lunes, 20 de mayo de 2013

El milagro Cerati


El día que Spinetta reunió a sus bandas eternas también estableció su canon personal. Los invitados fueron innumerables. A medida que fue avanzando la noche Spinetta elegía palabras cada vez más extremas para describirlos: "genio", "perla", "talento", etc. Cuando se quedó sin adjetivos empezó a repetir y convirtió todo en un stand up rockero muy gracioso. Gustavo Cerati fue un mundo aparte. No por mejor, sino por distinto (en caso de que fuese el mejor, jamás lo diríamos). O mejor dicho: por distinguido. Entre la mística, el derrape y el habitual quilombo del "rock nacional", Cerati daba la impresión de ser un tipo que se fue a Europa, la hizo bien y vuelve al barrio para comerse un asado con los amigos. No era un rockero más, sino alguien al que la palabra "perfección" le quedaba chica: su guitarra sonó como los dioses, su voz se escuchó como en los discos, su semblante de guitar hero era el del poster. En el contexto de Soda Stereo o en el recital spinetteano cargado de emotividad, Cerati encajaba y era la pieza más sofisticada del engranaje. Pero ese mismo profesionalismo, pasado de rosca y en escenarios menos favorables, fue el que durante algunos tramos de su carrera solista lo alejó de la gente. Por eso la devoción generalizada hacia Cerati viene con delay: recién cuando está a punto de morir, su figura alcanza el grado actual de interés social. Cerati siempre fue masivo: aunque sea a partir del segundo o tercer disco de Soda su éxito fue categórico. Pero nunca fue, por utilizar una palabra horrible que no sé si existe (y si existe no debería existir), "movilizante", en el sentido que lo son Charly García o el Indio Solari, es decir, aglutinador de sentimientos genuinos que van más allá de la admiración o el enamoramiento platónico o la compra de discos.

Durante su apogeo, Soda Stereo vendía más discos que nadie y llenaba estadios en toda América Latina, pero nadie escribía su nombre en los paredones simbólicos del gusto popular argentino. La ortodoxia rockera siempre miró a Cerati de reojo porque sintió que le faltaba mugre: hijo de una familia acomodada, ex estudiante de Publicidad, con esa pose decadentista, entre la indiferencia y el desprecio por todo lo que pasara fuera de su nube, Cerati, digamos la verdad, podía deslumbrar a nuestra homosexualidad reprimida y embobar a las chicas que nunca nos dieron la hora, pero no le caía simpático a nadie. Ni siquiera a Zeta Bosio y Charly Alberti, a quienes en los últimos años de la primera (y en realidad única) etapa de la banda, apenas les dirigía la palabra. La verdad es que nos gusta querer a nuestros ídolos porque pasaron desventuras, porque se suponía que no deberían llegar y "ahí están", porque vivieron en pensiones y almorzaron aciagas albóndigas con arroz en oscuros piringundines del conurbano. Cerati, en cambio, era lindo, cool, siempre estuvo en la cresta de la ola y si no lo estaba, parecía que sí. Tampoco se victimizó ni ventiló miserias de su vida privada para recibir el guiño del pueblo ni inventó un pasado de penurias para congraciarse con sus fans. Su combo personal era tan inalcanzable para el ciudadano medio que no lograba identificación. Los fans de Soda decían "Hey, hey, hey" cuando la banda tocaba los temas más emblemáticos... Lo paradójico del caso es que logra la ovación de todas las tribunas cuando ya no lo puede percibir.

Conozco individuos con el corazón redondo y el alma de ricota avergonzados por haberle deseado la muerte, enterados por fin de que era mejor que no se murieran ni Luca ni Cerati ni nadie, capaces incluso de reconocerle sus habilidades como guitarrista y hasta algún que otro track de Canción Animal. Es que el ACV de Cerati dejó en off side a todo el arco opositor: ¿y ahora quién es el enemigo de la barbarie? Venir de Cerati y terminar en Chano es como tomarse un colectivo en Londres y bajar en Mar de Cobo (con el respeto que tenemos por Mar de Cobo los que no conocemos Londres). Tan distinguido es Cerati que Fuerza Natural, su último disco, es el mejor de su carrera solista. Un viaje en el que el folck cósmico se confunde con el folclore y cada tanto asoma la vena lírica de Spinetta distorsionada por el ochentismo: Cerati es un continuador de Spinetta por otros medios.

En "El milagro secreto" Borges concibe a Jaromir Hladík, un escritor judío condenado a muerte durante la época del nazismo. Hladík cuenta con una obra inconclusa, Los enemigos, y la noche anterior a su fusilamiento le pide a Dios que le otorgue un año para terminarla. Dios finalmente le concede el deseo: el tiempo efímero (tic tac efímero) que pasa entre la orden y la ejecución del fusilamiento dura un año en su mente. Lo mejor que podemos pensar sobre Cerati es que le haya ocurrido (que le esté ocurriendo) el milagro secreto pero al revés: que los 3 largos años de coma inducido, en su mente hayan durado sólo un segundo.           

domingo, 12 de mayo de 2013

Notas para un post nunca escrito sobre los 50 años de Rayuela


Aclarar que hace mucho que leí la novela por lo tanto el acercamiento será general. Acaso moral, porque cuando un lector no recuerda exactamente una novela, se dedica a juzgar la conducta de sus personajes.

Aclarar qué no hay nada que se pueda decir de Rayuela cincuenta años después de su edición, por lo tanto el texto entraría en contradicción con su propia naturaleza pero construir algún tipo de firulete retórico para que la contradicción sea necesaria. De no encontrar el firulete, darlo a entender implícita y genialmente.

Preguntarse por qué la lectora (y el lector) de Rayuela elige a La Maga y no a Talita. Afirmar que otra sería la historia de las juventudes argentinas de los últimos 50 años si en vez de ser La Maga, las chicas hubiesen querido ser Talita, si en vez de querer una novia como La Maga, los chicos hubiesen querido una novia como Talita. Por si hay algún despistado recordar que La Maga era boba (o la trataban como tal o actuaba como tal), dejó que Rocamadour se le pudriera en la cuna y, encima, era uruguaya (Uruguay: el país en el que todo lo que sucede en la Argentina sucede mejor y más limpio, a tal punto que el personaje femenino emblemático de la literatura argentina es una uruguaya). 

Denunciar a Oliveira como un idiota insoportable, pedante y aburrido. Un tipo que no trabajó en su vida y espera que sus familiares le manden guita desde el lado de acá para hacer la revolución estética con sus amigos del Club de la Serpiente (Gregorovius not dead); es como los mochileros que se van al norte y en realidad el papi les garpó el viaje en avión. Además de garca, por supuesto, ya que vuelve de París y quiere levantarse a la novia de su mejor amigo (Traveler, el hombre del territorio). Y lo peor de todo es que se la quiere levantar con el chamuyo barato de confundírsela con La Maga. Traveler es como nosotros, Oliveira lo que quisiéramos ser después de dos medidas de whisky, pero es un idiota, así que mejor seguir siendo nosotros.   

Esbozar una vindicación de Traveler y Talita en desmedro de La Maga y Oliveira pero para eso hay que leer Rayuela nuevamente y saber por qué carajo hay que vindicarlos, así que no vindicarlos un carajo.

Recordar el recordado capítulo 93 de Rayuela. Es de distraídos juzgar moralmente las obras de arte y las reacciones que éstas provocan, pero como este engendro casi se trata de eso, se puede asegurar que ese capítulo le hizo mucho mal a los cortazarianos ortodoxos. Cualquiera que leyó la novela lo recuerda porque empieza con una frase digna de un estribillo: "Pero el amor, esa palabra...". El punctum de ese capítulo es cuando Horacio dice que el amor no se elige (como aseguran un tío y dos primos) sino que es "un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio". La distinción que hace Oliveira es ideal: de aquel lado nuestros primos y tíos aburridos; de este lado, nosotros, unos locos bárbaros. Sin embargo ese tipo de planteos se termina cuando cumplimos doce años. Uno en realidad elige a quien ama: ¿por qué sino en la mayoría de los casos amamos a personas que están cerca, hablan nuestro mismo idioma, tienen dos brazos, dos piernas, dos ojos y no son nazis? Porque, señoras y señores, a través de una lógica electiva (inconsciente) llegamos a la conclusión de que no es recomendable enamorarse de una austriaca tuerta sin brazos ni piernas y antisemita. Sin embargo el speech cortazariano sigue encandilando a los enamorados (especialmente a los no correspondidos) y no deja de aparecer en memes, señaladores con citas de grandes autores internacionales y próximamente en murales donde los artistas del nuevo siglo ejercen su acción poética.  

Mencionar la biografía de Mario Goloboff sobre Cortázar, un libro ejemplar en su discreción, es decir, un libro interesante pero bastante aburrido para pertenecer a ese género. Cuando se está por contar algo más o menos escabroso el biógrafo se apresura a desmentirlo. En esa zona de rumores se encuentra la leyenda de que Cortázar se hizo un tratamiento hormonal para que le creciera barba y que ese mismo tratamiento provocó un acercamiento más frecuente del Cronopio Mayor hacia el género femenino. También se ponen en duda (y rápidamente se aclaran) las causas por las que murió Cortázar. La historia oficial habla de leucemia. La mitología propone la existencia de HIV: esta hipótesis está basada en la idea de que las transfusiones de sangre que le hicieron a Carol Dunlop, su última esposa, antes de morir, tenían el virus. En todo caso, Cortázar tuvo tres esposas: Aurora Bernárdez (vínculo primerizo e intelectual, Cortázar sin barba), la sueca Ugné Karvelis, treinta años menor (vínculo ideológico y sexual, ligado al boom cortazariano) y la canadiense Carol Dunlop, con la que hace el viaje de los autonautas en la cosmopista (claramente, vínculo amoroso superador y contenedor de todos los anteriores). En su primer viaje a París conoció a Edith, quien inspiró a La Maga, pero nunca tuvieron una relación formal.

