miércoles 30 de diciembre de 2009

¡Felisa, me muero!

La hora de los magos (Jorge de la Vega)- Viajantes (con Andrés Calamaro, Litto Nebbia, Fito Páez, etc.)

Es la hora de los magos,
todo de golpe es perfecto
y todos por fin consiguen
lo que siempre fue su sueño.
Una casa para el pobre,
el rico fama y talento,
el chico se vuelve grande,
la delgada saca pecho.
Cada terreno baldío
crece con un rascacielos,
en los platos hay manjares,
cada hueso con su perro.
Es la hora de los magos,
todo de golpe es perfecto.
Cada bruja con su escoba,
cada cura con sus rezos,
cada loco con su tema,
cada vieja con su viejo.
Manos para cada calle
y piernas para los rengos.
Y en cada rincón del mundo
se hace cierto el padre nuestro.
La redención de la carne,
resurrección de los muertos
y el perdón de los pecados
han sido todo un suceso.
Es la hora de los magos,
todo de golpe es perfecto.
Nadie más trabaja nunca
si no lo hace como un juego,
hay regalos a patadas,
se libera a los presos.
No hay mas disturbios raciales,
baja el dólar, sube el peso,
¡si alguno quiere morirse
debe esperar a ser viejo!
Se acabó la guerra fría
y empezó la de los besos
y la luna, de repente,
se hizo de miel en el cielo.
Es la hora de los magos,
todo de golpe es perfecto.
Y es muy fácil comprobar
que es verdad lo que les cuento
pues quien canta esta canción
es mudo de nacimiento.
Es la hora de los magos
todo de golpe es perfecto.

PD: Happy new year, amigos. Espero que lo empiecen bien y lo terminen mejor con aquellos que quieren o les agraden o, por lo menos, soporten. Que se cumpla todo lo que dice está canción y si no que dios y la patria nos lo demanden. Seamos optimistas, les prometo que ya habrá tiempo para lamentos y desilusiones. Adiós 2009, voy a tener en cuenta lo que me dijiste, hijo de puta (?). Gracias, de todo (lo poco que me queda de) corazón por leer el blog. ¡2010: Allá vamos! ¡Uh, eh, yeah! (?)

PD2: Un resumen arbitrario sobre el año Ilcorvino:
Ahora sí me voy y clausuro el año: ----------------------------------------><)))))º>

domingo 27 de diciembre de 2009

Sustos eran los de antes

La aparición de equipos manuales de filmación (en cualquiera de sus variantes) produjo, especialmente en la última década, una serie de consecuencias en la producción audiovisual. La mayor de éstas es un gusto del espectador por lo “espontáneo”, aquello que se supone por fuera de los límites de lo premeditado y el profesionalismo. Alimenta el fenómeno la ilusión de que con sólo tener una cámara, cualquiera puede ser director de su propia obra. Así, en la TV, las ficciones clásicas perdieron parte de su espacio a manos de personajes mediáticos que escenifican las mismas tramas de antaño pero en el marco de la “realidad”. Los programas periodísticos pasaron a reflejar, sin filtro alguno, el submundo a explorar, promoviendo al investigado como protagonista y potencial héroe. La noticia diaria, por otra parte, se vio invadida por “gente común”. Un espacio en el que se puede apreciar la dinámica (claramente morbosa) de esta vuelta de tuerca es en la pornografía. Hoy los grandes directores del género no son aquellos que poseen en sus filas a las grandes estrellas de la industria, sino los novios anónimos (y cornudos) que deciden vengarse exponiendo al onanista cibernético las imágenes (fotografiadas o filmadas) de sus ex. El receptor declara perimido el modo de construcción del Relato y reclama (inmerso en una era en que todo parece ir demasiado rápido), más que una buena historia, identificación instantánea con lo que está viendo. Podríamos afirmar que de esta forma se “desdibujan los límites entre lo público y lo privado” pero no lo vamos a decir porque se especula que esta frase es dicha 70.258 veces por minuto y por hoy se acabó su stock. Ahora bien, los amantes del terror están en problemas: los fantasmas no suelen ser tan poco cautelosos como las ex novias y, en caso de existir, todavía no hay pruebas fehacientes de que hayan sido tan estúpidos como para dejarse ver tras una cámara. Sin embargo, el truco del “documental falso con horror fuera de foco” lo está haciendo de nuevo. Que quede claro que no estamos hablando de los programas de Facundo Pastor. Primero fue hace 10 años (el tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos) con el hoy insufrible The Blair With Project, que mostraba las andanzas de un grupo de pelmazos en busca de una bruja. Hoy es más difícil de rever que una carrera de Turismo Carretera (repetida) o la jura de los diputados a cargo de Pinky. Ahora es el turno de Actividad Paranormal, elocuente desde su título. La idea de una entidad indiscernible inmiscuyéndose en la vida de una pareja puede rastrearse en “Casa Tomada”, el emblemático cuento que dio fama a Cortázar. La diferencia con el superclásico de la literatura argentina es que esta vez no se trata del peronismo (aunque habría que releer la reseña de Clarín Espectáculos), sino de un demonio hecho y derecho (¿el kirchnerismo?) que asedia la tranquilidad de unos novios recién juntados (el idiota Micah y la apetecible Katie). Para profundizar la “sensación de inseguridad” los personajes llevan los nombres de los actores. El muchacho decide filmar el dormitorio de noche para ver si el ente hace su show. Y eso mismo ocurre. Se puede decir, con excesiva tolerancia, que Actividad Paranormal “funciona” mientras se limita a reproducir el viejo gag de Edgar Allan Poe: oír golpes, cortes y quebradas de dudosa procedencia. Pero cuando de la sugerencia ominosa se pasa a la explicitación imperdonable de un espíritu invisible pisando talco, una tabla ouija auto-incendiándose, una sonámbula pechugona que da vueltitas alrededor de la cama y, especialmente, ¡un nabo en calzones preguntándole al fucking demonio que salga si es tan guapo!, caemos en una Scary Movie bastarda. La película se hizo con once mil dólares y ya recaudó 66 millones. Me pregunto en qué se habrán gastado esos once mil. Corolario: si usted necesita algo más que su vida para asustarse, diríjase a la ruta por donde pasa la vieja en bicicleta de En la boca del miedo. No lo defraudará. Sayonara.

miércoles 23 de diciembre de 2009

Estoy detrás de una campera que no existe

No sólo tras un amor, una muchacha, un trabajo, una carrera, una casa con diez pinos que todavía no existen, sino también tras una campera. Como no sabrán los que no me conocen, yo soy un gran amante de las camisas Ombú. Tanto es así que durante la dictadura secundaria en la Media 2 (el colegio del flamante concejal Fernando Arroyo) lo único que me gustaba era que el uniforme exigía una camisa cualquiera y por consecuencia podía usar camisas Ombú. La primera que tuve pertenecía a mi padre y la segunda me la compré, creo en segundo o tercer año. Fue en un local denominado Inducai siempre repleto de viejos que compran pijamas. Está en Luro entre España y 20 de Septiembre y los viejos todavía siguen, pero no así las camisas Ombú. Aquella vez vislumbré el éxtasis (todo el mundo quiere éxtasis) ya que en uno de los percheros había una campera Ombú café con leche, un ejemplar parecido al de las camisas (el mismo tamaño, ni inflada ni larga) pero un poco más grueso y con cierre. Juré comprarla más adelante porque en ese momento era más pobre que una rata. La década de los ceros fue avanzando, se lanzaron al estrellato figuras destacadas como Miranda, Mike Amigorena y Narda Lepes, se pusieron de moda las babuchas y las flores en la cabeza, se podría decir que el mundo en su totalidad y muchas cosas en mi vida cambiaron (movimiento, las cosas tienen movimiento), pero mi amor por las camisas Ombú se mantuvo intacto (tan intacto como ayer). Cuando uno se calza una Ombú no puede dejar de pensar en el Señor Juan Carlos Ombú que las ideó, en ese fucking genio secreto del diseño que halló la síntesis perfecta entre la sobriedad y la absoluta nada. Oh, campera Ombú de junco y capulí, siento un deja vú y me pregunto dónde estarás, en qué aciago local del Planeta te venderán que ya no te encuentro en la Happy City. Ombú, la marca que usan los trabajadores, los que quieren hacer la revolución, los que portan barba. Te busco con la obstinación de Ahab, el trastornado que persiguió a Moby Dick por los mares del mundo. Mi fijación es tan profunda que ni siquiera necesito un intérprete para preguntar por ella. Es que yo evito comunicarme con los vendedores, cuando voy a comprar ropa necesito a alguien que hable por mí e informe cuáles son mis intenciones. Entro y me mando en improductivos diálogos con empleados que en algunos casos, oh pecado de los pecados, ni siquiera saben de una marca con ese nombre y me ofrecen camisuchas caras para niños de clase media alta esnobs que se hacen los labradores y en su vida martillaron un clavo o, como diría Padre: “agarraron una pala”. Cada tanto, una anciana con características físicas similares a las de Doña Tremebunda, la suegra de Condorito, aparece desde el fondo del local y dice oteando el horizonte:
-Muchacho, yo había visto una, pero se la llevaron hace mucho tiempo.
-Seguiré buscando, señora, seguiré buscando así sea lo último que haga.
De pronto, un anciano sale desde más atrás (?; se trata de un local enorme) y tomándome de los hombres, me grita:
-Olvídate de ella, hijo, olvídate de esa campera, nunca la encontrarás, nunca podrás hacerlo, intenta seguir con tu vida, maldita sea, aunque sea lo último que hagas, olvídate de Ombú.
Y así siguió un rato zamarreando mi corpus hasta que todos los que estaban en el local se tomaron de los codos y comenzaron a cantar “Ey, You've got to hide your Ombú away" mientras danzaban repiqueteando sus pies en círculos.
¿Y se fue a la mierda el post no? Bueno, en fin, si alguna vez ven una campera Ombú a precio razonable y tienen la plata, la compran, se comunican con un servidor (tienen mi mail, mi facebook, mi blog, falta que les dé la llave de mi casa) y arreglamos. Lo digo de verdad, si no me creen miren mi cara:

((ºº))

¡Oh no, ése es John Lennon! El post se fue a la mierda otra vez, incluso creo que el post nació ido a la mierda. Sayonara.

PD: Feliz navidad sangrienta.

martes 22 de diciembre de 2009

Notas sueltas

No entiendo nada de twitter. Cuando veo el twitter de una persona (no sé si se dice así: “el twitter de una persona”, no sé si los que tienen twitter querrán ser llamados personas) no entiendo qué escribió el dueño del twitter, qué escribieron los que lo leen, quiénes lo pueden leer, si están respondiendo a alguien, si el mecanismo está más cercano al blog o al facebook, si me servirá de algo saber si el mecanismo está más cercano al blog o al facebook, si el twitter es un mecanismo, etc. No entiendo nada, en fin.

Vi una remera que dice: “El rugby: la razón de mi vida”. Implicatura fuerte: “Mi vida no tiene sentido”.

Nada más aburrido y monótono que una conversación sobre Turismo Carretera.

¿Quién carajo es Pechito López? Antes que respondan, no me interesa saberlo.

Primero fue el reggae, una de las formas del tedio.

Después el reggaeton, una de las formas del infierno.

Evidentemente la atrocidad cambia sus formas y se obstina en perdurar.

En los últimos días de diciembre, siempre me parece advertir cierta ansiedad en las personas que caminan por la calle: quieren que llegue el año nuevo, que se termine todo, empezar de vuelta. No sé si es una impresión mía o algo con algún grado de realidad. Todos saben que nada cambiará, pero se entregan a la farsa.

Luego del importantísimo partido amistoso con Cataluña, la AFA planea otro encuentro de nivel contra la República de Lezama.

En lo mejor de la década me olvide de American Splendor. Es la historia de Harvey Pekar, un historietista que hizo de su desencanto por la sociedad una obra de arte que destila melancolía y humor. Los textos son excelentes y los diálogos del film también. En uno de los tramos Harvey le dice a Bob Crumb (otro chiflado): “No creo en toda esta pavada de crecer. Todos dicen que las malas experiencias te ayudan a crecer y todo ese cliché. Tengo malas experiencias y crecimiento para largo rato. Ahora mismo me gustaría canjear algo de crecimiento por felicidad”.

Descubro una tendencia en mi jornada laboral: los que dicen “andar bien” de trabajo son los que “andan mal” (vendedores ambulantes) porque les da vergüenza reconocerlo; los que dicen “andar mal” son los que andan muy bien (dueños de balnearios, de camiones, de campos) porque tienen ganas de que todo vaya mal. Verbigracia: la sensación general de que todo está mal la instalan los que están bien.

Leo Prisión Perpetua, de Piglia. Una novelita muy linda con las obsesiones típicas de su autor: el escritor secreto, el diario personal como forma de literatura, el desarraigo. Bolaño aprendió mucho de Piglia, creo. Una cita que el narrador le atribuye a Roman Jakobson cuando le consultaron sobre la posibilidad de que Nabokov sea profesor en Harvard, me recuerda la designación de Maradona como DT de la Selección: “Señores, respeto el talento literario del Señor Nabokov: ¿pero a quién se le ocurre invitar a un elefante a dictar clases de zoología?”.

En lo mejor de la década me olvidé de “Maybe”, de N.E.R.D. El mejor tema beatle de los últimos años compuesto por una banda de hip hop.

Qué bien que hace Santiago Kovadloff que dice cosas inteligentes.

Primero fue un templo evangelista, ahora el espectáculo de Ricardo Fort: ¿qué le espera en el futuro al Teatro Diagonal?, ¿una sucursal del Ku Klux Klan?

Lo peor de la década (no merece un post): Cromagnon; De Ángeli; Títulos de discos de Catupecu Machu; Voz de Bahiano; Música de discos de Catupecu Machu; Narda Lepes; Bailando, Patinando, Cantando, Nadando por un sueño; Mundial 2002; Mundial 2006; Selección de Maradona; Aguilar; Macri, jefe de gobierno; De Narváez; XXY; Mi vida sentimental; Mike Amigorena; El Campo; Fernando Peña; Kirchner (exceptuando periodo 2003-2006); Cobos; Ricardo Fort; Columnas de Pepe Eliaschev en Perfil; Columnas de Nelson Castro en Perfil; Callejeros; Pier; El reggae en general; Charly García recuperado; La mediatización de todo
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lunes 21 de diciembre de 2009

