sábado, 16 de agosto de 2014

Si te dejo en una habitación/ frente a frente con Astor Piazzolla



Hace unos días llegó a mis manos un libro extraordinario. Se llama Piazzolla. El Mal Entendido y es, como lo indica el título, un recorrido por la vida y la obra del famoso compositor argentino. Los autores son Diego Fischerman y Abel Gilbert, dos verdaderos genios ya que, aun recurriendo a un argot teórico de alto nivel (que profundiza en cuestiones técnico-musicales que para un ignorante de mi fuste son chino básico), logran que leer el libro sea un placer en todo momento. Fischerman y Gilbert articulan una gran cantidad de información pero en ningún momento agobian, sino que a través de un inteligente trabajo de dosificación, alternan los distintos planos de la investigación (política, cultural, biográfica) de modo tal que el libro puede ser disfrutado tanto para un consumidor de música amateur (buenas tardes) como para un erudito en el tema.

El libro me pareció tan bueno que me obliga a comentar algunas partes. Lo voy a hacer como si estuviera en un bar, hablando con un amigo. Y naturalmente terminaré hablando de Charly García. O sea: igual que siempre. 
  
El libro ubica a Piazzolla en un mapa desconocido o, por lo menos, actualmente olvidado: el de las grandes discusiones teóricas sobre la tradición de la música argentina. De esta forma Piazzolla deja de ser un extraterrestre que estaciona su ovni en el anacrónico mundo del tango y se convierte en un emergente extremo de ciertas tensiones culturales que habían agitado el avispero durante las décadas del 30 y el 40 (que tampoco pueden analizarse muy por fuera del permanente debate sobre el "ser nacional" al que Martínez Estrada, Mallea y Scalabrini Ortiz, entre otros, fueron tan afectos). Por ejemplo hay un claro enfrentamiento entre las orquestas de Francisco Canaro y Julio De Caro. El primero representaba un enfoque del tango anquilosado y reacio a los cambios, De Caro un aire renovador que, sin llegar a ser vanguardista, tendía hacia la abstracción (es decir, la posibilidad de que el tango, en vez de bailarse, se escuche). Piazzolla se acomoda naturalmente en el bando de Julio De Caro.

Una anécdota es elocuente en este sentido. Piazzolla le hace un arreglo a un tango de Juan Canaro, hermano de Francisco. Un día lo encuentra y le pregunta qué le pareció. Canaro le contesta "Me lo arruinaste" ¡y le pega una piña! Los músicos de la época veían a Piazzolla como un chiquilín soberbio que por haber vivido en Nueva York se creía más que el resto. La verdad es que Piazzolla era soberbio pero también contaba con conocimientos que los demás ignoraban. "De las mil notas que escribía, él me borraba setecientas" dijo sobre la época en que trabajaba como arreglador de la Orquesta de Troilo. 

Otra disyuntiva, a un nivel más conceptual, se daba entre Juan Carlos Paz y Ginastera. Paz era un cosmopolita de avanzada, compinche de los tipos más chiflados y geniales del país (Xul Solar, Macedonio) y se autodefinía como "compositor, crítico, ensayista y guía de composición". Pregonaba las flamantes técnicas del jazz, el atonalismo, el dodecafonismo y cuanta novedad extraordinaria cruzara por su radar. Ginastera, en cambio, estaba más ligado al nacionalismo, el folclore y la institucionalidad (académica, religiosa). Pero el caso de Piazzolla siempre es llamativo, fuera de lo común, excéntrico. Perteneciendo claramente a la estirpe de Paz, comienza a tomar clases con su "enemigo". Ginastera creía que un músico debía ser un hombre culto y le exige a Piazzolla una serie de esfuerzos intelectuales (extra musicales) que no estaba dispuesto a hacer. Uno de ellos es leer La Montaña Mágica. Piazzolla (como la mayoría de los seres humanos con un solo cerebro) es vencido por el impenetrable y denso ladrillo de Thomas Mann.

En fin, con todos estos universos en disputa friéndole la cabeza (y muchísimas otras experiencias personales, como sus viajes a Europa y Nueva York) es que Piazzolla realiza su jugada maestra, la que lo convertirá en un genio o un canalla según quien lo escuche: trasladar el tango de los pies a la cabeza. Con Piazzolla el tango deja de ser la música del cuerpo y pasa a ser la música de la mente. Además de darle la espalda a la tradición, Piazzolla fue odiado en el ambiente porque instalar un tango no apto para la pista de baile significaba la pérdida de puestos de trabajo para muchos músicos que se ganaban la vida tocando en clubes.

Leyendo el libro me enteré de que los discos que a mí más me gustan (Libertango, Persecuta, Olympia 77, incluso la polémica música del Mundial 78, que en cd se publica como Chador) son los que la crítica especializada considera más flojos, no por traicionar el tango o ser ajeno a las raíces, sino por notarse que, a esa altura, Piazzolla, incluso para los fans que lo elevaron a la categoría de Dios por haber renovado el tango, en el afán de reinventarse todo el tiempo se había pasado de rosca. Sin embargo esos pasajes del Octeto Electrónico en los que Piazzolla incluye batería y sintetizador (a cargo de su hijo) y se codea con músicos cercanos al mundo rockero, como Tomás Gubitsch (guitarrista que hasta hacía unos meses tocaba con Invisible) y el legendario pianista Gustavo Beytelmann (que había colaborado como arreglador de Sui Generis), son los que más me atraen de su discografía. Es cierto que hay un contraste insalvable entre el bandoneón y los instrumentos modernos del resto de la banda (propios del prog-rock, que por un instante fascinó a Piazzolla), pero es justamente esa distancia que a muchos pone nerviosos, ese híbrido que no termina decantando en algo preciso, lo que para mí confirma el hecho estético. Probablemente lo mejor de su obra ya había pasado, pero me sigue pareciendo memorable, por ejemplo, el disco que registra su presentación en el teatro Olympia en París. Si no fuera porque un locutor presenta a Piazzolla ni bien empieza el concierto, es muy difícil darse cuenta quién va a tocar. Al principio hay una guitarra eléctrica por momentos funky, un bajo a la Pastorius, un piano jazzero. Mientras, poco a poco, se suman los instrumentos restantes: batería, el sintetizador, muy Floyd y la flauta, más jazzera. Entonces justo ahí sobreviene la más flashera eclosión, y cuando ya pasó bastante tiempo, aparece el bandoneón y se larga "Libertango".

Pasada la etapa de enamoramiento, Piazzolla se desentendería violentamente del rock y de sus músicos. Ya había tenido problemas con Tomás Gubitshch, que en una de las introducciones de "Adiós Nonino" filtró la melodía de "Hasta siempre comandante", una canción en homenaje al Che. Piazzolla, un derechista algo incoherente, especie de apolítico extremo, tirando a facho e incluso muy facho, borró el sonido de la grabación. El libro recupera una carta en la que Piazzolla, indignado con sus jóvenes ex músicos, dice: "Perón dijo una sola cosa buena y es esa palabra IMBERBES". Y también "No quiero oír hablar de comunismo ni izquierdismo. Me tienen harto estos irresponsables pendejos que no saben nada de dónde están parados. Yo los mandaría a Rusia a todos".

Y acá llega el punto del que quiero escribir, digo, cuando todos creíamos (especialmente yo), que el texto estaba terminando. El libro profundiza sobre la relación conflictiva que hubo entre Piazzolla y el rock argentino. Una relación que tuvo su etapa de coqueteo, de romance y de ruptura.

Fischerman y Gilbert se detienen especialmente en una entrevista que Piazzolla le concede al primer número de Expreso Imaginario. Que el primer número de la revista emblemática del rock argentino tenga en su nota central una entrevista a Piazzolla habla del monumental grado de hegemonía con el que contaba el músico a fines de los 70. Allí Piazzolla declara:

“Pero aquí hay una confusión cuando se habla de música progresiva y se habla de Charly García y no sé quién más. La música progresiva es otra cosa. La música de vanguardia es la que puede mezclar Bartók, Schonberg y música popular. Lo que hacen Chick Corea, Weather Report, Emerson, Lake & Palmer, lo que hace Miles Davis, eso me interesa a mí”.

Cuando Piazzolla hace esta declaración sin dudas tenía en mente al Charly García de Sui Generis. Probablemente ni siquiera el de Instituciones, sino el de los hits más acústicos y primitivos del grupo, el del fenómeno de masividad de los dos Luna Park repletos del Adiós. Si se releen los primeros números de Expreso Imaginario se puede notar que García es un espécimen problemático incluso para el propio gueto del rock. Son imperdibles, por ejemplo, las cartas de lectores que se quejan porque Charly baila en los recitales. Lo acusan de "cirquero". Evidentemente la dictadura militar también triunfó en el campo de la represión mental. 

Piazzolla acusa a Charly (un músico que hacía alarde de sus conocimientos clásicos y su complejidad frente al simplismo del rocanblues argentino) de no ser progresivo ni vanguardia. Voluntariamente o no, mete el dedo en la llaga. No hace falta recordar la absurda cantidad de veces que Charly fue menospreciado por otros músicos del palo. Sin ir más lejos, Andrés Ciro Martínez acaba de decir en una entrevista a la Rolling Stone que Charly es un genio, pero que hace "música blanca", que le suena "a Canal 9".

