miércoles 1 de febrero de 2012

La pendejada de que todo es igual

Dije que el acceso irrestricto a material descargable había desterrado hábitos de recepción artística. Dije que una película está hecha para ver en el cine, no en un monitor de 17 pulgadas. Dije que se perdió la costumbre de escuchar un disco entero. Dije que las corporaciones que defienden la ley S.O.P.A serán reemplazadas por las que la rechazan. Dije que los dueños de Google no deben ser menos oscuros y millonarios que los dueños de Sony (en caso de que siga existiendo). Dije que la democracia no sirve para nada si consiste en que las burguesías del mundo puedan ver Alcatraz online. Dije que las revoluciones no se hacían armados con un teclado y un mouse. Dije que los que se escandalizan porque bajarse discografías completas es ilegal son los primeros vigilantes que cuando pueden acusan a X banda de robo, a tal director de plagio o determinado escritor de copiarse. Dije que los derechos de autor no le importan a quien se manifiesta solemnemente en contra de ellos, sino a quienes ni siquiera los mencionan. Dije que acusar a EE.UU de imperialista por la ley S.O.P.A era tan ridículo como meter preso a Al Capone porque se robó una gallina. Dije que la gente no se compra discos porque están caros, sino porque los pueden conseguir gratis: en ninguna época nada fue barato, ¿o acaso existieron manifestaciones en las que se reclamaba el aumento de algo? Dije que no se pude confiar en Fierita.


En las últimas semanas, el consenso general con respecto a la ley S.O.P.A me llevó a elaborar lugares comunes y chicanas a favor de una medida con la que no coincido. No deja de resultarme llamativo no haber podido encontrar una sola persona que estuviera a favor de la ley. Y convengamos que no se quiere promulgar la abolición de los negros: es la prohibición de algo que siempre supimos que es ilegal pero que a esta altura es imposible de detener. Me asombra también la seguridad con la que muchos creen que de ejecutarse la ley S.O.P.A, el mundo, tal cual lo conocemos, cambiaría: ¿esa gente no conoce al verdulero de la esquina, al taxista que escucha AM, a sus padres, a su abuelo? Repito el planteo: hay tipos a favor del antisemitismo, a favor del servicio militar obligatorio, a favor de la pena de muerte. No hay tipos a favor de la ley S.O.P.A. Nos dirigimos, entonces, hacia un mundo aburridísimo. Si hay una certeza que explicitan las redes sociales es que todos somos iguales. Y no en pos de una perspectiva igualitaria del mundo, sino para no quedar mal con el resto. Cuando murió Néstor Kirchner, de repente eran todos kirchneristas. Cuando murió Steve Jobs, de repente eran todos clientes de Apple.


¿Nos creemos que no nos damos cuenta o nos hacemos los boludos?


Lo mismo sucede a la hora de analizar nuestras preferencias en materia musical, cinematográfica o literaria. Sospecho que en nuestro afán por diferenciarnos y eludir los clisés del mainstream y las corrientes hegemónicas, hemos creado un sistema de referencias culturales tan monótono como el que creímos dejar atrás. Hoy no existe lo alternativo porque ya no hay alternativa. Tal vez las películas de Wes Anderson, los discos de cantautores indies, los blogs de misceláneas, los bolsos cruzados, los libros-objeto, los comentarios ácidos en twitter, los anteojos negros de carey, necesiten de una macro estructura estética que se les oponga para lograr algún tipo de efecto. Serializados, al alcance de todos, multiplicados en los parlantes y los monitores del mundo, estos productos resultan tan o más previsibles que un programa de Tinelli. Mientras escribo me pregunto la cantidad de posts idénticos a éste que habrá en la blogósfera.

domingo 29 de enero de 2012

La gran bestia pop

El viernes, en Villa Victoria, se realizó el MardelPop 2012, un festival con varias bandas y solistas que en los 90' denominaríamos "alternativas" o "indies". Cerraba la jornada Daniel Melero. Si Ricardo Iorio es el pionero criollo del heavy metal, Melero lo es del underground local. Antes tocaron, entre otros, Gonzalo Aloras, AltoCamet, No lo Soporto, una ex Bandana y Déborah De Corral. Inmediatamente anterior a Melero fue el turno de Banda de Turistas, el típico grupo de nenes arrogantes a los que no les vendría mal que los cagaran a tiros. Ésa sensación reaccionaria es la que todo artista de rock debería conseguir en vivo: el deseo de matarlos. Banda de Turistas me gusta bastante. El recital contó con un repaso por sus dos primeros discos y algunos adelantos del tercero que, parece, será una evolución más valvular, rockera y setentosa.


Mientras esperaba el show de Melero me compré Ahora, antes y después, un librito genial de Gustavo Álvarez Nuñez. A modo de memorias o autobiografía o serie de máximas, recopila anécdotas y declaraciones de Melero sobre su vida, Spinetta, Charly García, Litto Nebbia, Seinfeld, la pornografía, la genética, internet, su discografía, la mitificación alrededor de su figura. Las conversaciones que posee el libro se llevaron a cabo entre fines de los 90 y principios de los 2000 pero mantienen total actualidad. Se trata de un material imprescindible: no sólo para quienes gustan de Melero, sino para los oyentes de rock argentino. Melero es un rockólogo tirabombas extraordinario, con una capacidad de articulación de pensamientos inédita en el panorama local. Mientras tocaba AltoCamet no pude evitar hojearlo y encontré un fragmento que justifica su adquisición. Se trata de un apartado en el que distintos músicos y periodistas opinan sobre Melero. Pappo es breve:


"Ése, cada día más vago." (Al mencionársele que Melero estaba trabajando con instrumentos bajados en internet y los tocaba sólo con el mouse.)


Se dice habitualmente que el público no está preparado para ver a Melero en vivo. Se trata del artista adelantado, el que vino del futuro, el extraterrestre, un caso para Los Expedientes X. Lo que nunca escuché decir es que Melero tampoco está preparado para tocar en público. Sólo en su caso esta observación no debe sonar peyorativa. Para que se cumpla la experiencia de ver a Melero en vivo, intuyo que hace falta sufrir la incomodidad de ver a un tipo que en realidad no debería estar arriba de un escenario. En Internet circulan muchos videos en los que está sentado y acompañado por una guitarra acústica. El resultado es más clásico. Cuando toma la forma de un crooner decadente con sintetizadores la cosa se pone inquietante. No hace falta saber nada de música para notar que es un cantante bastante discutible y que no sabe tocar ningún instrumento. Desde esa perspectiva, el show del Hombre Tecno es lo más punk que vi en mi vida después de un viejo recital de Mal de Parkinson en la Vinoteca Perrier.


A la edad en que todos se compran una guitarra, Melero elige adquirir dos grabadores y una consola. En Ahora, antes y después, se nota muy bien la estrategia de sostener el mito del no músico a través de la narración de experiencias ulteriores a su irrupción en el rock argentino que terminan por otorgarle un marco de coherencia a su trayectoria. Una escena bisagra sucede cuando sus amigos de la escuela le roban la mochila para ver qué tenía adentro: estaban seguros de que era de otro planeta. A su vez, el orgullo que manifiesta ante los 30 kilos de fruta que le arrojan los hippies agresivos del BARock 82, explicita que el éxito de su estética es el fracaso.


El programa Todo por dos pesos realiza un sketch que le rinde homenaje. Lo invitan a tocar con el objetivo de consumar una reparación histórica para quien ha sufrido tantas veces la intolerancia en los festivales de rock. Pero a poco de comenzar, el público lo abuchea, le tira objetos contundentes. Finalmente, alguien le pega un escopetazo. "Explotó Melero" es la frase histórica que formula Capusotto mientras el no-músico se levanta y sigue tocando moribundo.


Lo curioso es que 30 años después de BARock, es cierto, ya no hay frutas, pero sí estupefacción, sonrisas ante sus extraños pasos de baile, indiferencia. La sociedad ha reprimido sus instintos en pos de una supuesta tolerancia. El speech mítico diría que a Melero le agradaría más la violencia que esa falsa actitud contemplativa: apuesto que la mayoría de los presentes pensaban en cuánto faltaba para que termine "eso". En el libro, Melero explica que sus discos se terminan cuando se editan. Lo que vemos en vivo es el pasaje entre su último trabajo y el próximo.


Muchas bandas son mejores en vivo que en estudio. El distrito de Melero, claramente, es el segundo. Sus recitales no deberían llamarse de ese modo. Debería existir un vocabulario que invente un término que los defina. Si lo que sucede no es un fiasco es porque Melero, a pesar de sí mismo (sospecho que en su pasión por ser original le gustaría ser malo), es uno de los mejores compositores del rock argentino. Sólo hace falta escuchar Rocío (1996), Vaquero (2000), X (2009) o Travesti (1994) para comprobarlo. La fuerza de las canciones es tal que supera las limitaciones escénicas de su autor. Las letras de Melero dicen muchísimo en muy pocas palabras y tienen la solidez conceptual de un buen haikus. Su música, en una primera audición, puede parecer tan monótona como su voz, pero después descubrimos esa tenue melodía que la vuelve inmejorable. Esta asimilación paulatina hace que Melero, a diferencia de otras bestias pop, nunca canse ni empalague. Alguien comenta en YouTube que "Descansa en mis brazos" es una de las canciones más lindas del mundo. Lo mismo se puede decir de "Habitantes", "La sed", "La vida es caprichosa", "Nadie sabe amar", "Nena mía", "Tenés", "Cielo", "Por el río". Por otro lado, Melero siempre mantuvo la premisa rockera de cambiar. Desde la época de Los Encargados (Virus con mala onda) hasta Supernatural, no existe, no hay posibilidad de que un disco de Melero sea igual a otro.


