domingo, 15 de diciembre de 2013

Indio Solari


Hace poco vi un documental sobre el recital del Indio Solari en Mendoza y estaba lleno de miembros de la facultad de ciencias políticas y sociales. Uno supone que si un artista de rock debe ser explicado por un sociólogo y no por Alfredo Rosso, está en problemas. La distancia que hay entre el fenómeno social y la música es la medida del malentendido.

Desde que se separó de Los Redondos, la música del Indio se mantiene en una encrucijada. Ya no es el rocanrol nacional y popular con el que cargaba pilas mentales la juventud relegada de los noventa. Tampoco es el amuleto predilecto de alguna tribu de iniciados que escuchan música del futuro. Por momentos, entonces, la música del Indio post Redondos parece ser una lanza arrojada al vacío, que no clava en el centro de ninguna sensibilidad representativa. Allí está el meme emblemático, con el Indio en el papel de Bart Simpson mientras pregunta a la clase si no debería estar haciendo canciones nuevas. "Haz lo tuyo", le responden los demás y el Indio canta un fragmento de "Ji ji ji".    

El indio comenzó su carrera solista en el 2004 con El tesoro de los inocentes, pero Los Redondos comenzaron a terminar en Último bondi a Finisterre. Tanto ese disco como Momo Sampler pueden escucharse como obras conflictivas, en las que se advierten las turbulencias burocráticas y emocionales que luego acabarían con la banda. Porque aunque a veces el Indio hable de Skay como un subalterno simpático al estilo Watson ("todos los temas de Los Redondos son míos"), es evidente que el sonido ricotero también pasaba por las manos del guitarrista.   

Justo cuando el Indio enrarece el clima de sus canciones (fines de los 90' en adelante) su lírica se hace más terrenal. Las referencias se vuelven más directas. Aparecen los tafiroles, las pibas de Blockbuster, los tickets de Carrefour, las remeras de Greenpeace. Como sucede con Osvaldo Lamborghini, algunas letras de Los Redondos no parecen estar escritas por un sujeto, sino por una especie de organismo monstruoso. En la era solista aparece el hombre. 

El mito sobre el Indio como recluso legendario y francotirador posmoderno dista de ser real. Exceptuando a Charly García y Andrés Calamaro, no recuerdo un rocker argento del que haya leído tantas notas (y tan extensas). Sé más del Indio que de mis primos. Un outsider es Thomas Pynchon, un tipo del que no se sabe si tiene manos o tentáculos. El Indio es alguien que ha dramatizado inteligentemente (tal vez en forma involuntaria) "el precio de la fama". La anécdota de su hijo Bruno preguntándole en el shopping por qué todos le piden cosas (autógrafos, fotos), contada por el Indio, adquiere matices de parábola bíblica. Como sucedía con Spinetta, la sola alusión a su desdén por las entrevistas en el copete de otra nueva (y ultimísima) entrevista, vacía de sentido lo que se afirma.  

Sin embargo es cierto que cuando uno repasa lo que sabe de la vida del Indio fuera de la música, las imágenes no parecen corresponder al mismo tipo. Y ahí empieza el tan mentado misterio, como cuando vemos una fotografía de nuestra pareja antes de conocernos, con otra gente y otro look. Por ejemplo repasemos las cosas que contó el Indio a Pablo Perantuono en una excelente entrevista para la revista Orsai. Ahí observamos al Indio (igual a Girondo) ciertamente en cualquiera, participando en un corto malísimo con una escena lyncheana en la que se lava la cara y aparece una mujer frente al espejo. El Indio trabajando en una hostería en Valeria del Mar, un trabajo propio de un personaje de Roberto Bolaño en Los detectives salvajes. El Indio de incógnito recorriendo Nueva York, asistiendo a recitales avant- garde en los que hay 25 veces menos público del que él lleva a sus recitales. El Indio en un hospital, oficiando de cura sanador para un fan enfermo y obsesionado con Los Redondos. Y por último tenemos el discurso del Indio, al que hay que seguir muy de cerca para no perderse, por esa extraordinaria capacidad temática-oral, en la que brilla el hombre de la psicodelia, el hippie instruido, el rockero al que no sabemos si calificar como post estructuralista o vende humo, capaz de tirarte la Posta en cada frase. Y su utilización heterodoxa del lunfardo, todo un mundo, con "mantecas (de la experiencia) que hay que untarse" y la idea del artista "añoso", un poco "chúcaro".     

