lunes, 29 de mayo de 2017

La máquina de hablar de fútbol


-Mirá esto que decía Kandinsky: “El amarillo es un color típicamente terrenal, sin gran profundidad. Enfriado por azul, adquiere, como dijimos, un tono enfermizo”.
-¿Y?
-¡Eso es Boca! Es lo que le está pasando a Boca. Es un equipo enfermizo y sin profundidad.
-¿Vos decís que Kandinsky sabe más de fútbol que los periodistas deportivos?
-No tengo la menor duda.
-Yo entiendo que como hincha de River progre intentes odiar a Boca sin apelar a la xenofobia pero si para hacerlo vas a citar a Kandinsky… Se nota mucho el esfuerzo mental al que te sometés para no decir que son todos bolivianos.  
-Para mí estás proyectando, vos creés que son todos bolivianos y que eso de alguna manera es ofensivo. No todos los hinchas de River somos clasistas, algo que lamentablemente nos caracteriza, porque de ahí viene el desprecio a bolivianos o peruanos. Yo creo, en cambio y como Adrián Dárgelos, que debe ser de Lanús, que todos en el mundo somos grasas, no hago distinción de sexos ni razas, lo único que algunos lo disfrutan y otros no pueden evitarlo. Igual no hay nada que iguale a Horacio González diciendo que los hinchas son  "microetnólogos que encarnan el prestigio invertido de una fusión con la plebe que pasa por nostálgicas idolatrías"
-¿Qué?
-Ves que no entendés nada de fútbol.
-¿Qué sería entender sobre fútbol?
-Hay tres maneras conocidas de saber sobre fútbol. Una es haber jugado bien y mirar el partido como hacen Latorre o mi amigo Lucas. Ellos saben cuándo un jugador ocupa el espacio equivocado, cuándo un técnico acierta con un cambio antes de que se produzca, miran un tiro de esquina y te marcan quién tiene más posibilidades de hacer un gol. Eso no se adquiere, para tenerlo tenés que haber estado adentro de una cancha y entender qué mierda estaba pasando. Yo siempre que jugué al fútbol me sentí en una película de David Fincher, todo iba a mucho velocidad y cada vez que la tocaba (cosa que no pasaba muy seguido porque los que saben jugar al fútbol también saben distinguir al que no sabe jugar al fútbol y no se la pasan) me sentía desbordado por la situación y cuando me quería dar cuenta un rival se dirigía hacia el arco con pelota dominada.
-Qué vida horrible.
-Si, por supuesto, por eso no me quedó otra que ser un nerd del fútbol, que es el otro tipo de conocimiento. Ser un nerd del fútbol es declamar: “Bonano; Hernán Díaz, Celso Ayala, Berizzo, Sorín; Monserrat, Astrada, Berti; Ortega, Francescoli y Cruz” sin fijarte en Wikipedia. Saber que ése fue el equipo titular con el que River salió campeón en el Clausura 96, saber que Salas a veces entraba por Cruz, saber que en ese Torneo Boca nos ganó 3 a 2 en la Bombonera con el nucazo de Guerra, saber que en ese Torneo debutó Solari, saber que Ortega contra Ferro hizo un gol parecido al segundo de Maradona contra Bélgica pero mejor.
-Lo repito: qué vida horrible.
-Y yo también lo repito: si, por supuesto.
-Igual te faltó la tercera forma de saber sobre fútbol.
-Ah, eso ya es casi inalcanzable. Es el que sabe jugar al fútbol y también recuerda la formación del River Campeón del Clausura 96. Son como esos tipos que saben pensar y bailar. Es como unir el intelecto con el erotismo. Generalmente si sabés pensar no sos erótico y si sos erótico, ¿para qué mierda vas a pensar?

***

-Lo que yo me pregunto es porque estamos hablando de erotismo masculino si se suponía que íbamos a construir una máquina de hablar de fútbol.
-Bueno, justamente, crecer es darse cuenta de toda la homosexualidad reprimida que ronda el fútbol. Esos hombres atléticos rozándose entre sí en los tiros de esquina, a veces metiéndose el dedo en el culo con la excusa de que expulsen a un rival sin darse cuenta que con la excusa de hacer expulsar a un rival están metiendo un dedo en el culo, sácandose la camiseta para mostrarle los pectorales o un tatuaje a la hinchada contraria. Y qué decir de los vestuarios donde los jugadores dotados reciben la admiración de sus compañeros. Y qué decir de la resistencia de los hombres para que las mujeres formen parte del fútbol. Y qué decir de los hinchas que cuando un equipo sale campeón entran a la cancha y dejan a los jugadores en calzones. No hace falta ni argumentarlo, es demasiado gráfico. ¡Incluso El Gráfico tal vez se llame así por eso! Y a su vez millones de tipos creyendo que una de las cosas que los hace hombres es mirar eso, pegando pósters de Batistuta en las paredes de sus habitaciones. Fijate de lo que hablan las canciones de los hinchas, fijate cuál es el mayor placer del hincha: cogerse al rival, romperle el culo, ¡sodomizarlo! Por eso Maradona fue un ser superior. El no necesitaba reprimirse cuando tenía ganas de comerle la boca a Caniggia. Iba y lo hacía. Un ser superior, señores.  
-Pará Foucault. ¿Todos putos? Tal vez el puto seas vos. 
-Puto el que lee. Como diría Seinfeld: “no tiene nada de malo”, el problema es que esté todo tan a la vista y nadie se anime a expresarlo, lo que refuerza la idea de represión.
-¿Pará Freud?
-Que lo mira por TV, seguramente.  
-¡La cuestión acá es que River se-ca-gó!
-Podría seguir con mi teoría en el sentido de que cuando un equipo debe ganar y pierde no se hace hincapié en el mal juego sino en que se cagó, en una simbólica pérdida de virilidad. Aunque de simbólico no tiene nada. ¿Qué se le reclamó a Boca cuando perdió con River? Hombría. Escuché a periodistas que decían: “A este Boca le faltan hombres, le falta un Ponzio, un Maidana”. Yo creo que al periodista le falta un Ponzio, un Maidana.
-Es como cuando Spinetta dijo que si lo comparaban con Caetano Veloso y John Lennon en realidad era que el periodista estaba proyectando que quería que se lo garchen entre los dos.
-Es verdad, creo que estoy extremando mi posición. Por otro lado, ése fue el momento exacto en que nos dimos cuenta que la segunda parte de Luis Almirante Brown no era un invento.  

***

-Igual River se cagó y no querés responder. Es más, todo esto que estás diciendo, todo estas apreciaciones sobre el erotismo reprimido de microetnólogo de no sé qué, es para no hablar de lo obvio: que River le tenía que ganar a Central y empató. Un equipo que quiere salir campeón no puede jugar así. 
-Ahí veo otro error: mirá como se analizó la jugada del gol de Huracán: “Zuqui no puede hacer esa falta. Rossi no puede salir así. El árbitro no puede cobrar ese penal”. Todas cosas que en apariencia no pueden ser pero que en realidad son el 95 por ciento del fútbol. Si no existieran errores, no habría goles.  
-Debo admitir que son geniales todas las vueltas que das para no decir que River se cagó.
-Chabón, la presión la sigue teniendo Boca. River está peleando este Torneo porque Boca se derrumbó. Si Boca lo gana no va a ser porque River empató con Central, va a ser a pesar de que perdió con River en la Bombonera. Estamos en la Libertadores, que era lo único que ellos querían este año. ¿Alguien se acuerda que Boca salió campeón en el 2015? ¿O de la Copa Argentina de ese año? No le importó a nadie. Y al hincha de River, otra vez, le va a chupar un huevo que salga campeón Boca. 
-Mmm. Chupar un huevo, ¿estás proyectando que querés que te chupen un huevo?
-No voy a responder a las chicanas. Lo que el hincha de Boca todavía no entiende es que River asimiló el "ser de la B" productivamente. Es decir: ¿hay algo peor que nos pueda pasar? Evidentemente no. River necesitó tocar fondo y utiliza ese fondo como resguardo de cualquier cosa mala que le pueda pasar. Y a partir de ahí le empezó a ir bien. Lo mejor que nos pueden decir a los hinchas de River es que somos de la B: primero porque sabemos que no lo somos y segundo porque nos recuerdan que ya pasó lo peor.
-¿Alguna vez oíste hablar del concepto de “negación”?
-¡Andá a chuparte una pija! 

martes, 9 de mayo de 2017

Todo no se puede


Llego tarde a Los Espíritus. Como quien llega a Fito por El amor después del amor. Como quien llega a Calamaro por Alta Suciedad. ¿Como quien llega a Spinetta por el tributo de Pedro Aznar? Bueno, tampoco para tanto, pero si como quien llega tarde al asado y se come un chorizo frío en silencio y no puede reclamar nada porque llegó tarde. Así es que yo llego a Los Espíritus.

De todos modos siempre estuve al tanto de que me estaba perdiendo algo. Y de todos modos tuve mis coqueteos con la banda pero no nos dimos nada más, sólo un buen gesto. Por ejemplo durante un verano kirchnerista, de esos veranos en los que al parecer todos éramos felices, no me pude sacar de la cabeza "Lo echaron del bar". Escuchaba especialmente la parte en que lo echan de su hogar. Es un tema que me hace reír a carcajadas. "Los masones en bicicleta/  Y los radicales a pie" es otro verso del rock argentino que me hace reír cada vez que lo escucho. "Jesús rima con cruz" ya me parecía una forma superior de drenar a Calamaro sin convertirse en una réplica. Después de eso fui a "Av. Corrientes" con ocho años de atraso y sentí que ese tal Maxi Prietto que todo el mundo decía que era un "genio" lo era, en el sentido que les decimos "genios" a quienes llegan a nuestro corazón no sólo con una linda melodía y una letra conmovedora sino, claro, con su espíritu.

