domingo, 13 de julio de 2014

Se terminó la era Codesal


Argentina y Alemania jugaron tres finales. En 1986, ganó Argentina. En 1990, ganó Alemania. En los 24 años que separan el Mundial de Italia y el que acaba de finalizar, Argentina consiguió dos Copas América (91 y 93) y dos medallas doradas en los Juegos Olímpicos (2004, 2008). Pero siempre se siguió hablando de Codesal, el árbitro mexicano que le cobró un penal "ilegítimo" a Sensini. Utilizo comillas porque a la distancia, ese mítico penal cada vez parece más justo. Las históricas recriminaciones hacia Codesal nos volvieron llorones, resentidos e incoherentes (si tenemos en cuentas que uno de nuestros mayores logros es un gol con la mano).   

Como testigos de este subcampeonato tenemos la responsabilidad de no instalar la idea de que esta vez perdimos por el penal que no le dieron a la Argentina (haya sido o no). No hubo maniobras oscuras ni conspiraciones interplanetarias. Alemania (una Selección con proyecto a largo plazo y un concepto claro de juego) fue un justo campeón y Argentina fue un digno rival.

A medida que Argentina avanzaba se empezó a hablar de que el grupo humano de la Selección se había afianzado en la adversidad. En un plantel repleto de estrellas y con poco tiempo de preparación, era saludable que la solidaridad y el esfuerzo llegaran a su cúspide justo en pleno Mundial. Con el diario del lunes podemos advertir que mientras se solidificaba el grupo, se perdía la chispa de las individualidades que podían desequilibrar y agregarle creatividad al libreto, tan improvisado como exitoso, de Sabella. Si a partir de Octavos (y especialmente con el ingreso de Demichelis por Fernández ante Bélgica) la defensa, los volantes de marca (Mascherano y Biglia) y los carrileros (Lavezzi y Enzo Pérez) conformaron un muro de contención que recibió merecidos elogios, los jugadores de ataque fueron disminuyendo su nivel hasta aislarse completamente del equipo. El ejemplo más explícito fue la semifinal contra Holanda, la famosa partida de ajedrez en la que Argentina, a pesar de tener algunas esporádicas chances, sólo movió los peones (Holanda tampoco hizo demasiado).

Si el equipo de “Los cuatro fantásticos” estaba partido, el que llegó a la final de Brasil 2014 estaba por la mitad.

El desafío ante Alemania era que la Selección encontrara la combustión perfecta: un rendimiento parejo de su bloque defensivo y un ensamble logrado de sus cada vez más escasas individualidades ofensivas. Aunque Alemania manejó el trámite del partido haciendo gala de una posesión del balón envidiable (por momentos parecía que se la pasaban con la mano), Argentina, tal vez demasiado consciente de sus limitaciones, salió a jugar de contragolpe y durante buena parte del primer y segundo tiempo estuvo bien parada y tuvo muchas ocasiones de gol. Cuatro o cinco, claro, pero que en el contexto de una final del Mundo (donde casi siempre se dan partidos cerrados y esquemáticos) adquieren un gran valor, tanto es así que por momentos las máquinas alemanas se desconcertaron.

La explicación del triunfo alemán reside en las virtudes que todos conocemos. La explicación de la derrota argentina reside en el marcado desnivel de sus delanteros. Algunos dirán que ese desnivel fue provocado por los planteos iraníes de Sabella, que apostó todo a la defensa y se olvidó de los de arriba. El comentario es atendible y probablemente real, pero se parece bastante al del huevo o la gallina. Después del partido contra Holanda, Agüero confesó que no había arriesgado en algunas pelotas por el temor que le provocaba su reciente desgarro. Es por lo menos polémico que un jugador que no está al cien por ciento juegue este tipo de partidos de alta competencia: se notó que no estaba en sintonía (la decisión puede recaer tanto en el cuerpo técnico como en el mismo jugador). Higuaín fue figura contra Bélgica y durante el resto de los partidos nunca pudo acertarle al arco. Palacio estuvo activo pero nunca pudo definir las que tuvo (dos, una ante Holanda, otra hoy). A Sabella siempre lo acusamos por su excesiva cautela, pero paradójicamente hoy sacó a Lavezzi (que estaba jugando su mejor partido como volante), e hizo ingresar a Agüero (de delantero), que no pegó una. Messi, cuyos raptos de lucidez permitieron que el equipo pasara la Primera Ronda, a partir del segundo tiempo en Cuartos se sumergió en una laguna del tamaño del Océano Atlántico. Y no salió nunca. Se podrán buscar razones físicas o psicológicas para entender que un jugador de la jerarquía de Messi desaparezca por completo en varios tramos del partido (no me refiero a que la pierda frente a los 2000 tipos que lo marcan, sino a que ni siquiera tenga la oportunidad de perderla), pero mientras sólo se trate de especulaciones, debemos decir que futbolísticamente nunca llegó a mostrar su mejor faceta. Es más, los goles y las hermosas jugadas que elaboró, con intermitencias, a lo largo del torneo, parecieron el bonus track de un jugador que ya dio lo mejor de sí mismo y se halla en la transición hacia un nuevo modo de jugar. Su primer tiempo ante Bélgica tal vez sea una pista para rastrear al Messi maduro de los próximos años. En términos extra futbolísticos, ante Holanda y Alemania se vio a un tipo harto de todo. Su desprecio ante el absurdo Balón de Oro fue entendible, pero en alguien de comportamiento tan discreto fuera de la cancha, es un dato relevante.  


Un viejo dicho dice que los goles que no se hacen en el arco rival, se sufren en el propio. Creo que mientras Argentina se perdía cada una de las oportunidades y la amenaza del temido alargue se hacía realidad (con el desgaste argentino del miércoles y el entrenamiento alemán del martes), todos los que conocemos los lugares comunes del fútbol, pensamos en esa frase. Y finalmente sucedió. Los treinta minutos fueron casi todos de Alemania y el gol, aunque un tanto repentino, no sorprendió a nadie. Argentina hizo un buen papel en el Mundial, hubo jugadores que cumplieron con creces (Mascherano, Romero, Garay, Rojo, Zabaleta, Enzo Pérez, Biglia) y los planteos tácticos de Sabella revivieron las discusiones sobre las distintas formas de jugar al fútbol. Al mismo tiempo, el trabajo a largo plazo de Alemania, impone el debate sobre si es imposible o no una reestructuración acorde a nivel local. Por lo menos las próximas generaciones nunca van a saber quién fue Edgardo Codesal. Y eso sí que es para festejar.  

miércoles, 9 de julio de 2014

El fútbol es una excusa para amar a Mascherano


Si las estadísticas de la FIFA, además de multiplicar datos innecesarios, también midieran el amor de un país hacia un jugador de fútbol, creo que Mascherano ganaría por afano. Cuando fantasean con una noche de sexo desenfrenado en un hotel del Conurbano mental, las mujeres eligen a Lavezzi. Pero si pensaran con quién se quisieran casar, tener hijos y envejecer junto a una chimenea, Mascherano resultaría el elegido. O tal vez sea que estoy proyectando en hipotéticas mujeres lo que yo y tantos hombres de este país quisiéramos: seguir manteniendo las formas heterosexuales pero poder casarnos con Mascherano.

Los tatuajes fueron inventados para que los hombres se distingan de los demás a través de la ilustración de sus cuerpos. Los peinados excéntricos también. Este Mundial demostró una tendencia casi absoluta de los jugadores de fútbol por los tatuajes y los peinados excéntricos, a punto tal que es difícil distinguirlos entre sí. No es casual que Mascherano no lleve tatuajes ni peinados excéntricos. No le hace falta nada accesorio para distinguirse de los demás.

