martes, 2 de febrero de 2016

Valium y cocaína


Las críticas al kirchnerismo son más de tipo moral que político. Casi siempre se trata de funcionarios que se aprovechan de pertenecer al Estado para enriquecerse o enriquecer a allegados que ofician como testaferros. Otros casos tratados con menos gravedad pero en la misma línea son los funcionarios que utilizan los medios del Estado como bien personal. Por ejemplo: alguien, probablemente Boudou, viaja en helicóptero. Otro hecho de corrupción a menudo señalado es el de los que atribuyen regalos al Estado (una alfombra persa, un osito de peluche de Taiwan) como obsequios personales. La idea que subyace por detrás de estos incidentes es que los implicados además de ir a la cárcel deberían ir al psicólogo. Sostienen simetrías arbitrarias entre lo público y lo privado. De ahí el sesgo psicopático con que son retratados los grandes corruptos del kirchnerismo.

También hay críticas políticas al kirchnerismo, muchísimas, pero generalmente se impone un implícito "dime qué funcionario eres y te diré qué tipo de mierda has hecho", en el sentido de que las malas medidas son interpretadas como los obvios frutos de esos malos hombres. Argumento ad hominem para todos y todas. 

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Muy pocas veces se dice para qué quieren robar todos esos millones los corruptos. ¿Utilizan el dinero como un medio para un fin? ¿O el dinero es el fin en sí mismo? ¿O es medio y fin al mismo tiempo? Lo cierto/incierto es que roban (hasta que se demuestre lo contrario). Nunca se habla de cómo incide en la vida del corrupto (presunto o no) ser visto como tal por la opinión pública. Lo que se da a entender es que el corrupto es un ser humano que ha dejado de sentir (vergüenza, tristeza, culpa), al que ya no le importan las alusiones negativas que hacen los demás sobre su persona, su familia y su apellido.


La teoría del robo como medio para un fin superador obedece a una idea conocida pero muy poco avalada: los millones robados como caja de ahorro de la real política. El dinero sirve para dirimir un problema de intereses sociales que enfrenta a dos sectores de la Argentina que curtieron la grieta en los últimos sesenta años. En algunos casos a los tiros. Esta idea extrema, temible, anacrónica, ridícula y probablemente cierta es compartida por buena parte de cada sector: si a los memoriosos gorilas el kirchernismo les recordaba vagamente el primer peronismo, el macrismo parece por momentos la Libertadora remixada.  

La teoría del robo como fin en sí mismo es la que más se propaga en los medios. Más allá de los beneficios de los millones (impunidad, voluntades compradas, permanencia en el Poder) el tema de fondo sería una atracción clínica hacia el dinero. Los políticos entonces son representados en escenas porno-narcisistas, algo así como hombres que roban joyas y pasan horas reflejándose con ellas en el espejo.

¿Qué hacen los corruptos con los millones que roban? Compran autos, viajan al exterior, construyen casas, le otorgan bienestar económico irrestricto a sus hijos. Al parecer lo mismo que la gente no corrupta pero a gran escala.   


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Las críticas al macrismo son más de orden político que moral. Se critica la ideología del macrismo, la estructura de pensamiento. O la ausencia de ella. Se analiza el discurso y se profundiza en sus baches, sus lugares comunes. Para el macrismo el significado es un lastre. La historia incomoda, por eso quita a Mitre y Evita de los billetes. La resignificación de Frondizi era impostada: no pasó los primeros cincuenta días. Al parecer hay algo en la esencia del discurso macrista que está mal y es su resistencia al mismo discurso, a semantizar las palabras, a cargarlas de... ¡ideología! Por ejemplo el obvio problema del concepto de "normalidad", bajo el cual el PRO quiere sentarse a la sombra, es que supone la existencia de anormales. Es decir: el macrista se cree normal, el kirchnerista está orgulloso de su anormalidad (histórica, basada en la antagonía "gobiernos de los grupos concentrados de poder vs. gobiernos nacionales y populares"). Desde ese punto de vista la idea de desideologizar la política exterior y el tipo de cambio parecen chistes cuya gracia reside en decir abiertamente lo que no hay que decir. 

El kirchnerista está al tanto de que existen dos sectores. El anti k cree que el kirchnerismo es una banda de narcotraficantes, barras bravas y asesinos que tomaron el gobierno por asalto y cuyos ideales no comparte nadie a no ser ellos mismos. ¿Quién podría  compartir los ideales de narcotraficantes, barras bravas y asesinos? Desde el kirchnerismo, en cambio, Macri es visto como un emergente de una gran parte de la sociedad, como el efecto electoral de ciertas causas sociales.   

También hay críticas morales hacia el macrismo pero bajo otra perspectiva. Por lo menos los más famosos delitos morales de los funcionarios macristas parecen haber sucedido bajo el amparo del Estado (Bullrich recortando el trece por ciento) o de accionas avaladas por las instituciones (las tramoyas de Sturzenegger en el megacanje). La idea linkea el epígrafe de Plata quemada: "¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo?". 

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Al kirchnerista la fortuna de Cristina le "hace ruido", es la piedra en el zapato del campo nac and pop. Ante la fortuna de Cristina el kirchnerista prefiere a) el silencio. b) la justificación y c) la crítica. Al votante de Cambiemos (indignado por la fortuna de Cristina) parece no importarle cómo hizo su fortuna Macri. Es como si haber hecho la fortuna en el sector privado lo eximiera de ciertos señalamientos.   

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En cierto modo separar entre críticas morales y políticas es en vano, ya que la crítica política casi siempre implica una crítica moral. Y viceversa. 

En cierto modo es como si se representara al kirchnerismo como cocaína y al macrismo como valium. Pero ¿quién está representando?      

martes, 26 de enero de 2016

Los extraterrestres


Los Expedientes X fueron el emergente cultural de una época signada por la iconografía extraterrestre. A mediados de los 90 hubo una especie de auge y yo participé activamente de él. Yo milité en la causa extraterrestre. No sé cuántos ejemplares vendía Conozca Más pero supongo que eran muchos. Recuerdo el shock de la autopsia a los aliens de Roswell como uno de los grandes momentos de mi infancia. Es más, me parece que muchos dejamos de ser niños cuando se supo que era un video actuado. 

En Mitologías Barthes dice que al principio de la guerra fría el ovni era identificado con el avance tecnológico de la Unión Soviética. Desde ese punto de vista es entendible el desplazamiento referencial que sucedió a continuación, de la URSS a Marte: "la mitología occidental atribuye al mundo comunista la alteridad de un planeta". Otro comentario de Barthes que me quedó grabado de ese artículo (titulado elocuentemente "Marcianos") es que una de las características inhumanas de los platos voladores es la ausencia de costuras. Todo lo que es humano tiene costuras.

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Dos cosas más sobre ovnis y extraterrestres:

1) Hay una novela de Sergio Bizzio llamado En esa época en la que los soldados que están cavando la zanja de Alsina se encuentran con un ovni enterrado. Creo que es una de esas novelas de las que con solo saber de qué tratan dan ganas de leerla.

2) La mejor película sobre extraterrestres que recuerdo también es de los 90. Casi todo lo que recuerdo es de los 90. Se llama Fuego en el cielo y es sobre unos leñadores que salen muy tarde del bosque donde talan árboles y a uno de ellos se lo llevan de paseo unos aliens muy malvados. En su momento me pareció terrorífica y hace poco la enganché en el cable y sigue funcionando.    

