nada. Claro que es imposible mantener ese equilibrio. Tarde o temprano el ser primitivo que anida en los pasillos oscuros de la mente nos impulsa a marcar territorio meando simbólicamente alrededor del objeto de nuestro afecto. De este lado de la línea, vos, y del otro, el resto de los hombres/mujeres del mundo. Y extrapolemos que nadie nos mira. De este lado de la línea, los “argentinos de bien” y del otro, los bolivianos, los negros, los putos, los bárbaros, los que no son iguales a mí y me causan terror.


"¿200 años de qué sirvió?". Seguimos atrapados en la falsa disyuntiva sarmientina.

En fin, deberíamos recordar más a menudo que en el plano ontológico no somos de nadie y no tenemos nada. Independientemente de las pulgadas del televisor y los ambientes de nuestro depto, estamos todos solos, frente a un espejo, esperando que nos reconozcan y nos guiñen un ojo.






Dejar de matar, dejar de mentir- Ariel Minimal
No queda mucho que decir,
mas queda mucho por hacer,
en esta casa nuestra.
Primero dejar de matar,
segundo dejar de mentir
y por algo se empieza.
Y el viento del Sur,
nos hará temblar.
Y las ventanas del frente se abrirán
y la ciudad será un poco nuestra.
El cielo nos verá baldear
el patio y las plantas reinar
en esta casa nuestra.
No olvidar dejar de matar,
no olvidar dejar de mentir,
te lo digo de vuelta.
Y el viento
del Sur,
al atardecer,
nos hará viejos y quizás nos haga más,
esto recién empieza.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Here Today

"El legado de John". El relato mediático idealiza a Lennon como un Mesías de la paz. Ese paradigma es tranquilizador, pero termina por anquilosar su compleja esencia, ajena a los reduccionismos que propone la caja boba. Por otro lado, como lo demuestra la carrera de Ignacio Copani, bregar por las causas correctas, no es indicio de nada. No se trata del revisionismo histórico que busca la mosca en la sopa de la historia y profundiza en datos intrascendentes para espantar al burgués, sino de evitar pasteurizar un personaje inquietante para transformarlo en una especie de Flanders apto para todo público. Si seguimos con la metáfora cinematográfica, podemos calificar a Lennon como un tipo apto para mayores de 18 años. Y como sucede con las cosas prohibidas, es indispensable conocerlo antes de cumplir la mayoría de edad. Torturado, visceral, lapidario, resentido, cruel. Eso es evidente para cualquiera que haya escuchado mínimamente sus canciones y sepa algo sobre su biografía. ¡Las personas no se dividen entre buenas y malas, sólo hay aburridos y encantadores! En todo caso somos todo a la vez y decirlo justamente de Lennon no lo rebaja en absoluto, porque él mismo fue quien, explícitamente y a través de la música, se encargó de convertir los traumas y las miserias de su vida en una de las más extraordinarias fuentes de expresión humana del siglo XX.

And I lost someone who's near to me. Lennon es el propagador emblemático de una nueva sensibilidad. El concepto de descerrajarse la voz gritando las alegrías y tristezas de la vida adolescente no era moneda corriente a principios de los 60'. Lennon fue el perdedor mucho antes que Beck y un cantante de rock and roll sublime. A partir de Help (1965) comienza una etapa de evolución artística individual que llegaría a la cima en Plastic Ono Band (1970), su primer disco solista, que versa sobre los grandes temas universales (el amor, la religión, la muerte, los vínculos). Por otro lado, para quienes recortan sólo al activista político, hay que recordar que Lennon también fue una estrella del show business, atrapado en la disyuntiva posmoderna, como cualquiera que se opone al sistema y es parte fundamental del mismo. En fin, hay un Lennon para cada gusto. El mejor, sin dudas, es el que hace música.

Lennon suelto, McCartney atado. Una viñeta de Alberto Montt muestra a un tipo a punto de realizar una llamada telefónica. Al costado, sobre una mesa, hay un cerebro magullado y un corazón con un bate de béisbol que dice: "Listo, llamala". Por supuesto, no hay vencedores ni vencidos, pero creo que la causa por la cual Paul McCartney perdió el combate implícito con Lennon reside en que en el superclásico entre la racionalidad y el sentimiento siempre gana el segundo. Es claro que se trata de dos genios, pero en el imaginario social (puede fallar), uno aparece subordinado al intelecto y otro a la intuición. Como Cristina con Evita, nos identificamos con el Lennon del puño crispado. Incluso sus discos solistas ganan muchísimo cuando se los escucha despojados de cualquier artificialidad en los imprescindibles audios del box set Anthology. La Popular corea el nombre de Dionisos, el tipo que juega con el corazón en la mano y se tira al piso cuando la pelota ya se fue por el banderín del corner. Apolo es pecho frío. Los espectadores de Lost, por ejemplo, solían elegir a Locke antes que a Jack. Muchos creen que Arlt es mejor que Borges porque escribía mal, porque a pesar de todos sus defectos construyó un estilo y fue crack.

¿Adónde van los ex Beatles cuándo llega el invierno? Mark Chapman estaba obsesionado con El guardián entre el centeno, la novela de iniciación adolescente de la literatura norteamericana contemporánea. Como seguidor de Salinger (interesado y difusor a través de sus libros del budismo zen), tal vez haya considerado a Lennon su Buda. Y al cruzarlo en el camino, obnubilado, sin precauciones simbólicas, no le quedó otra opción que matarlo. Ustedes conocen el koan: "Si te cruzás a Buda en el camino, matalo". Igual decisión toman los seguidores de Glenda Garson en el cuento de Cortázar. No le permiten filmar películas malas. Un razonamiento similar tiene Holden Caulfield, ese Huckleberry existencialista: desea ser el cazador oculto que salva a los niños cuando están a punto de caer del precipicio. Es decir, cuando ingresan en la ruta de la madurez y las responsabilidades civiles, esa que transitaba Lennon en New York convertido en un "león herbívoro", cuando el chiflado se le acercó y le pidió un autógrafo: "¡Mr. Lennon!". Desde entonces la vida es eso que pasa mientras estamos preocupados en otro plan: preguntarnos qué haría Lennon si estuviese vivo.

