viernes, 21 de agosto de 2015

Adventure Time


¿Qué se hace cuando no se puede escribir? Se escribe sobre esa imposibilidad. ¿Y qué se hace cuando se puede escribir, en términos generales, pero no sobre lo que queremos escribir? Se escribe sobre por qué razón no podemos escribir sobre algo en específico. El primero que pensó esto (que hoy es una obviedad) no supo que estaba inventando la famosa meta-literatura. Es el Cristóbal Colón de la literatura.

La meta-literatura no sólo es un perro que se muerde la cola sino uno que también se cree genial por mordérsela.

Si pudiera escribir sobre Television creo que le dedicaría más espacio a Adventure (1978) que a Marquee Moon (1977), que siempre es una fija en las primeras posiciones de los desgastados rankings de la crítica de rock.

Es como dedicarle más espacio a Magical Mystery Tour que a Sgt. Peppers. Cosa que también haría pero sin creérmelo.  

Como tantos otros nacidos en los ochenta conocí a Television a principios del 2000 y a través de los Strokes. La referencia es bastante obvia pero nunca me pareció tan evidente como para considerarla un plagio. Strokes es pop incluso cuando quiere ser heavy. Television no es pop y no tiene necesidad de ser heavy. Creo que en los 90 no se hablaba mucho de Television. De hecho sacaron un discazo en el 92 (el tercero y último) y pasó sin pena ni gloria. Tal vez en otros lugares sí se hablaba pero en el Barrio Pueyrredón no. La zona de 39 y Polonia siempre fue reticente a Tom Verlaine.

De hecho Television forma parte de esa serie de grupos que a uno le gustaron antes de escucharlos, sólo con leer lo que Rosso tenía que decir sobre ellos. De hecho cuando escriba mi texto sobre Television voy a buscar la nota que Rosso escribió sobre ellos en Expreso Imaginario.

Una de las razones por las que no escribo sobre Television es porque me vería obligado, por razones de ética personal, a sugerir que en 1980 Almendra sonaba parecido a Television. Y estoy seguro de que solamente a mí me da esa sensación y no es cuestión de andar ventilando sensaciones porque sí. Además debería escuchar nuevamente El valle interior y todos sabemos que no se puede escuchar El valle interior sin repetir “Buen día, día de sol” eternamente hasta olvidar que esa canción forma parte de un disco llamado El valle interior.  

No quiero sonar paranoico con estas semejanzas arbitrarias pero la tapa de Almendra II y la de Marquee Moon siguen el clásico concepto rockero de flacos copados con ropa de feria americana que sólo le queda bien a ellos. 

¿Spinetta habrá escuchado Television? No lo sé. Pero a los Strokes sí los escuchó. El que sí escuchó a Television antes que nadie, por más que no les guste a quienes lo odian, es Charly. De hecho recuerdo mirar una Pelo de fines de los 70 en la librería de máxima seguridad El Atril en la que elegía como mejores discos del año Marquee Moon y uno de ¡María Elena Walsh! En su biografía Marchi dice que Charly siempre se compraba Marquee Moon porque lo perdía seguido. Uno de los pocos temas nuevos que Charly presentó después de Palito es un cover de “Venus”, el único ¿hit? de Television.

Si escribiera sobre Television por supuesto intentaría no terminar escribiendo sobre Charly y Spinetta.

Para describir a Television siempre se acostumbra a centrarse en las letras de Tom Verlaine y sus duetos/duelos en guitarra con Richard Lloyd, esos contrapuntos melódicos que suenan en cascada y le otorgan a sus canciones una fluidez muy agradable a los oídos. La música de Television generalmente es como un río que fluye. Para entender esto sin que suene tan ridículo como parece hay que escuchar un tema como “Days”. Por otro lado la cultura rock es casi enternecedora en su idea de que si un rockero le pone a un disco o se pone a sí mismo el apellido de un maldito, ya es poético o poeta. A partir de mañana me voy a llamar Martín Baudelaire así me respetan más en el barrio.

Hay algo muy atemporal en las canciones de Television. Supongo que en su adn se encuentra el germen de lo que se llamó rock alternativo a partir de los 90. Que hayan sido incluidos en el universo punk habla más del contexto que de su música en sí misma, que tenía un vuelo y una apertura que no renegaba del todo de la psicodelia y el rock progresivo. Es decir, Television no era, ni por asomo, un grupo de rock progresivo pero en su música se notaba que ya había existido esa corriente. En los demás grupos también se notaba pero por la negativa.

¿Por qué me gusta más Adventure que Marquee Moon? Bueno, si lo supiera podría escribir tranquilamente mi estúpido y sobre todo innecesario texto sobre Television. A simple vista parece la continuación natural y hasta demasiado previsible de Marquee Moon. Por lo menos así fue entendido en su momento. Pero a medida que lo escuchamos advertimos que ya no hay cierta aspereza sórdida en los climas que recrean las canciones: Adventure es un disco más luminoso. Digamos que Marquee Moon es para escuchar de noche y Adventure para escuchar de día (es por este tipo de consideraciones arbitrarias que no escribo sobre Television).

De lo único que estoy seguro es que si pudiera escribir sobre Television le dedicaría un gran párrafo a “Carried away”. Probablemente ese tema sea la razón por la cual prefiero Adventure a Marquee Moon. Si existen temas que pueden detener el tiempo o por lo menos hacernos ver la vida en cámara lenta, “Carried away” sería el ejemplo perfecto. Más que las famosas guitarras, lo que sobresale es la inclusión de teclados y sintetizadores que van salpicando la estructura garaje-rockera del grupo como si esa combinación de sonidos hubiera existido desde siempre. “Carried away” es un tema tranquilo, melancólico y extraño, como sólo “Dear Prudence” o “The tourist” pueden serlo.  

En YouTube el video de “Carried away” con mayor número de reproducciones tiene 41.105 visitas. Después hay uno con 327. El tercero tiene 196 y es el más curioso: está dedicado a la localidad de Gerli. “Carried away” avanza sobre fotos de Gerli. Hay un tema con el mismo nombre de una banda llamada Passion Pit con más de diez millones de visitas. The Kooks también tiene un tema llamado “Carried away” con más de 300.000 visitas. Bueno, hay decenas de canciones llamadas “Carried away” (una de Crosby, Still & Nash), todas con más reproducciones que la de Television.

¿Por qué las canciones que más nos gustan tienen tan pocas visitas en YouTube? ¿Cambia nuestra mirada sobre una canción si tiene menos reproducciones en YouTube? Y si cambia ¿es para mejor o para peor? ¿Creemos que cuantas menos reproducciones más inteligentes somos o más mala es la canción? ¿Somos tremendos esnobs por escuchar esa canción ignorada por el resto o los demás son tremendos boludos por no escuchar esa canción genial? ¿Acaso no somos tremendos esnobs y tremendos boludos al mismo tiempo? ¿Acaso los demás y nosotros no somos los mismos? ¿Acaso yo no soy el tremendo boludo para el esnob ajeno? ¿Acaso el esnob ajeno no es boludo para mí? ¿Y por qué escribo en plural si soy una sola persona? ¿Acaso creo que mis pensamientos pueden coincidir con quienes me leen? ¿Y cómo sé que hay alguien que me lee? Alguien dirá: “a veces hay comentarios y las estadísticas del blog evidencian algunas visitas”, sin embargo ¿cómo sé que no soy el único hombre en un mundo de robots?, ¿cómo sé que no todo es un invento mío? En varias películas pasa eso, el protagonista cree que tiene, por decirlo de alguna manera, una estructura social que lo contiene y en realidad es un esquizofrénico que imaginó todo. Después le dan el Nobel de Matemáticas o se da cuenta de que Él era El Asesino o de que Él era un fucking Fantasma. Tal vez puede pasar que esto exista para todos, pero no como creemos, en un mundo tangible llamado Planeta Tierra, sino que simplemente nos encontramos atrapados en el sueño de un Dios inescrutable o acaso en la mente de un bebé. Tal vez las mentes de los bebés contengan galaxias enteras; aunque es imposible no preguntarse ahora si los bebés que forman parte de nuestra realidad a su vez contienen galaxias. Eso sería muy complicado de entender, incluso para mí que lo estoy imaginando. Tal vez somos personajes en la mente de un perro. Nadie sabe qué pasa en la cabeza de un perro, sólo sabemos que ven en blanco y negro y tienen muy sensibles los oídos.

