jueves, 6 de enero de 2011

Lamborghini retrocede

Osvaldo Lamborghini es un autor de esos que dan más ganas de decir que lo leíste ante una tribuna que de leerlo en la soledad de tu habitación. Un autor para "hacer rostro" ante la muchachada distraída. Quiero decir que a Lamborghini no lo leyó casi nadie más allá de El Fiord y "El niño proletario".

Regla de oro en la que basan su prestigio los autores malditos: no ser leídos. O ser leídos por adolescentes. O por lectores drogados. O por Spinetta. O por lectores que van a encontrar allí lo que fueron a buscar aunque ni siquiera lo entrevean, como quien en el cine se ríe no porque lo que ve le cause gracia, sino porque lo que ve es una comedia.

En fin. Si la literatura maldita fuera un organismo viviente, si se humanizara como sucede con los balcones (y hasta con las partes del cuerpo) en los relatos de Felisberto Hernández (otro maldito, a su manera).

Otra vez: si la literatura maldita fuera un organismo viviente (es decir un ente que piensa), debería preocuparle que Sudamericana publique su obra. Es el caso de Osvaldo Lamborghini (Cuentos y Novelas I). ¿Cómo reacciona la literatura de Osvaldo Lamborghini ante una edición de 3000 ejemplares que se puede conseguir en Yenny? Con una mano en el corazón: una de las características que hacen maldita a una literatura es la dificultad que el resto de los mortales (los que no son el autor ni sus personalidades ni sus amigos ni sus víctimas) tienen para llegar a ella (1). Buena parte del poder maldito reside en esa dinámica de añorar un libro que no se consigue por ningún lado. Pero ¿qué pasa cuando la tortuga se detiene y deja que Aquiles siga de largo? ¿Aquiles seguirá preocupado en la tortuga? ¿Aquiles, entre sus muchísimas ocupaciones, seguirá perdiendo el tiempo en competir con una miserable tortuga?:

No, Aquiles, en esa hipotética situación,

ha consumado su deseo

y cuando uno consume su deseo

lo que menos le interesa es su deseo.

Aunque también cabe la posibilidad de que Aquiles le proponga casamiento a la tortuga, hipotética situación que nos deposita en el interrogante elemental: ¿aprobará Aquiles la zoofilia?

A excepción de "El niño proletario", el resto de los textos que componen Sebregondi retrocede, por ejemplo, es in-leíble. En el sentido de que el fluir sintáctico está obturado para causar un efecto de ritmo que hace fusionar la prosa con la poesía (estructura original en la que se escribió la obra). El resultado no dista mucho del surrealismo, pero con 50 años de atraso y todas las maneras posibles de nombrar un "falo". Es un sistema de escritura (automática), repetitiva y anti-estética, sin un programa preciso, consciente de sí misma, que se muere de ganas de ser calificada de meta-lingüística: "El narrador siempre cuenta lo que cuenta, no puede contar otra cosa: refiere él su voz". Estamos, entonces, ante un autor que sirve para escribir muchos trabajos prácticos.

Creer que la "experimentación", la rareza, el supuesto (2) descentramiento del canon (que ya es canon), es bueno por sí misma es algo que no resiste la mayoría de edad. A veces creo que el neobarroco es la corriente tras la que se escudan los fantoches.

Por otro lado, Lamborghini es demagógico: siempre le da al lector lo que pide. Marqués de Sade + Cantos de Maldodor + Lacan. Igual a: Abundante penetración anal. Escatología. Guasca. Gente que garcha. Sindicalismo. Sangre (3). Es probablemente uno de los autores más aburridos de la literatura argentina. Es político en el sentido más panfletario del término: las iniciales de Carla Greta Terón, etc. Se dirá que Lamborghini buscaba ese efecto deliberadamente. Era explícito, sabía que todo era pura retórica. Mordía (y rompía) la cola de su propio discurso para demostrar la falibilidad del lenguaje. No lo dudo. Pero: ¿y qué?, ¿hay que felicitarlo por eso? ¿Entonces que tenemos que hacer con Apollinaire? Se aludirá destempladamente a lo que la irrupción de la obra de Lamborghini significa en la literatura argentina de los 60'. Una literatura que sólo adquiere valor a través de su contexto es más un material arqueológico o testimonial que literatura.

En caso de que haya querido espantar al burgués, tenemos una mala noticia: el burgués que lee a Lamborghini, lee para ser espantado. Eso es casi como practicar el duhaldismo, corriente política especializada en romper cosas para luego autodenominarse la única capaz de arreglar lo que acaba de romper. Hay más posibilidades de que le caiga una copia de Las hijas de Hegel a Cristina Piña que al almacenero de la esquina de tu casa.

