domingo, 9 de diciembre de 2018

La corrida más estúpida y memorable de todos los tiempos



Para F.F

No me podía dormir  y soñé que Gallardo inventaba una táctica insuperable. Era un 3-3-3-3. Me desperté feliz pero al segundo me di cuenta que no se puede salir a la cancha con trece jugadores.

Al mediodía tengo asado en la casa de mis viejos. No tengo apetito. Pruebo un pedazo de vacío y es como si me hubiese comido un extraterrestre. Mi viejo me da una pastilla y me siento en el sillón. Parezco Diego en el entretiempo de Argentina y Nigeria. Cambio de canal porque la previa es insoportable: están hablando de qué shampoo usa Wanchope. En el contexto de la mesa de Mirtha Legrand, Brenda Asnicar es Eva Perón.

Empieza el partido. Desde el principio me doy cuenta que no es una buena tarde/noche para River. No hace pie en el mediocampo. Ponzio y Enzo Pérez se equivocan en los pases. Pratto está muy aislado. El Pity intenta desbordar y no puede. Boca se dedica a esperar, consciente de que es inferior a nivel equipo pero que tiene mejores jugadores de ataque.

Llega el gol de Boca. Ahí algo se rompe en mi forma de asimilar el mundo. Todo es confuso y caótico, como una novela de Faulkner. No sé lo que sucede pero lo que sucede es espantoso. Para coronar, Benedetto festeja con cara de velociraptor.

Termina el primer tiempo y decido volver a mi departamento. Mi vieja no entiende nada. Yo tampoco. ¿Te llamo un remis?, me dice (vivo a treinta cuadras). No, voy  caminando, miento, pensando que voy a conseguir un taxi.

Salgo a la calle. Llovió y me resbalo porque me puse unas zapatillas que me compré en el 2015 y tienen la suela gastada. Empiezo a caminar por la calle y casi me pisa un auto. Adentro reconozco camisetas de Boca y quienes las llevan me miran con la cara de velociraptor de Benedetto. Es como esa escena del bebé diabólico de La pasión de Cristo de Mel Gibson.

Decido cruzar por el medio la Plaza Mitre para llegar más rápido. No hay nadie. Solo una madre y su hijo jugando en las hamacas. Me gustaría ser ese niño. O esa madre. Me gustaría no estar protagonizando este cuento de un mal imitador de Fontanarrosa. Entro a un kiosco y compro dos latas de Coca Cola. La señora que atiende hace todo con una calma zen que comienza a desesperarme.  Le dejo cien pesos arriba del mostrador y salgo. Está loco, escucho que murmura.

Sigo por Falucho, veo la hora: ya son las cinco y media, empezó el segundo tiempo. Empiezo a caminar con más velocidad pero las piernas no me responden. Estoy contracturado. Soy un idiota. Escucho que alguien grita “Gol”. Llamo a mi novia preguntando quién hizo el gol. Al parecer nadie hizo el gol, fue un forro que me vio caminando rápido y quería que sufriera más.

Lentamente, sin quererlo, empiezo a trotar. Unos viejitos desde la vidriera de un geriátrico me miran con tristeza. Recuerdo la cara de Benedetto y corro. Siempre fue gracioso que un tipo alto, flaco y sedentario corra pero hoy lo es más que nunca. Pasan unos amigos con la camiseta de Boca. Se ríen. Llevan bizcochos y facturas para ver el segundo tiempo. Tengo ganas de putearlos, porque además deben haber votado a Macri, pero por suerte me reprimo: eran de esos tipos con corte de pelo a la moda, tatuajes y músculos de gimnasio. Me iban a cagar a trompadas. Además no me habían dicho nada, sólo eran felices y yo no.    