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Lo que más me gustaba de Los Expedientes X no era tanto la conexión gubernamental, la línea conspiranoica que tanto erotiza a los nerds, sino más bien esos pequeños episodios con casos aislados, cuando Mulder convencía a Scully de que tenían que viajar otra vez por rutas desiertas hacia un pueblito olvidado donde un monstruoso freak urbano espantaba a sus habitantes o donde un extraterrestre perdido no podía volver a su casa. No sé por qué pero siempre me pareció atractiva la posibilidad de que en un pueblo cualquiera el terror suceda a la hora de la siesta. Y en los Expedientes X eso pasaba muy a menudo. 

Paralelo al elemento fantástico el ingrediente más recordado de la serie era el vínculo histérico de Mulder y Scully. El truco era que todos supieran que eran uno para el otro menos ellos. Probablemente una de las razones de la adicción que generaba la serie se basaba en la expectativa de que los dos protagonistas consumaran su deseo. En ese caso Chris Carter utilizó la táctica de Aquiles y la tortuga como anzuelo estética para los fans. A diferencia de las series actuales, la vida privada de los dos protagonistas estaba bastante dosificada. Uno siempre quería saber más. ¿Acaso Scully no tenía un chongo? ¿Mulder siempre estaba a oscuras en su depto mirando la nada mientras pensaba en su hermana abducida?

No puedo ser muy objetivo con la nueva temporada de Los Expedientes X. Creo que David Duchovny y Gillian Anderson tienen tanta complicidad cuando están juntos que un capítulo podría ser un plano fijo de los dos sin que digan nada y estaría contento igual.

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Durante mi infancia mirar al cielo en noches de verano era una actividad natural para los niños del barrio. No sé si atribuirlo a mi ingenuidad o a la época pero no me parecía un delirio ver pasar un ovni. De hecho los buscaba y de hecho creo que alguna vez los vi. Nunca faltaba un mayor o un niño viejo que te decía que en realidad se trataba de un avión o una estrella apagándose. Siempre hay alguien que impone la versión más neutral para que todos puedan dormir tranquilos. 

¿En qué momento la vida inteligente en otros planetas perdió su lugar en la agenda de los medios? Antes se hablaba más de extraterrestres que de inseguridad. Yo crecí en un mundo lleno de abducciones, de tíos que compraban la revista Muy Interesante, de fotos borrosas con objetos brillantes suspendidos en el cielo, de hombres rudos de campo que afirmaban que un ovni le había quemado la cosecha de girasol.  

Supongo que la vida era más divertida cuando en vez de mirar un monitor, mirábamos un poco más al cielo. No intento ni quiero justificar la cursilería pero si yo hubiese escuchado más a Pappo que a Spinetta no llegaría a este tipo de conclusiones.


lunes, 18 de enero de 2016

Una temporada en el infierno


Como diría Sabato en El túnel: que la temporada de verano en Mar del Plata es mala es una verdad que no necesita ser demostrada. Ahora bien, hay ciertas cosas que me gustaría subrayar.

Mar del Plata no está desierta, cualquiera que camine habitualmente por el centro o por la zona de la ex Terminal (donde se amontonan todos los hoteles) sabe que hay gente, como todos los veranos. La sensación de que se venía una mala temporada ya se había instalado desde antes de diciembre por una cuestión natural de intuición político-económica. Fue algo así como la auto-profecía cumplida de la Ciudad Feliz. De todos modos siempre el marplatense medio cree que la temporada es mala o, por lo menos, peor que otras que recuerda.   

Gastronómicos, dueños de balnearios y hoteleros le pusieron números a la sensación y confirmaron lo que todos sabíamos. De todos modos gastronómicos, dueños de balnearios y hoteleros nunca van a decir que les va bien del todo. Generalmente los que tienen los bolsillos llenos de guita dicen que les va mal y viceversa. Pregúntenle a un vendedor ambulante cómo va la venta de lapiceras.

A las magras estadísticas de los gastronómicos y los hoteleros se sumó un enero que por ahora no repunta desde el punto de vista del tiempo (también en su concepto filosófico pero ese es otro tema): llovió bastante y desde hace unos días mejoró el clima pero las temperaturas no pasan los 22 grados. Una fotografía de la playa en un día fresco o nublado (cuando obviamente el turista elige otro destino) es una muestra tendenciosa y mal intencionada de la temporada. Además las playas tienen distintas dimensiones. Las de La Perla se llenan casi siempre porque casi no hay lugar entre la orilla y el comienzo de los balnearios. Algunas del Sur son enormes y sólo se llenan cuando hay un gran recital.   

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Entre paréntesis: Macri y Arroyo son de derecha. El primero por pertenencia de clase, el segundo por ideología. O sea: ¡no sabemos cuál de los dos es más peligroso! La cuestión es que para algunas personas progres (como yo, por ejemplo) que haya ganado Macri hace que Argentina pase a ser algo de Macri y que haya ganado Arroyo hace que Mar del Plata sea algo de Arroyo. De este modo cualquier mala noticia de Argentina o de Mar del Plata que perjudique a los gobiernos de Macri o de Arroyo (por ejemplo una mala temporada marplatense) son recibidas casi con una sonrisa. Yo no digo que todos los anti macristas y anti arroyistas (como yo, por ejemplo) quieran que la temporada sea mala, pero que los hay los hay.  

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Por otro lado está el tema de los precios. Seguramente los comerciantes marplatenses aumentan los precios en temporada. Un día de 35 grados el hielo siempre sale dos pesos más. Pero quiero darles una noticia: eso pasa en todas las ciudades cuyo mayor ingreso proviene del turismo. Me parece un tanto arbitrario que se  resalte que sólo en Mar del Plata subieron los precios cuando el costo de vida aumentó en todo el país. ¿Me parece o hace un mes hubo una devaluación? Pero creo que en el fondo, más allá de la situación política-económica, se señalan los aumentos en Mar del Plata dando a entender que la ciudad no es Pinamar o Punta del Este como para darse esos lujos. Como si la gente que viene de casi todos los puntos del país lo hiciera de favor y no porque le gustara.

Es preciso hacer notar que existe una clara y tristísima discriminación social hacia el turista del interior o del conurbano bonaerense que viene a pasar unos días a Mar del Plata y ese rechazo en algunos sectores se trasladó a la ciudad en sí misma.

Además de todo esto, como al argentino en general le encanta regodearse en su “argentinidad” o en el atroz encanto de ser argentino dando a entender que tenemos una idiosincrasia única en el mundo (como si en otros países no existieran genios, hijos de puta y pelotudos), a los marplatenses también nos gusta el morbo masoquista de pensar que “toda temporada pasada fue mejor”, que “Mar del Plata era la de antes” y que “los marplatenses no sabemos tratar a los turistas”. Somos como esas personas que necesitan decirle a sus parejas “no me querés” para que el otro les explique cómo y de qué manera los quieren.

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Por estos días los medios y las redes sociales difundieron una galería fotográfica que Dmitri Kessel hizo para la revista Life en 1959. La galería fue subida al sitio de Facebook “Historias de Mar del Plata” el 8 de agosto de 2014 pero casualmente alcanzó notoriedad en la peor temporada marplatense de los últimos años… Las fotografías son realmente conmovedoras porque muestran una ciudad bella en su momento de apogeo: mujeres jugando al crocket, Victoria en la puerta de su Villa pero también micros de la Provincia de Buenos Aires estacionados en la Costa y la Popular atestada de gente.

A mí personalmente me fascina esa Mar del Plata vintage donde Bioy y Silvina escribían Los que aman, odian pero también me parece atractivo el quilombo de la Peatonal. Una cosa sin la otra no sería Mar del Plata.


Los comentarios de las fotografías van desde la miseria humana en su máxima expresión (suponen que antes no había negros, ni basura ni olor en la ciudad) hasta la nostalgia. Todos parecen añorar una Mar del Plata que ya no existe. Yo creo que en realidad no extrañan a Mar del Plata (que sigue existiendo): se extrañan a ellos mismos (en su niñez, en su adolescencia, con sus seres queridos) en Mar del Plata.  

lunes, 11 de enero de 2016

¿Qué se puede hacer salvo escribir sobre Bowie?


