miércoles, 10 de diciembre de 2008

Nuevas redundancias sobre la inseguridad

Desde hace ya mucho tiempo la metáfora “inseguridad” (que los amigos Lakoff y Johnson denominarían “ontológica” porque otorga una entidad a un acontecimiento de nuestra experiencia) se ha instalado como temática recurrente de la opinión pública. Es muy difícil asistir a una reunión, mirar televisión, viajar en un taxi o simplemente caminar por la calle sin oír o ser incitado a conversar (si es posible denotando indignación) sobre robos, asesinatos, jueces garantistas, delincuencia, menores, “desprotección”, necesidad urgente de un Estado como organismo rector, alusiones a una operatoria sesgada en las políticas de derechos humanos, desesperación, ausencia de castigo para los culpables, la existencia de una especie de individuos que se oponen a la norma (familia, buenos modales, Iglesia) y salen a robar, etc. El sujeto de clase media-alta (y en menor medida el de clase baja, que desea formar parte del mismo nivel económico de la clase dominante e imita alguna de sus características) tiende a reconocerse en el otro a través de la ostentación de bienes. Es usual entonces que la mayoría de las conversaciones casuales en lugares públicos (la cola de un banco, por ejemplo) se inicie a través de la descripción de pormenores personales que explicitan un estatus determinado: el empleo, la zona de residencia, el tipo de automóvil, la asistencia a ciertos lugares que requieren pertenecer a una escala social específica (restaurantes de moda, espectáculos, clubes), etc. A esa dinámica mutua de la auto-exaltación burguesa (que esconde, por supuesto, una competencia implícita por averiguar quién cuenta con más riquezas) se le agrega la preocupación por la Inseguridad. El tópico surge intempestivamente (casi por la inercia de contraponer un conjunto “positivo” a otro “negativo”) y sin necesidad de una causa anterior que lo justifique: está aceptado en la convención (luego del reconocimiento inicial y la dinámica relatada) referirse, de un momento a otro, sobre los “males” que aquejan al país: los políticos, los inmigrantes ilegales, los villeros, los piqueteros. Este momento de catarsis es esperado por los emisores ya que no hay nada que más quiera el sujeto de clase media-alta que “hacerse escuchar”. No importa si lo que tiene para decir es una serie de lugares comunes basados en el prejuicio y la ignorancia, lo importante es “hablar en voz alta”. La inseguridad, (“un mal que nos afecta a todos”, “un flagelo” en el cual todos estamos en “la lista de espera” (dixit bajada de un titular del Canal 26 que llevaba por título: “Horror en el país”), que “ya excede cuestiones ideológicas”, es “lo que más preocupa a la gente” y "el próximo podés ser vos"), es el suceso ominoso que los une y congrega, concibiéndose de esa forma una complicidad fugaz en medio del entramado complejo de diferencias de la jungla urbana. Como el novio paranoico que cela a su pareja a causa de las fantasías que elabora su mente, el sujeto que posee una situación económica estable y disfruta ser parte de un grupo acomodado teme, principalmente, ser despojado de sus beneficios. Lo que ha “logrado” (casa, auto, familia, viajes, bienestar) es “fruto del trabajo”. Paga sus impuestos “religiosamente” (no en vano con frecuencia se añade este adverbio). Nunca se metió “en nada raro” (es decir que nunca robó, ni tomó drogas, ni es homosexual, etc.) Es, en suma, una “persona honesta” que no comprende por qué “no puede salir a la calle”. Jamás se detiene un instante a pensar que la sola existencia de personas como él (en un sistema macro-estructural basado en el flujo de dinero) garantiza la de otras en una situación social diametralmente opuesta. Que las “reglas del juego” que tanto defiende y a él le permitieron triunfar, también disponen (mientras siga aumentando la desigualdad social) la sucesión continua de segmentos marginados (discriminados, oprimidos, sin educación) que quieren sacarle a él lo que tiene.
Mientras tanto, desde los medios, se ha generalizado la búsqueda diaria de un crimen cometido por la “Inseguridad”. Y en un país con millones de personas sabemos que el que busca siempre encuentra. También se podrían contar en los titulares de Crónica o TN o América 24 las muertes por aborto o inanición, pero claramente estos dramas no afectan directamente a la clase media-alta (en caso de que el primero de estos dos ejemplos de muertes se dé, se hará todo lo posible por acallarlo). La exposición de crímenes relacionados con la “Inseguridad” se ha multiplicado de tal manera que la noticia tiene una dinámica especial que la diferencia de cualquier otro suceso policial. El impacto (suma de morbo y comentarios tendenciosos que terminan convirtiendo un hecho trágico en un espectáculo del sufrimiento ajeno) aumenta si los crímenes cuentan con ciertas características:
