domingo, 30 de agosto de 2009

Ley de control de medios KK

El debate sobre una nueva ley de radiodifusión es una cuenta pendiente de la democracia. A nadie le cabe duda. Sólo un trasnochado podría oponerse. Después de 25 años de gobiernos constitucionales, mantener las normas de regularización de medios propulsada por la última dictadura militar es una desvergüenza. La misma que tuvieron los políticos que por tantos años la mantuvieron. La misma que tiene el gobierno que quiere cambiarla.

¿Con qué objetivos, de un día para otro, se quiere borrar de un plumazo lo que se mantuvo durante tantos años? Como ya se ha dicho, el marco estructural que establece la ley vigente es inaceptable, pero mucho más inaceptable y deshonroso es el accionar del gobierno. ¿Cómo calificar entonces desde la legítima defensa del periodismo libre la entendible medida de un gobierno inaceptable? No aceptándola.

Con la misma compulsión intempestiva con la que han destruido el noble material del que estaban hechas las instituciones del país, ahora quieren destruir el material del que está hecha la ley de radiodifusión. Material putrefacto, es cierto, material soez, escandaloso y que ofende a todos aquellos que hacemos periodismo independiente al punto de enojarnos muchísimo si alguien nos dijera que comemos gracias a él, pero material al fin.

Un material que debería ser alterado, sí, que debería ser, incluso, totalmente arrasado si es que se respeta un marco democrático, de "pluralidad" y "desconcentración", pero material sustentable, confiable, contable y sonante. ¿Nuestra casa es la soñada? ¿Acaso tiene todos los cuartos, todos los baños, todas las comodidades que quisiéramos tener? Seguramente no. Muy bien, ¿usted estaría dispuesto a tirarla abajo para construir otra? Ésa es la disyuntiva de carácter extorsivo a la que nos somete el gobierno. Ésa es la disyuntiva a la que no dejaremos someternos.

Ya estamos cansados. Y sabemos que compartimos ese cansancio con el empresario, harto de los aprietes. Con el ama de casa, harta de las subas de precio. Con el ilustre chacarero, harto de hacer paros para que se le reconozca lo que es suyo. Con el distinguido ex suboficial, harto de que lo retrotraigan a cuestiones pasadas muy dolorosas para todos los argentinos. Con el ecuánime obispo, harto de que se lo reprima por elaborar crudas radiografías sobre el país profundo que a todos nos duele y a los poderosos parece no importarles.

Pero a esta altura del debate hay preguntas que se hacen insoslayables, ¿no es cierto? Si, es cierto. Una de ellas (quizás la más importante) es si es necesaria una nueva ley de radiodifusión. La respuesta, nuevamente, no deja lugar a dudas: por supuesto.

¿Queremos una nueva ley de radiodifusión? Más que nada.

¿Hay algún sector de los medios de comunicación que no apoye este debate? Ninguno.

¿Desde que punto de vista alguien comprometido con la democracia puede respaldar una ley de la dictadura y pedir que el tratamiento de un cambio de la misma se postergue unos meses? Pues si el periodismo necesita de la libertad para ser ejercido y las dictaduras la cercenan, se trata de un punto de vista por lo menos obtuso.

Entonces, ¿apoyarán los grandes medios de comunicación la iniciativa expresada por la presidente el jueves último? De ninguna manera.

Lo que molesta es la impotencia para controlar y manipular los medios. En su afiebrado razonamiento, el kirchnerismo nos quiere hacer creer que somos los medios los que manipulamos y controlamos a diestra y siniestra. O a “troche y moche”, como dirían en el barrio.