Hay algo en Mascherano que nos recuerda a nuestro mejor amigo en la Secundaria. Hay algo en Mascherano que nos dice que, aunque todo esté mal, las cosas van a salir bien. Uno nació en este país y quiere que gane su Selección, pero más quiere que gane porque está jugando Mascherano. En la Conferencia de Prensa del partido anterior, Sabella dijo que Messi era agua en el desierto. Mascherano entonces es una petaca de whisky en una noche fría lejos de casa. Mascherano es el unánime jugador de fútbol argentino. Nacido y criado en River (¿de qué otro lugar podría haber salido un 5 así?) pero con la grandeza suficiente para que los hinchas de Boca lo amen. En la novela de ciencia ficción del Mundial, Mascherano es el único sobreviviente de un ataque nuclear que convirtió a todos los jugadores de fútbol en zombies. 

Lo de hoy fue una larga y sinuosa partida de ajedrez en la que los dos equipos se neutralizaron. Casi no pudieron ejecutar ninguna jugada. Durante años se hablará de las atajadas de Romero, del partidazo de Enzo Pérez, de cómo Sabella nos cerró el culo, de ese cóctel de inteligencia, concentración y manías que hace de Holanda un rival siempre temible. Pero hoy Mascherano llevó todo junto y en un solo puño la psiquis y el latido de su pueblo. Acá toda intelectualización idiota del fútbol, toda distancia para no parecer un simple y estúpido tipo que se emociona mirando partidos de fútbol, estalla en mil pedazos.

Cuando seamos viejos, vamos a seguir viendo en el YouTube del futuro, aquel cruce magistral en el que Mascherano le sacó el gol de la victoria a Robben. Es verdad, Mascherano sólo es un jugador de fútbol, pero transmite demasiada nobleza. Si existiera una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo lo imitara a él. 

  

martes, 8 de julio de 2014

Tengo una buena y una mala noticia

La buena es que Alemania está jugando un fútbol extraordinario, que llegó a la cima de su rendimiento en la semifinal de un Mundial en la que aplastó por 7 a 1 a Brasil, el equipo local. Al toqueteo barcelonés made in Guardiola, Alemania agrega profundidad y vértigo. Al habitual predominio físico europeo, Alemania agrega superioridad técnica fogueada al calor de una preparación a largo plazo que arrancó hace poco más de 10 años.

La mala es que si Argentina le gana a Holanda, tenemos que jugar contra ellos.

En el fútbol puede pasar cualquier cosa, pero antes del partido no fueron pocos los que vaticinaron un resultado adverso para Brasil. Se enfrentaba un equipo ordenado y en pleno ascenso y otro que le dio la espalda a su estilo y fue víctima de una histeria colectiva que llevó a sus jugadores al borde del colapso nervioso desde que arrancó la Copa. Uno siempre vio a los brasileros como tipos relajados, que disfrutaban mientras jugaban al fútbol, con tribunas repletas de mujeres que movían las caderas y hombres borrachos que se reían continuamente con o sin motivo. Brasil como el paraíso del fútbol. Brasil como un universo aparte en el que la súper profesionalización se rendía ante el espíritu amateur de esos negros esbeltos que en vez de romperse en el gimnasio, se la pasaban en la playa. Y ése era el estereotipo que uno craneaba antes de empezar el Mundial. Pero todo sucedió exactamente al revés. El presupuesto de los Estadios provocó la furia de la gente. Una vez comenzada la Copa, muchos de los jugadores del equipo demostraron estar atravesando un bajón futbolístico y emocional alarmante. Marcelo, un tipo que se pone la camiseta del Real Madrid y es Dios, en estas semanas fue el Chavo del 8: cada vez que aparecía se mandaba una cagada. Como frutilla de ese postre terrorífico, Neymar se lesionó. Pero no tuvo un desgarro o una sobrecarga muscular: directamente se partió una vértebra. Si uno fuese un psicoanalista berreta podría decir que, más que la rodilla de Zúñiga, lo que fracturó a Neymar fue el peso simbólico que cargaba sobre sus espaldas. A veces creemos que Messi o Neymar, por su talento y los millones que ganan, tienen la llave de la felicidad. Qué ingenuos somos. Ser Messi o Neymar debe ser absolutamente horrible. 

Los alemanes están hechos para asustar. Costaba pensar que los dos equipos tuvieran 11 jugadores: por cada brasilero había tres o cuatro alemanes alrededor. Los periodistas, en su afán por hallar figuras reconocibles, hablan de apellidos específicos: Toni Kroos, Hummels, el arquero Neuer, Schurrle (o como se escriba). Pero hoy fue real el lugar común esencial en el discurso de los jugadores: la figura fue el equipo. En el entretiempo llamé a mi viejo y me dijo que le recordaba a uno de esos partidos de papi en el que un equipo es muy inferior al otro y al que encima le faltan uno o dos jugadores. Los primeros goles de Alemania fueron hermosas jugadas de billar. Esperé hasta último minuto a que Brasil comenzara a jugar en serio. No estaba feliz, la rivalidad entre argentinos y brasileros siempre me pareció afectada, un invento de Ruggeri: como todos, admiro la forma en que juega Brasil y lo de hoy fue una pesadilla.    


En el Mundial 2010 Argentina perdió 4 a 0 con Alemania. La diferencia con el partido de hoy reside en que los jugadores brasileros se estaban volviendo locos por la presión de 200 millones de compatriotas y los argentinos por la presencia de Maradona en el banco de suplentes. La verdad es que Argentina, aún con su evolución defensiva y el crecimiento de sus individualidades, está mucho más cerca del caos brasilero que de la excelencia alemana. Es más: creo que casi todas las Selecciones, al lado de Alemania, están más cerca de Brasil. Aunque para hablar de esto, primero habría que ganarle a Holanda. Sayonara.       

sábado, 5 de julio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Bélgica

Bélgica ladró más de lo que mordió. A diferencia de Irán o Suiza y a pesar de tener camiseta roja, no se metió atrás y salió a jugar de igual a igual. Pero aunque tuvo más la pelota nunca supo muy bien qué hacer con ella. Se notó que la estrategia era creérsela definitivamente, confiar en las cualidades físicas y técnicas conocidas, sin pensar que en frente había un equipo de mayor tradición futbolística capaz de intimidar con los colores de la camiseta. Pero finalmente no pudo pasar de la teoría a la práctica. Incluso algunos arranques violentos del segundo tiempo explicitaron la impotencia propia de quienes tienen el potencial pero no pueden capitalizarlo. 

Messi, como siempre, merece un párrafo aparte. El Ruso Verea, mi periodista deportivo favorito, dijo que había sido su peor partido, que lo vio muy parado. Y creo que ése fue el análisis de muchos. Sin embargo yo creo que el primer tiempo de Messi tuvo ciertos pasajes geniales, que fueron los que terminaron otorgándole el triunfo a la Selección. Si es verdad que estaba físicamente en default no me di cuenta y convirtió el defecto en virtud. El resto esta vez fue mental. Messi jugó un partido muy inteligente que hubiese sido coronado con el gol que le atajó su arquero enemigo. En vez de desequilibrar a través de la gambeta o el pique veloz que lo hizo famoso, se dedicó a bochinearla, manejando los tiempo del partido y quitándole a los belgas la oportunidad de imponer el ritmo vertiginoso que tan bien les sienta, lo que hubiese sido lapidario para la Selección, que ya demostró que se siente más cómoda cuando el trámite es lento y tiene espacio para tocar hacia los laterales mientras el rival se duerme. El rodeo que hizo antes del gol de Higuaín fue una de las cosas más extrañas y maravillosas que vi en un partido. Por último me gustaría subrayar otro aspecto: se advirtió claramente el miedo al ridículo que tenían los belgas cuando lo iban a marcar.