Un dato curioso y contradictorio sobre Lamborghini es que a menudo lo señalan como el gran transgresor de la literatura argentina, el tipo que desacraliza el oficio de escribir a través de su lamentable eslogan ("yo pienso siempre en publicar, nunca en escribir" en Sebregondi se excede), pero al mismo tiempo, la imagen autoral que han construido de él atrasa por lo menos un Siglo (4).

Para justificar a Osvaldo Lamborghini usualmente se alude al sindicalismo (¡!). Al psicoanálisis. Al carácter profético de su obra. Al desafío que significa su lectura. Cualquier cosa menos a lo que escribe Lamborghini. Incluso se suele hacer referencia a su indudable "genio", operación retórica a través de la cual se explicita la ausencia total de análisis. Es el problema y el truco de los que se dedican a la alegoría y la parodia (procedimientos en los cuales Lamborghini, maravillado, se estanca, mientras ve crecer un girasol en su ombligo), para entenderlos hay que irse afuera del texto (5). Y el que no quiera hacerlo, sencillamente, es un boludo. Por eso la nota del compilador abunda en calificaciones arbitrarias (6) y datos fetichistas (7). La arbitrariedad es usual en Aira cuando firma como crítico (8). Aira prescinde de cualquier tipo de argumentación, abusa de la cita de autoridad que significa en la literatura argentina contemporánea y se dedica a la adjetivación o las definiciones rimbombantes. Alguna vez llegó a escribir cosas tales como "El que no ama a Emeterio Cerro no ama a la literatura, así de simple es" (9). Sus palabras sobre Lamborghini van en ese sentido. En fin, no hace profundizar pues se presume que todos los que leen Cuentos y Novelas I ya saben de antemano que Osvaldo Lamborghini es un genio. ¿Y cómo no lo iban a saber esos muchachos? ¡Si se las saben todas!

(1): Ese efecto, en realidad, es propio de todos los libros deseados.

(2): "Supuesto" porque toda la obra no es más que la reescritura infinita y monótona de "El matadero". Algunos dirán: "eso es la literatura argentina, estúpido".

(3): Esto equivale a decir: "Espejos. Laberintos. Tigres. Aquiles y la tortuga. El Tiempo. La ceguera. Los libros. La noche. La metafísica. El ajedrez. La verdad que Borges es un autor aburridísimo".

(4): ¿Qué imagen autoral? ¿La de autor maldito?

(5): ¿Está usted hablando de la autonomía del arte? ¿Está usted hablando de irse del país y contemplar desde allí la obra de Lamborghini? ¿Usted sabe de qué está hablando?

(6): Sobre Las hijas de Hegel: "su "libro" más acabado y perfecto".

(7): Incluye la marca de los cuadernos en que están escritos los textos inéditos.

(8): Osvaldo Lamborghini es un chiste de Aira, como Macedonio Fernández uno de Borges. La ecuación es tan clara que me avergüenza exponerla.

(9): Afortunadamente, Charlie Feiling despedazó semejante abuso del lenguaje en unos pocos párrafos. Charlie Feiling es Borges después del estallido del punk.


18 comentarios:

Anónimo dijo...

vas a terminar como Sabato, o sos el nuevo Sabato o algo así

Flavia Garione dijo...

Hay una novela: Tadeys, es buenísima más allá del niño proletario y el Fiord; cuando un escritor se pone de moda no sabemos bien por qué es,y al final optamos por la idea de que todo es muy complejo; en fin creo que se inscribe en una tradición difícil como Lezama Lima, cuestan en un principio y después los abandonás o llegás a la conclusión de que era gente demasiado inteligente, abraazo

Omar dijo...

http://www.hablandodelasunto.com.ar/?p=683

perovosnoentendistenada dijo...

giles -diría el negro-, sobran, en una de esas está en que lo evidencien.. allá ellos (acá vos).


(por más de un momento pensé: tomate el falo)

pablo dijo...

Lamborghini es una cagada total. por más que haya tipos escribiendo parrafadas sobre su supuesta genialidad, es un escritorcito del montón que no asusta a nadie. es el Pomelo de la literatura argentina.

litaraturannnenenenennnn!

Gus Nielsen dijo...

LA CAUSA JUSTA es lo más!!!!!

pablo dijo...

y Aira es el Calamaro de la literatura argentina, está clarísimo.