Uoh bamba uoh bamba uoh bamba
uoh bamba-ba

Si no recuerdo mal, eso es lo que cantaba Andrés Ciro Martínez a mediados de los 90, agregando su gotita de nafta al incendio cultural noventoso. Uno puede haberse cagado de risa con la obsesión de García, Spinetta y Páez por ser Prince, pero que Andrés Ciro Martínez crea que es James Brown es el chiste más grande de la historia del rock argentino. Andrés Ciro Martínez debería escuchar ya mismo algún disco de Charly García.

En fin.

Piazzolla clava el puñal y lo que el libro no retoma, naturalmente, por tratarse de Piazzolla y no de Charly, es que García le responde. En el Correo de lectores del segundo número el propio Charly manda una carta. Gracias a la tecnología hemos conseguido este documento invalorable al que todos pueden acceder pero a nadie le interesa un carajo, pero que lamentablemente para mí es algo así como Disneylandia para un niño de 5 años:




García, moderado, intentando mantener las formas, pero evidentemente herido, responde con una chicana. Obviamente no se trata de llamarlo "pedante", algo que, a esa altura, Piazzolla ya sabía. Incluso le debería agradar ser percibido de esa forma. El jaque mate reside en decirle "viejo". Charly le marca la cancha. Al lado de Mariano Mores (su legendario antagonista) o Troilo (el maestro que lo decepciona por eludir el futuro), Piazzolla era joven aunque ya peinara canas. Pero enfrentado al Charly García fresco como una lechuga de mediados de los 70, el viejo es el bandoneonista. De esta manera Charly da vuelta la tortilla y, por primera y única vez, Piazzolla participa en un debate llevando la etiqueta de "viejo". García siempre fue odioso, infantil, insoportable. A veces fue algo peor. Pero quienes lo condenan por los vaivenes de su vida mediática, olvidan que algunos de sus atrevimientos fueron francamente encantadores. Cuando en el marco de la Gira Amnesty le dice a Bruce Springsteen que acá el Jefe es él, además de hacer gala de sus ínfulas de vedette, lo que está subrayando brutalmente es la farsa de un recital que enarbolaba la bandera de los derechos humanos pero discriminaba a los artistas locales. Y a partir de ahí se pueden sacar todas las conclusiones políticas y sociales que nunca se le ocurrieron a nadie. León Gieco, cada vez que puede, pide perdón por el desplante de Charly.

En YouTube había un video que mostraba el cierre de ese recital. Los artistas yanquis (Sting, Bruce) cantan y bailan "Get Up Stand Up". Tiernamente, Charly intenta unirse a esa fraternidad de millonarios hijos de puta compungidos por los dramas del Tercer Mundo, pero ni siquiera lo miran. Todos se ríen, la están pasando re bien, pero es evidente que Charly los pone nerviosos. Hasta que el tipo, después de un barullo importante, logra hacerse con el micrófono. La gente estalla. Charly dice cualquier cosa, pero logra modular su eslogan: "Derechos humanos ya". La cámara enfoca al tecladista de la banda, que no entiende un pomo. Bruce y Sting se ríen. Y finalmente ellos también cantan, sin saber muy bien lo que están haciendo: "Derechos humanos ya". 

Si, claro, Charly es Canal 9 y vos, Ciro, sos la Antena Comunitaria de San Cayetano.

Pocos meses después Piazzolla cambiaba de parecer: “Me da la impresión de que los conjuntos como Alas, Spinetta, Crucis o Charly García van a tomar un rumbo porteño, y ahí está el acierto grande”.

En una entrevista del año 2008, del programa Elepé, García vuelve al tema Piazzolla. Estamos en el ocaso de la era Say No More. García se balancea en su cama. Tarda en calibrar una frase entera y es atrozmente editado. Cuenta que alguna vez encontró a Piazzolla en Nueva York y le dijo: "¿Vos sos Piazzolla? Agarrame las bolas". La anécdota es tan inverosímil como graciosa y patética. Al parecer, Charly quedó un tanto resentido por aquellas críticas y el eventual ninguneo de Piazzolla, un músico al que, aun traspasando la barrera del insulto, nunca dejó de admirar.

La efímera disputa Piazzolla/García o, en todo caso, Piazzolla/Rock argentino se integra a las discusiones olvidadas: Canaro/De Caro, Paz/Ginastera. Aunque tienen distintos niveles de importancia histórica y suceden en contextos disimiles, vuelven sobre los temas de siempre: tradición y ruptura, música comercial para las masas o música sofisticada para oyentes que todavía no nacieron, alta y baja cultura, baile o contemplación. Creo que lo más parecido a eso en los últimos tiempos fue la discusión sobre el tema nuevo de Fito Páez.

(risas)  

Volviendo al tema del hombre de la cama en llamas, el momento cumbre de la truncada relación entre Piazzolla y Charly es "A los jóvenes de ayer", el tema de 10 minutos con el que empieza Bicicleta, el tercer disco de Serú Girán. Un fragmento de la introducción remite directamente al Octeto Electrónico y la letra de Charly, con su habitual destreza, ironiza sobre los tangueros reaccionarios, los mismos que detestaban a Piazzolla porque su música no se podía bailar. Supongo que todos escucharon "A los jóvenes de ayer". Supongo que los que no lo hicieron, no tienen ganas de hacerlo. Supongo que los que sí lo escucharon, ya no escuchan a Charly García. Ustedes saben, se supone que Charly es música para adolescentes, que uno saca el Documento de Identidad Rockera cuando escucha a Spinetta.  Bueno, yo sí tengo ganas de escuchar otra vez "A los jóvenes de ayer".



domingo, 10 de agosto de 2014

Por qué Truman Capote es un genio y nosotros todo lo contrario


Siempre me llamaron la atención las fotos de Truman Capote. Hay que tener cuidado, porque cuando uno piensa en Truman Capote, casi siempre se imagina a Philip Seymour Hoffman. En fin. Quiero decir que hasta que lo leí la única relación que tuve con Capote fueron sus fotos. Lo primero que dicen las fotos de Capote es que fue un tipo que vivió mucho, lo segundo es que le dio mucha bola a las fotos (en muchas aparece con vestuarios extravagantes y haciendo poses raras) y lo tercero que, entre otras cosas, bailó con Marilyn Monroe.

La foto en la que baila con Marilyn probablemente pertenezca al periodo de oro de Capote. Marilyn está sonriendo, no a la cámara, sino para otra persona fuera de foco. Parece una mirada cómplice sobre Capote o sobre el estado de Capote, que es casi el reverso de la belleza celestial y sexual de Marilyn: despeinado, sudoroso, un tanto obeso y tomando a Marilyn de la muñeca, en un gesto atropellado del que, al mismo tiempo, se desprende torpeza e indiferencia. Lo curioso es que Capote también fue un joven atractivo, como lo muestra otra foto, la que ilustra su volumen de Cuentos Completos de Anagrama. Ahí Capote tiene 23 años y se encuentra en su ciudad natal, Nueva Orleans, está sentado sobre un banco y de fondo se ven unas hojas gigantes. Tiene la remera arrugada y el cuello le queda grande (casi llega a uno de sus hombros), pero ese detalle le agrega un toque de rebeldía, de insurrección juvenil, y lo asemeja a un galán de cine o a una súper estrella de la Generación Beat. Después, las fotos de la vejez muestran a Capote como una especie de Ante Garmaz o Bergara Leumann, una loca entrada en años con sombrero, condenado a añorar con melancolía y resentimiento los días en los que era bello y talentoso.      

De A Sangre Fría se pueden decir muy pocas cosas. Es muy raro llegar a una famosa obra maestra y que la famosa obra maestra cumpla con todos los requisitos de su prontuario. Casi siempre, las obras maestras, por más maestras que sean, no pueden superar el obstáculo de nuestras expectativas. Tal vez la etiqueta insípida de la no-ficción (¿quién carajo quiere leer no-ficción?, es como preferir el no-sexo al sexo, el anti-fútbol al fútbol), de antemano, nos haga pensar que A sangre fría es un buen libro y nada más. Pero una vez sumergidos en los entretelones que llevaron al asesinato de la familia Clutter por parte de los dos psicópatas mejor retratados de la historia (Dick y Perry), A sangre fría es la novela morbosa y perfecta de la que jamás queremos salir.