En líneas generales, da toda la impresión de que Sabella prefiere ganar por puntos aunque supuestamente tiene jugadores para hacerlo por nocaut. Que el reemplazante de Di María haya sido Enzo Pérez, en vez de Ricky Álvarez, es un signo fácilmente interpretable. Como sucedía con el kirchnerismo, más que por sus características, uno se alinea con Sabella por los defectos de sus enemigos. Con el equipo clasificado a semifinales después de 24 años la discusión sobre las formas quedará para la posteridad. A pesar de cierta excesiva cautela, Argentina fue evolucionando con el transcurrir de los partidos y, sin deslumbrar, pero al revés que en los anteriores Mundiales, el de cuartos de final fue un equipo superior al del primer o segundo partido del Grupo. Los ingresados respondieron a las expectativas. Basanta no tuvo tanta proyección como Rojo, pero hizo todo lo que puede hacer un central al que ponen a jugar de lateral. Más allá de los buenos rendimientos de Demichelis y Biglia, habría que empezar a rescatar a Garay, uno de los jugadores menos marketineros y más regulares del Torneo. Como el equipo estuvo más ordenado, Mascherano no se lució tanto. Lavezzi se sacrificó bastante, pero no termina de convencer esa obsesión de los de DT por poner delanteros jugando de mediocampistas. Romero no tuvo casi ninguna exigencia concreta, pero en el Primer Tiempo creo que abusó del pelotazo a la bartola. Higuaín, un jugador del que cada vez esperábamos menos, la rompió y fue el factor sorpresivo del equipo, sacándole la presión a Messi de ser el único encargado de inyectarle juego a un equipo que a veces se olvida de la idea más sencilla e implacable del fútbol: pasársela a un compañero.

Los Mundiales suelen convertirnos en propagadores seriales de nacionalismo barato. Pero en Brasil 2014 se sumó otro ingrediente espantoso: el tufillo católico apostólico romano de los que además de alentar al equipo, en broma o en serio, se dedican a suponer (con Fantino y su desquicio medieval a la cabeza) que detrás de todo está la mano sagrada de Francisco I. Y el cóctel entre nacionalismo e Iglesia, como todos sabemos en este país, es mortal. Yo soy argentino y vos sos brasilero. Yo tengo aguante y vos no te la bancás. Ese tipo de silogismo llega a su punto más absurdo cuando se manifiesta: Yo tengo un Papa y vos no. Es como si la tan criticada dialéctica barrabrava hubiese colonizado nuestra subjetividad y de pronto que los estadios de Brasil estén copados por ciudadanos argentinos que gritan y cantan tuviera alguna importancia. Mientras veo a Holanda resignarse al alargue, pienso que uno no puede aspirar a detener estas escaladas de irracionalidad, pero siempre es saludable mantenerse al margen y manifestarse en contra.    


martes, 1 de julio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Suiza


Las preguntas insondables son miles. ¿Cuánto dura un instante? ¿Y un momento? ¿Por qué las mujeres guardan bolsas? ¿Y de dónde sacan la gran bolsa que contiene a todas las demás bolsas? ¿Por qué Palacio mantiene su mechón de pelo atado en la nuca? ¿Adónde van los patos cuando llega el invierno? ¿Adónde van a parar los fixtures cuando termina el Mundial? ¿Por qué vomita Messi? ¿Y por qué no vomita cuando no vomita? ¿Por qué gran parte de la población desea volver a la Edad Media y cree que Argentina avanza en el Mundial gracias al Papa? ¿Por qué Sabella nunca tuvo el decoro de presentarnos a Biglia? Y la gran pregunta: ¿quién hubiese creído que en cuartos de final íbamos a extrañar a Marcos Rojo?

En el primer tiempo Suiza manejó el partido sin tener la pelota. Tanto es así que la figura fue Romero. Es verdad que las dos líneas de 4 recordaron a los iraníes (la camiseta roja también ayudó un poco), pero tenían a Shaqiri tirando fantasías y un equipo con experiencia y roce internacional que se fue agrandando mientras Argentina no se decidía a empezar a jugar. Es que los de Sabella tenían un dominio estéril del balón, acaso estúpido además de estéril, ya que en dos ocasiones los suizos estuvieron a punto de ponerse en ventaja. Higuaín estaba desconectado, Messi desaparecido, Gago naufragaba y Federico Fernández, con esa pinta de ser el tipo que muere primero en la película de terror, transmitía menos seguridad que la Bonaerense. Lavezzi, por su parte, demostraba que no se puede ser sex symbol y jugador de fútbol al mismo tiempo. En el complemento se vio el mejor funcionamiento de la Selección desde que empezó el Mundial. Subió de nivel Gago (y justamente por eso se notó lo bajo que estuvo en el primer tiempo), hubo juego asociado entre los de arriba y Messi cambió el chip, amagando con hacer el segundo gol de Maradona a los ingleses cada 7 minutos. Zabaleta y Garay también aportaron lo suyo. Sin embargo, la explicación de la victoria la tienen Rojo, Mascherano y Di María, probablemente los tres últimos jugadores argentinos vivos de la historia, que mostraron el camino con actitud y atrevimiento.

El alargue, con una primera parte desconcertante (físicamente el equipo estaba nocaut), demostró que la Selección no alcanza a consolidarse y siempre está al borde de la cornisa, lo que le da a su participación en el Mundial un toque de suspenso inquietante. Es verdad que el "Ole" infundado de los brasileños le imprimió al encuentro una sensación de exagerado dramatismo, pero si se puede sacar una conclusión de estas dos semanas es que aunque hubo cierta evolución palpable de un partido a otro, las intermitencias de algunas de las individualidades atentan contra la posibilidad de que el equipo no sufra. Nada que no haya pasado antes, ya que desde que tengo uso de razón, Argentina siempre juega mal en los Mundiales. Tanto es así que después de Italia 90 se hizo un culto del "jugar mal", como si la suma de los desacoples defensivos, los mediocampistas desperdigados por ahí y los atacantes aislados no fueran datos preocupantes, ¡sino más bien lo esencial y necesario para llegar a una final! Un dato positivo es que los jugadores que entraron, a pesar de no romperla, estuvieron a la altura de las expectativas. Palacio robó la pelota del gol y Biglia aportó claridad en los pases. Basanta, por su parte, no hizo goles en contra.   


El próximo rival, Bélgica, fue considerado como una de las grandes revelaciones del Mundial, incluso antes de que empiece. La Primera Ronda, bastante floja, hizo suponer que estaban más sobrevalorados que Arcade Fire y Sofía Coppola juntos. El 2 a 1 contra Estados Unidos parece un resultado magro, más si tenemos en cuenta que los de Klinsmann (que a veces no saben si juegan al fútbol o al soccer) estuvieron a punto de empatar en los últimos minutos. Sin embargo se trató del mejor partido de Bélgica y no ganaron por goleada en los 90 minutos porque Howard, el arquero yanqui, fue uno de los mejores de la Copa. Bélgica es un equipo serio, con un par de jugadores temibles (Hazard, Lukaku) y esa disciplina europea de juego en bloque que tanto envidiamos. En fin, una buena oportunidad para saber definitivamente si la Selección es un equipo de cuartos de final (como viene ocurriendo desde hace mucho) o está para más.                

domingo, 29 de junio de 2014

Bo' Caníbal

La idea que subyace detrás del SuárezGate es conocida: el fútbol como continuación de la guerra por otros medios. Antes, buena parte de la energía humana se canalizaba en la adhesión a ideologías o religiones que terminaban creando dogmas peligrosos que desembocaban en conflictos bélicos. De un tiempo a esta parte ese mismo espíritu de confrontación se trasladó al fútbol, un espectáculo de resonancia masiva que genera millones de dólares, se apropia del público y no provoca tantas muertes como Vietnam. Por esa misma razón, antes del partido entre Argentina e Inglaterra en el 86, Jorge Valdano dijo algo genial: "Este es el partido perfecto para que se confundan los imbéciles".