Una de las páginas web que más me gustan es una cuenta de Youtube donde alguien sube las canciones de Los Redondos y del Indio Solari subtituladas. Los videos no tienen un detalle estético impactante, simplemente lo que vemos es una pantalla en negro y las letras en blanco, como si todo estuviera hecho a propósito para que lo que resalte sea la palabra. Y el resultado es efectivo porque después de tantos años de escuchar, mirar esos versos que sabemos de memoria los carga de un efecto de extrañamiento en el que el Indio llega a las alturas de su propia mitología. 

Pajaritos, Bravos Muchachitos es el nuevo disco del Indio. Hay algo de rock anglosajón para estadios de fútbol en toda la carrera solista del Indio. No es que la música de Solari necesite de un estadio para cumplir su cometido, es que no da la sensación de poder ser disfrutada en el living (lo que no es necesariamente malo, por supuesto). Pajaritos, Bravos Muchachitos sigue esa línea pero los temas son más melódicos. Es un disco parejo y se destacan especialmente tres temas. También podría haber elegido "Amok Amok" o "Beemedobleve":

1) Empieza con el bizarro "A los pájaros que cantan sobre las selvas de Internet". Un órgano en plan macabro se suma a la marcha de la guitarra y la batería hasta que irrumpe el loop de unas voces que parecen rugbiers enojados haciendo el HAKA. Según todas las reseñas la letra alude a la fauna twittera y adquiere tintes paranoicos cuando el Indio pone su mejor voz de demente y grita: "Tumbados en mi techo, ¿de dónde podrán ser?, los lindos pajaritos muertos".   

2) "La pajarita pechiblanca" cierra el disco muy arriba, con el Indio amable y despojado, jugando con los registros de su voz. El tema es automáticamente importante por contar con el acompañamiento de Sergio Dawi, Walter Sidotti y Semilla Bucciarelli (que es pintor y en una entrevista dijo que no se sabía bien las letras del Indio). Aunque no se relaciona directamente por su sonido, la frescura de la canción evoca los aires de "¿Lobo estás?" y podría ser un hit veraniego. Suena a permitido en medio de una dieta de rock serio e inteligente. Con aire circense, levemente cabaretero, aplausos y risas coronan una melodía pegadiza y una letra delirante: "Vagabunda, los mocos me sonó/ Fracasó como lesbiana/ Y así me profanó".   

3) El tema que pelea para ingresar en los charts ricoteros es "Había una vez", un rock pop que va al grano, sin esa pared de sonido industrial, tan gris e infranqueable, que recorre todos los discos solistas de Solari. No hubiese desentonado en Los Redondos noventosos pre-Último bondi. La letra surca los lugares básicos de la canción de amor con algunos destellos notables, como cuando el Indio se permite una descripción existencial y anímica y resume: "Vengo cínico, fóbico, crudo, hervido y asado por vos". Pero la frase con destino de trapo llega al final. Es esa clásica mezcla entre cursilería y eslogan, declaración de principios y sabiduría pop que hizo del Indio un tipo que se permite decir en una entrevista "El patrón de mis ondas cerebrales me manda mensajes inciertos":

Con los puños en alto
deseando al final
hacer la revolución
con una canción de amor.


Hace poco salió un nuevo disco de Paul McCartney. Me pareció tan bueno que pensé que en cierta forma es tranquilizador saber que en algún lugar del mundo, a esta misma hora, un tipo que estuvo en Los Beatles sigue componiendo canciones. Como si esa fuera la prueba de que los creadores del universo estético que nos educó todavía tienen La Llave. Esta última estrofa de Solari me hizo pensar lo mismo.  

21 comentarios:

Joaquin dijo...

:')

Anónimo dijo...

¿Cómo tomar que cada vez que hablás de los Redondos pre Bondi a Finisterre, hables de los REdondos noventosos de Lobo Suelto, o por ahí?

(No lo digo por vos, necesariamente, sino porque esos tampoco eran los mejores Redondos, no para mí).

Sería fácil decir que se lo comió el personaje, pero cuando dijo, como gran gesto de rebeldía televisada, "seisieteocho", porque estaban transmitiendo en TN mostró cuál es su idea de provocación.

TAGS dijo...

Me gustó. Pienso lo mismo respecto al cierre. Todavía tiene la llave que abre la puerta del camino.

Iván Sergio Calcagno dijo...

El indio no me importa tanto, pero todo lo que escribe el loco del corvino esta bien... un abrazo desde el horno de la capital federal -

PD: como no estuviste en la revista Orsai es algo que no puedo entender.