Si la historia es una sucesión de hechos consecutivos, podríamos elucubrar que el público que asistió a Villa Victoria no existiría de no ser por Melero. Sin embargo, ni esa gente lookeada para resistir la propuesta más extravagante de la Tierra, pudo con la de Melero. Con su ausencia de demagogia (nada de "Tratame suavemente", "Quiero estar entre tus cosas", "No dejes que llueva"). Su mínimo registro del espectáculo. La brevedad del repertorio.


Cuando Melero y sus músicos empezaron a probar sonido sucedió un hecho casual, pero cargado de significado: de fondo se escuchaban los fuegos artificiales que marcaban el final del multitudinario recital de Vicentico en Playa Varese.

lunes 23 de enero de 2012

Música del coolo

Para BC


En los últimos años al rock se le dio por la remake y me tocó asistir a varios regresos. El de Soda Stereo en el 2007. El de los Peligrosos Gorriones en 2010. El de las Bandas Eternas de Spinetta. El de Charly García luego de la zombificación. Pero si hay uno en el que no me imaginaba era en el de Illya Kuryaky. Este comentario podrá ser completamente subjetivo y no contar con ningún tipo de argumentación sólida (por otro lado, ésa es la idea del blog), pero probablemente hayan sido una de las bandas que más rápido se olvidaron luego de su disolución. Puede que exagere, pero por muchos años no escuché hablar de Illya Kuryaky. El estallido de algarabía luego de la noticia de su reunión se debió más al recuerdo de dos o tres éxitos y la típica careteada general de las redes sociales que a un fanatismo concreto. Esta sensación tal vez se deba a su condición de banda deforme. El blues, el reggae, ahora el jazz. Todos estos géneros afroamericanos llegaron a ser modas masivas en la Argentina. No así el hip hop. Y menos el de Illya Kuryaky, que debió integrarse a una movida continental junto a grupos con los que no tenía mucho que ver (Control Machete, Plastilina Mosh o Tiro de Gracia). Al auge de Chaco (1995) le siguieron dos discos sin mucha más repercusión que la rotación constante en MTV. Entonces, ya sea por anacrónicos (su música resignificaba sonidos vintage que iban del soul y el funk al acid jazz) o "adelantados a su tiempo" (con respecto al panorama dominante del rock argentino de la segunda mitad de los 90), los Kuryaky nunca lograron consolidar un público. Todos sabemos que quienes votaban en los rankings de MTV no iban a recitales y que a las bandas para minitas siempre le faltaron cinco para el peso en los manuales de rockología. Por otro parte, por haber empezado de muy pequeños o por ser la banda "del hijo de...", en el imaginario colectivo quedaron como adolescentes. Por lo tanto, a los Illya Kuryaky nadie o casi nadie se los tomó muy en serio. Eso que debería ser norma (¿qué cosa más contradictoria que el rock serio?), en un medio tan propenso al drama y la solemnidad, les terminó jugando en contra. También es verdad que ese universo que mezclaba el culo de Jennifer Lópéz y la iconografía de las artes marciales no existía en ningún lugar. Y que hoy como ayer son tiempos difíciles para los soñadores. Mucho más en una Argentina en la que imperaban el rock barrial y la lírica amorosa-costumbrista de Andrés Calamaro. Por último, la música es universal, de otra forma no existiría el rock argentino, pero el acento chicano tampoco ayudó demasiado. Tal vez los Illya Kuryaky quisieron hacer un gran chiste, una gran fiesta, una gran orgía en un país que no estaba para chistes ni fiestas ni orgías ni nada remotamente parecido.


Pero un buen día llegó el kirchnerismo, manejando un cuatrimotor y fue tiempo para chistes y fiestas y orgías y volvió la alegría, vieja y volvió Illya Kuryaky and the Valderramas Illya, Illya Kuryaky and the Valderramas Illya, Illya Kuryaky and the Valderramas Illya...


Ya es un tanto inquietante ver el desempeño de una banda de rock and roll cuando las nieves del tiempo platean las sienes de sus integrantes. Por eso agradecemos la deferencia de Illya Kuryaky de volver en buen estado, cuando los dos integrantes del dúo pueden realizar sin mayor esfuerzo la performance escénica que requiere el tipo de espectáculo que plantean. Algo que sorprende al verlos en vivo (Arena Beach, domingo 22 de enero) es la paridad total que no permite distinguir si alguno de los dos es más líder que el otro. Pareciera que esos dos tipos, como Beavis and Butt-head o Carlos Calvo y Pablo Rago, nacieron para estar uno al lado del otro. Dante arenga constantemente al público y por momentos se convierte en una especie de personal trainer o profesor de spinning pasado de rosca. El otro (no me hagan escribir Emmanuel Horvilleur en enero) es el fútbol: la dinámica de lo impensado. Baila, toca la guitarra e improvisa versos como debe una persona con su apellido y sus novias: excéntricamente. Hasta a los más acérrimos discípulos de Schopenhauer Illya Kuryaky logró arrancarles una sonrisa, un baile ridículo, un tarareo de aquel viejo estribillo impensado. La banda sonó bien y el swing fue el maestro de ceremonias de la tarde. Se suponía que iba a llover pero las nubes la tienen adentro porque salió un sol con los anteojos de Stevie Wonder, la cara de Prince y el prontuario de Michael Jackson. Si cerrábamos los ojos llegábamos a creernos que esos dos tipos blancos de Barrio Norte eran negros de Chicago en el año 1978. Lo cierto es que a quienes pasamos de la infancia a la adolescencia en los 90 los Kuryaky se nos hacen una banda entrañable: los muchachos tienen carisma, buenos temas, jugos y coolos.


Hay algunas obligaciones que un fan digno de rock argentino debe cumplir en su vida. Escuchar en vivo "Ji ji ji". Escuchar en vivo "Cerca de la revolución". Escuchar en vivo "La balsa". "Abarajame" está en los primeros puestos de la tabla de posiciones de grandes canciones para cantar en vivo. Cuando la tocaron, al final del show, recordé la primera vez que la escuché. Estaba en quinto grado y me pareció deslumbrante. No supe de qué trataba el tema a los 10 años y tampoco lo sé a los 27. No es necesario. Aún hoy conserva su halo de inexplicable y feliz genialidad.

martes 17 de enero de 2012

Todo empezó con el chiste que decía


Hace un par de días, se echó a correr la versión de que la campaña de Macri recibió fondos de una red de prostitución. La noticia fue difundida especialmente por los kirchneristas, quienes tiempo atrás, cuando se investigó el mismo tema con respecto a la campaña de Cristina, se hicieron los boludos. O acusaron a los que se preocuparon por tales nimiedades de ser funcionales a la derecha. O reaccionarios. Es lo que 678 llamaría un caso de "distinta vara". Pero al revés. Del lado de los nuestros, los tipos buenos, con conciencia social, como Federico Luppi, Timerman o León Gieco, que en su nuevo video baila y canta con negros, amputados, Estelas de Carlottos, gordos y chinos. En fin. Lo principal es que la siguiente dinámica rige parte de nuestra vida: si te pasa a vos, sos el hijo de puta o el boludo más grande del Universo; si me pasa a mí, fue sin querer o hagamos de cuenta que nunca pasó.


Es decir, amigos, siendo exhaustivos, arbitrarios, hijos de puta, si a usted le parece que ése es el insulto adecuado para calificar a alguien a quien se le ocurre lo siguiente: se pueden hacer chistes con la bombacha de Marcela Noble Herrera (una víctima de la dictadura). Con la muerte de Iván Heyn no. De esa línea para allá podés decir lo que se te canta. Para este lado, say no more. Podemos hacer chistes y ser crueles con supuestos niños apropiados durante la dictadura que cuando son adultos se niegan a separarse de quienes creen que son sus padres. Eso es very gracioso. No podemos hacer chistes y ser crueles con tipos de la Cámpora que supuestamente se ahorcan en habitaciones de Hoteles mientras se masturban. Eso no es very gracioso. Pero, ¿por qué un drama es cómico y el otro no? No lo sé, vayan a preguntarle al guionista del kirchnerismo, seguro tiene una respuesta ya que el kirchnerismo se caracteriza por tener: “una respuesta para todo”. Ése debería ser el eslogan de campaña. En menos de lo que tarda en tomarse un cortado en jarrito, un K te explica:


1) por qué Moyano era lo más de lo más y ahora es la nada; 2) por qué Clarín era un diario amigo y ahora es el diablo; 3) por qué está bien que Cristina haya dicho que le va a ganar al cáncer y ahora no tenga cáncer; 4) por qué no nos tiene que molestar ni un poco que una mujer que dice defender a los desposeídos tenga un patrimonio de 70 millones de dólares o pesos (lo mismo da).