Cuando Maradona fue suspendido en el 94 yo tenía diez años. Recuerdo el día en que se dio a conocer la noticia. Al apagarse las luces de mi habitación, yo no cerré los ojos ni pude dormir: me quedé despierto toda la noche pensando en Maradona, en la Selección, en cómo, de un segundo a otro, podían hacerse pedazos todos los sueños que yo había craneado alrededor del Mundial. En ese momento, el apartheid, la dictadura militar, el genocidio armenio y el Holocausto me parecían estupideces al lado de la injusticia mayor: que la FIFA no dejara jugar a Maradona por tomar Efedrina. 

miércoles, 25 de junio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Nigeria


-Esto en realidad era un comentario al post anterior.

-Y se nota.

-Vindicación de Rojo.

-Se impone Lavezzi como nuevo jugador del pueblo, reemplazante de Agüero y gran comediante.

-El escándalo que provoca en algunos la broma de Lavezzi a Sabella pone de manifiesto el exagerado nivel de seriedad con el que a veces analizamos el fútbol.

-El fútbol es un deporte, devenido en espectáculo y negocio, a través del cual proyectamos nuestras frustraciones con tal de no enfrentar el drama y el absurdo de nuestra propia vida. Lavezzi es consciente de esta farsa y roció a Sabella ante las cámaras de modo tal que las gotas no sólo cayeron sobre el rostro del DT sino también sobre todos los espectadores que, sorprendidos, observábamos la escena. El objetivo, obvio: un despertar cósmico y existencial que aleja a la Humanidad de la insignificancia y la vuelve a conectar con su esencia.

-En caso de que Lavezzi no haya pensado todo esto, estamos ante un peligroso psicópata. Y por eso mismo tiene que jugar de titular.

-Fíjense quiénes ganaron Mundiales en Argentina: Maradona, Pasarella, Ruggeri, Bilardo. Todos psicópatas.  

-Según las novedosas estadísticas de la FIFA los jugadores psicópatas tienen un 85 por ciento más de posibilidades de ganar un Mundial que los que no muerden rivales ni tiran agua en la cara a sus técnicos. 

-Otras estadísticas de la FIFA arrojan datos sorprendentes: Basanta fue convocado por Sabella; Gago e Higuaín no estarían existiendo; si Rojo hace otro gol es el fin del mundo; los nigerianos nunca son tan buenos como se supone.    

-Contra un equipo profesional y más armado en defensa, este partido sale 9 a 3.

-Fue como un partido de la era Maradona.

-Un día habrá que decir que la Selección de Sabella no juega muy distinto a la Selección de Maradona.

-Mascherano hace el trabajo que en otros equipos realizan 3 o 4 jugadores que conforman el "mediocampo".

-El mediocampo es una idea que, misteriosamente, los últimos técnicos de la Selección Argentina han desterrado.

-Cuando los técnicos de la Selección Argentina vuelvan a creer en la existencia del mediocampo, las cosas van a mejorar un poco.

-Otro concepto olvidado: defensa. Son cuatro tipos, generalmente rústicos y descerebrados, que saben cabecear y le pegan para arriba cuando hace falta. Algunos más evolucionados pasan la mitad de cancha, vuelven en los ataques, tiran centros, hablan dos idiomas, hacen goles y se llaman Roberto Carlos o Cafú. 

-La salida de Messi fue una apuesta interesante de Sabella para comprobar si atrás del 10 había un equipo. Los resultados fueron evidentes: a partir del momento en que salió Messi, al "equipo" no le quedó otra que pinchar el partido mientras Di María y Lavezzi se la pasaban como si estuvieran jugando un Solteros vs. Casados en HD. 

-Se avecina Suiza, el país con mejores relojes, chocolates y suicidas del mundo. O sea que manejan el tiempo, el deseo y la muerte como nadie. De temer.  

-Sayonara. 

domingo, 22 de junio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Irán

Para BC.

1) Hay muchos temas depresivos de Radiohead, pero hay uno que es especialmente depresivo. Al contrario de lo que se piensa, en vez de promover el suicidio, los temas depresivos lo previenen, ya que le otorgan un respaldo anímico a quienes están pasando un periodo oscuro. Uno de los mejores es "How to Disappear Completely" y pertenece a Kid A, el disco rupturista que la banda sacó cuando a Thom Yorke le empezó a molestar ser considerado el mejor del Planeta. A veces lo veo a Messi y me recuerda a ese tema y a Thom Yorke: porque le molesta ser considerado el mejor del Planeta y porque es un tipo que sabe cómo desaparecer completamente. En determinado momento del Segundo Tiempo Messi devolvió una pelota y, mientras el ataque continuaba a escasos metros pero en otro sector de la cancha, se quedó mirando el suelo y caminando lentamente en diagonal hacia la nada. Pero a diferencia de otros partidos en los que, finalmente, nunca despertaba, aunque sea contra Bosnia e Irán, demostró que en el fondo siempre le quedará un bonus track. Que no corresponde a su desempeño actual o a una evolución del juego en equipo o a un proceso épico estilo Suárez, sino más bien a su anárquica e imprevisible individualidad. Entonces esos paseos de flaneur melancólico se transforman en un espacio de meditación en el que en realidad Messi se estaba preguntando cuál era la mejor manera de marcar un gol. Es como si el don de Messi tuviese el funcionamiento del famoso látigo de Capote en el Prefacio de Música para camaleones: cuando no hace que sucedan genialidades, sólo sirve para autoflagelarse.

2) Irán, por su parte, planteó muy bien el partido. Irán no es Camerún, un equipo débil, que defiende como un metegol oxidado y con jugadores que se boxean en pleno partido. Irán fue un rival esforzado, que en el conocimiento de sus propias limitaciones tuvo su mayor virtud y su mayor defecto, ya que cuando Argentina empezó a decaer, no tuvo la audacia ni los recursos necesarios para pasar al frente y ganarlo. Aunque tampoco estuvo tan lejos.

3) Exceptuando el 2002, es recurrente que la Selección gane y guste en los segundos partidos de la Primera Ronda: Jamaica, Serbia y Montenegro, Corea. A partir de ahí, envuelto en una vorágine de triunfalismo barato y chauvinismo ortodoxo, el equipo declina y pierde en el primer cruce con un rival importante. Este comienzo errático del equipo de Sabella, claramente, es malo a corto plazo pero tal vez sea la introducción necesaria para que el equipo alcance su máximo nivel más adelante, en esos tramos del Mundial en los que desde hace bastante tiempo no pegamos pie con bola. Por lo pronto el gol de Messi tapa el sol con la mano, pero mientras se siga dependiendo de ese segundo de inspiración, la idea de equipo es un concepto utópico.