-el asesinato en frente de seres queridos.
-si la víctima es un padre de familia con niños pequeños.
-si los delincuentes son menores de edad (inclusive aunque todavía no se sepa nada del crimen, siempre “se especula con que podrían haber sido menores de edad”).
-si la víctima volvía del trabajo.
-si la víctima contaba con una profesión u oficio identificable para el resto de la sociedad (de ahí que el asesinato, más que de una persona con nombre y apellido, sea del “ingeniero” o el “profesor”: esto asegura una empatía inmediata y más genuina entre las clases que producen su dinero).
-si los delincuentes asesinan a la víctima para llevarse un bien material de escaso valor (o no se llevan nada).
-si la víctima no se defendió y aún así fue ultimada.
-si la víctima había tenido o iba a tener un suceso importante en su vida (la culminación de una carrera, un casamiento, un viaje).
-si la víctima contaba con un grupo de personas cercanas y localizables para la prensa (esto asegura la aparición en los medios de familiares, amigos o parejas exponiendo las características generales de la vida de la víctima; casi nunca se le da mayor dimensión a un asesinado que no cuente con personas propensas a aparecer en la televisión, por ejemplo).
Algunos de estos detalles pueden ser requeridos para un proceso judicial, pero en el marco de los medios de comunicación se convierten en un conglomerado discursivo con objetivos básicos: estimular emocionalmente a quien se refiere a la víctima para así provocar un dolor más incisivo en el receptor. Inclusive la lista anterior surge naturalmente de las preguntas que hacen los periodistas:
-“Contame, ¿cómo era X?”.
-“¿Lo asesinaron en frente de sus hijos?”.
-“¿Qué estaba haciendo cuando ocurrió el hecho?”.
-“¿Estaba por recibirse?”.
-“¿Los asaltantes eran menores de edad?”.
-“¿X se defendió del robo?”.
De esta forma, se instituye un ambiente de pánico o terror: el sujeto (“el trabajador”, “el laburante”, “el profesional”, en fin, “el hombre de bien”) no puede salir a la calle, debe mirar a los cuatro costados al ingresar su automóvil al garaje, no debe olvidarse de cerrar las puertas, debe levantar rejas, debe comprarle un celular costoso a cada uno de sus hijos para saber donde se encuentran, debe contratar seguridad privada (la policía no tiene los recursos para brindar seguridad), cruzarse de vereda cuando advierte la presencia de un extraño en dirección contraria. Es toda una disposición argumental que saca del foco la cuestión de la desigualdad social (si se la menciona es para tratarla a “largo plazo”, lo que se necesitan ahora son “medidas rápidas” porque mientras “nos matan como moscas/perros/etc.”) y puntualiza en el delincuente (el paradigma actual de éste es menor, agresivo, drogado, inclemente, de una condición sobrenatural y monstruosa) la causa principal y no el resultado final de una serie de consecuencias.
Es notable que en estos días, el libro de mayor actualidad para comprender la realidad argentina sea uno escrito en 1975 por un francés llamado Michel Foucault: Vigilar y Castigar. Allí, el coloso del estructuralismo (por la extraordinaria capacidad para articular contenidos y llegar a observaciones novedosas) parte de la época clásica para explicar los métodos de los mecanismos de control de los últimos siglos (que van desde el tormento hasta las estructuras carcelarias), de qué forma y por qué la sociedad moderna asimila la prisión como algo natural en el interior de su funcionamiento. Las conclusiones a las que llega son inquietantes. La prisión, en cierto modo, basa su funcionamiento en el panoptismo (“sistema de documentación individualizante y permanente”), pero a diferencia de éste (usualmente rechazado) es aceptada como “la forma más inmediata y más civilizada de todas las penas”. Sin embargo, los objetivos de tal institución (la conversión del comportamiento de los individuos, etc.) fracasan constantemente desde su creación e incluso incitan al delincuente a reincidir. Según Foucault, la razón del mantenimiento de este sistema radica en el hecho de que la prisión y los castigos “no están destinados a suprimir las infracciones; sino más bien a distinguirlas, a distribuirlas, a utilizarlas”. A partir de tal mecanismo, el delincuente es controlable (por su señalación social), utilizado políticamente y sirve a determinados fines, por ejemplo, a los ilegalismos de las clases dominantes (tráfico de drogas o armas). Los dejo con una reflexión del autor que me parece adecuada para terminar el texto: “La crónica de sucesos criminales, por su redundancia cotidiana, vuelve aceptable el conjunto de los controles judiciales y policíacos que reticulan la sociedad; refiere cada día una especie de batalla interior contra el enemigo sin rostro, y en esta guerra, constituye el boletín cotidiano de alarma o de victoria”. Sayonara.