No escribir sobre Bowie, pero este tampoco es el caso.

Yo no puedo considerarme fan de Bowie pero supongo que todos lo somos. De alguna manera su huella se nota en tantos artistas que en caso de no ser admiradores directos, lo somos indirectos.

Cuando se muere alguien como Bowie prosigue el eterno, glorioso y cada vez más recurrente velorio del rock. El velorio del rock empezó cuando la muerte era un juego místico (el club de los 27), siguió cuando pintó el reviente y el vacío de la madurez y está terminando con hombres que mueren como nuestros tíos. Hombres muy parecidos y de la edad de los jubilados que ves esperando con un plato frío en el hall de un edificio en Nochebuena pero que, en cambio, estaban “re contra fucking locos”, como decía Luca Prodan de Lou Reed en un viejo disco de Sumo.

Antes pensaba que el sentimiento generalizado de tristeza que se instala en este tipo de “eventos” era impostado. Ahora que lo veo casi desde afuera pienso claramente lo contrario. Para quienes el rock ha significado algo así como una educación alternativa con forma de refugio antinuclear Dylan, Lennon, McCartney, Zappa, Charly, Spinetta (saque y ponga el nombre que a usted se le ocurra: por ahora la subjetividad está permitida) son algo así como la asamblea legislativa implícita de nuestro mundo. Si uno de esos tipos cae se genera la falsa sensación de que se derrumba una parte fundamental del lugar más copado de nuestro cerebro, como cuando a la nena de Intensamente se le empieza a pudrir el mundo de la imaginación y se le viene la noche.  Además la sospecha de que el rock ya alcanzó sus límites de expansión y comenzó una etapa de ajuste es obvia y entendible pero también un shock nostálgico improductivo. El mundo se especificó, cambió, se fue a la mierda: la cultura rock ya no es predominante en la cultura adolescente. Medir la muerte por la cantidad de tweets suena demasiado paradigmático para ser real.        

Hoy me tocó darle a alguien la noticia de la muerte de Bowie y utilicé un tono de solemnidad que no sabía que existía. “Murió Bowie”: creo que jamás podría decir algo así de una persona conocida. Y si no sos fan de Bowie pensás qué persona, de las que conocés, es más fan de Bowie. Y te compadecés un poco y al mismo tiempo recordás algo que te dijo sobre su participación en Laberinto. No es sólo Cerati, la estrella inalcanzable, el que muere, sino todas las personas que conociste y eran fans de Cerati. Bueno, tal vez esté exagerando.

Que haya muerto pocos días después de la edición de un nuevo disco es un signo evidente de valentía y nobleza. Es como Bolaño escribiendo 2666 mientras ve cómo se borra su imagen en la foto del futuro.  

Personalmente siempre llegué a Bowie a través de los artistas argentinos que lo veneraron. En forma indirecta. El brazo armado del pop/tecno/gótico argentino (Cerati, Melero, Coleman) fue probablemente el grupo de artistas más relacionado con la estética de Bowie. No es forzado imaginarlos mirando fijamente un póster del Duque Blanco en la pared de sus habitaciones adolescentes. Supongo que es un lugar común decir que “El anillo del capitán Beto” remite un poco al raye espacial del querido David y que un fragmento del video de “No me dejan salir” y el traje blanco de Charly en el Luna Park del 83 no son casualidad. Por no hablar de la traducción gauchesca de “Let’s dance”: “Vamo’ a bailar”. Después está Dargelos, tal vez la voz de Dargelos. Y Carlos Alomar produciendo a Soda y contando cómo trabajó con Bowie en la trilogía de Berlín.

Creo (estoy seguro) que la primera vez que mi generación escuchó hablar de Bowie fue cuando Nirvana hizo su unplugged en MTV. Siempre había alguien más avezado que te recordaba que “The man who sold the world” no era de ellos. A partir de ahí nosotros también tendríamos la ridícula y hermosa responsabilidad de decirlo cada vez que se presentara la situación. Probablemente estoy idealizando pero era casi como que te pasaran una antorcha.


sábado, 9 de enero de 2016

Telón de humo o cortina de fondo


El aparato simbólico de la grieta instaló la idea bipolar de que la "realidad argentina" es una mesa de ping pong en la que sólo se puede estar de uno o de otro lado de la red.

Por ejemplo, se está con Aníbal Fernández o se está con Lanata (prestar especial atención a la cantidad de "t"). Se está con los "ñoquis" o se está con la represión macrista. Se está con Clarín o se está con Página.

Según estas divisiones tajantes habrían dejado de existir cosas tales como las dudas, los grises, los detalles, la autonomía, la heterogeneidad dentro de lo supuestamente homogéneo, la remota e ingenua posibilidad de pensar por uno mismo reconstruyendo los pedazos rotos del espejo mediático que siempre responderá a intereses que se nos escapan, etc.    

Hay otra idea interesante de la que nadie estaría hablando y es que los que miramos la "realidad argentina" del otro lado de la vidriera tal vez no sepamos un carajo de nada. Tal vez sepamos cómo se confecciona una lona en el caso de que trabajemos en una lonería. Tal vez sepamos cómo se hace una torta negra en el caso de que trabajemos en una panadería. Tal vez sepamos cómo se arregla un motor en el caso de que trabajemos en un taller mecánico. Aclaro: esta gente que no es periodista, que no es militante, que no le escribe por Twitter a Wiñazki o Hernán Brienza (para insultarlos o elogiarlos) existe, juro que existe, yo los veo todos los días en la calle y ahora mismo por la ventana (algunos están paseando, otros se rascan la cabeza, otros esperan a que su perro termine de mear en un cantero). Desde que se fugaron repiten cosas como “esto es todo Política” y tienen razón pero es casi como hacer un gol solos y frente a un gran arco sin arquero.     

Es decir, ¿por qué los habitantes de un país de un día para otro son especialistas en tramas ocultas de Servicios Penitenciarios, en conexiones políticas con el narcotráfico, en operaciones corporativas de grupos mediáticos, en fugas de cárceles de máxima seguridad, en terribles, sí, terribles y asombrosas connivencias, en internas de servicios de inteligencia? ¿Por qué lo dijo Mercedes Ninci? ¿Por qué lo desmintió C5N?

Otra posibilidad es que los que están en la vidriera tampoco sepan un carajo.

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Un cliché de los casos resonantes del lado B de la vida democrática argentina es la sensación pigliana (¿o aireana?) de que nada de lo que se cuenta es exactamente lo que pasó. La ficción paranoica y la fuga hacia adelante. Yabrán no está muerto. Nisman no se suicidó. En tiempos de la grieta Martín Lanatta podría ser desde un aliado de Aníbal Fernández en el tenebroso y mágico submundo de Quilmes hasta un aliado indirecto de Vidal en el tenebroso y mágico submundo de la corpo. La buena noticia es que Martín Lanatta está vivo (por ahora) y puede contar qué pasó. La mala noticia es que nada de lo que diga estará a la altura de la película que nos hicimos. Y la película que nos hicimos tiene más que ver con el grado de rechazo o de fe mística que les tenemos a los distintos narradores de la historia que con eso que alguna vez alguien denominó “verdad”.    

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Por otro lado el predominio del caso en los medios estaría sirviendo como cortina de humo para tapar las (ya) tradicionales barbaridades del gobierno de Macri: despidos masivos, represión, decretos para todos, inflación, es decir, "normalidad". (Una visión un tanto más cínica es que los distraídos por la fuga sí se enteran de los despidos y de los decretos y de la represión y están de acuerdo porque ¡para eso mismo votaron a Macri, muchachxs!).