4) Desde un punto de vista más optimista y absurdo, los tres puntos adquieren otro valor. Observando algunos resultados, podríamos suponer que los últimos coletazos de la globalización han producido una discontinuidad en el habitual desarrollo de los mundiales. Es algo que se venía gestando desde hace rato, pero recién en Brasil se materializa con claridad. De la misma forma que las oficinas de Google de Buenos Aires hacen más o menos lo mismo que las de Nueva York, ahora, con el crecimiento de la FIFA como corporación multinacional capaz de implantar el virus del fútbol en cualquier lugar, hasta los equipos sin una tradición contundente han adoptado un nivel de disciplina y orden táctico que les permite pelear mano a mano con las grandes potencias venidas a menos. Argentina, encima, parece estar llevándose todas las materias a marzo: el cuerpo técnico no diseña un sistema coherente, las estrellas parecen estar atravesando un bajón, el periodismo aprovecha para inventar internas y en el banco no hay un relevo lo suficientemente determinante y sorpresivo para cambiarle la cara al equipo. De la forma en que entró, parece imposible que Augusto Fernández vaya a jugar alguna vez. Maximiliano Rodríguez, que podía aportar una propuesta diferente al mediocampo, fue incinerado contra Bosnia. 
 
5) Por otro lado, creo que a muchos argentinos que le piden que cante el himno cuando no hay nada para cantar, les falta entender a Messi como lo que realmente es. En ese sentido, y no en otro, es el significante al que equivocadamente le pusieron el significado Maradona. Messi no es líder, no se carga el equipo al hombro, elude la demanda simbólica del número de su camiseta, a veces ni siquiera necesita mezclarse con el resto de sus compañeros, simplemente irrumpe y la manda a guardar. Creo que la distancia entre Messi y Maradona es la medida del malestar que genera la Selección. En otro momento, el lugar de Messi fue ocupado por Riquelme u Ortega. Hay que dejar de esperar que Messi sea gravitante durante todo el partido y que su presencia en la cancha sea como las huellas de Godzilla sobre los edificios aplastados. Messi es otro tipo de jugador, desconcertante y políticamente incorrecto para los cánones del fútbol histórico, pero con la escalofriante condición de quienes han sido llamados a cerrar culos en este mundo.


6) También está la explicación sencilla: Messi es un crack con grandes lagunas. Pero eso sí que sería aburrido.  

lunes, 16 de junio de 2014

Macaya lo hizo de nuevo


El Mundial no arranca con el primer partido ni con el sorteo de los equipos en diciembre ni con la presentación de Fútbol para todos (una joya del humor absurdo), sino con el momento exacto en el que nos empezamos a sentir en medio de un huracán repleto de imágenes e información:

los 25000 pases perfectos de Pirlo;

la deplorable poética de barrabrava cursi del Pollo Vignolo;

los móviles con periodistas sospechosamente analfabetos que terminan con el sospechosamente analfabeto saltando y gritando como los demás naturalmente analfabetos que lo rodean;

los comentarios siempre inaudibles de Macaya Marquez (y cuando audibles demasiado obvios al punto de que si tenemos a alguien cerca le preguntamos: "¿este tipo dijo que el partido está uno a cero porque un equipo hizo un gol y el otro no?"), cuya voz siempre se escucha, en el 78 y el  2014, como si estuviera filtrada a través de los cables viejos de un portero eléctrico muy roto y uno supone que la industria de los avances en materia de Sonido debe ver a Macaya Márquez como su súper villano y que cuando Macaya comenzó a esbozar su primer comentario en este Mundial sin que se entendiera absolutamente nada, exclamaron: "Maldita sea, Macaya lo hizo de nuevo";

la cara de Di María, cada vez más parecido a Franz Kafka;

el balbuceo eterno de Maradona en De Zurda, me da mucha curiosidad saber si Maradona va a completar una frase, si alguna vez llegará a ese predicado, ¿no?, ese momento genial, obvio y necesario, en el que una frase se completa y entendemos el sentido de lo que se quería decir, ese pasaje de la comprensión que Maradona reivindica a través de su total ausencia en el discurso. Maradona es un holograma de Maradona que se queda trabado en una escena memorable de la cada vez más estelar novela de ciencia ficción del Mundial que en vez de llamarse Hola América, se llama Hola Argentina y nunca fue escrita por quien debió haber sido el James Ballard argentino;

y la frutilla del postre: Messi. No hay un segundo en el que no pensemos en Messi. Messi es el murmullo de fondo, la banda de sonido de cualquier pensamiento. Uno puede estar leyendo la Dialéctica del Iluminismo. Uno puede estar preocupado por el concepto de Dasein. No importa. Paralelamente soporta el asedio de una mini tribuna cerebral, compuesta por pequeños enanos hijos de puta, supongo que se trata de bacterias de la mente con la cara de Messi en una propaganda de jabón en polvo, que gritan, por supuesto, "Messi, Messi, Messi". Messi como la frutilla del postre del Barcelona. Ese toqueteo aparentemente estéril, aburrido, lateral/ estilo Valderrama en la era Y2K, eso durante bastante tiempo y de repente la toca Messi y acelera la gramática del partido hasta llegar a una velocidad y precisión imposibles de soportar para un jugador normal. Resultado: gol de Messi, otro record de Messi (ahora ese tipo de noticia fue reemplazada por Otro gesto del Papa), nuevo campeonato de Messi, Messi ya se consagró como el goleador histórico del Barcelona, Messi ya ganó sesenta veces el Balón de Oro, Messi ya es padre, Messi ya puede votar, Messi ya puede volar, Messi ya es el primer hombre inmortal de la historia del Planeta, Messi ya vomita. Quizás estemos siendo testigos del instante en que Messi entra por fin en su etapa Maradona, es decir, estamos por presenciar el dramático y cinematográfico momento en el que a un hombre le explota la cabeza. Tal vez literalmente. En fin. Sin un sistema que lo respalde, Messi es la frutilla sin postre. Pensemos en la pieza más cara del motor, la pieza importada, la pieza que provoca duelos entre los grandes cuadros de los piratas del asfalto. Pero está suelta.


Ayer muchos gritamos por primera vez un gol de Messi. Seguramente quienes lo adoran o lo odian con convicciones dogmáticas no lo entiendan, pero hay otra corriente, una tercera posición, que vendría a ser como la socialdemocracia frente a dos formas de extrema derecha, que respeta y estima a Messi como jugador, que alguna vez defendió a Messi ante un cuñado que le caía mal, pero que llegado el punto no se desvive por Messi, ni mira goles de Messi por YouTube, ni le prestó mucha atención al Barcelona. A veces creo que Messi es un significante al que le confundieron el significado.     

domingo, 15 de junio de 2014

Me gusta el juego de Sabella pero prefiero el fútbol


Sabella ya había gambeteado el sentido común en su convocatoria, cuando priorizó el grupo humano (a través de la elección de algunos de sus pollos picapiedras) y la buena nueva de los "volantes mixtos", esa variante de mediocampistas que hasta hace poco se llamaban polifuncionales. La formación titular ante Bosnia también fue sorpresiva. Quienes nunca congeniamos del todo con Sabella preferimos el silencio: detrás de la acumulación de defensores, Pachorra tal vez tuviese un plan maestro para ganar el Mundial. A los pocos minutos de comenzado el encuentro, incluso ganando 1 a 0, los 5 defensores no sólo eran anti-estéticos e innecesarios sino que se transformaron en una invitación para que los bosnios hicieran lo que se les cantara. La complicada ingeniería táctica de Sabella se revelaba como lo que realmente era: pasársela a Messi y ver qué onda. Y Messi no tenía onda. Bajoneado como en sus peores partidos de la Copa América 2011, asfixiado por la presión simbólica de los hinchas argentinos y la presión física de los roperos bosnios, a la tercera pelota que perdió sufrió un evidente bajón emocional y se perdió en su trip. Argentina ganaba y era probable que los bosnios no hicieran un gol ni aunque el partido durara diez años, pero la depre de Messi pronosticaba un Mundial tenebroso y agitaba los fantasmas del pasado.