Contar el episodio de la bicicleta. En enero de 1980 Cortázar es invitado a Cuba para dar un discurso en Casa de las Américas. Luego de algunos tibios roces con la cúpula castrista por el caso Padilla (y especialmente con Haydée Santamaría, su amiga cubana que pocos meses después se suicida de un tiro en la boca), Cortázar acepta la invitación entusiasmado y pide si, por favor, las autoridades le pueden conseguir una bicicleta porque le gustaría recorrer la Isla pedaleando. En ese momento Cortázar tenía 66 años. Es decir, Cortázar hace honor a su poster. Lúdico y espontáneo, pide una bicicleta. Esa escena podría ser una viñeta de Liniers, sin ningún tipo de intervención: Cortázar en bicicleta recorriendo Cuba.          

Considerar que ésta es una generación desdichada que busca amor en los chats de facebook y cree que por compartir tres gustos, podrá iniciar la experiencia de un gran amor. Pero Spinetta, Cortázar y Liniers le gustan a todo el mundo. Subrayar que Cortázar entonces y todavía forma parte de una constelación estética de gustos de la clase media joven y pseudo hippie, que hace teatro, que milita (o acompaña), que guarda cogollos en frascos viejos de mermelada, que se viste con pantalones rayados, que vio Amelie. En conclusión: Cortázar le hace muy bien a uno en tanto individuo (casi es imprescindible leerlo) y mal a uno en tanto integrante de la sociedad (casi es imprescindible abandonarlo).  

Decir que en su última novela, Libro de Manuel, Cortázar abandona el glíglico para adentrarse en el erotismo institucionalizado de los dedos masculinos que sofisticadamente buscan “el doble pétalo del sexo retraído”, con murmullos que son “música de la piel”, con “fuego líquido” que gana los muslos de “el que te dije”. Osvaldo Lamborghini en un capítulo te rompía cinco o seis culos. Veamos: recuperadas las democracias, pasado de moda el setentismo tan violentamente dulce, con la idealización de la revolución cubana en pause, con la existencia de hitos culturales como Madonna y Virus, ya la figura de escritor sensual y comprometido de Cortázar comienza a desvanecerse en el imaginario ochentoso y latinoamericano. Ahora la cintura cósmica del sur es el folclórico ataúd de un DC 10 que se hace estrellas contra el suelo.

Extrapolar con frases del tipo "El jazz no tiene estribillo, el boxeo no nos parece un deporte, las contranovelas no se pueden leer en la playa". Dar a entender que el mundo cortazariano ya no suplía las necesidades del mundo real. Ante el tenor de los hechos se llega a la conclusión (que se mantiene hasta estos días) de que Cortázar es lectura para adolescentes. Pero ¿qué autor fue erigido como lectura adulta? Podríamos decir Puig, Saer, pero mejor digamos Osvaldo Lamborghini puesto que de eso mismo quería escribir. Bolaño dice tres o cuatro veces en un mismo libro (Entre paréntesis) que no puede leer entero Tadeys (la mejor y más legible novela lamborghiniana) porque le da miedo. Pero no cuenta nada de lo que pasa en esa novela, dice simplemente que Lamborghini es de la pesada y que en vez de escritor debería haberse dedicado a asesinar personas y que hay que releer a Borges. Voy a contar algo de Tadeys. Algo que sucede en las primeras veinte o treinta páginas, así que no vale como spoiler. Imagino que ustedes (ustedes son los hipotéticos estereotipos que conforman las múltiples personalidades que se agolpan en los tablones de mi mente) que son tan modernos, gente de mundo, tira-postas profesionales de la vida, extraordinarios ciberpolitas, no se sentirán impresionados: un tipo llamado Kab sodomiza al “boyerito”, un niño de 11 años. Luego el boyerito tiene que limpiar con su boca los restos de "caca infantil" que dejó en el pene de Kab.

Decir que Lamborghini escribió eso. Tiene el mérito de haber sido el que lo hizo primero (aunque desconozco), de colocarnos en el asiento incómodo de la moralidad, del policía que pide carnet de “literaturnost” cuando uno se creía a salvo de cualquier filtro. No lo hace de una manera efectista ni tampoco aburrida, simplemente lo cuenta como lo podría hacer un escritor ingenioso, con un vocabulario normal y una perversión ascendente. Seguramente habrá un lacaniano con un orgasmo académico por haber leído "mierda + falo", pero nosotros no somos ese lacaniano, por suerte. Lejos estamos de juzgar a Lamborghini por eludir la heteronormatividad (término que aprendí ayer a la noche y no deja de maravillarme, aunque entre las "normatividades" que Lamborghini descarta, la hetero es la más obvia de todas). No queremos prohibir a Lamborghini, aunque si tuviese hijos me gustaría que no leyeran Tadeys. En fin: cambiamos a Cortázar por una literatura que sólo puede ofrecernos pesadillas. Cortázar, en cambio, es la literatura de los sueños, de la conmoción política inicial y genuina, de las primeras tetas vistas en vivo y en directo, del día primaveral con amor en el aire, de la soledad existencial prolijamente adornada con lecturas fantásticas. Sí, Lamborghini no es apto para menores de 18 años, es más sórdido, su pornogafía deja en off side la erótica ornamental cortazariana, suple las necesidades del mundo real. Como el punk, quiere y es una mierda. Hoy salimos a la calle y tenemos esa literatura por todos lados, este país fue escrito por Osvaldo Lamborghini, pero miramos al cielo por las noches y Cortázar no es menos que una estrella.

Finalizar recordando otra anécdota del libro de Goloboff. Cortázar volvió al país poco antes de las elecciones de 1983. Alfonsín no lo recibió, pero la bienvenida fue social: Cortázar caminaba por la calle Corrientes firmando autógrafos y rodeado de groupies. En medio de ese alboroto, una chica le alcanzó un ramo de flores. Cortázar tomó el ramo, aspiró y dijo: “Huelan esto… jazmines del país. Con esta fragancia, no existen en ninguna parte”.  

jueves, 2 de mayo de 2013

La larga siesta de todos estos años



Fogwill fue publicista, sociólogo, velerófilo. Y todo eso que en otro escritor hubiese significado el oprobio, él lo transformó en gloria. Finalmente le echó tanta leña al fuego de su figura de autor, que a veces su obra parece quedar en segundo lugar. La gran ventana de los sueños inicia su carrera póstuma, y lo une al panteón de los escritores zombies más importantes de América Latina: Bolaño, Levrero y Caicedo. 

Lo mejor de Fogwill son sus intervenciones en el campo cultural durante la década de los 80' (reunidas en el imprescindible Los libros de la guerra). Fogwill advirtió antes que nadie que ya no se debía eludir la censura del Estado, sino la de nuestras propias consciencias. El discurso bienpensante post-dictadura también podía crear una lógica represiva tendiente a estigmatizar y borrar del mapa a quienes no pensaran “igual”. Involuntariamente concibió el antikirchnerismo. Aunque vale decir que si todos los K y anti K fuesen tan entretenidos y lúcidos como Fogwill no estaríamos perdidos en este barrio periférico, sin bondi de vuelta, donde los imaginarios en pugna son Lanata y Víctor Hugo. Tal vez por eso sus columnas en Perfil durante el segundo lustro de los 2000 eran tan grises: ya había dicho todo 20 años atrás. Que estaba en contra del divorcio porque promovía el casamiento indiscriminado, que el aborto era la interrupción de la paternidad, etc. La destreza con la que Fogwill arranca y se come el corazón de los Mempo’s Giardinelli’s es admirable. En la resolución textual de sus argumentos, Fogwill logra conjugar la viveza criolla y la inteligencia, lo que le permite alternar entre la levedad del eslogan-chicana y la sofisticación de sus deslumbrantes saberes, que iban más allá del campo intelectual. Por algo Borges dijo (o Fogwill decía que Borges dijo), luego de que le leyeran uno de sus cuentos, que era el hombre que más sabía de autos y cigarrillos. Algo los une: son los dos grandes herejes del pensamiento progresista argentino. Al igual que a Borges, a Fogwill se lo lee a pesar de no estar de acuerdo con sus barbaridades (y tal vez ése sea el mayor elogio que se le puede hacer a un escritor): simplemente el pulso de su sintaxis y su manejo del lenguaje son una cumbre de la estética literaria que no podemos dejar pasar. Porque lo que siempre fascinó de Fogwill es su cerebro. Somos fans del cerebro de Fogwill, de su forma extraña de pensar las cosas. La revelación de su inconsciente intelectual entonces (¿y qué otra cosa fue Fogwill sino un intelectual inconsciente?) es más que una excusa para robarle 120 pesos al lector huérfano de cerebro de Fogwill. Evidentemente, los zombies seguimos siendo nosotros.
    