Yo ya soy parte del Mar. La música de Lennon está siempre allí, como el inevitable soundtrack de nuestro papel en el teatro de La Comedia Humana. Y de tan omnipresente, a veces nos olvidamos que el mejor antídoto frente a ciertos dramas que acosan a la conciencia son sus canciones. Lo mismo sucede con el Mar. Uno se acuerda que existe en Mar del Plata recién cuando camina por Buenos Aires y no aparece nunca en el horizonte. Y cuando volvés a la ciudad lo primero que hacés es contemplarlo y advertir que sin esa escenografía de fondo, tu vida sería completamente distinta.


domingo, 5 de diciembre de 2010

Dejemos hablar al viento


En la última semana leí un libro que me dejó el cerebro frito, en total consternación. Como tenía que escribir un parcial y estaba apurado por terminarlo, una noche preparé un cóctel mortal de Café, Coca Cola y Cafiaspirinas y quedé despierto “más allá del principio del placer”. Se trata de El porvenir es largo, la autobiografía de Louis Althusser, un teórico francés súper inteligente que vivió en el mismo barrio que Derrida, Lacan y Foucault. Althusser elaboró una mirada estructuralista del marxismo y su gran éxito fueron los Aparatos Ideológicos del Estado. Pero para los grandes medios saltó al estrellato por asesinar a su mujer en un rapto de locura. Su autobiografía es póstuma y, de alguna manera, es el testimonio que los Tribunales no le permitieron expresar por considerarlo insano.

El efecto de lectura que produce El porvenir es largo equivale, como dice Levrero en La novela luminosa sobre otro libro, a meter la cabeza en un balde de mierda. 400 páginas de pálidas. Dilemas incestuosos con la madre. Padre ausente y bestial. Problemas sexuales. Se le suicidan todos. No tiene amigos. Lo crucifican desde su nacimiento poniéndole el nombre de un tío muerto. Hasta en algún momento, un servidor, depresivo crónico, se sintió realmente afortunado. Uno no ve la hora de que Louis se muera y deje de sufrir, pero, como si fuera poco, el desgraciado va y ¡estrangula a la mujer! En un apartado, refiriéndose a su tormentosa relación con ella, escribe:

"Ningún ser en el mundo puede responder al requerimiento angustioso de "¡dime algo!" cuando esas palabras quieren decir simplemente dámelo todo, ¡concédeme existir al fin!, ¡dame con qué colmar esta angustia de no existir verdaderamente respecto a ti ni en tu vida, de no ser más que una simple ocasión de paso, de no ser suficiente para reconstruir tu integridad mermada en el amor para siempre!".

Camuflado, éste es uno de los más terribles hits del amor. Cuando él/ella entrecierra los ojos en señal de preocupación o curiosidad o vaya a saber qué y pregunta: "¿En qué estás pensando?". Es evidente que si uno responde a esa pregunta se acabó lo que se daba. Que lo diga Althusser:

-¿Querés saber lo que estoy pensando?: ¡de acá!

Y la estranguló.

Hay una comedia (de esas que pasan en los micros de larga distancia para que te duermas con más ganas) en la que Mel Gibson se electrocuta vestido de mujer y puede percibir todo lo que piensan las mujeres. Se vuelve loco. “Lo que ellas quieren”. La mejor opción para los dos amantes (el que cuestiona y la víctima) es el silencio, pero tenemos un problema: cuesta muchísimo quedarse callado.

El silencio suele estar sobrevalorado por cierto imaginario poético berreta ("me gusta cuando callas porque estás como ausente"). O asociado a la censura ("el silencio es salud"). O a farsas geniales de la contemporaneidad (los "4,33" de John Cage). O a anacronismos coloniales (“¿Por qué no te callas?”). Pero a veces hace falta cerrar la boca. Intuyo que gran parte de los conflictos humanos se deben al hecho de no verbalizar los deseos en voz alta por temor a la reacción del Otro, pero también a la costumbre de hablar de más y llenar el espacio auditivo con basura. Esas conversaciones tan tristes en las que sólo se desea mantener abierto el canal de comunicación y terminan en una tragedia personal, porque se refleja penosamente la distancia cosmológica entre los dos interlocutores. La misma que hay, si hilamos fino, entre todos los terrícolas. Frase atribuida a un espectador de Beto Casella: "Uno emite cheques con la boca que el culo no puede pagar". ¿Quién no se encontró diciendo algo que no pensaba, prometiendo cosas imposibles y proyectando porvenires porque no soportó la ausencia de sonido?

Aunque el tema es ancestral, probablemente el exceso de información, por un lado, y el auge individualista, por otro, acentúen la tendencia de decir pelotudeces. Nadie acepta ser el actor de reparto, queremos ser los protagonistas de todas las películas, incluso de las que no nos cuentan entre el elenco. Las mesas están repletas de Mirtha’s Legrand’s, personas que convierten nimiedades absolutas en tragedias de vida o muerte: “¿Qué cosa hoy no da lugar a dramatizaciones y stress?”, se preguntaba Lipovetsky, “envejecer, engordar, afearse, dormir, educar a los niños, irse de vacaciones, todo es un problema, las actividades elementales se han vuelto imposibles”. Recordé esta reflexión mientras leía Milagros de vida, otra autobiografía, esta vez de James G. Ballard. El autor inglés se permite comparar el campo de concentración japonés en el que pasó su infancia con la escuela (Leys School) en la que estudió al llegar a Inglaterra. Afirma que la única diferencia entre los dos es que la comida de Leys era peor… ¿Cómo pasamos de eso a no soportar que alguien no nos conteste un mensaje de texto? Que nadie tenga dudas: los celulares no sirven para comunicarse, sino para hacer ruido cuando hace falta silencio. Hay gente que le pone volumen hasta a las teclas.

La charla vira a monólogo y a veces a soliloquio. Pero en frente del espejo todos somos James Bond. En otro orden de cosas: ¿Vieron esas personas que estiran el cuello como Plastic Man para salir en todas las fotografías, que son amigos de todo el mundo? Después preguntás "¿Qué tal es X?" y nadie sabe su nombre. ¡X trabaja de eso, de ser conocido! Gilles se equivocó, no era Narciso el personaje característico de la era del vacío, sino Droopy. Estar en todos los lugares, no dejar hablar al viento. Dos caras de la misma moneda.

Cuánta razón tenía Charly García en la segunda mitad de los 90'. Hasta qué punto es necesario saber decir(se) a tiempo las palabras mágicas: "Say No More". Para bajar la persiana. O colgar los botines. O hacer borrón y cuenta nueva. En la carta a su hermano Buddy, Seymour Glass, el personaje y alter ego de Salinger, dice: "La voz humana hace lo que puede por profanarlo todo en la Tierra". Sépanlo. Sayonara.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Axolotl

Ustedes las conocen. Esas personas que viven pendientes de las desventuras de sus ex. O, peor, de las parejas de sus ex. O más aún: de las ex de sus parejas actuales. Ni siquiera están enamorados, aparentemente los odian, pero allí están, navegando en las proximidades de sus facebooks, en los chats de un conocido en común, a la espera de algún dato escabroso que les compruebe que ellos son mejores personas. Mientras, de tanto gastar energía en aquello que desprecian les puede ocurrir lo que al personaje de Cortázar, ése que entra al Acuario/ y se queda embobado mirando el Axolotl/ y cuando sale del Acuario/ ya no es un tipo/ sino un Axolotl inmóvil/ mirando un tipo/ que se va de un Acuario. Cualquiera puede caer en este tipo de juegos de la mente. Hacia el final de The Social Network, encontramos al joven multimillonario enviando una solicitud de amistad a su ex novia, mientras actualiza frenéticamente la pantalla a la espera de una aceptación. Paradojas de la vida. "I don't like you/ But I love you". Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos.