Hernán Galli dijo...

Qué acidez para comienzo de año!!!! Me encantaron los primeros párrafos, con la definición de los autores malditos.

Yo le agregaría que , los llamados autores malditos o de culto (oops, se me ocurrió una idea para un post) suelen compartir el hecho de que son admirados, y muchas veces son muy inferiores a su fama.

Leí el Fiord de chico, y creo que lo olvidé. Casi virgen de Lamborghini, me llegan los estertores de su "genialidad". Como la de Charlie Feeling o Danile Moyano.

PD: Una pelotudez, qué parecido a Robledo Puch en la foto, ayyyy!!!

G. Nombre dijo...

Concuerdo 100%. Lo mejor de Osvaldo Lamborghini es su hermano.

Y me encanta Aira, pero esa diatriba contra Feiling es paupérrima. Ya cuando dice al pasar que Nabokov es "un escritor para señoras" da ganas de pegarle un sopapo en el cerebelo.

Igual, la manera con la que comienza su prólogo famoso a Lamborghini ("Lo primero que uno piensa al leer a Osvaldo Lamborghini es "¿cómo se puede escribir tan bien?") es genial: un máximo de de tranquilidad unida a un máximo de provocación.

Y aguanten los poemas y ensayos de Feiling!
(Sus novelas... que no aguanten)

Martín Zariello dijo...

Ojo, yo leí Novelas y Cuentos y me pareció malo. Cuando lea Tadeys y La Causa justa les cuento (aunque no creo que eso ocurra en los próximos 75 años). De Feiling leí artículos, reseñas, por momentos me pareció genial, es el único tipo que toma la ironía y la cadencia sintáctica de Borges y le sale bien. Lo primero que uno piensa al leerlo es: ¿cómo se puede escribir tan bien?.

Matías dijo...

Dicen lectores de Lamborghini: Las hijas de Hegel el más perfecto porque es el más acabado.

matemosalasballenas dijo...

Nosotros criticamos a personajes patéticos locales, il corvino se le anima hasta a Lamborghini.
Otra regla para ser un escritor de culto: tener apellido difícil de escribir, con alguna consonante donde no corresponda, cuestión de poder bardear a quien lo escribe mal.

Nico dijo...

Hay que mencionar tambien la biografia de OL que escribio ricardito strafacce, que debe ser la biografía mas completa (y tambien la mejor escrita) que se ocupe de un autor argentino. Lastima que duele como $230, pero vale cada centavo invertido, y ademas alimenta el mito Lamborghini: Lees los analisis y decis "para, que tipo capo debía ser OL". Cuando lees, esa impresion decae, pero el objetivo ya esta logrado (siendo el objetivo motivar la compra de muchos ejemplares de su obra)

Victoria dijo...

pocas veces estuve tan poco de acuerdo contigo, corvino. escribiste como enojado y salió un texto excesivamente duro...es raro. para mi la literatura de lamborghini es buenísima. el fiord es perfecto. lamborghini era mucho más que culo, pija y guasca. pero bueno, ud. es un zelarrayanista.un beso.

Anónimo dijo...

Por Juan Terranova

Osvaldo Lamborghini no me interesa. Lo leí por primera vez en la facultad. Lo daba un tipo que enseñaba teoría y que tenía las orejas deformes. Hablaba de Lamborghini como si fuera Shakespeare. Leímos El Fiord, que me resultó gracioso, y La causa justa que me aburrió. Uno puede entender porque El Fiord o El niño proletario son atractivos para los docentes universitarios; el culto a Lamborghini, sin embargo, solamente se comprende como una herencia. La relectura en clave libidinal del peronismo que hace es ocurrente y, al mismo tiempo, tosca y poco productiva. Leído hoy es como un chiste que perdió la gracia hace tiempo. Entonces, hay dos lectores de Lamborghini, los que lo conocieron, y compartieron sus miserias y su talento, y a los que les fue dado como bibliografía obligatoria.

Ahora tengo a mano el suplemento cultural de La Nación que lo saca en la tapa por la biografía que escribió Ricardo Strafacce. La mirada socarrona y la boca perversa en las fotos de juventud no me distrae. Strafacce es, en esto, el verdadero gran corruptor, el verdadero enviado del dolor. Lamborgini quería escandalizar, transgredir. Lo logró a medias. (¿A quienes? ¿A cuántos? La trasgresión de hoy es hambre para mañana.) Implacable, Strafacce lo agarra de la solapa y juega del otro lado. Es prolijo, eficiente, exhaustivo. Su gesto es claro. A los reacios, a los esquivos, a los revolucionarios, los pone a trabajar, a escribir, a producir. Como San Pablo, que caminó hasta Oriente para que Cristo fuera el Mesías, Strafacce se propuso y cumplió la Verdadera Gran Operación.