Más allá del acercamiento no me alcanzó para escuchar Gratitud entero. Supongo que había algo de esnobismo al revés. O de esnobismo sin más. Hay un tipo peligroso en mi cabeza que dice: "Como la escuchan todos yo no la escucho". Una vez que ese tipo hace su aparición, es decir, un tipo que ya no puede querer sin presentir al decir de Enrique Santos Discépolo, es muy complicado sacárselo de encima. Agua Ardiente, el último disco de Los Espíritus, logró asesinarlo. (Creo que vi demasiadas películas en las que al final el tipo era un esquizofrénico). 

Si tuviese que definir a este disco con una frase diría: las canciones suenan como si siempre hubieran existido. Agua ardiente parece un clásico automático. No digo necesariamente que sea Artaud. Tampoco quiero que lo sea y además las canciones de Artaud no suenan como si siempre hubiesen existido. Digo que es como Maderita, que si no me equivoco también es el tercer disco de Los Visitantes. Imagino a alguien que lee esto y nunca escuchó Maderita: ¡Ve por tu Maderita, hermano! De todos modos Maderita no tiene nada que ver con Agua ardiente a no ser su pertenencia al sector de discos clásicos pero de culto. Por otro lado Agua ardiente salió hace sólo una semana y tiene un camino muy largo por recorrer y es posible que durante ese camino rompa, o mejor dicho, "obture", señoras y señores, como diríamos en Letras, el camino de culto y salga a la autopista del.... ¿no-culto?

¿Será éste el único disco de Los Espíritus que me guste? No lo creo, pero me refiero a que es un disco para poner de fondo en cualquier lugar y lograr cierto consenso. Tiene toda la pinta de ser el disco que no sólo le gusta a los fans, sino a todos. Por eso me gusta a mí. El disco en el que los seres distantes con tipos peligrosos en su cabeza, bueno, digámoslo claramente: el disco en el que los boludos se acercan y quieren formar parte de la fiesta. El disco en el que los fans más ortodoxos tal vez eleven algunas críticas y sientan algo así como unas mini invasiones bárbaras. Es duro enterarse que a tu enemigo le gusta la misma banda que a vos.

En una novela de Pol-Ka Mariano Martínez apareció con una remera de Spinetta. El problema por supuesto no es el galán carilindo sino que le tocaba interpretar a un sacerdote. Ese es el momento en el que empezás a preguntarte si tu época no estará canonizando por demás. Si no habrá que empezar a canonizar a otros pero con el cuidado suficiente para no volverlos "música para sacerdotes de Prime Time". Sería preferible incluso dejar de canonizar.        

El tema adelanto llamado "La mirada", que recrea la quimera social a través de un viaje en subte, dice "El pasaje cuesta el doble y nadie dice nada". Es un verso que sólo queda bien si lo cantan algunas personas. Dos o tres pueden hacerlo en el rock de acá y uno ya no está y se llamaba Bocha Sokol. Es una canción que no desentonaría en un disco de Dylan post 97. Blues con reverberaciones de salón, música para tocar mientras unos tipos transpirados salidos de El Mariachi juegan al pool y están a punto de matarse. Tiene ritmo (como todos los temas de Los Espíritus y como pocos del rock argentino) y un par de solos de guitarra que parecen entablar un vínculo desprejuiciado y productivo con distintas ramas del gran árbol del rock. 

Lo esencial de Los Espíritus es la evidente impresión de naturalidad que exhala su música, algo que no corresponde a una fórmula, sino al mestizaje que combinan los diferentes miembros de la banda. Porque hay algo latino en el producto final (que tal vez responda a que el percusionista, Fernando Barrey, es miembro de Morbo y Mambo). También es determinante el aporte de Santiago Moraes, que compone líricas y melodías y aporta voces (los temas están firmados como Los espíritus; por otro lado Prietto y Moraes tienen voces bastante similares a primera oída). El resultado es una banda que remite tanto a ciertas cadencias del rocanblues del país (riffs a lo Gabis, intros de La Pesada) como a Los Lobos o a las atmósferas psicodélicas del surf rock. Una banda imprevisible cuyos temas no esquivan las baladas encantadores ("Esa luz") ni un folk-blues de asimilación instantánea como "La rueda que mueve al mundo". Después hay cosas inexplicables y bellas como “Perdida en el fuego”, que debe ser uno de los temas más tristes de los últimos tiempos o algo parecido. La voces de Prietto y Moraes no se caracterizan por la amplitud de sus rangos vocales sino por la expresividad de sus registros. Por eso cuando alguno de los dos dice “Y tus ganas de cantar” (creo que es Moraes) puede que te den ganas de llorar sin saber por qué. No es sólo lo que dice sino la manera en que lo dice.      

Tengo la sensación de que las letras del rock argentino recuperan la calle en Agua ardiente. Los temas de Los Espíritus no suceden en un departamento sino en medio del hecho social. Son la banda de sonido de un piquete, del 2x1 a los asesinos, de una chica que no volvió nunca a su casa. ¿Qué sería del rock sin la sociología? Y viceversa. Como todos sabemos las mejores épocas del rock argentino corresponden a situaciones en las que el país parecía suceder en la mente de un psicópata. Cuándo este país no fue pensado por un psicópata es otra historia. Hablamos del rock como refugio anti nuclear. El rock como emergente de cierta resistencia civil. El rock vs el Estado. Es lo que pedimos, en forma más o menos disimulada, desde el 25 de mayo de 2003. 

En el imaginario colectivo se comenta que Macri ganó por dos cuestiones:

1- Para transferirle a los ricos y a los fachos lo que tenían los pobres y los progres; 2- Para que el rock argentino vuelva a tener sentido.

Todo no se puede.

miércoles, 26 de abril de 2017

Himnos urbanos


-¿Te acordás cuándo escuchaste hablar de Él mató por primera vez?
-Corría el año 2005, Kirchner había pagado toda la deuda externa por débito automático, llegaban refuerzos falopa a River, mientras tanto Maradona se hacía un bypass gástrico y…
-No, boludo, en serio.
-Qué sé yo. Formaban parte de esas nuevas bandas de nuevo rock argentino con nuevos nombres raros y largos. Aunque creo que ninguna otra tenía sujeto y predicado.
-¿“a un policía motorizado” es sujeto?
-Qué sé yo. Lo único que me acuerdo de Gramática es que una profesora decía que el verboide era el primo discapacitado del verbo, porque no se puede conjugar.
-Hoy el Inadi se haría cargo.
-La cosa es que a mediados de los 2000 se llenó de bandas con nombres raros. Había que decir que te gustaban incluso antes de escucharlas, sólo con la reseña de Inrockuptibles. Ahora me acuerdo de Él mató y de El robot bajo el agua nada más. ¿Qué pasó con El robot bajo el agua?
-Se ahogó.
-Muy gracioso pero eran una gran banda. Una banda de principios de siglo.
-Si, un poco depresiva pero con cierto ingenio en las letras, citaban a Iorio y tenían un disco que se llamaba Lo último de Ataque y un estribillo que decía “Qué pelotudo fui”.
-Pero generalmente era una banda para escuchar un martes a las siete de la tarde, en junio, tomando un té de tilo, con la sensación de que se te murió un perro o se te murió tu padre.
-¿Vos siempre citás a Leonard Cohen cuando hablás con alguien?
-Sólo cuando hablo conmigo.
-Y tenían ese tema, “Te quiero”, todo niño sensible del año 2006 ha compilado un cd de canciones indies y ha grabado ese tema a la muchacha que le gustaba y no ha vuelto a verla nunca más.

***

-Él mató debe ser una de las bandas que más fui a ver en mi vida.
-Es la banda de los que nacimos entre el 84 y el 89. Quiero decir, debe haber pibes que nacieron en el 95 y los escuchan pero de la misma forma que uno puede escuchar a Don Cornelio y La Zona sin nunca haberse puesto un sobretodo negro.
-Alfonsín debe tener algo que ver con todo esto. Hace tanto que voy a ver a Él mató que cuando empecé todavía hacía pogo.
-¿Pogo? Qué asco. Mucha represión psicológica, sin ninguna vía de expresión sana, cuya conclusión es gente golpeándose y frotándose entre sí por no animarse a decir "te amo".
-Pará Rolón. Yo conocí gente valiosa en medio de un pogo.
-Ser adulto es empezar a ver los recitales cada vez más atrás. Hasta que los ves desde atrás de un monitor en streaming.
-Yo no los veo ni en streaming. Y es cierto, no podés ver el rock desde afuera, automáticamente te parece una pelotudez. 
-Recuerdo ese momento en el que todos se pararon y lo único que pensé es “¿para qué mierda vine?”. Ahí es cuando tenés que empezar a escuchar jazz o Piazzolla.
-Ahí te bajás todos los discos de Herbie Hancock. 
-Y los escuchás tomando un Dadá. Y te querés pegar un tiro en las bolas pero no las encontrás.

***

-Todo esto viene a cuento de que Él mató sacó un nuevo ep, adelanto de su nuevo cd.
-Si, antes sus detractores decían que siempre hacían el mismo disco, ¡ahora dicen que hacen el mismo ep!
-Si una banda de rock no logra que un par de tipos los odien no es una banda de rock. Yo por lo menos necesito tener vínculos conflictivos con las bandas de rock, necesito odiarlos y volverlos a amar.
-Claro, eso pasa cuando no lográs vincularte con personas reales, entonces lo único que te queda es vincularte en forma imaginaria con series, directores de cine, políticos, jugadores de fútbol y bandas de rock.