Todo esto porque hoy escuché el programa de Víctor Hugo Morales. Eso debe ser lo que llaman "periodismo militante". Una tendencia política explícita de 9 a 13 hs. sólo eludida cuando el conductor llamó a Luis Juez para preguntarle si no se estarían equivocando con Ricardo Jaime... Después, el resto del envío estuvo dedicado íntegramente a repasar extensas declaraciones de Mirtha Legrand. El público se comunicaba indignado y repetía el rap de que ellos no eran la "gente" que la diva caída en desgracia dice representar. Gracias por avisar, nunca se me hubiese ocurrido. Otros decían "Bienvenida la Ley de Medios", como si la aplicación de la misma terminase para siempre con los fachos, como si actualmente no hubiese posibilidad alguna de ponerse a escuchar un disco de Los Beatles en vez de torturarse con la cantinela del almuerzo ancestral. La misma dinámica se extiende al sector kirchnerista. Esto es algo así como un macartismo al revés. Mirthalegrandismo progre. Un macartismo de izquierda. Bueno, el concepto es bastante obvio no sé qué hago dando tantas explicaciones. Individuos que la tienen re clara (como Federico Luppi), saben con exactitud qué hay que decir y qué no y desde el púlpito de esa inteligentzia ideológica (por enigmáticos designios, a salvo de cualquier error) nos explican de qué va la cosa. Durante 30 o 20 o 10 años comieron (real o simbólicamente) con "la Chiqui", le festejaron los chistes malos, los comentarios desmedidos y su egolatría a prueba de balas, pero de repente el satori, la impensada epifanía: Mirtha Legrand es reaccionaria, es fascista y es conservadora. Y hay más: en algunas fotografías sonríe junto al dream team de la última dictadura militar. Y las fotografías, a no ser cuando muestran al principal sospechoso de asesinar a Mariano Ferreyra con el "payaso liberal" o una panelista de 678, siempre dicen la verdad. ¿No vieron El secreto de sus ojos? (Y ya que el archivo nos provoca orgasmos, por qué nadie recuerda qué dijo el cantante de Calle 13 de Cristina en la entrega de los Premios MTV el año pasado en vez de defender a Chávez del temible Alejandro Sánz).

Más que a las convicciones, esta deserción tardía se vincula al oportunismo. Recién ahora, cuando asistir a la mesa es un "quemo", los "artistas" entienden que el asesino era el mayordomo. Y no saciados en su demagogia, se dedican a lo mismo que hizo Mirtha Legrand desde siempre: abrir la boca y decir boludeces. No fue suficiente el kirchnerismo, ¡fue necesario que muera Néstor para que caigan de la palmera! El televidente, por su parte, también se siente cómodo en este plan: es más aliviador investigar qué hizo la “diva” en la dictadura y no qué hizo él mientras se mataban y torturaban personas. Menos mal que las canchas del Mundial 78’ estaban vacías, en caso contrario uno tendería a pensar que la dictadura fue cívico-militar. Mejor así, la culpa de todo la tiene Mirtha.

Elipsis.

¿Será desde que no tengo una fotografía en la billetera, desde que interpreto semiológicamente el sentido de un beso, desde que las neurosis y las patalogías del fucking amor me calcinaron el cerebro, desde que mi corazón no sabe/ no contesta, desde que prefiero leer al Turco Asís antes que a José Pablo Feinmann que: soy un cínico? Yo hago todos los intentos y cada tanto se muere Néstor Kirchner y me conmuevo. Pero ¿no habré crecido en los 90'? ¿O será, como cree el Mark Zuckerberg de ficción, todo culpa de mi ex? Voy a ver qué dibujo animado puso en su perfil de Facebook. Tal vez allí esté la respuesta de esta crisis, pero todo empieza y termina en que intuyo que el objetivo de los que quieren militar en realidad es conseguir una novia, muchachos. Y lo peor de todo es que este detalle me parece perfecto, no lo cuestiono, porque si me dijeran que quieren salvar el mundo, ni siquiera el mundo, el país, ni siquiera el país, su ciudad, ni siquiera su ciudad, su cuadra, ni siquiera su cuadra, su casa... De última, es mucho más productivo preocuparse por hacer cucharita con una joven nac and pop que buscar los subtítulos de una película rumana o el último disco de Arcade Fire en MiniNova. Pero por favor, hasta que los años no nos otorguen la perspectiva necesaria, córtenla con lo de la “juventud maravillosa” porque mi paso a la inmortalidad no es atentar contra cristinistas barbudos (lo que implicaría mi suicidio) sino algo más o menos sangriento ligado a la "cooltura" y a los niños ricos con tristeza y los esnobs con ropas estridentes.

A veces me parece que somos parte de una remake dirigida por el Señor Spielbergo. Debería haber escrito eso nada más. Recordemos siempre que todo discurso es boutade. Sayonara.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Algunas películas del Festival de Cine

The Book of Life. Perteneciente a la retrospectiva sobre Hal Hartley. La posmodernidad, nadie puede afirmar que existe, pero si vieras esta película no dudarías un solo segundo que estamos hundidos hasta el cuello en ella. El segundo nombre de Hartley es "Pionero/Leyenda del cine indie" así que de antemano estamos preparados para recibir algo excéntrico (en el sentido literal del término, no para calificar a alguien que combina mal la ropa). La estrategia que se utiliza en este film para causar un efecto de extrañamiento es adaptar un relato ancestral a la idiosincrasia urbana actual. The Book of Life data de 1998 y está ambientada en el último día del siglo pasado. La anécdota es simple: Jesucristo (acompañado por María Magdalena, interpretada por la gloriosa PJ Harvey) baja a la Tierra para desencadenar el Apocalipsis. En el medio se cruzan con un borracho perdido, el Diablo, quien prefiere que todo siga igual, pues de suceder lo contrario, perdería su trabajo. El fin del mundo yace en los archivos de una notebook. Jesucristo es un yuppie. Después de un comienzo que bordea la ridiculez, la película gana densidad narrativa a medida que se desarrolla, con monólogos bastante logrados. El registro, irónico-filosófico, es más propio del teatro. La estética es deliberadamente primitiva y elude los convencionalismos, aunque tal vez 12 años atrás, todos esos "trucos" propios del video clip ya se encontraban perimidos.


Conclusión: Una película original, que provoca, al mismo tiempo, estupefacción y inquietud. Como el fugaz paso de Borghi por Boca.