Leyéndola ahora, con el auge de las series sobre crímenes (The Killing, True Detective) es imposible no ver su precursor en el relato coral de Capote, en ese narrador omnisciente que alterna perspectivas con la facilidad que uno nunca va a tener para dar vuelta un panqueque. Y cuando hablamos ligeramente de “alternar perspectivas” me refiero a que conocemos los laberintos mentales de Perry Smith, sí, pero también las escalofriantes pesadillas de Marie, la esposa del sheriff Al Dawey, en las que Bonnie Clutter, ensimismada y tétrica, murmura que lo peor de todo es ser asesinado. Se puede hablar de la sangre fría de los asesinos. Pero también de la sangre fría de Capote para escribir de una manera tan clara y racional una obra tan demente. Porque si hay algo que vuelve a A sangre fría una novela que atraviesa las décadas y las generaciones es que, sin recurrir a elementos fantásticos, sin que explícitamente sucede algo fuera de los límites del "realismo", con esos paisajes deshumanizados en contradicción permanente con el murmullo del pueblo, lo que termina por materializarse claramente es una atmósfera enrarecida, propia de otro Planeta. Y si algo nos enseñó la vida es que quien tiene una atmósfera, tiene el 90 por ciento de una historia inolvidable.        

Sus cuentos se dividen claramente entre los de trasfondo urbano y los de “vida sureña” (generalmente protagonizados por niños: “La botella de plata” tal vez sea uno de los más hermosos). Todos, en mayor o menos medida, hablan de la soledad. La soledad de los que no tienen a nadie, de los que son diferentes y de los que aún rodeados de personas se sienten solos. En los diálogos compaginados por Orlando Barone, Sabato le habla a Borges de la nueva música que está surgiendo en el Oeste de los Estados Unidos, específicamente de Bob Dylan. Borges responde algo que no tienen mucho que ver con lo que dice Sabato y tal vez no tenga mucho que ver con Capote, pero es genial: “Si, la influencia de la soledad en las grandes llanuras”. Esta frase enigmática se puede aplicar a la obra de Carson McCullers y también a la de Capote.

En algunos de sus cuentos tempranos (“Cierra la última puerta”, por ejemplo) Capote inventa el personaje que aparecerá en varios tramos de su carrera, el joven provinciano recién llegado a la gran ciudad, obsesionado con el éxito y confidente de las grandes mujeres de la época (actrices, escritoras, viudas de renombre), que finalmente fracasa en su intento por llegar (nunca se sabe exactamente adonde) pero que tiene el humor suficiente para que su desesperación, en vez de llevarlo al existencialismo, lo convierta en un borracho. En su ejercicio constante del sexo sin amor (con hombres y mujeres) prefigura ciertas características del hombre posmoderno, que, como un turista de la vida, camina por la superficie de las sensaciones, sin pisar nunca las profundidades. Pero esto no sucede en toda la obra de Capote. Por ejemplo no sucede en Desayuno en Tiffany's, novela exquisita, donde el narrador está enamorado pero no puede ni se siente a la par de la mujer que ama (la deslumbrante Holly Golightly) El narrador de Desayuno en Tiffany's, como el de El Gran Gatsby, es un narrador testigo. Con la narración de "la gran historia" estos personajes parecen querer protegerse por el pecado de no haber vivido en plenitud. Por la fidelidad que mantienen con los protagonistas, los narradores testigos (aunque sea los de El Gran Gatsby y Desayuno en Tiffany's) son personajes muy entrañables y lamentablemente condenados al olvido. Siempre me pareció conmovedor cuando Nick Carraway le dice a Gatsby que él vale más que todos los ricachones juntos.

Los estudiosos de la obra de Capote dicen que Música para camaleones (1980) no está a la altura de sus obras canónicas (Joseph M. Fox, su editor, por ejemplo). Después de leer Música para camaleones uno supone que en realidad el rechazo por ese libro es moral y se debe más a la forma en que vivía Capote cuando lo escribió: reventado por los fármacos y el alcohol, Capote se convirtió en un yonqui insoportable capaz de arruinar cualquier reunión. Antes, como lo demuestran el par de películas que se hicieron sobre el momento en que escribió A sangre fría, Capote era un tipo excéntrico y carismático que, por su lengua afilada y su capacidad para traficar información, se robaba el protagonismo en cualquier lugar. Dotson Rader, uno de sus amigos, cuenta que en su último encuentro, en febrero del 84, Capote le dijo que rezaba para morirse lo más rápido posible. Ya nadie lo reconocía por la calle (en los 60 fue una figura híper mediática), el bar en el que se juntaban había cerrado y sus viejas amigas le habían cortado el rostro. Eso por un lado.

Por el otro, Música para camaleones tal vez sea de los libros más hermosos que vayamos a leer en nuestras vidas. Un libro clásico, como esos discos en los que cada tema tiene el potencial para ser un gran hit. El libro abre y cierra con Capote hablando de sí mismo. Michael Jackson fue un genio del pop y un par de sus discos son legendarios. Y también posee la vida zigzagueante de los grandes iconos: Elvis, Lennon. Sin llegar al extremo de Jacksonismo (un libro en el que varios autores escriben sobre Jackson y llegan a la conclusión de que incluso era un mal bailarín: parece que sus pasos eran muy “angulosos”) uno tiene la sensación de que la herencia de Michael es la de los productos de la industria pop que, hablando mal y pronto, acabaron con la buena música. Es decir: uno tiene la sensación de que a veces los grandes artistas sólo dejan una herencia que arruina el mundo, miles de imitadores sin un gramo de talento. Mientras leemos a Capote hablar de sí mismo (el último texto es un reportaje a sí mismo en el que dice su famoso eslogan: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”) es imposible no preguntarse si no habrá sido Capote uno de los creadores del discurso actual, es decir, si no se encontrarán allí, en esos textos autorreferentes al mango, el germen de esta era en la que referirse a uno y los vulgares vaivenes de su vida privada, pasó a ser fundamental para formar parte del mundo. Ustedes saben: si lo hace él, ¿por qué no puedo hacerlo yo? El problema es que él es Capote y nosotros somos unos idiotas. Como decía Bolaño, extralimitado, yéndose a la mierda:

"Una literatura del yo, de la subjetividad extrema, claro que tiene que existir y debe existir. Pero si sólo existieran literatos solipsistas toda la literatura terminaría convirtiéndose en un servicio militar obligatorio del mini-yo o en un río de autobiografías, de libros de memorias, de diarios personales, que no tardarían en devenir cloaca, y la literatura también entonces dejaría de existir (...) Ojo: no tengo nada en contra de las autobiografías, siempre y cuando el que la escriba tenga un pene en erección de treinta centímetros. Siempre y cuando la escritora haya sido una puta y a la vejez sea moderadamente rica".

En fin: Capote sigue siendo un autor contemporáneo, que nos habla de esta época aunque se refiera a hechos sucedidos en el pasado, tanto es así que leerlo es sospechar seriamente si dos o tres de los hitos que regulan la estructura de nuestra cotidianeidad no fueron inventos maquiavélicos de él.

Música para camaleones, mientras tanto, tal vez pueda elevar el techo (y el piso y las paredes) de lo que habitualmente se denomina un libro de misceláneas. Capote mezcla la crónica con el relato, transcribe conversaciones en extraños textos amorfos y adictivos y se mueve siempre por el pasaje ambivalente que conecta el cinismo con la ternura. En realidad Capote demuestra que un escritor talentoso, esencialmente, es alguien que se caga de risa de los géneros. Acá el genio andaba en una crisis creativa de la que nunca pudo recuperarse, rumiando sobre dones que sólo eran látigos que servían para autoflagelarse, es decir, acá Truman (y le digo Truman, porque decir "Acá Capote" queda para el ojete) ya estaba descendiendo a los últimos círculos del infierno y tal vez esa certeza, la de que el General Truman Capote iba en coche al muere, amplifique todavía más el valor de Música para camaleones. Pocas veces encontraremos tanta exuberancia estilística, tanto amor por el acto de escribir y tanto respeto por las palabras. Como en un cajón desordenado con sus ropas favoritas, podemos ver a Capote actuando sus mejores papeles (porque se debe tratar de uno de los escritores más teatrales, más cinematográficos de la teatral y cinematográfica literatura yanqui del siglo XX):

-En "Una adorable criatura" sublima su devoción por las grandes divas (tan similar a la que tenía Manuel Puig) y lo vemos paseando por ahí con Marilyn Monroe, hablando sobre tamaños de pijas y chismes de la farándula, aunque lo que queda es la imagen frágil y encantadora de Marilyn, una imagen que no vamos a ver en las películas ni en las biografías ni en las fotos, una imagen que sólo pudo desentrañar Capote en el muelle de South Street. Es extraordinario como un texto tan conocido y leído como “Una adorable criatura” sigue recreando tal sensación de intimidad cada vez que lo leemos.

-"Ataúdes tallados a mano" parece un intento por volver al policial macabro, al fulgor creativo de A sangre fría y el resultado es otro hito narrativo. Capote no necesita recurrir a fantasmas para provocar pánico.

-"Una luz en la ventana" es un cuentito corto que podría pertenecer a aquellos primeros escritos de la década del 40. Capote escapa de un coche y va a parar a la casa de una anciana que lo abriga y lo alimenta en medio del frío del campo. Siempre la figura protectora de la mujer, que nunca es amante sino madre postiza. Pero cuando se despierta el sueño en realidad fue una pesadilla: la anciana es una loca, una freak propia de un cuento de McCullers, que guarda gatitos muertos en el congelador porque "sencillamente, no puedo soportar el hecho de perderlos". 