Elipsis.


Hoy facebook y twitter se inundaron de burlas referidas a la caída de un vip en el recital de David Guetta. Hubo 9 heridos. La mayoría de los comentarios estaban destinados a la aparente idiotez y al tamaño de las cuentas bancarias de las personas que asisten a tales eventos. En conclusión, la idea principal de la gran broma de las personas evolucionadas era: por tontos y ricos merecen caer del vip. Si se cayera una tribuna en un recital de cumbia y a alguien se le ocurriera alegrarse porque quienes escuchan ese tipo de música son idiotas, la progresía nacional pondría el grito en el cielo. Con toda razón y por lo menos, acusarían a tal energúmeno de fascista. Pero al revés no. Es que las cosas cambian mucho cuando a otro le pasa lo mismo que a vos.


Si sólo nos pusiéramos a pensar que cuando un boludo se cae en la calle nos cagamos de risa pero cuando el boludo que se cae somos nosotros es una de las situaciones más humillantes que podemos pasar en la vida cotidiana… Todo empieza a partir de ese simple cambio de roles. Eso lo sabe hasta Claudio María Domínguez.


Preguntas básicas ante este tipo de casos:


¿Acaso los únicos tontos de la música son los que escuchan electrónica? ¿Acaso los recitales de rock no cuentan con vips que cubren la mitad o la totalidad de lo que antes era campo? ¿Cuál es la diferencia entre una estrella de rock y un dj de fama interplanetaria? ¿Qué uno tiene VISA y el otro MasterCard? ¿Y cuál es la diferencia entre los seguidores de cada uno? ¿La marca del desodorante? ¿Que uno cree que el Che Guevara es un revolucionario y el otro un asesino (de hecho fue las dos cosas)? ¿Qué uno está convencido de que subvierte algún orden por estar fumado y ver tipos barbudos en un escenario y el otro sólo quiere bailar empepado?


A mí no me gusta David Guetta, todo lo contrario, pero que yo sepa muchos recitales de rock suceden en tugurios espantosos, donde el público se encuentra hacinado, en los que el sonido de las bandas se escucha para el reverendo ojete. Si seguir asistiendo a esa clase de espectáculos (en nombre de un ritual o un concepto dudoso de autenticidad) nos hace más inteligentes que ir a un Balneario por la noche a pasarla bien, a nuestro concepto de “inteligencia” le falta un par de ajustes. No lo dudo. Sayonara.


sábado 14 de enero de 2012

Lo último en padres copados con cáncer

Cuando era niño y neoliberal (como sabemos, aún teniendo 7 años, todos los que vivimos en los 90 éramos cómplices del saqueo), en los kioscos sólo vendían alfajores de chocolate y dulce de leche. Actualmente, gracias al kirchnerismo (como sabemos, todo lo bueno que sucede es gracias a Néstor y Cristina) hay de brownie, de capuccino, de bonobon, de vauquita, de lemon pie, de arroz inflado, de bizcochuelo, de pepitos. Cada personalidad cuenta con un alfajor. La especificidad se extiende a todos los niveles de la vida. Paradójicamente, dependiendo de la tribu a la que se pertenezca (wachiturro, indie, poeta, músico de jazz), somos todos específicamente iguales: escuchamos la misma música, vemos las mismas series, decimos lo mismo cuando fibertel no funca.


Además de los géneros tradicionales (ciencia ficción, policial, comedia), el cine cuenta con una serie de subgéneros tan específicos como los alfajores multiculturales de la última década.


Digresión: ¿los pueblos originarios tendrán su alfajor algún día? Por supuesto, en los próximos cuatro años el gobierno de Amado Boudou se dedicará a cumplirnos todos aquellos sueños que creíamos irrealizables. Esperamos, mientras tanto, con la sonrisa en el ojal, el deleite de este nuevo sabor. Fin de la digresión.


Por ejemplo, el subgénero de los directores que son tan cancheros que te hacen creer algo durante todo la película hasta que en los últimos cinco minutos te dicen que no, que sos un pobre tipo que se creyó que Bruce Willie estaba vivo (Sexto Sentido), que Brad Pitt existía (El club de la pelea), que Leonardo Di Caprio estaba cuerdo (La Isla Siniestra), que Christian Bale era un flaco piola (El Maquinista) y que un genio puede tener amigos (Una mente brillante). También están las películas con personajes víctimas del bullying que llegan a ser reyes (El discurso del Rey), bailarines (BIlly Elliot), marines (Cuestión de Honor) o boludos inolvidables (Forrest Gump). Por último, la película franco-canadiense Las invasiones bárbaras puso en órbita los dramas de padres copados con cáncer. Dos películas recientes retoman este tópico.


Una se llama La Prima Cosa Bella y, a excepción de las personas llamadas "Catalina Dugli", ni siquiera debería ser mencionada. Hablamos del grado cero del campanellismo. O de algo peor: del campanellismo sin Campanella, del campanellismo a la italiana. De una película, en fin, perfecta para ser comentada por Catalina Dugli un jueves a las tres de la tarde. La madre hermosa y más rápida que Messi se enfrenta a todo con tal de proteger a sus hijos. El mayor de los dos, crece y se droga. No quiere saber nada con su madre hasta que su hermana lo convence de que la visite a un sanatorio en el que está muriendo consecuencia de un cáncer. A partir de aquí el director hace todo lo posible para que el espectador ría y llore y se fascine con el cambalache de emociones que es la vida, pero los únicos que ríen y lloran son los personajes. Borges observó que en el Corán no hay camellos y sin embargo se destaca como emblema del mundo árabe. Explicaba de este modo que la abundancia de color local no es necesaria para dar cuenta de una identidad. El director de La Prima Cosa Bella no leyó nunca a Borges o lo leyó y no estuvo de acuerdo porque en el Corán aparecen 19 camellos. Lo que sí sabe es que el mundo demanda ver italianos haciendo sus cosas. Es que son tan simpáticos y seductores y pasionales. Ay. Efectivamente, los personajes de su película hablan, gritan, lloran, se visten y se mueren como lo indica el estereotipo italiano más básico y elemental.


Con Beginners, al igual que con Elvira, es otra cosa. El padre aquí tiene cáncer y además se revela gay luego de la muerte de su esposa. El hijo, Oliver (Ewan McGregor) lo cuida durante su agonía mientras asiste a la inesperada salida del closet junto a su chongo-drastro. Luego conoce a Anna (Mellanie Laurent), que es hermosa y loca. Claramente, se enamora. La película empieza unos meses después del fallecimiento del padre y a través del flashback recrea el via crucis sentimental de Oliver. Por un lado, Beginners cae en una especie de proclama gay que ya aburre. ¿Quién en el 2012 necesita que le expliquen que ser gay es tan normal como no serlo? Probablemente millones de seres humanos en el mundo, no los individuos que miramos este tipo de películas tan cool. Beginners, como Tiempo Argentino, sale a cazar gallinas en el gallinero. Por otro lado, en las diferentes y sutiles historias de amor (la de Oliver y el padre, la de Oliver y Anna, la del padre y el chongo, la del perro genial y todos los personajes) se llega a escenas, diálogos e imágenes de muy buena factura estética. Beginners se integra fácilmente a un cúmulo de productos culturales que manejan una sensibilidad naif y han calado muy hondo en el imaginario de los jóvenes de principios del Siglo XXI. Oliver dibuja la historia de la tristeza, tiene un perro que piensa en forma lacónica y poética, escribe grafitis oblicuos, etc. Quienes leen a Liniers, escuchan a Lisandro Aristimuño y tienen el corte de pelo de Amelie saben de qué estamos hablando. En un principio, no tengo nada contra este tipo de sensibilidad. Pero cuando la ternura y los pajaritos y los tipos grandes que actúan como Kitty y las mujeres de 44 con voz de nenita de 5 años y la “buena onda” hasta en la cámara de gas se pasan de rosca, siento incontrolables deseos de escuchar a Pappo, leer a Gustavo Sala, idolatrar a Jorge Asís y ser un reverendo hijo de puta. No sé si le pasará a alguien más. Sayonara.

miércoles 11 de enero de 2012

BIG BORGES

Anotaciones arbitrarias sobre Borges, de Bioy Casares


Para algunas personas, pensar significa poner en correlación todo acontecimiento de la vida con un episodio de Los Simpsons. Otros tienden a encontrar un sentido sexual a cada frase. Borges encontraba connotaciones literarias. En ese plano era como los skaters o los surfers, que, respectivamente, sólo hablan de skates y tablas de surf. Peyrou le pregunta a Bioy por las flores que lleva en el ojal y éste le contesta que se las compró a una niña que jugaba a vender flores. Borges comenta: "Al comprador de esas flores al final del capítulo lo matan. Por la ley de casualidad estética".