Encuesta Ñ

Con algunos días de retraso, leo la encuesta sobre literatura argentina de la última década de la revista Ñ. En cinco preguntas, los autores se esfuerzan en que no se note que quieren demostrar quiénes son. Lo más probable es que sean sinceros, pero impresas en el papel y en su contexto, cada palabra parece formar parte de una gran pose de superación e indiferencia. Lo mismo les debe suceder a ellos cuando se leen, imagino. Me pasa a mí cuando releo algún post de este puto blog (“Esto no lo escribo yo, esto lo escribe quien mi mente piensa que soy”), así que… Pablo Ramos siempre está enojado. Dice: “En esta década no hubo ni un solo libro significativo para mí”. Y cuando lo interrogan sobre la literatura y el mercado, grita: “No me detuve a pensar en esto ni una sola vez en mi vida. Tampoco lo voy a hacer ahora”. Me cae bien Ramos, intuyo que sus libros me harán muy buena compañía. Santiago Llach destila su prosa extraña, llena de guiños intraducibles y referencias disparatadas. Sobre los libros de la década, contesta: “Lost; filleputain.blogspot.com (ya no está colgado en Internet); Calle 13; Mucha poesía 1999-2009, Washington Cucurto”. ¿Un blog que ya no existe? ¿Calle 13? ¿Rock, sala de ensayo, situación de estupefacientes? También hay tiempo para el parricidio: “Lo caduco es César Aira. El viejo niño travieso encabeza la defensa de la seriedad literaria”. ¿Gonzalo Garcés ya no está solo en su carrera contra el autor de Cómo me hice monja? ¿Cómo podría saberlo? Es imposible saber si Llach habla en serio o en broma. Alberto Laiseca dice que es el Conde Drácula. Cucurto explica que “la literatura argentina al igual que el fútbol argentino, está atravesando una importante crisis de identidad. En pocas palabras, va rumbo a la decadencia total”. Luis Chitarroni encadena una serie de reflexiones tan enigmáticas como su literatura: “Para mí hay libros que (…) nos habitúan a pensar que un escritor argentino es mejor que un escritor a secas, internacional, porque no ahuyenta de la lengua esos sabores verdaderos que la habitan, algo distinto que ese deseo un poco desbocado que nos impuso da capo, menos provisorio y anhelante”. El mismo carril de complejidad semántica transita María Moreno: “Caduco es un adjetivo que suele endilgarse a los histórico que, lejos de caducar, se especializa en el trastorno de lo reprimido, travestismo de tragedia en sátira”. Están los que optan por el desprecio al blog como declaración de principios más o menos corrosiva: “no entro a blogs porque cuando entro se me rompe la computadora”, dice Hebe Uhart; “No sé qué es un blog y no por eso deja de existir u otorgar sus favores a vaya saber quién”, dice María Martoccia. Me causa gracia la incomodidad de los escritores frente a los blogs. Esto le sucede a las generaciones que nacieron, por lo menos, antes de 1970. Para alguien sub-35 ponerse a discutir sobre qué son los blogs es totalmente forzado. José Pablo Feinmann, en su conocido monólogo lleno de ruido y de furia, sintetizó bastante esa desconfianza ante lo desconocido, comparable al del provinciano que viaja a Capital y cree que lo van a estafar en cada cuadra. ¿Qué tal si entendemos que los blogs son un soporte de escritura y que allí se escriben cosas tan malas y buenas como en cualquier otro lugar? Fabián Casas coloca en el papel protagónico de la década de los ceros a un autor prácticamente desconocido (e incluso lo “acusa” de haber construido una “obra maestra”): Gustavo Ferreyra. Habrá que prestar atención, Casas tiene un sentido extra para descubrir autores. El gran elegido es César Aira (12 votos), autor del que algún día deberé tomar un curso intensivo para no quedar en off-side cada vez que se lo nombra. Su amigo, el poeta Arturo Carrera, también se cuenta en el top five (la idea de ranking en la literatura para ser tan absurda como inevitable para los suplementos culturales). Debe ser una de las lecturas que más padecí. Recuerdo versos como “se ha ahumado tu cabeza. sahumador tu cráneo” y siento un escalofrío. Ése es el problema y el prodigio de la poesía, ¿no es cierto?, lo que a mí me parece atroz, ahora mismo a otros les sugiere un gran placer y van directamente a hacerse con una edición de Potlatch. En general, de los seleccionados, leí el 0,8 por ciento: Los lemmings, de Casas, El Pasado, de Alan Pauls, El último lector, de Piglia. ¿Quién tiene tanto tiempo para/ tantas ganas de leer literatura actual? Me sorprende que nadie mencione (creo, tampoco le hice una autopsia efusiva a todo el cuerpo de la nota) a Samanta Schweblin. Después está lo típico: los autores amigos nombrándose entre sí, haciendo camarilla cual “halcones y palomas” boquenses, las respuestas ingeniosas. Me quedo con dos: Elvio Gandolfo afirmando que “lo actual es algo nuevo; lo caduco, algo viejo” y Angelica Gorodischer sobre la literatura y el mercado: “No las percibo ni de lejos. Y me importan un corno a la vela”. ¿Un corno a la vela? Nunca había escuchado esa expresión y si lo escuché, fue muchos años atrás en boca de alguna abuela. Funciona a muchos niveles. Me gusta cuando los escritores responden simplemente lo que les preguntan, descubriendo el sucio secreto de esta trama macabra: que conversar sobre literatura no tiene mucho sentido y lo único importante es leer y (si se tiene el tupé) escribir.

viernes 18 de diciembre de 2009

"¡Aunque no es nada malo!"

video

La frase pertenece a uno de los capítulos más emblemáticos de Seinfeld. Por una serie de malentendidos, una periodista interpreta que Jerry y George son pareja. A partir de allí los dos intentan advertir que no lo son (luego George lo utiliza para deshacerse de una mujer), pero de forma tal que no se entienda que están en contra de la homosexualidad. De allí la muletilla que repiten todos los personajes luego de que se habla del tema: “¡Aunque no es nada malo!”. Una forma de decir: “Pero no soy un homofóbico”. Lo que el episodio refleja es la serie de cuestiones contextuales que uno debe tener en cuenta a la hora de referirse a las llamadas “minorías” en un entorno políticamente correcto. Cualquier reflexión sin justificativos puede significar tu crucifixión. La serie de Larry David, Curb your enthusiasm, explota más radicalmente este tema y lo extiende tanto hacia los negros como a los enfermos de cáncer. En una escena subversiva de la última temporada, Larry está en la antesala de un consultorio médico y sin querer rompe los anteojos de un conocido. Éste lo obliga a pagárselos. Como Larry se niega, el otro le responde si no sabe que tiene cáncer. Y se los termina garpando por eso. ¡Es genial! A no ser que sean amigos de Bergoglio, fíjense qué ocurre en la vida cotidiana si uno afirma que los desfiles del orgullo gay son una payasada. Instantáneamente se infiere que queremos “matar a los putos” y no que nos parece una idiotez alejada de cualquier tipo de reivindicación mostrar el culo por la calle en caravana, así uno sea de la condición sexual que fuere. Ahora bien:

“Yo estoy a favor del matrimonio gay”

“Sí al matrimonio gay (libertad e igualdad)”

De pronto, todos se convirtieron en apóstoles del… ¿matrimonio?, es decir, un acuerdo jurídico que institucionaliza lo que debería ser un vínculo sin ningún tipo de ataduras, que frecuentemente hace que una de las partes dependa económicamente de la otra. ¿Qué fucking cosa está pasando por sus mentes? ¿Qué es lo próximo? ¿Estar a favor de la burocracia, de los contratos? Por ejemplo ¿usted formaría parte de un grupo de facebook llamado “Sí al matrimonio”? Lo más probable, maldito bienpensante (esto dicho con cariño, por supuesto, Ilcorvino los ama), es que no, sería casi como formar parte de uno llamado: “Sí al sistema/a la iglesia/al status quo/a la esclavitud”. “No, pero es distinto”. ¿Qué es distinto? Claro, como son homosexuales es distinto, es decir, usted se cree muy progre por apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo pero en realidad discrimina a los homosexuales porque los advierte “distintos”. “Pero tienen que tener el mismo derecho de todos incluso a ser infelices”. Es un argumento bastante idiota, pero suena convincente. Ok, estoy de acuerdo con el matrimonio gay, pero de ahí a tener que reconocerlo públicamente para exculpar prejuicios ajenos a mi pensamiento, para diferenciarme del "vigilante medio argentino", hay un largo y sinuoso camino. La pregunta es: ¿acaso cualquier institución o medida o concepto evidentemente reaccionario se vuelve progresista cuando se le adhiere el término “gay”? No quiero imaginar si el día de mañana los gays piden la pena de muerte:
-Bueno, no estoy de acuerdo, me parece fascista, inmoral, salvaje, pero… “es diferente”, “no se les puede negar el derecho”, que se maten.
Sayonara.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Nuevas mentes descremadas

Cinco de la tarde. Día caluroso de diciembre, comienza refrescar. Adelante mío caminan lento una chica de unos quince años y una señora, presumiblemente su abuela. No puedo pasarlas. En un momento de desesperación intento inmiscuirme por el medio, pero justo se mueven y me tapan. Hay personas que no tienen la más mínima idea sobre la correcta disposición de sus organismos en las veredas. Cierran el paso, se abren más de lo correspondiente, frenan de golpe. Si cuando me topo con alguno de estos especimenes tuviese un hacha, les corto la cabeza y sigo caminando como si nada. Lo calificaría como un acto de justicia. No me quedó otra que hacer el trayecto detrás de ellas. Falta sólo media cuadra para mi casa. De frente avanzan otras dos chicas de la misma edad que la que camina junto a su abuela. Son muy hermosas, están tostadas y tiene puestos uno de esos conjuntos que ahora usan las mujeres, que no sabría cómo denominarlos, pero se componen de un short abombado por arriba de la rodilla y una especie de musculosa sin breteles (strapless; grandes enseñanzas de mis ex novias) también abombada. Este tipo de vestimenta resalta la longitud de las piernas, el escote y la delgadez de las niñas. Imagino que debe ser muy incómodo caminar con eso pero les queda bien (a pesar de que en el universo de las vestimentas femeninas las ubico mentalmente dentro del grupo de ropas maléficas, como las babuchas o las poleras con cuellos caídos). Una vez pasadas las dos teen angels, la chica (“excedida de peso”, de aspecto tímido, poco llamativa) que camina con su abuela dice, indignada:
-¿Viste cómo estaban vestidas? Ni que hiciera 40 grados.
Y pensé: ella querría poder vestirse así, caminar con una amiga y no una abuela, mostrar su cuerpo tostado, en fin, ser otra persona, entonces por eso dice esa frase más propia de un adulto conservador (su abuela, por ejemplo) que de una adolescente. No sé si pecaré de/seré/estaré muy sensible pero eso me entristeció. La voz en off de una publicidad de rotación constante (es de una crema, no sé cuál, pero la protagoniza Karina Mazzoco) dice algo así: “Nos declaramos en lucha contra el miedo a usar polleras cortas, a pasar por una obra de construcción, etc.”. Las mujeres que aparecen en escena son perfectas, de rostros hermosos, de piernas interminables. En otra (creo del jabón Dave) supuestamente se instaba a acabar con los paradigmas rígidos de la belleza contemporánea exponiendo chicas “gordas” en ropa interior. Eran “gordas” entre comillas, levemente rellenas pero sin estrías, sin celulits, sin rollos, simplemente panzas simpáticas que podían ser bajadas en dos meses. La propaganda terminaba explicitando la imposibilidad de mostrar a una persona verdaderamente obesa en una publicidad ligada a la estética, todo lo contrario a lo que se quería plantear. También pensé en el programa “Cuestión de peso”, donde se ayudaba a bajar kilos a personas pero con la excusa de exponerlos ridículamente ante la audiencia. Dos cosas (una general, otra personal): 1) La propaganda (primera) debería tener un apéndice que diga: “Nos declaramos en lucha contra todo, menos con el paradigma inverosímil de la belleza femenina instalado por los medios”; 2) No conocí en mi vida a una sola mujer que no tenga traumas y esté perturbada seriamente por su aspecto físico. A eso sumemos la cantidad de productos Light que en esta década irrumpieron en forma abrumadora. Les dejo un fragmento de un monólogo del genial Bill Hicks. Dice así:

Por cierto, si alguno acá trabaja en publicidad o marketing, suícidate (…) Sólo una pequeña idea, sólo estoy tratando de plantar semillas. Quizás algún día echen raíces, qué sé yo. Inténtalo, se hace lo que se puede. En serio, si estás en eso, hazlo. No hay racionalización para lo que haces y eres uno de los pequeños ayudantes de Satán. Suícidate en serio. Eres el arruinador de todas las cosas buenas, en serio. No, no es un chiste, si estás pensando: “debe venir un chiste”, no viene ningún puto chiste. Eres un engendro de Satán llenando al mundo con bilis y basura. Estás jodido y nos estás jodiendo. Suícidate, es la única forma de salvar tu puta alma”.

Sayonara.

martes 15 de diciembre de 2009

¿Quieres ser Sancho Panza?

Requisitos mínimos para apreciar este post: tener más de 8 años.

Oscar Portela es el Sancho de Abel Posse.
Barbera es el Sancho de Hanna.
Hernán Díaz es el Sancho de Astrada.
Gallego era el Sancho de Passarella.
Richard Coleman es el Sancho de Gustavo Cerati.
Watson es el Sancho de Sherlok Holmes.
John Locke es el Sancho de La Isla.
La Isla es el Sancho de Jacob.
El Dr. Wilson es el Sancho del Dr. House.
Bioy Casares es el Sancho de Borges.
Borges fue el Sancho de Macedonio Fernández y Rafael Cansinos Assens.
Andrés Calamaro es el Sancho de Miguel Abuelo.
Gonzalo Aloras es el Sancho de Fito Páez.
El Zorrito Von Quintiero es el Sancho de Charly García.
Stronati es el Sancho de Dolina.
Jesús es el Sancho de Dios.
Jeff es el Sancho de Larry David.
Eduardo de la Puente es el Sancho de Pergolini.
Rodríguez Larreta es el Sancho de Macri.
Agustín Rossi es el Sancho de Kirchner.
Rucci es el Sancho de Perón.
Jorge Asís es el Sancho de Menem.
Leuco es el Sancho de Fernando Bravo.
El que lee los mails en “Le doy mi palabra” es el Sancho de Leuco.
El Chavo Fucks y luego Roman Iucht fueron, pelearon y compitieron por ser buenos Sanchos de Víctor Hugo.
Maria O´Donnell es el Sancho excesivo de Magdalena.
Edgardo Alfano es el Sancho del Grupo Clarín.
Gabriel Schultz es el Sancho de Matías Martín.
Ripoll era el Sancho de Fernando Peña.
Fernando Peña era el Sancho de La Puta Oligarquía.
Cobos debería ser el Sancho de “La Yegua” pero es un hijo de puta.
Adrián Pérez es el Sancho de Elisa Carrió.
Luis Barrionuevo es el Sancho de Eduardo Duhalde.
Guattari es el Sancho de Deleuze.
El Che Guevara es el Sancho de Fidel Castro (otra corriente afirma que en tal relación no había predominio de uno sobre otro por lo que el factor “sanchesco” quedaría anulado).
Skay y Slash eran los respectivos y abatidos Sanchos de Indio Solari y Axel Rose.
Capusotto y Alberti eran los Sanchos de Alfredo Casero.
Alberti después fue Sancho de Capusotto.
Javier Portales y Jorge Porcel fueron, sistemáticamente, Sanchos de Alberto Olmedo.
Jorge Luz fue el Sancho de Jorge Porcel.
Favalli era el Sancho del Eternauta.
Ciro James es el Sancho de Fino Palacios.
Novaresio era el buen Sancho de Mariano Grondona.
“Cualquier que pase por el estudio” ahora es el Sancho de Mariano Grondona.
Tenembaum, Zlotogwiazda, Sietecase y Montenegro fueron Sanchos de Lanata.
Tenembaum, Zlotogwiazda, Sietecase y Montenegro son Sanchos entre sí en una dinámica “sanchesca” compleja de resolver.
Ricardo Mollo, Pettinato y Daffuncchio pelearon por ser Sanchos de Luca Prodan.
Arnedo es el Sancho de Ricardo Mollo.
César Aira es el Sancho de Osvaldo Lamborghini.
El Bocha Sokol era el Sancho de Daffuncchio.
Amalia Granata es el Sancho de Pettinato.
Nina Pelozo es el Sancho de Castells.
Milhouse es el Sancho de Bart.
Lenny es el Sancho de Carl.
Brian May era el Sancho de Freddie Mercury.
Eduardo Feinmann es el Sancho de Daniel Hadad.
Sócrates era el Sancho de Platón aunque una corriente contraria manifiesta que era el Borges.
Mancuso es el Sancho de Maradona.
Pablo Rago era el Sancho de Carlos Calvo.
Traveler es el Sancho de Oliveira.
Cacho Castaña era el Sancho de Goyeneche.
Martín Zariello es el Sancho de Corvino.
Corvino (Jesús) es el Sancho de Ilcorvino (Dios).
Ilcorvino (Dios) es el Sancho del Primer motor Inmóvil.
El Primer motor inmóvil es el Sancho de Spinetta.

domingo 13 de diciembre de 2009

En defensa de Abel Posse

Un día antes de asumir como Ministro de Educación de la ciudad de Buenos Aires y con un sentido de la circunstancia un tanto dudoso, el “escritor” Abel Posse publicó un artículo denominado “Criminalidad y cobardía”. Este tipo de texto es recurrente desde la irrupción de la aciaga dictadura montonera (2003) y lo podríamos encuadrar dentro de un corpus denominado “Autoayuda Republicana”. Suele estar firmado por hombres fatalmente íntegros, tanto que cuando tienen la oportunidad de estar delante de una cámara fruncen el ceño y miran seriamente demostrando sentimientos cercanos a la preocupación institucional, el compromiso civil y el temor, sí, el inédito temor ante los tiempos que se viven. Lo que los mueve en su carrera llena de obstáculos (víctimas de la censura, ¡a duras penas pueden expresarse y ser oídos!) es un irrefrenable amor por la libertad y envueltos en las garras de un Estado corrupto y autoritario, a pesar del peligro insondable, no les queda otra salida que luchar férreamente contra el Poder escribiendo duras replicas en matutinos de reconocida ejemplaridad humanitaria como… La Nación. Echemos un manto de piedad. Abel Posse forma parte de este selecto grupo de intelectualoides perturbados. Hasta hace poco su nombre podía ser intercambiable con el de Santiago Kovadloff o Marcos Aguinis (incluso el título de uno de sus últimos libros, La santa locura de los argentinos, recuerda el del best seller de quien se autodenominó el "intelectual más conspicuo de (su) ciudad" (!): El atroz encanto de ser argentino), pero su flamante cargo lo elevó al Olimpo anti-kirchnerista. En el artículo mencionado Posse hace referencia a:

-“vandalismo piquetero;
-“desborde lumpen”;
-“indisciplina juvenil”;

No contento con ello, le endilga al gobierno una “visión trotskoleninista”, supuesta revancha K de cuando en los 70’ “una minoría se alzó contra el Estado para imponer una revolución socialguevarista”. Luego del desmadre semántico, Posse llama a reprimir y muy suelto de cuerpo habla de la “persistencia gramsciana” de los “guerrilleros que rodean a los K”, de “anarquía”, de “subversivos”. A la terminología clásica de la derecha más extrema y pseudo-ilustrada (que tiene sus faros en publicaciones como Cabildo y organizaciones como Memoria Completa) le agrega el lugar común de la clase media apolítica (“El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes”) y la construcción de la “realidad” impartida por los medios (“un país crispado y conflictivo”). El pastiche reaccionario le salió tan bien que al día siguiente, Benjamín Menéndez lo citó en su descargo, antes de recibir (otra) cadena perpetua por los delitos cometidos en el “Proceso de Reorganización Nacional”. Qué orgullo.