Nunca me abandones (Never Let Me Go). Basada en una novela de Kazuo Ishiguro que no leí, así que este dato bien podría haber sido desechado. En realidad sólo sirve para completar la reseña de una película de la que se puede decir muy poco. A lo sumo un "Uhm". O "Exijo una explicación". O directamente un "¡Plop!". Nunca me abandones repasa el itinerario de tres jóvenes que crecen en un internado. El mismo es opresivo, sofocante, tortuoso. Más o menos lo que se espera de un internado. Al promediar la película nos enteramos que el propósito de sus autoridades es formar adultos dadores de órganos. Luego, a través de unas escenas que rozan el crimen de lesa humanidad en su enternecedor didactismo, advertimos que los protagonistas son clones. Pero lo que tenemos en frente no es una película de ciencia ficción o una comedia, más bien se trata de un drama bastante sensiblero, repleto de golpes bajos, llantos, twist and shout. Y para hacer un drama de una situación improbable hay que tener algo, no sé bien qué, pero le falta a Mark Romanek. Quizá lo tenga y en esta película le faltó. Incluso podemos elucubrar que Mark Romanek está lleno de ese algo, que Mark Romanek es en sí mismo ese algo, ese plus de virtuosidad que diferencia a un gran director de otro mediocre. Pero son todas especulaciones, ¡amargas y grises especulaciones, maldita sea! Aplausos para Carey Mulligan y Keira Knightley, no necesariamente por sus actuaciones.


Conclusión: Una película para preguntarse por ese "algo" y recalar en la incertidumbre existencial atávica, aquella que llevó a Ángel Cappa a decir: "¡Foul del 3, hijo de puta!".


Tuesday, After Christmas. Oh, 109 minutos ininterrumpidos de maravilloso cine rumano, ¿qué más se le puede pedir a la vida? Oh, qué inteligentes pareceremos a los ojos de nuestros conocidos cuando se enteren de que fuimos a ver esta película. Oh, qué envidia sentirán los cinéfilos del mundo cuando sepan que vimos en un Festival tamaña obra de arte. Oh, qué gusto da coincidir con la inteligentzia. Oh, qué tremenda cagada si la película nos parece aburrida, lenta y larga, que es casi lo peor que se puede decir de una película. Oh, de todos modos hagamos mucha fuerza para que nos guste. Oh sí, oh sí, tú puedes mentir que Tuesday, After Christmas te pareció un estupendo ejemplar de Radu Muntean que se inmiscuye en los laberintos rutinarios de la vida cotidiana y termina conformando un fresco sobre la sociedad actual. Oh sí, si hasta parece un cuento de Raymond Carver. Oh, qué particular esa historia sobre un hombre casado que engaña a su esposa con una más joven. Oh, nunca se me hubiese ocurrido. Oh, oh, oh.


Conclusión: "Ah, por cierto, estaba siendo sarcástico".


Yo maté a mi madre (J'ai tué ma mère). Es muy fácil ser sarcástico, ¿no?, lo difícil, como diría Leonard Cohen, es disparar antes de que el otro desenfunde. Démosle la bienvenida a "(?)" y también a Xavier Dolan, el joven canadiense, director y protagonista de Yo maté a mi madre. El título es explícito desde el punto de vista simbólico ya que no se trata de un policial sino de un melodrama que profundiza en la relación conflictiva entre una madre separada y un hijo de 17 años que quiere vivir "sin timón y en el delirio" pero no se sabe hacer la cama. La película está muy bien envuelta (fotografía, soundtrack, etc) y puede ubicarse junto a Tarnation en la colección personal. Los diálogos son creíbles, se estancan en esa insoportable levedad de las discusiones vulgares que pueden dar paso al drama de un segundo a otro. Por momentos, sin embargo, la actuación de Dolan parece demasiado afectada y los contrapuntos entre él y su madre se pierden en un juego bastante monótono. Mucho ruido y pocas nueces, aunque el resultado final es favorable.


Conclusión: Pero qué lindos son los franceses, carajo, incluso cuando son canadienses.


Iván Zulueta, Programa 4 de cortos: Tea for Two, La Taquillera, Párpados, Ritesti. Tal vez la única forma de conocer a Iván Zulueta sea sacar mal la entrada. La idea era ver, a esa misma hora, cortos de la competencia oficial, pero una serie de desperfectos nos lleva a la sala equivocada. Podríamos incinerar públicamente a la culpable de este accidente... pero echemos un manto de piedad, puesto que es una vampira y no tengo intenciones de meterme en problemas con este tipo de personajes tan peligrosos. Ahora vayamos a Zulueta, reconocido cineasta español, quien durante su vida filmó dos películas (una de ellas, Arrebato, legendaria) y muchos cortometrajes que le permitieron ganarse el mote de artista experimental, carnet que posibilita a sus dueños a mandar fruta mientras de los 8 espectadores del cine, 3 se van y los restantes se rascan la cabeza en señal de inédita incertidumbre existencial. Surrealismo en la década del 80'... Trips oníricos perfectamente inentendibles. Viendo estos cuatro cortos y leyendo algunas nota sobre su vida, podemos sospechar que el aporte de Zulueta está más relacionado con su existencia en el panorama cultural español, que con su filmografía. Aunque no descarto que Tea for Two o Párpados fueran obras maestras. Un hombre travestido que baila mientras desayuna. Una taquillera hablando por teléfono. Una serie de pintores con problemas "simbióticos". El sonido de un claxon. Repostería y descuartizamientos. En fin. Como diría Borges: esas cosas demasiado inconspicuas para un "corto".


Conclusión: Igual estamos a mano por Social Network.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Paul is Live

Para la China, per se

La actitud de Paul arriba del escenario es ambivalente. Por un lado, parece olvidar quien es (¡el fucking Paul McCartney!) y cede a los más grandiosos hits de la demagogia del show business para ganarse a un público que, ya de antemano, en su caso, más que con cualquier otro artista, tiene rendido a sus pies. Entonces repite frases en español ayudado por un papelito. Se pone la camiseta y juega a ser el Diego de la Gente. Hace flamear una bandera argentina en el escenario. Hay un exceso de simpatía que lo puede llevar a asemejarse demasiado a ese tío que en nuestra infancia nos parecía muy gracioso y al entrar en la pubertad comenzamos a evitar. Por otro lado, no posee ningún tipo de culposidad, no tiene dramas con su pasado. Es un Beatle y se hace cargo de la situación como ésta lo requiere. Se sabe un superhéroe del siglo XX. Si fuera Spinetta, tocaría siempre "Muchacha". Tiene todo fríamente calculado y, aunque parezca, no es ningún boludo. Quiere, simplemente, que cada una de las personas que se acercan al Monumental pase un buen momento. O más: una noche inolvidable. O incluso un tanto más ambicioso: la mejor noche de sus vidas. Y lo logra con creces. Paul, además de un fabuloso multiinstrumentista (le falta tocar la batería, en manos de un comediante), es un showman de puta madre, un prodigio pop, probablemente el que inventó lo que van a ver las niñas el domingo a la tarde en el mismo Estadio. Una especie de máquina perversa del entretenimiento a la que todos rendimos tributo.