Las usinas del “pensamiento” M indicarían más bien lo contrario, que la fuga es el telón de fondo, ese clásico telón de fondo de contratapa de Anagrama del que los protagonistas de la novela no pueden escapar porque las garras de la cosa pública siempre alcanzan los entretelones de la vida privada. Así el tráfico internacional de efedrina se conectaría (por supuesto, cómo no, claramente) con el pibe chorro adicto al paco que te apunta con su revólver.  

Obviamente nadie quiere pensar que una cortina de humo puede convivir o incluso ¡connivir! con un telón de fondo porque es mejor pensar que la vida es unidimensional, lineal y sinóptica: acá están los buenos, allá están los malos, ahí estás vos, fijate dónde querés estar, nos vemos.

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En los Los libros de la Guerra probablemente se recopile lo mejor de la obra de Fogwill: sus intervenciones en los medios desde principios de los 80 hasta fines de los 2000. Una de las secciones del libro se llama justamente "Guerras" y termina con un artículo de julio de 1981 titulado "La ficticia realidad". Ahí Fogwill cita una declaración sugestiva de Silvina Ocampo que parece muy actual (Fogwill se apresura a definirla como "nadie más alejado que ella de la preocupación mercantil sobre los efectos publicitarios o de la "denuncia" progresista del poder de los medios”):

"Es impresionante ver cómo la televisión, por ejemplo, registra todo. Parecería que las cosas que suceden no tienen tanta importancia como el análisis de eso que ha sucedido. A veces me da miedo que de pronto en el mundo no vaya a suceder nada sino el comentario de lo que ha sucedido". 

En estos tiempos donde la "realidad argentina" sólo puede ser expresada a través de ingeniosos memes y efímeros tweets se impone preguntarse con nostalgia y malicia qué diría Fogwill de todo esto. Mientras tanto no se sabe bien si atraparon a los tres o a uno solo. Un favorito de Fogwill se preguntaría:

¿Es demasiado soberbio
dar la espalda a la calle
donde rugen los automóviles terroristas
y la policía rebosa de actualidad?

martes, 5 de enero de 2016

Hablemos de langostas


Hace poco me enteré de la existencia de una aplicación para celulares a través de la cual nos podemos poner en contacto con personas que tienen la misma aplicación y comparten el mismo espacio físico que nosotros: la calle, un colectivo, la playa. Por lo menos eso entendí. Se supone que esta aplicación o red social facilita que las personas tengan sexo, formen una pareja o se tomen una birra pero yo creo que facilita el trabajo a los psicópatas. El terror a la soledad puede llevar a las personas a interpretar de manera demasiado literal ese verso de Miguel Abuelo en el que se acercaban tiempos difíciles y amar era urgente.

The Lobster, la película sensible del verano (como hace un par de años lo fue Her), me recordó a esa aplicación. Es más, creo que en cierto punto, tal vez en forma involuntaria, es una alegoría y una hipérbole sobre ciertos aspectos relacionados con la industria del amor digital del nuevo siglo.

Las reseñas dicen que la película está ambientada en un futuro distópico, aunque en ningún momento se menciona un año determinado y más bien todo indica que es un presente alternativo.

(Debe existir un artículo de Jaime Rest o Pablo Capanna distinguiendo futuros distópicos de presentes alternativos).

La cuestión es que en The Lobster los solteros son confinados a un hotel donde tienen cuarenta y cinco días para encontrar pareja. Tienen la posibilidad de ganar más días eliminando compañeros en cacerías cuerpo a cuerpo en un bosque cercano al hotel. En cierto punto The Lobster parece una película para adolescentes protagonizada por adultos, al estilo Los juegos del hambre. Y no está nada mal. En caso de cumplirse los días estipulados los solteros son convertidos en un animal a elección. El protagonista (Colin Farrell) elige una langosta, de ahí el título de la película.     

The Lobster por momentos parece un cuadro de Magritte o un cuento de Felisberto Hernández, en el sentido de que bajo el camuflaje de una estética atractiva se esconde una mirada macabra y despiadada sobre los rumbos de la Humanidad. Pero por suerte no es de esas películas para esnobs a las que sólo le podemos elogiar "la fotografía": la narración está a la altura de su pirotecnia visual. Eso es lo que el Indio Solari llamaría "un cóctel que no se mezcla solo". 

La unión de las parejas debe estar determinada por similitudes biológicas y así es como algunos personajes son capaces de dañarse físicamente o fingir personalidades para lograr una empatía artificial. Más o menos lo que sucede en el Planeta Tierra pero a volumen muy alto.

Tangencialmente la película sostiene ciertas máximas amorosas colectivas, como por ejemplo que cuanto más desesperado se esté por encontrar pareja, más difícil es conseguirla. Es casi una película de tesis.

Promediando la historia nos enteramos que, en forma paralela a esta dictadura de las parejas, se encuentra un grupo subversivo que vive en las inmediaciones del Hotel y promueve la soledad como única forma de vida posible: cada integrantes del grupo se cava su propia tumba y no está permitido el sexo ni la empatía, sólo la masturbación y bailar solo con auriculares. Por supuesto la prohibición actúa como el perfecto anzuelo del deseo. 

Yorgos Lanthimos, el director griego de esta hermosa freakeada, ya había demostrado que era un hermoso freak en la imprescindible Kynodontas (2009). Al igual que The Lobster, Kynodontas ensayaba distintas y brutales maneras de regular el deseo, en ese caso con un padre de familia perverso que llegaba a inducir al incesto con tal de que sus hijos no conozcan el mundo. En The Lobster Lanthimos además se pregunta qué cosas es capaz de hacer un ser humano para no estar solo. La respuesta es que puede llegar a convertirse en una bestia. Así que: ojo.   


martes, 29 de diciembre de 2015

2015



Enero 


En su Biblioteca Personal, Borges dice que la forma natural del pensamiento de Jesús era la metáfora. Para condenar la pomposidad de los funerales, por ejemplo, Jesús afirmó que los muertos entierran a los muertos. A Bergoglio, como fan número 1 de Jesús, también le gustan las metáforas por eso cuando le tocó opinar sobre el atentado dijo que si alguien insultaba a su mamá, se iba a ligar una piña. 


Mientras tanto los adictos a la narración esquizo de las series políticas de cabecera (Homeland, House of cards) agitan la posta: un enfrentamiento interno de la ex SIDE, organismo sin codificación masiva, en las sombras y, por eso mismo, apto para las más variadas especulaciones (en esto sí coinciden K y anti K). 


Según Eastwood la película está en contra de la guerra. En este punto no se puede dudar de sus declaraciones (y también preguntarse quién podría estar a favor de la guerra: probablemente el mismo Clint Eastwood), lo que sí se puede afirmar es que la película estará en contra de la guerra pero no está en contra de los asesinos de guerra.


Muchas personas desprecian este tipo de películas. Creo que estoy entre ese tipo de personas, pero con PTA hago una excepción. Me gusta pensar en sus películas como canciones de rock con líricas disparatadas en las que el sentido no tiene que ver exactamente con la racionalidad sino con la combinación de elementos y sensaciones que varían según quien los reciba.

Febrero  


Tal vez porque ya había sucedido en el pasado, no le di mucha importancia al retiro de Riquelme hasta ayer, cuando me colgué en un canal deportivo mirando sus goles en Boca. Salvo raras excepciones, eran todos golazos. No sé de cuántos futbolistas se puede decir eso: Maradona, por supuesto, Francescoli, Messi (que ahora le pega con la derecha), Ortega.


Cuatro es el nombre de un nuevo libro de cuentos, publicado en el marco de la colección de narrativa Leer es futuro, del Ministerio de Cultura.