Durante los últimos años de su vida Truman Capote estuvo trabajando en Plegarias Atendidas, una novela demasiado inconclusa que se publicó en forma póstuma. El título tiene su origen en la frase atribuida a Santa Teresa: "Se derraman más lágrimas por plegarias atendidas que por las no atendidas". En esos años repletos de internaciones y escándalos, Capote se la pasaba prometiendo a sus editores capítulos nuevos que jamás escribió. Los dos capítulos que aparecieron de Plegarias Atendidas con el autor vivo ("Monstruos perfectos", "Kate McCloud" en la revista Esquire, en 1976) provocaron gran consternación. Capote se había tomado la licencia de convertir personas reales en personajes. Y no dejaba títere con cabeza. Desde Salinger hasta Katherine Anne Porter, nadie se salvaba del bardeo compulsivo de Capote, que se encontraba en pleno derrape.  


El libro al final sólo cuenta con tres capítulos y, como el mismo Capote en aquellos tiempos, es una luz cegadora que poco a poco se va apagando. Cuando le recriminaron contar infidencias de sus supuestos amigos, una vez más, Capote hizo gala de su origen sureño y dejó una frase histórica. Como si durante los años de esplendor americano sólo hubiese sido un infiltrado entre la elite de la alta y esnob sociedad neoyorquina, respondió: "¿Qué se esperaban? Soy un escritor y me sirvo de todo. ¿Es qué esa gente pensaba que me tenían ahí para entretenerlos?".  

domingo, 13 de julio de 2014

Se terminó la era Codesal


Argentina y Alemania jugaron tres finales. En 1986, ganó Argentina. En 1990, ganó Alemania. En los 24 años que separan el Mundial de Italia y el que acaba de finalizar, Argentina consiguió dos Copas América (91 y 93) y dos medallas doradas en los Juegos Olímpicos (2004, 2008). Pero siempre se siguió hablando de Codesal, el árbitro mexicano que le cobró un penal "ilegítimo" a Sensini. Utilizo comillas porque a la distancia, ese mítico penal cada vez parece más justo. Las históricas recriminaciones hacia Codesal nos volvieron llorones, resentidos e incoherentes (si tenemos en cuentas que uno de nuestros mayores logros es un gol con la mano).   

Como testigos de este subcampeonato tenemos la responsabilidad de no instalar la idea de que esta vez perdimos por el penal que no le dieron a la Argentina (haya sido o no). No hubo maniobras oscuras ni conspiraciones interplanetarias. Alemania (una Selección con proyecto a largo plazo y un concepto claro de juego) fue un justo campeón y Argentina fue un digno rival.

A medida que Argentina avanzaba se empezó a hablar de que el grupo humano de la Selección se había afianzado en la adversidad. En un plantel repleto de estrellas y con poco tiempo de preparación, era saludable que la solidaridad y el esfuerzo llegaran a su cúspide justo en pleno Mundial. Con el diario del lunes podemos advertir que mientras se solidificaba el grupo, se perdía la chispa de las individualidades que podían desequilibrar y agregarle creatividad al libreto, tan improvisado como exitoso, de Sabella. Si a partir de Octavos (y especialmente con el ingreso de Demichelis por Fernández ante Bélgica) la defensa, los volantes de marca (Mascherano y Biglia) y los carrileros (Lavezzi y Enzo Pérez) conformaron un muro de contención que recibió merecidos elogios, los jugadores de ataque fueron disminuyendo su nivel hasta aislarse completamente del equipo. El ejemplo más explícito fue la semifinal contra Holanda, la famosa partida de ajedrez en la que Argentina, a pesar de tener algunas esporádicas chances, sólo movió los peones (Holanda tampoco hizo demasiado).

Si el equipo de “Los cuatro fantásticos” estaba partido, el que llegó a la final de Brasil 2014 estaba por la mitad.

El desafío ante Alemania era que la Selección encontrara la combustión perfecta: un rendimiento parejo de su bloque defensivo y un ensamble logrado de sus cada vez más escasas individualidades ofensivas. Aunque Alemania manejó el trámite del partido haciendo gala de una posesión del balón envidiable (por momentos parecía que se la pasaban con la mano), Argentina, tal vez demasiado consciente de sus limitaciones, salió a jugar de contragolpe y durante buena parte del primer y segundo tiempo estuvo bien parada y tuvo muchas ocasiones de gol. Cuatro o cinco, claro, pero que en el contexto de una final del Mundo (donde casi siempre se dan partidos cerrados y esquemáticos) adquieren un gran valor, tanto es así que por momentos las máquinas alemanas se desconcertaron.

La explicación del triunfo alemán reside en las virtudes que todos conocemos. La explicación de la derrota argentina reside en el marcado desnivel de sus delanteros. Algunos dirán que ese desnivel fue provocado por los planteos iraníes de Sabella, que apostó todo a la defensa y se olvidó de los de arriba. El comentario es atendible y probablemente real, pero se parece bastante al del huevo o la gallina. Después del partido contra Holanda, Agüero confesó que no había arriesgado en algunas pelotas por el temor que le provocaba su reciente desgarro. Es por lo menos polémico que un jugador que no está al cien por ciento juegue este tipo de partidos de alta competencia: se notó que no estaba en sintonía (la decisión puede recaer tanto en el cuerpo técnico como en el mismo jugador). Higuaín fue figura contra Bélgica y durante el resto de los partidos nunca pudo acertarle al arco. Palacio estuvo activo pero nunca pudo definir las que tuvo (dos, una ante Holanda, otra hoy). A Sabella siempre lo acusamos por su excesiva cautela, pero paradójicamente hoy sacó a Lavezzi (que estaba jugando su mejor partido como volante), e hizo ingresar a Agüero (de delantero), que no pegó una. Messi, cuyos raptos de lucidez permitieron que el equipo pasara la Primera Ronda, a partir del segundo tiempo en Cuartos se sumergió en una laguna del tamaño del Océano Atlántico. Y no salió nunca. Se podrán buscar razones físicas o psicológicas para entender que un jugador de la jerarquía de Messi desaparezca por completo en varios tramos del partido (no me refiero a que la pierda frente a los 2000 tipos que lo marcan, sino a que ni siquiera tenga la oportunidad de perderla), pero mientras sólo se trate de especulaciones, debemos decir que futbolísticamente nunca llegó a mostrar su mejor faceta. Es más, los goles y las hermosas jugadas que elaboró, con intermitencias, a lo largo del torneo, parecieron el bonus track de un jugador que ya dio lo mejor de sí mismo y se halla en la transición hacia un nuevo modo de jugar. Su primer tiempo ante Bélgica tal vez sea una pista para rastrear al Messi maduro de los próximos años. En términos extra futbolísticos, ante Holanda y Alemania se vio a un tipo harto de todo. Su desprecio ante el absurdo Balón de Oro fue entendible, pero en alguien de comportamiento tan discreto fuera de la cancha, es un dato relevante.  


Un viejo dicho dice que los goles que no se hacen en el arco rival, se sufren en el propio. Creo que mientras Argentina se perdía cada una de las oportunidades y la amenaza del temido alargue se hacía realidad (con el desgaste argentino del miércoles y el entrenamiento alemán del martes), todos los que conocemos los lugares comunes del fútbol, pensamos en esa frase. Y finalmente sucedió. Los treinta minutos fueron casi todos de Alemania y el gol, aunque un tanto repentino, no sorprendió a nadie. Argentina hizo un buen papel en el Mundial, hubo jugadores que cumplieron con creces (Mascherano, Romero, Garay, Rojo, Zabaleta, Enzo Pérez, Biglia) y los planteos tácticos de Sabella revivieron las discusiones sobre las distintas formas de jugar al fútbol. Al mismo tiempo, el trabajo a largo plazo de Alemania, impone el debate sobre si es imposible o no una reestructuración acorde a nivel local. Por lo menos las próximas generaciones nunca van a saber quién fue Edgardo Codesal. Y eso sí que es para festejar.  

miércoles, 9 de julio de 2014

El fútbol es una excusa para amar a Mascherano


Si las estadísticas de la FIFA, además de multiplicar datos innecesarios, también midieran el amor de un país hacia un jugador de fútbol, creo que Mascherano ganaría por afano. Cuando fantasean con una noche de sexo desenfrenado en un hotel del Conurbano mental, las mujeres eligen a Lavezzi. Pero si pensaran con quién se quisieran casar, tener hijos y envejecer junto a una chimenea, Mascherano resultaría el elegido. O tal vez sea que estoy proyectando en hipotéticas mujeres lo que yo y tantos hombres de este país quisiéramos: seguir manteniendo las formas heterosexuales pero poder casarnos con Mascherano.

Los tatuajes fueron inventados para que los hombres se distingan de los demás a través de la ilustración de sus cuerpos. Los peinados excéntricos también. Este Mundial demostró una tendencia casi absoluta de los jugadores de fútbol por los tatuajes y los peinados excéntricos, a punto tal que es difícil distinguirlos entre sí. No es casual que Mascherano no lleve tatuajes ni peinados excéntricos. No le hace falta nada accesorio para distinguirse de los demás.