Anónimo dijo...

Me gusto lo que escribiste.
Agrego un par de cosas:

* Me parece el disco más alegre del Indio solista (y hitero tambien?).
Incluso, podríamos decir desde "El Baion para el ojo idiota" no hacia un discos tan movido. Casi sin temas tranquilos.

* "A los pájaros que cantan sobre las selvas de Internet".
Para mi es un tema para los ricoter@s:
"Ya llegan! Hambrientos!
Desde siempre nos conocemos…
Sus ritmos al cantar
me obligan al ritual
en lengua angélica que arde "

* "La pajarita pechiblanca"
Y tiene ese valor agregado de ser casi un tema de los redondos. Y no se escucha la guitarra.

* "Había una vez"
Es el tema que están eligiendo la mayoría de ricoter@s como favorito.


PD:
Ese canal de youtube que nombras es uno de el mejor que hay: con buen laburo y completisimo.
http://www.youtube.com/user/subtitulada/videos

PD2:
Sobre los temas en particular me encantan "Beemedobleve" (o BMW?) y "Amok Amok".

https://twitter.com/afterchabon_net

Anónimo dijo...

El más hitero fue porco rex, donde se veia un indio extrañamente directo, con mucho amor y melancolía pop , para muchos "talibanes" ricoteros fue el peor disco, a mi me gustó, mucho más que el sobrevalorado "Perfume de la tempestad" (hasta ahora el más flojito para mí). Casi eyaculo con "Habia una vez"

Martín Zariello dijo...

El perfume de la tempestad lo escuché una sola vez y desistí. El primero me gustó y Porco Rex me gustó más, para mí está a la altura de este. Saludos.

Anónimo dijo...

Escribir sobre el Indio Solari se ha convertido en uno de los deportes más practicados desde el inicio del nuevo siglo. Para los opinadores nos es muy difícil sustraernos a tamaña tentación, quiza sea nuestra mayor satisfacción cantar sobre las selvas de internet las disparatadas aventuras de este pelado sexagenario. En calidad de opinador, me ha estado rondando en la cabeza un escrito sobre el Indio que podría llegar a tener como título tentativo: 'Un baión para el ojo del Indio Solari'. Puede sonar peyorativo, pero no es más que una justificación del accionar de un tipo que otrora vivenció/contó las experiencias urbanas y culturales de las últimas décadas, y ahora se regocija en un autoexilio rodeado de artefactos tecnológicos con los que concibe su obra, sin más interacción que su familia, los padres de los compañeritos de colegio de su hijo y los tecnócratas que conforma su banda.
¿Qué más podemos pedirle a un tipo que forjó durante más de veinte años una de las bestias imaginarias más impresionantes de la cultura argentina? ¿Podemos exigirle que, en su actual obra, interpele a la experiencia de pibes de entre 16 y 20 años?
Vamos a admitirlo: el Indio Solari recibe las experiencias del mundo a través de las pantallas y (algunas, y muy selleccionadas) líneas editoriales. Las únicas experiencias de primera mano que debe tener son las de la Quinta Avenida.
¿Acaso está mal? ¿Invalida toda su obra? Definitivamente no, más aún, es mejor así. De lo contrario caería en las demagogias y anacronismos que exhiben tantos artistas con tal de mantener su status.
No creo que en la medida que el Indio ‘enrareció’ (¿con este término te referís a la incorporación de tecnología digital en el armado de una canción?) el clima de sus canciones, sus líricas se ‘volvieron terrenales’. Del terreno que pisó Patricio Rey a lo largo de su periplo no nos queda duda. Desde Oktubre ya desfilaban significantes como América, soviéticas, Chernobyl, tv, fuhrer, y en ese personaje casi mitológico llamado ‘Luzbelito’ no falta la bailarina, el barro que asfixia, los vampiros de arrabal y, por supuesto, no falta el rocanrol.
Pero, en lo que sí comulgo es que ‘en la era solista aparece el hombre’, aparece el yo-locutor, aparece el Indio, y aparece casi en medio de la triste noticia de que Patricio Rey se había inmolado en las ambiciones de tres personas que simplemente se disputaban la custodia de un material audiovisual.
Lo que va del siglo XXI nos muestra un siglo solipsista, un siglo posmo, es el siglo de los aparecidos, plagado de solistas que cantan experiencias íntimas, sin poder trascender la barrera de su propia subjetividad (me gustaría saber cuál es tu percepción acerca del libro ‘Cancionistas del Río de La Plata’ de Martín Graziano, si es que lo leíste), incapaces de creas esos imaginarios que movilizan y representan.
El Indio cayó en eso, casi por erosión (del tiempo). Nadie hubiese imaginado a Patricio Rey dedicándole una canción a su esposa, nadie sabía siquiera si Patricio Rey tenía esposa, o simplemente, dónde habitaba, pero el Indio si puede hacerlo, y, de hecho, lo hizo.
Sin embargo, que tipos como Paul McCartney o el mismo Indio sigan haciendo buenas canciones no significa que aun tengan las llaves del universo estético, sino más bien, que nos las entregaron, y no sin cierto escepticismo.