Marzo


Por otro lado nótese que el rock es moralista hasta cuando se droga, sus teóricos nos convencieron de que incluso drogándonos tenemos que tener algún tipo de proyecto a largo plazo, ya sea encontrarle sentido a la vida, hablar con Enrique Symns, hacer Sgt. Pepper’s o tirarnos de un noveno piso.


A nadie le sorprende que un psicoanalista o un abogado escriba en sus ratos libres, eso es lo más natural. Pero puedo asegurar que la idea de que a alguien que trabaja con sus manos (un albañil, un carpintero) se le ocurra escribir se encuentra desterrada de todas las mentes del mundo, por más abiertas y modernas que sean. No los juzgo, yo también tengo el mismo prejuicio. Parece que la escritura es para las personas que tienen una profesión, no un oficio. 


Un día Arroyo se me acercó y me susurró “Alumno, usted parece un hippie”. Todavía puedo sentir el aroma a cigarrillo y jabón que despedía su fabulosa cabeza. Durante la adolescencia eso fue lo más parecido a un triunfo, pensé que aunque sea me parecía en algo a un chico de un colegio cool, de esos en los que los alumnos son lindos, no como éramos nosotros en todas las escuelas a las que fui, flacuchos y dientones, ¡como horribles liebres desnutridas a punto de ser degolladas! Tal vez exagere un poco.


Muchos se preguntan qué le pasa a River aunque tal vez mejor sería preguntarse qué le pasó el año pasado para jugar tan bien y destacarse en forma tan ostensible del resto de los equipos. Probablemente nunca se vuelvan a dar las condiciones para que el equipo brille, aunque sí es factible que se encuentre un equilibrio entre la efectividad ofensiva del principio y la sobriedad defensiva del final (me refiero al semestre pasado).


La lista es eterna, pero mi personaje favorito es Chris Moltisanti, el sobrino de Tony con cara de camello, que dilapida su futuro como Jefe entre la adicción a la heroína, su relación tormentosa con Adriana La Cerva y sus ínfulas de escritor y director de cine. Chris es patético, en las dos acepciones del término: la que utilizaba Borges en sus ensayos y la que usan las chicas conchetas para referirse a alguien insoportable.


Pocas veces sentí tanta empatía con la letra de una canción, es como si Calamaro fuese el genio de los vulgares paraísos masculinos. ¿Qué otra cosa queremos hacer sino escuchar canciones preferidas, ordenar discos y mirar fútbol por televisión? 

Abril


Tanguito salía a la calle vestido con calzas ajustadas que le marcaban el bulto y se ponía una media de red en la cabeza. A veces se vestía de mujer (le robaba la ropa a sus amigas) y algunos dicen que tenía una relación con Tango Bis. En los testimonios sobre Tanguito hay una estética queer (amateur) muy marcada que la historia oficial se encargó de barrer bajo la alfombra deliberadamente. Otra sería la historia del rock argentino si además de Federico Moura, Tanguito se uniera a la constelación de subversivos sexuales.


Ahora bien, ¿por qué filman a Bielsa todo el tiempo? ¿Bielsa no se da cuenta? ¿Bielsa de pronto se copó con la sensibilidad de esta época, que necesita mostrarlo todo, y quiere que lo filmen? En caso contrario: ¿quiénes son los hijos de puta que filman a Bielsa y lo exponen de esa manera? Una cámara es un elemento inquietante que modifica brutalmente el ambiente de cualquier reunión.


Por ejemplo un día Vilas, siendo un niño extraño y curioso, sale a recorrer la ciudad en su caballo y comienza a seguir al sol, que lentamente va desapareciendo en el horizonte. De pronto anochece y cuando se da vuelta no sabe cómo volver a su casa. Pasa unas horas perdido hasta que reconoce la copa de unos árboles y, guiándose por ese detalle, puede volver. 


Es verdad, hay cierto facilismo en la idea de escribir un libro de ensayos sobre el rock o sobre Ortega, Cerati y Justin Bieber: cualquiera sea el resultado, ese tipo de temáticas garantiza algún tipo de lector, tal vez uno solo (tal vez su propio autor), pero lo tiene. El eje programático de Forn (probablemente el mismo de sus notas en Página, algo que no sé porque no las leo) es menos demagógico y más arriesgado. Como Borges en Otras Inquisiciones, en vez de escribir sobre los temas que habla la gente, inventa temas para que hable la gente.


Y es verdad, por momentos Lost River parece surrealismo para dummies, aunque sería interesante hacerse la pregunta que nadie se hizo jamás por miedo a que los fans de Spinetta nos enojemos: ¿a quién carajo le gusta el surrealismo?, ¿por qué se cree que algo surrealista es naturalmente bueno?, ¿de dónde viene el prestigio del surrealismo?


En determinado punto de la entrevista Cabral tomó un vaso con agua y lo elevó. Cuando todo hacía pensar que se iba a referir a la eterna disyuntiva sobre el vaso medio lleno o medio vacío, dijo: “Algunos pueden pensar que en una de mis dos manos tengo un vaso lleno de agua; otros pueden pensar que una de mis dos manos está ocupada y no la puedo utilizar”. Claro, pensé, ¡lo importante no es el vaso, es la mano! Nunca se me había ocurrido pensar así.

Mayo


Aunque de los tres partidos éste era el menos importante ya que no representaba ningún tipo de eliminación (River quedó a tres de la punta en un torneo interminable y perdió el clásico, es cierto, pero en La Bombonera) la sensación es que a Boca, con poco (ya que no fue su mejor partido ni mucho menos) le alcanzó para ganarle merecidamente al mejor River disponible en este momento.


Recordemos que la hegemonía boquense en Superclásicos iniciada en los 90 tiene más condimentos anímicos y psicológicos que futbolísticos. Esto no le resta virtudes a la pegada de Riquelme o al olfato goleador de Hugo Romeo Guerra, lo que quiero señalar es que River no sólo perdía en el marcador y para las estadísticas sino también en cuanto a espíritu. Ganaba y se lo daban vuelta. Llegaba más pero sufría de contraataque. Buscaba todo el partido y se quedaba sin fuerzas en el final. River parece estar dando vuelta esta dinámica a las patadas (literalmente), lo que contrasta un poco con el estilo de su prestigiosa escuela de juego. Esta versión de River incomoda muchísimo a sus hinchas. Tanto como a los de Boca verse cagados a patadas...


Hace poco enganché un viejo capítulo de Friends y me di cuenta que mirándolo como un espectador neutral, desconociendo el pacto de verosimilitud que propone la serie, se trataba de personas grandes hablando como los actores de Amigovios. A la distancia es imposible no ver en Friends y en el mito de Kurt emergentes muy marcados de la muerte de la adultez, cada uno, por supuesto, ubicado en uno y otro extremo de la cultura de los 90.


Si el funcionamiento de Alexis Sánchez se limitara a sus arranques, creo que estaríamos ante el más grande jugador de la historia. En River ya no quedan de esos dementes. Pero hay de los otros. Tipos como Vangioni o Funes Mori, que son como esos asesinos profesionales de Tarantino, que no sólo van a matarte, sino que van a disfrutar mientras lo hacen. ¿Cómo les van a sacar una tarjeta roja? Sería discriminación. Estos tipos son víctimas de la sociedad.


Durante mucho tiempo el fútbol sostuvo nuestra vida. Las miserias públicas e íntimas fueron compactadas y comenzaron a aflorar intensamente en cada partido decisivo. Como si el fútbol fuera el conducto fluvial por donde se va toda la mierda de nuestro espíritu. Ahora el fútbol quedó demasiado lejos de lo que proyectamos que es. Como si el significante estuviera en Tierra del Fuego y el significado en La Quiaca. Ir a la cancha es asistir a las inmediaciones de una tragedia: policías con caballos, hinchas reventados que te apuran por unas monedas, corridas, humo.