A veces pareciera que Borges no entiende nada. Por "nada" me refiero a "todo": al peronismo y a Roberto Arlt, principalmente. Es decir: su ignorancia es de las más coherentes que se han advertido, hasta en la ignorancia era genial.


Sin embargo I: "El juguete rabioso de Arlt es mejor que todas las novelas de Mallea: cuando el malevo traiciona al amigo, está bien".


Sin embargo II: "Hay una grandeza en el hombre, casi en cualquier hombre, aun en el peronista que muere gritando "¡Viva el 2 de Infantería!" y en el otro peronista que le dice al tembloroso conscripto que debe ejecutarlo: "No tengas miedo, pibe, y apuntá acá" (indicándole el pecho). Aun esa tripulación de un avión, que al caer a tierra habría muerto cantando el grotesco himno Los muchachos peronistas, no deja de ser respetable. Es difícil que el heroísmo sea ridículo".


El tono de Borges es el de una sitcom. Fácilmente podemos situar las conversaciones entre Bioy y Borges en el departamento de Jerry Seinfeld, oír las risas y los aplausos luego de las réplicas mordaces y los contrapuntos absurdos de los dos personajes principales y la plana mayor de SADE. Borges es George y Bioy es Jerry. Elaine sería Silvina Ocampo (que a lo largo del libro no es más que un par de líneas) y Peyrou, Kramer. Pero de la misma forma que Seinfeld podría ser un drama si se corriera sólo un milímetro el enfoque sobre las características de los personajes (un egocéntrico, un misántropo, un freak, una histérica), el telón de fondo de Borges son los fusilamientos de la Revolución Libertadora y un continuo de reflexiones amargas sobre el paso del tiempo y de la vida: "La conversación de Borges, de Peyrou y la mía está hecha de retazos de conversaciones que tuvimos muchas veces entre nosotros. Cada uno, al empezar a hablar uno de los otros dos, mentalmente ha de decirse: Ahora va a contar el episodio B1, ahora va a hacer la reflexión B2, ahora va a hacer la broma B99".


Emma Risso Platero, una de las amigovias de Borges, está triste porque debe irse a Japón por 5 años. Borges le dice: "No te preocupes. No estarás cinco años. No está uno cinco años en ninguna parte, sino un instante, el instante presente".


Sobre el estilo de Bioy se ha hablado mucho pero no se llega a ninguna conclusión que explique algo. Tal vez el error sea pensar que se puede explicar algo referido a la escritura, el lenguaje, la literatura. Lo que sucede es que si pensamos profundamente en esto, mucha gente debería salir a buscar trabajo, inventarse una vida nueva, suicidarse. En fin, la cuestión es que la de Bioy parece ser una operación estética sin huellas. Tomando algunos tics sintácticos reconocibles, el uso frecuente de ciertos términos, se puede hacer una caricatura del estilo de Borges, de Cortázar, de Bolaño, de Kafka. No ocurre lo mismo con Bioy. En su libro Palabra de Bioy, Sergio López dice que su estilo, con el tiempo, se ha vuelto invisible. En "Diario para un cuento", el narrador de Cortázar (el mismo Cortázar) quiere escribir sobre Anabel, un viejo amor. Anhela ser Bioy Casares para tratar a Anabel "desde cerca y hondo y a la vez guardando esa distancia, ese desasimiento que decide poner (no puedo pensar que no sea una decisión) entre algunos de sus personajes y el narrador". Ése es el mecanismo con el que Bioy construye a Borges. Tal vez:


1) Bioy no quería a Borges como a un amigo, sino como a un personaje.


2) no se enemistara con Kodama por distanciarlo de él, sino porque ya no lo frecuentaba lo suficiente como para seguir escribiendo Borges.


Las dos presuposiciones son inválidas: evidentemente Bioy quería a Borges como a un amigo y a un personaje. Incluso todos queremos a nuestros amigos de esa manera.


La parte del libro que más gustaría a Borges es cuando Bioy sospecha que Borges sabe que es el personaje de su libro. "Tales inversiones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficticios" ("Magias parciales del Quijote"). El 18 de mayo de 1960, Borges se pregunta si Johnson sabría que Boswell estaba escribiendo sobre él. Eso explicaría la pereza de sus últimos años: nada de lo que decía se perdería si todo lo anotaba Boswell. Luego comenta Bioy: "Yo me preguntaba mientras tanto si él sospecharía la existencia de este libro; si tendría curiosidad de leerlo; si lo corregiría; si la circunstancia de que últimamente escribiera tan poco se debería no sólo a la deficiencia de la vista y a la haraganería, sino también al conocimiento de este libro".


En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” Borges se refiere a las amistades inglesas que empiezan por excluir las confidencias y terminan por omitir el diálogo. Probablemente hablaba por experiencia propia. Uno de los momentos más hilarantes del libro es cuando se enteran por terceros que Peyrou (un amigo con el que compartían la cena varias veces al mes) se casó. "¿Vos sabés lo que hizo Peyrou?", le dice la madre de Borges a Bioy. Peyrou merece un libro aparte. Probablemente sea mucho más liviano que Borges, pero igual de divertido.


Borges también es el libro de muchos escritores que existieron de la misma forma que en un reality show, además del ganador, hay otros 19 participantes: Mallea, González Lanuza, Alicia Jurado, Mariana Grondona, Guillermo de Torre, Erro, Estrella Gutiérrez, Aita, Galtier y un largo etcétera. Tal vez alguno (no Mallea, por supuesto) valiera la pena, pero la sensación es que la fuerza gravitacional de Borges los hizo existir. De todos los escritores argentinos de la época que mencionan y bardean (la lista es interminable: amaban tanto la literatura que por momentos parecían odiarla), Peyrou es el único que a uno le dan ganas de leer. En su Diccionario de autores latinoamericanos, Aira lo refiere como "el Chesterton argentino"...


"Sábado, 31 de diciembre (1960). Come en casa Borges. Brindamos con champagne. Después de comer, Borges y yo vamos a la ventana de la sala de Silvina, hasta que sean las doce. BORGES: "Esperamos algo que no sabemos bien en qué consiste". Miro los árboles y los senderos de la plaza, la estatua de Alvear y pienso en la máquina del tiempo de Wells y en que todos somos una máquina del tiempo de vuelo de ave de corral. "Qué raro -comenta Borges- que en tantos años como viví no hubiera un momento en que yo haya estado más adelante en el futuro que ahora".

lunes 2 de enero de 2012

Odiamos tanto a Juanse

El 10 de mayo de 1985 Luis Alberto Spinetta presentó Madre en años luz en el Estadio Luna Park. Invitó a Charly García al escenario y su público lo abucheó. Veinticuatro años después, quien sufre la intolerancia del spinettismo es Juanse. Participa del concierto de Las Bandas Eternas interpretando una versión genial de "¿Adónde está la libertad?", de Pappo y le gritan "Pomelo". Charly esta vez fue ovacionado, probablemente porque parecía más cerca del arpa que de los teclados. En su fuero íntimo, el spinetteano ortodoxo sigue creyendo que la música de García es para adolescentes y la de Spinetta para adultos ilustrados. El problema, claro, no es Borges ni Riquelme ni Lacan, sino los borgeanos, los riquelmeanos y los lacanianos. Como los kirchneristas que le quieren marcar la cancha a Cristina y todavía defienden a Moyano, los spinetteanos han demostrado, a lo largo de los años, querer determinarle los criterios estéticos al mismísimo Spinetta. Baldíos lunares, el nuevo disco solista de Juanse, es una buena oportunidad para dejar de lado los prejuicios y salir de una vez de la secta más peligrosa del mundo: la de las vanguardias iluminadas.


Representar la imagen que los demás tienen de uno puede generar más lastre que ganar todas las fechas del Turismo Carretera. En Baldíos Lunares a Juanse se lo nota relajado por no tener el peso de ser el frontman de los Ratones Paranoicos. Y le sale un disco que decepcionará a sus fans y le ganará la simpatía de quienes lo acusan de "Pomelo", como si Charly, Spinetta, Cerati, Fito, Calamaro y un largo número de etcéteras no tuviesen nada que ver con ese personaje estereotipado que puso entre la espada y la pared el oficio de rockero argentino. La mayor parte del disco oscila entre un folk paranoico muy bien logrado (se destacan la precisión con que se ensamblan los vientos y las cuerdas), el funk y los riffs de guitarra característicos. Pero a sus influencias anglosajones obvias, Juanse añade un toque del Charly García stone de La hija de la lágrima cruzado con la lírica de Spinetta desde la óptica de Mick Jagger ("Carne radioactiva"). Probablemente nadie en el rock argentino, a excepción de Páez, esté más atento a la tradición de Spinetta y Charly que Juanse. Pocos sabrían conjugarla con tanta sencillez.