Llegando a Tucumán detengo mi corrida patética y decido no ver el partido. Ya está, me digo. No puede ser que el fútbol me convierta en un ser tan despreciable. Si el género es una construcción cultural, me digo, ¿qué mierda significa ser hincha de un Club? No vale la pena sufrir por 22 multimillonarios. No quiero ser hablado por el capitalismo. Camino lento un par de pasos pero en vez de recordar la cara de Benedetto, me acuerdo de Astrada y Hernán Díaz. De Medina Bello y de la Bruja Berti. Me acuerdo de cosas que no viví: de La Máquina, de los 18 años sin salir campeones. Me acuerdo de cuando nos fuimos a la B, de Enzo Francescoli, el jugador más spinetteano, de Aimar y de Orteguita. Hasta me acuerdo de Ramón Díaz, al que nunca quise, y empiezo a correr otra vez, ahora desesperadamente, como Forrest Gump, película que estaban pasando en Canal 13 después de Mirtha. Nunca sabés qué te va a tocar en la caja de bombones, ¿no, Forrest?, capaz que se lo damos vuelta.   

Llego casi sin fuerzas al ascensor. Diez pisos. ¿Para qué mierda me mudé a un décimo piso? Tarda una eternidad en pasar del cuarto al quinto. Si me estuviese cagando hubiese sido menos dramático.

Al entrar al departamento recuerdo por qué me quedé a ver el partido en lo de mis viejos, si a mí me gusta ver los partidos solo como loco malo: no tengo cable. Surfeo en los laberintos llenos de spam de Internet.

Consigo un streaming en HD. Me perdí los primeros quince minutos. Parece Rayo Vallecano vs. Boca de Galicia: es una transmisión de la televisión española. De pronto escucho un acento conocido. Es Valdano. Es el fucking Valdano, el intelectual más grande que salió de una cancha de fútbol, el tipo que antes de Argentina vs. Inglaterra en el 86 dijo: “Este es el partido para que se confundan los imbéciles”. Y siento en carne propia cómo es ser un imbécil que se confundió.

La narrativa española me tranquiliza. Se ríen de la rusticidad del juego. Valdano cada tanto manda genialidades:

“Hay partidos que duran días, hay partidos que duran meses, hay partidos que duran años. Éste es uno de esos partidos”

Valdano entiende la carga histórica del partido en tiempo real. Es Borges. Es Jorge Luis Valdano. Quintero, que (creo) entró por Ponzio y la está rompiendo, le pega de media distancia y la manda a la tribuna. Valdano explica: “Respeto a los jugadores que hacen cosas extrañas en los últimos veinticinco metros de la cancha”. Yo también, le respondo al monitor. 

Si los justificados anti fútbol supieran que, además del negocio, los barrabravas, la xenofobia y la homofobia, existe Valdano, no odiarían tanto este deporte de mierda.  

De repente hace el gol Pratto. Es una jugada de otro partido. Lo grito al borde del desmayo. Empiezo a toser, casi vomito el extraterrestre que me comí a las dos de la tarde. River se planta bien en la cancha. Es el equipo de Gallardo. Un equipo de lujo que combina el buen gusto tradicional de la banda roja con una personalidad para afrontar partidos difíciles pocas veces vista en este Club.

Pero River se queda y Boca, con más entusiasmo que ideas, vuelve a equilibrar el partido. Tevez en el banco me recuerda al 2004 y me tapo la cara y los oídos, no sólo porque imagino escenas de terror en los próximos minutos, sino porque el gol de Pratto me lo anunciaron con un par de segundos de anterioridad mis vecinos: el streaming viene con delay y si hay gol de Boca, no quiero morir dos veces.

El suplementario es algo que sin dudas sucede en el plano metafísico. Los jugadores están entre desbordados y hechos mierda. La pelota vuela por los aires. River tiene más claridad pero en frente está Boca que, por decirlo de una manera sofisticada, está acostumbrado a ganar clásicos con el orto más que con las piernas. Puede pasar cualquiera cosa. Los relatores españoles siguen cagándose de risa pero ya no me calman. Valdano lanza carcajadas histéricas, impropias de él, debe sentir lo que Borges cuando vio el Aleph, pero éste es el Aleph engordado.  

Lo echan a Barrios al toque. No hay nada más improductivo que tener un jugador de más en un clásico: te dejan la épica servida. El superclásico más bizarro de la historia se convierte en la lucha simbólica eterna: River, enarbolando las banderas de Apolo, intentando jugar por abajo con Enzo Pérez, Quintero y Pity a la vanguardia; y Boca, el equipo de Dioniso, haciendo todo bien menos jugar al fútbol, por supuesto.