Las imágenes tienen, casi por protagonista absoluto, a Riquelme. Riquelme y Aimar abrazándose. Riquelme y Aimar riéndose. Riquelme festejándole el gol en la cara a Ramón Díaz en la Bombonera. Debo haberme equivocado porque creo que hasta hace muy poco Riquelme era apenas un gran jugador con serios problemas de comportamiento y el vestuario de Boca se había visto notablemente confortado con su ausencia.


La vuelta en Brasil se percibe complicada. Un pase a semifinales, a jugarse a fines de julio, pertenecería a otra dimensión. Ganar por dos goles para un equipo con semejante imposibilidad ofensiva sería una hazaña. O sea: es un partido que arrancamos a jugar desde la perspectiva de Los Pumas. Y Los Pumas casi siempre pierden.


¿Dónde jugarán las niñas? es un disco histórico y genial pero, como muchas otras obras cumbres del rock, sólo puede ser entendido desde la agitación cavernícola de la adolescencia y en una época determinada. Actúa como Vida, de Sui Generis, pero desde el lado oscuro de la fuerza. Recién Molotov cerró los festejos por la Revolución de Mayo. Cuando tocaron “Puto” sentí algo muy similar a la madurez. 


Creo que estamos en un país en el que es más importante hablar de fútbol que mirarlo. A mí particularmente me encanta hablar de fútbol. Soy capaz de arruinar reuniones concurridas recordando que Maisterra jugaba en Platense y Ramón Díaz y la Copa Interamericana y algo que ya me olvidé pero era lo importante de esa historia. Mi mente es una serie de archivos con partidos, jugadores, goles, canchas.

Junio


Ahora bien ¿qué se puede decir de un equipo que cuenta con Messi, Neymar y Suárez? ¿Representaría algo así como el espíritu amateur en el fútbol? ¿Traducidos al fútbol argentino serían Deportivo Riestra? ¿Esa es la última esperanza del fútbol? ¿Una multinacional catalana que puede contar con el mejor argentino, el mejor uruguayo y el mejor brasileño mientras las ligas de los países de esos mismos cracks no tienen un solo tipo que exprese futbolísticamente el diez por ciento de ellos?


A y B comparten un gran secreto que involucra a C. ¿En qué lugar del mundo A y B hablan en voz alta y con lujo de detalle del secreto a pocos metros de C, que interrumpe la escena y pregunta de qué estaban hablando? ¿Y en qué lugar del mundo, C, estando tan cerca y con sus oídos en funcionamiento, jamás puede escuchar lo que hablan A y B? En una serie de Polka.


Nunca es tarde para ilusionarse con Messi. Total el que tiene que sublimar todas nuestras miserias cotidianas es él. Nosotros no podríamos hacerlo de ninguna manera, sino ¿quién fabricaría miserias cotidianas?  


Siempre me hago una pregunta: ¿si yo tengo un blog quiere decir que alguien, en algún lugar del mundo, todavía tiene un fotolog o un Tamagotchi? Tengo la extraña sensación de estar atrapado en algún tipo de atesoramiento anacrónico. 


¿Nunca se dieron cuenta de que Tevez es un tremendo bardero? Y lo digo con la simpatía que me causan muchos de sus bardos. Un equipo de fútbol también es un grupo de seres humanos que se tienen que llevar bien. Simplemente Sabella debe haber visto el partido contra México del Mundial 2010 en el que Tevez manda a la mierda a ¡Maradona! porque se anima a reemplazarlo y debe haber preferido que Lavezzi le “acabe” una botella de agua en la cara. Es una opción menos riesgosa.

Julio


Messi tiene otra velocidad, otro panorama, otra forma de pegarle a la pelota, otra forma de vivir los partidos. Es un jugador diferente, en el sentido real, positivo y superador del término. Cuando ya no juegue el fútbol argentino va a ser un desierto.


Once minutos y tres segundos dura un viaje en colectivo al laburo. De hecho once minutos y tres segundos pueden significar la cuarta parte de un viaje en colectivo al laburo. Once minutos y tres segundos es el tiempo que pasamos doblando la ropa que se secó en el tender. Once minutos y tres segundos pasan mientras no encontramos nada en la tele o en YouTube. Once minutos y tres segundos suceden todo el tiempo y nadie hace nada. Incluso no lo quería decir pero once minutos y tres segundos pasan mientras el hipotético lector lee esta porquería. 


Lo que hace Nicole Kidman en esta película es escalofriante. Es una hija de puta tan monstruosa que uno se pregunta si Nicole no será así en la vida real. Empastillada y dura, va por ahí diciendo todo lo que no tiene que decir y mandándose cualquiera. Pero lo más atractivo es la fragilidad psicológica del personaje, que contradice su aparente crueldad. En una escena trepa a un árbol y después no sabe cómo mierda bajar. Es como Talita subida al tablón pasándole yerba al boludo de Oliveira. 

Agosto


¿Qué porcentaje de fans de Beck escuchan a Mac DeMarco? En caso de que tales fans existan, claro. ¿Cuánta gente se reuniría en el Obelisco si se juntaran todos los fans de Beck en Argentina? Alguien debería escribir sobre eso. Es más: alguien en algún lugar de Almagro tiene una beca y está estudiando eso. Sobre qué porcentaje de fanáticos de Pappo escuchó la obra de Spinetta. Y viceversa. Supongo que hay más fans de Spinetta que escucharon a Pappo que fans de Pappo que escucharon a Spinetta. Lo supongo pero no lo sé. Ahora bien: ¿para qué servirían esta clase de informes?


De repente todo lo que pasa es fucking hermoso, como si el encargado de diseñar el mundo fuera Atilio Costa Febre. Es hermoso que uno de los encargados de manejar el fútbol sea Enzo Francescoli y no el Monje Negro. Eso hace pensar que si las cosas están hechas por buenas personas todo puede ir mejor. Es hermoso, una vez más, que Gallardo sea el técnico que saca campeón a River después de 19 años, porque no fue valorado en su momento y porque los bosteros finalmente no pudieron arruinarle la carrera. Se hizo justicia.


Tal vez puede pasar que esto exista para todos, pero no como creemos, en un mundo tangible llamado Planeta Tierra, sino que simplemente nos encontramos atrapados en el sueño de un Dios inescrutable o acaso en la mente de un bebé. Tal vez las mentes de los bebés contengan galaxias enteras; aunque es imposible no preguntarse ahora si los bebés que forman parte de nuestra realidad a su vez contienen galaxias. Eso sería muy complicado de entender, incluso para mí que lo estoy imaginando. 

Septiembre


De todas formas la política que determina nuestra vida no es la de los programas de TN, sino la que llevamos a cabo día a día. Cómo somos cuando manejamos un auto, cómo somos cuando estamos en la calle, cómo somos con las personas que nos cruzamos en nuestra vida cotidiana: eso es lo que hace que una sociedad funcione y avance. Yo soy un ser humano egoísta y apático, no tengo derecho a quejarme si no doy el ejemplo en nada. A veces le pedimos a Macri lo que no nos animamos pedirnos a nosotros.  


Una de las características que hizo a Melero un músico con un estilo es la subrayada contradicción entre las líricas románticas, que no temen apelar a la cursilería y a la simpleza (con excelentes resultados), y los sonidos más bien desprovistos de calor, marciales: el traqueteo constante de las máquinas. Ese cruce de sensibilidades perfuma la música de Melero de una manera muy especial. ¿Música para bailar triste? No siempre. En fin. Los Encargados parecen encarnar la idea de ser Virus sin onda. En el único disco de la banda, Melero registra la que tal vez sea su mejor canción, lo que ya es mucho decir. 