La semana pasada, el Indio Solari publicó un manifiesto en el que echa luz sobre cuestiones referidas al significado de sus letras. El texto es de una pretensión intelectual importante: se propone definir qué es la poesía-rock a través de siete escuetos ítems. El resultado es maravilloso. Tal vez a Juanse no se le de por escribir que "el efecto poético se produce por la capacidad de un texto de continuar generando lecturas diferentes sin ser consumido nunca por completo", pero cada tanto sus letras cuentan con versos que, sin entrar en el concepto de "la gran cosa", encajan perfectamente con lo que uno espera al oír la música. Algo parecido ocurría con Pappo. Y algo parecido dice Solari (alguna vez enfrentado a Juanse por el tema "Ya morí"): "Una buena canción (su lírica) debe parecer que no pudo ser escrita de otra manera. Debe tener poder de seducción y comportarse como un enigma del cual uno presenta, para su resolución, solo indicios". Juanse canta que "ya no hay cascos para el asco", que "una canción no es un kilo de tomates", que "lo que te hace salir sangre de la boca es el cigarrillo". Y se nota que el tipo entiende más de lo que muchos creen.


El disco cierra con una versión para discotecas de "Gabinetes espaciales", el quinto simple de Almendra, grabado el 2 de enero de 1969, hace exactamente 42 años. El cover fue aprobado por Spinetta, quien rindió homenaje a Juanse incluyendo "Sucia estrella" en San Cristóforo.


Ah, yo fui uno de los estúpidos que le gritó "Pomelo" a Juanse.

jueves 29 de diciembre de 2011

2011

ENERO


La película de Robert Rodríguez no tiene nada que ver con el Parque Indoamericano, ni siquiera con el muro en la frontera de Texas. En cuanto al tema de la inmigración, sería lo que La vida es bella (un arsenal de golpes bajos) al Holocausto. Pero vintage y con el resguardo omnipresente de Tarantino y con la resignificación cool de viejas glorias de la Súper Acción ochentosa (Don Johnson, Steven Segal). Un caso más en el que el discurso dominante se apropia de un factor de lucha y, a través de su representación, logra neutralizarlo. O masificarlo para que se vuelva apto para todo público. Si se quiere ser más mesurado, un alarde de esnobidad, como el de alguien que tiene una marca de ropa y, supongamos, le pone "Bolivia" (no creo que eso suceda).


Afortunadamente, Charlie Feiling despedazó semejante abuso del lenguaje en unos pocos párrafos. Charlie Feiling es Borges después del estallido del punk.


Se atribuye a Umberto Eco la idea de que el hombre posmoderno no puede decirle a una dama "te quiero tanto..." porque ya sabe que eso lo dijo Sergio Denis en una canción. Sin embargo, le queda la artimaña de decir: "Como diría Sergio Denis: te quiero tanto...". De este modo elude la ingenuidad y, a la vez, logra su cometido: realizar una declaración de amor. Se saca de encima el lastre semántico de las grandes palabras aún cargando con él.


En fin, como espectador y espero no dar más vueltas, estoy en mi derecho de decir que el recital de Luis Alberto Spinetta en el Teatro Auditorium del día 19 de enero del año 2011 fue un gran, terrible y por momentos doloroso: bodrio. Probablemente nadie lo reconozca. Ni siquiera la chica de atrás mío, sí, vos, la de pelo verde, que te quedaste dormida en la Fila 6 de la Platea Alta.


La interacción conflictiva entre la vampira y el nenito sensible (algo que sucede muy a menudo en el mundo real) genera las preguntas básicas. ¿Cómo adecuarse a una persona completamente diferente? ¿Se puede cambiar por amor? ¿Se debe elegir lo que se desea o lo que nos conviene como seres racionales? Ni idea.


Es que mientras él tenga pito y ella concha el concepto de amor es irremediablemente insostenible. Sin embargo a menudo amo a una muchacha con concha. Y, por decirlo de una manera sofisticada: aunque después me duela el cuello, se la podría chupar un buen rato. Soy capaz de hacer tantas cosas por amor. Inserte aquí un largo y conmovedor suspiro.

FEBRERO


Así que entonces, amigos, ahí estaba yo, el hombre del territorio, ¡el incurable error de la especie descaminada!, pasando canales sin ton ni son escondido en las tinieblas de mi cuarto. Ni siquiera prestaba atención a lo que sucedía entre los límites de la caja boba, pensaba, tal vez inconscientemente, cuál sería el modo más efectivo de acabar con mi vida.


Los tipos que hacen grandes cosas casi nunca avisan. Las hacen. No mandan invitaciones por Facebook: "Vengan, voy a hacer la Gran Cosa". Ése es el caso de nuestros queridos amigos, Harold Ramis y Danny Rubin (quien sólo gusta, repito, a 8 personas en el mundo, entre las que me incluyo).


El valor de esta enseñanza es casi inconmensurable: ahora todos los tartamudos del mundo saben que están a un paso de la realeza. Eso sí que me alegra y conmueve porque demuestra entonces que los infelices pueden ser felices. Que los feos pueden ser lindos. Que los pobres pueden ser ricos. Sólo hace falta un poco de voluntad, conseguir al especialista adecuado y la vida, casi por inercia, se soluciona. ¿Vieron que era re fácil?


El sujeto evolucionado en la Comedia Humana entiende que la mujer no lleva en su frente un cartel que advierta: "Valgo por el peor verso de Benedetti (lo que ya es mucho decir)". Eso ayudaría bastante. Salvaría la vida de varios corazones. Pero no hay nucas numeradas ni cantidad de lunares en una espalda ni palabra clave que ilumine la incertidumbre. Por lo tanto es necesario adentrarse en las calles oscuras y sin asfaltar de la mujer Z a fin de verificar por uno mismo de qué se trata. El pueblo quiere saber. Y así nace el amor y el sexo, generalmente en distinto orden y pocas veces al mismo tiempo.


La soledad de Dios. El vacío existencial de Dios. La tristeza infinita de Dios. Dios no puede pedir un turno con el psicólogo: en el Cielo no hay consultorios. Dios no puede irse de vacaciones: en el Cielo no hay lugar adonde ir. Dios no puede fumarse un faso: en el Cielo no crecen plantas. Encima, allá abajo, todas las comedias, todos los dramas, terminan igual.


No leí a Saramago y lo desprecio. No leí a Osvaldo Soriano y lo subestimo. No leí a Rosa Montero y la odio. Dije que 1984 es mejor que Un mundo feliz, pero no leí Un mundo feliz, estaba mintiendo. No entendí una sola palabra de La diseminación, es increíble, ni una sola. Sólo entendí a Barthes de a ratos, pero lo admiro genuinamente (a Deluze lo admiro falsamente).

MARZO


He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la chatura, conectadas histéricas lookeadas, arrastrándose por las autopistas digitales en busca de una solicitud de amistad. Pedí el habeas corpus de nuestras vidas y me devolvieron un DVD trucho en el cual pasaba la larga noche del insomnio 2.0 espiando cientos de perfiles en facebook sin encontrar jamás un ser humano.


Aunque hace años que estás vivo, tu corazón late por primera vez. La presencia de Dios parece planear desde el Más Allá y descender en la Tierra como un pájaro fabuloso. Si la vida se detuviera justo en este instante, no te quedaría otra alternativa que ser feliz.


El problema del pogo con pocos integrantes (Liverpool estaba lleno pero los que nos prestábamos para el movimiento seríamos a lo sumo 20) es que cada uno se siente demasiado responsable del éxito o el fracaso del mismo. Si funciona, uno cree que lo inició y se siente Dios. Si no pasa nada, uno cree que no se movió lo suficiente y se siente menos rockero que ¡Ernesto Sanz un domingo a la tarde en pantalones cortos y ojotas!


Porque decir "rock", como decir "Chichizola" o "Ernesto Sanz", actualmente, no significa nada. Me refiero al concepto de rock. Ustedes preguntarán cuál es ese concepto y yo responderé a los gritos: ¡no sé cuál es ese concepto, el rock no necesita concepto, no me hablen de conceptos, maldita sea, la vida ya es muy dura para vincular el rock a un puto concepto! Debería existir una orden judicial para que el rock se mantenga a más de mil kilómetros de los conceptos.


Si Magnolia fuese una canción, “la lluvia de ranas” sería el estribillo. Una de esas secuencias inolvidables que nos regala el cine, imposible no comentarla a los gritos cuando se la recomendamos a alguien. Como cuando en Solaris Hari y Cris quedan suspendidos en el aire mientras suena Bach. Como cuando Marlon Brando corre a Maria Schneider en Último tango en París. Imagen y sonido en perfecta correlación viajando directo hacia nuestra memoria emocional.


Hay bandas, escritores y directores de cine que son muy originales, que no poseen genealogía alguna y además se visten muy bien. En la mayoría de los casos, a excepción de un par de hipsters, no logran conmover a nadie. La originalidad no es una cualidad necesariamente positiva, es sólo un invento de los Egos de algunos tipos trastornados del Siglo XIX Occidental. Y debemos desconfiar seriamente de lo que hicieron esos tipos en el mundo.