Hay algo en Mascherano que nos recuerda a nuestro mejor amigo en la Secundaria. Hay algo en Mascherano que nos dice que, aunque todo esté mal, las cosas van a salir bien. Uno nació en este país y quiere que gane su Selección, pero más quiere que gane porque está jugando Mascherano. En la Conferencia de Prensa del partido anterior, Sabella dijo que Messi era agua en el desierto. Mascherano entonces es una petaca de whisky en una noche fría lejos de casa. Mascherano es el unánime jugador de fútbol argentino. Nacido y criado en River (¿de qué otro lugar podría haber salido un 5 así?) pero con la grandeza suficiente para que los hinchas de Boca lo amen. En la novela de ciencia ficción del Mundial, Mascherano es el único sobreviviente de un ataque nuclear que convirtió a todos los jugadores de fútbol en zombies. 

Lo de hoy fue una larga y sinuosa partida de ajedrez en la que los dos equipos se neutralizaron. Casi no pudieron ejecutar ninguna jugada. Durante años se hablará de las atajadas de Romero, del partidazo de Enzo Pérez, de cómo Sabella nos cerró el culo, de ese cóctel de inteligencia, concentración y manías que hace de Holanda un rival siempre temible. Pero hoy Mascherano llevó todo junto y en un solo puño la psiquis y el latido de su pueblo. Acá toda intelectualización idiota del fútbol, toda distancia para no parecer un simple y estúpido tipo que se emociona mirando partidos de fútbol, estalla en mil pedazos.

Cuando seamos viejos, vamos a seguir viendo en el YouTube del futuro, aquel cruce magistral en el que Mascherano le sacó el gol de la victoria a Robben. Es verdad, Mascherano sólo es un jugador de fútbol, pero transmite demasiada nobleza. Si existiera una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo lo imitara a él. 

  

martes, 8 de julio de 2014

Tengo una buena y una mala noticia

La buena es que Alemania está jugando un fútbol extraordinario, que llegó a la cima de su rendimiento en la semifinal de un Mundial en la que aplastó por 7 a 1 a Brasil, el equipo local. Al toqueteo barcelonés made in Guardiola, Alemania agrega profundidad y vértigo. Al habitual predominio físico europeo, Alemania agrega superioridad técnica fogueada al calor de una preparación a largo plazo que arrancó hace poco más de 10 años.

La mala es que si Argentina le gana a Holanda, tenemos que jugar contra ellos.

En el fútbol puede pasar cualquier cosa, pero antes del partido no fueron pocos los que vaticinaron un resultado adverso para Brasil. Se enfrentaba un equipo ordenado y en pleno ascenso y otro que le dio la espalda a su estilo y fue víctima de una histeria colectiva que llevó a sus jugadores al borde del colapso nervioso desde que arrancó la Copa. Uno siempre vio a los brasileros como tipos relajados, que disfrutaban mientras jugaban al fútbol, con tribunas repletas de mujeres que movían las caderas y hombres borrachos que se reían continuamente con o sin motivo. Brasil como el paraíso del fútbol. Brasil como un universo aparte en el que la súper profesionalización se rendía ante el espíritu amateur de esos negros esbeltos que en vez de romperse en el gimnasio, se la pasaban en la playa. Y ése era el estereotipo que uno craneaba antes de empezar el Mundial. Pero todo sucedió exactamente al revés. El presupuesto de los Estadios provocó la furia de la gente. Una vez comenzada la Copa, muchos de los jugadores del equipo demostraron estar atravesando un bajón futbolístico y emocional alarmante. Marcelo, un tipo que se pone la camiseta del Real Madrid y es Dios, en estas semanas fue el Chavo del 8: cada vez que aparecía se mandaba una cagada. Como frutilla de ese postre terrorífico, Neymar se lesionó. Pero no tuvo un desgarro o una sobrecarga muscular: directamente se partió una vértebra. Si uno fuese un psicoanalista berreta podría decir que, más que la rodilla de Zúñiga, lo que fracturó a Neymar fue el peso simbólico que cargaba sobre sus espaldas. A veces creemos que Messi o Neymar, por su talento y los millones que ganan, tienen la llave de la felicidad. Qué ingenuos somos. Ser Messi o Neymar debe ser absolutamente horrible. 

Los alemanes están hechos para asustar. Costaba pensar que los dos equipos tuvieran 11 jugadores: por cada brasilero había tres o cuatro alemanes alrededor. Los periodistas, en su afán por hallar figuras reconocibles, hablan de apellidos específicos: Toni Kroos, Hummels, el arquero Neuer, Schurrle (o como se escriba). Pero hoy fue real el lugar común esencial en el discurso de los jugadores: la figura fue el equipo. En el entretiempo llamé a mi viejo y me dijo que le recordaba a uno de esos partidos de papi en el que un equipo es muy inferior al otro y al que encima le faltan uno o dos jugadores. Los primeros goles de Alemania fueron hermosas jugadas de billar. Esperé hasta último minuto a que Brasil comenzara a jugar en serio. No estaba feliz, la rivalidad entre argentinos y brasileros siempre me pareció afectada, un invento de Ruggeri: como todos, admiro la forma en que juega Brasil y lo de hoy fue una pesadilla.    


En el Mundial 2010 Argentina perdió 4 a 0 con Alemania. La diferencia con el partido de hoy reside en que los jugadores brasileros se estaban volviendo locos por la presión de 200 millones de compatriotas y los argentinos por la presencia de Maradona en el banco de suplentes. La verdad es que Argentina, aún con su evolución defensiva y el crecimiento de sus individualidades, está mucho más cerca del caos brasilero que de la excelencia alemana. Es más: creo que casi todas las Selecciones, al lado de Alemania, están más cerca de Brasil. Aunque para hablar de esto, primero habría que ganarle a Holanda. Sayonara.       

sábado, 5 de julio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Bélgica

Bélgica ladró más de lo que mordió. A diferencia de Irán o Suiza y a pesar de tener camiseta roja, no se metió atrás y salió a jugar de igual a igual. Pero aunque tuvo más la pelota nunca supo muy bien qué hacer con ella. Se notó que la estrategia era creérsela definitivamente, confiar en las cualidades físicas y técnicas conocidas, sin pensar que en frente había un equipo de mayor tradición futbolística capaz de intimidar con los colores de la camiseta. Pero finalmente no pudo pasar de la teoría a la práctica. Incluso algunos arranques violentos del segundo tiempo explicitaron la impotencia propia de quienes tienen el potencial pero no pueden capitalizarlo. 

Messi, como siempre, merece un párrafo aparte. El Ruso Verea, mi periodista deportivo favorito, dijo que había sido su peor partido, que lo vio muy parado. Y creo que ése fue el análisis de muchos. Sin embargo yo creo que el primer tiempo de Messi tuvo ciertos pasajes geniales, que fueron los que terminaron otorgándole el triunfo a la Selección. Si es verdad que estaba físicamente en default no me di cuenta y convirtió el defecto en virtud. El resto esta vez fue mental. Messi jugó un partido muy inteligente que hubiese sido coronado con el gol que le atajó su arquero enemigo. En vez de desequilibrar a través de la gambeta o el pique veloz que lo hizo famoso, se dedicó a bochinearla, manejando los tiempo del partido y quitándole a los belgas la oportunidad de imponer el ritmo vertiginoso que tan bien les sienta, lo que hubiese sido lapidario para la Selección, que ya demostró que se siente más cómoda cuando el trámite es lento y tiene espacio para tocar hacia los laterales mientras el rival se duerme. El rodeo que hizo antes del gol de Higuaín fue una de las cosas más extrañas y maravillosas que vi en un partido. Por último me gustaría subrayar otro aspecto: se advirtió claramente el miedo al ridículo que tenían los belgas cuando lo iban a marcar.

En líneas generales, da toda la impresión de que Sabella prefiere ganar por puntos aunque supuestamente tiene jugadores para hacerlo por nocaut. Que el reemplazante de Di María haya sido Enzo Pérez, en vez de Ricky Álvarez, es un signo fácilmente interpretable. Como sucedía con el kirchnerismo, más que por sus características, uno se alinea con Sabella por los defectos de sus enemigos. Con el equipo clasificado a semifinales después de 24 años la discusión sobre las formas quedará para la posteridad. A pesar de cierta excesiva cautela, Argentina fue evolucionando con el transcurrir de los partidos y, sin deslumbrar, pero al revés que en los anteriores Mundiales, el de cuartos de final fue un equipo superior al del primer o segundo partido del Grupo. Los ingresados respondieron a las expectativas. Basanta no tuvo tanta proyección como Rojo, pero hizo todo lo que puede hacer un central al que ponen a jugar de lateral. Más allá de los buenos rendimientos de Demichelis y Biglia, habría que empezar a rescatar a Garay, uno de los jugadores menos marketineros y más regulares del Torneo. Como el equipo estuvo más ordenado, Mascherano no se lució tanto. Lavezzi se sacrificó bastante, pero no termina de convencer esa obsesión de los de DT por poner delanteros jugando de mediocampistas. Romero no tuvo casi ninguna exigencia concreta, pero en el Primer Tiempo creo que abusó del pelotazo a la bartola. Higuaín, un jugador del que cada vez esperábamos menos, la rompió y fue el factor sorpresivo del equipo, sacándole la presión a Messi de ser el único encargado de inyectarle juego a un equipo que a veces se olvida de la idea más sencilla e implacable del fútbol: pasársela a un compañero.