No la leí toda, pero alcanzan unos fragmentos para darse cuenta de que Osvaldo Lamborghini, una biografía le devuelve a la crítica literaria la épica que practicaban Rojas, Martínez Estrada y David Viñas, pero esta vez el objeto de estudio no es el ser nacional y ni las esquivas relaciones entre literatura y política. En el centro de la mirada, hay un escritor secundario, revulsivo, talentoso, mito de bar histérico, un cuco que sirve para asustar estudiantes de humanidades y viejitas, pero cuya vida da para más de mil páginas. De ahí que si tengo que elegir entre Lamborghini y Strafacce, prefiero a Strafacce. Me quedo con el meticuloso biógrafo que asume su rol segundo y, a base de trabajo, minuciosidad, constancia y esfuerzo, construye una obra que transforma su objeto, al mismo tiempo que lo narra y lo complejiza. Siempre es una buena historia la del discípulo inteligente que roba, trafica, crece y cambia los cuadros de lugar cuando el maestro duerme la siesta.

miércoles 1 de octubre de 2008 | Publicado por Terra en 06:59

Anónimo dijo...

Por Juan Terranova

Osvaldo Lamborghini no me interesa. Lo leí por primera vez en la facultad. Lo daba un tipo que enseñaba teoría y que tenía las orejas deformes. Hablaba de Lamborghini como si fuera Shakespeare. Leímos El Fiord, que me resultó gracioso, y La causa justa que me aburrió. Uno puede entender porque El Fiord o El niño proletario son atractivos para los docentes universitarios; el culto a Lamborghini, sin embargo, solamente se comprende como una herencia. La relectura en clave libidinal del peronismo que hace es ocurrente y, al mismo tiempo, tosca y poco productiva. Leído hoy es como un chiste que perdió la gracia hace tiempo. Entonces, hay dos lectores de Lamborghini, los que lo conocieron, y compartieron sus miserias y su talento, y a los que les fue dado como bibliografía obligatoria.

Ahora tengo a mano el suplemento cultural de La Nación que lo saca en la tapa por la biografía que escribió Ricardo Strafacce. La mirada socarrona y la boca perversa en las fotos de juventud no me distrae. Strafacce es, en esto, el verdadero gran corruptor, el verdadero enviado del dolor. Lamborgini quería escandalizar, transgredir. Lo logró a medias. (¿A quienes? ¿A cuántos? La trasgresión de hoy es hambre para mañana.) Implacable, Strafacce lo agarra de la solapa y juega del otro lado. Es prolijo, eficiente, exhaustivo. Su gesto es claro. A los reacios, a los esquivos, a los revolucionarios, los pone a trabajar, a escribir, a producir. Como San Pablo, que caminó hasta Oriente para que Cristo fuera el Mesías, Strafacce se propuso y cumplió la Verdadera Gran Operación.

No la leí toda, pero alcanzan unos fragmentos para darse cuenta de que Osvaldo Lamborghini, una biografía le devuelve a la crítica literaria la épica que practicaban Rojas, Martínez Estrada y David Viñas, pero esta vez el objeto de estudio no es el ser nacional y ni las esquivas relaciones entre literatura y política. En el centro de la mirada, hay un escritor secundario, revulsivo, talentoso, mito de bar histérico, un cuco que sirve para asustar estudiantes de humanidades y viejitas, pero cuya vida da para más de mil páginas. De ahí que si tengo que elegir entre Lamborghini y Strafacce, prefiero a Strafacce. Me quedo con el meticuloso biógrafo que asume su rol segundo y, a base de trabajo, minuciosidad, constancia y esfuerzo, construye una obra que transforma su objeto, al mismo tiempo que lo narra y lo complejiza. Siempre es una buena historia la del discípulo inteligente que roba, trafica, crece y cambia los cuadros de lugar cuando el maestro duerme la siesta.
miércoles 1 de octubre de 2008 | Publicado por Terra en 06:59

Anónimo dijo...

y, puto??? te vas a hacer cargo de que le erraste????

Anónimo dijo...

Pura mierda lamborghini zelarayan y varios mas. Feiling muy sobrevalorado. Y bueno. Ya se fue.