ABRIL


La interpretación de Rick Deckard a cargo de Harrison Ford es sublime. Parece un personaje de Di Benedetto, arrojado a la existencia, sin saber bien qué carajo hacer. Transmite toda la incertidumbre e incomodidad que un tipo es capaz de expresar. Y además parece estar muy triste, como cuando debemos armar un porro con tucas viejas y ni siquiera tenemos encendedor.


Ésta es una escena que se repite: estoy enfrascado en la lectura de un libro, de pronto me detengo y reflexiono: ¿existirá alguien en algún rincón del mundo que lea esta misma línea de este mismo libro a esta misma hora? La respuesta afirmativa de tal pregunta podría probar la existencia de Dios, pero en verdad no tiene ningún sentido. Pero ya la vida tampoco tiene sentido. Así que voy a seguir haciéndome este tipo de preguntas.


"Ya no será lo mismo". Ése vendría a ser el argumento principal de las novelas de Bioy. El tiempo pasa y, claro, ya no será lo mismo. ¿Qué? Nada. A esta altura es preciso aclarar que no pensaba escribir sobre las novelas de Bioy pero todo se fue dando de esta manera y es imposible volver atrás. Eso también sucede en las novelas de Bioy.


Porque lo que necesitamos es identificarnos. O conmovernos. El arte debe ser como ese espejo/ que nos revela nuestra propia cara. No me refiero al golpe bajo, a la demagogia emocional, al sentimentalismo, a Campanella, es decir, al hecho de acordarle a una cosa más ternura de la que Dios le otorgó, sino a reconocer la presencia de Dios. Sencillamente. No Dios como aparato ideológico del Estado o Agente Represor. Por el contrario, en sentido figurado, como personaje, como pájaro fabuloso que aterriza en la Tierra, armoniza el caos imperante y produce Poesía.


¿Quién puede amar a Messi? ¿Quién puede odiarlo? Si el Santiago Bernabéu no tuviese tribunas, en el segundo gol creo que habría seguido corriendo en diagonal hasta los confines de la Tierra. Me recordó el final de "Autopista del Sur", el cuento de Cortázar, cuando el embotellamiento se acaba y los conductores alienados se esfuerzan por avanzar hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.


Hay un epigrama malicioso que resume bastante a Sabato. Pertenece, claro, a Bioy Casares: "Un escritor importante de obra mediocre". Tal vez lo que distancia de Sabato, pasado el encantamiento adolescente, es ese malditismo existencial que de tan dark acaba siendo kitsch. Su prosa recargada desemboca en un estilo ornamental repleto de imágenes que pretenden un efecto dramático o un shock poético y, a menudo, caen en el mal gusto.

MAYO


Por ejemplo, la Revolución Erótica de Último Tango en París: verla era como coger. La Revolución Violenta de La Naranja Mecánica: verla era como matar. La Revolución Sentimental de Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos: verla era como amar. Y la Revolución Adolescente de Trainspotting: verla era como drogarse. Coger, matar, amar y drogarse: ¿acaso anhelamos otra cosa en la edad del pavo?


Sin Almeyda no existe el Marqués de Sade ni Nietzsche ni Rimbaud ni la generación Beat ni Eric Cantona ni Kinski ni Cristian U. ni Maradona ni Frank Begbie ni Janis Joplin ni Sofía Gala ni el Capitán Ahab ni Lennon ni Luca Prodan ni Miguel Abuelo ni Charly García después de 1994 ni Spinetta entre 1971 y 1973 ni Bukowski ni Virginia Woolf ni Daniel Johnston ni Fogwill ni Don Quijote ni Alejandra Pizarnik ni Tanguito ni Kate Moss ni Samid ni Juanita Viale.


Escribir frases-chicana del tipo "Los malos cuentistas escriben como Bukowski, los malos novelistas como Osvaldo Soriano y los malos poetas como Alejandra Pizarnik"; "Dejemos a Alejandra Pizarnik escribir como Alejandra Pizarnik".


Palo Pandolfo: el jugador de fútbol maravilloso que gambetea a los 11 del equipo rival y cuando está solo frente al arco la manda a la tribuna. Por elección propia.


Mientras tanto, ¡anti-kirchneristas cool del mundo, uníos! ¿Sarlo se presenta en Octubre?


Prefiero irme al descenso yendo para delante, que de la cama al living. Hasta hace poco el hincha de River había resignificado el mote de “gallina” hasta convertirlo en un orgullo. J.J ha desterrado esta importantísima desviación semántica.

JUNIO


Deberían existir leyes universales e implícitas que regulen los tiempos al comienzo de una relación. Mandar un mensaje de texto, proponer una salida, empezar a verse a mitad de semana, comer juntos, contestar un mail. Son todas situaciones tensas que nos exponen emocionalmente de una manera espantosa.


Por sus peinados, sospecho seriamente que Funes Mori y Lamela no son conscientes del concepto de muerte/ No entienden el concepto de muerte, por lo tanto no entienden el concepto de Promoción, mucho menos el concepto de Descenso/ Conclusión: no existen posibilidades reales de que hayan pensado alguna vez, ni remotamente, en el concepto de jugar contra Aldosivi un lunes frío de agosto.


El problema grave es si, al contrario de lo que habitualmente sucede, la relación dura más de un par de semanas. La posmodernidad nos asegura, como máximo, unos tres minutos de estabilidad amorosa cada 6 meses, pero todo puede fallar. Aquí el sendero de caminos musicales se bifurca.


Al terminar el recital llegaron las invasiones bárbaras. Me dirigí a la mesa de merchandising y sólo quedaban remeras XL. Se las habían llevado todas los nenes. Después pregunté por algunos discos que me faltaban y tampoco hubo caso. Los nenes arrasaban con 9 cd's en cada mano. Me di cuenta de que, comparado a ellos, ya soy un poco viejo.


Tengo que decir que después de los 25 se apoderó de mí un profundo miedo a quedarme solo. Otro miedo a no conseguir trabajo. Miedos puntuales y evidentemente enfermizos a no terminar la carrera y a no encontrar lugar en donde vivir. Miedo a no ser feliz. Y una vez alcanzada la felicidad, miedo a que se termine. Miedo a que el desamor sea eterno. Y una vez de regreso el amor, miedo a que no sea verdadero, que sólo sea una ilusión emocional del corazón. Y una vez enterado de que el amor es verdadero, miedo a que sea demasiado verdadero como para que el resto de mi vida pierda sentido.


Los idiotas, en cambio, sabemos que nuestro destino inexorable es la muerte. Por lo tanto, somos conscientes de que todas las cosas que hacemos (trabajar, levantarnos temprano, pagar cuentas, tener hijos, comer), en cierta forma, representan un absurdo.


Cuando los hinchas de otros equipos decían que River no podía irse a la B de ninguna forma, más me convencía de que River se iba a la B (inconscientemente presupuse que la opinión positiva de los demás, incidiría negativamente sobre el acontecer de los hechos).

JULIO


Ayer justo enganché un viejo capítulo de Lost. De la época en que tenían a Ben secuestrado en la escotilla. Locke lo está cuidando y de repente comienzan a pasar cosas raras. La luz titila, se cierran las puertas, suena una alarma. Entonces Ben, el guacho de Ben, al presentir la desesperación de Locke, le grita a través de la puerta de su celda "Llamalo a Jack, John, llamalo a Jack".


Entonces vamos al Auditorium y nos declaramos en contra de la dictadura de las apariencias lookeados a la perfección ("Sos tan fashion"), afligidos ante la fetichización de la figura del Che cómodamente sentados en butacas de terciopelo ("Mc Guevara o Che Donalds") y dispuestos a tararear una cumbia siempre y cuando sea a miles de kilómetros de una bailanta. ¿A quién podría no gustarle?


Fíjense que además de tres o cuatro cosas (trabajar, ver fútbol, enterarse de algo relacionado con Juanita Viale), la vida es rellenar agujeros. Simbólicos o metafísicos o emocionales, no cedamos a la apabullante influencia de Miguel del Sel en nuestros inconscientes. Conozco parejas que sufren crisis severas cuando llega el final de una temporada.

AGOSTO


En junio pasado aproveché un fin de semana largo y me fui de Luna de Miel a la ciudad de Macri. Fueron unos días maravillosos. Aunque sea subjetivamente, estuvo bueno Buenos Aires. Paramos en un Hotel re pobre porque somos muy rockeros y el Indio Solari dijo que el lujo es vulgaridad.


Es que por momentos, ver la nueva temporada de Curb Your Enthusiasm es como ir a una fiesta a la que hemos sido invitados pero nadie creyó que asistiríamos. De ésas en las que fingimos pasarla bien al ritmo de la crème de la crème para no quedar como lo que en verdad somos: unos reverendos pelotudos.


Onda Vaga: Música para jóvenes que viajaron al Norte dando a entender que eran mochileros pero en realidad fueron en avión, se arreglan dos horas en el baño para parecer sucios, su Lennon personal es Manu Chao y fuman porro paraguayo, dicen que son flores, no les pega y se hacen los colgados igual.


Habitualmente, la carrera solista de David Lebón se descarta sin miramientos. Pero, a decir verdad, ¿quién la escuchó? Probablemente nadie. ¡Ni siquiera yo, que la vindico, le presté atención!