Después del golazo de Quintero pierdo la linealidad temporal. No sé bien si fue antes o después de que se rompiera el pobre Gago. La emoción me lleva a ser piadoso. El arquero de Boca se la juega antes de tiempo y River se pierde el tercero tantas veces que se impone esa vieja máxima que atraviesa las décadas: “Los goles que no se hacen en el arco rival, se pagan en el propio”. Y a punto está de cumplirse la ley cuando Jara, sí, creo que es Jara, encuentra una pelota boyando en el borde del área, pero pega en el palo. Y ahí, recién ahí, cuando entiendo que además de jugar mejor, tenemos la suerte que tuvo Boca desde que Latorre nos dio vuelta un 3-1 en 1991, siento que River va a ganar la Copa Libertadores.   

El Pity marca el tres a uno con el arco solo. Termina el partido. Busco en Youtube el himno de River de Copani y lo canto a viva voz, como un demente. Tengo las ventanas abiertas y se escuchan bocinazos. La vecina sube la persiana y me mira. “Disculpe”, le digo. No sé si me disculpa, creo que estaba durmiendo.

En la cancha le hacen una nota a Francescoli, está emocionado. Enzo Francescoli está emocionado y yo también me emociono con él. En el Santiago Bernabéu suena la parte de “Dale alegría a mi corazón” cantado por el hincha de River más hermoso del mundo: Luis Alberto Spinetta. Llamo a mi viejo, de quien no me despedí cuando salí de mi casa en la corrida más estúpida y memorable de todos los tiempos. No sé bien qué decirle, no tiene sentido comentar el partido ni explicar por qué me fui cuando terminó el primer tiempo, así que recurro al lugar común y a la literatura barata, que tantas veces se parece a la vida: “Che, pa, gracias por hacerme de River”.    

24 comentarios:

Ricardo Finochietto dijo...

Que alegria indescriptible, Martin. Gracias.

Guido dijo...

Corvino querido, amigo a la distancia, que alegría total. Abrazo enorme

Alejo Salem dijo...

Gracias por tanto de nuevo, Zariello querido. Gran abrazo.

Cine Braille dijo...

La corrida de Cuevas contra Racing en 2002, la de Pedro González contra Boca en 1977. Abrazo.

Gustavo Pereyra dijo...

Grande Corvino!

Pedro dijo...

Apolo y Dionisio. Un detalle que me pareció particularmente de buen gusto fue el del penal no cobrado a Pratto en el 50' casi; un penal claro que ponía el empate y que cobraron inexplicablemente como falta en ataque, sin siquiera relojear el Var. Lo tuvo todo este partido, quiero decir: incluso ese detalle, esa doble validación de la victoria, como para no dejarle a los bosteros ni siquiera la excusa de llorar un arbitraje desfavorable. A veces las cosas salen bien y uno, que es un quejoso, se sorprende: el mundo parece, por un rato, un lugar equilibrado, comprensible, un poco menos hijo de puta. Un lugar en el que el bien triunfa al fin, la verdad es reconocida, los feos son aislados y sometidos a escarnio.. Lo que todavía no entiendo es por qué se tuvo que jugar el partido, el más importante de la historia del fútbol argentino, uno de los momentos más merecidamente nuestros, en otro continente. Tal vez tenga algún sentido ético y a alguno le parezca perfecto. A mi me duele y me empaña la alegría a un nivel muy interno. Porque si es como dice el ingeniero y el fútbol da revancha, esa nos la quedan debiendo, la puta que los parió.

Gerardo Fernández dijo...

Gracias, Martín, gracias

Esteban dijo...

Que a un cancherito como benedetto, por una vez se le vuelvan las cosas en contra, es un acto de justicia divina. No podia ser el heroe de la final un tipo asi.

Grande Corvino, me hiciste emocionar. Vamos River carajo!!!

F.F, dijo...

Está dedicado a Federico Falco, por casualidad?

Anónimo dijo...

En vos esperaba solo conmoverte con cuentos de Fontanarrosa y comentarios de Valdano. Mas alla de anteriores post sobre futbol, te hacia militante de la maxima Zabaleta "cuatro opas discutiendo un Boca - River"... Menos mal que la blableta pre y post partido en las transmisiones no te la bancas. Por eso me soprendio el estado catatonico tuyo previo al partido... Desaprovechar un asado por un bocariver...