En el S.T Sabella recuperó el conocimiento e hizo lo que debería haber hecho desde el principio. La presencia de Gago (la figura) resultó una inyección de ánimo y voluntad para Messi, que al rato empezó a desequilibrar como en la pantalla de la Play. Los impactantes bosnios en realidad eran unos lungos que se chocaban entre sí, atónitos ante las maniobras de Messi, que llegó a realizar el gol de siempre, el calcado, ese que hizo mil veces en Barcelona y en la Selección le cuesta tanto. Exceptuando a Zabaleta y Mascherano, el desempeño de los jugadores argentinos fue muy irregular. 

La experiencia mundialista nos dice que la Primera Ronda no cuenta mucho y que el porvenir de un equipo, por más que empiece con el pie izquierdo, es insondable. Allí está la hazaña de Italia 90. O el descreimiento generalizado antes del 86. Y toda una serie de anécdotas que alimentan el mito del equipo herido y el DT desprestigiado que saca pecho en las malas. Aunque la mejoría en el S.T fue evidente, observando cómo juegan algunos equipos, el partido de Argentina fue un tanto preocupante. Y no me refiero al juego de candidatos como Inglaterra, Holanda o Italia, sino a Suiza, un probable rival de octavos de final, que se mueve en bloque y con velocidad, como si sus jugadores fueran piezas de ajedrez eléctricas y habilidosas. Ante esos tipos, todo indicaría que el tiki tiki, el pastoreo frugal de Gago y Messi no va alcanzar.


Siguiendo las enseñanzas positivistas de Comte, la bandera de Brasil implora por el orden y el progreso. Justamente eso que le faltó a la Selección para estar a la altura de esta Copa del Mundo. Sabella tiene el crédito abierto porque todavía no pasó nada, pero, como dirían en mi barrio, hoy bardeó mal.            

sábado, 14 de junio de 2014

El Mundial es una excusa para llegar a Pirlo

En la novela de ciencia ficción del Mundial Pirlo es el tipo con súper poderes que sabe lo que va a pasar cinco segundos antes que todos. Su condición de errante viajero de los mares del Tiempo, condenado a navegar en una sintonía distinta a la suya, se ve reflejada en su look. No cuesta mucho ver a Pirlo como el bohemio de pelo mojado que se acaba de levantar de la siesta de los 60' y observa que el mundo fue invadido por una legión de pelicortos musculosos, con caras de patovica y ánimo deshumanizador. Si esto fuera un trabajo práctico de Letras yo diría que Pirlo obtura algo, pero esto no es un trabajo práctico de Letras, es algo peor, es un párrafo que dice que Pirlo es, probablemente, lo más, que tal vez el Mundial sea una excusa para llegar a Pirlo. Si alguien que nunca vio a jugar a Pirlo leyera esto deberíamos explicar que Pirlo se estaciona, casi literalmente, en algún sector ofensivo de la cancha, pero no lo bastante ofensivo como para que el resto de los jugadores se de cuenta, más bien el sector ofensivo es tal cuando él lo habita. Y desde ahí, con una engañosa economía de recursos (a lo Bochini o Gallardo o Riquelme), permite que sus compañeros se luzcan más que él, aunque siempre queda la sensación de que si no fuera por Pirlo, nada hermoso hubiese sucedido.

De entrada comenzaron a pasar cosas raras: los brasileros amaban a los argentinos, no querían que se juegue el Mundial y la inauguración duró 25 minutos. El gol de Croacia rubricó las sospechas. Eso que por costumbre y redundancia ya parecía una noticia vieja (el triunfo por goleada de Brasil y el desarrollo de otra aburrida primera ronda) se convirtió en un partido incierto, en el que Croacia hizo gala de su prolijidad europea y demostró que los laterales brasileros, cuando no vuelven, son el reverso perfecto de los laterales argentinos. Con la multiplicación de goleadas y el partidazo de Inglaterra e Italia daría la sensación de que el Mundial, que había corrido el riesgo de ser un fraude por cuestiones políticas, se reivindica a través del fútbol, ese deporte olvidado entre tres importantes Abanderados del Mal:
1) el protagonismo desmedido de los periodistas;
2) la sobre información: ¿era necesario enterarse de la muerte del cuñado y el sobrino de Scolari?;
3) el fervor por los insoportables análisis de los arbitrajes, donde el comentario sobre un partido se convierte en una discusión de cincuenta minutos sobre el off side virtual de un jugador cinco centímetros por delante de la línea del último jugador.   


Durante los noventa existieron los alternativos, unos tipos que no se vestían como los demás y escuchaban otra música y tenían otros gustos y parecía que sabían más que nosotros si no fuera porque su desarrollo como seres humanos sólo llegó a convertirlos en excelentes presentadores de MTV. ¡Los alternativos!, su sola mención evoca la elegía de una raza nueva que debería haber traído al mundo la sofisticación total pero se quedó a mitad de camino por tener esa pinta de cartucho barato de impresora. Ayer miraba jugar a los holandeses y pensé en los alternativos. Incluso no cuesta mucho leer en los ojos de asesino serial de Arjen Robben la idea de una tercera posición entre Messi y Cristiano Ronaldo. Holanda como el eslabón perdido entre la Vieja Europa y el Nuevo Continente. Como un cóctel perfecto de táctica y desenvoltura. Pero que nunca sale campeón, aunque lo merezcan, aunque se conviertan en un equipo uruguayo como en el 2010, aunque son los inventores de un modo de jugar que atraviesa tan profunda y transversalmente la diacronía del fútbol que llega hasta el Barcelona. Creo que Holanda es un lugar en el que Marcelo Bielsa se sentiría bien. Rafael Bielsa, su hermano, también se sentiría bien en Holanda. En fin: daría la sensación de que hay gente que debería ser holandesa y nació en Argentina. 

martes, 27 de mayo de 2014

Gracias Ramón

Promediando el segundo tiempo contra Quilmes, cuando River ya tenía asegurado el Campeonato, Ramón Díaz comenzó a llorar desconsoladamente junto a su hijo. La imagen, conmovedora hasta para quienes el fútbol no les interesa, me remitió a esas películas de ciencia ficción en las que un robot, a través de un viaje iniciático lleno de obstáculos y conflictos, va adquiriendo humanidad hasta llegar a la explicitación absoluta de lo sensible: las lágrimas. Ramón, que le había dicho a la 12 que él no se había ido a la B y se martirizó porque le bajaron un par de millones a su contrato igualmente millonario, finalmente, se mezclaba en el lodo con los hinchas. 

Es que nadie lloraba por el campeonato (¿qué diferencia hay entre 34 y 35?), sino por el regreso de la B. River sólo podía festejar saliendo campeón, ganándole a Boca en su cancha y goleando a un equipo, aunque sea uno dirigido por Caruso Lombardi y que recién se salvaba del descenso. Los cinco goles se festejaron en contraste con las tristezas del año en la B. Y durante ese lapso en el que River todavía no era campeón porque faltaban algunos minutos para que terminara el partido, el hincha sintió la nostalgia de Ulises al divisar Ítaca después de veinte años de bardos con lotófagos y sirenas.

Ahora que Ramón renunció, las lágrimas más bien parecen el desahogo de una venganza íntima contra la dirigencia que nunca lo quiso. Y aunque la interpretación es incomprobable, no sería raro viniendo de alguien que se construyó a sí mismo como personaje del fútbol argentino haciendo gala de un insoportable culto de su propia personalidad. Mientras todos llorábamos por River, tal vez por la absurda estupidez de conmovernos por algo llamado River, tal vez por algo que ya no existe pero alguna vez fue River (y no me refiero al Club sino a lo que significa River en la mente de cada uno), en fin, mientras todos llorábamos por River, Ramón lloraba por Ramón.