Hay quienes consideran que Television es Tom Verlaine y quienes dicen que Television sin Richard Lloyd no es Television. Es una discusión dramática e interesante que sin dudas mencionaría en mi texto nunca escrito sobre Television. Pero ésa ya es otra historia.  


jueves, 6 de agosto de 2015

River Plate


Cuando River volvió de su temporada en el infierno, a mediados del 2012, la situación sólo se normalizó en el aspecto formal. El Club estaba en Primera División pero había sido afectado seriamente en su capital simbólico. Simplemente el descenso convertía todos los predicamentos históricos del Club en la nada absoluta. Desde el punto de vista racional no era así de ninguna manera pero la brutalidad con que pensamos el fútbol (en términos de vergüenza o poderío social) hacía imposible analizar con frialdad. Para evitar esa inquietante sensación de ya no ser, de casi convencerse de que lo mejor había quedado en el pasado, secretamente y con cierto pudor, los hinchas de River comenzamos a proyectar miles de escenarios que actuaban como reverso utópico y absoluto del 26 de junio del 2011.

Durante mi infancia y parte de mi adolescencia me acostumbré a ver equipos de River que deslumbraban. Y no hablo desde la evocación idealizada. Cada tanto miro esos mismos partidos en YouTube y Francescoli, Ortega, Gallardo, Salas, Aimar, Saviola, Almeyda, Crespo, Angel, Falcao, Mascherano, Cambiasso, Berti, Monserrat, Hernán Díaz y Astrada, entre otros cientos, son, algunos más, algunos menos, jugadores de fútbol extraordinarios. River goleaba de visitante, no perdía de local, ganaba campeonatos, generaba los mejores jugadores de la Selección. Perdía seguido con Boca, es cierto, pero nadie podía discutirme que yo era hincha del mejor equipo del país.

Además ser de River era pertenecer y ser conocedor de una historia puntual, con leyendas como La Máquina, el River de Labruna o del Bambino. También se sabía, a través de padres o tíos, que hubo dieciocho años en los que River no salió campeón. Esos años eran referidos con una mezcla de bronca y dignidad, es que el estoicismo del hincha de River se forjó en esos años. Para mi generación esos dieciocho años equivalen a la previa, el durante y el después de la B. Es como si para ser hincha de River hubiese que atravesar un periodo de oscuridad, lo que hace que todo sea un poco más espantoso pero mucho más épico, por supuesto.  

A mediados de los 2000 River comenzó a derrapar. Ni las dirigencias ni los técnicos ni los jugadores estaban a la altura de lo que se esperaba que fuese River. Ciclos accidentados como el de Merlo. Ciclos sospechosos como los del nuevo Passarella (que no perdió con Boca pero nunca funcionó en los partidos importantes). Ciclos absurdos como el de Simeone (campeón y al torneo siguiente último). Ciclos desastrosos como el de Gorosito. Ciclos tristes como el de Cappa. Ciclos llenos de resignación y angustia como el de J.J López. De la misma manera que la excepcionalidad me acostumbró por un tiempo al optimismo y la indiferencia (de hecho ya ni le daba mucha importancia al campeonato local), la mediocridad me condenó a suponer que River nunca iba a volver a ser lo que alguna vez fue cuando tenía 8 años y lloraba porque el Mencho Medina Bello se iba al Yokohama Marinos, equipo con el que jugaba al Goal 3 de Family Game.

Ahora valoro mucho más el Clausura de Ramón en el primer semestre del 2014. Fue el escalón necesario para lo que vendría después. Ya sé que esto parece un texto de autoayuda pero es lo que hay. Supongo que D’Onofrío no es Churchill y que con el tiempo las cosas suelen empeorar, pero al lado de Aguilar y Passarella se le parece bastante. Cuando llegó Gallardo había cierta incertidumbre pero el suyo es uno de los pocos casos en los que un mismo tipo es crack como jugador y como técnico, capaz de sacar de la galera a un jugador como Alario. O de bancar a Funes Mori cuando nadie más se lo bancaba. O de pedir un insólito minuto cuando los mexicanos nos estaban dando un pesto bárbaro. O de arriesgar ciegamente cuando todo indicaba regular. O de recurrir al pragmatismo y ser agresivo al borde del desborde emocional cuando la situación lo ameritaba.

De repente todo lo que pasa es fucking hermoso, como si el encargado de diseñar el mundo fuera Atilio Costa Febre. Es hermoso que uno de los encargados de manejar el fútbol sea Enzo Francescoli y no el Monje Negro. Eso hace pensar que si las cosas están hechas por buenas personas todo puede ir mejor. Es hermoso, una vez más, que Gallardo sea el técnico que saca campeón a River después de 19 años, porque no fue valorado en su momento y porque los bosteros finalmente no pudieron arruinarle la carrera. Se hizo justicia. Es hermoso que Sánchez y Ponzio, estandartes del ascenso y después maltratados, sean ahora estandartes de una Copa Libertadores de América. Es hermoso que Cavenaghi haya podido entrar y jugar unos minutos decisivos en la vuelta con Guaraní. Es hermoso que en un partido caótico y tenso a Vangioni justo se le ocurra hacer su mejor jugada en el año. Es hermoso pensar que Funes Mori hizo un gol en una final de Copa Libertadores. Es hermoso que el centro lo haya pateado Pisculichi. Es hermoso que llueva y sucedan cosas geniales.

Si alguno dudaba de la jerarquía de Tigres le recomiendo que vuelva a mirar el primer tiempo. Es verdad que la entrega de River fue gloriosa, pero así y todo los “mexicanos” supieron construir algunos circuitos de juego, especialmente cuando la tocaba el habilidoso Damm. El gol de Alario fue providencial. En el segundo tiempo Tigres se adelantó y River atravesó algunos instantes de flaqueza. Pero el segundo gol les cayó como un baldazo de agua fría y quedaron sin timón y en el delirio. A diferencia de Boca, Tigres respondió al juego brusco y al final terminó pegando más que River.

No hace falta decir que ese proyectado e imposible reverso del 26 de junio del 2011 sucedió recién. Ahora sí todo vuelve a estar en su lugar. Ya no hace ruido ese año en la B. De hecho hace falta para valorar, disfrutar y agradecer esto. River se reinventó y volvió recargado. Se plantó en canchas ajenas con una presencia anímica avasallante. Y los hinchas, de a poco, bajamos de nuestra torre de marfil y apreciamos ciertas características que antes nos hubiesen parecido ajenas.


Ahora me acuerdo un gol de Monserrat contra Rosario Central, en Arroyito. La pelota dobló en el aire y se metió en el arco. Me acuerdo de Javier Sodero con una gorra atajando un penal en la vieja Bombonera. Me acuerdo de un gol de chilena que no le cobraron a Berti contra Deportivo Español. Me acuerdo de un caño de Ortega contra Boca en el 2007. Me acuerdo una noche de sábado, en el 99, contra Estudiantes, en la que Aimar y Saviola lograron un nivel de asociación superlativo. Me acuerdo de un gol de tiro libre a Banfield del Muñeco Gallardo. Me acuerdo de Juanjo Borrelli y su extraña calidad. Me acuerdo de la firmeza de Celso Ayala y de Berizzo. Me acuerdo de Comizzo y su odio visceral a Boca, sintonizando una radio que le tiraron por la cabeza. Me acuerdo que en una nota de El Gráfico Juvenal decía que el secreto del fútbol era ir en diagonal como los árbitros y que eso lo había dicho Di Stefano. Me acuerdo del Chapa Zapata original. Me acuerdo de Juan Gómez, por ejemplo, campeón de la Libertadores del 96. Me acuerdo de una revista Goles con Ortega en la tapa, festejando su gol en el 3 a 0 a Boca del 94. Me acuerdo de Burgos parando una pelota con el codo. Me acuerdo de Salas haciéndole, creo, su primer o segundo gol, a Platense, en una goleada 4 a 1. Ahora me acuerdo de todo eso. Es como la escena malísima de la telenovela en la que Andrea del Boca recuperaba la memoria y de un segundo a otro recordaba todos los hits del amor con Gustavo Bermúdez. Es más o menos así. Abrazo de gol.     

sábado, 1 de agosto de 2015

Mac DeMarco


La pregunta es ¿hay que tomarse en serio a Mac DeMarco? O tal vez la pregunta sea: ¿hay que decir en voz alta que sabemos quién es Mac DeMarco? (Más si nos enteramos de su existencia dos o tres años después que el resto del mundo). Desde hace un lustro vengo notando cierto y marcado delay con respecto a eso de saber qué banda de niños británicos y/o “americanos” los tiene más bonitos y excéntricos y probablemente bixesuales y ecologistas. Todo esa tradición de la crítica de rock de hablar de un par de púberes con delirios de grandeza como si fueran Truman Capote (el cantante), Hemingway (el bajista), John Dos Passos (el baterista, claramente) y Norman Mailer (tecladista) me parece fascinante, pero ya no puedo pasar del texto a la obra. De todos modos esto forma parte de la historia del rock y no del rock propiamente dicho. Lo cierto es que DeMarco tiene 25 años y uno de sus tres discos, Salad Days,  la rompe. 