Lecturas perimidas en todos los países del mundo, aquí son moneda corriente. No prestán atención a la moraleja histórica (inamovible, eterna, duradera): Perón ganó con todos los medios en contra y se fue con todos los medios a favor. Y eso es así. Y siempre se va a repetir y se terminó la discusión. Y los gobiernos que se fueron antes de terminar su mandato con una ayudita de los medios de comunicación son excepciones. Y como tales no deben ser tenidos en cuenta. Y si cada tanto se advierte cierta parcialidad, cierta tendencia a, como quien diría, cargar las tintas sobre las más mínimas idioteces del gobierno e idealizar y, por qué no, endiosar y enfiestar con desenfreno los movimientos de los dirigentes opositores, es porque sabemos que los gobiernos que tienen los medios en contra no caen, porque sabemos que los medios de comunicación no influencian ni un poco, ni un poquito, a sus receptores. No señor, nada. ¿Usted creía que formábamos opinión, que a través de nuestras proyecciones discursivas podíamos constituir algún tipo de testimonio vendido como la "verdad" o la "realidad"? Usted estaba equivocado, no servimos para nada nosotros.

Esto que usted está leyendo no tiene ningún grado de llegada a su mente, su mente es libre de pensar lo que quiere. No hay ninguna segunda intención en lo que escribo. De otra forma no lo repetiría.

Mire como lo repito, lea con atención (si es necesario en voz alta): ninguna mala intención, ninguna mala intención, no quiero convencerlo de nada, sólo escribo y no tengo malas intenciones, no tengo malas intenciones como el gobierno.

Periodismo sin mala intención, periodismo independiente, gobierno autoritario, gobierno controlador.

No estoy utilizando ninguna estrategia rara para que usted se convenza de algo: yo no tengo intención alguna, soy un ente imparcial y objetivo, usted es libre de pensar lo que quiera y el gobierno es malo.

Como decía, no quieren que haya malas noticias. No lo soportan. Así es el poder. Así, lo están viendo en su descarnado proceder. Lo están viendo arrastrándose pero aún decidido a hacer daño. Es el Poder. Mírenlo, ahí está. ¿No les da pena? No por él, claro (el Poder), sino porque se está involucrando a todo el país en una lucha sin cuartel de la que no sabemos cuál será el final.

¿Desde cuándo en la política el que no es amigo es enemigo? Dudosa originalidad que deberemos atribuirle a los Kirchner.

No permiten ser cuestionados y por consecuencia imponen el miedo intentando silenciar a la prensa a través de la censura. Usted dirá que todo el día y a toda hora hay malas noticias que involucran a funcionarios del gobierno. Que los periodistas censurados realizan tours por los medios gritando a los cuatro vientos que no pueden aparecer en los medios. Yo le diré que tampoco es para tanto.

Usted dirá que algunos medios construyen la información de modo tendencioso. Yo le diré: es valor fundamental del periodista interpretar. ¡Nos podrán quitar todo, pero no el derecho a interpretar!

Usted dirá que son interpretaciones malintencionadas, interpretaciones que responden a ciertos intereses económicos. Yo le diré que es cierto, que en una sociedad moderna y realista los medios responden a ciertos intereses económicos y esos intereses económicos le dan sustentabilidad económica (valga la redundancia) a los medios y en base a ellos interpretan. Y eso tiene un nombre, tan mancillado en la Argentina pero que defenderemos a capa y espada: libertad.

Y si yo interpreto que la nueva ley de medios audiovisuales se llama “Ley de control de medios K” se llama así, macho.

¿Y sabe por qué puedo? Porque formo parte de un medio independiente. Y es más, si le quiero agregar una K para que la repetición de la letra conforme el morfema “caca” lo hago. Si, señor: “Ley de Control de Medios Caca”.

Y antes de que esto se lea como un exabrupto podemos explicarlo: ¿Qué es la “caca”? Usualmente, en la vida diaria, ¿a qué se denomina “caca”? A la mierda, a las excreciones del cuerpo humano o animal. O, en su defecto, a lo que huele a mierda.

Por ejemplo, ¿qué es lo que pensamos cuando movilizándonos por una avenida somos condicionados por un grupo de manifestantes? “Esto es una mierda”.

¿Y qué es lo que pensamos cuando Moreno difunde los datos inflacionarios a principio de mes? “Este es un país de mierda”.

¿Y qué es lo que pensamos cuando advertimos que día a día se estatizan sectores privados y nos chavizamos a más no poder? “Este país se va a la mierda”.