Ayer leí que era el tipo que más guita había generado en la historia de la música. Lo tiene merecido. ¿Sabés la cantidad de vidas que salvó Paul McCartney? No te das una idea. Y no me refiero a un trasplante, eso es valioso pero lo puede hacer cualquier ñato que haya estudiado. Hablo, señores, de un salvataje espiritual, de un canal de expresión íntimo en una situación trágica, de la ceremonia pop del que escucha un disco para identificarse con una letra. Paul nos dio mucho. En ese contexto, está bien que sus entradas costaran tan caras, está bien que hayan pagado 6000 mangos para tocarle el culo. Es más, voy a transferir mis ahorros a la cuenta de Paul. "Tomá Paul, te mando 300 pesos por Getting Better, el mes que viene 150 por Martha My Dear". Y etc. Seguro que lo acepta el hijo de puta.

Del recital: "poco se puede decir que ya no se haya dicho". El que escuchó su reciente disco en vivo en New York y pispeó la lista de temas en los medios, sabía con que se iba a encontrar. Defectos de la nueva era. De la sobre información. Tal vez hubiese sido mejor no saber nada. Después del telonero imposible, la mayor sorpresa fue el comienzo con una versión (elija su adjetivo favorito: genial, perfecta, fantástica) de "Magical Mystery Tour" y tal vez la inclusión de “I`ve Just Seen a Face”. El resto del repertorio lo conforman un puñado de canciones de su etapa con los Wings (especialmente del gran disco "Band on the Run": se destacan el homónimo y el hermoso blues "Let me roll it"), alguna que otra pieza solista y una veintena de gemas de los fab four que tienen la potencia de un cross a la mandíbula. No hay nada qué hacer. No se puede explicar. Toda intelectualización posible, todo prejuicio sobre cierta melosidad desmedida (recordar sino "No More Lonely Nights" y su video), se destruye en mil pedazos cuando el tipo de tiradores y pantalón de tiro alto se sienta al piano y entona: "The long and winding road/ That leads to your door". Estamos ante alguien que comprende la sensibilidad humana. O la capta o la reproduce a través de versos simples con melodías irresistibles. Sólo restar callar o llorar o intentar acompañar. Como el tipo que estaba atrás mío, ése que desafinaba como un maldito perro, ése que evidentemente no sabía inglés y no tenía idea de lo que decía la letra pero probablemente la entendió muchos años atrás y mejor que yo.

"Highway", "Sing the Changes", "Mrs Vandebilt" quizás sean temas que desentonan en semejante repertorio pero nada es ferpecto. Tal vez se extrañó un "Hope of Deliverence". Algo de "Chaos and Creation in the Backyard (2005), entre los mejores 5 discos de su carrera solista. Un "Maybe i'm amazed" que, sí, es una "silly love song", pero de las más lindas que escuché en mi vida. Prefiero no entrar en el terreno de los temas de los Beatles que se tocaron y los que no. No estuvo "Penny Lane", pero tocó "Lady Madonna". No "Oh Darling", pero sí "I've Got a Feeling". Es linda, pero está con otro. Es inteligente, pero es feo. You Know Me. Es como en la vida: siempre te van a faltar 10 para el peso.

Los homenajes a Lennon y Harrison. Todo un palo. Al primero le dedica "Here Today", una carta lacrimógena sobre su conflictiva relación. Después arremete (en el caso de Paul el lugar común de este verbo es neutralizado) con "A Day in the Life" y "Give Peace a Chance". "Something", el clásico de Abbey Road, es tocado desde el comienzo con el acompañamiento de un ukelele y después se suma el resto de la banda. El resultado es altamente emotivo. A la gente le encanta corear "You're asking me will my love grow/ I don't know, I don't know/ You stick around now it may show/ I don't know, I don't know". Creí que era yo solo, pero no. Eran todos. Personas de distinto sexo, origen, servicio de internet, creencias religiosas, ideologías, partidos políticos, gritando eso, que no sabemos, no sabemos un choto y necesitamos decirlo a los gritos.

El final une "Yesterday" con "Helter Skelter". En el espacio que hay entre esos dos temas (imaginemos un enorme pentagrama) está todo lo que hizo Paul McCartney en la música contemporánea. Es decir: todo. La coda con "The End" y el aforismo sobre el amor (¿será verdad?) no podía ser más indicada para cerrar la noche. El tipo saludó, entonces, por enésima vez y se perdió por detrás del escenario. Y mientras salíamos, en medio del mar de gente que comentaba los "cuetes" de "Live and Let Die" y lo buen tipo que era el gordo que tocaba la batería, nos cayó la ficha, la poderosa ficha: habíamos visto a Paul McCartney en vivo. ¿Y ahora?


lunes, 8 de noviembre de 2010

No te vayas subcampeón, quiero verte otra vez...

La misericordia extrema por los avatares del mundillo del fútbol es moneda corriente. Tal vez nos identificamos más con quien nos gustaría ser que con quienes somos en realidad: en vez de seres marginales, oscuros, rutinarios, estrellas, ídolos del deporte, héroes masivos. Por eso estamos más preocupados por cuidarle el culo a tipos remotos que al vecino de la esquina de tu casa. Se suele lamentar el protagonismo que tienen los resultados a la hora de evaluar la actuación de un D.T o un jugador, pero no se recuerda que lo mismo sucede con los empleados de panaderías. Algunos se escandalizan porque un partido se juegue a las 15:00 con 33º de temperatura; jamás se les ocurriría tener la misma compasión por los albañiles de una obra en construcción en pleno enero. Suspendamos la vida cuando hace calor, yo me prendo, pero (y a continuación démosle la bienvenida a mi frase favorita de los últimos tiempos, aquella que se impone como respuesta cuando pienso en mi carrera, en la chica que me gusta, en la vuelta de Radiohead a la Argentina): “algo me dice que eso nunca sucederá”.

Convengamos que sí: el fútbol es cruel, sólo sobreviven los más aptos. Ahora bien, cuando encuentren algo que forme parte de la vida cotidiana y no funcione a partir de esta dinámica, avisen. En consecuencia, mientras el capitalismo rija nuestras psiquis y nos sigamos sintiendo cómodos en esa lógica (que yo sepa nadie planea hacer la Revolución), pasemos a otro tema, no quiero hablar de eso.