***

-Fuera de joda, es necesario que en algún momento nos cansemos y olvidemos a quienes fueron nuestras bandas favoritas así cuando escuchás un tema como “El tesoro” sentís lo que Fogwill llamaba “El sabor del encuentro”. El momento más tenso de mi relación con Él mató fue cuando decidí no ir a verlos al Auditorium. Todavía hoy me arrepiento.
-¿Por qué no fuiste? Mi viejo siempre cuenta que vio a Vox Dei en el Auditorium cuando tenía quince años y se volvió loco.
-Bueno, cuando tocó Él Mató en el Auditorium yo ya tenía treinta y ya me había vuelto loco. Me acuerdo que le pregunté a X “¿vamos?” y me respondió “no sé, ¿para estar sentados, moviendo las cabezas así y así?” y eso nos deprimió. Vernos a nosotros en esa situación… Nos fuimos a comer una provoleta. Hay un tiempo para el rock y un tiempo para comer provoletas, no se pueden hacer las dos cosas juntas. 
-En fin. “El tesoro” es tan bueno que a los otros dos no los terminé de escuchar.
-Es otro himno urbano, como “Amigo piedra” o “Más o menos bien”. Son hits privados, hits que comparten veinte mil o doscientas mil personas pero que no pasan en las FM. Y ya no hablan del inconsciente colectivo o de la llave del mandala, hablan de chicas ruteras y nuevos discos y nuevas drogas.
-Me gustan las canciones de amor de Él mató. Y ahora están más pop. Menos distorsión. La voz más al frente. Más teclados y sintes. ¿Mirá si Él mató se convierte en un fenómeno masivo? ¿Por qué no puede pasar eso? Mi tía tiene derecho a enterarse que no todos los rockeros son Chano.
-Para mí la masificación de una banda como Él mató ayudaría más a tu primo, esos pibes de 20 años que ya no escuchan rock. O que escuchan rock y lo mezclan con reggaetón. A tu tía dejala tranquila: escuchaba Los Twist cuando vos todavía no habías nacido. 

viernes, 24 de marzo de 2017

La teoría del iceberg



Es extraño que casi nadie lo haya destacado, aunque tal vez se deba a un periodo de auge extremo de la coyuntura (a nivel macro/internacional), lo que implica una consecuente pérdida de las perspectivas históricas. Detrás del aluvión de noticias espectaculares sobre hechos de corrupción que involucran a Cristina y cía, como en la teoría del iceberg de Hemingway, existe una clara maniobra discursiva que intenta instaurar la idea de un paralelismo evidente entre los crímenes cometidos durante la dictadura y los actos de corrupción del kirchnerismo.

No son pocos los periodistas de medios masivos de comunicación que, con el respaldo de ciertas figuras aliadas al gobierno (Sanz, Carrió, Stolbizer), desde la asunción de Macri repiten la necesidad de una Conadep para evaluar la corrupción durante el 2003 y el 2015, como así también la imprescriptibilidad de estos actos y la idea de un plan sistemático surgido desde la mente de Kirchner. Tres elementos del sintagma (Conadep, imprescriptibilidad, plan sistemático) que remiten de una manera obvia al imaginario creado alrededor de la lucha por los derechos humanos. Es verdad que por momentos el kirchnerismo pareció apropiarse de una lucha que lo excedía y que llegó a niveles casi paródicos ("Los goles secuestrados"). Ahora bien, que el otro sector de la grieta se apropie de las formas y las llene con otro contenido (que sin dudas trivializa lo ocurrido entre el 76 y el 83) no deja de ser inquietante.   

No se puede tomar linealmente el mundo de las redes sociales como una replica en miniatura del mundo "real" pero supongo que sus movimientos quieren decir algo sobre las maneras en que representamos nuestra ideología en público. Que tanto hoy como un año atrás se haya utilizado el hashtag  #nuncamás adosado a palabras como "corrupción", "peronismo" o "kirchnerismo" habla de una alteración de ciertos valores que va más allá de la permanente semiosis sobre la tapa de Clarín e implica el intento de efectuar, a futuro, una modificación con respecto a la historia argentina. De este planteo se desprende lo implícito (lo que realmente se quiere decir): una analogía forzada entre el descubrimiento de los 9 millones de López (por ejemplo) y el descubrimiento de la figura del desaparecido durante el despertar democrático de los primeros 80. 

Un funcionario corrupto que utiliza su cargo para enriquecerse (se llame José López o Cristina Kirchner) supone una condena social y efectiva. Ahora bien, ubicarlo en la misma serie de una fuerza que accedió al gobierno a través de un golpe militar, torturó, robó niños y desapareció no puede ser pasado por alto. Resulta algo peligroso que el revisionismo de derecha instale en las nuevas generaciones que el Golpe del 76 fue sólo consecuencia inmediata de la acción de los grupos guerrilleros y no un plan sistemático del Ejército y sus aliados iniciado en 1930 para detener el curso democrático en defensa de lo que sintéticamente podríamos denominar el establishment. Por supuesto muchas personas afirman que el establishment no existe, lo que es entendible ya que generalmente estas personas forman parte del establishment. 


***

En el "día a día" algo que sucedió hace más de cuarenta años puede parecer propio de un pasado remoto. Sin embargo dentro de mucho tiempo, en los libros de historia, varios siglos pueden aparecer juntos y en un mismo capítulo. En ese sentido, partiendo de la base de que entre el 76 y el 17 no pasó tanta agua debajo del puente, es productivo analizar las continuidades que hay entre la dictadura y la actualidad. Sería muy inocente suponer que Macri es el culpable de todo, especialmente cuando muchos de sus votantes se encuentran más a la derecha qué él. 

El tratamiento mediático del tema "piquetes" es elocuente. Desde los medios hegemónicos existe una clara proyección en la que los piqueteros serían "los dueños de la calle" y el resto de la sociedad sus rehenes. No escuché todavía decir que las personas que cortan las calles generalmente no cuentan con ninguno de los signos de pertenencia que nos hacen formar parte de determinado status social (autos, casas, trabajo). Signos que podrán parecer superficiales si contamos con ellos pero que en una sociedad cuya religión es el consumismo y su praxis es la ostentación generan un sentimiento de resentimiento y dolor que sólo puede ser percibido si ejercemos la empatía. Generalmente el único recurso que encuentran los que no tienen nada es tomar las calles para hacerse ver. En la tele escuchamos que son gente mala, sucia y negra que quieren arruinarle la vida a los trabajadores argentinos.

Por último, una medida política absolutamente transversal, como la implementación de policías locales en los municipios (un hit del PRO), puede ser vista como un dato que testimonia el viraje ideológico actual como así también su vínculo con el "pasado remoto". Un sistema económico-social que desplaza del aparato productivo a cientos de jóvenes de las capas medias y bajas de la sociedad para después reclutarlos en una fuerza represiva que forma parte del mismo sistema que los dejó en off side y que encima los obliga a convertirse en policías. Ahora bajo el eufemismo de la "salida laboral", antes por "vocación" o herencia familiar, este es un país que quiere que te conviertas en policía. Como dijo el poeta: "detrás de un uniforme siempre hay un uniformador".  

viernes, 17 de marzo de 2017

Este es el Aguante


Tiene mucha razón Francisco Delfino, quien tituló su nota sobre el recital del Indio Solari en Olavarría: La entrada es gratis, la salida vemos. En términos simbólicos (y no tanto) el Indio se abocó a llevar a la praxis uno de los aforismos que García acuñó en su etapa Say No More. Esos eslóganes que en otro momento hubiesen formado parte de la lírica y ahora aparecían por fuera de la obra, en las entrevistas.

Como con Borges y Fogwill, la obra de García y Solari prosigue en sus entrevistas.

En la misma semana Charly hace el show anti Sistema/Solari: un recital para menos de 500 personas, a mil mangos la entrada, avisado ¡tres! horas antes. Un recital en el que el único que puede morir es el Artista. Pocos días antes se viralizó un video en el que García salía de su casa con dificultades para caminar. La cantidad de mierda moralista que hubo que leer fue impactante. Simplemente se dedicaron a mostrar las imágenes y no contar que hace dos años fue operado de la cadera. Y que antes de eso estuvo en silla de ruedas. ¿Se puede ser tan $%"&)= al comunicar una noticia? Sí, se puede.

La dinámica del show recuerda dos hitos de reinvención: el hall del Teatro San Martín en el 94 ("¿Será que estoy crazy, Macaya?" canta en "Andan") y la Basílica de Luján en el 2009. Shows sorpresas donde García prueba a su público y se prueba a sí mismo. Siempre a quemarropa.

El último tema del show fue "El aguante". Evidentemente la ideología de García es la ambigüedad. Da la sensación de que cada uno de sus movimientos esconde un símbolo a desentrañar. "El Aguante" fue su coqueteo chabón a fines de los 90. "Yo no llegué tarde, ellos vinieron temprano" asegura, desafiante, en un Gesell Rock al que tardó tanto en llegar que cuando lo hizo buena parte del público se estaba yendo. En el Quilmes Rock 2004 cae una gran tormenta. Por supuesto Charly soporta la tormenta mejor que el público que, en determinado momento, comienza a realizar un típico éxodo. Esas cosas que pasaban en recitales de García. La gente ya no se lo bancaba más y se iba a la mierda. Pero ¿qué hace García? Detiene el tema que está tocando ("Los fantasmas") y dice: "Esos que se están yendo ¿a dónde se van?, la concha de su hermana, toquemos "Popotitos". Váyanse ahora".