7 comentarios:

Hernán Galli dijo...

Sólo dos cosas:

1) ¿Nunca les llamó la atención esos carritos motorizados con uno o dos tipos arriba, que suelen circular por las calles de los countries, luciendo una leyenda bien grande que dice: "Seguridad"? O sea, perfecto lo de "ontológico", porque ni la inseguridad es un señor con armas, ni la seguridad es un carrito dando vueltas. Lo que pasa es que se necesita "concretar" la experiencia en algo palpable. ¿Cuando no estoy seguro de algo, los del carrito me podrán ayudar?

2)Polémico y me lo banco. A quién se le puede ocurrir que no haya inseguridad en un país donde un tipo anda con un coche de 50 mil dólares, paseando al lado de otro que busca morfi en una bolsa de basura. Cuando un troglodita como Rial insulta a los pibes que le quieren sacar una moenda por limpiarle el vidrio de su auto importado. Eso es violencia social, y cada vez es peor en este país. Por lo tanto, la inseguridad y los asesinatos, son
coherentes síntomas de una enfermedad que no se quiere curar. Si no hubiera inseguridad, ¿qué clase de bichos seríamos?

Otro buen post al hilo.


PD: "No hay mejor guardián que el miedo a que el guadián venga" José Saramago, el comunista que ganó el palo verde con el Nobel.

agn dijo...

George Carlin, hablando de la gente rica, media y pobre.... 'and the poor people are there to scare the shit out of the ones in the middle' -y los pobres están ahí para hacer que se caguen en las patas los del medio-. Hay que ver el monólogo completo para, no recuerdo cómo, ver el modo en que los de arriba orquestaban todo, pero la idea está.
Qué triste, triste que nada me resulte raro.

Varias veces pasé por la casa de un vecino de mi novia, y muchas veces lo hablamos, hasta que hoy fuimos y juntamos las moras que el árbol de su vereda estaba dando. Se nos mancharon todas las suelas de violeta porque el suelo estaba cubierto por un colchón de moras maduras que se habían caido. Me quedé pensando en eso después de leer tu texto, y me hice acordar a Enriqueta, de Liniers, que tiene esos pensamientos que te dejan abierto al medio como un '¿' sin '?' ni '!'.
Parece que la educación a las clases más bajas llega sólo para enseñarles cómo ser los pobres que el sistema espera.

Para quien tenga hambre, árbol de moras, alberti entre jujuy y salta, mano derecha, en frente a la comunidad valenciana.

eddie dijo...

