jueves, 31 de agosto de 2017

Tester de violencia


En “Segunda vez”, un cuento de la última etapa de Cortázar (aparece en el flojo Alguien que anda por ahí, de 1977), una chica llamada María Elena debe concurrir a una dependencia pública para que le tomen los datos. El trasfondo es kafkiano: no sabe por qué la llaman y ni siquiera a qué Ministerio pertenece la dependencia. En la sala de espera conoce a Carlos, con quien fuma un cigarrillo y se pone a hablar de la vida. Carlos es llamado en primer lugar por las autoridades. Cuando le toca el turno a ella Carlos todavía no salió. María Elena entra a la oficina, ofrece sus datos y le dicen que debe volver dentro de un par de días. Al salir entiende que cuando ella entró Carlos ya no estaba ahí y la oficina tenía una sola puerta.

Los mejores cuentos de Cortázar funcionan en el vacío, en lo que no se dice. Cuando Cortázar quiere llenar ese vacío (algo que sucede a menudo a partir de Octaedro), arruina todo. Este cuento es casi como una letra de rock nacional: recrea el tema de los desaparecidos sin mencionar la palabra una sola vez.   

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Los “trolls de Marcos Peña” son una trampa que se tiende a sí mismo el kirchnerista/progre para evitar mirar de frente la verdad. Comparado con creer que realmente piensan así es una idea tranquilizadora suponer que quienes escriben barbaridades sobre Santiago Maldonado en Facebook o en los comentarios de Clarín están contratados para hacerlo, son sólo profesionales que desempeñan su trabajo. Pasaba lo mismo a la inversa durante el kirchnerismo pero en este país la memoria es como un Historial de Internet Explorer que se elimina en forma automática. 

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Los reclamos de los organismos de derechos humanos y la concientización sobre el tema en instituciones públicas son señalados por sus detractores como formas espurias de visibilizar el caso. En realidad, dicen, no están preocupados por Santiago Maldonado, están politizando, están haciendo campaña. De esta forma se da vuelta la tortilla de manera algo perversa: el escándalo no sería la desaparición de Maldonado sino el "adoctrinamiento" que sobre el caso han llevado a cabo docentes en distintos puntos del país.

La confusión entre “politizar” y “partidizar” a esta altura ya es consuetudinaria pero no por eso menos dolorosa. En principio nada puede ser politizado porque todo es político pero en caso de que haya resquicios de la vida humana que queden por fuera de lo político, ¿cómo si no es a través de lo político que debe asimilarse el caso de una persona que desaparece en medio de una represión de Gendarmería? ¿Qué disciplina debería hacerse cargo? ¿La gastronomía? ¿El ballet? ¿Animales Sueltos?

En cuanto a la idea de que la desaparición de Maldonado sirve para hacer campaña a menos de dos meses de las elecciones habría que preguntarse cuántos votantes de Cambiemos van a cambiar su voto, valga la redundancia, porque Maldonado no aparece. Es más, da toda la sensación de que los únicos que piensan eso son los votantes de Cambiemos. En todo caso es la hollywoodense demonización de los mapuches (con dramáticas apelaciones a una repentina guerrilla que asolaría el país y la usurpación del territorio nacional en manos de diabólicos chilenos) lo más similar a hacer campaña ya que activó un nacionalismo recalcitrante y rescató del sótano más oscuro del inconsciente colectivo el temor a lo “subversivo” justamente en la misma semana que se conoció la desaparición de Maldonado. Qué coincidencia, che.    

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Los rodeos del Gobierno en torno al paradero de Maldonado permiten experimentar la figura del desaparecido en tiempo real para varias generaciones de argentinos sub-35; de ahí proviene la consternación que provoca el caso. La desaparición de Julio López generó una respuesta similar pero en una época sin redes sociales (de todas maneras aquella vez la responsabilidad del gobierno, para nada menor, fue no otorgarle la protección necesaria al testigo, algo muy diferente a lo que se sospecha que sucedió con Maldonado). No importa cuántos volúmenes de La Voluntad hayas llegado a leer o cuántas veces hayas escuchado “Canción de Alicia en el país”, para entenderlo hay que sentirlo en el presente.

En el terreno social tal vez lo más perverso de una “desaparición” es que en su ambivalencia (“no está ni vivo ni muerto”) genera un sinfín de hipotéticas y desconsideradas historias sobre los probables destinos de la víctima. Incluso quienes aceptan la posibilidad de que haya sido “chupado” recriminan a la víctima haberse metido donde no lo llamaron. Se construye entonces una fábula cuya respectiva moraleja entraña un claro ejemplo de disciplinamiento ideológico. El Physique du rol y la filosofía de vida de Maldonado (hippie, artesano, viajero), a su vez, lo convierten en un nuevo tester de violencia para la sociedad argentina.   