¿Y qué es lo que se nos ocurre automáticamente cuando comparamos el modelo productivo de Lula con el modelo involutivo de Cristina? “Esta presidente es una mierda”.

Cuatro ejemplos, entonces, simples, sencillos, verificables, a la vista de todos, sin ningún tipo de “mala intención”, del habla coloquial, del término “mierda”. Término que, como habíamos dicho, equivale a caca. ¿Y quién puede negar que esta supuesta ley de medios audiovisuales huele a caca? ¿Y quién puede negar que no es un interesante efecto periodístico de interpretación aprovechar la inicial del apellido del ex presidente en funciones para expresar lo que él significa para la parte de la sociedad que no es esclavizada a través del clientelismo? Nadie.

Conclusión: la ley de radiodifusión debe ser removida por una propuesta que la supere. De calidad democrática. De solidez institucional. Eso, igual que nuestra posición al respecto, está clarísimo y no deja lugar a ambigüedades. Pero nos negamos a que se remueva. Muchas gracias.

domingo, 23 de agosto de 2009

¿Where is my River?

Desde ya el agradecimiento eterno al gobierno nacional y popular distribuyendo bienestar a diestra y siniestra (es decir, fútbol) para que la sociedad no necesite de drogas o alcohol o cualquier otro flagelo para atrofiarse la mente. Se ha comprobado científicamente que después de tres o cuatro horas de Campeonato Apertura el funcionamiento cerebral se detiene en una meseta de ineptitud similar a la que ostentan día a día las conductoras de Mañaneras. También se reconocen los extraordinarios (por fuera de lo común) y anti-sintácticos comentarios del Beto Alonso, con los contiguos subtítulos de Alejandro Apo, que no bien el astro riverplatense enuncia una “frase”, se apresta a decir: “Lo que quiso decir el Beto es…”, temeroso de que el televidente entre en estado de shock al comprobar que hay un intérprete del deporte del balompié más inexacto que Macaya Márquez. Mientras tanto, se esperan en las próximas semanas numerosos proyectos opositores y una denuncia de Ricardo Monner Sans rechazando de plano la vuelta de los muertos vivos Marcelo Araujo y Julio Ricardo, por considerárselos anticonstitucionales y ajenos al normal cauce de las instituciones. En el plano futbolístico, nos ocupa nuevamente el Club Atlético River Plate en su definitiva transición hacia la nada. A una línea de fondo en verdad “rivertídisima”, con despejes realmente locos, llegadas a destiempo y faltas por doquier (Cabral, ese misterio de la Humanidad comparable a Mike Amigorena, es el paradigma total de estas características), se agrega ahora a la estructura defensiva un jugador que desde su apellido promete cohesionar a la perfección con su nuevo entorno: Paniagua, supuesto número 5 de fuste que inmediatamente, luego de tocar la primera pelota, demostró todas sus condiciones: la falta de marca para un jugador de su puesto, la lentitud, el desconcierto. Paraguayo de nacimiento, el ilustre Paniagua se destaca como un acierto de la dirigencia para que la hinchada de Nuñez ejerza su clásica xenofobia (“Paraguayo muerto de hambre, volvete a tu país”, comienzan a practicar los habitúes de la San Martín) en los partidos lindantes con el horror que ya van a venir. Si tenemos en cuenta la performance de hoy, un 2 a 0 con Banfield de visitante no es un mal resultado… Pero como dijo el nacido en el 63’: “¿Quién dijo que todo está perdido? Almeyda viene a ofrecer su corazón”. Y si vuelve el oriundo de Azul con 35 años, cuatro de inactividad e importante raye existencial, me dispongo ya mismo a concebir una breve lista de refuerzos, nombres, todos ellos, representantes de la gloria que envolvió al club millonario en los maravillosos 90’:

-Javier Zeoli.
-“Carucha” Corti.
-Hernán Maisterra.
-García Aspe.
-Esnaider.