Los dichos de Posse escandalizaron. En verdad, su pensamiento está dentro de una línea aborrecible. La bajada de la entrevista que hoy le hace Página 12 es elocuente: "El flamante ministro de Educación porteño defiende la idea de una ley de amnistía que cierre los juicios a los represores, pone en duda la cantidad de desaparecidos, sostiene que no son los gremios los que eligen al ministro". Lo único que le falta decir es que el segundo gol de Maradona a los ingleses es en contra. Por otro lado, se destaca el mal gusto de pedir más facultades para la policía en horas en que la misma es acusada de haber asesinado a un adolescente en un recital. Pero nada de esto debe sorprender: Posse, en magnífico alarde de anacronismo, ha llegado a decir que desprecia el rock por considerarlo un elemento “foráneo”. Atrasa tantos años que hasta dá un poco de pena. ¿Cómo se puede ser tan ignorante? Ignorante inclusive de las formas en que se manifiesta la derecha en estos años. Conservadores de guante blanco preocupados por los pobres (discurso de Biolcati en la Rural) y la libertad de prensa (ver Bergman, Rabino) mientras piden "consenso" y deciden sus próximas gestiones en "asambleas". Todo un vocabulario identificable que en su monótona repetición se ha vaciado de sentido y ya no significa nada. Posse, en cambio, vomitó su andanada de atrocidades sin red, oponiéndose a la proyección política edulcorada de Macri o De Narváez o Cobos o Reutemann, que piensan exactamente lo mismo pero no lo dicen por consejo de sus asesores de imagen.


Ahora bien. Estamos a favor del amor, de la vida, de la justicia. En un mundo mejor, entonces, no deberían existir personas que consideraran “enfermos” a los homosexuales, que instaran a bajar la edad de imputabilidad, que pidieran pena de muerte o “amnistía” para los genocidas, que afirmaran que “cuando uno viaja por el mundo, se da cuenta de que no se arrima el bochín. 10 mil muertos les aseguro que no figuran... En Europa nadie habla del pasado”. Eso en la utopía de un mundo mejor aprendida en nuestro manual pocket progresista; en éste, el mundo real, los hijos de puta existen y lamentablemente están por todos lados. En el taxi, en la televisión, en el trabajo, en la radio, en la panadería, en los foros virtuales de los diarios. Puestos a convivir, prefiero que se hagan cargo de quienes son (como Posse) a la perversidad de esconderse detrás del marketing, una sonrisa apta para todo público y un imitador de Tinelli. Sayonara.

viernes 11 de diciembre de 2009

Acerca de 500 Days of Summer

El título indicado para una reseña de esta comedia podría ser “You can't always get what you want” (No siempre se consigue lo que se quiere), como el tema que cierra Let it bleed, el mejor disco de los Rolling Stone. O The pains of being pure at Herat (El dolor de ser puro de corazón), el nombre de la nueva banda alterno-depresiva de NYC que ya mismo deberías empezar a escuchar. O incluso “Yo no quiero media novia”, aquel hit pasatista de Palito Ortega. Es que 500 días con ella está tan abarrotada de referencias pop que, de buenas a primeras, prestando atención a sus primeros 10 o 15 minutos, hasta podría darse el lujo de competir con Alta Fidelidad y Vanilla Sky. Veamos:
-Un tema de apertura de Regina Spektor (específicamente “Us”; para el distraído cósmico que no la conoce, Regina es una rusa de ojos celestes de una preciosidad tanto óptica como musical).
-Un plano breve sobre la habitación de un adolescente en el que se observan discos de The Smiths y The Jesus and Mary Chain (nada menos que el memorable Psychocandy, que contiene el adictivo “Just Like Honey”, que fue utilizado con pertinencia en Lost in Traslation).
-Una mención (totalmente tirada de los pelos) a una frase de un tema de Belle and Sebastian.
-Una escena de la película El graduado.
-Mención al axioma proverbial de todo fan de The Smiths: “Morir a tu lado/Es una manera celestial de morir” (“There Is A Light That Never Gous Out”).
Si usted es capaz de traspasar tal nauseabundo alarde de esnobidad, prepárese para ver una película muy bella que probablemente le estrujará el corazón hasta convertirlo en una pasa de uva que ni siquiera el más abominable pan dulce navideño querría en su interior. Marc Webb, el director, sabe de qué está hablando. Antes de inyectar en el espectador el mencionado bloque de resonancias culturales en sincronía posmo, aclara que:

“El siguiente trabajo es ficción. Cualquiera semejanza con personas vivas o muertas es pura coincidencia.

Especialmente para ti Jenny Beckman.

Puta”


La alusión a un conflicto autobiográfico del autor se completa en el transcurso de la película cuando uno de los personajes recuerda a Henry Miller y cita: “La única manera de superar una mujer es convertirla en literatura”. Amén. El argumento del film es un viejo conocido (pariente muy cercano del “uno-dos-uno-dos” de La naranja mecánica): “chico conoce a chica”. El chico es Tom (Joseph Gordon-Levitt; humedecimiento de entre pierna asegurado para las muchachas), la chica es Summer (Zooey Deschanel; no se puede ser tan linda). Él es un pipistrilo, cree en el amor, la mujer ideal y esas cosas de nenitas. Ella es tan rara y hermosa y perfecta que su beatle preferido es Ringo, pero, danger, no se siente apta para iniciar una relación. Webb decide jugar al Derrida pocket y para gambetear el lugar común deconstruye la historia, yendo de atrás hacia adelante, regresando, del día 488 al 1, y del 1 al 38 y así. Le sale bien: la interrupción constante de la linealidad temporal hace fluir la ficción con gran naturalidad.

Se conocen en el trabajo, luego de un par de aproximaciones muy bien plasmadas (se advierte el nerviosismo y el deslumbramiento característico que ocurre entre dos personas que se atraen), se conectan y sucede lo usual: “cada cual tiene un trip en el bocho”. El gran acierto de 500 días… no es la historia, sino el ojo clínico del director para escenificar imágenes y situaciones que todo ser humano sensible vinculará a un momento personal. La asombrosa química entre Gordon-Levitt y Deschanel (compuesta por gestos mínimos, miradas, semi-sonrisas) hace el resto. Como sucede con Eterno resplandor de una mente sin recuerdos o Antes del atardecer/amanecer, por momentos creeremos que están contando la historia de una parte de nuestras vidas. La verdad es más lapidaria: con distintos contextos, distintos lapsos, distintos actores secundarios, las historias de amor se parecen demasiado. En caso contrario no sentiríamos que 7682 canciones pop hablan de esa/e novia/o que ya no está. Verbigracia: cuando escucho “Promesas sobre el bidet” me acuerdo de una chica. También el 45 por ciento de ustedes (sí, vos querido lector que en este mismo instante te acordás de ella o de él y rascándote el mentón con gesto soñador, te preguntás “¿qué estará haciendo, qué pasará si llamo?”). Acertada para mostrar la pequeña serie de coincidencias y malentendidos que hacen falta para poner en marcha un romance (“con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles”), la película también dá en el blanco cuando se inmiscuye en el lado oscuro de la luna. Tres eventos le señalan a Tom que la cosa no va más:
-Ella no le prestó atención a los temas que le grabó en un compilado.
-Ella esquiva su mano cuando él quiere tomarla.
-Ella no le sigue la corriente cuando él intenta practicar una costumbre más o menos “institucionalizada” en la pareja.
Acto seguido: enloquecer, alimentar el dolor drogándose con recuerdos, buscar donde ya no hay y nunca más habrá. Espasmos después del adiós. Ya lo dijo Dylan: “No se puede estar enamorado y ser sabio al mismo tiempo”.