¿Por qué pedirle a una banda que cambie de sintonía si yo no puedo dejar de ser un idiota? ¿Por qué somos lapidarios con directores de cine, actores, futbolistas, guitarristas, técnicos, políticos, bloggers, mozos y cerrajeros y no nos preguntamos nunca cómo andamos por casa? ¿Por qué, por qué, por qué? Eso es lo que más quieren saber los nenes de 5 años: ¿Por qué? Nadie les responde y con el paso de los años se convierten en nosotros

SEPTIEMBRE


No digo que los productos artísticos que intentan subvertir los paradigmas estéticos canónicos sean desechables, sino que la repetición de ciertas características formales supuestamente avant-garde genera una fórmula tan repetitiva y monótona como la del cine pochoclero por excelencia.


Charlie Feiling escribe sobre el legado de Borges en Miguel Briante y afirma que para lo único que sirven las herencias es para dilapidarlas. Claro, hay que saber cómo, cuándo y por qué.


Buda (o Borges) enseña que en el fondo del mar hay una tortuga y una ajorca. Cada 600 años, la tortuga asoma la cabeza. Ser un hombre es tan raro como que la tortuga calce la cabeza en la ajorca. Tal vez con intuir inconscientemente esa rareza que es vivir y estar en el Planeta Tierra alcance para leer a Levrero. Porque es fácil escribir "difícil" y ser un genio. Incluso ése es el truco de los garcas del neobarroco. Pero escribir, que te pueda leer una chica bronceada en la playa y ser un genio, ahí se complica.

OCTUBRE


Preocupado por las presiones del Grupo Clarín, el kirchnerismo nunca burla la censura de su propia conciencia. Evita hacerse preguntas que no puede ni quiere responder. Por ejemplo: ¿tendrá algo que ver Hebe en todo el quilombo de Schoklender? Mejor ni pensarlo, con una sola ficha que se mueva, se te cae todo el dominó.


Ahora mismo vivimos la distopía virtual de reemplazar la vida por facebook y twitter. En la Antigua Grecia consideraban que la esclavitud era algo natural. Tal vez dentro de algunos siglos se considere a las redes sociales como enfermedades patológicas masivas que afectaron profundamente a la especie humana.


Por otro lado, cuando éramos idiotas, solíamos manejar otro concepto sobre las personas que nos cambian la vida. Antes se trataba de aquellos seres que nos daban amor y lecciones de ética en la cotidianeidad, ahora de inversionistas con un pulso sensacional para crear adicciones consumistas y ubicar productos en el Mercado.


La operación es simple, de suma y resta: la banda que no deja de autodenominarse marginal, intragable para el sistema y salida de las mismísimas profundidades de Latinoamérica deja afuera de su fiesta a quienes son sus oyentes modelo. Tal vez me confunda: ¿el tema dice “Aquí se baila como bailan los pobres" o "Aquí se baila como la clase media acomodada cree que bailan los pobres"?


A determinada hora se formó una especie de niebla que mezclaba el humo de los cigarrillos con el calor de los cuerpos hacinados. Como en la película de Carpenter, la niebla atacaba y las víctimas sufrían graves consecuencias.

NOVIEMBRE


¿Qué otra cosa es sino este confort alienante con entelequias que simulan otorgarnos libertad cuando realmente nos transforman en esclavos de marcas, productos digitales y plataformas virtuales? Entiendo: es más fácil imaginar un vengador que mata vampiros, a uno que se rebela contra la comodidad. Steve Jobs era más reaccionario que Benedicto XVI.


¿Qué digo el rock? Liam mató a Dios, al autor, a las ideologías, a Néstor. Liam acabó con nuestro presupuesto mítico de la experiencia rockera y descubrió la dura realidad: una noche de tormenta, al aire libre, con miles de personas sudadas y lejos de casa.


Es que García, al igual que un amor que nos hace mal y un vicio perjudicial para la salud, es uno de los dadores de sentido de buena parte de nuestras vidas.


X, no quiero alarmarte, tampoco juzgar tus gustos musicales ni tu look de entre casa, ese involuntario look gótico que espantaría a Marilyn Manson, pero evidentemente estás en problemas.

DICIEMBRE


Porque, aunque con muy buenas intenciones los demás me aconsejen lo contrario, a veces el ser humano no puede hacer nada más que eso: mirar el techo.


Pero, ¿cuál es la salida? ¿Cortar para siempre con la persona que amamos porque a uno le gusta la verdura y al otro la carne? ¿Hacernos de Belgrano de Córdoba porque nos mandó al descenso? ¿Apoyar a Binner porque existe Guillermo Moreno? No, señores, y esto lo digo de pie y lo repito: ¡no, señores, ésa no es la salida! Y además, les aviso: no existe salida alguna.


AC/DC siempre hace el mismo disco, pero ¿cuántas bandas de rock and roll son tan buenas en lo suyo como AC/DC? Una sola: AC/DC.

lunes 26 de diciembre de 2011

Algunas arbitrariedades sobre Arizona Dream


Hace mucho tiempo, en las postrimerías del Siglo XX, el canal América solía pasar películas eróticas los sábados después de las 12 de la noche. Nadie que haya tenido 14 años sin internet podrá culparme de este recuerdo. Un día enganché una peli que además de una mujer con demasiados atributos, tenía sentimiento y diálogos increíbles y buena música y ¡un actor! Hasta ese momento no le prestaba atención a los tipos que aparecían en la pantalla, pero éste mereció mi registro. Más o menos por la misma época, haciendo zapping, pero a la tarde, me quedé mirando una película con esquimales, peces que volaban, una señora que quería volar en el desierto de un pueblito norteamericano, Johnny Deep (a quien conocía desde la serie ochentosa Comando Especial) y una chica que tocaba el acordeón y era fanática de las tortugas.


Años después supe que el tipo de la primera película (Último tango en París) se llamaba Marlon Brando y que el nombre de la segunda era Arizona Dream (Sueño de Arizona). Evidentemente las cosas se encuentran cuando no las buscás. Al contrario de lo que sucedía en 1998, actualmente podemos ver miles de películas online, pero ¿alguien vio una buena? No es una pregunta retórica. Pero tampoco exige una respuesta honesta. En fin. Hoy no tengo nada que decir sobre la de Bertolucci, pero hace poco volví a ver la de Kusturica y se me ocurrieron algunos apuntes arbitrarios.


Como el habilidoso que quiere demostrar todo su repertorio en el partido debut, se percibe que Kusturica pasaba por un pico creativo cuando hizo Arizona Dream. Esto es positivo desde el punto de vista artístico, pero en la práctica puede jugar en contra. A propósito de esto, una digresión: el filósofo contemporáneo Claudio Borghi dice que un jugador polifuncional es el que no sabe jugar en ningún puesto. De todos modos la desmesura es un (o es el) elemento predominante en la carrera de Kusturica. Y en Arizona Dream, entonces, también se tensa muchísimo ese límite delgado que separa el delirio bien trabajado de la estupidez. La película cuenta la historia de un joven que vive en Nueva York y es obligado a volver a su pueblo natal por un tío para que trabaje en su agencia de autos. El resultado es un viaje iniciático, con trasfondo onírico y existencial. La ambición de Kusturica por reflejar el sueño americano en base a un cóctel de drama, humor absurdo, ironía y romanticismo no puede salir bien. Pero Arizona Dream gana por puntos gracias a la suma de las partes y no al todo: quiere ser una gran novela y funciona como un buen libro de relatos.


Al igual que sucede con el gobierno de Cristina, pareciera que si uno gusta de Kusturica tiene que comprar el combo completo. A mí no me agrada todo lo que hace Kusturica en sus películas, pero, en general, me gustan bastante. Y aunque Arizona Dream sea algo desdeñada por la crítica, es mi favorita. El hecho de que haya sido filmada en EE. UU y con actores de ese país la hace más interesante. No por una especie de colonización yanqui de mi subjetividad (que seguramente sufro pero manifestada de otras formas), sino porque me genera curiosidad ver a distintos artistas hacer cosas que jamás hicieron. Rompe con todos nuestros preconceptos. Por ejemplo, escuchar como suena Leonard Cohen con la pared de sonido de Phil Spector en Death of Ladies' Man. O Lou Reed con Metallica. Ver como actúa Guillermo Francella en un papel dramático. Por otro lado, Kusturica logra imprimirle su adn a un producto que podría haber sido completamente impersonal. Lo único que en vez de gitanos, hay mariachis.


Si hay algo que tiene Kusturica es ritmo. No creo que se deba a sus famosas bandas de sonido, sino a su notable (e inexplicable) capacidad para hacer que una película que dura 2 horas y media pase como si se tratara de una canción pop de tres minutos. Y Arizona Dream es una canción pop llena de estribillos. Por las escenas y por la actuación de cada uno de los actores del reparto. Tenemos al personaje de Vincent Gallo repitiendo los parlamentos de las películas que ve en el cine. O tirándose al piso porque lo sigue el avión de Con la muerte en los talones. A Dorothy Faye Dunaway volando sin levantarse de la silla (gracias a un truco tan estúpido como efectivo de la cámara). A Jerry Lewis (estribillo per se). Y especialmente a Grace, interpretada por Lili Taylor, que en medio de esa constelación de estrellas, se roba la película con sus gestos y su forma de decir las cosas. En facebook hay solo 63 personas a las que les gusta Lili Taylor y creo que esto indica que algo anda mal en el mundo. Claro, no es Angelina Jolie, simplemente es una gran actriz. Ah, Lili: ya somos 64.