A García le calzaba perfecto ese eslogan de la Rock and Pop: donde el rock vive.

Es decir, Charly adaptó y extrapoló la idea del aguante como excusa para que lo aguantemos a él, algo muy distinto a la cultura del aguante generada en el corazón del rock chabón, que basaba su sentido en una idea de pertenencia social entre los mismos integrantes del público y de identificación entre éstos y las bandas. La idea de que el artista podía ser reemplazado por el público y viceversa. La idea del rock como refugio anti nuclear ante las históricas debacles cíclicas del país. Ideas construidas posteriormente por la sociología rocker; supongo que en ese momento lo elemental era cantar “La balada del diablo y la muerte” y tomar birra. Nada más alejado de Charly, que, aunque se fascinó con la fidelidad de sus jóvenes aliados, siempre dejó en claro cuáles eran los límites entre él y los demás (no sólo el público, sino también los otros músicos del rock argentino, con excepción de Spinetta, por supuesto). 

Aunque hubo cierto espíritu chabón en el público de Charly post Obras 1998 (1) que el grueso perteneciera a clases medias y no a sectores marginados del sistema (económico-cultural) hacía imposible un conflicto de tipo Bulacio. El público de Charly, por lo menos en los 90 (no así, claro, durante las habituales razzias de la dictadura), no se peleaba con la policía, ¡era Charly el encargado de tales menesteres! Es decir, no había espacio para que el público hiciera bardo, el único bardo lo hacía el Artista arriba del escenario. En Buenos Aires Vivo III García juntó a 300.000 personas. El conflicto no fue por la combinación letal de distintas capas sociales entre el público, sino con Hebe de Bonafini. Así es Charly.  

La única vez que hubo un incidente grave fue cuando en un recital de Sui Generis en Parque Sarmiento (gratis, durante el verano del 2001) un chico fue apuñalado. Al otro día Charly y Nito le llevaron una guitarra al hospital. Según los archivos de la época en declaraciones a la prensa Charly “amenazó” con matar (¡!) al agresor (“yo tengo amigos en la mafia”) y dijo: "Me hago responsable de lo que pasó porque el chico vino a verme a mí. Entonces lo va a alegrar que yo vaya a verlo a él".

Charly, no sin su habitual cuota de clasismo (¡incluso varias veces habló de la tan odiada "meritocracia"!), alguna vez se refirió a la buena educación de su público en comparación con el de otros artistas. Ese prejuicio hacia el Otro, por supuesto, no es patrimonio exclusivo de Charly (2) sino de buena parte de la opinión pública del rock argentino, que, si es necesario, de un sábado a un domingo te replica la bajada de línea de un Fantino o un Baby Etchecopar sin sonrojarse. El desprecio con el que hoy se está hablando del público del Indio Solari en los medios revela una lamentable falta de empatía y la confusión semántica de que el "marginado" en realidad es "marginal". Habría que ver televisión sabiendo que toda confusión semántica conlleva una elección ideológica.   

En el libro 100 veces Charly, de José Bellas y Fernando García, Javier Pedelaborde cuenta que Poli llamó a SNM después de que hiciera algunas declaraciones en contra de la banda. Esto no está en el libro pero, si no recuerdo mal, en una de sus típicas chicanas, decía que él era mejor guitarrista que Skay. Según Pedelaborde Poli le pasó con el Indio y Charly, entre otras cosas, le dijo: "Indio, si querés ser cacique no dejes que se peleen los de tu tribu".

En el primer lustro de los 80 García se ofreció a producir el primer disco de Los Redondos y ellos, "muy amablemente", se negaron. Una decisión más ética que estética: Charly representaba todo lo que el Indio no quería ser. No tenía nada que ver con su idea del rock. De hecho/ se da por hecho que el Indio le dedica a Charly el estribillo de "Todo un palo": "Yo voy en trenes, no tengo donde ir". Ahora vuela un jet hacia el sur. La cósmica cintura es el folclórico ataúd del rock nacional. Sin embargo el Indio se mostró mucho más interesado en hablar de García que al revés. Como criticó el predominio del anecdotario por sobre su obra también lo reconoció como "artista existencial" y autor de letras atractivas. De hecho en una reciente entrevista concedida al programa La nota del Siglo cuando le preguntan qué artistas le gustaban del rock argentino, después de aclarar que su formación es básicamente anglo, al primero que menciona es a “García”.

"De Indio a millonario" decía el informe, tan Simpsons. Estos informes están basados en la condena moral. Los capitalistas se asustan de la existencia de otro capitalista. Se parte de la falsedad de que el público que sigue al Indio no sabe que es millonario. Como si el Indio Solari diera a entender que vive en Fuerte Apache y no llega a fin de mes. Nada más alejado de la verdad. Las entrevistas al Indio Solari tratan sobre eso. Sobre el conflicto de un tipo que se dio cuenta que perdió la calle pero que sus canciones siguen ahí. Pero esto no es nuevo. El discurso del Indio siempre estuvo atravesado por saberse parte de una elite, una especie de burguesía cosmopolita, que estaba a años luz del público que lo seguía. En El Hombre ilustrado Gloria Guerrero transcribe una declaración esclarecedora en ese punto: "Una de las cosas que facilitó la cultura del rock era que éramos de clase media, entonces podíamos abandonar el televisor y la heladera para ir a vivir a una comuna en pelotas y tomar tripas y qué sé yo. Al que le cuesta abandonarlas es al que no tiene nada: si me costó veinte años tener una heladerita, cómo la voy a quemar para hacer una experiencia".

La gran paradoja es que Los Redondos empezaron como un artefacto con proyección contracultural. De hecho la información que Solari trafica en sus numerosas entrevistas (sólo hace falta buscar en YouTube para desactivar el lugar común) tiene que ver con la nueva izquierda, los yippies, las experiencias comunitarias y la experimentación con drogas. A fines de los 70, cuando ofrecen sus primeros shows, pero también cuando debutan discográficamente (1985) García era el artista que más convocaba. En esa época el rock argentino no se había expandido lo suficiente. Los máximos hitos de asistencia eran el Adiós Sui Generis, Serú Girán en La Rural y el emblemático Ferro 82. En el centro de todos esos escenarios estaba García. De eso se quieren diferenciar Los Redondos. Esto no es ni bueno ni malo, a mi modo de ver. Simplemente se trata de una observación para dimensionar lo atractivo que es analizar de qué manera evoluciona la carrera de un artista y cómo siempre hay algo que se gana y que se pierde. Hoy el músico de culto es Charly.

(1): Recuerdo algunas bengalas y haber escuchado con estupefacción "Que se muera Cerati la pmqlp", rotunda muestra de ignorancia bibliográfica con respecto al obvio antagonismo entre Charly y Luca. Nótese que el término "chabón" no está usado en forma despectiva. Todos somos chabones.

(2): Charly combina, fiel a su estilo, dosis antagónicas de compromiso e incorrección política. Siempre lo salva su humor.

domingo, 12 de marzo de 2017

Juzguemos a los otros


En los días previos al recital del Indio Solari en Olavarría los medios y la "opinión pública" se hicieron eco del denominado "fenómeno" multitudinario con ese regodeo que generan las cifras con varios ceros. Los trescientos mil ricoteros se pueden sumar al contrato de Tévez en China, los millones de los bolsos de López o la cantidad de pobres en la Argentina. En la repetición permanente de estas súper cifras existe algún tipo de goce masturbatorio que por lo general invalida cualquier análisis sobre las causas (disímiles) que producen tales efectos.

Lo cierto es que una vez conocida la noticia de que una avalancha había producido heridos y muertos en pleno recital esa fascinación casi demográfica por la cantidad de gente que asistiría al show se convirtió, por arte de magia, en una condena automática hacia el artista o el público o los encargados de Seguridad o los representantes del Estado que no previeron la tragedia o alguno de esos elementos o todos esos elementos juntos. La multiplicación de responsables, pertenecientes a diferentes esferas sociales (de las que podríamos formar parte incluso quienes nunca fuimos a un recital del Indio), por supuesto no activó una conducta autocrítica sino otra, más cercana a la Inquisición. 

La esencia del discurso hegemónico de los medios y las redes sociales parece hallarse en una necesidad imperiosa para señalar culpables. Como sabemos, juzgar a los demás es la mejor manera que tenemos de no hacernos cargo de nada y dormir tranquilos. Incluso sentimientos tan profundos como la tristeza por una tragedia tan dolorosa son desactivados en el afán de encontrar a los culpables y arrojarlos al cadalso mediático.  

Cuestiones políticas, sociológicas y estilísticas se mezclan de manera atolondrada cuando se habla de los recitales del Indio. Se puede percibir una indisimulable y penosa satisfacción en quienes lo acusan de ser K o un millonario egocéntrico, de tener un público compuesto por "negros" o de hacer una música que no forma parte de ciertos parámetros estéticos. "Yo te dije" es la odiosa frase que respalda, de modo omnipresente, estos discursos. Del lado ricotero de la vida ciertos planteos cercanos a una conspiración por parte del Gobierno, por lo pronto, se asemejan a una reacción tan ingenua como paranoica, probablemente ligada a la incertidumbre que genera ver a un ídolo contra las cuerdas morales de la Sociedad. La verdad es que a ninguno de los aparentes responsables, por más malos, sucios y feos que sean, les conviene que haya muertos en un recital. Esto no quiere decir que nadie se deba hacer cargo de los heridos y de los muertos pero sí que se tome con pinzas la idea de una tragedia prestidigitada por un genio maligno.   