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Andrés Calamaro dijo alguna vez que a Beck era mejor mirarlo en los videos que escucharlo. Creo que está en la entrevista de Rolling Stone con la tapa blanco y negro. La idea es buena, independientemente que uno esté a favor o no de ella. La mención de esta frase en la época kirchnerista hubiese desatado una discusión de tres meses con gente a favor o en contra de Estados Unidos porque Beck es estadounidense y es capitalista y de hecho es un discípulo más de la Cienciología. Tal vez Tato Bores (inexplicablemente tratado como una persona real y no como un personaje) también hubiese formado parte del debate. En cambio, en la era Scioli, nada de esto pasa, todos se miran sin entender y no se sabe a ciencia cierta “qué demonios está ocurriendo”, como si se tratara de un cuento de Cheever con final abierto.

Pero si de Mac DeMarco se trata yo diría que es mejor escucharlo y no verlo ya que paralelo a su música Mac lleva una vida un tanto bizarra, como un mediático indie-canadiense capaz de hacer las más grandes payasadas para llamar la atención. Sólo hace falta ver sus videos (gore y glam artesanal en VHS) para que lo empecemos a mirar de reojo. Sería bueno que escuchar a un artista nuevo no conlleve todo este nivel de prejuicio, desconfianza y odio. En una palabra: rechazo. Pero la famosa cultura rock es una máquina de propagar estos hábitos. No mi culpa, es culpa de la Cultura Rock. Años leyendo notas sobre punk que arrancan en la era victoriana para contextualizar. Años yendo a céntricas y sórdidas galerías marplatenses a comprarme un casette con un recital de Los Redondos en GAP cuando era GO!

Oh, céntricas galerías marplatenses donde perdí mi adolescencia en rateadas matinales con gente que a los quince minutos volvía a su casa, confundida, entendiendo que no era tan bueno ratearse a las 7:15 AM en Mar del Plata y en invierno.

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Además de ser rubios y tener cara de colgados, DeMarco comparte con el primer Beck cierta frescura conceptual propia del solista posmoderno que aprovecha y se adapta a las condiciones de la época. La música de Beck explotaba emocionalmente el quiebre entre el sonido de las máquinas y el de los instrumentos tradicionales del rock. Cuando el mundo se fija en DeMarco la cuestión de las texturas y del avance de la tecnología en la cultura rock ya está zanjada por completo. DeMarco es un desprejuiciado, cuya mayor virtud es componer canciones en un registro que combina la consabida retromanía con cierta habilidad innata para hacer pop para departamentos. No es casual que el mismo DeMarco haya mencionado a Steely Dan como referencia musical. ¿Cuándo se puso de moda mencionar a Steely Dan en el mundo indie? Eso es muy bueno pero por supuesto nos lleva a sospechar muchas cosas.

DeMarco parece el bipolar con ínfulas artísticas que te parte la cabeza aunque no lo quieras. Como Roberto Bolaño dice que todos tuvieron un amigo llamado Jim, yo creo que todos conocimos alguna vez a una persona como Mac DeMarco, que antes de ser rock star trabajaba en la construcción de obras viales. Ahora YouTube cumple la función del amigo moderno que te recomendaba música del futuro.  

Creo que Beck y Mac DeMarco no tienen nada que ver. Esto de hacer una nota al pie de David Foster Wallace en medio de la reseña de un disco tiene sus riesgos. ¿Qué porcentaje de fans de Beck escuchan a Mac DeMarco? En caso de que tales fans existan, claro. ¿Cuánta gente se reuniría en el Obelisco si se juntaran todos los fans de Beck en Argentina? Alguien debería escribir sobre eso. Es más: alguien en algún lugar de Almagro tiene una beca y está estudiando eso. Sobre qué porcentaje de fanáticos de Pappo escuchó la obra de Spinetta. Y viceversa. Supongo que hay más fans de Spinetta que escucharon a Pappo que fans de Pappo que escucharon a Spinetta. Lo supongo pero no lo sé. Ahora bien: ¿para qué servirían esta clase de informes? Supongo que para aplacar o alimentar la neurosis de ciertas personas con intrigas socio culturales absurdas.  Por ejemplo yo conocí fans de Rata Blanca que escuchaban La máquina de hacer pájaros. Todos esos prejuiciosos y miserables que se dedican a elaborar escritos supuestamente sarcásticos sobre los fans del rock ¿en qué inexistente estereotipo ubicarían al que, aun creyendo en dragones, magos y gnomos también cree en Carlos Cutaia? Ni más ni menos: la respuesta está en la misma pregunta. Porque cree en Cutaia, “El Conde”, también cree en dragones, magos y gnomos.

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En fin. Su faceta de multi-instrumentista lo ubicó en la batalla épica del solista contemporáneo: grabar todos los instrumentos de un disco sin ayuda de nadie. Esto no garantiza ni justifica nada de Salad Days (2014) pero lo cierto es que sus canciones son tan amables y melancólicas que es muy difícil rechazarlo con énfasis. Por supuesto que el espíritu del disco recree esa decisión artesanal ayuda a que las cosas funcionen apropiadamente.

Es como si DeMarco, habitualmente asociado a The Modern Lovers (casi como Television a The Strokes), hubiese armado una ensalada en la que también suenan The Madcap Laughs, el Lennon del lost weekend y el Daniel Johnston psicodélico de It’s Spooky. DeMarco en realidad evoca muchos artistas. Pero es muy satisfactorio que además de su histrionismo tenga muy buenas canciones. “Passing out pieces” y “Chamber of reflection” son dos de los varios temas atractivos del disco. Como en el pop más comercial (que hasta hace poco hubiese costado admitir como algo valioso de los ochenta) las letras confesionales hacen cortocircuito con estructuras rítmicas que invitan a mover el pie.


Hace pocos días DeMarco sacó un mini LP pero yo prefiero seguir escuchando Salad Days hasta gastarlo. Si profundizamos en el contenido lírico podríamos decir que, como a todos los grandes compositores de rock, a DeMarco le falta hablar sobre algunas cuestiones con su mamá.  

martes, 21 de julio de 2015

Hablemos de Noah Baumbach


Supongo que la idea de “consumo irónico” se refiere a las personas que escuchan a Miguel Mateos o ven la versión argentina de Casados con hijos pero saben que la inteligentzia determinó que escuchar o ver eso está mal. La sola idea de un individuo que consume algo irónicamente me parece detestable.

Personalmente me avergüenza otro tipo de consumo y es algo así como el “consumo obvio”. Es decir lo que la inteligentzia determinó que estaba bien escuchar o ver. En música es muy fácil de señalar: Arcade Fire, Tame Impala, Daft Punk. Mi director favorito vivo forma parte de ese imaginario cool. Se llama Noah Baumbach y hace películas muy buenas. Incluso las que son menores tienen algo interesante.

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Todas las películas de Baumbach están protagonizadas por artistas (principalmente escritores, pero también hay músicos, documentalistas, actores, etc) lo que a simple vista convierte a su cine en un espectáculo para elites. No es que para ver una película haya que empatizar con sus personajes pero cierta intelectualidad neoyorquina superada hace doler los ojos. Sin embargo, a diferencia de Sofía Coppola, cuyos protagonistas viven experiencias que sólo le suceden a multimillonarios aburridos, a los personajes de Baumbach les pasan las mismas cosas que a todo el mundo. El tipo es un observador implacable de aquellas pequeñeces (miserables y adorables) que conforman la vida cotidiana. En su trabajo está muy presente la literatura, a través de las consabidas referencias a libros y escritores reales, pero también en la forma en que todo está pensado, con esos diálogos ingeniosos y esas escenas aparentemente digresivas que te hacen pensar que más que una película estamos ante una novela visual.

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Baumbach fue guionista de algunas películas de Wes Anderson y comparte con él cierto imaginario cultural evidente. Incluso hay quienes lo ven como una especie de continuador bobo de Anderson. Bueno, hay quienes ven a dos personas sentadas al lado y dan por sentado un montón de preconceptos. Tal vez los dos tipos estaban sentados al lado de pedo. Lo digo por quienes piensan que Bioy Casares es Borges. O que Fito Páez es Charly García.

La propuesta cinematográfica de Anderson hace muchísimo hincapié en lo estético y sus películas, más que novelas, son maravillosos cuadros donde la artificialidad, directamente, cumple el papel de la verosimilitud. Si a los demás directores les puede fallar el verosímil, a Anderson, en todo caso, le puede fallar el artificio. Todo lo contrario sucede con Baumbach que en sus mejores películas ejerce un realismo incómodo, al borde del feísmo. Sólo hace falta ver sus escenas de desnudos (el culo caído de Jack Black, las tetas naturales y la postura corporal de Greta Gerwig) para entender de qué estoy hablando.