Fogwill era un maestro a la hora de elaborar títulos. Como si fueran versos del Siglo de Oro, los armaba en base a su acentuación. Creo que los mejores son "Los pasajeros del tren de la noche" y "La larga risa de todos estos años". Con esos antecedentes, La gran ventana de los sueños suena a segunda selección, incluso a título de colección infantil de Alfaguara. Por otro lado, el tamaño de las letras y las escasas páginas encienden el detector de grandes fraudes póstumos. Sin embargo, lo que hay allí adentro, es tal vez el libro menos esperado de Fogwill. Un narrador amable, nostálgico, conmovedor recorre los textos de La gran ventana de los sueños. Ese tono que en su obra sólo aparecía en el epílogo de algunos de sus cuentos, cuando asomaba una enorme carga emocional, que sus conocidos repiten era tan grande que "Quique" terminó inventando a "Fogwill", un personaje antipático y cínico, que barrió su lado sensible bajo la alfombra. Quien busque en La gran ventana la antología efectista del escritor maldito, se va a sentir ligera o lentamente defraudado. La gran ventana es un libro de sueños, pero también un libro que teoriza sobre los sueños, que elabora series para entender, que interpreta, que vuelve una y otra vez sobre un tema como un músico minimalista maravillado con su ombligo. Por momentos es un libro tan aburrido que obliga a escribir oraciones como la anterior, de reseñista andropáusico de suplemento cultural dominguero. Por momentos Fogwill brilla describiendo los paisajes góticos de sus sueños en cementerios (que recuerdan a las monjas fantasmagóricas circulando por las Malvinas en Los pichiciegos). O linkeando sus sueños de navegación solitaria con la masturbación. O despuntando el vicio de la maldad con párrafos como el siguiente:

Por esos días había leído el reportaje a un cirujano especializado en transexuales que promovía su técnica de trasplante de fibras nerviosas del pene a la vagina ficticia que construía en sus pacientes. ¿O habría que llamarlos víctimas?

La gran ventana no es un libro terminado. Se nota que le faltan algunos retoques pero también que tiene el cuidado de un texto que el autor pensaba publicar. La contratapa caza-bobos anuncia "Sueños eróticos". El único apartado con ese título tiene tres líneas en las que Fogwill informa que nunca soñó imágenes de la vulva ni del ano, pero sí de la boca. Inmenso aporte... Una gran manía de cualquier sujeto atrapado en su egotrip es creer que sus sueños le van a interesar a los otros. Nada más alejado de la “realidad”: sólo nos interesan (o intimidan) los sueños de los demás cuando estamos involucrados en ellos. O no estamos y deberíamos estar. O si nos pagan por escucharlos. Fogwill, qué duda cabe, sufría un severo egotrip. La gran ventana de los sueños se deja leer porque afortunadamente Fogwill no era cualquiera, sino un gran escritor.

domingo, 28 de abril de 2013

Mi libro


Mi primer libro se llama Sobre el rock. Me enorgullece decir que el prólogo lo escribió Fabián Casas y la tapa la hizo Gustavo Sala, dos personas que admiro muchísimo. La editorial que lo publica es Puente Aéreo (que al mismo tiempo publicará ¡Marc!, una historieta inédita con guión de Osvaldo Lamborghini). Sobre el rock compila muchos textos del blog relacionados con la música: Charly, Radiohead, Spinetta, Leonard Cohen, Fito Páez, Bob Dylan, McCartney, Lennon, La Perla Irregular, Leo García, Almafuerte, Valentín y los Volcanes, David Lebón, Coldplay, etc. Próximamente habrá más novedades (fecha de salida, puntos de venta, formas de adquisición), pero antes que nada quería compartirlo con los lectores de Ilcorvino. Sayonara, amigos.  

miércoles, 17 de abril de 2013

Aguante la ficción


En el año 2010, con la explosión mediática del caso Papel Prensa (¿remember?), el gobierno logró algo impensado: que la figura de Magnetto (y en menor medida Ernestina Herrera de Noble) ingresara en el mapa político argentino. De allí hubo un solo paso hasta formar parte del imaginario nacional integrado por los hombres temibles de la oscura torre de marfil del poder. Con cierto delay, el grupo Clarín (a través de Periodismo para Todos) replicó el domingo pasado. El nombre de Lázaro Báez, de pronto, se instaló en los televisores de nuestras tías.

Desde hace mucho, la oposición necesitaba un Yabrán, un hijo de puta pesado y misterioso que, sin ser funcionario, reuniera simbólicamente el lado oscuro de la luna K. La idea que se vincula a estos personajes ligados a los códigos de la mafia es: "sólo este tipo de gobierno puede engendrar/permitir este tipo de antihéroes". La cosa -carpenteriana- (Lázaro Báez) y la causa (Gobierno). Como si de alguna manera los gobiernos (especialmente los peronistas) fueran los hacedores del Mal y el Mal (o su concepto) no estuviera presente en este barrio desde que Adán confundió lo que estaba bien con lo que le convenía. Llámese "Mal" a la corrupción, la mentira, la violencia y todos los ítems que separan la vida cotidiana de las proyecciones místicas del panel de 678. El problema del anti-kirchnerismo es que no encontraba la figura con suficiente glamour y seducción audiovisual. Los chanchullos de Lázaro Báez son un clásico del contra-relato: están desde hace varios años en la pluma de Jorge Asís, en el centro del majulismo, en las denuncias compulsivas de Carrió. De la misma forma que el lado B del grupo Clarín se encontraban en La Noble Ernestina (el libro de Pablo Llonto), el lanatismo pre-K y, again, cómo no, la pluma de Jorge Asís. Entonces Lanata tuvo tal vez la mejor idea en años. Si no pudo hacer de alguno de los Yabranes K una figura mediática, se decidió a buscar a su (aparente) mascota. La irrupción de Leonardo Fariña es casi gloriosa en su desmesura, porque hasta fisonómica y existencialmente sintetiza lo que está mal en la vida: rodete, camisa con más de 4 botones abiertos y esa locuacidad noventosa que se creía perdida para siempre.

Hace poco leí el último libro de Martín Rejtman, un escritor genial que a través de su obra pintó, sin el más mínimo énfasis, la década menemista. Lo extraño es que, por momentos, algunos cuentos del nuevo libro parecían suceder en el mismo paisaje. Se me ocurrió una idea meramente estética: tal vez los libros de historia del futuro no hagan una gran diferencia entre los 90' y esta época. Si los puntos de referencia siguen siendo similares en la literatura, tal vez también lo sean en la "realidad". Cambiamos Cabo Polonio por Miami. Cambiamos Lanata por Neustadt. Cambiamos Tinelli por... Tinelli. Y de pronto la batalla cultural es simplemente mediática. Extrapolando, la presencia de Fariña y Cía. nos ayuda a observar de qué forma el pathos menemista continuó subterráneamente. Las heridas de la dictadura todavía no cicatrizan. Esto es un lugar común, el problema es cuando el menemismo sigue latiendo en el corazón del kirchnerismo.

Hay otros factores interesantes en el informe de Lanata. En primer lugar generó incomodidad. Puso en escena una serie de personajes que ni el más ortodoxo de los kirchneristas se animaría a defender. Para la patria K, saltar por Moreno o Hebe, más que una obligación, es un gusto. Ahora bien: ¿en qué estante del parnaso Nac And Pop ubicamos a Leo, a Lázaro, a Cristóbal?, ¿cómo se relacionan estos muñecos con la distribución de la riqueza, la defensa de los derechos humanos y la ley de medios? Es muy gracioso ver gente afirmando que si las denuncias son verdaderas, se tiene que hacer cargo la justicia: ¿hace falta aclararlo? Uno de los peores supuestos implícitos que implantó el kirchnerismo fue que la existencia de la corrupción privada anulaba los daños de la estatal. Y ahora esa idea vuelve como un boomerang a toda velocidad. Quienes acusan a Lanata de operación de prensa tienen razón, pero deberían explicar qué noticia de los últimos años no lo fue. La calabrolización del caso no debe impedir pensar que Néstor tenía amigos con los que no quisiéramos tener ninguna clase de problemas. Ni siquiera en el consorcio de nuestro edificio por haber dejado la bici en el pasillo. Tantos avances técnicos, tanta reivindicación de la política y nadie encontró una mejor respuesta al off side ético que esa frase con gusto a poco: "todos los gobiernos tienen estas cosas".

Los casos anteriores de corrupción no engancharon a la opinión pública porque no tenían estribillo. El Lázarogate incluye una característica permanente de la ficción argentina: el grupo de vivos que cuando el resto de los mortales se levanta para laburar, se la pasa haciendo negociados, con sus ritos, su dialecto indescifrable y su cosmovisión amoral de la vida. Mientras nosotros paramos el colectivo, ellos curten un charter y conspiran. La indignación esconde la peor envidia. Entre otros datos más atendibles, se duda del caso porque Fariña es un boludo: ¡crecimos convencidos de que los garcas son tipos más inteligentes que el resto! Por eso la pregunta morbosa sobre el peso real de los billetes. El interrogante no es otra cosa que fetichismo, paja mental de millones de argentinos, de Ushuaia a la Quiaca: ¿cómo será tener un palo verde en la mano?      