Quedará en manos de la justicia, del imaginario popular y del paso del tiempo determinar qué grado de responsabilidad tiene Solari en la muerte de dos de sus fans. La mitificación del "pogo más grande del mundo" y el alarde de su capacidad de convocatoria (que en el documental "Tsunami. Un océano de gente" lo llevó a bromear con un enfrentamiento con los Rolling Stones) más que una culpabilidad logística determina, con el diario del lunes, una improcedencia ética tan evidente como difícil de remarcar para quienes a veces no podemos hacernos cargo de organizar un cumpleaños con suficientes sillas para los invitados. "¡Me voy a hacer una paja!" aulló Charly García, maravillado, tan honesto y brutal como siempre, al observar las trescientas mil personas que habían asistido a su recital en Puerto Madero en 1999. Habría que analizar seriamente qué clase de consecuencias psicológicas tiene ser y creerse el aglutinador de tantas sensibilidades ajenas.  


Lo cierto es que desde el caso Bulacio Solari parece condenado a ser visto como el chamán que descuida a su tribu. Haber ayudado a construir a ese chamán (que hoy se llama Solari y mañana puede tener otro nombre), creernos parte de una tribu signada por sus designios, tampoco debería ser pasado por alto. 

martes, 21 de febrero de 2017

Tiempos de Roberto Arlt


1. Sombra terrible de Roberto Arlt voy a evocarte, etc. En determinado momento creí que mi vínculo con ese tipo estaba totalmente clausurado. El trauma era el siguiente: había leído El juguete rabioso y Los siete locos en el transcurso de una cursada de Argentina II. Una lectura express, forzada, rápida, superficial. "No llegaba" supongo. No sé adónde. Por lo tanto el contexto personal había dañado seriamente la posibilidad de disfrutar de las novelas.

2. La única manera de volver a estos autores con los que tuvimos un vínculo original conflictivo es encontrar una mejor edición de alguno de sus libros en la biblioteca de otra persona. Antes de robarlo conviene preguntarle a la otra persona si te lo presta.

3. Lo que encontré es un libro estilo ladrillo con sus cuatro novelas: El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas y El amor brujo. El prólogo lo escribe David Viñas. Por supuesto lo primero que hace es relacionar a Arlt con Sarmiento. Si David Viñas viviera estaría escribiendo un libro llamado De Sarmiento a Macri. (Casualmente Los siete locos también se llama el programa en el que Viñas realiza un monólogo de una brillantez extrema y violenta). 

4. A Borges le gustaba el final de El juguete rabioso. Ese libro se iba a llamar, como sabemos, La vida puerca. Creo que fue Ricardo Güiraldes, su figura protectora dentro del cielo de los escritores, quien le aconsejó cambiar el título. O tal vez me esté confundiendo con esa novela de Bolaño que no leí (Nocturno de Chile) y que se iba a llamar Tormenta de mierda.  Es un título excelente para una canción de Frank Zappa.

5. Lo cierto es que para quererlo tan poco Borges tuvo un gesto de reconocimiento hacia Arlt (lo otro son whatsapps filtrados del Borges de Bioy). En el prólogo de El informe de Brodie cita una frase de Roberto Arlt en una invectiva contra las regulaciones lingüísticas del diccionario, por parte de él, y una respuesta a quienes lo acusaban de manejar un lunfardo deforme, de parte de Arlt: "Me he criado en Villa Luro, entre gente pobre y malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas". Creo que lo mejor de los últimos libros de Borges eran los prólogos/epílogos. No tengo idea de dónde sacó esa declaración. Tal vez se le ocurrió a él pero se la atribuyó a quien la hubiera dicho con verosimilitud.   

6. Recuerdo que cuando leí El silenciero, Besarión, un amigo chiflado del protagonista del libro (obsesionado con los ruidos), me pareció un personaje que podía encajar perfectamente en el mundo de Los siete locos. No sé, porque no leí la amplia bibliografía que hay sobre Arlt, si alguna vez se relacionó el grupete comandado por el Astrólogo y el Club de la Serpiente. Supongo que sí. Piglia no se perdía esas cosas. Borges también tenía sus comunidades secretas. Y Marco Denevi tenía su Ceremonia Secreta, novela que ahora recuerdo con un halo dark aunque no sé si Denevi apelaba a un gótico porteño estilo Sobre héroes y tumbas o que cuando la leí estaba de moda una banda llamada Evanescence. ¿Cuántas personas en el mundo a esta hora leerán a Marco Denevi? ¿Cuántos menores de 25 años nunca escucharán hablar de Marco Denevi? ¿Existió Marco Denevi? Tal vez el equilibrio del mundo depende de que por lo menos un adolescente esté leyendo Ceremonia Secreta.  

7. Hay un artículo de 1985 que Saer tituló "Roberto Arlt". Ahí dice que lo que en la obra de Arlt proyectan los siete locos en la realidad lo puso en práctica Saverio el Cruel. El texto comienza con Saer aplicando uno de sus dardos envenenados a Borges, a quien más adelante llama "anciano que hace chistes en los diarios": "Si comparamos la retirada brusca de Arlt con la persistencia borgiana, que se disemina en banalidades, advertiremos tal vez que, una muerte bien colocada puede llegar a tener, como él decía, la eficacia de un cross a la mandíbula". La referencia que hace Saer sobre la muerte de Arlt y la supervivencia de Borges es maravillosa porque es propia de una charla de rock sobre Lennon y McCartney.

8. El juguete rabioso es la novela de iniciación y Astier un  claro precedente de Erdosain (como muchos personajes de Cortázar prefiguran a Oliveira) y por momentos es un Holden Caulfield porteño. Los siete locos ya es de una genialidad insoportable. Creo que las personas inteligentes a las que tengo acceso no tienen con respecto a Los siete locos las sospechas que recaen sobre Rayuela. El estilo de Arlt, sus discutibles criterios semánticos que mezclaban varios registros al parecer disimiles, trasmiten su complejidad a los soliloquios místicos y existenciales de sus personajes, donde hacen cameos Mussolini, Lenin y Nietzsche en una ensalada típicamente argentina. Resaltar sólo el costado sociológico y profético de Arlt es como valorar a Charly sólo por sus canciones contra la dictadura pero es muy difícil no leerlo como si fuera el I Ching. ¿Cómo será escribir algo que van a seguir leyendo noventa años después de que lo escribiste?   

9. "¿Usted cree que no hay oro? Me recuerda a las criaturas que en la mesa tienen los ojos más grandes que el estómago. En nuestro país todo es oro". Eso le dice el Buscador de Oro a Erdosain en una caminata por Temperley hasta la terminal de trenes, por donde quedaba el aguantadero del Astrólogo.

10. En cuanto a personajes emblemáticos de la literatura argentina Maradona diría: “El Rufián Melancólico y diez más”.  

miércoles, 15 de febrero de 2017

Cólera


Encontré el revólver en el galpón de la casa de mi abuelo. El galpón estaba en la esquina de un fondo con árboles de manzanas y limones.

No recuerdo haber comido una sola manzana. Eran verdes. Comer manzanas verdes es como comer una fruta cruda. En cuanto a los limones: eran como piedras verdosas. Un día hice jugo, lo tomé y creyeron que tenía cólera. El Sistema Teleducativo Argentino era muy convincente. En las semanas posteriores mi mamá se paró en la puerta de la Escuela y le aclaraba a las demás madres que sólo creyeron que era cólera porque tenía mucha diarrea. Estas explicaciones me entristecían mucho.

Lo cierto es que a partir de cuarto grado empezaron a decirme Cólera. Los que me querían, porque yo solía ganar la votación como mejor compañero, me siguieron diciendo Federico. ¿Cómo hacía para ser el mejor compañero? No me metía con nadie y nadie o casi nadie se metía conmigo. No tenía interés. Desde chico necesité pasar más tiempo adentro de mi mente que mis amigos.

Comparado con mis dos hermanos yo era todo un intelectual. Ellos estaban sucios las veinticuatro horas. Se tiraban pedos en la cara. Jugaban competencias para ver quién eructaba mejor. Sacaban el pito y meaban personas desde arriba de los árboles. Adoraban expresarse a través de su fisiología. Yo mientras tanto buscaba escenas de desnudos en los best sellers de mi papá, descripciones de mujeres con caderas anchas y pechos de no sé qué. Eso era lo más parecido a xvideos en 1992. Los 90 son nuestros 70. En esa época los 70 todavía eran los 70.    

Por la época en que me empezaron a llamar Cólera encontré el revólver en el galpón. Al principio no me animé a empuñarlo y mucho menos a llevármelo. Simplemente me colgaba mirando la caja de zapatos donde estaban guardados el revólver y una bolsa de nylon con balas plateadas. Esto pasaba cada vez que íbamos de visita. Mis hermanos en la calle armando lío. Mi familia en el living discutiendo sobre Menem. Yo en el galpón mirando balas plateadas.

Recuerdo cuando decidí llevarlo a casa. Me pareció que iba a ser divertido tener un revólver en mi pieza. Aunque el término "divertido" tal vez no sea el más adecuado. Ahora iba a poder mirar el revólver cuando se me diera la gana, durante tardes enteras. Había veces que estaba en el recreo del colegio pero mi mente estaba adentro del galpón. Desde que lo tuve en casa esto no pasó más.

Trasladarlo de la casa de mis abuelos a la mía fue más fácil de lo que imaginaba: un domingo metí el revólver en un bolsillo y las balas en el otro. Y viajé en el 554 armado, junto a mis padres y a mis hermanos.