No mucho más para decir. Me ilusiona, eso sí, el futuro de Ortega y Gallardo, dos jugadores del semillero que de mantener cierta regularidad los próximos años pueden convertirse en serios referentes del plantel. Se paga abundante dinero para conocer el paradero de Robert Flores. Por último: ¡Memoria y Justicia: no nos olvidemos de Danilo Gerlo!

viernes, 21 de agosto de 2009

Verdades

Ahora que Matías Almeyda vuelve a River después de pasar por importantes y competitivas ligas (el Showbol y el Súper 8), el equipo de Nuñez se consolida como un serio candidato al título.

Ahora que todos podemos ver gratis los partidos de fútbol sí que hay justicia social en la Argentina.

Qué atinada la presidenta al comparar el secuestro de goles al que nos sometía T y C con las desapariciones en la última dictadura militar. Casi tanto como la de Fontevecchia con los números del Indec.

Sin dudas a los que vomitamos con la oposición y el tratamiento tendencioso de los medios de comunicación y en las discusiones cotidianas terminamos defendiendo al gobierno nos agradó muchísimo ver ayer a Cristina, Maradona y Grondona cantando el Himno Nacional.

Sin dudas la noche de entrega de los premios Martín Fierro (un sofisticado espacio cultural de escasa frivolidad donde se premia a figuras de la talla de Mike Amigorena y Mirtha Legrand) es el lugar adecuado para que Magdalena Ruiz Guiñazú (como otrora hiciera el censurado Jorge Lanata) reprenda a la presidenta por hablar de “fusilamientos mediáticos”.

Sin dudas es muy doloroso ver a un empresario como Marcelo Bombau dando lástima por los canales de televisión.

La incesante lucha de los usuarios para que los teléfonos celulares no suban de precio demuestra que no todo está perdido en la Argentina, que hay personas que se ocupan de las cosas verdaderamente importantes y que aún hay lugar para Quijotes que se rebelan contra las injusticias del sistema.

Ahora que se prorrogan las facultades delegadas sí que el país no tiene futuro y vamos a tener que explicarles a nuestros hijos, nietos, bisnietos y tataranietos por qué dejamos que el Ejecutivo fije algo de suma importancia para el porvenir de cada uno de nosotros como el índice de retenciones para la soja.

Es adecuado el argumento de quienes defienden la inocencia de Callejeros: el público de todas las bandas de rock acostumbraba a encender bengalas durante los recitales. Si lo hacen todos, nadie debe pagar. Es como si apresaran a alguien que corriendo una picada con su automóvil atropella a un transeúnte: está mal, es cierto, pero ¿por qué debería pagar uno solo por lo que hacen todos? Que no se condene a nadie y listo.

Nadie en su sano juicio puede imaginar que el disco de Jorge Serrano es calificado como una genialidad por los críticos de rock porque la posmodernidad glorifica todo aquello que alguna vez fue considerado precario en vistas de una indiferencia e igualación general que le permita hacer o decir estupideces a cualquiera sin que nadie lo advierta.

Nadie en su sano juicio puede cuestionar o siquiera dudar del nivel creativo que el periodista Mario Mactas ostenta día a día en TN en su columna “El toque Mactas”.

Nadie puede acusar a Nelson Castro de facilismo, demagogia, reduccionismo y pereza mental por llevar 5 años diciendo que Argentina es República Cromañón.

Nadie con dos dedos de frente puede no sostener la idea de que sin Fernando Peña el arte argentino perdió a un transgresor inigualable que no se callaba ante el Poder y decía las cosas que pensaba.

Acompañamiento musical del post

domingo, 16 de agosto de 2009

Doble Post

Gonzalo Aloras y los Superhéroes

¿Hasta cuándo?