Y todo esto, naturalmente, como ya advertirán, recala en el IV Festival de Poesía, de Acá, a desarrollarse en la ciudad de Mar del Plata. Muchos de los poetas que nos deleitarán con sus versos este fin de semana son deudores, entre otras corrientes, de lo que se llamó “Poesía de los 90”, aquella camada de autores argentinos que, entre otros, integraron Fabián Casas, Daniel Durand y Martín Gambarotta. Este último, en “Seudo”, dice cada uno fríe su pescado como más le gusta”. Dentro de la logia futbolística, este aforismo puede traducirse de la siguiente manera: “Cada técnico con su librito”. Sin embargo, en los últimos tiempos, es más habitual la superproducción serializada que el cine de autor. Es harto complejo diferenciar la propuesta de un D.T de otro. Muchos son el mismo tipo con máscara distinta (con Falcioni debo reconocer que los encargados de FX hicieron un trabajo de antología). Por eso cuando aparece alguien que logra imprimirle un enfoque personal al juego de un equipo, se roba todos los flashes. Sus triunfos serán exaltados hasta el infinito y sus fracasos no podrán escapar del patetismo. Cuando Dios te da un don, también te da un látigo, afirmó Truman Capote. No es echado, entonces, un técnico, sino una forma de jugar al fútbol, una escuela, una filosofía, una estética y hasta, afirman algunos, una ideología. Un emblema, un paradigma y así podría seguir, oh sí, oh sí, durante años.

Y de lo general, finalmente, aterrizamos en lo particular, Ángel Cappa. El caso de su salida es especialmente doloroso, tiene algo de enamoramiento efímero que ni siquiera es despreciado por acciones puntuales, sino por la suma de los días. No sólo es que River no gana desde hace 7 partidos, sino que se instaló en una meseta de intrascendencia llamativa incluso para el paupérrimo nivel de la banda roja. Y esto incluye tanto a Cappa (su paso por River será inmortalizado en el inconsciente colectivo por sus encendidas rabietas, un ejemplo de impotencia absoluta) como a los jugadores, que no pueden dar más de tres pases seguidos. La mala racha llega a tal punto que Ariel Ortega está jugando, probablemente, los peores partidos de su carrera. El resto del equipo no acompaña (a excepción de Carrizo y Pavone). Los movimientos constantes en el mediocampo y en la delantera (Lamela y Affranchino, dos de los "mejores" jugadores, quedaron afuera del equipo titular) no ayudaron. Nada funciona y no es hipérbole. El campeonato en el que River tenía un fixture más o menos accesible, apto para obtener los puntos necesarios y salir de la promoción, se convirtió en una pesadilla. Pero crucificar a Cappa es absurdo, desde hace tiempo River no tiene piso, no le gana a nadie, merece la B Nacional. Passarella, con su pose de macho alfa, es el Hombre que toma decisiones y se pone la Institución al hombro, pero por ahora no da pie con bola. (Se ofrece recompensa por la Auditoria de la gestión de Aguilar). La era Cappa terminó más rápido de lo que se pensaba y encima no hay un solo dato positivo que haya aportado al Club. Sólo el hit de los resignados: Nunca esperes nada de nadie, pero preparate para todo. Su alejamiento inducido provoca malestar, aunque nadie se sacrificará por su bandera. Ya lo dijo el ex Ministro de Duhalde: el cementerio está repleto de imprescindibles.

Y algún que otro hijo de puta también: Massera Q.E.P.D el H.D.P

Será cuestión de prepararse emocionalmente para jugar los sábados. Nos hemos acostumbrado a cosas peores.


domingo, 7 de noviembre de 2010

IV Festival de Poesía, de Acá

12 y 13 de noviembre en Moll Bar (Sgo. del Estero 2358, Mar del Plata)

CRONOGRAMA DE LECTURAS Y ACTIVIDADES:

VIERNES 12

16.00
Joaquín Correa.
Lucía Couso.
Flavia Garione.

18.00
Florencia Roca.
Nicolás Pedretti.
Verónica Goldenberg.

20.00
Fabián Iriarte.
Mauro de Angelis.
Carmen Iriondo.

22.00
Iván Moiseeff.
Jonás Gómez.
Matías Moscardi.
Gastón Franchini.
Sol Echevarría.

SÁBADO 13

16.00
Vanina Colagiovanni.
Facundo Giménez.
Sebastián Hernáiz.
Alfredo Jaramillo.

18.00
Marina Yuszczuk.
Jorge Chiesa.
Luciana Caamaño.
Esteban Castroman.
Federico Torres.

20.00
Marina Mariasch.
Walter Cassara.
Ezequiel Alemián.

22.00
En vivo: Silent

Además Feria de editoriales independientes: Vox, Dársena3, Gog y Magog, Clase turista. Cuadros de: Dacid. Fotos de: Lola Inlovee. B-sides & rarities: Rubi Bleu.
PD: ¡Vayan, putos!

jueves, 4 de noviembre de 2010

Divino Tesoro

Es cierto que ya todo ha sido dicho (siglos de Occidente no pasan en vano, aunque todavía no se inventó la opción "No me gusta" en Facebook), pero cuando me asalta la necesidad de escribir algo verdaderamente redundante siento incomodidad. El texto que prosigue es de aquellos que dicen algo tan poco original que ni siquiera debería ser escrito y mucho menos leído. Sin embargo, es en esta disyuntiva que lo recuerdo:

"Marcos Aguinis ha publicado libros".

Ésa es la frase que justifica cualquier desatino. Es más: me atrevo a decir que esa frase (que encierra un hecho tan dramático como irreversible) es la justificación de éste y todos los blogs mediocres del mundo. En los afluentes de ese río deberán abrevar los escritores novatos que se sienten paralizados ante la figura de un Borges, un Bolaño, un Nabokov, un Kafka. “Aguinis”. He aquí, querido y remoto muchacho, la palabra mágica para mandar fruta y no sentirse culpable.

En fin.

En los últimos días he notado la instalación masiva de algunos microrrelatos. A partir de su sistemática repetición, pueden llegar a sedimentarse en la entelequia denominada "opinión pública" para pasar a formar parte de la serie de lugares comunes que rigen nuestra existencia. Uno es la exaltación de las convicciones, el otro de la juventud. El microrrelato que ocupará más espacio en mi (espero) breve nota es el segundo, pero no podía dejar de mencionar el primero porque los dos están íntimamente vinculados. El lector atento comprenderá que se trata de discursos que comienzan a circular a partir de la muerte de Néstor Kirchner. A los dos han adherido, aunque parezca irrisorio, oficialismo y oposición. Incluso esta última fue la que, en la necesidad hipócrita de tener que rescatar algo del enemigo fallecido, recurrió al verso de las convicciones, como si éstas, per se, fueran positivas. Sólo hace falta decir que Hitler tenía convicciones para desarticular este sofismo. Convicciones tenemos todos (el que nos las tiene, inconsciente, posee las del nihilismo o el escepticismo o la indiferencia o la apatía), lo fundamental es el contenido de las mismas. Enaltecer las convicciones de Kirchner sin especificarlas, es, en el caso de la oposición, una estrategia para neutralizar su efecto revulsivo en los miembros de ciertas corporaciones (económicas, periodísticas, institucionales). Por el lado del oficialismo, sirve para borrar los puntos oscuros de su curriculum y canonizarlo. Kirchner era un tipo contradictorio, el que lo niegue, en pos de amarlo u odiarlo, se sabe encandilado por las luces de una dinámica argumentativa binaria y maniquea. "Tenía convicciones" equivale, entonces, a la mismísima nada.