A veces C aparecía en la puerta de casa y volvíamos a jugar como si no hubiera pasado nada. A veces ella quería hablar de mis problemas con las pandillas pero yo me negaba. A veces nos pedíamos perdón y a veces nuestros hermanos mayores o nuestros padres nos obligaban a pedirnos perdón.


Este aquelarre de patadas me recordó a Crash, esa película de Cronenberg donde un grupo de freaks comienza a rondar y concebir accidentes de autos porque sienten una atracción erótica por las heridas, las cicatrices y los hematomas que provocan. Es decir, si tanto se repiten las imágenes violentas es porque a alguien le produce placer contemplarlas. Pero ¿a quién le puede producir placer ver ese tipo de imágenes?


Por eso me parece productivo leer a Casas desde el supuesto consenso (que él mismo echó a rodar) de su falta de imaginación: porque cuando empiezan a suceder hechos inesperados, el shock poético es doble. Es como la sensación ramonera de que alguien puso algo en nuestro trago y estamos viendo cosas que sólo existen en nuestra mente.


Ya lo dijo Saussure: en realidad no recuerdo exactamente qué dijo ni cómo lo dijo, tampoco sé si mi interpretación es válida pero la cuestión era que el valor de un signo se mide en base al valor de los demás signos.


De los Cadillacs de los 80 y principios de los 90, más que los discos como obras acabadas, me gustan algunos temas puntuales: "Contrabando de amor", "Silencio hospital", "Siempre me hablaste de ella". Lo atractivo de esos Cadillacs es que, al parecer, entre lo que querían hacer y lo que finalmente hacían había una gran distancia que de todos modos era atractiva. Eran como esas bandas o escritores o directores de cine que inventan una estética de carambola.

Octubre


La escuela deserotiza, vuelve todo inofensivo. ¿Van a explicar las uvas viejas de un amor en el placard? ¿Van a analizar por qué un doberman verde en el iris de tus ojos te viene a lamer? ¿Van a llenar cupones para ganar la rifa del viento?

Si dieran pornografía en las escuelas, los chicos ya no se harían la paja.


Las declaraciones de Luca son divertidas pero creo que son el germen de ciertos enfrentamientos y rivalidades que, cuando no sirven para escribir o discutir sobre música, generalmente se parecen bastante al fascismo. Hay personas que están en contra de la policía pero que actúan como una especie de policía cultural que determina lo que está bien y lo que está mal escuchar. Es muy raro eso.


¿Es muy descabellado suponer que tanto Macri como Scioli, tanto Arroyo como Pulti son nuestros enemigos aunque curtan distintos boliches? No sé a qué escuela fueron ustedes, qué amigos tuvieron, qué música escucharon, qué libros leyeron, qué novias/novios tuvieron, qué no quisieron ser de grandes cuando eran chiquitos, pero esos tipos siempre fueron nuestros enemigos y no hay vuelta que darle. Una cosa es votarlos porque no queda otra pero de ahí a subordinarse a sus estructuras de pensamiento hay un largo y sinuoso camino. 


Es verdad, no está pasando su mejor momento, pero a esta altura del año casi nadie pasa su mejor momento. O sí, hay personas a las que les gusta la primavera, hay a las que las estaciones les hacen cambiar el humor notoriamente. ¿Balanta será de esas personas? No lo sabemos. Y otra pregunta: si la primavera avanza y el clima no es el apropiado para la primavera, la persona a la que la primavera le cambia el humor ¿le cambia el humor?


Nunca entendí si la equivocación es deliberada y propia de la adolescente confundida de la voz narrativa, si Piglia no sabía que “La grasa de las capitales” era de García o si Piglia (¡y esta hipótesis es tan paranoica que podría ser del propio Piglia!) se “equivocó”, justamente, para que "personas" como yo se pregunten esta clase de cosas treinta y cinco años después. Si lo hizo por eso merece muchos aplausos.  


Comienza a  ganar fuerza la idea de comunidades autoabastecidas. Exiliarse en el Uruguay o por lo menos en Santa Clara del Mar. Pensar que la revolución es subjetiva. Volver al mundo interior. Practicar la introspección. O como decía Leo Masliah: “hágase autista”.


Lo que decía Carrasco restándole lo que escuché en TN más la intervención 1223.a de Nora Veiras en 678 menos lo que me dijo mi tío en año nuevo del 2012. Eso es lo que pienso del kirchnerismo.

Noviembre


En fin, todo se parece demasiado a ese chiste que dice que sólo existen dos partidos políticos: los optimistas y los pesimistas. Los optimistas dicen que todos comeremos mierda y los pesimistas dicen que la mierda no va a alcanzar para todos. Mientras tanto, la máquina de pensar en Macri está enchufada y produce el suave ronroneo habitual.


Sé que para muchos hablar sobre signos es peor que hablar sobre libros de Paulo Coelho pero yo disfruto mucho la narrativa de los signos, más como literatura que como verdad revelada. Además es imposible no sentirse identificado con la semblanza de tu signo porque los que las escriben ponen tantas cosas geniales y horribles que uno no puede menos que estar de acuerdo con la idea de que somos sujetos complejos, geniales y horribles al mismo tiempo.


En determinado momento los periodistas dicen que en realidad el problema es que los hinchas de la Selección son familias. En determinado momento la gente odia a Messi. En determinado momento pensamos que indudablemente vamos a ser campeones del mundo. En determinado momento suponemos que tiene que volver Bielsa y que hay que pedirle perdón por no ser como él. En determinado momento Argentina empieza a ganar los partidos y ya a nadie le interesan las Eliminatorias.


¡Malditos hijos de puta, miren lo que hicieron! Lo digo cariñosamente, como se le dice hijo de puta a alguien que hace algo muy retorcido e ingenioso y merece, más que nuestra animosidad, nuestro admiración. Nosotros no teníamos nada que ver. Habíamos mirado CQC, habíamos mirado Chiquititas, estábamos neutralizados contra cualquier compromiso, más no sea simbólico. No fue Néstor, fue ese que está al lado de Mariano Grondona. 


Modo Correcto:

“¿Te acordás de Mauricio, el que salía con Mónica?, se fue a vivir a Estados Unidos”.

Modo Incorrecto:

“¿Te acordás de Mauricio, el que salía con Mónica?, es presidente de la República Argentina”.


Otro lugar común que se puso de moda es que hay que apoyar al nuevo gobierno porque "si le va bien, nos va bien a todos". Lo que para un gobierno puede ser un éxito, para el país puede ser desastroso. Simplemente quienes no votamos a Macri tenemos que atenuar nuestros prejuicios y miserias para no ser como quienes hicieron del antikirchnerismo un modo de vida.

Diciembre


Los colectivos y sus dinámicas de sucesos. Durante muchos meses no sucede nada. Mismas caras. Mismos gestos. ¡Mismos asientos! Mismos muchachos con pantalones sucios de la clase trabajadora argentina. Mismos empleados sexagenarios, con cuerpos de rinocerontes, vestidos con camisa y corbata. Mismas chicas cada más vez más bellas en su actitud "chicas bellas que suben al colectivo y no miran a nadie" que es la actitud que yo tendría si fuera una chica bella.


Que el kirchnerismo termine con el interrogante más sorpresivo y más absurdo de la historia argentina no es casualidad: ¿hasta qué hora es presidente un presidente? Por un lado, en la problematización de un evento protocolar se nota el viejo truco de ponerlo todo en una zona de incertidumbre. Por otro, ahí está el desgaste de una forma de hacer política que se pasó de rosca y derivó en su propia parodia. Tal vez la "gestión" de Macri esté atravesada por otra pregunta, no menos sorpresiva ni absurda: ¿hasta qué punto es presidente un empresario?