Gonzalo Aloras y los Superhéroes

En los pasillos de la música argentina conocida como “rock”, los homenajes suelen ser mirados de costado o con un gesto de burla o sin el menor interés. Quizás esto se deba a que la oleada de tributos y discos de versiones de los últimos años (Inconsciente colectivo, Fabiana Cantilo; Calamaro Querido; Gieco Querido) pareció provenir más del objetivo empresarial de las discográficas para echar a rodar nuevamente repertorios consagrados que por la iniciativa genuina de los artistas. Esto no sucede, por ejemplo, en la música popular brasileña que históricamente tuvo como motor principal de su funcionamiento la comunión y el agradecimiento entre sus distintos integrantes (de ahí los halagos, colaboraciones y canciones dedicadas entre Jobim, Vinicius, Toquinho, Caetano, João Gilberto y un largo etcéteras de talentos). Lo primero que llama la atención, entonces, del disco de Gonzalo Aloras es que se inscribe en el orden de los homenajes hechos por gratitud. Esto, como la poesía, no se puede demostrar científicamente, se reconoce. De ahí el título (que alude al hermoso segundo tema de Yendo de la cama al living) y la conformación del disco: diez temas de los que nueve son composiciones ajenas de tres compositores y uno (el último) es propio. Siguiendo la línea estética inaugurada por su mentor (Fito Paéz), Aloras realiza lo que en literatura se llamaría una canonización en vida. El podio que proyecta está constituido por Litto Nebbia, Luis Alberto Spinetta y Charly García. La tapa, en otro acierto, remite al tiempo cúlmine de sus carreras: el rosarino en la época de Melopea y Muerte en la Catedral, SNM en una toma que puede pertenecer tanto a fines de los 70’ como principios de los 80’ y Spinetta entre Almendra y Pescado Rabioso. Aloras resuelve con holgura otro problema: el de las canciones a interpretar. Trabajando sobre semejantes itinerarios musicales, elegir sólo tres pieza debe asemejarse a esas disyuntivas arbitrarias que tanto nos angustian desde el comienzo de la Humanidad: ¿mamá o a papá?, ¿Beatles o Rolling Stones?, ¿Borges o Arlt? Para superar este escollo, el guitarrista (quien hace unos años había editado Algo vuela, un disco desparejo) decide ir a lo “seguro: un compendio de temas clásicos, aquellos que surgen en el hipotético fogón cuando alguien se apresta a formular la frase hecha: “una que sepamos todo”. Esto conlleva ciertas dificultades: en primer lugar, se trata de canciones harto escuchadas (la radio de Puro Rock Nacional ayudó aún más en este aspecto) y se necesita un procedimiento efectivo en vías de que el oyente no se aburra a las dos escuchas; por otro lado, dar un paso en falso con tamañas referencias equivale a perder un picado con Maradona y Francescoli en tu equipo. Pero nada de esto sucede. La interpretación de Aloras exuda una admirable vitalidad y el disco puede oírse repetidas veces sin acusar recibo de monotonía alguna. En los últimos años, se volvió complicado que dentro del panorama del rock aparezcan obras que provoquen una sensación de tal bienestar. Está bien, se trata de Litto, Charly y Luis Alberto, de “las canciones que cambiaron nuestra era” (como manifiesta Aloras en “Avisame”, su aporte autoral), pero otros tributos análogos no habían significado ni la mitad del handicap artístico de Superhéroes. Comenzando por la versión del tema que da nombre al disco y siguiendo con las relecturas de “Sólo se trata de vivir” y “Quedándote o yéndote”, Aloras logra algo impensado: respetar casi milimétricamente los arreglos a esta altura consuetudinarios de las canciones al mismo tiempo que imprime un matiz personal en cada acorde y en la pronunciación de cada letra. Sería innecesario sugerir décadas después de sus orígenes el enorme grado de sofisticación y atractivo que sobrevuela en gemas como “Llorando en el espejo”, “Camafeo” o “La Balsa”. La instrumentación acústica de la mayoría de los temas (guitarra y piano) y la claridad de la voz terminan por otorgar una estructuración conceptual. Ahora sólo resta que lo escuchen. Sayonara.

¿Hasta cuándo?