Por la cantidad de títulos que ganó, su carisma y el fútbol ofensivo que suele pregonar, Ramón Díaz estableció un feeling único con la mayor parte de la hinchada (especialmente con Los Borrachos del Tablón). Sin embargo, da la impresión que Ramón Díaz le puede hacer bien a River a nivel deportivo (a veces), pero mal desde el punto de vista metafísico: esa misma actitud canchera con la que muchos se identifican es la peor característica del hincha de River y la que llevó al Club a la debacle.


Se suele decir que el único Partido que puede gobernar la Argentina es el peronismo. A pesar de sus errores consuetudinarios, las espaldas del aparato y la experiencia de los compañeros aseguran un mínimo de gobernabilidad que ninguno de los otros partidos pueden garantizar. Algo así pasa con Ramón Díaz en River y esta renuncia, que todos sienten como un baldazo de agua fría, tal vez sea la mejor decisión que haya tomado desde que volvió lo bastante agrandado como para pretender no haberse ido a la B y ganar millones en un Club arrasado. River no sólo necesitaba una renovación dirigencial, sino también simbólica. Gracias Ramón.   

miércoles, 14 de mayo de 2014

El jugador del country

Tévez es ampliamente reconocido como el jugador del pueblo. En el imaginario futbolístico vendría a ser el instrumento a través del cual las almas argentinas pueden cumplir el sueño de jugar en la Selección. La idea de "pueblo" remite al origen del jugador, que, como un héroe de la literatura épica, sufrió catástrofes físicas y sociales hasta llegar a la cima del mundo. Su mujer y sus hijos representan su costado familiar y apto para todo público, aunque también guarda una faceta pirata muy festejada por las hinchadas de fútbol y cada tanto se levanta a una modelo o una actriz reconocida. En otro orden de cosas, pero siguiendo con esa personalidad que satisface las necesidades de todos los sectores, Tévez también es el jugador del country. Algunas cuestiones relacionados con su vida y su entorno son detestadas por buena parte de la Argentina blanca: su fervor cumbiero, su amigos chorros, Fuerte Apache. Sin embargo Tévez funciona como el amigo judío del antisemita, es el cabeza idolatrado al que muchos de sus fans jamás le abrirían la puerta de sus casas. ¿Quién no se quedó un bloque entero mirando Policías en acción y al salir afuera se cruzó de vereda porque venían tres muchachos de gorrita? Evidentemente preferimos ver villeros en la tele pero no en la calle.  

Por otro lado, hay una gran distancia entre lo que se supone que es Tévez en la Selección y lo que verdaderamente fue. Tévez tuvo algunas buenas actuaciones, especialmente en el 2004 durante la Copa América y los Juegos Olimpícos. Después, como la gran mayoría de las estrellas de los 90 y 2000 (Ortega, Aimar, Verón, Riquelme, el mismo Messi), se perdió en ese gran agujero negro que es la Selección post retiro de Maradona. En su afán por representar el papel que le había asignado la opinión pública, se convirtió en un jugador que en vez de eludir a los rivales, los chocaba. Mediáticamente comenzó a mostrar una vertiente casi extorsiva, negándose a jugar de suplente y expresando un malestar excesivo cada vez que lo reemplazaban. Esa actitud bardera, interpretada por sus defensores como la reacción típica del pibe carismático y frontal, parecía la conducta de alguien convencido de que tenía coronita. Al mismo tiempo, en los diferentes clubes por los que pasó, Tévez siguió gritando goles en los posters de las habitaciones de todos los hinchas. Pero a nivel Selección se pauperizó como jugador y como persona (pública).

La intuición popular especula con que Tévez y Messi no se pueden ni ver. Que esos dos tipos jueguen en la Selección es como si, además de Batman, Superman también viviera en Ciudad Gótica. El estilo de juego de Tévez combina los elementos primordiales del potrero: habilidad y garra. Como todos sabemos, cuando era niño, Tévez se quemó con el agua caliente de una pava. De grande, aunque cuenta con las condiciones económicas para hacerse una cirugía, se niega a borrar las cicatrices de su cuerpo para no olvidar de donde viene. La biografía de Messi está más ligada al diseño químico de los laboratorios del Primer Mundo. El cuerpo de Messi, a diferencia de Tévez, fue intervenido e inconscientemente el pueblo parece no perdonárselo. No es casualidad que los detractores del astro de Barcelona lo homologuen con los jugadores de Play Station. Su capacidad ilimitada para marcar goles, su velocidad inalcanzable, sus permanentes récords son analizados como algo despectivo porque sencillamente no pueden pertenecer a alguien de este lado del mundo. La conclusión es evidente: se juzga a Tévez como real (a pesar de sus defectos) y a Messi como un mero artificio (a pesar de sus virtudes).     

Probablemente, si la Selección Argentina tiene un mal desempeño en el Mundial, mucha gente dirá que es porque no lo convocaron a Tévez. Sin embargo Tévez ya jugó dos Mundiales y Argentina llegó exactamente al mismo lugar y perdió, incluso, con el mismo rival. ¿Torcerán el destino las inclusiones de Gabriel Mercado y Enzo Pérez en la lista final?

   

domingo, 4 de mayo de 2014

Sobre Simon Reynolds y Osvaldo Príncipi

Simon Reynolds se convirtió en un referente cultural de cierto sector de la muchachada hipster. Su formación combina amplios conocimientos musicales (una de sus obsesiones es bautizar géneros, por más efímeros que sean) y un hábil manejo del pensamiento de los faros del estructuralismo, a quienes pide prestado ciertos conceptos para darle una terminación más académica a sus textos. Sus libros son de lectura amena y están repletos de buenas ideas (que pueden partir de premisas falsas, pero ése es otro cantar). De los tres libros suyos que se publicaron en el país, el que más me gustó fue Después del rock, una recopilación de ensayos y artículos sobre “psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas”. Uno de esos textos se titula “Hip hop” y se dedica a analizar ciertos aspectos de ese tipo de música. Contra lo que opina buena parte de la crítica de rock, Reynolds no ve en el hip hop un emergente de la resistencia de la gente negra, sino más bien todo lo contrario: para Reynolds, la brutalidad y la omnipotencia imperantes en el discurso habitual del género no hacen más que replicar las jerarquías del capitalismo. Dicho en sus propias palabras: “Con el hip hop estamos ante una extraña especie de unidad: se trata de una comunidad que responde a la opresión no con un sueño de solidaridad y de igualdad, sino con individualismo patológico”.  

Sospecho que Osvaldo Príncipi no leyó a Simon Reynolds, pero en la noche de la pelea entre Maidana y Mayweather, con solo ver el séquito del boxeador norteamericano llegó a las mismas conclusiones que el crítico inglés. “Los capitalistas del rap manejan el negocio del boxeo” mandó de una, mientras Mayweather ingresaba al ring acompañado por Justin Bieber y un rapero, Lil Wayne, que le fraseaba en vivo y en directo. Por la cantidad de guita que gana y su viveza para colarse en el negocio, Mayweather fue apodado “Money”. Igual que los raperos consagrados que continúan a través de su prédica los santos evangelios del capitalismo, Mayweather es un monumento a la ostentación y adora sacarse fotografías junto a montañas y montañas de dólares. Según dijo, uno de sus ídolos es Bill Gates. Sin embargo y a pesar de toda la plata que puedan llegar a ganar, en medio de ese circo caótico de Las Vegas, me pareció que Mayweather y Maidana eran dos víctimas, como los protagonistas de esas películas de terror en la que un grupo de multimillonarios aburridos encierra a un grupo de jóvenes para ver cómo los torturan.