Además lo de Anderson generalmente es bello, triste y un poco aburrido. Baumbach es sórdido, cínico y, aunque no te gusten, es muy difícil no entretenerse mirando sus películas. Lo que sí comparten es esa sensación de que sus películas a veces son pretextos para pasar buena música.

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Las dos últimas películas de Baumbach (Frances Ha, Mientras seamos jóvenes) actúan casi como frescos de época y profundizan en la sensibilidad deforme de los hipsters del nuevo milenio. De hecho su primera película, Kicking and Screaming (1995), hacía lo mismo pero con los hipsters de los 90. Claro que si antes la película no era más que un grupo de noventosos extremos deambulando por ahí ahora Baumbach sabe cómo dotar de movimientos y reacciones a personajes que antes sólo sabían hablar. ¡Hasta en esa evolución narrativa parece más un novelista que un director de cine formal!

Frances Ha parecía una ligera celebración del guetto hipster pero en realidad quería hablar de otra cosa. Es como si Baumbach captara ciertas patologías actuales, socialmente aceptadas, y las ubicara en sus películas con el ánimo de mostrarlas tal cual son para que terminen impactando, no por su rareza, sino por su cercanía. En ese caso se trataba de las amistades femeninas que hacen un culto de la personalidad excéntrica y de determinados ritos culturales. Coquetean con el lesbianismo (por supuesto sin practicarlo) hasta que una de las dos amigas consigue novio y la otra queda en Pampa y la vía. Baumbach es lapidario con sus personajes pero también los adora, por eso (y en esto sí se parece a Wes Anderson) a veces recuerda a Salinger.

Mientras seamos jóvenes ya es otra historia porque los protagonistas son una pareja de cuarentones modernos (Ben Stiller y Naomi Watts) que se están haciendo viejos. Sus mejores amigos tienen hijos y de repente se cruzan con una parejita de hipsters aparentemente divinos (Adam Driver y Amanda Seyfried). Andan en bici, coleccionan vinilos y hacen helado casero. Baumbach aprovecha para reírse del mundo geek pero también de la retromanía. Si en Frances Ha el estereotipo hipster era un boludo lookeado con información de último momento, acá Baumbach le hace mostrar los colmillos. En su crítica hacia las nuevas generaciones (por relativistas y esnobs) y la autocrítica hacia su propia generación X (por moralista y anacrónica) parecería que Baumbach se anula a sí mismo. Supongo que es el problema de la autoconsciencia: pasada de rosca desemboca en un nihilismo improductivo.

Un autoconsciente nihilista e improductivo preguntaría qué problema hay si algo es nihilista e improductivo.

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De las tres primeras películas de Baumbach sólo vi una, la mencionada Kicking and Screaming. Las otras dos son inconseguibles o no tienen subtítulos. De hecho es como si la carrera de Baumbach arrancara con la celebrada y genial Historias de Brooklyn (2005). (Otra vez la costumbre de los escritores de pensar su obra publicada no desde la primera sino por la que más les conviene). Margot y la boda es del 2007. A la distancia Greenberg (2010) se ve como una película de transición, el eslabón perdido entre la primera época y lo que vendría después. La utilización de Ben Stiller es similar a la que hizo Paul Thomas Anderson con Adam Sandler en Embriagado de amor.

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Pero ahora vayamos a la mejor película de Baumbach que, inexplicablemente, tardé ocho años en ver entera: Margot y la boda. Siempre la agarraba por la mitad en I-Sat pero no alcanzaba a entender muy bien lo que pasaba.

Entre paréntesis: tal vez la mejor sea Historias de Brooklyn, pero Margot y la boda es la que más me gusta. En sus mejores momentos verla es tan inquietante como espiar a través de la cerradura del baño. La estética de la intimidad que Baumbach ya había esbozado en Historias de Brooklyn funciona a la perfección.

Margot es Nicole Kidman, una escritora atormentada que viaja con su hijo púber-adolescente a la boda de su hermana Pauline, que se está por casar con su nuevo novio, interpretado por Jack Black. Lo que hace Nicole Kidman en esta película es escalofriante. Es una hija de puta tan monstruosa que uno se pregunta si Nicole no será así en la vida real. Empastillada y dura, va por ahí diciendo todo lo que no tiene que decir y mandándose cualquiera. Pero lo más atractivo es la fragilidad psicológica del personaje, que contradice su aparente crueldad. En una escena trepa a un árbol y después no sabe cómo mierda bajar. Es como Talita subida al tablón pasándole yerba al boludo de Oliveira.  

En este caso Baumbach parece interesado en esas relaciones enfermizas, al borde del incesto simbólico, entre madre e hijo. Hay una película mexicana reciente que se llama Club Sandwich y también trata de eso. De hecho algunas escenas son muy parecidas a las de Margot y la boda. En fin. Jack Black está perfecto en su rol de diletante deprimido porque a través de sus típicas payasadas descomprime la atmósfera tensa de la familia disfuncional.

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No tengo idea si será así o no, pero serviría al sentido del texto afirmar que Margot y la boda es la última película en la que Nicole Kidman puede expresarse naturalmente a través de sus facciones. Después su cara fue intervenida por ciertas cirugías plásticas que le dejaron el semblante detenido en el tiempo pero carente de vida. A pesar del auge del concepto de milf, Hollywood suele ser muy cruel con las actrices que envejecen e incluso aquellas que son muy bellas y talentosas sucumben a las cirugías. Supuestamente están mejorando su estética pero en realidad están atrofiando los instrumentos principales de un actor: la cara y el cuerpo. 

En Margot y la boda, gracias a su cara y a su cuerpo, Nicole Kidman logra algo extraordinario: el espectador no ve a un personaje sino a una mujer. 

miércoles, 15 de julio de 2015

Once minutos con tres segundos


“Union Sundown”. Así se llama la única canción de Dylan que menciona a la Argentina. La letra de la canción hace referencia a los productos extranjeros que invaden el Mercado yanqui y terminan por debilitar su Industria.  “El coche que conduzco es un Chevrolet”, canta Dylan, furioso, “ensamblado en la Argentina/ por un chico que gana treinta centavos al día”.

Esta canción puede servir para configurar al Dylan perdido que comenzó a asomar luego de sus discos cristianos. La conversión podrá haber sido inaceptable o insufrible pero al escuchar los discos se nota claramente que, más allá de los factores dogmáticos, Dylan ganó un nuevo enfoque que se tradujo en canciones llenas de energía y vitalidad. De hecho desembocó en otros rumbos para su música (su acercamiento al góspel y el reggae). Pasada la experiencia religiosa los discos de Dylan perdieron especificidad musical (suenan como la mayoría de los que se hicieron a mediados de los 80) y sus letras comenzaron a perder el brillo de otras épocas. La verdad es que escuchar a Dylan quejarse de las leyes de importación tendrá su costado bizarro y atractivo pero al rato se convierte en algo anecdótico y un poco vulgar.

Si sus proyectos con The Band y Mark Knopfler le habían servido para alterar positivamente su música sin perder la esencia, en los 80, la permanente relación con distintos productores y músicos terminó quitándole identidad a su música. “Union Sundwon” pertenece a Infidels (1983), que no es ni remotamente el peor disco de la década (de hecho es el más elogiado junto a Oh Mercy, del 89, sin dudas el mejor), pero el tema en particular anticipa cierto desnivel en la calidad compositiva de Dylan que se vio reflejado en los próximos discos. Infidels fue un intento decente y hasta entrañable por adaptar a Dylan, sin forzarlo desde la producción, al nuevo mundo: MTV, dictadura del pop, derrumbe de los valores de los 60 (que Dylan había derrumbado antes que nadie pero a su manera). “Jokerman”, el tema utilizado como corte, incluso tuvo su video, con Bob cantando adelante de un fondo negro, vestido con un saco color beige, mientras se sucedían imágenes que hacían alusión a la letra tal vez en forma muy directa. Cuando Dylan vio el video se preguntó si era necesario pagarle al director.

Si Slow train coming, Saved y Shot of love son la trilogía celestial, Empire Burlesque (1985), Knocked out loaded (1986) y Down in the groove (1988) son la trilogía infernal. Claro que esos mismos temas despojados de la atmosfera artificial de los ochenta seguramente habrían ganado en sustancia, pero pedirle a Dylan que además de ser un genio sea capaz de no ser contemporáneo de su época ya es demasiado.   