domingo, 14 de abril de 2013

La camilocanegatización y un consejo para los padres de familia del 2032




a) Yo no sé si los últimos discos de The Strokes me gustan en comparación. No con sus discos anteriores, claro, sino con el baile de Thom Yorke en sus videos. Se da la siguiente casualidad: cada vez que los Strokes sacan un disco nuevo, a Thom Yorke se le ocurre bailar como un pelotudo en un video; b) Nótese que no digo "el pelotudo de Thom Yorke" sino "como un pelotudo", es decir, no considero a Yorke un pelotudo, pero creo que a veces puede caer en la pelotudez, como el resto de los mortales; c) Para elaborar mi calificación me remito a lo que opinarían los muchachos de mi ex barrio Pueyrredón si vieran el video de "Lotus Flower" o "Ingenue". Y yo sé que ustedes, amigos, aunque lleven la letra de "Pyramid Song" tatuada en la ingle, de ninguna manera quisieran estar en desacuerdo con esos muchachos, muchachos que, por otra parte, nunca me dieron pelota; d) O sí, pero se pasaron de expresivos y me la reventaron en el medio de la cara, el histórico día que logré que me incluyeran en el picado de la esquina; e) Para pagar el derecho de un piso al que todavía le debo todas las cuotas, me pusieron de arquero y convencido de que era la reencarnación de Navarro Montoya le salí a achicar a un negro y plaf, pelotazo en la cara a demasiada velocidad para ser involuntario, ¿te duele?, ¿querés salir?, no, no, estoy bien, estoy perfecto, es más, ese pelotazo me ayuda a ver la vida con más claridad, queridos amigos salvajes, sigo, sigo y cuando termina el partido, chau, nos vemos mañana, si, ja, ja, ji, ji,  ya ni siento el pelotazo. Y nunca más; f) Todos se preguntarán cómo evité mi total camilocanegatización (porque algo camilocanegatizado está alguien como yo para escribir así, tanto como usted para leerlo) si los muchachos del barrio me miraban de reojo o ni siquiera me miraban. A través del rock; g) Ser el flaco, el raro, el estúpido, si querés, que escucha rock, te salva. ¿Y qué es camilocanegatizarse? Ser Camilo Canegato. ¿Y quién es Camilo Canegato? La maqueta de un hombre, según David Reguel, el tipo al que todos los pensionistas de la Señora Milagros le hacen bullying y, a falta de Facebook, termina inventando a Rosaura; h) Y a continuación paso a contarles lo que grito cada vez que me emborracho: Rosaura a las diez es Manuel Puig con quince años de anticipación. O viceversa: Manuel Puig es Rosaura a las diez con quince años de atraso. Y Doña Eufrasia es la Bruja del 71; i) En todo caso: todavía diez años después de haber abandonado el barrio Pueyrredón, ya instalado en el "barrio" de la ex Terminal, me sigo sintiendo un extranjero, un impostor, tal vez porque, al revés de la mayoría de los seres que viven por acá, sé cómo es guardar y no ensuciar y cuidar y no-se-te-vaya-a-ocurrir-ponerte “la ropa para ir al centro"; j) No digo que esto sea así, digo que es lo que me parece como buen doble resentido (resentido por haber vivido en barrio periférico y odiar a los conchetos que tenían padres con auto y cajas de playmobil’s enormes, resentido por haber sido un exiliado en mi propio barrio y odiar a los negros que jugaban al fútbol y me reventaban la pelota en la cara; corolario: imposibilidad de que me sienta parte de un hecho colectivo); k) En fin: esto que debería ser una reseña del último disco de los Strokes no lo es. De ninguna manera. Es más: antes que de los Strokes, (porque qué carajo se podrá decir en el 2013 sobre una bandita de rock si no es pura mitificación, puro spleen de muchacho ex barrio pobre, puro discurso previsible de otro reprimido que sublima sus pulsiones homosexuales en la adoración de unos muñecos despeinados y vestidos de negro que jamás lo saludarían) quisiera hablar de los culpables de que Marco Denevi haya sido invisibilizado de la literatura argentina: los profesoras de Lengua en Secundarias o, en todo caso, los encargados de realizar los programas de Lengua y Literatura; l) Deberían saber que con solo poner un libro en ese programa, ese libro será subestimado por la academia, odiado por los estudiantes y olvidado por la historia; ll!) Espero, profesores y programadores de Lengua, que estén contentos en sus fucking mansiones, comiendo su maldito caviar ruso, proyectando sus majestuosas vacaciones en Acapulco sabiendo ahora lo que hicieron con Marco Denevi, condenado para siempre al Nacional B de la literatura argentina, junto a Osvaldo Soriano, Beatriz Guido e Isidoro Blaisten; m) Quisiera también, ya que estamos, contar una anécdota que incluye a Marco Denevi y Jorge Luis Borges y con esta nueva digresión ya perdí un sesenta por ciento de los lectores (o sea que me quedan cuatro); n) Parece que en una reunión de escritores de ésas que se cuentan en el diario de Bioy, Denevi comía en una punta y Borges en otra. Denevi decía que no podía creer cómo la historia se comió el bolazo del budismo zen, que para él era una broma sobre el budismo original. Entonces Borges, desde su unánime e íntima punta, gritó: “¿Y qué quiere? ¡También se creyeron el cristianismo!”; ñ) Fin de la anécdota. Muy graciosa por cierto. Si usted quiere ser el alma de la fiesta, cuéntela, no falla, yo sé lo que le digo, he sido el alma de -37.800 fiestas. El próximo punto sí es sobre los Strokes, tanto que debería llamarse "todo lo que querías saber de los Strokes y nunca te animaste a preguntar"; o) En todo caso a los estudiantes secundarios deberían hacerles leer Ceremonia Secreta (seguro que se las dan y la odian). Sospecho que a un dark, a un gótico, a un emo, a un niño de estos necesitado de oscuridad, a estos robert’s smith’s pocket que vemos reunidos en plazas (y uno piensa, para qué negarlo, qué suerte que no tengo hijos porque mirá si me sale un monstruito todo pintado), Ceremonia Secreta les tocaría el corazón; p) Y también quisiera informar sobre un grafiti que vi en el Barrio del Regional, ya que tengo un blog y se supone que esto se trata de ser un boludo autorreferencial. Ahí rules Alvarado y sobre la medianera de un edificio se lee: "Si usted es del Puerto, llame al 911". ¿Eso es o no es literatura? Ahí tenés elipsis, ironía, discreción, sintaxis borgeana y buen gusto. Di Benedetto no podría haberlo hecho mejor; q) Es que Di Benedetto con un aerosol en la mano seguro se pintaba toda la cara. ¡Un peligro Di Benedetto con aerosol!, ¡como mono con navaja Di Benedetto con aerosol!; r) En cuanto al nuevo disco de The Strokes: no recordaba que la r le seguía a la q e indudablemente nuestros queridos emos deberían curtir más Ceremonia Secreta y menos The Perks of Being a Wallflower (en nuestro idioma traducida como Las ventajas de ser un marginado); s) Se trata de una comedia dramática para adolescentes en la que está todo mal. En primer lugar comete el pecado del ochentismo: está ambientada en los 80' y como tal sugiere que nunca más van a suceder cosas copadas si no se inventa la máquina del tiempo y volvemos a los hermosos 80’ (Guerra Fría, Sida, saxofones en el rock, Bob Dylan haciendo discos malos, hombreras, canon de belleza anclado en Beatriz Salomón: una masa los 80’); t) La película quiere festejar la juventud y la amistad universal, pero festeja la juventud y la amistad del director. Estamos encarcelados en los 80 porque los huevones que son jefes y padres y manejan los medios de comunicación en la actualidad crecieron en los 80’, no porque esa década tenga un plus que la diferencie de los demás; u) Después (la película) tiene música de Morrisey y Bowie y etc., o sea: es una banda de sonido a la que le añadieron diálogos e imágenes en movimiento; v) En tercer lugar: los marginados, los invisibles, los desplazados de la épica de The Perks…, son de todo menos eso: hermosos y ricos. Los invisibles y marginados y desplazados son los niños que crecen y pierden el encanto, las amas de casa que pasan la tarde a puro zapping, los chicas frente al espejo con el rímel corrido por las lágrimas, los tipos que buscan amor antes que sexo, ¡todos esos ni siquiera cocainómanos, ni siquiera anoréxicas, ni siquiera configurados por el Estado y puestos en la repisa de las minorías, todos esos que ni siquiera tienen una bandera que los represente!; w) Y en cuarto lugar: le puede hacer mucho mal a los Camilos Canegatos del mundo. En la película, el Camilo Canegato se queda con Emma Watson. Entonces un Camilo Canegato de 17 años puede ver esa película y creer que si sigue siendo como es, inmediatamente, la chica más linda y sensible y genial se va a quedar con él. Y eso es basura. Si algún Camilo Canegato adolescente está leyendo esto y quiere saber la verdad, que sepa que es mentira. La verdad es mentira. Y el mensaje de esta película también; x) En todo caso, pasada la frontera de los 25, con mucho esfuerzo, vas a plagiar algún imaginario, vas a ser dueño de un mundito intelectual de morondanga, vas a dejar de tartamudear cuando se te acerquen un par de tetas y probablemente (o no) la chica que te guste, se quede con vos. Pero quiero que sepas, querido y remoto muchacho, que el "mientras tanto" será una serie inagotable de desgarros emocionales y situaciones insoportables, minga de Emma’s Watson’s, sólo un via crucis existencial que de tan banal ni da para contarlo, así que a llorar a la iglesia o debajo de la almohada; y) Y nunca jamás el gay copado del curso va a ser tu amigo, ése también se va a reír de vos. Así que mejor que empieces a escuchar rock ahora mismo porque es lo único que inventó la Pos-Humanidad contra la camilocanegatización; z) Y si pasados los 25 seguís en la misma, ya no hay nada que perder: comprate un chumbo y hacete tristemente célebre matando a Boudou. El disco de The Strokes es muy bueno. Sayonara.