¿Qué más puedo decir, amigos? Tienen que ver esta película. Dice que cuando el amor no entra, no empujes que no va a entrar. Dice que no siempre conseguimos lo que deseamos. Dice que no podés depender de nadie que no seas vos. Dice que no sabés qué es lo que te puede pasar mañana. Dice, en fin, que en ese territorio gastado que llamamos “amor” hay pocas certezas y mucho de azar. Aunque sea eso entendí yo. Sayonara.

martes 8 de diciembre de 2009

Entonces seguro que eran perseguidos por la mafia rusa

Aparentemente aparecieron los Pomar muertos consecuencia de un accidente en una ruta cercana a Pergamino. Con tal de que siga el misterio, los medios son capaces de decir que chocaron con un OVNI o que los perseguía la mafia rusa.
PD: Prestar especial atención a los comentarios y las reflexiones periodísticas sobre la enigmática "maleza" que cubría a los cuerpos. Imperdible.
PD2: Aparecieron el mismo día que murió Lennon, mmm, algo raro hay ahí (?).

Ahora todos dicen que vieron la estrella fugaz en Spinetta y las Bandas Eternas

PD: La de la foto es la verdadera banda eterna. De paso aprovecho para felicitar a Daniel Alberto Frassarella, nuevo Pete. de River. Cómo estaremos que el mejor candidato (por lejos al lado de cosas raras como D'Onofrio o Caselli, que como todos sabemos tiene de Borges a Macri, quien a su vez tiene de Borges a Berlusconi, que a su vez tiene de Borges a Mussolini) fue un enorme jugador de fútbol pero queeeeee: no quería homosexuales en sus equipos, tuvo problemas con un yate, no tuvo problemas con Mascardi, fue amigo de Menem, levantó copas al lado de Videla (nobleza obliga: al igual que la mayoría de los argentinos, inlcuidos jugadores de fútbol, panaderos, periodistas y carpinteros), estaba en contra del pelo largo (?), no lo puso a Gallardo de titular en el Mundial 98', ganó por 6 votos, le dicen "Kaiser", tiene como máxima propuesta "sudamericanizar las inferiores y europeizar la administración" que suena muy lindo pero nadie sabe qué carajo quiere decir (si es que quiere decir algo).

sábado 5 de diciembre de 2009

Spinetta y las Bandas Eternas

Para Marilina y Matías

¿Por dónde empezar? Ya sé, con algo que (supuestamente) no tiene nada que ver: la semana pasada fui a ver a Gabo Ferro al Teatro Diagonal, acá en Mar del Plata. El concierto fue muy bueno y a la salida me encontré con Gustavo Sala. Conversamos un rato (al igual que Pablo Vasco, siempre me tira muy buena onda por el blog; se los agradezco) y, como sabía que iba a ver a Spinetta y las bandas eternas, me despedí diciéndole: “Nos vemos en Vélez” o algo así. Él, irónicamente, contestó: “Claro, seremos 30.000 personas, seguro que nos encontramos”. Acá termina esta anécdota que será retomada más adelante, no sé en qué momento del texto pero lo prometo.

Las jornadas anteriores al recital fueron de gran nerviosismo para los spinetteanos. No creo haber sido el único que se fijaba por lo menos dos veces al día si la entrada permanecía intacta en el mismo lugar que la había guardado. Por eso cuando llegó por fin el día señalado, las expectativas se fueron por las nubes. Me tomé el micro 13:30. Para pasar el tiempo intenté con cuatro libros (Tokio Blues y los tres de la colección de Página 12), pero no pude con ninguno. No había cargado el mp3 con canciones de Spinetta para recibir el impacto de lleno en el Fortín de Liniers, pero en el viaje me arrepentí muchísimo. Al entrar a Buenos Aires, un caos de tránsito de tintes “tnteanos” se hizo presente. El micro, que debía arribar 18: 30, llegó con cuarenta minutos de atraso. En Retiro me esperaban Marilina y Matías, dos seres amables (conozco pocas personas que derrochen tal grado de bondad y en forma tan desinteresada) que se prestaron de guías para que la aventura del Corvino en la Gran Ciudad no termine en un nuevo y lamentable caso Pomar. Desde allí nos tomamos el 106 y en el trayecto hasta la cancha, como buenos porteños y orgullosos de serlo, me fueron mostrando la avenida más larga del mundo, la plaza más larga del mundo, la pizzería más genial del mundo, el camión más raro del mundo y finalmente, la gran estrella de la noche: el andamio, que según Marilina, es el más fuerte del mundo y por supuesto está en Capital (como todo lo mejor, grande y bueno). No sabíamos que estábamos por presenciar todavía el concierto más largo del mundo con la infraestructura más chota del mundo (aunque sí intuíamos que se trataba del artista más grande del mundo). Probablemente para que el concepto de eternidad que daba título al show se materialice en forma certera, la cola, para no ser menos, fue la más larga del mundo.

En el comienzo fue el bajón. El inicio del show fue muy tenue y provocó un poco de estupefacción. Alrededor de las 21:50, un exultante Flaco Spinetta (la felicidad lo acompañó durante las 5 horas y 20 minutos) saludó al público y mencionó una lista de músicos que le gustaría haber invitado pero que no pudieron estar por distintas razones, como por ejemplo Pedro Aznar o Moris (me sorprendió la inclusión del Indio Solari y Andrés Calamaro). “Mi elemento” fue el tema de bienvenida y en el que se explicitaron serias falencias en el sonido. Creo que el volumen bajísimo inhibió a la gente para corear los temas un poco más. Las pantallas al costado del escenario parecían de 29 pulgadas y estaban ubicadas a escasa altura. La inédita extensión del sector VIP llegaba por lo menos a la mitad del círculo central y quienes estábamos en el campo no podíamos ver absolutamente nada. Promediando la primera parte del show (en la que Spinetta repasó temas de Jade y sus diferentes etapas solistas), los cráneos de Fénix (obstinados en su objetivo: organizar un recital peor que el otro) decidieron desplegar una “pantalla” en la torre de sonido para que el proletariado (que pagó la nada despreciable suma de 120 pesos, casi una asignación familiar) pudiese ver algo. En fin, la pantalla se volaba mientras la imagen de los músicos se perdía en el infinito. Por suerte la gente se lo tomó con soda y comenzó a gritar frases hilarantes como “Atalo con alambre”. Pero dejemos de lado lo accesorio, desde el punto de vista musical, en la primera parte, Spinetta eligió un repertorio heterodoxo, sin acudir con persistencia a grandes hits (no tocó, por ejemplo, “Quedándote o yéndote”, “Barro tal vez”) y rescatando tracks olvidadísimas de los 80’ como “No ves que ya no somos chiquitos” o “Vida siempre”. Canciones sin estribillos, lados B, con letras un tanto intraducibles fueron las elegidas por el compositor en un gesto más (¿tal vez innecesario dado el contexto del show?) de libertad artística. El protagonismo excluyente fue para los tecladistas invitados, un verdadero dream team que demuestra a las claras la calidad incuestionable de las bandas de Spinetta: Leo Sujatovich, Diego Rappoport, Mono Fontana, Juan del Barrio, todos fenómenos que exceden largamente el rock (un género que originalmente es muy menor en comparación a la bossa nova o el jazz, por ejemplo). Los momentos de mayor intensidad sucedieron al sonar el swing funky de “Fina ropa blanca” (1989) y “La bengala perdida” (1989), la primera joya extraordinaria. Dos clásicos de Jade lograron el beneplácito de la multitud: “Alma de diamante” (hermoso momento de la noche) y “Maribel se durmió”, en una versión breve con voz y piano, sin la banda. No hubo lugar para “Dale gracias” o “Contra todos los males de este mundo”, sí para gemas oscuras como “Era de uranio” y “Sombras en los álamos”, pero a partir de allí el recital fue mejorando hasta alcanzar alturas épicas. Quedó la sensación, eso sí, de que por lo menos los primeros diez temas no eran acordes para un estadio, sino más bien para un teatro cerrado (“Cisne”, de Para los árboles, me pareció interminable). O quizás fue el sonido horrible.