Por la pluralidad de interpretaciones, ponele.
Es cierto lo del miedo. Es cierto que cada segundo televisivo es utilizado para impregnar lo cotidiano de miedo, de paranoia. A su vez, quienes captan ese mensaje, no sólo de la tele, sino también del papel y las radios, luego lo reparten para todos lados, lo reproducen en taxis y todos esos ámbitos que bien mencionás, menos el banco claro, ahí se habla de fútbol, man. Existen infinidad de ejemplos en los cuales se ve ésto, para graficarte algo rápido y contundente, la publicidad de las puertas Pentágono: un muchacho de unos 90 kilos, morocho, con una remera gris. El tipo corre y se rompe la cara contra una puerta blindada, una de esas que te dan protección a vos y a tus hijos(!!!). No puede ser más tendenciosa la publicidad, en fin.
Leo cotidianamente tu blog, el hecho de que los post sean día por medio hace más simple la cosa, te da tiempo a dedicarle atención y, ocasionalmente, una releída, Además de, según parece, dejar el blog en piloto los fines de semana. Tu blog está bueno, muy bueno diría, uno de los pocos que plantea artículos interesantes y se nutre de los comentarios (no creo que sea mi caso).
Ahora bien, como es lógico y bendito sea, hay cuestiones en las que tus lectores no coinciden; te ha pasado, te pasa y te pasará. Alguno de reaccionario nomás, otros porque no comparten la totalidad de tus conceptos. En este caso puntual, en lo que se refiere a la inseguridad (aunque nunca es puntual porque, como se debe, lo entrelazás con otros temas) te estás focalizando en los que exageran la realidad(casi todos los medios, la oposición, Periodistas de cartón) y en un punto pareciera que das por tierra con los hechos . Está perfecto que en tus post pongas en evidencia los lugares comunes por los cuales se induce al miedo, sin embargo, estas exageraciones cotidianas que ellos manifiestan no quitan que los hechos existan. Es ahí cuando veo que, por desmentir las exageraciones (con mucha lucidez) caes en la frívolidad de no dar cuota a ninguna consecuencia de esta realidad "un tanto vulnerable a la hora del delito" (mirá todas las pelotudeces que pongo entre comillas para no decir INSEGURIDAD). Cuando enumerás las preguntas capciosas de cualquier gil del canal 26 ¿esperás otra respuesta? digo, me la imagino a mi vieja y a cualquier madre, diciendo que su hijo es ésto y aquello, bueno, lindo, con una poronga de 15 pulgadas y bombero voluntario, por lo menos. Es sumamente válido y necesario que desenmascares día a día el lado demagógico e hipócrita de la situación, pero a veces metés todo lo que encontrás en la misma bolsa: que los medios potencien TODO, alteren la información y tiren cifras tendenciosas a cada rato no quita que, lamentablemente, hay un nivel de delincuencia considerablemete alto. Ahora bien, creo que siento tantan bronca como vos al ver que todos los hijos de puta opinen que hay que bajar la edad de imputabilidad, crear más carceles o tener mano dura. Te digo ésto y a la vez pienso en el picnic que se haría González Oro si viviera en mi barrio: dos menores muertos de un tiro en la cabeza en menos de un mes. Uno de ellos el famoso "hombre araña" (célebre por violar chicas trepando balcones) y el otro por robar un Kiosco con tanto infortunio que allí había un policía de civil... Hasta la vista. Digo, ésto pasó a menos de 70 metros de mi casa, y no te digo que es un country ni una villa, para establecer un paralelismo con mardel te diría que es un lugar tipo la perla, pero en La Plata. ¿para qué cito este caso? porque es un ejemplo válido para a) ver como, a partir de dos casos, todo un barrio se enfilalaría sin dudarlo a la baja de la imputabilidad (tendrías que escuchar los comentarios de esa gente, mamaaaaaaa) b) lamentablemente hay inseguridad, no a los niveles de estar en a facultad y que te chupen para siempre, pero hay. En fin, alguien dijo en tu blog, hace uno o dos post atrás, que hay un lugar muy pequeño en el cual situarse para no estar ni de un lado ni del otro, somos muchos los que queremos una butaca ahí.

Por último, sí, jode, recontra jode y duele que ahora un intento de robo sea tapa de un diario y 30.000 se fueron en silencio, desvaneciéndose.

Saludos

Hernán Galli dijo...

Eddie, de onda, me parece muy interesanete tu comentario, pero parece que primero halagás a quien vas a contrariar por "miedo" a que se enoje el contrariado. No estar de acuerdo con algo, como muy bien lo exponés, no significa menospreciar la calidad ni el contenido de lo criticado.
Y si me permitís, le agregaría a tu comentario que lo peor que le pasa a la inseguridad, es justamente la exageración, que le da de comer a los "puertas pentágono" (excelente observación), y que por otra parte, termina por poner en duda algo real, porque la violencia social existe y mucha.

COn la mejor onda.

Saludos!

eddie dijo...

Acepto la mejor onda, y en partes sí, es como si hiciera la crítica pidiendo permiso. Aunque bueno, cada vez que comento en este blog me hago un párrafo aparte para valorar los contenidos.
Lo único, no sé si la palabra es "miedo", sino que, creo, no soy quién para venir y pararme del otro lado como si dicrepara en todo, que de hecho no es así.
Fijate que todos tenemos eso de "suavizar", in fact, me aclaraste dos veces que iba con la mejor onda, cuestión que no dudo.
Saludos.

Cabro Gamarra dijo...

En el bar donde me embriago se dice que a Argentina la gobierna la gorda hace más de cien años, por tanto ustedes la tiene más difícil. Aquí en Chile bastaría con exiliar a los ladrones, o matarlos.
Promesa si matas a Menem, yo mato a Ricardo Lagos.

Martín Zariello dijo...

Tal vez en el post no lo desarrollo, es verdad, pero yo también entiendo que hay una gran cantidad de robos, etc. Lo que quiero marcar es justamente lo que vos decís, el uso que hacen los medios de eso (sin explicar, ni contextualizar) y también esa instalación constante de miedo, terror, etc. que, más allá de las paranoias pertinentes (si te afanan es probable que durante un tiempo estés mirando a los 4 costados cada un minuto) es exagerada. Saludos a todas, gracias x comentar!