domingo, 7 de abril de 2013

Vindicación de Jorge Asís



Jorge Asís tiene varios problemas: 1) Nunca se leyó Flores robadas en los jardines de Quilmes, siempre se leyó Flores robadas en los jardines de Quilmes en relación con Respiración Artificial; 2) De hecho la mejor novela de Asís puede que sea Cuaderno del Acostado; 3) O la que nos ocupa en este caso, Carne Picada, Legasa Literaria, Colección Narradores Americanos, 3er. Trimestre 1981, 25.000 ejemplares impresos, repito: 25.000; 4) Porque sus personajes suelen formar parte de grupos de amigos barderos, piratas con un barco cuya bandera no hace flamear una calavera con dos tibias sino una misógina pija con sus respectivos huevos, nx aptx parx todx públicx, a Jorge Asís le endilgaron la picaresca nacional; 5) Convengamos que cuando a una persona le dicen "picaresca" no piensa en El Lazarillo de Tormes sino en Jaimito; 6) Convengamos que menos mal porque El Lazarillo de Tormes es una mierda; 7) En fin; 8) Jorge Asís cometió el error de escribir novelas en las que no se puede aplicar casi ningún concepto de ningún teórico francés de esos que sus nombres se pronuncian exactamente al revés de como se escriben; 9) Conceptos como el concepto de muerte del autor en las novelas de Asís no existen, porque en sus novelas el autor está más vivo que nunca, incluso el autor está insertado en el Mercado y lo dice sin importarle lo que pueda pensar Beatriz Sarlo, porque Asís, y tal vez ése sea su mayor error, nunca puede dejar de hacerse el vivo; 10) Porque a Asís, y tal vez ése sea su mayor acierto, le chupa un huevo lo que diga Beatriz Sarlo; 11) Ustedes ya saben, novelas que alternan la primera y la tercera persona para hablar desde y del mismo personaje, recurso perimido, recurso demodé, materiales residuales del boom boom asesino, del Vargas Llosa veinteañero, dirán algunos, pero háganlo ustedes, hijos de puta, háganlo ustedes a ver si les sale algo parecido a la prosa brillante, a la lucidez insoportable, a la sensibilidad urbana más refinada desde Roberto Arlt (que de refinada no tenía un carajo, a decir verdad); 12) Otro error de Asís es querer vender, decirlo en entrevistas y sugerirlo en sus libros (en los que habla de sus otros libros sin olvidar mencionar la editorial y el año de edición: Ver Trilogía Canguros); 13) Y el otro error fundamental es: no quedarse en el intento de vender, sino ¡vender!, ser best seller en el país de los escritores que escriben para sí mismos porque... ¡no les queda otra, muchachos!; 14) Porque ¿quién leyó a Chejfec? (no me refiero al ser humano, ni siquiera al escritor del que quedará muy claro que no leí nada, sino el símbolo Chejfec, que-qué-será-eso-no-lo-sé, así que vayamos al próximo punto); 15) Con el respeto que me merece el símbolo Chejfec, con la absoluta consideración, con el profundo cariño que uno puede llegar a tener por el objeto Chejfec luego de leer esas tres páginas, esas venerables tres páginas que todos leímos del hito Chejfec antes de perder el conocimiento y dormir durante horas y faltar al trabajo cinco días consecutivos por el pavoroso Valium literario al que fuimos sometidos; 16) Carne Picada, como sus otras novelas, está mayormente sostenida por la notable capacidad de Asís a la hora de cranear personajes con innumerables aristas psicológicas, personajes que a su vez representan un tipo social y tipos sociales que a su vez representan una época, porque así de anacrónica y realista y genial es la literatura de Asís; 17) Rejtman capta el bestiario noventoso, con los gimnasios, los boliches, los supermercados, los viajes relámpagos a cualquier lugar del mundo porque ahora-se-puede; 18) Asís expone el paisaje setentista sin glamour, el de "los que se quedaron" entre la disyuntiva de la revolución exterior (de los chumbos) o la interior (de la mente), con sus costumbristas freaks silbando un tango cínico mientras ven pasar la vida desde la ventana de un barcito, con sus minas engañadas buscando amor donde sólo hay un magnífico curro, el outteck del porteño chanta; 19) Asís es lapidario con sus personajes, de la misma forma que es lapidario con los funcionarios del gobierno nacional, de la misma forma que a veces, involuntariamente, por su naturaleza, es lapidario con los opositores al gobierno nacional que, según sus propios palabras, le dio de comer y lo condenó a una hermenéutica detallada y obsesiva, ácida y a veces profética, que ya es un clásico y probablemente sea lo mejor del periodismo kirchnerista; 20) Cuidaconchas, así llama el narrador de Carne Picada (Rodolfo Zalim, su eterno alter ego) a Luciano, el canguro petiso que cae preso después de algunos años de estafa junto a él y Jesús; 21) El Cuidaconchas es el tipo que nunca la pone, el tipo al que todas las minas adoptan como pseudo hermano, como mejor amigo, como amigo gay aunque heterosexual, pero que nunca jamás puede penetrar el misterio profundo de la mujer, a la que, encima, ama; 22) Aclaro esto porque me pareció un hallazgo supremo (todas las páginas de Asís están repletas de hallazgos supremos) y porque comprueba una de las grandes habilidades de Asís: su facilidad para el apodo, para el epíteto, para fichar seres humanos, guardarlos en un frasco, señalarlos y cagarse de la risa; 23) Porque tal vez Jorge Asís sea el único tipo de la Argentina que se puede reír de todo, inclusive de él, lo que ya es mucho decir en un argentino y lo que ya es mucho decir en un escritor argentino; 24) Como Levrero es Kafka Pop, como Charlie Feiling es Borges Punk, Asís es Arlt Melódico, Arlt después de Nino Bravo; 25) No teme quedar mal y apela al lugar común, a la cursilería, al mal gusto, al sentimentalismo, un mercenario de la palabra, señores, como dijera el transgresor módico Gerardo Romano creyendo que decía algo malo, cuando un mercenario de la palabra, amigos, es nada más y nada menos que un gran escritor, al que nada le importa más que el lenguaje, ante quien se arrodilla y reza para que le de uno más, sólo un poquito, sólo un poquito, no más; 26) Otro problema de Asis con el campo académico (sea esto lo que usted y yo suponemos pero nunca nos animaríamos a explicar) es que leerlo es un placer y en el ámbito académico el placer no va y se supone, perdonen estoy llorando de la risa, se supone y está aceptado, perdonen me caí al piso de la risa, se supone y está aceptado y decir lo contrario es ser un infradotado (y que justo lo diga yo, un infradotado, no quiere decir que sea mentira), perdonen me desmaye de la risa y me desperté con mi propia carcajada, que eso es lo que hay que hacer con los textos: trabajarlos, analizarlos, interpretarlos, escribir una monografía, viajar a un congreso, leer la mentada monografía y volver y nunca jamás por favor, Dios no lo permita, cuidado, se viene, agarrate Catalina, ¡efectuar un juicio de valor!; 27) Claro, por supuesto, también hay gente que disfruta esquivando el goce estética y prefiere un texto que se pueda adaptar a cualquier tipo de teoría, texto imán de rizomas, de balbuceos inentendibles de Derrida, por supuesto, está claro, como también hay gente a la que le gusta Tan Biónica y que su pareja le pegue; 28) Asís dio el giro autobiográfico 40 años antes, casi como que ni lo dio entonces; 29) Los libros de Asís están siendo reeditados, ahora la revancha poética permite que Asís sea leído por los hijos de sus enemigos; 30) En cualquier librería de usados hay un viejo libro de Asís, es más, me animo a decir que se puede llegar a completar toda su obra de esa forma; 31) A quienes en la fotocopia del tiempo le subrayen con fosforescente su menemismo kamikaze, les aconsejo dirigirse a Google Imágenes y tipear "Per Saltum Menem Aníbal Fernández", si esos ojos no son todo el amor del mundo, yo no sé qué es el amor (ni tampoco sé que me han hecho tus ojos); 32) También les aconsejo leer la fotocopia entera y usar el marcador con todos los nombres, aunque lo mejor, en todo caso, es no leer fotocopias; 33) Y pensándolo bien, Jorge Asís no tiene ningún puto problema, el problema es nuestro.   

miércoles, 27 de marzo de 2013

Sobre el nuevo disco de Fito Páez




Cuando Fito Páez anunció la salida de un disco "de terror", con canciones oscuras que había descartado desde el 89' a la fecha, muchos de sus fans se hicieron los rulos con la vuelta del Fito Pre Cecilia Roth y dieron por descontado que El Sacrificio era un gran disco. Cierta mirada infantil muy propia del rock supone que una canción es mejor si dice "jeringa", "cocaína" o "ratas". En el caso de Páez esta suposición comienza en El amor después del amor, el disco más vendido del rock argentino y probablemente el menos escuchado. Allí están "La balada de Donna Helena" y "Sasha, Sissí y el círculo de baba", dos temas que pueden competir en sordidez con cualquiera de Ey o Ciudad de pobres corazones. En fin: que "Acerca del niño proletario" no es necesariamente superior a "El cuarto de al lado". Y aclaro que El Sacrificio es un gran disco, pero no por su campo semántico, sino tal vez porque no fue pensado como tal, lo que le quita tono sentencioso, rigidez estética y otros males que aquejan a cualquier artista con un estilo propio muy marcado. Y tal vez eso fue lo que pasó con algunos de los últimos discos de Páez. O no, qué sé yo.    

A veces el machismo se manifiesta en la idea de algunos hombres que suponen que incluso amar a una mujer y contarlo en una canción es una afrenta hacia la masculinidad. El rock es machista. Y de allí la mala fama de las canciones de amor en la falocracia rocker. Claro que las mejores canciones de la historia son de amor. Y algunas las escribió Fito Páez. Sin embargo, una tradición de la rockología argentina es reclamarle a Páez que vuelva a ser quien ya no es y quien, tal vez, ¡nunca fue! ¿Fue Páez un Rimbaud, un Conde de Lautréamont, un Osvaldo Lamborghini? En todo caso Páez debe haber leído a esos autores y fue un músico que pasó una experiencia trágica y la volcó, especialmente, en uno de sus discos (Ciudad de pobres corazones). Si a eso le añadimos que, como todo integrante ilustre del colectivo del rock aceleró más que el resto de los mortales, la operación es simple. Pero ¿qué indica que un público le pida a un compositor que vuelva a ser quien fue en el peor momento de su vida? Como decía Bolaño, echemos un tupido velo. O no, qué sé yo.    