Los Mundiales suelen convertirnos en propagadores seriales de nacionalismo barato. Pero en Brasil 2014 se sumó otro ingrediente espantoso: el tufillo católico apostólico romano de los que además de alentar al equipo, en broma o en serio, se dedican a suponer (con Fantino y su desquicio medieval a la cabeza) que detrás de todo está la mano sagrada de Francisco I. Y el cóctel entre nacionalismo e Iglesia, como todos sabemos en este país, es mortal. Yo soy argentino y vos sos brasilero. Yo tengo aguante y vos no te la bancás. Ese tipo de silogismo llega a su punto más absurdo cuando se manifiesta: Yo tengo un Papa y vos no. Es como si la tan criticada dialéctica barrabrava hubiese colonizado nuestra subjetividad y de pronto que los estadios de Brasil estén copados por ciudadanos argentinos que gritan y cantan tuviera alguna importancia. Mientras veo a Holanda resignarse al alargue, pienso que uno no puede aspirar a detener estas escaladas de irracionalidad, pero siempre es saludable mantenerse al margen y manifestarse en contra.    


martes, 1 de julio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Suiza


Las preguntas insondables son miles. ¿Cuánto dura un instante? ¿Y un momento? ¿Por qué las mujeres guardan bolsas? ¿Y de dónde sacan la gran bolsa que contiene a todas las demás bolsas? ¿Por qué Palacio mantiene su mechón de pelo atado en la nuca? ¿Adónde van los patos cuando llega el invierno? ¿Adónde van a parar los fixtures cuando termina el Mundial? ¿Por qué vomita Messi? ¿Y por qué no vomita cuando no vomita? ¿Por qué gran parte de la población desea volver a la Edad Media y cree que Argentina avanza en el Mundial gracias al Papa? ¿Por qué Sabella nunca tuvo el decoro de presentarnos a Biglia? Y la gran pregunta: ¿quién hubiese creído que en cuartos de final íbamos a extrañar a Marcos Rojo?

En el primer tiempo Suiza manejó el partido sin tener la pelota. Tanto es así que la figura fue Romero. Es verdad que las dos líneas de 4 recordaron a los iraníes (la camiseta roja también ayudó un poco), pero tenían a Shaqiri tirando fantasías y un equipo con experiencia y roce internacional que se fue agrandando mientras Argentina no se decidía a empezar a jugar. Es que los de Sabella tenían un dominio estéril del balón, acaso estúpido además de estéril, ya que en dos ocasiones los suizos estuvieron a punto de ponerse en ventaja. Higuaín estaba desconectado, Messi desaparecido, Gago naufragaba y Federico Fernández, con esa pinta de ser el tipo que muere primero en la película de terror, transmitía menos seguridad que la Bonaerense. Lavezzi, por su parte, demostraba que no se puede ser sex symbol y jugador de fútbol al mismo tiempo. En el complemento se vio el mejor funcionamiento de la Selección desde que empezó el Mundial. Subió de nivel Gago (y justamente por eso se notó lo bajo que estuvo en el primer tiempo), hubo juego asociado entre los de arriba y Messi cambió el chip, amagando con hacer el segundo gol de Maradona a los ingleses cada 7 minutos. Zabaleta y Garay también aportaron lo suyo. Sin embargo, la explicación de la victoria la tienen Rojo, Mascherano y Di María, probablemente los tres últimos jugadores argentinos vivos de la historia, que mostraron el camino con actitud y atrevimiento.

El alargue, con una primera parte desconcertante (físicamente el equipo estaba nocaut), demostró que la Selección no alcanza a consolidarse y siempre está al borde de la cornisa, lo que le da a su participación en el Mundial un toque de suspenso inquietante. Es verdad que el "Ole" infundado de los brasileños le imprimió al encuentro una sensación de exagerado dramatismo, pero si se puede sacar una conclusión de estas dos semanas es que aunque hubo cierta evolución palpable de un partido a otro, las intermitencias de algunas de las individualidades atentan contra la posibilidad de que el equipo no sufra. Nada que no haya pasado antes, ya que desde que tengo uso de razón, Argentina siempre juega mal en los Mundiales. Tanto es así que después de Italia 90 se hizo un culto del "jugar mal", como si la suma de los desacoples defensivos, los mediocampistas desperdigados por ahí y los atacantes aislados no fueran datos preocupantes, ¡sino más bien lo esencial y necesario para llegar a una final! Un dato positivo es que los jugadores que entraron, a pesar de no romperla, estuvieron a la altura de las expectativas. Palacio robó la pelota del gol y Biglia aportó claridad en los pases. Basanta, por su parte, no hizo goles en contra.   


El próximo rival, Bélgica, fue considerado como una de las grandes revelaciones del Mundial, incluso antes de que empiece. La Primera Ronda, bastante floja, hizo suponer que estaban más sobrevalorados que Arcade Fire y Sofía Coppola juntos. El 2 a 1 contra Estados Unidos parece un resultado magro, más si tenemos en cuenta que los de Klinsmann (que a veces no saben si juegan al fútbol o al soccer) estuvieron a punto de empatar en los últimos minutos. Sin embargo se trató del mejor partido de Bélgica y no ganaron por goleada en los 90 minutos porque Howard, el arquero yanqui, fue uno de los mejores de la Copa. Bélgica es un equipo serio, con un par de jugadores temibles (Hazard, Lukaku) y esa disciplina europea de juego en bloque que tanto envidiamos. En fin, una buena oportunidad para saber definitivamente si la Selección es un equipo de cuartos de final (como viene ocurriendo desde hace mucho) o está para más.                

domingo, 29 de junio de 2014

Bo' Caníbal

La idea que subyace detrás del SuárezGate es conocida: el fútbol como continuación de la guerra por otros medios. Antes, buena parte de la energía humana se canalizaba en la adhesión a ideologías o religiones que terminaban creando dogmas peligrosos que desembocaban en conflictos bélicos. De un tiempo a esta parte ese mismo espíritu de confrontación se trasladó al fútbol, un espectáculo de resonancia masiva que genera millones de dólares, se apropia del público y no provoca tantas muertes como Vietnam. Por esa misma razón, antes del partido entre Argentina e Inglaterra en el 86, Jorge Valdano dijo algo genial: "Este es el partido perfecto para que se confundan los imbéciles".

Cuando Maradona fue suspendido en el 94 yo tenía diez años. Recuerdo el día en que se dio a conocer la noticia. Al apagarse las luces de mi habitación, yo no cerré los ojos ni pude dormir: me quedé despierto toda la noche pensando en Maradona, en la Selección, en cómo, de un segundo a otro, podían hacerse pedazos todos los sueños que yo había craneado alrededor del Mundial. En ese momento, el apartheid, la dictadura militar, el genocidio armenio y el Holocausto me parecían estupideces al lado de la injusticia mayor: que la FIFA no dejara jugar a Maradona por tomar Efedrina. 

miércoles, 25 de junio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Nigeria


-Esto en realidad era un comentario al post anterior.

-Y se nota.

-Vindicación de Rojo.

-Se impone Lavezzi como nuevo jugador del pueblo, reemplazante de Agüero y gran comediante.

-El escándalo que provoca en algunos la broma de Lavezzi a Sabella pone de manifiesto el exagerado nivel de seriedad con el que a veces analizamos el fútbol.

-El fútbol es un deporte, devenido en espectáculo y negocio, a través del cual proyectamos nuestras frustraciones con tal de no enfrentar el drama y el absurdo de nuestra propia vida. Lavezzi es consciente de esta farsa y roció a Sabella ante las cámaras de modo tal que las gotas no sólo cayeron sobre el rostro del DT sino también sobre todos los espectadores que, sorprendidos, observábamos la escena. El objetivo, obvio: un despertar cósmico y existencial que aleja a la Humanidad de la insignificancia y la vuelve a conectar con su esencia.

-En caso de que Lavezzi no haya pensado todo esto, estamos ante un peligroso psicópata. Y por eso mismo tiene que jugar de titular.

-Fíjense quiénes ganaron Mundiales en Argentina: Maradona, Pasarella, Ruggeri, Bilardo. Todos psicópatas.  

-Según las novedosas estadísticas de la FIFA los jugadores psicópatas tienen un 85 por ciento más de posibilidades de ganar un Mundial que los que no muerden rivales ni tiran agua en la cara a sus técnicos. 

-Otras estadísticas de la FIFA arrojan datos sorprendentes: Basanta fue convocado por Sabella; Gago e Higuaín no estarían existiendo; si Rojo hace otro gol es el fin del mundo; los nigerianos nunca son tan buenos como se supone.    