Sobre la juventud, ídem. Reivindicar (o rechazar) una franja etaria debe ser de las idioteces más sublimes que he escuchado. Sin llegar al extremo canallesco de referirse a las juventudes hitlerianas, no hace falta decir que la juventud no es, en forma intrínseca, maravillosa. Que la juventud no es mejor que la tercera edad. Que alguien de 26 años no tiene más méritos que otro de 57. No hace falta, es verdad, sin embargo, por esos cauces ha ido la bajada de línea de muchos medios y comunicadores en esta semana. Esto no debería extrañar en personas a las que las nieves del tiempo platearon su sien: idealizan lo que perdieron y nunca recuperarán, como vos, cada tanto, extrañás alguna ex novia. El problema comienza cuando los jóvenes son fans de sí mismos. No sé por qué me inquieta la gente que está tan segura de tener la posta. Actualmente se exalta la militancia, como si ésta fuera la cura a todos los males del mundo. Es necesario señalar que, al parecer, la única que tiene sentido es la que banca el proyecto de Cristina, no existe la misma consideración con respecto a la juventud radical o los trotskistas. A excepción, eso sí, de que una mafia sindical mate a alguno de sus miembros. Recién ahí podemos elucubrar que un pibe del PO sea humano. Elipsis. Sólo desde una perspectiva muy sesgada podemos concebir que el único modo de militar sea afiliarse a un partido. Entonces primero veamos por qué y cómo se milita. Si es la adhesión al contenido de ciertas convicciones. O un tema de Barragán. O la reacción inmediata a la muerte de un líder. O enamorarse con una posible remake edulcorada de la juventud setentista, la de nuestros padres y nuestros tíos. Me pregunto que hubiese pensado Juan Salvo de Néstor.

En la aldea virtual 2.0 son todos nacionales y populares, pero a veces, hasta un servidor, individualista miserable incapaz de formar parte de su propia familia, puede sentirse incluido en esa corriente. El peronismo cool es la muerte del peronismo. Y maticemos, muchachos, que no cuesta nada. En su versión más lograda, militar es acceder a una forma de vida honrosa. Es más digno que tener un blog o cuidar un cactus, ¿no? A pesar de todas sus contradicciones, en términos pragmáticos, se trata de la herramienta colectiva más adecuada para cambiar la "realidad", por más mínimo que sea el aporte. Bienvenida la militancia y lo digo sin sorna: ¿quién te dice que esta vez no cambiamos el mundo? Es para eso, aunque no lo quiera aceptar, que leo y escribo. Pero nunca dejemos de preguntarnos quiénes somos. No aceptemos certidumbres preestablecidas. Activemos el espíritu crítico contra viento y marea. No armemos el rompecabezas para quedar bien con alguien que ni nos conoce. Y, por favor, nunca seamos fanáticos de algo tan azaroso como nuestra partida de nacimiento. Sayonara.

domingo, 31 de octubre de 2010

El show de los muertos

¿Qué nos pasa a los argentinos con la muerte?, se preguntaba la consultora política a pocas horas del deceso de NK. El interrogante coyuntural encerraba otro filosófico como así también una consideración negativa sobre el funcionamiento de la sociedad: sólo somos capaces de reconocer a alguien cuando ya no existe. Tal preconcepto da a entender que si un argentino visitara Noruega o Groenlandia o Chipre y preguntara por la Parca, los habitantes de esos países se nos cagarían de risa en la cara. Unos minutos después, ya repuestos de tremenda ingenuidad, contestarían que la muerte es un tema ya resuelto, demodé, anacrónico, sólo latente en territorios primitivos como el que nos toca en suerte. En el exterior solo se preocupan por saber qué carajo es Twitter. A lo sumo, adónde van los patos cuando llega el invierno.

¿No será la Humanidad entera desde tiempos inmemoriales la que tiene un conflicto con la muerte? Cierta corriente postula que los “males colectivos” de la sociedad argentina no se consiguen en Europa. Creer esto sirve mucho para vender o comprar libros y muy poco para pensar. La hipocresía, la corrupción, el egocentrismo y, en este caso, el culto a la muerte. Todas puras estupideces argentinas.

Vivir más de 25 años es una vergüenza, dijo Andrés Caicedo, antes de suicidarse. La vida está sobrevalorada. En cuanto a la muerte, nunca la subestimaría. Tampoco a las reacciones que ella provoca. Es muy poderosa. Y reveladora. Te obliga a una elaborar una síntesis. Y si el resultado es positivo de repente te encontrás cantando el Ave María a la Presidenta con los dos dedos en V. O conmovido mientras lo mirás en el living de tu casa.

No sé si muchos se pusieron a pensar en la responsabilidad que tenemos: fuimos contemporáneos de Kirchner. Los encargados de configurarle su imagen a las generaciones futuras. Y no hace falta decir qué pesará más en la balanza: ¿las candidaturas testimoniales o la reactivación de los juicios a torturadores y genocidas? Es que no hay mucho tiempo para explicarle cosas a un nieto antes de que pierda la atención. Los chicos del mañana son así. Daniel Melero escribió un verso que puede servirte como introducción a Foucault: "La historia no existe, sólo hay memoria y es personal". Y ésta se escribe en forma consuetudinaria, agrego, no en los claustros de una Universidad. Cuando estaban vivos, preguntaba muy seguido a mis abuelos quién fue Perón. Uno lo amaba. Había sido un cabecita negra que llegó de Tucumán a los 14 años. El otro era radical y recordaba con recelo cuando lo amenazaron por no poner el crespón negro en su negocio. Aunque a veces lo olvide, mi ideología siempre estará tensionada por esas dos fuerzas.

Los locales de electrodomésticos reflejaban la noticia en los televisores de las vidrieras. Los transeúntes se tomaban la cabeza y repetían que no lo podían creer, que de ninguna forma aceptarían esa tragedia. Había muerto Romina Yan. No se puede discutir un sentimiento. Es como bailar sobre arquitectura. Pero el creador del Frente para la Victoria y la dueña del Hogar Rincón de Luz no son comparables. Eso sí, tienen algo en común: ahora viven en el mismo barrio.

