Es que mientras él tenga pito y ella concha el concepto de amor es irremediablemente insostenible. Sin embargo a menudo amo a una muchacha con concha. Y, por decirlo de una manera sofisticada: aunque después me duela el cuello, se la podría chupar un buen rato. Soy capaz de hacer tantas cosas por amor. Inserte aquí un largo y conmovedor suspiro.
Enamorarse después de haber sufrido todas las patologías referidas al tema es como quedarte dormido mientras manejás. Hacés todo el esfuerzo posible para que no te suceda pero seguís transitando
Ya se fueron los que tienen la posta. Miren la forma en que manejan la posta. Contemplémoslos un rato. Quienes hacen malabares con sus problemas, quienes esquivan las balas, quienes se cogen el dolor de parados: manejan la posta como si fuera un yo-yo. ¿Cómo es que hacen esos tipos? ¿Acaso no darías todo lo que tenés por manejar la posta de la vida como ellos? Yo sí. Y acá entre nosotros no olvidemos que el tipo enamorado con experiencia es aquel que conoce la ruta pero no sabe manejar. Ni más ni menos: un pobre idiota que quiere armar un castillo de arena en el medio del Océano Pacífico. Pero terminémosla con los ejemplos, vayamos al grano de la voz.
Le pregunté a X, un personaje evolucionado de
-¿De qué umbral estás hablando?
-Vos sabés de lo que hablo.
-Eso es imposible.
-Scott Fitzgerald dice…
-¿Scott Fitzgerald?
-Scott Fitzgerald dice que cada persona tiene un caudal de emociones y que si uno las derrocha puede que deje de generar nuevas emociones.
-Scott Fitzgerald era un boludo. Y vos más boludo por prestarle atención.
¿Cómo se atreve alguien a decir algo así sobre Scott Fitzgerald? Después fumó. Fumó y miró en otra dirección. Preguntaba, insistentemente, cuándo llegaría L. Le voy a contar que ahora te juntás con Scott Fitzgerald, dijo.
-Sos tan cómico, ¿te puedo chupar la pija? Porque nunca en la puta vida imaginé que alguien podía decir semejante boludez. Sos gracioso y re gracioso. Como Woody Allen, Olmedo y Larry David juntos, boludo.
Y empezó su deriva, se perdió entre los mares de su lengua. Pero yo no lo escuchaba. La realidad mutó, entonces, a una película noir de los años 50. Quedé destrozado, en bancarrota emocional. Me rompió el corazón. Yo esperaba el día en que ya no fuera posible la innecesaria remake del amor.
“¿Te acuerdas del amor? Volvió en forma de fichas”.
X era mi única esperanza. Si él no pudo, ¿quién podrá ayudar a los chicos que nacimos con la sensibilidad a flor de piel? Debería haber pedido un whisky bien cargado, llamar a la camarera "baby", sufrir un repentino envejecimiento (arrugas alrededor de los ojos, canas en la sien), vestirme con un sobretodo negro, convertirme en un Raymond Chandler pocket y marplatense, algo bastante parecido al ridículo. A veces baja una oscuridad soberbia y se apodera de cada uno de mis actos. Mi cara se transfigura. Queda el cuerpo, inútil, boxeando contra las sombras de algo que debe ser
Es que, ¡iluso!, creí que X había traspasado el umbral de la suprema idiotez del amor. Pero no, como yo, es otro militante del pasado. Capaz de armar bombas mentales que explotan a las tres de la mañana y causan llamadas telefónicas repletas de ruido y de furia. Guerrilleros. Tipos a los que les hablan de Sierra Maestra y se cagan de la risa. Es más, me contó: El lunes me enamoré. ¡Qué manera estúpida de comenzar la semana! ¿No habría sido mejor morirse? Habló de una minita con polleras sensacionales, con swing al caminar, que fuma cigarrillos Marlboro. Este tipo está completamente loco, que saque turno con el psicólogo y se deje de joder. Pensar que era mi genio, mi único héroe en este lío.
Quiero aclarar algo: el que confunda al autor con el narrador, por decirlo, nuevamente, de una manera sofisticada: se la come.
Mis frases favoritas: Me voy a morir/ Acabemos con esta farsa/ ¿Y qué querés que le haga?/ Yo te avise/ ¿Qué hiciste qué?/ No, no y no.
Un día, hace ya muchos años, X me explicó el círculo de ribetes absurdos del escritor. El escritor, indudablemente, escribe para conseguir chicas, me dijo, pero la dinámica de su estrategia no es tan simple como parece. Casi siempre se trata de mujeres que necesitan ayuda psiquiátrica urgente. En un principio, esto le parece fascinante al escritor, que por más intelectual y profundo y genial que sea, también vio mucho cine y leyó mucha literatura y cree que las locas son más atractivas que las cuerdas. Después comprende que cayó en un error, que una loca, por ejemplo, te puede apuñalar, te puede armar el rompecabezas al revés, se puede ir con el primero que se le cruce y dejarte chupando un clavo. Finalmente, sobreviene la pelea: o es abandonado o todo termina sin que ninguno de los dos integrantes de la pareja se de cuenta ni se preocupe demasiado. Aquí ingresa la etapa tres del círculo: escribir sobre esa mujer. Porque, como dijo Henry Miller, la única manera de superar a una mujer es convertirla en literatura. Tres obstáculos separan esa máxima del simple mortal:
1) Tener una mujer.
2) Saber qué es la literatura.
3) Ser Henry Miller.
En fin. Siempre hay alguien que la tiene más grande. Siempre hay alguien que escribe mejor. Siempre hay alguien que es hermoso y viene a soplarte a la mujer amada. Siempre hay alguien que llega primero. No jodamos, no jodamos, por dios: la vida es espantosa. La vida es un cumpleaños eterno en el que no conocés a nadie y te quedás sentado y solo mientras todos bailan chamamé. ¡Chamamé, boludo! ¡Me pasó! El chamamé y la puta que los parió: ¿siempre tiene que aparecer algo que me recuerda que estoy en viaje perpetuo hacia las tinieblas? Creemos en la idea de "piso", pero es una abstracción, estamos parados arriba de una ola y no tenemos tabla. Además los paparulos odiamos el surf y no nos gusta ir a la playa y siempre seremos desterrados por pálidos en el Club de los Ganadores. No sé quién carajo será el encargado de todo esto, el Gerente Supremo del mal gusto, el Songwriter de la existencia, pero si está en algún lugar debe ser allá arriba, en la nube más acolchada tomando un trago. Y yo ahora mismo miro el techo, me arrodillo ante la nada y pido, por decirlo de una puta manera sofisticada, lo único que puede pedir un tipo razonable: ¡Piedad!
Y así es como van las cosas cuando no estás vos.






