lunes, 13 de abril de 2015

El sistema de Guillermo Vilas


El sábado, antes de ir al FILBA, enganché en YouTube una entrevista a Guillermo Vilas. Participar de cualquier evento público me pone en una situación incómoda y buscaba un poco de distracción pero me encontré con una verdadera clase de filosofía.  

Yo admiro a Vilas desde hace unos años cuando me enteré de que había decidido que toda su ropa sea negra para no perder tiempo en elegirla. Alguien que piensa en ese tipo de cosas, además de tener dinero y tiempo para preocuparse por boludeces, sabe más que el resto de los mortales.

En la entrevista Vilas contaba anécdotas de su vida marplatense que a mí me parecieron propias de una novela iniciática. Algunas de las escenas que relataba no apuntaban a un punto específico pero se acercaban a esas enseñanzas orientales algo misteriosas, en las que el sentido, en vez de ser unívoco y direccionado, tiene tantas ramificaciones como receptores que lo escuchan.

Por ejemplo un día Vilas, siendo un niño extraño y curioso, sale a recorrer la ciudad en su caballo y comienza a seguir al sol, que lentamente va desapareciendo en el horizonte. De pronto anochece y cuando se da vuelta no sabe cómo volver a su casa. Pasa unas horas perdido hasta que reconoce la copa de unos árboles y, guiándose por ese detalle, puede volver.  

Es increíble que nadie haya querido hacer una película con la vida de Vilas. De hecho podría empezar con esa escena.

Vilas era hijo de padres excéntricos y escribía poemas desde chico.

En la adolescencia Vilas caminaba por el centro de Mar del Plata y vio una cola llena de gente rara. Entró y tocaba Pescado Rabioso. David Lebón estaba vestido de mujer y sus amigos se fueron espantados. Pero Vilas se quedó y amó a Spinetta al instante, tanto es así que después fueron amigos (es el padrino de Dante) y grabaron un disco en Estados Unidos, Sólo el amor puede sostener, que tiene un tema con letra del propio Vilas: “Niños de las campanas”. Vilas y Spinetta estaban convencidos de que podían ingresar al Mercado yanqui pero les salió todo al revés. Hoy ese disco es considerado el único desliz artístico de Spinetta y ciertas corrientes de la ortodoxia spinetteana suelen ocultarlo de su discografía. Otras corrientes de la misma religión afirman que el disco es una rareza de culto cercana a la brillantez.  

En determinado punto de la entrevista, y esto es lo que más me interesó, Vilas contó algo que me llamó la atención: dijo que era un tímido crónico pero que con el tiempo había desarrollado “sistemas” (así los llamó) para contrarrestar la timidez. Vilas tiene fama de soberbio así que me despertó mucha curiosidad pensar que en realidad, detrás de esa capa de autosuficiencia notable, se escondía alguien inseguro y dubitativo.

Para representar su timidez Vilas contó que una vez tenía que ir de Balcarce a Buenos Aires y el dueño del auto en el que viajaba cerró la puerta y le apretó los dedos de una mano. Vilas sintió tanta vergüenza que hizo todo el recorrido con los dedos atorados en la puerta.

Esta anécdota tiene toda la pinta de una hipérbole (de hecho probablemente es un tanto falsa) pero expone bastante bien el nivel de sufrimiento absurdo al que puede llegar una persona tímida. Inmediatamente me acordé de una vez que mi primo mayor me llevó a la cancha. Me compró una hamburguesa y le pusieron savora. A mí no me gusta ningún tipo de aderezo pero me daba vergüenza decirle que no iba a comer la hamburguesa que me había comprado así que empecé a trozar pequeños pedazos de hamburguesa y me los fui metiendo en el bolsillo de la campera hasta hacerla desaparecer por completa.

Al otro día me levanté y mi mamá me dijo “Fede, ¿por qué te guardaste una hamburguesa en el bolsillo de la campera?”. No supe qué contestarle.

Aunque se estaba haciendo la hora en que me tenía que ir quería seguir viendo la entrevista interesado en los sistemas que Vilas había desarrollado para vencer su timidez. Aunque “vencer” no sería la palabra correcta ya que Vilas habló de la timidez como si se estuviera refiriendo a una adicción. La droga podrá matarte a largo plazo pero en lo inmediato es placentera. La timidez podrá ser contraproducente en muchos aspectos de la vida pero, paradójicamente, también te hace un tipo más cómodo y menos comprometido con el mundo, ajeno a las responsabilidades y a ciertas convenciones sociales que los demás respetan como un protocolo sagrado (aunque las aborrezcan) y uno, amparándose en el flagelo de la timidez, pasa de largo como un semáforo rojo en la madrugada.   

La cuestión es que Vilas no llegó a explicar su sistema. Y ahora que lo pienso tal vez el sistema sea decirles a los demás que uno tiene un sistema para vencer la timidez aunque no lo tenga: la inseguridad personal que genera la timidez está relacionada con la mirada que los otros tienen sobre nosotros, entonces si los otros creen que tenemos un sistema para vencer la timidez, la timidez desaparece.  


Lo único que dijo Vilas sobre su sistema es que cada vez que ingresa a un lugar se fija dónde ubicarse para salir lo más rápido posible si pasa algo inquietante. Ahora no me parece tan genial (¿qué pasa si el lugar tiene una puerta de entrada y de salida?) pero en el momento que lo escuché creí que era la solución a todos mis problemas. Cuando llegué al Muelle de los Pescadores, el lugar en el que se realizaba el evento, automáticamente busqué la salida más rápida y me sentí más tranquilo. En caso de pasar un mal momento sólo tenía que atravesar los ventanales y tirarme al mar desde la escollera. 