Recién escuché el audio del altercado entre Agustín Rossi y Ernesto Tenembaum (en el programa de radio de este último). Hace bastante que el nivel de agresividad verbal que sobrevuela cada discusión política (ya sea en los medios de comunicación o en la vida cotidiana) agudiza mi horror, pero esto me indigestó. Tenembaum comienza la entrevista con ese tono de autosuficiencia que lo caracteriza y luego de saludar, automáticamente, comienza a cuestionar distintas medidas del gobierno. “¿Es poco no?”, increpa de entrada sobre el índice de la canasta básica familiar y el volumen de las jubilaciones. He aquí la distancia entre una pregunta y una patoteada. Rossi le contesta que siempre es poco, a lo que Tenembaum refuta con un dudoso (por la falta de argumentación): “Siempre no, digo, ahora es poco”. Luego, el diputado afirma que la Argentina tiene desde hace años una deuda con el sistema de jubilación. Es notable como desde distintos lugares se remarcó que Rossi había atacado al periodista desde el principio, cuando sucede todo lo contrario. El rosarino responde con la mesura que lo caracteriza pero los constantes ataques de Tenembaum son los que propician el derrape. Ninguno de los dos salió bien parado, más bien se los oyó rozando el patetismo. Y es obvio que así sea: si te tirás con mierda vas a terminar manchado. Tenembaum no reconoce ni la autocrítica de Rossi (al reconocer que es “poco”) ni los 13 aumentos desde el 2003 (magros, es cierto, pero aumentos al fin) y da rienda suelta al rap que la gran mayoría de los periodistas políticos de la Argentina nos tienen acostumbrados. Pero Rossi se equivoca al decir que el conductor de “Palabras más, palabras menos” reacciona porque el gobierno dejó en off-side a Clarín por el tema de los derechos del fútbol (1): Tenembaum reacciona porque está infundido por ese odio visceral al gobierno que inunda las calles, los establecimientos públicos, los programas de TV, los mensajes en la radio (reflejados en forma notable en el hit 2009 de Capusotto: “¿Hasta cuando vamos a ser un país poco serio?”) y, por sobre todo, los foros de los diarios, donde se amontona una masa putrefacta de excremento ideológico que puede provocar desolación. Si uno presta atención, siempre hay alguien alrededor que fantasea con la muerte de Cristina o el fin de su mandato por anticipado. Y no estoy exagerando. Pero ¿es que acaso este gobierno no puede generar rechazo, es que acaso este gobierno es de un mérito extraordinario? Ciertamente no, la cuestión es que conducciones más agravantes como las de Menem o De la Rúa produjeron a lo sumo indignación y cierta burla; tal avanzada del odio (en el sentido más literal) se corresponde con que por primera vez en mucho tiempo quienes llevan las riendas del país, además de robar y mentir y equivocarse, confrontan con los sectores más rancios de la sociedad: la Iglesia (teléfono, Telenoche: el mensaje del Papa era de mayo: ¿lo habrán utilizado ahora para complementarlo con el discurso de Biolcati?), las Fuerzas Armadas, la Sociedad Rural, Clarín. De ahí la respuesta del diputado Rivas cuando asegura que lo que más le interesa de los K son sus enemigos. Quienes practican el antikirchnerismo