La multiplicación de narraciones contradictorias (hábilmente difundidas por el Gobierno y los medios aliados) infunde en la opinión pública la incertidumbre sobre la veracidad de los hechos: “¿Y si aparece?”. Aunque en este país desde chiquitos nos hayan dicho lo contrario es mejor “quedar como un boludo” que ser una mala persona. Sin comillas. Sayonara.  


13 comentarios:

Maleazul dijo...

muy bueno!

Anónimo dijo...

Colegio en una localidad de Buenos Aires. Docente de historia explica el miércoles en clase de manera breve el caso Maldonado. Algunos padres lo amenazan con acciones judiciales y lo llama la directora y le dice "La educación debe ser neutral y aséptica".
Docente contesta "¿Fue aséptica cuando este año trajo el ejército a la escuela buscando que los chicos se anoten cuando egresen? ¿Es aséptica cuando les insiste para que se anoten en la catequesis familiar?
Nada, tenía ganas de contarlo.

Muy bueno el post Corvino, abrazo.

Cine Braille dijo...

El problema con la memoria histórica con fecha de vencimiento es que recuperarla tiene costos altísimos: ya no tenemos a mano a Santiago Maldonado para atestiguar lo que significa que gobierne la gente que nos gobierna.
Este tema es un enorme desenmascarador de malos bichos y boludos.
Saludos

Anónimo dijo...

Qué sutil decir "desaparece en medio de una represión de Gendarmería" para no decir "lo desapareció la Gendarmería". O para decirlo sin decirlo.

Corvino dijo...

Fijate que todo el párrafo (por lo menos desde "en caso de que..." hasta "¿Animales sueltos?") tiene un tono irónico, por eso escribí eso. Igual no entendí si el comentario era para bardearme o para admirar la sutileza (si fue lo segundo sonó ironico, en fin, onda "sos un pecho frio que no se anima a decir que se lo llevó gendarmería" cuando todo el post es sobre eso; tampoco es que crea que escribo con sutilezas). Estamos muy susceptibles o por lo menos yo lo estoy, no sé. Saludos.

Pedro M dijo...

La policía del bien, la policía del mal. Hoy nos preguntábamos que opinaría Santiago Maldonado de todo esto. La gendarmerìa nos robó la respuesta pero nos dio la oportunidad de hacernos la pregunta.

rocky k dijo...

sería interesante conocer cómo debería ser planteada o descripta la situación según tu buen saber y entender, anónimo.
Música, maestro...

Murat dijo...

Excelente texto.... En estos tiempos de violencia envasada al vacio....

Leandro Ariel Rodriguez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

La experimentación de la figura del desaparecido en tiempo real a partir de esta situación es, como mínimo, una exageración. O un deseo morboso de vivir tiempos hostiles y sobrevivirlos con épica.
Más parecido me suena a aquello me resulta el video en el cual el Sebin se lleva de su casa al alcalde Ledesma.
Esto es, en el peor de los casos, un hecho de brutalidad de las fuerzas de seguridad, como hubo cientos en estos años sin que nadie dijera que Alfonsín es la dictadura, Menem es la dictadura, Kirchner es la dictadura, etc.

rocky k dijo...

no, anónimo, el paralelo es muy acertado.
Está DESAPARECIDO. No se sabe si muerto o vivo, pero no está.
Y ésa es una diferencia con los muchos casos similares de la democracia, y que son muchos, demasiados. (Y Macri no es la dictadura, pero es evidente que no tiene ningún tipo de sensibilidad ni de interés por todo lo relativo a los DDHH; es más, no sabe qué significan, directamente. Y Macri no es Noceti, aunque tengan muchas coincidencias ideológicas.).

Y una diferencia esencial es que este pibe DESAPARECIÓ en el medio de un operativo de gendarmería. Y no se sabe nada de él. A Fuentealba lo mataron y quedó en medio de la ruta en medio de una movilización. A Kosteki, también. Es decir, se sabe qué pasó con ellos.
¿Dónde está Santiago Maldonado?

rocky k dijo...

Kosteki y Santillán

rocky k dijo...

Y la "dosificación" que está haciendo el gobierno de la 'investigación' desde el inicio es un PAPELÓN escandaloso.
Al mejor estilo Nisman.
Pero a Nisman lo enterraron sus familiares.