Centrarse en lo más flojo de la carrera de Dylan sería algo odioso aunque hay que aclarar que con el tiempo Dylan logra que sus discos malos sean resignificados como rarezas. ¿Cómo escuchar sino “When the night comes falling from the sky” (1985) o “Driftin’ too far frome shore” (1986)? Los dos temas sucumben a las profundidades del infierno ochentoso, sumergiendo a Dylan en las producciones clásicas de la época e intentando dotarlo de un sonido tecno bailable a través de coros femeninos, máquinas de ritmo y sintetizadores.    

Se destacan tres canciones en cada uno de los discos. Y que justamente esas canciones sean totalmente diferentes al resto de cada uno de los discos no hace más que comprobar, como diría Calamaro, el “rumbo errado”. La sencilla “Dark eyes”, de Empire Burlesque, con Dylan acompañándose solo con su guitarra y su armónica no sólo impulsa a la nostalgia por los viejos discos sino que también demuestra que aún en plenos 80’ a Dylan le alcanzaba con muy poco para seguir manteniéndose vigente. Bastante parecido es el caso de “Death is not the end”, de Down in the Groove, una balada folk de autoayuda imperativa (esta vez con percusión y coros femeninos).

Una de las características de estos discos es que Dylan empezó a grabar canciones ajenas y recurrió a otros compositores para armarlas a dúo (Tom Petty, Robert Hunter). La mejor de estas  creaciones conjuntas está en el tristemente célebre Knocked out loaded (probablemente el disco más criticado de Dylan y uno de los menos vendidos) y se llama “Brownsville Girl”, escrita a cuatro manos junto al escritor y actor Sam Shepard.

El tema dura once minutos con tres segundos y es un relato al estilo “Tangled up in blue” pero más extremo en su deriva narrativa. Hay que escuchar “Brownsville Girl” por lo menos una vez en la vida. Casi todos dirán:

-Ni en pedo escucho una canción de once minutos y tres segundos. No tengo once minutos y tres segundos para perder el tiempo, tengo que mirar la pantalla de mi celular, ver de qué están hablando en Twitter y fijarme qué siente Arruabarrena después de ganarle a Sarmiento.

Yo creo que nos hicieron creer que no tenemos tiempo para escuchar un tema de once minutos y tres segundos. Y no fueron ni Magnetto ni Cristina ni Macri aunque estoy seguro que Magnetto, Cristina y Macri creen que no tienen tiempo para escuchar un tema de once minutos con tres segundos. Once minutos y tres segundos dura un viaje en colectivo al laburo. De hecho once minutos y tres segundos pueden significar la cuarta parte de un viaje en colectivo al laburo. Once minutos y tres segundos es el tiempo que pasamos doblando la ropa que se secó en el tender. Once minutos y tres segundos pasan mientras no encontramos nada en la tele o en YouTube. Once minutos y tres segundos suceden todo el tiempo y nadie hace nada. Incluso no lo quería decir pero once minutos y tres segundos pasan mientras el hipotético lector lee esta porquería. Supongo que hay gente realmente atareada pero de hecho cualquier persona en el mundo que se conecta a Internet sin dudas tiene once minutos y tres segundos para llenar de sentido.  

En fin: Dylan y Shepard alternan los recuerdos de una película con Gregory Peck (sobre un tipo que atraviesa el desierto a caballo) con los flashbacks de un amor perdido. 

Sobre la creación del tema Shepard dijo que no se les ocurría nada hasta que Dylan dijo la frase con que después empezaría la canción: “Una vez estaba haciendo cola para ver una película con Gregory Peck”. A partir de ahí improvisaron la letra. Shepard se sorprendió por la facilidad con que Dylan craneaba metáforas y hacía cuadrar estrofas largas con la melodía. “Es extraño como las personas que sufren juntas/ tienen una relación más fuerte/ que las personas que viven felices” manda Dylan al final de la canción.

Hay un librito muy lindo de Shepard que se llama Crónicas de motel, una road movie escrita que funciona líricamente alrededor del paisaje del desierto texano. El libro tiene textos de diversa índole: relatos, crónicas, incluso hay poemas pero lo verdaderamente poético sucede cuando Shepard desgrana recuerdos de su infancia. A partir de ese libro a Win Wenders se le ocurrió París Texas.  No sé si eso es bueno o malo pero tenía que decirlo.

Después de esta trilogía involuntaria con momentos brillantes y de los otros,  Dylan comenzó su Gira Interminable y grabó Oh Mercy. Pero ésa es otra historia.

     

martes, 7 de julio de 2015

Viva Messi


No sé qué buscamos cuando vemos programas deportivos pero algo buscamos. Es como si TyC, Espn y Fox fueran canales de otro país paralelo llamado "Fútbol ajhfdjkldja" donde lo importante son cosas tales como: 
-saber qué sintió Bou al hacer un gol; 
-qué clase de lesión tiene Cubas; 
-por qué Gallardo no quiere a Cavenaghi; 
-por qué Daniel Osvaldo se peleó con Jimena Barón; 
-por qué Jimena Barón es igual a Gianinna Maradona. 

La mayor parte del tiempo hablan de eso. Y de árbitros.

Desde hace un tiempo, hay que decirlo, en los programas de fútbol también hablan de fútbol. El binomio Guardiola/Bielsa, como eje estético hegemónico, provocó una suerte de fervor táctico y las pantallas se llenaron de cuadros y gráficos que interpretan un partido como si fuera una clase de física cuántica.

¿Cuántas veces miró al suelo Messi durante la segunda parte del alargue? Creo que están a punto de hacer eso. El compilado de miradas al suelo. En fin. Ayer enganché uno de esos compilados y en este caso se trataba seguir, por supuesto, el partido de Messi contra Chile. El compilado, claro, apuntaba a confirmar la idea de que Messi jugó horriblemente mal. Pero las imágenes, en cambio, hacían pensar todo lo contrario. Me había pasado también el día de la final con Alemania, cuando vi el partido repetido a las doce de la noche.

Esta vez Messi fue literalmente cagado a patadas. No habrán sido faltas de lesa humanidad pero interfirieron constantemente en el progreso de su forma de juego. Esto es América, ya lo sé, lo decía Charly García hace veintitrés años. Cada vez que se sacaba un rival de encima le hacían falta de atrás, le agarraban la camiseta o le pegaban una patada en el estómago. La definición por penales ante Chile, con su posterior derrota, se explica por el partido de Argentina como equipo, no por Messi. Cualquiera que lo haya visto lo sabe.

Por mi indiferencia hacia el fútbol europeo durante un tiempo no pude desarrollar una admiración realmente genuina hacia Messi: eso sería como hablar de películas con sólo ver el tráiler. Aunque vi sus clásicos con el Real Madrid, sus finales de Champions, nunca me sentí verdaderamente llamado a esos eventos como si formaran parte de mi vida cotidiana. Así que mi admiración por Messi fue progresando muy de a poco, de a golpes. Fui muy lento al no haberlo visto antes. Soy como esa gente que se hizo kirchnerista en el 2014. ¡No! Era en el 2008. Y hasta agosto del 2010 más o menos. Después no daba. Así soy yo con Messi. Recuerdo haber escuchado hablar de él antes incluso del Mundial Sub 20 2005. Se trataba de un caso atípico y no terminaba de saber si era realmente argentino o español. Si había jugado en algún equipo de Primera.

Cuando empezó a jugar en la Selección Messi tenía algo especial. Era como el emperador bebé en la película de Bertolucci. No tenía cara de adolescente pícaro, como el Kun o Tevez. Tampoco era un nene de River a lo Higuaín. No. Era alguien que parecía estar atravesando la pubertad. Y fue muy expuesto, seguramente con su beneplácito, ¿por qué a quién no le gusta ser el mejor jugador del mundo?, pero tuvo que procesar demasiada información para llegar a ser esa extraña máquina humana.

Fue hace muy poco que me di cuenta de que miraba los partidos de la Selección para ver a Messi. Directamente así. Cada vez que el tipo toca la pelota uno siente que va a pasar algo sorprendente. Y pasa muy seguido. Es genial cuando se escabulle como un pequeño roedor entre defensores que ante él parecen cavernícolas, gente idiota que se choca entre sí y no sabe en qué cancha está. Ver a Messi ya es un retribución. Todo lo demás es yapa. Me pasó con Ortega. Me pasó con Riquelme. Me pasó con Aimar. Y ahora me pasa con Messi. No estoy poniendo a estos jugadores en una misma serie, estoy ejerciendo la estúpida subjetividad contemporánea que supone que contar lo que a uno le parece puede resultarle interesante o ¿necesario? a alguien (probablemente a la misma persona que ejerce su estúpida subjetividad).