aseguran que estas entelequias, como la vieja mula de los Simpsons, ya no son lo que eran. Sin embargo, cada una de sus manifestaciones dicen lo contrario: la arrogancia de la dirigencia rural (expresada cabalmente en la nefasta conferencia de prensa de hace un par de semanas), las filiaciones entre Bergoglio y exponentes de la oposición más la campaña montada desde Clarín para defenestrar cada acción del Gobierno son ejemplos claros de una situación límite. ¿Hasta dónde puede llegar la escalada de odio? No lo sé, por lo pronto Tenembaum dijo que lo de los monopolios era “un verso”, afirmación que, por supuesto, se desintegra una vez pronunciada y probablemente quede en la historia universal de las infamias. Mucho más en la semana que se conoció masivamente la censura del grupo contra un blog que cuestionaba sus manejos (http://www.quetepasaclarin.com/). Luego arremetió contra Rossi por seguir a un líder que no puede explicar su patrimonio. Esto es verdad, pero si de cuestiones personales y golpes bajos se tratara (parece que de eso se trata nomás), Tenembaum, defensor de los DD.HH, debería difundir por qué trabaja para el medio de una mujer que no supo explicar a la Justicia (nunca se hicieron los análisis de adn) el origen de sus hijos adoptivos. Rossi no supo defenderse (probablemente en un mano a mano le hubiese ido mejor) y Tenembaum tuvo tiempo para tratarlo de mentiroso y anti-democrático (justamente a Rossi, que soportó la violencia inusitada de los productores rurales que le reprochaban no pensar como ellos). “Ladrones”, gritó Tenembaum, mientras un pajarito le salía de la frente al estilo Kent Brockman: ¿es admisible tal muestra de impunidad discursiva?, que el gobierno posea funcionarios corruptos, ¿justifica que se englobe a todos bajo el epíteto preferido de la clase media argentina? “Están demonizando al periodismo para que no hablemos de los jubilados, para que no hablemos de la pobreza, para que no hablemos de la corrupción”, vociferó Tenembaum al borde la desesperación institucional sin entender que: 1) El periodismo se demoniza solo defendiendo en cadena nacional a Nelson Castro y cagándose en Alejandro Apo; 2) En caso de que el gobierno demonice al periodismo no sería la primera ni la última vez (es más: siempre los gobiernos demonizaran a la prensa); 3) La demonización del gobierno, en caso de existir, no tendría los mínimos resultados si tenemos en cuenta que el 70 por ciento de la gente lo odia y conceptualiza la realidad a través de los titulares de TN y 4) La programación política de radio y TV se basa, mayormente, en hablar de pobreza, corrupción y (esta semana, la próxima quizás vuelva a ser Moreno o la inseguridad o la soberbia de Cristina) jubilados. Mientras tanto, la personalidad diabólica atribuida a Néstor Kirchner me sigue pareciendo desconcertante. Creo que conserva los defectos y vicios de gran parte de la clase política, de ahí a considerarlo tirano o temer sus contraofensivas (Leuco dice que se viene con todo otra vez con Bonafini, los intelectuales de Carta Abierta y D’Elía: ¡qué miedo!) o compararlo con Chávez hay un largo y sinuoso camino que Tenembaum y Cía. han transitado con creces.