Algunas cosas sobre Páez que todos saben pero deberían recordar más a menudo:

1) Para no hacer el servicio militar, se hizo sacar todas las muelas.

2) En el aniversario número 20 del Golpe Militar fue apedreado. Al otro día fue a tocar con un casco.

3) Según su propio testimonio en la biografía de Enrique Symns, Fabiana Cantilo se enteró que Fito estaba con otras mujeres por un libro de Horacio González y alertada por Liliana Herrero (¡!): "Me contaban cosas de minas que aparecían... Fito decía que no, pero después me enteré que sí, en un libro que escribió Horacio González. Un día yo estaba diciendo "¿Fito saldrá con otras minas?", y Liliana Herrero me contestó: "Fabí, leé", y me da el libro. Decía: "Estuve con Fabi dos años, pero me acosté con tantas minas que ni me acuerdo". Fito me decía que era un error de imprenta, y yo le quería creer".

4) De ese mismo libro: Fenna Della Maggiora cuenta que una vez, borracho, encaró a Spinetta y le dijo que era el único de sus ídolos que lo había intimidado y que "Los libros de la buena memoria" era una obra maestra. Spinetta le contestó:
-No, una obra maestra es "Ambar violeta". El día que yo haga una canción como "Ambar violeta" voy a ser grande.

5) Luego del asesinato de sus abuelas, Páez declaró que él no ofrecía su corazón una mierda. Una noche fue a ver a Los Redondos a Cemento y lo invitaron al camarín. Entonces el Indio Solari se le acercó y le aconsejó que no dijera cosas como aquellas, porque "Yo vengo a ofrecer mi corazón" era una canción hermosa.   
      
6) Fito Páez es el único artista de rock argentino (y uno de los pocos de la música argentina) que tiene público en Brasil.

Por lo pronto El Sacrificio no tiene ningún tema que pueda servir como apertura del programa de Tinelli. Luego de un tiempo en el que Páez eludió la opinología, o acaso el país eludió la fitología, su apoyo al gobierno lo situó nuevamente en el centro del escenario mediático. Tanto es así que siempre que se lo menciona, se recuerda su asco por la mitad de una ciudad "de derechas" (sic) y el medio palo que recibió por tocar para el gobierno... de Santa Fe (dato que, inocentemente, casi todos olvidan mencionar). Supongo que si los críticos de rock, los periodistas y los comentaristas de sitios web tienen una pizca de humanidad, El Sacrificio puede lograr el milagro: que de una vez por todas se vuelva a hablar de la música de Páez y no de sus declaraciones. Las diez canciones que componen su disco (virtual) son muy buenas. Alguien dirá que no reflejan la actualidad del músico, que justamente son buenas porque son viejas. En ese caso se me ocurre una pregunta pertinente: ¿qué mierda importa? Los hombres de bien simplemente van y escuchan músicas que los conmueven, no se fijan en la fecha de elaboración. Con respecto a los últimos discos de Páez, por lo menos desde Naturaleza Sangre, parece haber una mejoría lírica y musical. Incluso en cuanto a los géneros, aunque hay moldes reconocibles, es un disco novedoso y fresco. El tema homónimo es un compendio de referencias culturales, con aires arábicos, en el que caben Borges, Ezra Pound y el Holocausto. En "El dolor" recoge la herencia del Leonard Cohen ochentoso para monologar a diestra y siniestra. "No la chingues buey" es un rap de despecho muy bien logrado. Recuerda un poco al Calamaro tóxico de la época de El Salmón. "El fantasma caníbal y la niña encantada de Ciudad del Cabo" tal vez sea el punto más alto del disco. Una balada de amor deforme (en la senda de la pelicana y el androide spinetteanos), el espejo invertido de "11 y 6". Un cuento digno de Alberto Laiseca. Musicalmente, "Guerra de luz" está a mitad de camino entre la marcha militar y la noventosa que se pasaba en las discos. Luego crece hasta transformarse en un rockito border con el clásico fraseo veloz que distingue a Paéz del resto de los mortales. La letra es una de las mejores que peló desde “Cadáver exquisito”: "Si me preguntan a mí/ no creo que ser feliz/ sea vivir en un lugar/ todo el tiempo sin parar/ oliendo la misma mierda/ Es inútil ya tratarlo de explicar/ la verdad nunca encuentra la verdad/ y la verdad es que nadie sabe bien/ qué hacer con ella". A propósito, fuera de Pablo Krantz y Zambayonny, se complica ubicar cantautores con sensibilidad, gracia e inteligencia surgidos en los últimos tiempos. "Inglaterra" es un funky-rock con bronces en el que vuelven los buenos versos ("Yo no sé si mi amor/ es la caja negra de un avión alemán/ que incendió Inglaterra"). "El mal vino y la luz" parece la parte II de "Las tardes de sol, las noches del agua". "La puta diabla" es lennoniana hasta los huesos y "Esto podría haber sido una canción" es un tema genial, que se integra y se parece a muchos otros que hizo Páez pero no importa.  O no, qué sé yo.    
    
Por último, una arbitrariedad: un país tan maduro como para perdonar a Francisco I haber sido Jorge Bergoglio, creo que también está capacitado para darle la amnistía simbólica a Fito Páez. O no, qué sé yo. 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Errar, Matías Nicolaci



Mañana a las 20 hs. se presenta Errar, la primera novela de Matías Nicolaci, amigo de la casa desde tiempos inmemoriales. Los invito a darse una vuelta por Casa (SIC), ubicada en Avenida Rivadavia al 8000. Tuve el honor de escribir la contratapa y a continuación la comparto:   

Los personajes de Errar son excéntricos: escritores ocultos, locos, solitarios, desesperados, niños enfermos, niñas viejas. La novela, a su vez, también escapa de otro centro, el genérico: va del monólogo a la filosofía trash, de la road movie patagónica al mundo onírico en el que la ciencia ficción sucede en los laberintos de la mente. Como Los Siete Locos, como Zama, la de Matías Nicolaci es una novela de denuncia existencial: allí se revela el camino de un hombre y el de varias mujeres en un Planeta extraño. El hombre es todos los hombres, las mujeres una sola y el Planeta es el nuestro. El telón de fondo es la opresión. Pero el sistema que los oprime no es sólo institucional (los trabajos administrativos, el paso por la escuela) sino también metafísico. Por eso leemos que "los hombres han inventado todo un idioma para preservarse de sí mismos y contar con un árbitro objetivo en contiendas intestinas que se avienen irresolubles, y no obstante, los hombres han quedado presos de ese lenguaje, y ese lenguaje es el único que hablan, y el único que entienden. Han hecho un esfuerzo tan desmedido en la preservación, que luego no tenían de qué preservarse". Aventura del lenguaje y del pensamiento, cronología de la pérdida de la razón urbana, Nicolaci escribe desde el preciso lugar en el que el deseo se transforma en miedo y la única posibilidad es huir.

Vayan, compren el libro y conozcan gente copada ¿o prefieren quedarse viendo Boca vs. Excursionistas?  Abrazo.  

lunes, 18 de marzo de 2013

Francisco I


Ni Maradona ni Borges ni Messi ni Perón. El argentino más importante de la historia es Bergoglio. Ese tipo que escuchabas decir giladas en el Tedeum y representaba a la institución más retrógrada y cuestionada de la Tierra es tal vez por lo único que nos van a recordar en un libro de Historia dentro de un par de Siglos. Corolario: hay que desconfiar de la Historia. Más que antes.

En el plano internacional, el boom latinoamericano de Bergoglio parece positivo: por primera vez no hay un Papa europeo, pertenece a la corriente jesuita y reemplaza a Ratzinger. Si añadimos sus primeros gestos, no quedan dudas: carisma, sonrisas y austeridad pocket para todos y todas. En el país, su repentino estrellato no podría ser más negativo. Desde un punto de vista simbólico, significa el triunfo del ideario político de la derecha diet, bajo el cual se ha cobijado casi toda la oposición (desde Binner hasta Macri). Más el desgaste del gobierno, es de esperar que las consecuencias concretas se comprueben en las elecciones legislativas.

Las acusaciones sobre El artista antes conocido como Jorge Bergoglio también son ambivalentes. Verbitsky afirma que entregó a dos sacerdotes. Si es así, más allá de su obvia ideología conservadora, no hay miramientos, en mi barrio a esos tipos les dicen de una sola manera: hijos de puta. Una cosa es ser de derecha. Es más, una cosa es querer que vuelvan los milicos desde el centro mismo del corazón de la ignorancia más cruel. Otra ser cómplice de asesinos. Pérez Esquivel, por su parte, dice que no fue cómplice pero le faltó coraje para defender a sus compañeros. Ese terreno ya es más complejo. En todo caso deberían juzgarlo sus coetáneos. Sospecho que nosotros somos muchachos de 20 o 30 años y que, por más discos escuchados y libros leídos, no somos de los 70'. Condenar a quienes no hicieron "lo que deberían haber hecho durante la dictadura" es, desde la tranquilidad democrática y el confort de la vida 2.0, absolutamente anti ético. Es fácil ser un héroe de la contra-fáctica.  