Quienes están en contra del boxeo suelen decir que más que un deporte, es un acto de bestialidad: dos personas semidesnudas arriba de un ring peleando hasta que el otro no puede levantarse de la lona. Yo creo que lo más perverso del boxeo no es el peligro físico (también existente en el automovilismo o en el rugby), sino su mensaje social implícito. El boxeo les dice a sus actores principales que la única manera de salir del agujero de la postergación social es matando a palos a otros tipos tan postergados socialmente como ellos. Como sabemos, la mayoría de los boxeadores provienen de sectores humildes. Es cierto que ganan millones de dólares, también lo es que esos millones, por tramoyas de representantes que se aprovechan de la ignorancia de sus clientes, se evaporan tan rápido se acaba el momento de gloria (sin ir más lejos Mayweather es adicto a las apuestas). Mientras tanto, el boxeador fue durante toda su carrera una víctima que colaboró dócilmente para que el sistema que lo oprimió sea más grande y entretenido.


Otro tanto queda para quienes vemos boxeo. Y ni siquiera me refiero a los grandes fanáticos del deporte, probablemente criados bajo el influjo de Monzón o Bonavena, sino a la manga de paparulos que, tal vez buscando la épica que no tiene nuestra vida cotidiana, nos sumamos a las peleas estelares que suceden cada muerte de obispo. Olvidadizos de que ya lo éramos, queremos ser hombres. Dicen los que saben que Maidana perdió con claridad pero hizo un buen papel. Al final boquea de más y se come un alfajor para regocijo de los dueños de la empresa Guaymallén.  

domingo, 20 de abril de 2014

Sobre García Márquez


Leí tres novelas de García Márquez. Dos de ellas (Relato de un náufrago y Crónica de una muerte anunciada) durante la Secundaria, totalmente alucinado y en un día. Forman parte de esas lecturas idílicas, que con el tiempo parecen pertenecer a una etapa acabada en la que el acto de leer todavía era una cuestión puramente hedonista, ligado al placer y el disfrute ya que uno está descubriendo la actividad y casi todo nos parece nuevo y genial. La tercera novela fue Del amor y otros demonios. Y no recuerdo absolutamente nada. Ahí hubo algo que me distanció para siempre de García Márquez, pero sería hipócrita de mi parte decir qué fue porque pasaron quince años y no tengo ni la más puta idea. No era tan grave, sino me acordaría. (Y no tiene que ver con los reparos extra literarios que alguien como García Márquez puede generar a su paso).

Así que mi opinión con respecto a García Márquez no está a la moda. Digo esto porque actualmente pareciera que caben sólo dos posiciones: o estar completamente de acuerdo o estar completamente en desacuerdo. Entonces se muere alguien y las únicas opciones posibles son que nos parezca un genio o un gil. No hay término medio ni incertidumbre ni indiferencia. Sin embargo intuyo que en la mayoría de los casos uno tiene en claro tres o cuatro cosas (en general bastante insignificantes: no hay que meter los dedos en el enchufe, etc.) y sobre todo lo demás no sabe bien qué pensar.

Evidentemente a muchos lectores la figura del escritor fálico, del patriarca latinoamericano que baila vallenato con sombrero, les parece protectora, algo así como un refugio seguro donde un abuelo nos cuenta historias antes de irnos a dormir. A otros, esa misma imagen iconográfica de escritor profesional, nos resulta totalmente distante. Siempre se me hizo difícil creer que Gabo existiera realmente, como si en verdad no fuera un tipo de carne y hueso, sino una figura de cartón con tamaño humano, de ésas que ponen en las casas de ropa deportiva y quieren crear la ilusión de que estamos al lado de Messi o Cristiano Ronaldo.

La muerte de García Márquez me provoca dos sentimientos. Por un lado la sensación ineludible de que no leí sus grandes obras a tiempo y que, por ejemplo, Cien años de soledad se me escapa cual wing derecho hacia el infinito mientras mi vida me mantiene ocupado en otras lecturas diametralmente opuestas. Por otro lado tengo la impresión de que el porvenir es largo, que los itinerarios de los lectores son insondables, que es una escandalosa mentira que a ciertos libros hay que leerlos a ciertas edades y que no deja de ser encantadora la idea de que todavía tengo gran parte de la obra de García Márquez por descubrir.

Fogwill le decía García Marketing. Me permito pensar que más que una broma, era un reconocimiento ya que no hubo otro autor argentino más desesperado por ser famoso que Fogwill (si uno lee los testimonios que reunió Patricio Zunini en su libro no quedan dudas; Fogwill hasta pensó en escribir una misa con música de Charly García con el objetivo de ganar visibilidad pública).

Me llama la atención que los medios no elaboren una opinión un poco más intensa con respecto a la relación de García Márquez y la Revolución Cubana y sólo se dediquen a celebrar su amistad con Fidel Castro como si se tratara de dos niños inocentes jugando a la Play. Creo que la disyuntiva maniquea “García Márquez Bueno vs. Vargas Llosa Malo” atrasa por lo menos 40 años. Hay un artículo famoso que le dedica Reinaldo Arenas por su apoyo incondicional a la Revolución: “García Márquez: ¿esbirro o es burro?”. Se trata de una diatriba con pasajes de alto voltaje: “Al parecer, a García Márquez le placen los campos de concentración, las vastas prisiones y el pensamiento amordazado. A esta vedette del comunismo le irrita la fuga de los prisioneros, tal como irritaba, a los grandes terratenientes cubanos de los siglos XVIII y XIX la fuga de los negros esclavos de sus plantaciones”. Arenas fue un anticastrista recalcitrante en línea directa con los “gusanos” de Miami. También es verdad que huyó de Cuba perseguido por gay y opositor a la Revolución.  

A partir de los 90’, el predominio total de García Márquez comienza a encontrar algunos núcleos de resistencia. En primer lugar, sus epígonos, como Isabel Allende y Laura Esquivel, más que rendir homenaje a los procedimientos narrativos del autor colombiano, hacen uso y abuso del imaginario del realismo mágico hasta convertirlo en un estereotipo liquidado. En otro plano, los escritores nacidos en la década del 60’, ya sin el odio personal de Arenas, se desmarcan del influjo de Gabo con la necesidad de sacarse de una vez por todas los lastres del compromiso político y el color local. Más claro echale aguarrás: la antología de Alberto Fuguet se tituló McOndo. El prólogo era muy gracioso: “Si hace uno años la disyuntiva del joven escritor estaba entre tomar el lápiz o la carabina, ahora parece que lo más angustiante para escribir es elegir entre Windows 95 o Macintosh (…) En nuestro McOndo, tal como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados”. Allí se dieron a conocer al resto de América Latina Rodrigo Fresán, Martín Rejtman, Gustavo Escanlar. Se me ocurre pensar que la aparición estelar de Roberto Bolaño vino a poner un postergadísimo fin a la imagen de García Márquez como figura Todopoderosa y Omnipotente de la literatura latinoamericana. Incluso las críticas de Bolaño a García Márquez por sus vínculos con el Poder, parecen ser una opción superadora al relativismo posmo y autoconsciente de los muchachos de McOndo: “La mejor lección de García Márquez fue recibir al Papa de Roma en La Habana, calzado con botines de charol, García, no el Papa, que supongo iría con sandalias, junto a Castro, que iba con botas. Aún recuerdo la sonrisa que García Márquez, en aquella magna fiesta, no pudo disimular del todo” (“Los mitos de Cthulhu”, El gaucho insufrible). 


En todo caso, la muerte de García Márquez, además de la noticia del momento, implica una suerte de melancolía general llamativamente genuina. En la era de las sensaciones afectadas para no quedar en off side en las redes sociales, no es poca cosa.