(1): En la semana, Lanata y luego muchos otros dijeron que el fútbol no tenía que ser gratis porque sino se debería también hacer lo mismo, por ejemplo, con el cine o el teatro. Aquí se nota la tendencia a confundir a la gente: nadie dice que no se va a cobrar entrada para entrar a un estadio, en todo caso (dudo que lo hagan finalmente) se trata de no pagar por ver partidos en la TV. Hasta lo único simple de una medida harto compleja es enredado por la prensa.

martes, 11 de agosto de 2009

Es una experiencia religiosa

PD: No sé quién fue, sólo quiero informar que casi muero de la risa. Muchas gracias, Dios.

domingo, 9 de agosto de 2009

Acotaciones redundantes

-Hay algo que produce más “escándalo” que la pobreza en el establishment mediático (descubierta en buena hora por el Santo Padre, Biolcat(t)i y Telenoche): la existencia de programas de televisión o agrupaciones (Carta Abierta = indignación) con lineamientos cercanos al gobierno. O mejor dicho: la existencia de personas con lineamientos cercanos al gobierno. Es verdad que proferir “hurras” a la conducción que aumenta su patrimonio personal un 158 por ciento en un año puede estar sujeto a críticas (de las que cada uno se hará cargo), lo que sorprende es la sensación colectiva (y cercana al fascismo) de que no deberían existir kirchneristas. En su columna del día de hoy en el diario Crítica (Uno que no predica con el ejemplo), G. Noriega ataca fuertemente al programa 678 por considerarlo “oficialista” (obviamente esta palabra es sugerida con el tenor inquisitorio con que la utiliza Mirtha Legrand en sus almuerzos) y “un envío monótono y uniforme, con panelistas que no discuten entre sí”. Según el crítico de cine “apenas María Julia Oliván, en su rol de conductora (que cumple de manera más que satisfactoria), se permite de vez en cuando anteponer cierta distancia con el discurso único del programa”. Es claro como el agua que el programa es oficialista, la pregunta es por qué no habría de serlo, por qué en medio de un centenar de envíos y noticieros contrarios al gobierno, no puede haber uno solo que mantenga la misma uniformidad ideológica de sus oponentes pero en forma inversa. Pero esto ni siquiera es así. No sólo María Julia Oliván se mantiene por fuera de los cánones K, sino también el columnista encargado de la parte cómica (Cabito) como el periodista Luciano Alende elaboran a menudo posturas contrarias a las de los kirchneristas duros (Sandra Russo, Orlando Barone y Carla Czudnodsky). Por otro lado, el programa ha tenido invitados como Martín Caparrós, Fernando Iglesias, Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, entre otros, quienes desarrollaron sus argumentaciones (marcadamente contrarias al kirchnerismo) sin ningún tipo de problema, produciéndose en algunos tramos debates por lo menos interesantes. También Noriega utiliza el término “soviético” para referirse a los informes, echando mano a un discurso ambiguo que se obstina en “confundir” kirchnerismo con estalinismo. Aclaro, de todos modos, que Gvirtz (productor) no es santo de mi devoción, en los últimos tiempos efectuó un vaivén ideológico más extraño que la poesía de Alberto Girri (sólo hace falta repasar los informes de TVR sobre el conflicto campo-gobierno del año pasado con los actuales). Aunque esto, claro, debería preocuparle más a Noriega, que fue su empleado.

-Un apunte breve e inútil (y con seguras deficiencias) que ya debe haber sido realizada en múltiples ocasiones pero que nunca tuve el agrado de escuchar o leer. Cuando los medios (Telenoche, para no efectuar procedimientos de generalización impersonal) difunden los datos manipulados del Indec lo que se suele marcar es la diferencia que hay entre los números aportados por las estadísticas oficiales y: 1) Los números aportados por las estadísticas de las consultoras privadas; 2) Los datos concretos que reciben los usuarios al comprar en el supermercado/almacén/etc. En primer lugar, nunca se especifica que así como los números oficiales están presuntamente maquillados para favorecer al Gobierno, los números de las consultoras privadas (que responden a sectores ligados a la oposición) pueden estar presuntamente maquillados para desfavorecer al Gobierno. En segundo lugar, se construye la noticia dando a entender que si el Indec no estuviera intervenido y los datos fueran fidedignos, “Doña Rosa” (paradigma del ama de casa instalado por Neustadt) comprobaría con naturalidad que los números de la estadística se corresponderían con el aumento de los artículos consumidos. Esto es una falacia de dimensiones extraordinarias. Por ejemplo, la inflación que dio a conocer el Indec en junio fue del 0,4 por ciento, mientras las privadas espetaron un 0,6: ¿acaso el ama de casa se siente identificada con ese 0,6 o incluso con un 0,8 o un 5,2? La respuesta es no. Lamentablemente no tengo la infraestructura para hacer estudios, pero lo que cualquiera percibe es que el ciudadano registra un aumento mucho mayor al de las encuestas, por menos intervenidas que estén por el gobierno de turno. Ningún individuo en su lógica cotidiana “evalúa” la inflación en base a una serie de productos (esto nos asimilaría a computadoras), sino teniendo en cuenta productos puntuales (cigarrillos, ciertos alimentos, etc.) que compra con asiduidad. Incluso muchas de las cosas que la “gente” calcula para intuir inflación, no están dentro de la canasta básica que el organismo utiliza para medirla. Sólo una contribución para que, como advirtiera Barcelona en pleno conflicto con el campo, se sepa “quién es quién en esta guerra de garcas, imbéciles e impresentables contra garcas, imbéciles e impresentables” (comentario vigente también para la nueva disputa que amenaza las vidas de los espectadores de TN: “Grondona-Kirchner” vs. “T y C Sports”). Sayonara.