Según tengo entendido, la carrera de Kusturica siguió, pero hace mucho que no veo un estreno suyo. Me da la sensación de que si salís de una de sus películas y entrás en otra, no te das cuenta que son distintas. Esto le suele suceder a todos los directores de cine que tienen una estética y una identidad muy marcadas. Woody Allen, por ejemplo. Y no me parece malo ni bueno, es. AC/DC siempre hace el mismo disco, pero ¿cuántas bandas de rock and roll son tan buenas en lo suyo como AC/DC? Una sola: AC/DC.


Por último, algo importante: como Rayuela o la discografía de Sui Generis, Arizona Dream es una película que maravillará a los jóvenes de 18 años de cualquier generación. Para muchos ésta es una observación peyorativa: se suele condenar a los productos artísticos que atraen adolescentes. Yo pienso al revés. Creo que lo que pase con Arizona Dream de esa edad en adelante es más un problema nuestro que de Kusturica.

jueves 22 de diciembre de 2011

Before Chabon

Seamos realistas, pidamos lo imposible: ser objetivos. Lo que viene a continuación no es un juicio de valor ni reivindica el eslogan tanguero llorón de que "todo tiempo pasado fue mejor": en todo caso los tiempos cambian y no hay tu tía. Se trata de datos más o menos comprobables dentro de la rockología argentina contemporánea. Antes de mediados de la década del 90', el rock and roll no era "rocanrol". Tampoco aludía, directamente, al "aguante" ni al estereotipo musical más básico de Los Rolling Stones ni a letras con temáticas barriales o "contestatarias" a un sistema político determinado. La explosión del "rock chabón" (por manejar un concepto discutible pero que todos podemos reconocer automáticamente) reformuló, entonces, profundamente la idea que se tenía del rock en la Argentina. Por lo tanto hacer un disco de rock and roll antes y después de este tsunami genérico, no fue lo mismo. Canción Animal (1990), el quinto disco de estudio de Soda Stereo, podría ser calificado, al revés que el After Chabon de Sumo, como un ejemplo de lo que se entendía por "rock" antes del "rock chabón". Pero lejos de ser un material antropológico (como sucede con algunas obras que con los años resultan anacrónicas) se mantiene, a más de 20 años de su edición, como una bisagra, tanto para el rock local, como para la banda en particular.


Soda Stereo fue una banda que cambió sucesivamente, de un disco a otro. Soda Stereo fue muchas bandas. Y siempre de gran calidad. Gustavo Cerati (al igual que Charly García) muchas veces fue acusado de copiar tendencias extranjeras y adaptarlas a su grupo haciéndolas pasar por originales. En realidad se trata de una crítica bastante absurda. Es como reprocharle a los Beatles que Sgt. Peppers fue compuesto para superar Pet Sounds, de los Beach Boys. El tráfico de influencias y sonidos en el rock es propio del concepto básico del mismo, del arte pop en general. Soda Stereo fue una banda new wave en 1984, con su disco debut aparecido en pleno regreso de la democracia. Más tarde bailaron el carnavalito dark de "Cuando pase el temblor" y hasta se animaron a los ritmos del funk latino en Doble Vida (1988), de la mano del productor Carlos Alomar. Cada cambio de sonido, además, era acompañado por una revolución estética: maquillaje, nuevos cortes de pelo, ropa. Hoy, que se acostumbra a que muchas bandas hagan el mismo disco durante años, cual si fuera la película El día de la marmota, sería sorprendente observar cómo cambió Soda Stereo de 1988 a 1990. Si uno observa una fotografía del trío perteneciente a cada uno de esos años, hasta llegaría a pensar que se trata de dos bandas diferentes. En la primera se los ve "europeos", prolijos, apolíneos. En la segunda son pibes que pertenecen al garage de un barrio porteño, con apariencia de sucios, dionisiacos. La cuestión es que en 1990, Soda realizó el cambio más arriesgado de su carrera. Cómodamente instalados bajo los reflectores espectaculares del pop de habla hispana, se propusieron convertirse en una banda de rock and roll. Y, como con Dynamo, dos años después, lograron ser under, con Canción Animal fueron eminentemente rockeros. A diferencia de otras bandas con gran éxito en los 80' que no pudieron surfear las olas de los tiempos modernos (Miguel Mateos Zas, Enanitos Verdes), Soda Stereo mutó hasta convertirse en ejemplo de avant garde.


1990 es el año en el que Cerati comienza a planear (tal vez inconscientemente) el final de la banda, ocurrido recién 7 años después. Canción Animal le da la espalda a toda una época. La de las canciones divertidas y bailables. La de las giras permanentes. La de los discos sucesivos. Luego sólo vendrían dos discos de estudio: Dynamo (1992) y Sueño Stereo (1995). The Dream Is Over. El nivel de popularidad de la banda los instaló en un lugar de exposición total: en el living de Susana, en el estadio de Vélez, en el centro del rock argentino (hasta allí monopolizado por la figura de Charly García). Esa desmesurada estética mainstream es la que aprehende el imaginario colectivo hasta convertirlos en enemigos de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, quienes consolidaron una carrera artística al margen del “sistema”.


La presencia de Daniel Melero como colaborador en la letra y el concepto de algunos temas se adivina a la distancia como el tercero (aquí el cuarto) en discordia de una pareja. Poco después Cerati editaría un disco a dúo con el Brian Eno argentino (Colores Santos, 1992) y su primer disco solista (Amor amarillo, 1993). También por esa época, el cantante planeaba un disco junto a García y Aznar, que finalmente nunca salió. El bajista de Serú Girán aparece en "1990", un tema de inconfundible tinte beatle. Canción Animal, a pesar de no ser el último disco de la banda, podría ser interpretado como el canto del cisne, el último instante en el que Soda se hizo cargo de lo que significaba: un grupo. Lo que vino después, a decir verdad, se pareció más a Cerati acompañado por dos viejos conocidos. Es que rápidamente sobrevendría el hastío de ser cooptados por un público devoto que, de cierta forma, llevó a la otra banda en cuestión, Los Redondos, a la separación. Pero ésa es otra historia.


"Ahora los aparatos electrónicos hacen que cualquier boludo venga y haga un tema. Pero músicos de verdad... Por ejemplo, si vos sentas acá a Gustavo Cerati y al de Virus, Federico Moura... Les das una guitarra y les decis `bueno, pelate un blues, pelá algo que me llene...`. Y no sale nada". La frase, como no podría ser de otra manera, pertenece a Luca Prodan, quien acostumbraba a criticar a los rockeros argentinos por poner demasiado énfasis en las formas y no en el contenido. "Té para tres" demuele la chicana del compositor de "Mañana en el Abasto". Es el primer tema totalmente acústico de Soda Stereo y, por primera vez, se advierte la herencia de Spinetta en la lírica de Cerati. Podría tratarse de un outtake de Artaud. Tanto es así que actualmente, Spinetta rinde homenaje en sus conciertos tocando el tema de Cerati, quien en el show unplugged de la banda (1996) explicitó el guiño y lo mezcló con "Cementario Club". "Té para tres" actúa, entonces, como un retorno a los orígenes del rock argentino (inesperado, ya que hasta allí Soda había elegido influencias extranjeras). También como un remanso en medio de una serie de canciones agresivas, sostenidas especialmente por un Cerati en estado de gracia. Por primera vez se calza el traje de guitar hero y aporta riffs inolvidables como los de "(En) El séptimo día", "Un millón de años luz" o "Sueles dejarme solo". "Música Ligera", por su parte, automáticamente se coloca entre las canciones más emblemáticas del rock argentino.


El de Canción Animal es un rock duro, un hard rock, valga la redundancia, con reminiscencias de los 70', cierto aire psicodélico en las letras y una intensa conexión entre los tres integrantes de la banda. Es el disco que abre la década pero no sólo por haber sido editado en 1990, sino porque inobjetablemente marca la tendencia del rock crudo, ése que poco después se convertiría en moda con la explosión del grunge y volvió a principios de los 2000 con grupos como The Strokes o White Stripes.


Soda Stereo regresó en el año 2007. Tuvo que aparecer Roger Waters con su remake de The Wall para superar el record de fechas. La lista incluyó 27 temas. No hace falta decir que el disco más revisitado fue Canción Animal, que con seis temas le “ganó” a Nada Personal y Signos. La banda se había despedido diez años atrás. Al final de “Música Ligera”, Cerati lanzó una frase legendaria, un saludo que a la distancia podemos retribuírselo a él mismo: “Gracias Totales”.


(Publicado en la Revista Power Music diciembre/enero 2011/12)