Es como si Charly abriera una puerta y dijera "es por acá": por el lado de la libertad, del amor, de la apertura mental, de la imaginación. El mismo Charly puede haberse cagado en esos mismos preceptos pero eso no es problema de su obra. Como con Borges y con Piazzolla, su obra trascendió a su persona.


Me encantan los hinchas de River que dicen que prefieren jugar con el Barcelona y con Messi y Neymar en cancha. ¡Hijos de puta: ¿por qué no juegan ustedes?! ¡Yo prefería jugar contra los chinos! Los canales de deportes se llenaron de especiales en los que te muestran cómo ataca el Barcelona y cómo debería hacer River para "anularlo". Eso es como intentar sistematizar la creación de poesía. Lo único que me queda claro después de esos informes es que el Barcelona va para adelante y te caga a goles. 


Pero al mismo tiempo, a nivel poético (¿o político?), hay algo injusto en un equipo europeo que destroza a uno de Sudamérica con el mejor argentino, el mejor brasileño y el mejor uruguayo (sin contar a Mascherano y Dani Alves, que tal vez sean el segundo mejor argentino y el segundo mejor brasileño).


En un mundo sin dilemas el crítico debería escribir con su propia sangre. De hecho el crítico debería ser como una abeja que descarga su aguijón, muere y es reemplazado por otro crítico/abeja que también descarga su aguijón y muere y así hasta el infinito.



viernes, 25 de diciembre de 2015

Viaje, soledad y depresión


Uno de los problemas de la crítica de rock es la existencia de... ¿críticos de rock? Esto lo digo con cariño, como el hincha de River que defiende a Messi de los idiotas pero no pudo evitar murmurar un pequeño, peludo y suave "hacelo contra Alemania la c... de tu madre" luego del famoso gol con la mano.

Aclaro que yo podría ser como un desahuciado que aparece en América después de Fantino y dice que tal pastor salvó su vida. La diferencia es que a mí me salvaron la vida Alfredo Rosso, Pablo Schanton y Daniel Riera, por mencionar sólo tres de los muchos críticos de rock que admiré y leí. Lo que decía es que ningún crítico de rock (o de literatura o de cine o de macramé), que yo sepa, ha reconocido que tiene subjetividad y una vida a la hora de hacer una reseña. Es decir, muy pocos dicen "Como yo estoy deprimido y este disco es optimista me parece una mierda". O viceversa. O: "Como este músico me parece un energúmeno y estoy lleno de prejuicios contra él ni por casualidad voy a reconocer que es talentoso". O: "Como este músico es mi mejor amigo y estoy lleno de amor por él ni por casualidad voy a reconocer que debería dedicarse a freír churros".

El problema además es que si el crítico dice tal cosa el lector es poseído por una furia feroz que lo lleva a preguntarse quién carajo se cree ese crítico que ubica su propia vida por encima de la obra. Tampoco es bueno que el crítico ubique la vida del artista sobre la obra. Tampoco es bueno que el crítico sólo hable de la obra con terminología técnica. Tampoco es bueno que hable de la obra, de la vida y con terminología técnica. Bueno, casi nada de lo que hace un crítico es bueno si nos ponemos a hilar fino. En un mundo sin dilemas el crítico debería escribir con su propia sangre. De hecho el crítico debería ser como una abeja que descarga su aguijón, muere y es reemplazado por otro crítico/abeja que también descarga su aguijón y muere y así hasta el infinito.

El blog debe haberse inventado para cubrir de subjetividad sin culpas la reseña tradicional y objetiva. La subjetividad sin culpas, al mismo tiempo, estaría arruinando el mundo pero ese ya es otro tema.  

Pensé esto cuando escuché Una comedia romántica, el nuevo disco de Valentín y los Volcanes. Se trata de un disco que invita a cierto estado de ánimo y el que no lo tiene o el que no puede ubicarse en determinado estado de ánimo para escuchar un disco tal vez se lo pierda.

Cuando el máximo apologista de la historia del rock Carlos Manfroni (casi un Lester Bangs) tenía veinte años dijo que las canciones de rock invitaban al suicidio. A los sesenta y pico dijo que ya no pensaba de esa manera. Después pidió perdón y renunció. En el medio el pobre Manfroni debe haber vivido y se debe haber dado cuenta de que las canciones depresivas en realidad no matan, más bien todo lo contrario: acompañan a los depresivos, les otorgan una red de contención simbólica y los sumergen en un estado de ánimo igual de melancólico pero placentero.

A veces hay que fantasear un estado de ánimo para escuchar música. A veces sólo hace falta retrotraerse a una situación determinada. A veces no hace falta nada. Incluso a veces los discos sirven como brújula emocional porque no sabemos si las canciones nos hablan de lo que se fue o de lo que está viniendo.

Después está la gente que no necesita identificarse emocionalmente para escuchar música. Allá ellos en su isla de la inteligencia, la discreción y la sobriedad absolutas. Espero que estén satisfechos mirándonos a todos desde arriba y con gesto de superados, pero quiero que sepan que sabemos que a oscuras, cuando nadie los ve, escuchan "Mi historia entre tus dedos" y lloran en silencio.  

Una comedia romántica avanza bajo los preceptos líricos que alguna vez esbozó Palo Pandolfo en una muy bella canción: viaje, soledad y depresión. A esta altura del año decir que es todo lo que esperamos del rock-pop argentino no sería descabellado.   

Este disco no sólo gustará a los fans de Jaime sin Tierra sino también a los de Los Rodríguez. Entiéndase que esto es un gran elogio y que me alegra saber que todavía hay personas que corren bajo la utopía eterna de la canción ferpecta mezclando lo supuestamente sofisticado con lo supuestamente popular. Si las condiciones estuviesen dadas (por ejemplo si La Mega estuviera en auge y fuera el año 2004) sería el disco perfecto para que Valentín pegue algún hit en la radio y los muchachos agarren un poco de guita.

La sensación de que tu banda favorita pegue un hit debe ser una de las más confusas que produce el rock. Por un lado el orgullo pueril de saber que uno los seguía cuando no los conocía nadie. Y por otro la miseria pueril de no querer que los demás los descubran, como si se tratara del escote de una novia con tetas muy grandes.  

A veces parece que ciertas producciones aportan muy poco o que ¡empeoran las cosas! A veces ciertos productores nos roban a nuestras bandas y se las llevan a un lugar del que ya no se vuelve. La producción de Tweety González para Una comedia romántica es todo lo contrario. Es como si este sujeto histórico del rock argentino hubiera inyectado a la banda una dosis de profesionalismo sin perder un milímetro de esa frescura que la banda tuvo desde su primer disco, el ya inolvidable Play al viejo walkman blanco. El disco fluye como si fuera el primero pero en realidad es el tercero. El disco se desliza por los oídos como si esas canciones de amor y nostalgia hubiesen sonado desde siempre. Allí están "La tumba de los Rolling Stones", "Sonámbulos" y "Los nuevos" para ratificar todo lo que estoy diciendo y suena a estafa. Hay viajes a ciudades costeras, hay corazones que son la caja negra de un avión, hay versos que piden que ella se ponga un vestido y salga a caminar, hay vivos que envidian a los muertos, ¿qué más se puede pedir? Ya sé, estribillos.  

Hace poco alguien me dijo que todas las personas que escuchaban Virus le caían bien. Se trata de una frase tan irresistible como arbitraria y que sólo puede generar consenso cuando se trata de una banda entrañable. Tal vez en el futuro digamos lo mismo pero con respecto a Valentín y los Volcanes. Bueno, yo por lo menos voy a decir eso.