El impacto del nombramiento fue muy curioso, ni siquiera en el panel de 678, sino en los altos mandos kirchneristas. Hasta ese día, y con razón, Bergoglio tenía peor fama que las impresoras Hewlett Packard. De repente se convirtió en un Papa peronista. Incluso por sus primeras performances papales, Bergoglio parece un discípulo de Néstor: pogo con los feligreses, look casual, gambeta corta al protocolo. De "un flaco como cualquiera" a "un pelado como cualquiera". Por si hacía falta, uno puede afirmar nuevamente que los kirchneristas están locos, pero no son boludos. Podemos combatir a De Angeli, a Blumberg, a Cleto Cobos. Figuras mediáticas que acapararon la libido opositora pero que individualmente no pudieron capitalizar su auge psico-social en ninguna elección. Diferente es salirle con los tapones de punta al Papa. Esta actitud, que emocionalmente puede ser calificada como "veletismo" y políticamente como inteligencia, marca un pequeño conflicto en el seno de la vanguardia iluminada del kirchnerismo. Los que, antes de Francisco I, ya eran más papistas que el Papa. Esos tipos raros que quieren marcar la cancha desde una cuenta de twitter y, mientras hacen alarde de tener toda la información, le piden aborto a una presidenta católica.      

viernes, 15 de marzo de 2013

Maestro Amor




"Para Esmé, con amor y sordidez". Así se llama un cuento muy famoso de Salinger. Si no lo leyeron, los invito a que lo googleen y lo hagan. No una sola línea, no una sola palabra, ¡una sola letra! de ese cuento es más importante que todo lo que usted y yo vamos a poder escribir en nuestra vida. Además el único fin de estos garabatos es que el hipotético lector vea The Master. En fin, ahora que todos se fueron, escribo tranquilo.

"Para Esmé, con amor y sordidez " es sobre un soldado norteamericano de la Segunda Guerra Mundial que, en un día de descanso, conoce a una chica (que está acompañada por su hermanito). El intercambio entre los dos personajes es maravilloso. No pasa nada extraordinario, pero todo lo que sucede es conmovedor sin necesidad de pegar abajo. Ella parece totalmente madura para su edad (13 años) y él está tan solo que lo supera la necesidad de comunicarse. El hermanito de la chica hace una adivinanza genial: "¿Qué le dijo una pared a la otra? ¡Nos vemos en la esquina!". La repite varias veces. Cuando se despiden, ella le desea que vuelva con las "facultades mentales intactas". Como él le contó que es escritor, le promete enviarle cartas sólo si le dedica un cuento sobre la sordidez, el tema que más le interesa. Hasta ahí el narrador del cuento es el soldado. Después sigue en tercera persona. El personaje es X, el mismo soldado, pero After the War. Ahora no tiene la concentración necesaria para leer, le cuesta encender sus cigarrillos, le sangran las encías y está temblando permanentemente. Para todo el mundo, la Guerra terminó: ok, no es su caso. Al finalizar el cuento, abre una carta de Esmé y se tilda para siempre cuando le dice que quedó con "todas sus fac... con todas sus fa-cul-ta-des intactas". Freddie, el soldado de The Master (Joaquin Phoenix), la última de Paul Thomas Anderson, me recordó a X. También podría ser un ex combatiente de Malvinas. Fogwill decía que la sociedad había estigmatizado a los veteranos denominándolos "chicos", que en realidad la Guerra no es una experiencia negativa. A veces, en el afán por decir cosas ingeniosas, un tipo puede pasarse de rosca.

La cuestión es que Freddie es el lado oscuro de Forrest Gump. Todas esas marcas de la guerra y de la mente que en la peli que consagró a Tom Hanks se nos presentaban amables, acá vienen con distorsión. La ternura es reemplazada por la pulsión sexual. La solidaridad por la ultra violencia. No hay ninguna escena en la que un personaje se ponga a discutir con Dios en medio de la tempestad (como también sucede en la reciente Life of Pi). Dios no existe y lo que más se le acerca es el gordo chanta que toma a Freddie como discípulo y paciente y amigo, Lancaster Dodd, el maestro de La Causa, interpretado por Philip Seymour Hoffman.          

El Jesús de Scorsese, en The last temptation of Christ, no sabe ni lo que hace ni lo que predica. Es simplemente una radio que sintoniza la frecuencia de Dios. La idea que recorre el mito de los grandes iluminados de la historia es la de un individuo cualquiera que comienza a ser interceptado por la lírica de una divinidad. El problema de Lancaster Dodd es que no sólo no puede explicar lo que hace y lo que predica, sino que tampoco sabe qué dice la lírica y qué divinidad le otorga sabiduría. Pronto se revela como una mezcla de Mano Chanta y Jodorowsky. La Causa es una psico-religión, supuestamente inspirada en la Cienciología. Lancaster somete a Freddie a una serie de pruebas algo indescifrables (un cuestionario, un interminable reconocimiento de la pared y la ventana, un aluvión de insultos) pero después Freddie da vuelta la tortilla y ese vínculo homo-erótico entre los dos tipos se convierte en una de las cosas más raras que se vieron en el cine. En una escena Freddie y Lancaster se abrazan y se tiran al piso como si fueran dos chicos de cinco años. En uno de los cuestionarios, Freddie se tira un pedo. Después Lancaster presenta uno de sus pésimos libros y no soporta que una lectora le pregunte qué carajo quiere decir su teoría. Hay que sacarse el sombrero ante Paul Thomas Anderson, porque fuera de los problemas básicos que acarrea ser pretencioso, sus películas tienen tanto drama y humor como la vida.           
   
Somos espíritus que viven en un mundo material. Nos dominan los sentimientos y las necesidades emocionales, pero en términos fácticos, lo importante es la cotización del dólar blue, la buena administración del sueldo y paparruchadas de ese tipo. Tal contradicción genera un conflicto insalvable. Lo más similar a un Greenpeace que se encargue de sacar al ser humano de la jaula son las diferentes formas de espiritualidad: religiones, sectas, organizaciones raras que hacen la ensalada con pseudo filosofía y autoayuda. Pero al igual que los protectores de ballenas, todo indica que son una farsa. Sin embargo, en una época signada por el hedonismo, la egolatría y facebook, se hace indispensable creer en algo más grande que uno mismo. Por ejemplo en Paul Thomas Anderson.     

Tal vez las mejores películas de Anderson son las más simples. Tal vez sea la que no vi, There Will Be Blood, pero supongamos que son las más simples. Es decir, no Magnolia (1999) ni Boogie Nights (1997), sino Sydney (1996) y Punch Drunk Love (2002), que no sé si es simple pero es la mejor. O no sé si mejor: es, indudablemente, hermosa, como varias películas de Anderson. Sydney es el cuento de un escritor novato que gana un concurso o saca la segunda mención. Y al pibe le falta algo, pero se nota que sabe. Empieza de tal forma que nadie podrá no desear verla. Un tipo más o menos joven está sentado en la puerta del drugstore de una estación de servicio. Como Lennon en "You've got to hide your love away", tiene las manos en la cabeza, en señal de abatimiento. Llega un tipo más viejo y le ofrece un café. El más o menos joven le contesta "¿Qué?". El viejo ahora le ofrece un cigarrillo. El más o menos joven (que es John Christopher Reilly) vuelve a preguntar "¿Qué?", no entiende la solidaridad, la piedad, la bondad de ese tipo. Entonces el viejo (que es Philip Baker Hall) emite una frase digna de grabarse en bronce: "Mirá, sólo soy un tipo ofreciéndote un café y un cigarrillo".

Punch Drunk Love tiene algo genial: es como si un caramelo con el envoltorio de un Butter Toffee de chocolate, resultara un Media Hora (aclaro que me encantan los caramelos Media Hora). Una señora desprevenida la puede encontrar en Space a las cinco de la tarde de un martes y creer que es una comedia romántica. Y cataplum: revolución de los sentidos, ama de casa se tira por el balcón y vuela hasta el sol y se quema, familia desintegrada, crisis en el barrio, no más pollo con papás al horno, no más domingos por la mañana en la panadería, ama de casa se acuerda del amor y la locura, o peor: ama de casa conoce el amor y la locura y quiere estar todo el día en su trip. Algunas genialidades más de Punch Drunk Love:
-Las sencillas y potentes imágenes caleidoscópicas al principio y al final.
-La actuación de Adam Sandler.
-La compasión del personaje de Emily Watson.
-"He Needs Me".
-La idea de que se puede viajar por el mundo comprando budín en el supermercado.
-Las calles vacías al amanecer.
-La sombra de Adam Sandler corriendo cuando lo persiguen los cuatro hermanos rubios.
-El encuentro entre Adam Sandler y el Rey del Colchón.
-El amor.

The Master es todo lo que Melancholia y The tree of life quisieran. Donde Lars Von Trier y Malick(símo) quieren, Anderson puede. The Master es una película extraña y al principio causa cierto rechazo: los personajes deambulan sin ton ni son, no se entiende adónde apunta la trama, las escenas carecen de cohesión, es el fucking cine-arte volviendo en forma de fichas para arruinarnos la vida. Después ese caos se convierte en el camino. Dura dos horas y media y a mucha gente le pareció aburrida, un buen somnífero. Yo podría haber seguido viendo esa mierda durante días. Saer decía que Zama, la novela de Di Benedetto, no era un libro, sino un instrumento que debíamos aprender a tocar hasta vernos reflejados en la melodía que sonaba. Creo que se puede decir algo parecido sobre The Master. Cuando uno le encuentra la vuelta (vuelta difícil de explicar, vuelta que cada uno sabrá apreciar en forma distinta) es como el viento moviendo un poco los árboles, como un poema largo y denso, como la sonrisa perfecta, como el sonido del teléfono retumbando en una habitación vacía, como un murmullo desconocido en medio de la oscuridad de la noche.