Lo enterré en el medio de una pila de tejas rotas que mi viejo había dejado tiempo atrás después de que un temporal marplatense nos volara parte del techo. Era una noche de verano y desde mi casa se podían ver los reflectores del Mundialista porque estaban jugando Independiente y Racing. Yo flasheaba que el Estadio era un Ovni que acababa de descender. Los aliens atacaban a mi familia hasta que sacaba el revólver y me convertía en el héroe del barrio.  

Una noche sonó el teléfono muy tarde y mis viejos se pasaron el tubo varias veces. Mis hermanos y yo veíamos la escena desde nuestra pieza, que tenía la luz apagada y la puerta entreabierta. Era el abuelo y por las caras de mis viejos había pasado algo raro y peligroso. Yo sabía que hablaban del revólver pero nunca se me ocurrió decir la verdad.

Acusaron al novio bardero de una prima y hubo una revolución familiar que suspendió las reuniones un par de meses. Sospechaban de mis hermanos y cuando una tía se animó a decirlo en voz alta mi vieja se desmayó.

En determinado momento la ausencia del revólver amenazó con desintegrar la familia. Y no sé si no hubo algo de eso ¿O será que por esa época se empezaron a morir todos como habitualmente se mueren todos en todas las familias que conozco? La cuestión es que yo empecé a desentenderme del revólver hasta que no se volvió a hablar del tema. Y empezaron a pasar los años y un día unos albañiles hicieron el piso de cemento del patio, limpiaron la pila de escombros y nadie dijo nada del revólver.


Mi prima se casó y tuvo hijos con otro tipo. La tía que sospechaba de mis hermanos se fue a vivir a Madrid y habla por Skype con mi vieja. Se murió mi abuelo. Eso de que "la vida sigue" es verdad pero a veces estoy fumando y mientras miro por la ventana cómo los turistas intentan escapar de la lluvia me acuerdo del revólver. No podría explicar exactamente la sensación pero es parecido a ser una piedra en el mar o un cartel de Stop en una ruta vacía. Supongo que desde cierto punto de vista guardar un secreto durante tantos años es emocionante y siniestro a la vez. 

miércoles, 8 de febrero de 2017

La máquina de hablar de Spinetta


El primer tema que me gustó de Spinetta fue "Hombre de lata", un rock cuadrado, computarizado, binario, en el que Spinetta, desaforado, gritaba “Cha Cha Cha”. Pescado Rabioso después de la caída del muro de Berlín. “Tarde o temprano sólo nieves comerás”, decía el estribillo y aún hoy me pregunto qué mierda quiere decir eso pero me parece genial advertírselo a alguien en una canción. Lo pasaban todas las tardes a la misma hora en Radio Arena.

Después con mi hermana heredamos muchas revistas de rock de mis primos. Uno de los titulares de tapa de una Pelo decía "Spinetta contra la cumbia". Recorté ese pedazo y lo pegué en mi carpeta como dando un mensaje a mis compañeros. Pero no recuerdo a ningún compañero de Secundaria preguntándome por Spinetta ni por ese recorte pegado en mi carpeta.

En esa Pelo le preguntaban a Spinetta por el himno de Charly y lo relacionaba con "La marcha de San Lorenzo" de La Pesada del rock and roll y creo que no le gustaba mucho.

A principios de los 2000 los casetes de Spinetta costaban un peso con cincuenta. En vez de comprarme una birra yo compraba casetes de Spinetta. Y no me equivoqué. Uno tiene toda la vida para tomar birra pero nada se compara a una adolescencia solitaria junto a Spinetta. Es la pieza del rompecabezas que falta para que seas un desplazado total. Por lo menos eso pasaba hasta principios de los 2000.

Por esa época Spinetta estaba bastante olvidado y se anunció un recital presentando Silver Sorgo en el Auditorium y como nadie compró la entrada se suspendió. La única persona que conocía que escuchaba a Spinetta era yo.

De los que me compré en casete en esa época el disco más hermoso me parece Exactas, probablemente uno de los menos conocidos de los muchos menos conocidos en su carrera. Era en vivo en la Facultad, por supuesto, de Exactas. Empezaba con una versión con guitarra eléctrica de "Que ves el cielo". También tenía "Parvas" pero bluseada. Y "La cereza del zar" en una versión casi igual a la de Pescado 2. Yo no sabía que estos temas eran de Invisible, Almendra y Pescado Rabioso respectivamente, aunque algo sospechaba porque cuando Spinetta empezaba a cantar los spinetteanos aplaudían con respeto. 

El gran momento de ese disco era la versión eterna de "La herida de París" con el solo de bajo de Javier Malosetti, al que alguna vez en una entrevista lo escuché renegar de su alarde (algo parecido decía Pedro Aznar sobre algunas intervenciones en Serú). Alto momento spinetteano, un verdadero filtro para que queden afuera los que no se lo bancaban.

¿Si hubiese accedido por primera vez a Don Lucero y Téster de violencia en la época post Banda Ancha en la que me bajaba 25 discos por día los hubiese escuchado enteros? ¿Me hubiese aprendido todas las letras de memoria? ¿Hubiese llegado hasta "Alcanfor"? ¿Hubiese interpretado, después de horas de disquisiciones internas, que “el ojo que mira el magma” era la concha? Probablemente no. Y esto es lo que más me preocupa de las nuevas generaciones: que no tengan tiempo para escuchar a Spinetta como se debe, que sólo sepan que queda bien escucharlo. 

Digo "Spinetta" como podría decir "Antonio Di Benedetto".

Silver Sorgo ya es un disco que me compré en el momento en que salió. Recuerdo a Pergolini estrenando “El enemigo” y que el corte de difusión fue “Mundo disperso”. Recuerdo una conferencia de prensa en la que decía que Argentina era un país que producía mucho “forraje” (en las dos acepciones del término). Recuerdo que tenía un cuello en la cabeza. Recuerdo la tapa de la Rolling Stone con el Gordo Spinetta en la que le confesaba a Gloria Guerrero que había dejado de "esnifar" el 31 de diciembre de 1992. Me encanta comentar este dato en conversaciones rockeras como quien no quiere la cosa.

En el Industrial un chico llamado Jowen, cuya madre era rockera, me grabó varios discos de "rock nacional". Uno fue Privé, que en su momento me pareció demasiado artificial, Spinetta intentando ser pop, y ahora creo que es una de sus obras maestras. Ahí samplea al Gordo Muñoz en "La pelícana y el androide". Ahí utiliza el sonido de un lavarropas en "Ropa violeta" que habla de caracoles que copulan entre sí y dice: "ojalá vuelvas cubierta con la escarcha de oscuro lingerie". Las letras de ese disco están entre lo mejor de su carrera: eróticas, distópicas, urbanas. En “Patas de rana” manda que en el Obelisco colgará un himen “de cristales mil”.

Dada mi spinettosidad me parece inverosímil pero nunca me preocupé mucho por interpretar demasiado las letras de Spinetta, nunca quise saber qué quería decir, siempre me gustó sentir el grado cero de sus letras. La anécdota sobre la disquisición sobre el “ojo que mira al magma” es una excepción y, por la época, supongo que tiene más que ver con el objeto de interpretación que con Spinetta.   

Por esa época había un pibe que venía casi todas las semanas a mi casa con la excusa de que "andaba por ahí". Vivíamos en la loma del orto y en realidad quería ver a mi hermana. Era casi imposible andar por 39 y Polonia. Así que yo aproveché para que me grabara música. Lo primero que le pedí fue El jardín de los presentes. Todavía el "uh na na na" del final de "200 años" me sigue pareciendo lo más emotivo jamás escuchado en una canción.

Hay un disco pirata de la presentación de ese disco en el Luna Park. Creo que fue el último recital de Invisible antes de Las Bandas Eternas. Cuando Spinetta canta “y un banderín de River Plate” hay una mezcla de ovación y abucheos. Y, entre algunas reacciones irreproducibles, uno dice “¡Gallina!”. Puro rock nacional, señores.

Ese disco hizo que ingresara definitivamente en el mundo Spinetta. Ahí sí quise tener todos los discos pero como no tenía plata, para soportar la espera, me compré el Obras Cumbres de Pescado Rabioso e Invisible. El tema desconocido que más me emocionó increíblemente no era sólo de Spinetta, sino que estaba compuesto y cantado a dúo con Bocón Frascino: "Dulce 3 nocturno".

Después conocí amigos a los que Spinetta no les gustaba mucho, les parecía, por decirlo de una manera sofisticada, enroscado al pedo. Al principio me sorprendió que hubiese gente que no gustaba de la música de Spinetta y se animara a decirlo en voz alta. Con el tiempo creo que fue necesario ese choque con la realidad: hay algo demasiado solemne y hasta autoritario en el fan puro de Spinetta que me parece necesario perder en algún momento. Es un lastre.

Me enteré de la muerte de Spinetta por un comentario del blog que decía simplemente "No!". Yo recién me había levantado de una siesta y no sé cómo pero entendí el mensaje al toque. Antes de que se conociera la noticia de su enfermedad alguien me lo dijo vía facebook porque sabía que yo era fan de Spinetta. Un gran gesto que todavía conservo. Recuerdo la cara de mi viejo cuando se lo conté. Creo que fui demasiado brusco. Después entendí que no sólo le estaba diciendo que Spinetta estaba mal, le estaba confirmando que su juventud había muerto. 