Messi tiene otra velocidad, otro panorama, otra forma de pegarle a la pelota, otra forma de vivir los partidos. Es un jugador diferente, en el sentido real, positivo y superador del término. Cuando ya no juegue el fútbol argentino va a ser un desierto.    

sábado, 4 de julio de 2015

Perdedores hermosos


La final fue decepcionante en varios aspectos. Argentina jugó su peor partido frente al rival que mayores virtudes había mostrado en la Copa. Dio la impresión de que en el momento exacto los jugadores no pudieron encontrarle la vuelta a las dificultades. La Selección le cedió la pelota a Chile, que fue más incisivo y voluntarioso pero tuvo pocas posibilidades de gol. Es como si el equipo se hubiera resignado demasiado rápido a jugar de contragolpe cuando lo mejor de la Copa se había visto en los tramos de tenencia y traslado inteligente del balón, sostenido gracias al buen pie de Pastore y Messi, que hoy jugaron un mal partido.

Aunque la defensa de Chile mostró bastante incertidumbre cuando se la presionó, el trámite del partido repitió esa situación pero al revés. Chile se dedicó a elaborar un trabajo de asedio y así nacieron los pelotazos de Romero ante la ausencia de posibilidad de pase claro. En ese punto el equipo argentino perdió tácticamente y Chile cubrió los espacios con mayor eficacia, tanto es así que cuando un argentino tenía la pelota era rodeado por tres o cuatro chilenos que si no se la sacaban cometían falta sistemáticamente. En cambio Chile siempre contó con mucho espacio para escalar posiciones, como lo prueba la absoluta comodidad del lateral Isla para pasar la mitad de cancha. Mientras tanto las incursiones ofensivas de Argentina fueron corridas solitarias de Di María y Agüero o la triste escena de dos jugadores en espacio reducido sin ninguna esperanza de evolucionar en campo rival.

Los cambios tampoco ayudaron y acá es pertinente indicar que Martino nunca acertó en este rubro. Al obligado de Lavezzi por Di María, Martino eligió añadir a Higuaín por Agüero (que venía jugando bien) y a Banega por Pastore (que venía jugando mal). Se notó que Tevez es verdaderamente la octava opción del entrenador, incluso en un partido durísimo como el de hoy, donde un jugador de su temperamento no hubiese desentonado. Pero los cambios no lograron cambiar la historia y tampoco la entrada de Tevez asegura algo en concreto. De hecho Higuaín y Banega no consiguieron marcar en los penales. Sin posibilidad de refrescar al equipo (los cambios ya estaban hechos) el alargue fue una tortura, con jugadores lesionados (Mascherano, Lavezzi) y una intrascendencia en el juego de la que son responsables los jugadores y el técnico. Hoy nada anduvo bien. Suele pasar seguido en el fútbol pero en una final todo se ve con microscopio. No había circuitos de juego ni más de tres pases seguidos, casi siempre todo terminaba en divididas que invariablemente ganaban los chilenos. La tocaba más Rojo que Messi y eso sólo puede traer problemas. Es verdad que Chile no inquietaba demasiado a Romero, pero en concreto fue el que más hizo por ganar. Argentina tuvo dos o tres claras pero también Alexis Sánchez estuvo por mandarla a guardar en dos ocasiones.

Lo decepcionante es el modo en que jugó el equipo de Martino cuando hasta acá, aún con desperfectos, siempre había ido a ganar los partidos, desde el primer amistoso contra Alemania con triunfo 4 a 2. Chile creció muchísimo en los últimos años. El renombre de sus jugadores (Vidal, Sánchez, Medel, Vargas) y la experiencia del cuerpo técnico son evidentes, pero Argentina se hizo cargo de limitaciones que no tiene cuando sus jugadores están en su nivel natural.

“Siento un déjà vu” fue una de las últimas cosas que se le oyeron a Cerati. Y algo de eso pasa hoy con esta nueva derrota de la Selección. El gol de Bergkamp, el tiro libre al que no llega Cavallero, las que se fueron cerca contra Alemania. En este momento se agrupan todas las imágenes de la derrota, como si de alguna extraña manera, el cabezazo de Ortega y el gol sobre la hora de Adriano tuviesen que ver con el remate desviado de Higuaín. La cronología da a entender que todo forma parte de una consecución lógica de acontecimientos. La verdad es que el fútbol suele tener mucho que ver con el azar pero hay una predisposición psicológica a la derrota que además de ser obvia ya es entendible. Genera algo de impotencia observar cómo jugadores de gran mérito (especialmente Mascherano, Messi y Tevez) no pueden obtener torneos con la Selección Argentina.

La buena noticia es que estos jugadores en su mayoría son millonarios y que hay personas que tienen problemas mucho más graves que no ganar finales. Es ridículo centrarse en la decepción de veintidós tipos cuando de hecho hay personas que nunca jugarán una final en su vida. La mala noticia es que esas personas somos nosotros. Todos perdedores hermosos. Sayonara.

sábado, 27 de junio de 2015

La historia de Tevez


El otro día me colgué viendo la “historia de Tevez”, un compilado breve de su carrera en Boca, Brasil y Europa. Ahí me di cuenta de tres cosas:

1- Que la mayoría de los goles de Tevez son golazos.
2- Que lo mejor de cuando baila es su cara.
3- Que me había olvidado de varios de los despelotes extra futbolísticos que tuvo: pelea a piñas con un compañero del Corinthians, pelea con Ferguson, pelea con los hinchas del Manchester United cuando pasó al City, pelea con Mancini, pelea con los hinchas del City.

Cualquier otro jugador, por más bueno que sea, hubiese sucumbido mediáticamente ante ese itinerario tempestuoso. Tevez, afortunadamente, no.

Se suele comparar a Tevez con Maradona, aunque sea en la naturaleza de sus actitudes. Y Tevez tiene algo de la actitud clasista y combativa de Maradona pero sin el componente político. Antes del partido contra Italia jugado en Napoles, en el Mundial 90, Maradona dijo que recién ahora los italianos se daban cuenta que Napoles quedaba en Italia. Se refería a la encrucijada nacional entre el Norte y el Sur. Tevez le gritó un gol en la cara a Ferguson con la camiseta del City. Se refería a la encrucijada personal entre él y Ferguson. Son actitudes similares con la diferencia de que en un caso las repercusiones se limitan al fútbol y en el otro lo exceden.

Hay una estética de la honestidad, basada en la ausencia de filtros para expresarse, que Tevez representa y que gusta mucho a los espectadores de fútbol. Ese mismo comportamiento Tevez lo traslada a la cancha, donde suele ser un jugador explosivo, que aterroriza a los defensores con una gambeta efectiva y un remate violento de media distancia que lo convirtió en ídolo de sus Clubes. Al mismo tiempo, hinchas de los dos Manchester tiraron sus camisetas a la basura en reproche a algunas de sus actitudes. Es como si Tevez estuviese condenado a vivir en extremos: de Fuerte Apache a Londres, de ídolo a villano, del Manchester United al Manchester City.  

Hay algo significativo en Tevez y es su resistencia a ser colonizado por la subjetividad europea. De hecho su vuelta a Boca, en un momento de esplendor de su carrera, remite a ese estoicismo. Puede usar tatuajes y gel, pero mientras los demás jugadores argentinos se muestran escandalizados ante el evidente bardo que es el fútbol argentino, Tevez, contra todos los pronósticos, decide volver al bardo.

Ayer Agüero hablaba de “América” como si fuera un conquistador del Siglo XV describiendo un mundo exótico y primitivo.   

A diferencia de otros jugadores de la Selección, de igual pasado humilde y presente multimillonario, Tevez todavía logra entablar identificación con el público. No importa si quien lo reemplaza hace un buen papel o si cuando juega no se nota, el público, aunque sea una gran parte de él y no necesariamente hinchas de Boca, quiere que Tevez siempre juegue en la Selección.

Antes del Mundial 2014 existía la equivocada sensación de que a Tevez nunca le habían dado una oportunidad en la Selección. Sin embargo Tevez terminó siendo titular tanto en el 2006 como en el 2010. Es más de lo que muchos jugadores de la historia del fútbol argentino pudieron hacer. Bochini, por ejemplo, sólo jugó unos minutos contra Bélgica en el 86. Riquelme jugó un solo Mundial. Pero el absurdo no termina. Cuando la Selección perdió la final con Alemania muchos salieron a decir que con Tevez ganábamos. La Selección llegó a la final de un Mundial después de 24 años y sin Tevez pero una extraña lógica contrafáctica indicaba que con Tevez (que, repito, ya había jugado dos mundiales que la Selección había perdido contra los mismos fucking alemanes pero en Cuartos) ganábamos.