Los invitados comenzaron a darle cuerpo al show. Spinetta, con humildad oriental, convirtió su homenaje en un tributo a los músicos que lo acompañaron. Cada vez que presentaba a uno lo denominaba “genio”, “monstruo”, “maestro”, hasta que comenzó a jugar con el público en la costumbre de poner epítetos cada vez más grandilocuentes. Es perfecto el manejo de la situación que hace Spinetta. Su música sublime y el humor de ribetes absurdos que cultiva hacen que sus fans directamente lo amen. Y está bien que así sea. Cuando presentó a Almendra dijo: “Voy a presentar a cuatro genios”. Al darse cuenta de que eran tres, aclaró: “Es que son tan genios que entre los tres hacen otro genio”. También, a medida que las horas se iban sumando, se divirtió repitiendo “Y esto todavía no termina” ante la carcajada general. “¿Están aburridos?”, preguntó cuando ya era muy tarde, “¿por qué no se van a ver ACDC?”, espetó en criollo.

Además de los instrumentistas, estuvieron los denominados “invitados estrellas”. Solistas, líderes de grupos de convocatoria masiva, hacedores de hits que aunque sea en visibilidad pública han opacado a Spinetta. El primero de ellos fue Fito Páez, que interpretó “Las cosas tienen movimiento”, un tema muy lindo que a veces me hace llorar (de todos modos nunca me quebré, creí que iba a lagrimear seguido) y que Spinetta toca desde hace algunos años atrás. También repasaron “Asilo en tu corazón”, romántica pieza de La, la, la. Cerati descolló en “Té para 3” y cumplió el sueño del pibe (le decían “el Flaco” de chico por razones obvias) al compartir nuevamente “Bajan”, el primer instante de verdadera emoción en el show. Ya estaba Gustavo Spinetta en batería, así que seguido sonó “Cementerio club”, un blues antológico de Artaud que dice cosas como:

“oye dime nena, ¿dónde ves ahora algo en mí que no detestes?”

Y aquí es donde todo intento de intelectualización estalla en mil pedazos. ¿Cómo describir el bienestar mental que depara la buena música? Escuchándola, no hay otro modo. Se puede advertir la originalidad sonora y lingüística de una frase como “oye dime nena”, la reflexión ontológica que posee la pregunta que le sigue (¿dónde está lo que amabas en mí?, no existe, el tiempo ya pasó y ahora detestás todo), pero nada alcanzará para expresar la genialidad de un artista único. Debo decir que a partir de aquí las cosas se mezclan, Spinetta me encadenó a su show. Juanse fue severamente bardeado por el público: “Pomelo” le gritaron. Nobleza obliga, realizó una versión espectacular de “Adónde está la libertad”, joya setentista de Norberto Pappo Napolitano. En una muestra más de humildad y aprecio, asistimos a un hecho trascendente: Spinetta reversionó “Filosofía barata y zapatos de goma”. Charly se sumó automáticamente terminado el tema y cantó “Rezo por vos”. El papel de Charly es conmovedor, pero se ve empañado por su estado de salud. Lento, sin esa chispa de buen humor y acidez, adormecido, contenido para brillar al mando de los teclados. Hace mucho ruido la forma en que actúa desde que “volvió” de la la crisis. De más está decir que es una gran mentira o igenuidad creer que canta mejor que antes de la internación.

Más homenajes. “Mariposas de madera”, una canción legendaria de Miguel Abuelo fue la única que Spinetta respetó en su versión original interpretándola solo con su guitarra. Al terminar confesó que de no haber existido, quizás no hubiese escrito “Muchacha”: “Mariposas de madera, muchacha ojos de papel”, explicó, “le afané inconscientemente”. Sí, estábamos asistiendo a la historia. “El rey lloró” fue el clásico seleccionado de Litto Nebbia, denominado el “Padre de todos”. El otro fundamental elegido fue Javier Martínez. El beat de “Necesito un amor” se transformó de pronto en un hip hop a la Black Eyed Peas gracias a la intervención de Dante y Valentino. Sorprendente.

Eso pasó en la primera parte. Un repaso alejado de los lugares comunes por su carrera solista. La asimilación de Jade como parte de esa etapa. Invitados estrellas. Relecturas ajenas que trazan un árbol genealógico de grandes compositores conformado por Nebbia - Javier Martinez - Tanguito - Miguel Abuelo - Charly García - Cerati - Fito Páez. Ahí me fui al baño y perdí a Matías. Ya había perdido a mi hermana y su novio en la entrada. Y a Marilina que tenía platea. Di unas vueltas y me senté. De pronto escuché una voz conocida: ¡al lado estaba parado Gustavo Sala! Lo fui a saludar y nos reímos de la paradoja de que nos fue más difícil encontrarnos en un recital de 150 personas que en otro de 30.000. Comprobé en la charla las deficiencias del sonido, la pésima organización, las dudas sobre el comienzo pero también la calidad superlativa de los músicos y el nivel regular de Spinetta como cantante y guitarrista. Sobre este punto intuyo (no sé si con tino) que se guardó voz para soltarse con todo junto a las bandas eternas. En el medio subieron Los Socios del Desierto (no les presté mucha atención, a decir verdad tenía mucho hambre y no me decidía a salir y comprar una hamburguesa) con Javier Malosetti en lugar del fallecido Daniel Wirtz. Recuerdo “Bosnia” y “Nasty People”, ¿qué más tocaron? Después vino otro intervalo y se hizo la luz.
Invisible. Mi banda preferida de toda la historia. Increíblemente (o no) no tengo mucho que decir, sólo que lo disfruté como pude. Fue una muestra soberbia de sofisticación musical, de camaradería entre los músicos, de inteligencia, de buen gusto, de atemporalidad y refinamiento. Ese jazz rock que por momentos se vuelve heavy no se parece a nada. Sonó como en los discos y como los dioses. Por si fuera poco, se escuchó más alto y la bendita pantalla dejó de moverse. Arrancaron con “Durazno sangrando”. Después vino “Jugo de lúcuma” y se me puso la piel de gallina: ¿cuántas veces en la adolescencia lo escuché con los auriculares y tirado en mi cama? Creo que cientos. “Niño condenado” podría formar parte de Ok Computer (1997), un tema con distintas melodías que suena tan actual como la buena nueva del NME. Pomo es probablemente el mejor baterista de la historia del rock y Machi (además de su ductilidad reconocida con el bajo) sorprendió con una calidad vocal inmejorable. También hubo tiempo para el rugido casi punkie de “Lo que nos ocupa es esa abuela (la conciencia que regula el mundo)” y una versión de “Amor de primavera”, de Tanguito (similar a la del disco Exactas, 1990). Duró poco, pero fue más intenso que el 95 por ciento de las experiencias artísticas de mi vida (y de las suyas también). Estaba convencido que iba a escuchar “Elementales leches”, pero ya lo dijo Jagger: You Can´t Always Get What You Want.

Pescado Rabioso. La aparición de Pescado fue el momento de mayor emotividad. Era el grupo que más esperaba la gente. No es para menos: se trata de una banda entrañable. Guillermo Vadalá tocó el bajo, ya que David Lebón (de excelente look: pañuelo al cuello, pelo blanco hasta la cintura y atado en una larga cola) se hizo cargo de una de las guitarra. Acompañaron Carlos Cutaia (monstruo) y Black Amaya (batería). ¡Pescado Rabioso, señores, el grupo violento y exquisito por excelencia tocando en vivo en Buenos Aires 35 años después! La introducción con “Poseído del alba” (uno de mis temas favoritos) fue demoledora. Sonaron tan pesados y viscerales como siempre. “Despiértate nena” con Cutaia castigando el hammond y la banda a pleno funcionó a muchos niveles. Hubo tiempo para “Serpiente (viaja por la sal)” y “Me gusta ese tajo” (muy festejada y con Bocón Frascino como invitado). “Post Crucifixión” fue el éxtasis total, el riff mitológico sonando mientras amenazaba la inmensidad de un cielo violáceo con dos o tres estrellas quedará en la memoria de todos los que lo vivimos. En el medio pasó “Hola dulce viento (mañana o pasado)”, cantada excepcionalmente por David Lebón. Temita hermoso si los hay.