18 comentarios:

P dijo...

Como dice uno de los locos de Waking Life, en una de las muchas lecciones de vida de esa película: "un estado de constante llegada, en un constante partida"

Anónimo dijo...

*en un estado de

Rodrigo Manuel Herrero Rosas dijo...

Creo que el mejor sistema para los tímidos es confesar su timidez. Tiene frases y experiencias interesantes Vilas, y sabe narrarlas muy bien.

sabatini dijo...

muy groso que me haya gustado un post sobre vilas, ser que me es del todo indiferente

JLO dijo...

también lo quiero, pero está loco... y no tiene fama de soberbio, lo es... y en demasía... sino escuchar sus relatos de vivencias con otros tenistas y es de locos en serio ja...

pero que se yo, uno tampoco elije a quien querer...

y si, a Spinetta esta amistad un poquito lo cagó je...

Ricardo dijo...

Algún psicólogo en la sala para que relacione esto de la timidez, la soberbia, el tenis, Carolina de Mónaco y esa banda pedorra con la que Willy tocó después.
Pero dejemos a Spinetta fuera de esto, te lo pido por Dante y Catarina.

Cine Braille dijo...

Los que dedican su vida entera a la excelencia en una actividad, por caso Vilas o (ya que hablaste de Balcarce) Fangio o incluso Borges, en general no saben gran cosa de nada fuera de su área de conocimiento, a la cual dominan absolutamente, claro. (En algunos malos momentos parece una forma de autismo). Así que cuando se salen de su zona de confort tienen un aire zen, como de ser capaces de un satori tras otro, aunque uno nunca termina de saber si dicen genialidades o banalidades, como Chance Gardener en Desde el Jardín: a lo mejor la revelación está en la forma en que lo dicen. O en la calma beatífica que transmiten: Fangio parecía incapaz de ponerse nervioso nunca.
Fangio contó una vez de un error que había cometido, pero dijo que lo tomó bien porque "a la experiencia siempre hay que pagarla". Es una de las pocas cosas que tengo claras.
Saludos

Guiore dijo...

¡Mandá el link de la entrevista, Corvino, porfa!

Corvino dijo...

Acá está:

https://www.youtube.com/watch?v=oDhnhsQIqXo

La de Maradona también es muy buena.

Saludos y gracias por leer.

Mr. E dijo...

Vilas es para mí el más grande deportista de la historia argentina (tema aparte) pero está claro que está más que loco. Hace poco Gastón Gaudio contó por radio que cuando viajó con él a Paris por un programa de tenis vió cosas absolutamente insólitas como, por ejemplo, ir miratndo constantemente la pantalla del recorrido del avión (viajaban nen primera por lo que tendría películas como para un festival) y que ni se levantó una vez ni para ir al baño. Tampoco tomó ni agua (en primera clase).
¿Un genio? ¿un loco? ¿un tarado? Vilas es Vilas. Incomprensible. De otro mundo.

Anónimo dijo...

Le escuché decir que usa ropa negra porque se mancha cuando come. Esto no quita que también haya dicho que usa ropa negra para no tener que pensar en cómo combinarla. La separación entre lo real y lo fantástico en la vida de Vilas es difusa, incluso para el mismo.

Siendo un más que modesto seguidor del tenis, no puedo evitar detetenre el zapping cada vez que el tipo aparice en la pantalla. Pocos personajes consagrados me producen este tipo de atracción. Quizás sea porque no aburre con demagogia.

Un abrazo.





Hernan Dardes dijo...

Una vez el Beto Alonso contó que de chiquito era derecho, y que el padre, para que aprenda a pegarle a la pelota con la izquierda, le ataba la pierna y lo obligaba a patear con la otra. Se sabe, el Beto Alonso terminó siendo zurdo.
Quién te dice que la soberbia de Vilas se haya construido de su persistencia a vencer la timidez

Anónimo dijo...

Eso de la misma ropa también lohacen Steve Jobs (bueno, ya no lo hace...), Obama y otros.
http://blogs.vogue.es/runwayrider/vestir-siempre-igual-la-clave-del-exito/

Posta que no me gustaría ser la hija de Vilas. Va a quedar con el marote quemado.

Y el más grande deportista argentino fue Fangio. Es un hecho comprobado científicamente.
¿Ah no?
¿Es sólo mi parecer?
Bue.


Che, murió Galeano. ¿No sale post sobre este prohombre del progresismo?

Anti-Gaudio dijo...

Vilas, Coria y Del Potro, los únicos tenistas argentinos que verdaderamente se propusieron ser Nº1 del mundo. Respeto.

Anónimo dijo...

Spinetta escribió el prólogo del poemario de Vilas, que contiene este que el guaso tituló "Haciendo el amor"

Cae la luna con sus pétalos
embajadores de su luz
iluminando tus senos
y mis ojos en pleno

La hierba se mueve suave
porque el viento la excita
y nuestro vaivén de amor
llena todo de pasión

cavernícola dijo...

Anónimo: gracias a tu ejemplo me queda claro que Vilas, como poeta, es un gran tenista.

Santiago Segura dijo...

Vilas siempre me cayó bien por lo loco que está. Sus anécdotas son todas fantásticas. Y tengo un dato poco relevante pero que suma (?): es generoso con las propinas (no me pregunten cómo lo sé).

Qué bueno encontrar otro no consumidor de aderezos, creo que somos pocos.

¿Tu madre te cambia el nombre?

Anónimo dijo...

Duda existencial: tu segundo nombre es Federico? Sos Martin pero tu mamá te llama "Fede"? No se, me sorprendió el detalle y más aun que nadie antes lo haya notado.

Saludos