Muy buen Blog, excelentes tus artículos. Abrazo desde Cap. Fed.
un tocayo, Martín Sanes.

Cine Braille dijo...

Me parece que se destacan mucho el primer tema y el último, con los del medio no termino de engancharme. Con todos los discos solistas del Indio me pasa que me llegan más intelectualmente (valorar letras, arreglos, líneas melódicas) que emocionalmente; los dos que más me gustan son los dos primeros.
No veo grandes cambios con respecto a los anteriores: el tema de la mortalidad siempre anda dando vueltas, siempre hay un ajuste de cuentas innominado (Balas de plata, Un par de fantasmas) y algún permitido humorístico (Charro chino, La pajarita pechiblanca). Tal vez en este disco sí veo más letras sobre desamor o separaciones.
Igual, destaco que la pared de sonido que arma y el nivel de los músicos acompañantes se ve poquísimo en el rock argentino, por no decir nunca. Por lo menos así lo veo yo shik shik.
Saludos

Victor Laplace dijo...

Nunca entendí a Los Redondos.
Escucho mucha música nacional, desde Manal y los Gatos Salvajes hasta Pez y Valentin y los Volcanes, y todo lo que está en el medio.
Pero los Redondos nunca me llegaron.

Corpiños in the madrugada.

Anónimo dijo...

Corvino, te caché: tu nueva palabra es "permitido"!!!

Pedro M dijo...

Corvino dejá de terminar las notas con final feliz, que ni vos te la creés. Muy buena

Frodo dijo...

Excelente nota, le diste los matices necesarios como para entrarle al disco por otro lado. Lo escuché una sola vez y me gustó mucho menos que Porco Rex, aunque el tema que me llamó la atención es "Babas del diablo" (quizas el más cercano al estilo de su segundo disco). Como bien dice alguien por ahi, en el último tema casi no se escucha la guitarra ¿habrá sido a propósito para hacer notar una ausencia?

Muy bueno eso de que "se más del Indio que de mis primos".

Saludos!

Anónimo dijo...

El tema habia una vez va para skay...

"Hay tantas partes tan lindas
sin tu traición
y el mundo sigue girando
aún sin tu amor."

Que mas necesitan para darse cuenta...?

Anónimo dijo...

Si lo hizo para skay

Anónimo dijo...

excelente!!! Amoo leer diferentes pensamientos o modos d interpretar!! :)

Anónimo dijo...

Las interpretaciones de los temas de los Redondos (y del Indio), y sobre todo los sitios donde se interpretan esos temas, re dan para un post...

franco dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
franco dijo...

Cuando van a entender que Los Redondos y sus derivados, Skay o Indio no es Rock Nacional, incluso en mariposa pontiac como que lo burlan.

Anónimo dijo...

Nunca escuche entero un disco de los Redondos, ni del Indio, por ahí le preste mas atención a los discos del final con maquinas. Pero lo que siempre me fascino fue esa cosa mítica que vino de la mano de Cerdo & Peces, Symns. O sea me gusta leerlo al Indio; puede ser que sea vende humo; pero es un vende humo culto y encantador con toda la cultura rock de los 50/60/70 y todo lo que vino en el corte generacional de los 80s también lo absorbió. Y aparte se nota que es un lector curioso, disperso y tiene con que a la hora de tomar influencias.

Anónimo dijo...

Este post es genial, no sé si leés los comments de entradas viejas.

Buscando esto en google llegué hasta vos:
https://pbs.twimg.com/media/BfE_1EjIMAAbpaE.jpg:large

A mí también me gusta pensar que el Abuelo sigue teniendo la llave, casi igual de reconfortante como cuando al Diego le tiran cualquier cosa y sigue haciendo jueguitos sin despeinarse.

Saludos!