Todo el mundo dice que lloró cuando se enteró de la muerte de Spinetta. Sé que algunos lloraron porque imaginaron lo que sentirían cuando se muera Charly. Yo no lloré. Y la verdad es que todavía hoy me pregunto por qué no lloré. ¿Habrá sido un reflejo del spinetteano ortodoxo y elitista? ¿Un reflejo que me decía que todos estaban llorando entonces yo no tenía que llorar? Andá a saber. La última vez que lo vi fue en el Auditorium y me pareció un bodrio. Y todavía no me perdono que me haya parecido un bodrio y que encima haya tenido el tupé de escribir un post sobre eso. Me avergüenza por completo haber escrito algo así. Y eso que me avergüenzan muchas cosas que escribí pero ésa, ésa no me la perdono. Es como un recordatorio que dice: “no te hagas el canchero que te queda mal”.

Bochatón advirtió algo maravilloso, que explica mucho de lo que significa Spinetta. En la carta en la que reconoce que tiene cáncer después de que unos hijos de puta lo fotografiaran en la puerta de su casa (algo que no hay que olvidar nunca), ésa en la que nos aconseja no paniquear, habla de que se encamina hacia "la curación total". Bochatón, yo y supongo que muchas personas creímos que Spinetta quería decir que estaba por ganarle a la enfermedad. Nada que ver. Para Spinetta la curación total era la muerte.

Creo que lo primero que hice cuando me enteré de su muerte fue cargarme todos sus discos en el mp3. Y creo que estuve dos o tres meses escuchando a Spinetta de acá para allá. Nada muy distinto a lo que había hecho desde los catorce años. Y descubrí "Buen día, día de sol" del disco del retorno de Almendra. Ésa y "La rifa del viento" fueron las dos únicas canciones que se me habían escapado de los 14 a los 26. Después estuve dos o tres años sin escuchar a Spinetta. Igual ya lo tenía todo en mi mente. Confieso que me molestaba muchísimo que todos los caretas, de repente, lo amaran. Spinetta era mío, hijos de puta. Y de otros miles  como yo. ¿Qué tienen que meterse? Vayan a escuchar Maroon 5. Fue como si una turba de neo hippies invadiera mi habitación a los quince años. Después me di cuenta que es hermoso que la música de Spinetta se haya vuelto casi masiva. La parte en la que el tipo tiene que morir para que eso pase todavía me hace ruido.  

Nunca escuché Los Amigo con detenimiento. Inconscientemente lo guardo para alguna abstinencia futura. El último disco que descubrí tardíamente es Madre en años luz. Creo que para grabarlo le pidió prestada la (máquina de ritmo) Rucci a Charly. Ahí está "Entonces es como dar amor" en la que Spinetta realiza la hazaña de mencionar el término "Acasusso" en un tema de amor rock pop. Y queda perfecto porque la imagen parece salida de un tango o de alguna escena de Roberto Arlt o Henry Miller: llueve y el tipo está cansado de esperar en un andén en Acassuso. Spinetta no necesita rimar. La combinación de su modo de cantar, la instrumentación y las palabras le permite decir lo que quiere.  

Una cosa más: me encanta cuando llueve en las canciones de Spinetta.
 

lunes, 6 de febrero de 2017

Enmascarando el fin


Uno de los conflictos que parece haber planteado “La máquina de ser feliz”, el corte adelanto de Random, el nuevo disco de Charly García, es sobre si la canción representa algún tipo de continuidad con su obra canónica. Algunos se preguntan sobre la voz. Otros si sólo es un nuevo “Deberías saber por qué”. Otros sobre las similitudes del tema con “Miracle of love” (o, incluso, cierta resolución en la melodía similar a “Juntos a la par”). Otros le hallan a la melodía y a la letra una simplicidad que parece no corresponder con la magnitud del artista.

Según Samalea desde su Facebook él mismo le llevó el demo del disco a Joe Blaney hace un par de años. Blaney es fundamental para entender buena parte de la obra de Charly. Incluso su renunciamiento post Alta Fidelidad (1997) es elocuente. Hubo un momento en el que Blaney consideró que Charly se había vuelto inmanejable en el estudio y que su modo de trabajar era incompatible con el suyo. Siguió colaborando en algunos discos pero nunca más puso las manos en la masa como en las épocas de oro. En el libro de Marchi se cuenta muy bien toda esta secuencia (de hecho se retrotrae el comienzo de la ruptura a Cómo conseguir chicas). Cuenta Samalea que cuando Blaney vio el packaging con el que Charly adornaba los demos de Random (auriculares, fotos de Marilyn Monroe y los Stones) dijo: “¿What the fuck is this?”. La anécdota es genial y evocadora del vínculo entre el músico y el productor y también revela el grado de incertidumbre que puede tener Blaney ante un trabajo nuevo de Charly.  

Cuando produjo Clics Modernos Blaney venía de ser ingeniero de sonido de Combat Rock de Los Clash. El trabajo con Charly le permite lanzar su carrera como productor estrella de rock latino (cuyo otro emblema de impecabilidad es Alta Suciedad), aunque sigue trabajando con artistas anglo como ingeniero y mezclador (Prince, Keith Richards, etc). En ese sentido que Samalea anuncie que, a diferencia del resto del disco (cuyo trabajo de mezcla corresponde a Nelson Pombal), “La máquina de ser feliz” fue mezclado por el propio Blaney no es un dato menor (aunque esto lo sabremos cuando escuchemos todo el material). Lo primero que sorprende del tema (a algunos para bien, a otros para mal) es el nivel cristalino de la grabación y la prolijidad con que las distintas capas de sonido (y los instrumentos) se van ensamblando sin interferencias ni ruidos extraños, tan típicos y buscados en la era Say No More. Supongo que el choque estético entre Blaney y Charly a fines de los 90 tuvo que ver con la disparidad entre un enfoque formal y otro conceptual. “La máquina de ser feliz” permite la fusión entre esas dos ópticas. Lo que no deja de ser conmovedor. Blaney y Charly, como dos viejos amigos que se quieren más allá de las diferencias, encontrándose para volver a hacer lo que saben. Las referencias a Chopin y el diálogo de Kubrick que abren el tema (algo que los fans sabemos agradecer de un modo que quienes no lo son ni siquiera pueden imaginar), hace que el tema, craneado por la visión hi fi de Blaney, no pierda la esencia García.

Cuando Paul McCartney editó Chaos and creation in the backyard y se puso bajo las órdenes de Nigel Godrich se contaba la anécdota de que el productor de Radiohead se había animado a decirle que algunos temas no estaban a su altura. Blaney es el único tipo que le puede decir eso a Charly. Y eso, aunque parezca una herejía, es bueno.
  
Otro tema central es la voz de Charly. La primera impresión es un tanto curiosa. Como a partir de los 90 (con excepción de Tango IV) Charly siempre prefirió dejar en sus discos voces crudas o intervenidas de modo tal que no suenen a FM (pienso en su versión de “Dos edificios dorados”), puede ser hasta chocante que se advierta que su voz ha sido retocada en estudios. Con las escuchas sucesivas se puede adivinar en esa voz artificial, de laboratorio, una correspondencia con la atmósfera sci fi del tema y también inflexiones que son muy típicas del Charly conocido por todos (cierta dulce aspereza me recuerda al tono bajo con el que comienza “Chipi Chipi”). Teniendo en cuenta la versión demo del tema conocida dos años atrás en un programa de Telefe, creo que Blaney la mejoró.

Con respecto a la melodía y a la letra no son pocos los que han comentado que al minuto de escuchar “La máquina de ser feliz” ya estaban tarareando o silbando el tema. Y eso siempre es bueno si se trata de García. Se trata de una versión muy libre de “Miracle of love” de Eurythmics. Más que de un cover se puede tratar de una canción inspirada en otra (su cadencia, su delicadeza, la sensación de cámara lenta). “Hay tanta gente sola/ Hoy tanta gente llora” son versos simples, es cierto, pero no deberían escandalizar a quienes escucharon “Nace una flor, todos los días sale el sol” o “De tanto darte amor te hice feliz”. Dejen que García se exprese y probablemente con el tiempo se sientan expresados a través de él.  


Por último, sin el vicio de las forzadas interpretaciones de las que algún libro reciente abusó, las alusiones a la máquina que “prende y apaga sola”, al mundo “remotamente digital”, a la “inocencia artificial” permiten descubrir un García que sintoniza (a través de su fascinación por los ipads), irónico o no, con la época. En una era tecnológica, hiperconectada, las canciones de amor se las dedicamos a las máquinas. Los ojos de videotape ya tomaron cuerpo. En febrero de 2017 García está haciendo música para hikikomoris. Comparable en su magnetismo con el crescendo de la intro, a partir del minuto 3:27 la melodía parece llegar al paroxismo y deshilvanarse suavemente en los coros angelicales de Rosario Ortega. 