¿Y cómo decodifican la muerte los que nunca entienden nada? Sin entenderla. Sentir como sigue supurando el odio más allá de cualquier límite es casi obsceno. Hay algo peor que Arjona y eso es Arjona remixado. Juan José Sebreli, apunta: "Los kirchneristas alcanzaron para sobrepasar la plaza, con el agregado de muchos curiosos, el clásico público de los acontecimientos mediáticos, todos ellos muy atentos a saludar ante las cámaras. En el resto de la sociedad, una amplísima mayoría -que no se vio en televisión- hizo su vida normal; en las calles, en los cafés no se notó un clima de tristeza ni desasosiego". Lo mismo advirtió Joaquín Morales Solá, entre otros. La noticia no era que cientos de ciudadanos habían asistido al funeral de un ex presidente, sino que cientos de ciudadanos no lo habían hecho. La interpretación es reveladora. Sería interesante extenderla al análisis de todos los acontecimientos. Por ejemplo en los casos de inseguridad: "Murió un hombre asaltado, pero el resto de los habitantes del país siguen vivos". Algo me dice que eso nunca sucederá. Parece que hay que cumplir ciertos requisitos para llenar la plaza y aspirar a simbolizar una totalidad desde la perspectiva de los fiscales de La República.

Dice Abelardo Castillo algo así: no sé si el libro X que leí en mi juventud era maravilloso o si lo maravilloso era mi juventud. Tal vez el glíglico era una boludez, pero cuando Traveler le dice a Oliveira que ponga la falleba, te largás a llorar igual. Ayer cumplí 26 años y puedo decir que no sé si lo maravilloso era Néstor o si lo maravilloso fue ser joven. Negociemos. Todos sabemos que Néstor no era maravilloso y, por si no se dieron cuenta, mi juventud tampoco fue un derroche de alegrías. Pero, como diría Bunbury, sin dudarlo: "No fue bueno, pero fue lo mejor".

Si tuviera que apostar por una acción en la Bolsa de los Greatest Hits de la Humanidad, elegiría la de Tánatos. Para el imaginario kirchnerista, nada mejor que se haya muerto Néstor. En vida, sus opositores ni siquiera le podían lustrar los mocasines. Siempre quedaban en off side, boxeando contra su sombra. Ahora, como si fuera poco, deben enfrentarse al mito. Kirchner ya no derrapa día a día mientras construye la casa con ladrillos de bosta, se inmortaliza y ordena bajar el cuadro de Videla de la Esma infinitamente. Es el que instala la política en la sobremesa familiar. El que destapa la olla de la redistribución del ingreso, el monopolio comunicacional y los horrores del neoliberalismo. ¿Y qué puede hacer Macri contra un mito cuando ni siquiera pudo con el espejismo de una revuelta de estudiantes secundarios? Sólo tirar la toalla antes de que sea demasiado tarde. Queda ver cómo capitaliza Cristina el gran apoyo del pueblo.

Un afano más y no jodemos más. En un viejo ensayo sobre Cromañon, Fabián Casas citaba a Elías Canetti y recordaba que el grito de guerra de los muertos (sluaghgaim) es eslogan en boca de los vivos. Hasta la victoria siempre.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Néstor y nosotros

Los 90' nos habían dejado el cerebro atrofiado. Por un momento (que duró una eternidad) creímos que nuestro porvenir consistiría en repetir en voz alta las editoriales de Jorge Lanata y escuchar la voz grave de Pergolini comentando el último disco de Metallica. Hasta el infinito. La rebeldía era, a duras penas, el bullicio adolescente de una hora libre en la escuela. Allí estaba el non plus ultra de la juventud argentina. Ése era el último bondi a Finisterre de una generación. Un túnel oscuro repleto de ruido y de apatía. El fenómeno sociológico en torno a Los Redondos expresaba un hecho trascendente: la política había perdido su capacidad de concebir un cuadro de representación social. En manos del rock. O la televisión. O el fútbol. No sé si se saneó definitivamente esa falta. Es decir: no sé si Néstor, su irrupción imprevisible, propia de un superhéroe de comic, saneó definitivamente esa falta. No lo creo. Siempre el kirchnerismo y el amor fueron más lo que imaginamos que lo que en verdad son. Se necesitan de esos juegos de la mente para sobrevivir. Ahora bien, sí estoy convencido de que muchos apagamos la Rock And Pop. Y empezamos a sospechar del tipo que nos trataba de "boludos". Fue como un satori sobre la interpretación del mundo. Tan refrescante y violento. Una nueva era. Incluso a los que siempre lo miramos de reojo, de derecha a izquierda, Néstor nos movió la cancha. Nos dejó en off side, ridículos, ¡agitando la bandera de la Nada! Y tuvimos que tirar al tacho de la basura nuestra precaria lógica de nihilistas de principios de siglo. Hasta no creyendo en vos, tenés que tener una postura ante el devenir de los acontecimientos de un país. Ya nadie duda de que ser "cool" es un insulto. Es que la interpelación no sólo apuntó a las instituciones más retrógradas del país (la Iglesia, las Fuerzas Armadas, la Sociedad Rural) sino también a la conciencia individual de cada uno. Y ahí se pone interesante la cosa. Antes lo que sucedía allá arriba estaba a años luz de nuestra sensibilidad. Por primera vez sentimos que apoyar o no a un gobierno entrañaba una responsabilidad civil. Que el discurso no sólo era una sucesión de palabras más o menos edificantes (un "chamuyo"), sino un acto concreto y producto de una lógica, la otra, la impensada, la de nuestros ideales.

Después crecimos y nos fuimos del barrio. El kirchnerismo resultó complicado.

Todo eso (y mucho más) no hubiese existido sin él. Y hoy es el día de su muerte. Justo hoy. El ambiente sepulcral que instaló el censo, de domingo a la décima potencia, quedará por siempre en la retina emocional de los recuerdos. Como no hay nada que hacer, nos recluímos en el ejercicio existencial de pensar en la muerte. El país es un enorme velorio y las postales de todos estos años se proyectan en nuestras mentes en un video clip desenfrenado. La primera y tal vez más emblemática es el día que asume la presidencia. Hace malabares. Elude el protocolo y poguea con la gente. Gestualiza, incansable. Le rompen una cámara de fotos en la frente. Sangra. Se ríe. "¿Pero quién mierda es este tipo?". Eso nos preguntamos todos, a veces cagándonos de risa, encadenados a su show, en otras ocasiones indignados, especialmente cuando su estrella comenzó a apagarse, se recostó en el PJ y tuvimos que justificar cada uno de sus movimientos aludiendo al verso de la "realpolitik". No ser "funcional a la derecha". No limitarse al sueño de ese progresismo noventoso, tan utópico e inoperante. O, directamente, una subordinación más cercana la fe religiosa que a la argumentación política.

Escribo en plural porque tengo plena seguridad de que, como pocas veces (como nunca), soy parte de un suceso de alcance colectivo. Parte de algo. Una misma estupefacción, una misma ambigüedad y, sí, un mismo dolor ante el tipo que (en buena medida, a pesar de sí mismo) llenó de sentido gran parte de nuestra existencia. Gracias.

Néstor Kirchner (1950-2010)