¿Qué es lo mejor de Paul Thomas Anderson? Algo que todo director de cine o escritor o fotógrafo debería tener: sabe cómo mostrar los rayos de sol filtrándose a través de una ventana.  

miércoles, 6 de marzo de 2013

Chávez


Samuel Johnson fue el encargado de realizar el primer Diccionario de la lengua inglesa. Cuando le informaron que lo que a él le había llevado un año, a los franceses les llevó cuarenta, contestó: "Cuarenta años franceses, uno inglés: la proporción es justa". El nacionalismo tiene bordes más filosos, pero esta anécdota me pareció ilustrativa y simpática. Contrarios a esta forma de ser (que en ocasiones más sofisticadas adquiere el estatus de filosofía), existen personas que odian su país y actúan como si vivieran en otro. En Argentina es usual la idealización de Europa o EE.UU o incluso Uruguay o Brasil, verdaderos paraísos terrenales en los que no existe la corrupción ni la delincuencia y donde los negros se dedican a las actividades pertinentes: bailar, jugar al básquet o tocar tambores. Manu Chao es el símbolo de lo opuesto: un francés queriéndose hacer pasar por sudaca trotamundos. Un idealista diría que las fronteras no existen, pero mientras se sigan vendiendo mapas, estas situaciones son un tanto curiosas. El impacto que tuvo la muerte de Chávez en cierta clase argentina con conciencia social fue notable. No dudo del sentimiento genuino de muchos, pero en algunos casos parece que, hundidos hasta la cabeza en el imaginario latinoamericanista, por poco se quieren apoderar del dolor de la clase baja venezolana, la que verdaderamente sufre la muerte de su líder.
  
Los K se indignan porque la derecha argentina festeja la muerte de Chávez. Sospecho que ese tipo de felicidad es el mayor elogio que se le puede hacer a algunos muertos. Por otro lado, los integrantes de la tan mentada derecha, cuando no son Magnetto o los empresarios aliados al gobierno, son pobres viejas que leen el diario equivocado, ni siquiera tantas como para ganarle una elección a Cris. Desde el costado épico de los días, sería mejor pensar que en frente está Sarmiento. O Bartolomé Mitre. O Ezequiel Martínez Estrada. O Bioy y Borges. Lo que hay es personas cuyo ideólogo es Eduardo Feinmann, un tipo que hace muy bien su trabajo, consistente en ser odiado. Y viene siendo el momento de que cambiemos de enemigo: discutirle a la imagen de Edu en el televisor ya es más fácil que ganarle a Boca en la Bombonera.     

Otro punto es la necedad de los que, desde un lado y el otro, quieren hacer de Chávez una figura unidimensional. ¿Cómo sacarle la foto definitiva a un tipo que cocinó un guiso y le puso Marx, Ejército, mesianismo, humor, Jesús, José Martí, twitter y Perón? Además, ¿de quién hablan?, ¿del político que por primera vez visibilizó a los humildes de su país?, ¿del personaje que almorzó con Mirtha Legrand y hacía un show mediático de cada una de sus apariciones?, ¿de los dos juntos? La dinámica de las redes sociales y las plataformas virtuales 2.0 es promovida por la ansiedad, nos apuramos por dar un veredicto (a favor, en contra) que probablemente nunca exista. O esté listo dentro de muchos años. Ni siquiera somos el diario de ayer. 

La virtud de Chávez, ser único en un mundo que tiende a la homogeneidad, determinó los límites de su proyecto político-social: es irremplazable. Cada vez que veo a Raúl Castro recuerdo a Bernardo con el antifaz negro en el lugar del Zorro. Es verdad, fue un capítulo inolvidable, pero no daba para muchos más.

jueves, 28 de febrero de 2013

Si Jessica Hyde existiera, sería montonera


I

Para cada palabra hay una definición de Galeano que te podía servir para levantarte una mina en el 2004. La que se puso de moda en los últimos años es la de "utopía":
-¿Para qué sirve la utopía, Señor McClure?
-La utopía sirve para caminar: yo camino diez pasos, y ella se aleja diez pasos. Y así hasta convertirse en una dialéctica en la que el deseo es permanentemente neutralizado pero, al mismo tiempo, nos otorga las energías suficientes para seguir avanzando hacia la nada.
Bueno, Utopia no tiene nada que ver con eso. Es más, antes que seguir en busca de algo que nunca vamos a alcanzar, mejor sentarse frente a un monitor y ver algo que, también, nunca vamos a alcanzar, pero es entretenido. 

II

En El simple arte de escribir, Raymond Chandler dice que los ingleses son ese tipo de gente educada para decir las más grandes barbaridades en voz baja. En "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius", Borges habla de las amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y muy pronto omiten el diálogo. En Utopia hay bastante de esa discreción lacónica y lógica anti-estridente. Donde el yanqui tira fuegos artificiales, el inglés subraya con un marcador negro. Se nota en los personajes principales, que eluden el estereotipo: el negro no es un macho alfa sino más bien un nerd histérico (Ian), el conspiranoico (Wilson Wilson) parece Sayid después de la Gripe, la chica linda definitivamente no es Kate (Becky) y el nenito tierno (Grant) es un hijo de puta. Y Jessica Hyde es Jessica Hyde, claro.    

III

Lost nos hizo creer que los grandes misterios no tienen explicación, que su esencia, de por sí, descarta cualquier justificativo. En 6 capítulos cargados de simbolismos visuales, contundencia estética y perfección narrativa, Utopia dice todo lo contrario. Tal vez Utopia marque el desengaño de los 2000. Es verdad que los 2000 fueron la época en la que las formas de acceso cultural y las relaciones interpersonales sufrieron un cambio irreversible. No por nada se puso de moda añadir un signo de interrogación entre paréntesis a cualquier tipo de afirmación tajante. Entre el ombliguismo y la retromanía, no hubo mucho espacio para la novedad. Después de todo para qué vamos a ser novedosos si somos gente de principios de Siglo.  ¡Estamos condenados a ser el hazmerreír de los jóvenes del 2084! Pero vivíamos felices en ese presente insustancial que sólo era un "fuck you" al pasado. Utopia es el kirchnerismo de las series. ¿Quién dijo que todo está perdido? Utopia viene a ofrecer su colon irritable. A riesgo de ser decepcionados, es volver a creer en una historia, en una lógica argumental. Claro: recién terminó la primera temporada y tuvo sólo 6 capítulos.

IV

La idea del villano físicamente inesperado ya es un cliché. Pero recién después de Utopia es probable que los creadores de series deban volver a los albinos gélidos o los ancianos multimillonarios o los mafiosos peinados con gomina. Su nombre es Arby, un gordito pálido con pinta de hikikomori. Uno de esos individuos que dan la inquietante sensación de que terminaron de masturbarse hace cinco minutos y ahora te dan la mano. Y que en cualquier momento pueden sacar un chumbo y empezar a bajar muñecos a la loco. Y eso es todo lo que hace Arby en Utopia. No le importa si sos hijo o madre o un pobre fan de historietas. El tipo va, te mata y si te he visto no me acuerdo. Arby es un optimista de la muerte.  

V

Leonardo Favio descubrió que los estribillos no sólo funcionan en las canciones. Sus mejores películas tienen frases que se repiten cual mantras e hipnotizan a los espectadores hasta llevarlos al paroxismo. Por ejemplo el "Carlitos se va a Buenos Airas para ser artista", de Soñar Soñar. O el "Qué bonita que sos, Griselda" en Nazareno Cruz y el lobo. Las series más emblemáticas también repiten esta fórmula pop. "¿Quién mató a Laura Palmer?" y "La verdad está afuera" son frases que se siguen escuchando en las verdulerías hipster de todos los países del mundo. El nuevo hit es categórico: "¿Dónde está Jessica Hyde?". Si alguien escucha la pregunta y no quiere saber la respuesta, puede considerarse un tipo duro.

VI

Pero ¿de qué trata Utopia?: violencia, conspiración, paranoia, amor, biología, política, historietas, amistad, poder, Sr. Conejo y Jessica Hyde. Y si esto funcionara, el hipotético lector ya debería estar bajándose Utopia para saber quién mierda es y dónde carajo está la tan mentada Jessica Hyde.

VII

Repito una vez más, por si no quedó claro: Jessica Hyde. Y que me parta un rayo si en alguna reseña no dicen “La serie que a Philip K. Dick le hubiese gustado escribir/ver/dirigir”. Borges y Dick deben ser los tipos a los que les atribuyen más gustos contra-fácticos. Ah: el problema no es ser paranoico, el problema es no ser lo suficientemente paranoico. 

VIII

Los que miramos series nos acostumbramos al formato breve porque fuimos criados en la dictadura del consumismo cultural pero al otro día tenemos que trabajar. Atrapados en una vida rutinaria. Desequilibrados: cuando no estamos desesperados nos aburrimos. Víctimas de un sistema psico-virtual que nadie estima en voz alta pero todos los días ayudamos a conservar, tal vez busquemos en las series la esperanza de que por lo menos en esa hora la vida no sea lo que evidentemente es. Utopia es eso e incluso nos hace sentir importantes: como toda serie de culto, sus espectadores creen que son cinco cuando en realidad son cinco millones. Se puede ver comiendo pochoclos o con un whisky y las persianas bajas. Exceptuando las Malvinas, ¿qué más les podemos pedir a los ingleses?