Por su actualidad futbolística Sabella debió haber convocado a Tevez el año pasado. Muchos se siguen preguntando por qué no lo llevó. ¿Nunca se dieron cuenta de que Tevez es un tremendo bardero? Y lo digo con la simpatía que me causan muchos de sus bardos. Un equipo de fútbol también es un grupo de seres humanos que se tienen que llevar bien. Simplemente Sabella debe haber visto el partido contra México del Mundial 2010 en el que Tevez manda a la mierda a ¡Maradona! porque se anima a reemplazarlo y debe haber preferido que Lavezzi le “acabe” una botella de agua en la cara. Es una opción menos riesgosa. También debe haber pensado en las peleas con Ferguson y Mancini. Es decir, la realidad indica que tener a Tevez en un plantel es beneficioso sólo cuando está adentro de la cancha. Pero a veces hay otros jugadores que merecen ser titulares tanto como él. Y finalmente ocurre algo extraño: aunque sus virtudes lo destacan del resto, parecería que los entrenadores de la Selección (aunque sea Pekerman, Batista y ahora Martino) lo ponen porque no les queda otra. Esa es la verdadera historia de Tevez, aunque sea en la Selección. Hasta ahora, claro.  

***

Ayer Tevez hizo el demorado penal del triunfo y Argentina pasó a semifinales de la Copa América. El mito dirá que Tevez necesitaba errar el panel en el 2011 para poder convertir el de ayer. Me gustaría que la misma paciencia que le tienen a Tevez se la extiendan a Messi, que hace cosas extraordinarias cada vez que la toca. O por qué no a Martino, que acaba de iniciar su ciclo y todavía no pasó ningún “papelón” importante. Hay una histeria permanente ligada al fútbol que no tiene ningún anclaje en lo que sucede en los partidos. El equipo suele jugar muy bien los primeros tiempos y se desinfla en el complemento. Además se pierde muchos goles (peor sería que no hubiese situaciones). Los cambios no aportan mucho. Eso es lo único que se puede decir del equipo de Martino, que apenas tiene cuatro partidos oficiales en la Selección. Abrazo de gol. 

lunes, 22 de junio de 2015

Creo que hace diez años que existe este blog



Hubo un momento en que casi me paso a Tumblr pero entrar ahí era definitivamente más complicado que concluir un trámite en Afip. Había una burocracia digital a la cual mi mente ya no sabía adaptarse.  

Cuando empecé a escribir en este blog (si a eso le podemos llamar escribir) los suplementos culturales debatían sobre el rol de los blogs. Incluso los escritores, algunos, opinaban en contra o a favor (los menos) de los blogs. Había muchas bloguerías. Uno podía ser de Blogger, de Wordpress. Bueno, en realidad sólo recuerdo Blogger y Wordpress pero había muchas (la mayoría horribles). Blogger es medio berreta. Blogger es Axe y Wordpress tampoco es la gran cosa. Es Rexona o Nivea.

Esa pelotudez que acabo de escribir sobre Axe y Blogger no es sólo porque soy un pelotudo simplemente quería describir, a través del ejemplo didáctico, cómo eran los posts de la mayoría de los blogs de hace diez años. Ahora tratan sobre cosas más interesantes como Messi y remeras de Spinetta en sacerdotes de Canal 13. También los posts ya eran apologías de la autoconsciencia.

Las entradas más visitadas me recuerdan desde hace un tiempo que yo escribí en contra de Abzurdah, el libro de Cielo Latini en el año 2007. Si me acusaran de un homicidio cometido en el año 2007 lo único que podría usar como coartada es que escribí un post sobre Abzurdah. No me acuerdo de nada. Además el post es en contra. Ni siquiera sobre, en contra. Recuerdo que a algunas fans de Cielo Latini les molestó y me escribían mails intimidatorios. Mails intimidatorios de fans de Cielo Latini, qué época. Lo peor es que tenían razón. Ahora nadie dice nada malo de nadie. Ya todos estamos cansados de las discusiones de facebook sobre si el PJ es o no es algo que nadie va a saber jamás. ¿Hay que escribir un post sobre Randazzo? ¿Sobre la desilusión como tendencia histórica del peronismo de izquierda y sus efectos en la política del gobierno de Scioli? Por supuesto.    

Con material de este blog publiqué tres libros. La idea ni siquiera es mía, es un mal de la época, como ver series y buscar videos en YouTube. Este blog es como una casa. Ahí están las paredes, pintadas ya no sé de qué color (porque escribo en Word), los títulos, que son como grandes edificaciones simbólicas de las que se cuelgan las palabras. Creo que releí mucho a Ballard.    

Siempre me hago una pregunta: ¿si yo tengo un blog quiere decir que alguien, en algún lugar del mundo, todavía tiene un fotolog o un Tamagotchi? Tengo la extraña sensación de estar atrapado en algún tipo de atesoramiento anacrónico. Sayonara.


martes, 16 de junio de 2015

Apuntes arbitrarios sobre Argentina vs. Uruguay


Tener uruguayos en tu equipo es tan bueno como que no los haya en tu rival. Y si el plantel entero de rivales es uruguayo las complicaciones son múltiples. A Uruguay raramente se le va a ganar por goleada o con total claridad. Aunque hubo una época en la que el clásico entró en decadencia (durante los noventa y principios del dos mil) y Argentina y Uruguay sólo empataban. Probablemente hayan empatado dos veces pero a mí me quedó esa sensación, como la de que todos los River vs. Argentinos Juniors de la última fecha estaban arreglados. En fin.

Que haya un técnico que le da la titularidad a Pastore es buena noticia. Pastore es un error de la Matrix o algo así. Ahí debería haber otro jugador, más acorde a los tiempos modernos, sin embargo aparece Pastore y es una vindicación de Riquelme demasiado rápida para poder entenderla. Sus pases entre líneas, su cuerpo espigado y somnoliento intentando escapar, sofisticadamente, de sus marcadores. En el imaginario de Huracán Pastore es algo así como el hijo de Houseman, o sea: Jesucristo. Y para coronar la buena noticia Pastore no sólo juega de titular sino que además lo hace muy bien. Porque suele pasar que cuando estos  jugadores extraños y geniales logran ingresar a un equipo titular de la Selección no pueden mantener la titularidad y son reemplazados por tipos más polifuncionales y efectivos como Maxi Rodríguez (que también me parece un jugadorazo). Pero hoy Pastore se destacó en un equipo en el que Messi jugó un gran partido.

Da la sensación de que ahora hay más predisposición al juego vistoso que antes. De hecho cuando entró Tevez intercambió un par pases con Messi. La indicación de esta escena comprueba las pocas veces que sucede. El ingreso de Biglia por Banega (que había jugado un primer tiempo extraordinario con Paraguay) le otorgó al equipo el famoso “equilibrio”, término bajo el cual el periodismo deportivo señala la existencia de equipos que evitan el desparpajo, la espontaneidad, la individualidad, el riesgo y una serie de cosas sin las que el fútbol es una mierda. De todos modos el mediocampo desierto del 2-2 con Paraguay fue un error interesante para detectar la forzada indignación de un “mundo del fútbol” que quiere convertir todo en un “escándalo” o “papelón”.

Di María está medio peleado con la pelota pero siempre deja relucir su picardía en todo lo referido a la parte “ilegal” del fútbol. Es muy evidente su habilidad para fabricar faltas y a veces con eso compensa cierta desprolijidad propia de su estilo. Por supuesto nadie busca estadísticas propias de Iniesta en Di María. Biglia sigue rindiendo, como una especie de peón secreto que tal vez comience a ser reconocido como un discípulo de Mascherano. El ingreso de Zabaleta comprobó que no había nada que retocarle a la defensa del Mundial (se entiende el ingreso de Otamendi para curtirlo en un puesto y un momento en el que Demichelis es un jugador veterano).

Argentina dominó ampliamente el primer tiempo. Uruguay basaba sus expectativas en utilizar los laterales como córners. Argentina manejaba la pelota y llegaba con bastante claridad pero las dificultades para llegar al arco eran importantes. Si no llegaban a interceptar la jugada, los uruguayos cortaban con falta y eso comenzó a crispar los nervios de los argentinos, entre ellos Mascherano. El partido se puso chivo, los jugadores se puteaban y daba la impresión que alguno se iba a ir con diez. En ese clima (con Martino expulsado) la propuesta de Argentina perdió protagonismo. Esa dinámica de juego continuó en el comienzo del segundo tiempo. En un buen tramo de la primera parte Argentina había sido un grupo de jugadores organizados que recreaban la vitalidad de un cuerpo enérgico y libre. En el complemento la disposición de los jugadores en la cancha se retorció, formando un nudo táctico que impedía el avance del equipo. Sin embargo la lucidez de Pastore para inventar espacios permitió el centro de Zabaleta y el cabezazo de Agüero, que había estado desaparecido y fastidioso. Uruguay pudo haber empatado pero el triunfo argentino es muy merecido.