Federico dijo...

los feos son aislados y sometidos a escarnio dicen arriba. Ah bue

Anónimo dijo...

"el mundo parece, por un rato, un lugar equilibrado, comprensible, un poco menos hijo de puta. Un lugar en el que el bien triunfa al fin, la verdad es reconocida, los feos son aislados y sometidos a escarnio"
Pedro reivindicando su tilinguería y su fascismo en un puñado de palabras

hablando de eso(?), vieron que la moda del feminismo sigue atacando y exponiendo violadores? estas feminazis. cómo está cambiando el miedo. cuando le toque a su dios García (si le toca, porque está muy cubierto y avalado por el silencio cómplice de ustedes y millones más), qué van a hacer? van a pedir disculpas como Mariano Martínez y Estevanez? van a escribir libros? van a llorar? van a mirar a los ojos a sus novias? a sus hijas?

para que el cuentito de la deconstrucción sea creíble tenés que hacerte cargo de la mierda que avalás, encubrís y sostenés, Corvino. Darthes también es García

Mauro dijo...

Hay que separar la obra del artista. Sino nos perdemos a borges, flaubert y tantos otros. Yo te pregunto, anonimo de arriba: si mañana descubris que el tipo que ideo la vacuna contra la hepatitis fuera un pederasta¿ deberiamos por eso dejar de aplicarnos la dosis? La respuesta es no. Si uno escucha la obra de garcia no es para hacerle un favor a charly . La escuchamos porque nos hace bien a nosotros esa musica, no a el.

Mauro dijo...

Tambien creo que con ese tono inquisitorial que usas no le haces ningun favor a la causa que defendes. Todos en algun momento caimos en una conducta machista, tanto hombre como mujeres. No estoy defendiendo a darthes con esto. El tipo tiene que ir en cana y pagar por lo que hizo. Pero andar señalando con el dedo a un chabon porque le gusta charly como artista con ese nivel de indignacion, pedirle a un tipo que se haga cargo de que otro violo ,me parece mucho. En todo caso, creo que todos debemos hacernos cargo, no solo por eso, hay tipos que nacieron en una villa y se cagaron de hambre toda su vida . Pero yo no voy a salir a gritarte que es tu culpa,que te hagas cargo porque tenes el privilegio de estar escribiendo en internet cuando hay gente que se muere de hambre mientras vos no haces nada.

Anónimo dijo...

Mauro mordió el anzuelo.

Anónimo dijo...

Uh, cagamos, volvio lalo.

Anónimo dijo...

Llego tarde Corvi, pero gracias loco. Como mi viejo me hablaba de Amadeo, Walter Gómez y Labruna, quizás algún dia yo lo hable a mi nietx del Pity, Juan Fernando o Ponzio.
Estoy viendo al mejor River de mi historia.

Un abrazo como de Gallardo y Armani, el hijo de Arrostito.

Pedro dijo...

Corvino del 1 al 10 cuánto dirías que te cooptó el macrismo

Franco Ponce dijo...

Estoy pasando un momento jodido y al leer esto me puse a llorar desconsoladamente, abrazo riverplantense y gracias por este hermoso relato.

Anónimo dijo...

Che, pa, gracias por hacerme del Al Ain...

Unknown dijo...

Corvi, leerte es adictivo

Santiago Bernabeu dijo...

El problema no es haber perdido contra el equipo árabe, el problema es haber renunciado a pensar que la gloria es mucho más que ganarle el clásico a Boca, más allá de que haya sido una final de Copa.
Los equipos latinoamericanos en algún momento le ganaban a los europeos-Real Madrid, después pasaron a hacerles partido, y ahora estaremos hablando de si tenemos la dicha de acceder a jugarles un partido. Es triste, pero con este chiquitaje Boca te va enrostrar que fueron campeones del mundo por siempre.

Anónimo dijo...

grande, Zariello. Lentamente vamos a la corriente mainstream

Anónimo dijo...

https://uk.radiocut.fm/audiocut/martin-zariello-spaguetti-del-rock/?adredirect=0#evtCat=AppAd&evtAct=Cut&evtLabel=NoThanks

grande, Zariello. Lentamente mainstream, pero Nac & Pop