-Contra un equipo profesional y más armado en defensa, este partido sale 9 a 3.

-Fue como un partido de la era Maradona.

-Un día habrá que decir que la Selección de Sabella no juega muy distinto a la Selección de Maradona.

-Mascherano hace el trabajo que en otros equipos realizan 3 o 4 jugadores que conforman el "mediocampo".

-El mediocampo es una idea que, misteriosamente, los últimos técnicos de la Selección Argentina han desterrado.

-Cuando los técnicos de la Selección Argentina vuelvan a creer en la existencia del mediocampo, las cosas van a mejorar un poco.

-Otro concepto olvidado: defensa. Son cuatro tipos, generalmente rústicos y descerebrados, que saben cabecear y le pegan para arriba cuando hace falta. Algunos más evolucionados pasan la mitad de cancha, vuelven en los ataques, tiran centros, hablan dos idiomas, hacen goles y se llaman Roberto Carlos o Cafú. 

-La salida de Messi fue una apuesta interesante de Sabella para comprobar si atrás del 10 había un equipo. Los resultados fueron evidentes: a partir del momento en que salió Messi, al "equipo" no le quedó otra que pinchar el partido mientras Di María y Lavezzi se la pasaban como si estuvieran jugando un Solteros vs. Casados en HD. 

-Se avecina Suiza, el país con mejores relojes, chocolates y suicidas del mundo. O sea que manejan el tiempo, el deseo y la muerte como nadie. De temer.  

-Sayonara. 

domingo, 22 de junio de 2014

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Irán

Para BC.

1) Hay muchos temas depresivos de Radiohead, pero hay uno que es especialmente depresivo. Al contrario de lo que se piensa, en vez de promover el suicidio, los temas depresivos lo previenen, ya que le otorgan un respaldo anímico a quienes están pasando un periodo oscuro. Uno de los mejores es "How to Disappear Completely" y pertenece a Kid A, el disco rupturista que la banda sacó cuando a Thom Yorke le empezó a molestar ser considerado el mejor del Planeta. A veces lo veo a Messi y me recuerda a ese tema y a Thom Yorke: porque le molesta ser considerado el mejor del Planeta y porque es un tipo que sabe cómo desaparecer completamente. En determinado momento del Segundo Tiempo Messi devolvió una pelota y, mientras el ataque continuaba a escasos metros pero en otro sector de la cancha, se quedó mirando el suelo y caminando lentamente en diagonal hacia la nada. Pero a diferencia de otros partidos en los que, finalmente, nunca despertaba, aunque sea contra Bosnia e Irán, demostró que en el fondo siempre le quedará un bonus track. Que no corresponde a su desempeño actual o a una evolución del juego en equipo o a un proceso épico estilo Suárez, sino más bien a su anárquica e imprevisible individualidad. Entonces esos paseos de flaneur melancólico se transforman en un espacio de meditación en el que en realidad Messi se estaba preguntando cuál era la mejor manera de marcar un gol. Es como si el don de Messi tuviese el funcionamiento del famoso látigo de Capote en el Prefacio de Música para camaleones: cuando no hace que sucedan genialidades, sólo sirve para autoflagelarse.

2) Irán, por su parte, planteó muy bien el partido. Irán no es Camerún, un equipo débil, que defiende como un metegol oxidado y con jugadores que se boxean en pleno partido. Irán fue un rival esforzado, que en el conocimiento de sus propias limitaciones tuvo su mayor virtud y su mayor defecto, ya que cuando Argentina empezó a decaer, no tuvo la audacia ni los recursos necesarios para pasar al frente y ganarlo. Aunque tampoco estuvo tan lejos.

3) Exceptuando el 2002, es recurrente que la Selección gane y guste en los segundos partidos de la Primera Ronda: Jamaica, Serbia y Montenegro, Corea. A partir de ahí, envuelto en una vorágine de triunfalismo barato y chauvinismo ortodoxo, el equipo declina y pierde en el primer cruce con un rival importante. Este comienzo errático del equipo de Sabella, claramente, es malo a corto plazo pero tal vez sea la introducción necesaria para que el equipo alcance su máximo nivel más adelante, en esos tramos del Mundial en los que desde hace bastante tiempo no pegamos pie con bola. Por lo pronto el gol de Messi tapa el sol con la mano, pero mientras se siga dependiendo de ese segundo de inspiración, la idea de equipo es un concepto utópico.

4) Desde un punto de vista más optimista y absurdo, los tres puntos adquieren otro valor. Observando algunos resultados, podríamos suponer que los últimos coletazos de la globalización han producido una discontinuidad en el habitual desarrollo de los mundiales. Es algo que se venía gestando desde hace rato, pero recién en Brasil se materializa con claridad. De la misma forma que las oficinas de Google de Buenos Aires hacen más o menos lo mismo que las de Nueva York, ahora, con el crecimiento de la FIFA como corporación multinacional capaz de implantar el virus del fútbol en cualquier lugar, hasta los equipos sin una tradición contundente han adoptado un nivel de disciplina y orden táctico que les permite pelear mano a mano con las grandes potencias venidas a menos. Argentina, encima, parece estar llevándose todas las materias a marzo: el cuerpo técnico no diseña un sistema coherente, las estrellas parecen estar atravesando un bajón, el periodismo aprovecha para inventar internas y en el banco no hay un relevo lo suficientemente determinante y sorpresivo para cambiarle la cara al equipo. De la forma en que entró, parece imposible que Augusto Fernández vaya a jugar alguna vez. Maximiliano Rodríguez, que podía aportar una propuesta diferente al mediocampo, fue incinerado contra Bosnia. 
 
5) Por otro lado, creo que a muchos argentinos que le piden que cante el himno cuando no hay nada para cantar, les falta entender a Messi como lo que realmente es. En ese sentido, y no en otro, es el significante al que equivocadamente le pusieron el significado Maradona. Messi no es líder, no se carga el equipo al hombro, elude la demanda simbólica del número de su camiseta, a veces ni siquiera necesita mezclarse con el resto de sus compañeros, simplemente irrumpe y la manda a guardar. Creo que la distancia entre Messi y Maradona es la medida del malestar que genera la Selección. En otro momento, el lugar de Messi fue ocupado por Riquelme u Ortega. Hay que dejar de esperar que Messi sea gravitante durante todo el partido y que su presencia en la cancha sea como las huellas de Godzilla sobre los edificios aplastados. Messi es otro tipo de jugador, desconcertante y políticamente incorrecto para los cánones del fútbol histórico, pero con la escalofriante condición de quienes han sido llamados a cerrar culos en este mundo.


6) También está la explicación sencilla: Messi es un crack con grandes lagunas. Pero eso sí que sería aburrido.  

lunes, 16 de junio de 2014

Macaya lo hizo de nuevo


El Mundial no arranca con el primer partido ni con el sorteo de los equipos en diciembre ni con la presentación de Fútbol para todos (una joya del humor absurdo), sino con el momento exacto en el que nos empezamos a sentir en medio de un huracán repleto de imágenes e información:

los 25000 pases perfectos de Pirlo;

la deplorable poética de barrabrava cursi del Pollo Vignolo;

los móviles con periodistas sospechosamente analfabetos que terminan con el sospechosamente analfabeto saltando y gritando como los demás naturalmente analfabetos que lo rodean;

los comentarios siempre inaudibles de Macaya Marquez (y cuando audibles demasiado obvios al punto de que si tenemos a alguien cerca le preguntamos: "¿este tipo dijo que el partido está uno a cero porque un equipo hizo un gol y el otro no?"), cuya voz siempre se escucha, en el 78 y el  2014, como si estuviera filtrada a través de los cables viejos de un portero eléctrico muy roto y uno supone que la industria de los avances en materia de Sonido debe ver a Macaya Márquez como su súper villano y que cuando Macaya comenzó a esbozar su primer comentario en este Mundial sin que se entendiera absolutamente nada, exclamaron: "Maldita sea, Macaya lo hizo de nuevo";

la cara de Di María, cada vez más parecido a Franz Kafka;

el balbuceo eterno de Maradona en De Zurda, me da mucha curiosidad saber si Maradona va a completar una frase, si alguna vez llegará a ese predicado, ¿no?, ese momento genial, obvio y necesario, en el que una frase se completa y entendemos el sentido de lo que se quería decir, ese pasaje de la comprensión que Maradona reivindica a través de su total ausencia en el discurso. Maradona es un holograma de Maradona que se queda trabado en una escena memorable de la cada vez más estelar novela de ciencia ficción del Mundial que en vez de llamarse Hola América, se llama Hola Argentina y nunca fue escrita por quien debió haber sido el James Ballard argentino;

y la frutilla del postre: Messi. No hay un segundo en el que no pensemos en Messi. Messi es el murmullo de fondo, la banda de sonido de cualquier pensamiento. Uno puede estar leyendo la Dialéctica del Iluminismo. Uno puede estar preocupado por el concepto de Dasein. No importa. Paralelamente soporta el asedio de una mini tribuna cerebral, compuesta por pequeños enanos hijos de puta, supongo que se trata de bacterias de la mente con la cara de Messi en una propaganda de jabón en polvo, que gritan, por supuesto, "Messi, Messi, Messi". Messi como la frutilla del postre del Barcelona. Ese toqueteo aparentemente estéril, aburrido, lateral/ estilo Valderrama en la era Y2K, eso durante bastante tiempo y de repente la toca Messi y acelera la gramática del partido hasta llegar a una velocidad y precisión imposibles de soportar para un jugador normal. Resultado: gol de Messi, otro record de Messi (ahora ese tipo de noticia fue reemplazada por Otro gesto del Papa), nuevo campeonato de Messi, Messi ya se consagró como el goleador histórico del Barcelona, Messi ya ganó sesenta veces el Balón de Oro, Messi ya es padre, Messi ya puede votar, Messi ya puede volar, Messi ya es el primer hombre inmortal de la historia del Planeta, Messi ya vomita. Quizás estemos siendo testigos del instante en que Messi entra por fin en su etapa Maradona, es decir, estamos por presenciar el dramático y cinematográfico momento en el que a un hombre le explota la cabeza. Tal vez literalmente. En fin. Sin un sistema que lo respalde, Messi es la frutilla sin postre. Pensemos en la pieza más cara del motor, la pieza importada, la pieza que provoca duelos entre los grandes cuadros de los piratas del asfalto. Pero está suelta.