Almendra. Aquí mi cansancio era tremendo. Me senté un rato en el piso (había quedado, en caso de perderme, en encontrarme en un local de panchos, idea que se le ocurrió a 25.000 de los asistentes al show). Me llamó la atención la alegría apacible de la multitud. Es para estar contentos que entre tanta mierda cultural, un sujeto como Spinetta llene un estadio. A veces triunfan los buenos. Nos encontramos con Matías nuevamente y vimos a los míticos Almendra en vivo. Para no desentonar con la noche (que a esa altura era cósmica), la cosa empezó con “Color humano”. El gran Edelmiro Molinari aportaba un halo espiritual: con su barba canosa parecía un sabio ermitaño que había bajado de una montaña. Siguieron “Fermín”, “A estos hombres tristes” y ¡“Hermano Perro”! y pude cantar “Tira, tira, tira Hermano perro, tira, tira, tiraaaaa”. Qué alegría. Dios existe. Cerró el set una bellísima versión de “Muchacha” que Spinetta dedicó a su madre y cantó en forma excelente.

Pero había más. Marilina ya se había ido porque eran como las 3 de la mañana. Mi hermana también pero bastante antes. Mucha gente derrotada abandonaba el campo con una sonrisa en los labios. Y Spinetta volvió. Era eterno, de verdad. Cantó con Ricardo Mollo el tema dedicado a los chicos fallecidos en la tragedia de Santa Fe (“8 de octubre”) y luego otro creo que nuevo. Los tres últimos fueron para corear y bailar: “Seguir viviendo sin tu amor”, “Necesito ver un tren” y “No te alejes tanto de mí”. Mientras sonaban estos temas, adelante nuestro, una señora cincuentona y petisa practicó un baile mortífero. ¡Parecía un robot endemoniado! No puedo explicarlo, movía primero sus manos rígidas hacia delante y después asomaba su cabeza de un lado a otro. “Si alguna vez me cruzas por la calle, regálame tu beso y no te aflijas” y después pedime que te baile como la señora loca.

Ahí terminó la cosa. Pero seguía en nuestras mentes. Con el tiempo este recital durará 18 horas. Habrán ido 500.000 personas. Pero yo estuve ahí y varios de ustedes también. Qué felices fuimos, ya no se preocupen por nada, vimos en vivo a Invisible y Pescado Rabioso: podemos morir tranquilos. Sayonara.

viernes 4 de diciembre de 2009

S P I N E T T A

La vida es una serie continua de incertidumbres, pero hay algo seguro: el mundo está repleto de fans de Charly García, de Soda Stereo, de Los Redondos, mas no de Luis Alberto Spinetta. Me refiero, con el término “fan”, a aquel sujeto que sabe que Artaud está firmado como Pescado Rabioso por un problema contractual. Que sabe que “Pobre amor, llámenlo” está dedicada a Charly García. Que nunca se confundiría el orden de las bandas eternas (Almendra-Pescado Rabioso-Invisible) y si así lo hiciere que dios y la Patria se lo demanden. Que escuchó detenidamente Kamikaze, Pelusón of milk y Pan pero también A 18’ del sol, Fuego Gris, Camalotus y hasta el disco en inglés con “textos” de Vilas. Que jamás se atiborra del universo spinetteano y en sus ratos libres bucea en Color Humano y Aquelarre. Que se trenzó en discusiones de vida o muerte sobre el significado real de frases del tipo: “Ya te has ido de mí sicocisne/ amarrado a no sé qué caniche/ y un instante tendrás/ lo lejos que quedaba leve como un/ lugar de Australia”. Que nunca reconocerá en público que más de una vez ha bostezado en sus conciertos. Que en caso de tener menos de 30 años siente que nació en el tiempo equivocado sólo por no haber visto a Invisible. Que sabe de qué noticiero es cortina “Digital Ayatollah”. Que enterado del milagro del 4 de diciembre murmuró “Ahora puedo morir tranquilo” o sucedáneos. Que ante las adversidades de la vida afirma que “mañana es mejor” y que “un guerrero no detiene jamás su marcha”. Que en el hipotético compilado de canciones para alguna amada (nunca tanto como la música de Spinetta, claro) antes que nada incluye un tema de, valga la redundancia, Spinetta. Que cuando conoce a otro fan se siente hermanado y casi listo para iniciar una gran amistad o un romance. Porque, “con todo respeto”, no es lo mismo cantar “Devolvé la bolsa” que “Dios es un mundo en el que amar es la eternidad que uno busca”. Porque en una era en la que todo tiene que estar a un link de distancia e inducir al baile, no es para nada desdeñable resistir escuchando a Spinetta y tener confianza en que su música sublime nos protegerá “cuando el arte ataque”.

martes 1 de diciembre de 2009

¿Quieres ser Jorge Luis Borges?

Tenemo’ a Borges/ La Graciela y el Jorge/ Que es de novela/ Si te pones a leer- "Me fascina la parrilla", Virus

Requisitos mínimos para apreciar este post: en el año 1932, a instancias de Victoria Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges comenzaron una amistad literaria que se extendió más o menos hasta la muerte de este último (“más o menos” porque a partir de la irrupción de tintes “yokoonescos” de María Kodama, se alejaron). Juntos escribieron varias libros bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecq (uno de ellos genial: Seis problemas para don Isidro Parodi) en los que parodian el género policial, luchan contra el antisemitismo y hacen gala de un gorilaje sublime. La estatura literaria de Borges suele opacar la figura de Bioy, quien es más reconocido por su fama de bon vivant que por escribir novelas magistrales como Diario de la guerra del cerdo o Dormir al sol o cuentos perfectos como “En memoria de Paulina” o “El perjurio de la nieve”. De ahí que cuando se dice “X es el Borges de Y” se entiende que Y ha quedado bajo la imagen todopoderosa de un par que lo ha doblegado en popularidad, repercusión o talento. Esto no quiere decir que siempre el potencial Y sea peor o una copia o un mero epígono de X (el caso de Bioy, sin ir más lejos, así lo prueba). No necesariamente debe haber un vínculo de cercanía entre los afectados, puede haber sólo una admiración. Dicho esto:

Sting es el Borges de Gustavo Cerati.
Gustavo Cerati es el Borges de Daniel Melero.
Daniel Melero es el Borges de Leo García.
Alberto Olmedo es el Borges de Guillermo Francella.
Guillermo Francella es el Borges de Darío Lopilato.
Darío Lopilato no puede ser el Borges de nadie.
Los Rolling Stone son el Borges de Los Ratones Paranoicos.
Los Ratones Paranoicos son el Borges de Viejas Locas.
Viejas Locas es el Borges de Jóvenes Pordioseros.
Bob Dylan es el Borges de Andrés Calamaro.
Andrés Calamaro es el Borges de Coty Soretín.
Joni Mitchell es el Borges de Alanis Morisette.
Alanis Morisette es el Borges de Shakira.
Joan Manuel Serrat es el Borges de Ismael Serrano.
Joaquín Sabina es el Borges de Arjona.
Julio Cortázar es el Borges de Abelardo Castillo.
Sartre es el Borges de José Pablo Feinmann y del primer Juan José Sebreli (se calcula que hay tres docenas de Sebreli’s).
Susan Sontag es el Borges de Beatriz Sarlo.
Berlusconi es el Borges de Macri.
Macri es el Borges de Antonio Caselli.
César Aira es el Borges del 75 por ciento de la literatura argentina contemporánea.
Michael Moore es el Borges de Jorge Lanata.
Larry David + Jay Leno es el Borges de Roberto Pettinato.
Pettinato es el Borges de Beto Casella.
Los Redondos son el Borges de Pier.
Pier es el Borges de Nadie.
Los Simpsons es el Borges de Padre de familia.
Página 12 es el Borges de Crítica de la Argentina.
Crónica es el Borges de Popular.
El Diablo es el Borges de Néstor Kirchner.
Television es el Borges de The Strokes.
Tanguito es el Borges de Pity Álvarez.
Virus es el Borges de Soda Stereo.
Soda Stereo es el Borges de Babasónicos.
Pimpinela es el Borges de Miranda.
Pipo Rossi es el Borges de Merlo.
Merlo es el Borges de Astrada.
Astrada es el Borges de Almeyda.
Almeyda es el Borges de Ahumada.
Ahumada es el Borges de Nadie.
Menotti es el Borges de Cappa.
Cappa es el Borges de Diego Cocca.
Coca Cola es el Borges de Pepsi.
Coca Sarli es el Borges de Luciana Salazar.
El Señor de las moscas es el Borges de Lost.
Lost es el Borges de Casi Ángeles.
Maradona es el Borges de Messi.
John Lennon es el Borges de Charly García.
Charly García es el Borges de Fito Páez.
Dios es el Borges de Spinetta (traducción: Spinetta sólo es opacado por Dios).