sábado, 28 de enero de 2017

La máquina de hablar de Charly García



-Estoy escuchando Carole King.
-¿Carole King? ¿Eso no es como The Eagles? ¿Cómo esas bandas que deberían haber escuchado en su juventud los tutores de Alf?
-Los captores. Hay una interpretación de la serie en la que Willy y la pelirroja en realidad son de la Nasa o de la Cía. 
-Yo adhiero a la teoría de Pil Trafa.
-...
-Cuando era chiquito leí en una Pelo heredada de mis primos que Pil Trafa teorizaba sobre Alf. Juro que eso existió. Era una nota en la última página de la revista. Era un momento complicado para Los Violadores, como que ya no estaban en la cresta de la ola pero todavía tenían sus seguidores. El filo de los 90 fue complicado para todos los ochentistas. A excepción de Cerati y el Indio. Pero fíjate Fito, Calamaro, los ex Sumo, los Cadillacs. Y Pil Trafa, que siempre fue un hábil declarante, hablaba sobre Alf.
-¿Y qué decía?
-Decía que a él lo que le preocupaba era que un extraterrestre se la metiera en la casa. No sé si lo decía explícitamente pero yo lo interpreté como que Alf era el comunismo.
-En una serie o película yanqui todo es susceptible de ser comunismo.
-Por eso me gusta Rambo, es una película honesta: ahí el comunismo es el comunismo.
-Y el consumismo es el consumismo. Bueno, la cosa es que estoy escuchando a Carole King. El disco se llama Tapestry.
-El Blue de Carole King.
-Exacto, aunque a mí, para hacer la contra, me gusta más este disco que el de Joni Mitchell. Es ese rock sensible con piano de fines de los 60 y principios de los 70.
-A lo Elton John. Rock "Préstame un sentimiento". 
-A lo Nicky Hopkins.
-¿Y qué se te dio por escuchar a Carole King?
-Charly. Leí una vieja entrevista en La Mano en la que decía que quería grabar un disco llamado Lesbian Songs, con canciones de cantautoras que a él le gustaban. Entre ellas Carole King y su tema “So far away”. Decía como que era difícil cantar esas canciones porque las minas las cantaban de la concha para adentro. Uno de esos típicos proyectos de la era Say No More, nunca realizados.
-Yo diría un Casandra Lange temático.
-Entonces empecé a escuchar a Carole King, a ver videos. Es la de "Jazzman".
-¿El tema que canta Lisa cuando muere o se está por morir o conoce a Encías Sangrantes?
-Exactamente el que cantan cuando se encuentran en el Hospital y al final del capítulo cuando muere y aparece en la nube.
-Yo me confundía con "Baker Street".
-Sí, ese parece un solo de saxo de un tema de Los Redondos. La cosa es que me fui yendo hacia Joni Mitchell, Dusty Springfield y caí en Janis Joplin. ¿A vos te gusta Janis Joplin?
-Nunca la escuché con detenimiento pero no hace ni falta.
-¿Eso es a favor?
-Si, no de su música, en tanto organismo vivo que necesita que lo escuchen para retroalimentarse aunque tengo entendido que la música no es un organismo que necesita retroalimentarse, sino a ella como personalidad de la cultura rock. Es una de las Jesucristo del rock and roll.
-Ella, Jimi Hendrix y Jim Morrison.
-Igual el Jesucristo del rock, del rock como cultura, es Lennon.
-Es el único hippie con consenso. Charly debería ser así.
-No es así porque está vivo. Si Charly se hubiese muerto en el 96 este país hoy se llamaría "Anhedonia".
-La muerte garpa. Es el mejor y el más hijo de puta de todos los negocios de la industria del entretenimiento. Es el que genera más plata pero a costa de que su máximo benefactor y quien debería ser su máximo beneficiario esté tres metros bajo tierra lleno de gusanos.

***

-¿Viste que Charly saca disco nuevo?
-Lo veo todos los segundos de mi vida desde que me enteré.
-¿Va a decepcionar?
-Si un disco de Charly no decepciona no tiene gracia. ¿Sabés por qué decepcionan los discos de Charly? ¡Porque a Charly lo escuchan quienes ni siquiera gustan de la música de Charly! ¿Viste esos tipos que odian a Charly pero saben exactamente todo sobre su carrera? Lo siguen para ver dónde se copió. Son como fans pero con polaridad negativa. Yo todavía me acuerdo cuando salió La hija de la lágrima. Nadie se tomaba muy en serio ese disco. Volvé a escucharlo. Es un gran disco pero si vos lo que esperabas era un nuevo Clics Modernos estabas frito. Y es entendible que esperaran un nuevo Clics Modernos.
-Claro, ellos no habían estado en el futuro como nosotros.
-La cosa es que este es el disco más emocionante de la carrera de Charly.
-No importa el contenido.
-Obvio que importa, pero ya tiene atrás toda una serie de resonancias que confluyen en algo parecido a una mística. Desde 1971 nunca en la historia la Argentina como país pasó diez años sin un nuevo disco de Charly García.
-Si, el Kill Gil del 2010 no sorprendió a nadie.
-Para mí es un buen disco igual, pero sí, era lo mismo que el disco que se filtró en el 2007 con algunas modificaciones.
-Para vos todos los discos de Charly García son buenos discos. ¿Hay algún disco de Charly que no te guste?
-Obvio... Radio Pinti...
-Andá a cagar. ¿El Aguante es bueno?
-En su momento no me maravilló pero ahora lo rescato. El peor es Si, el que vino después de Sinfonías para adolescentes. Pero tiene "Telepáticamente".
-Si, igual que Kill Gil… ¿Este nuevo disco traerá “Telepáticamente” también?
-Pará, chabón, no les des chicanas a los locos, yo no tengo la culpa de que vos no entiendas que toda versión que hace Charly de un tema propio es necesaria. Si existe, es necesaria.
-Ok. ¿Escuchaste algún tema nuevo?
-Si, a un par Charly los viene tocando desde hace un tiempo. A mí me gustaron, igual los audios que hay son todos muy precarios. "La máquina de ser feliz" lo estrenó hace dos años en un programa de Sebastián Ortega. Samalea dijo que era una versión de "Miracle of love".
-¿La de Annie Lennox?
-Creo que todavía estaba en Eurythmics. Charly ama a Annie Lennox. Dice que un día hicieron un pacto de sangre.
-Charly y sus extraños cruces con el mundo anglo.
-¿Esto es otra chicana?
-No, boludo, es genial eso, Charly y Paul Anka, Charly y Keith Richards, Charly y Prince, Charly y The Clash a través de Joe Blaney.
-...
-De verdad te digo. Habría que hacer un inventario de todos sus cruces.
-Ok. La cosa es que este disco, Random, es justamente eso, lo que Annie Lennox llamaría "El milagro del amor". Igual la versión del programa ese de Telefe no tenía mucho que ver con el tema original.
-¿Era un onda "Venus" de Television?
-Exacto. Su propia versión deforme. Charly a veces avisa que es cover y el tema no tiene nada que ver. ¡A veces no avisa y el tema es igual a otro!
-Charly es como Borges. Hay que leer y escuchar todo lo que roban. Nunca decepcionan.

***

-¿Te acordás cuando Charly apareció en el recital de los Ratones Paranoicos?
-¿Venía de estar preso no?
-Probablemente. ¿Por qué?
-Porque le había pegado a un actor colombiano.
-¿Qué?
-Si, le había pegado a un actor, había tenido uno de esos clásicos entredichos en los bares de la era Say No More. Plena etapa de conflicto campo-gobierno. Charly todavía estaba en la agenda mediática.
-Igual esto ya es el 2008, ya no es la era Say No More propiamente dicha.
-Es la era post-say no more, que era vista como una parodia de la era say no more pero que probablemente fuese más dramática y real que la propia era Say No More.
-Esa es una de las últimas apariciones antes de la internación final de Mendoza.
-También apareció en el recital de Bob Dylan en Vélez, Gieco lo reunió con Santaolalla.
-"Todo por Bobby". Eso es lo que más se recuerda de la actuación.
-¿Por qué estábamos hablando de esto?
-Por la irrupción de Charly en el recital de los Ratones Paranoicos. Salió con la cara tapada y con esposas. Y se las rompieron ahí mismo y cuando se vio que era Charly la gente dijo “Uhhhh”, así, como esos momentos de gran entusiasmo colectivo en un recital. Los momentos de máximo entusiasmo colectivo del rock argentino están protagonizados por Charly. Cuando Charly aparece en un recital de otro.
- Vos porque genealógicamente pertenecés al bando Nebbia-Spinetta-García, con sus obvios continuadores Calamaro y Páez. Alguien que pertenece a otro bando, por ejemplo Luca-Indio-Iorio, no se emociona con que Charly aparezca en un recital de Fito Páez.
-Bueno, los felicito, lo que yo te quería decir es que Charly está vestido con un traje de gimnasia o algo así y salé a la pasarela del escenario y arenga a los fans para que canten. Tocan “Cerca de la revolución”, “Rock del pedazo” y alguna más.
-¿Y?
-Y nada, que me acordé de eso.
-Y ahora Chano canta “Mariposa Tecknicolor”.
-Perdoname pero no me voy a unir al coro de detractores de Chano. O a esa cosa nostálgica onda: antes Serú Girán, ahora Tan Biónica. No le voy a pegar a Chano.
-¡Es una estrella de electro-pop! ¿Qué se supone que debemos hacer con ella? ¿Tratarla bien?
-Pero es como ser los que bardean a Charly pero del otro lado. Ya sé que a vos te parece que Chano se lo tiene merecido pero los que le dicen “puto” y “drogadicto” a Charly en los comentarios de La Nación también creen que Charly se lo merece. No estoy hablando de obras, hablo de personas.
-El rock según Hannah Arendt, señoras y señores.
-Ya te digo, olvídate de las obras, olvídate que Chano dijo que no le gustaban ni Charly ni Spinetta, olvídate de lo que representa Chano (que como todo representante de algo es visto más como un estereotipo que como una persona y no puede hacerse cargo de las proyecciones de los demás). “Puto” y “drogadicto”. No es tan diferente lo que le dicen a Chano. Son insultos morales. Insultos que hablan más de quienes consideran a eso un insulto que del insultado.
-¡El rock según Sartre, señoras y señores!
-¿No tengo razón?
-Si, pero no quiero que tengas razón.