Ayer muchos gritamos por primera vez un gol de Messi. Seguramente quienes lo adoran o lo odian con convicciones dogmáticas no lo entiendan, pero hay otra corriente, una tercera posición, que vendría a ser como la socialdemocracia frente a dos formas de extrema derecha, que respeta y estima a Messi como jugador, que alguna vez defendió a Messi ante un cuñado que le caía mal, pero que llegado el punto no se desvive por Messi, ni mira goles de Messi por YouTube, ni le prestó mucha atención al Barcelona. A veces creo que Messi es un significante al que le confundieron el significado.     

domingo, 15 de junio de 2014

Me gusta el juego de Sabella pero prefiero el fútbol


Sabella ya había gambeteado el sentido común en su convocatoria, cuando priorizó el grupo humano (a través de la elección de algunos de sus pollos picapiedras) y la buena nueva de los "volantes mixtos", esa variante de mediocampistas que hasta hace poco se llamaban polifuncionales. La formación titular ante Bosnia también fue sorpresiva. Quienes nunca congeniamos del todo con Sabella preferimos el silencio: detrás de la acumulación de defensores, Pachorra tal vez tuviese un plan maestro para ganar el Mundial. A los pocos minutos de comenzado el encuentro, incluso ganando 1 a 0, los 5 defensores no sólo eran anti-estéticos e innecesarios sino que se transformaron en una invitación para que los bosnios hicieran lo que se les cantara. La complicada ingeniería táctica de Sabella se revelaba como lo que realmente era: pasársela a Messi y ver qué onda. Y Messi no tenía onda. Bajoneado como en sus peores partidos de la Copa América 2011, asfixiado por la presión simbólica de los hinchas argentinos y la presión física de los roperos bosnios, a la tercera pelota que perdió sufrió un evidente bajón emocional y se perdió en su trip. Argentina ganaba y era probable que los bosnios no hicieran un gol ni aunque el partido durara diez años, pero la depre de Messi pronosticaba un Mundial tenebroso y agitaba los fantasmas del pasado.

En el S.T Sabella recuperó el conocimiento e hizo lo que debería haber hecho desde el principio. La presencia de Gago (la figura) resultó una inyección de ánimo y voluntad para Messi, que al rato empezó a desequilibrar como en la pantalla de la Play. Los impactantes bosnios en realidad eran unos lungos que se chocaban entre sí, atónitos ante las maniobras de Messi, que llegó a realizar el gol de siempre, el calcado, ese que hizo mil veces en Barcelona y en la Selección le cuesta tanto. Exceptuando a Zabaleta y Mascherano, el desempeño de los jugadores argentinos fue muy irregular. 

La experiencia mundialista nos dice que la Primera Ronda no cuenta mucho y que el porvenir de un equipo, por más que empiece con el pie izquierdo, es insondable. Allí está la hazaña de Italia 90. O el descreimiento generalizado antes del 86. Y toda una serie de anécdotas que alimentan el mito del equipo herido y el DT desprestigiado que saca pecho en las malas. Aunque la mejoría en el S.T fue evidente, observando cómo juegan algunos equipos, el partido de Argentina fue un tanto preocupante. Y no me refiero al juego de candidatos como Inglaterra, Holanda o Italia, sino a Suiza, un probable rival de octavos de final, que se mueve en bloque y con velocidad, como si sus jugadores fueran piezas de ajedrez eléctricas y habilidosas. Ante esos tipos, todo indicaría que el tiki tiki, el pastoreo frugal de Gago y Messi no va alcanzar.


Siguiendo las enseñanzas positivistas de Comte, la bandera de Brasil implora por el orden y el progreso. Justamente eso que le faltó a la Selección para estar a la altura de esta Copa del Mundo. Sabella tiene el crédito abierto porque todavía no pasó nada, pero, como dirían en mi barrio, hoy bardeó mal.            

sábado, 14 de junio de 2014

El Mundial es una excusa para llegar a Pirlo

En la novela de ciencia ficción del Mundial Pirlo es el tipo con súper poderes que sabe lo que va a pasar cinco segundos antes que todos. Su condición de errante viajero de los mares del Tiempo, condenado a navegar en una sintonía distinta a la suya, se ve reflejada en su look. No cuesta mucho ver a Pirlo como el bohemio de pelo mojado que se acaba de levantar de la siesta de los 60' y observa que el mundo fue invadido por una legión de pelicortos musculosos, con caras de patovica y ánimo deshumanizador. Si esto fuera un trabajo práctico de Letras yo diría que Pirlo obtura algo, pero esto no es un trabajo práctico de Letras, es algo peor, es un párrafo que dice que Pirlo es, probablemente, lo más, que tal vez el Mundial sea una excusa para llegar a Pirlo. Si alguien que nunca vio a jugar a Pirlo leyera esto deberíamos explicar que Pirlo se estaciona, casi literalmente, en algún sector ofensivo de la cancha, pero no lo bastante ofensivo como para que el resto de los jugadores se de cuenta, más bien el sector ofensivo es tal cuando él lo habita. Y desde ahí, con una engañosa economía de recursos (a lo Bochini o Gallardo o Riquelme), permite que sus compañeros se luzcan más que él, aunque siempre queda la sensación de que si no fuera por Pirlo, nada hermoso hubiese sucedido.

De entrada comenzaron a pasar cosas raras: los brasileros amaban a los argentinos, no querían que se juegue el Mundial y la inauguración duró 25 minutos. El gol de Croacia rubricó las sospechas. Eso que por costumbre y redundancia ya parecía una noticia vieja (el triunfo por goleada de Brasil y el desarrollo de otra aburrida primera ronda) se convirtió en un partido incierto, en el que Croacia hizo gala de su prolijidad europea y demostró que los laterales brasileros, cuando no vuelven, son el reverso perfecto de los laterales argentinos. Con la multiplicación de goleadas y el partidazo de Inglaterra e Italia daría la sensación de que el Mundial, que había corrido el riesgo de ser un fraude por cuestiones políticas, se reivindica a través del fútbol, ese deporte olvidado entre tres importantes Abanderados del Mal:
1) el protagonismo desmedido de los periodistas;
2) la sobre información: ¿era necesario enterarse de la muerte del cuñado y el sobrino de Scolari?;
3) el fervor por los insoportables análisis de los arbitrajes, donde el comentario sobre un partido se convierte en una discusión de cincuenta minutos sobre el off side virtual de un jugador cinco centímetros por delante de la línea del último jugador.   


Durante los noventa existieron los alternativos, unos tipos que no se vestían como los demás y escuchaban otra música y tenían otros gustos y parecía que sabían más que nosotros si no fuera porque su desarrollo como seres humanos sólo llegó a convertirlos en excelentes presentadores de MTV. ¡Los alternativos!, su sola mención evoca la elegía de una raza nueva que debería haber traído al mundo la sofisticación total pero se quedó a mitad de camino por tener esa pinta de cartucho barato de impresora. Ayer miraba jugar a los holandeses y pensé en los alternativos. Incluso no cuesta mucho leer en los ojos de asesino serial de Arjen Robben la idea de una tercera posición entre Messi y Cristiano Ronaldo. Holanda como el eslabón perdido entre la Vieja Europa y el Nuevo Continente. Como un cóctel perfecto de táctica y desenvoltura. Pero que nunca sale campeón, aunque lo merezcan, aunque se conviertan en un equipo uruguayo como en el 2010, aunque son los inventores de un modo de jugar que atraviesa tan profunda y transversalmente la diacronía del fútbol que llega hasta el Barcelona. Creo que Holanda es un lugar en el que Marcelo Bielsa se sentiría bien. Rafael Bielsa, su hermano, también se sentiría bien en Holanda. En fin: daría la sensación de que hay gente que debería ser holandesa y nació en Argentina.