A todo esto Messi está sólido. Le queda mejor la camiseta. Pocas veces lo vi jugar en la Selección con este nivel de confianza. Está rápido, no se deprime, gambetea, se muestra, incluso mejoró su pegada con respecto a hace ¿dos meses? Me hace pensar en la épica del antihéroe y ese tipo de cosas. Nunca es tarde para ilusionarse con Messi. Total el que tiene que sublimar todas nuestras miserias cotidianas es él. Nosotros no podríamos hacerlo de ninguna manera, sino ¿quién fabricaría miserias cotidianas?  

El Maestro Tabárez, sentado en el banco, con su piloto y su bastón, parecía un actor italiano interpretando un personaje de Fontanarrosa.




lunes, 8 de junio de 2015

Un sacerdote con la remera de Luis Alberto Spinetta


¿En qué lugar del mundo las monjas comparten casa con un sacerdote sexy? En una serie de Polka.

A y B comparten un gran secreto que involucra a C. ¿En qué lugar del mundo A y B hablan en voz alta y con lujo de detalle del secreto a pocos metros de C, que interrumpe la escena y pregunta de qué estaban hablando? ¿Y en qué lugar del mundo, C, estando tan cerca y con sus oídos en funcionamiento, jamás puede escuchar lo que hablan A y B? En una serie de Polka.

Las series de Polka giran en torno a uno o dos problemas generalmente relacionados con la identidad. Más en tono de ligera comedia shakesperiana que de denuncia social. Alguien (el protagonista) dice ser quien que no es. La distancia entre una y otra identidad es la medida del malentendido cómico, que a la vez puede ser tratado como un drama. Hay malos de clase alta. A veces son excéntricos y la interpretación de tal característica generalmente resulta afectada, lo que diluye la verosimilitud de la típica novela costumbrista. Hay algo artificial en esos papeles y el programa aprovecha para generar una dinámica cómica más incisiva y absurda. En los últimos años se puso de moda hacer actuar a famosos, generalmente cantantes.

Según tengo entendido Polka genera estas series como si fueran artefactos perfectamente diseñados por una máquina narrativa pigliana. Los actores, los modos de hablar de los personajes, las locaciones, los conflictos: quienes no vemos estas series tenemos la sensación de que siempre son la misma pero con diferente nombre. De hecho los títulos de las tiras no varían demasiado. “Corazón”. “Esperanza”. “Mía”. “Mío”. “Amor”. Esas cinco palabras forman parte del campo semántico mágico de los creadores. 

La crítica de espectáculos sólo prestigia los unitarios de Polka, los que protagoniza Chávez y generalmente ganan el Martín Fierro de oro.

Supongo que las series de Polka también pueden ser graciosas, no llegan al nivel de cursilería de Estevanez. De chico yo vi Rodolfo Rojas DT y Gasoleros. Suelen robarse actores de la escena under y/o cinematográfica para subir el estatus de su reparto. La repetición de la fórmula, por otro lado, es el talón de Aquiles de la comedia televisiva en general.

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Recién estaba haciendo zapping y vi a Mariano Martínez con una remera de Spinetta.  Es una foto muy conocida, una de esas emblemáticas, con su rostro en primer plano. De principios de los 80. El exceso de  canonización de Spinetta, con las estatuas, los homenajes tributo, los recitales tributo, los discos tributo, llevó a que ahora se lo etiquete como “Música para sacerdotes”. Spinetta llegó a cantar “No tengo más Dios”. Bueno, era el año 1972. 

La serie se llama Esperanza Mía y Mariano Martínez hace de sacerdote. Vive en un convento (o eso creí entender) junto a monjas. Entre ellas Lali Espósito que en realidad se hace pasar por monja. Al mismo tiempo, Gabriela Toscano es su madre y también es monja y justo vive en el mismo convento que ella, su hija. Lali no sabe que Gabriela Toscano es su madre. Ana María Picchio sí. No alcancé a entender si Mariano Martínez esconde algún secreto, es de suponer que no sea sacerdote o que sea el hermano de Lali. Otra que parecía esconder un secreto era Rita Cortese.

Lali Espósito tiene algo del carisma barrial de Natalia Oreiro. Además es cantante y por lo visto tiene muchos admiradores. En un video de YouTube cuenta  que en la fiesta de la revista Gente conoció a Charly García. Charly le preguntó quién era y ella respondió: “Hago Música”.

Charly sentenció: “Ya está hecha”.


sábado, 6 de junio de 2015

Está por empezar el partido


Nunca conecté con la costumbre del Siglo XXI, consistente en seguir el fútbol europeo casi con el mismo nivel de concentración que habitualmente se utilizaba para el campeonato local. Debe ser porque no considero al fútbol una de las bellas artes ni la octava maravilla. No podría explicar racionalmente por qué el fútbol y no el básquet o el tenis, que también son deportes atractivos y con un gran componente azaroso que favorece la expectativa del público. Tal vez soy muy consciente de que un alto porcentaje de mi obsesión con ese deporte (y con River en particular) se debe a factores emotivos: la cercanía con mi viejo, la infancia y la adoración por ciertos jugadores emblemáticos, etc.

Un buen ejemplo de qué pasa con el fútbol cuando no existe el factor emotivo se puede ver en un capítulo de los Simpsons. México y Portugal juegan para determinar cuál es el país más grande del mundo (la serie profundiza el sinsentido del fenómeno) y el relator yanqui analiza el partido como una serie ininterrumpida y soporífera de pases horizontales en el medio de la cancha.

Las leyendas sobre míticos bateadores de beisbol que vemos en películas de micro de larga distancia no son tan diferentes al rito de la palomita de Poy, al gol de Palermo en muletas o a la vaselina de Rojas.   

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La hermenéutica kirchnerista descubrió en las recientes PASO que a la hora de elegir un candidato el electorado decide más por cuestiones afectivas que ideológicas. En esta era de secularización del fútbol, en la que los partidos parecen revelarse como poco más que cartón pintado y se hace necesario bajar un cambio ante el avance de la violencia simbólica y fáctica, tal vez sea interesante considerar que el fútbol no es superior estéticamente a ningún otro deporte (como ningún otro deporte es superior al fútbol).

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Partiendo de la base de que influyen más los motivos emocionales que los estrictamente deportivos es que esta fascinación por el fútbol europeo siempre me pareció cercana a la tilinguería. La misma que se puede rastrear cuando un superclásico termina en escándalo y el principal problema es lo que van a decir de “nosotros” en el exterior. O cuando los Capos de la FIFA andan flojos de papeles y la noticia se transmite en cadena nacional y con ese impostado tono de tragedia, como si el chanchullo de Blatter y Cía. fuese a afectar seriamente el funcionamiento de los hospitales y las escuelas del país.

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No es que no me atraigan los colores de la camiseta del Arsenal, el césped sintético del Nou Camp o la imperturbabilidad de los hinchas del Bayern. Es que básicamente todo eso me chupa un huevo. Puedo disfrutar con un golazo o un buen partido de la liga X de Europa, incluso con el partido de hoy, pero ninguna de esas cosas me puede llegar a conmover. Y es muy probable que uno haya sido el equivocado al idealizar un  supuesto mundo en el que lo que realmente importaba era lo que nos conmovía, no lo que era “bueno” o “espectacular”.        

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Pero hay algo que me llama la atención de los indignados del fútbol político, atentos a los pasillos de la Conmebol y al móvil desde Zurich, y es que no ven una conexión entre la FIFA y lo que más les gusta, es decir, el fútbol, con el Mundial por un lado, y el partido “que hay que ver”, Barcelona vs. Juventus, por el otro.

Si hay algo que representa a la FIFA como país imaginario es un partido como el de hoy. Barcelona vs. Juventus sería el superclásico del país FIFA. El que quiera creer que la Juve, por enfrentarse al Barcelona y tener en su plantel un Tevez y un tucumano, es un equipo humilde está mirando otro canal. Por si alguien no se acuerda hace menos de diez años la Juve fue descendida por casos de corrupción no muy distintos a los que hoy agobian a los amigos de Grondona.

¿Y qué podemos decir del Barcelona? Es algo así como la Nueva Roma del fútbol. La existencia de Cristiano Ronaldo y su antagonismo con Messi convirtió al Real Madrid en un club antipático. Muchas veces en los últimos años se lo criticó por basar su poderío futbolístico en su incalculable fortuna. Así cualquiera. Y estoy de acuerdo. Ahora bien ¿qué se puede decir de un equipo que cuenta con Messi, Neymar y Suárez? ¿Representaría algo así como el espíritu amateur en el fútbol? ¿Traducidos al fútbol argentino serían Deportivo Riestra? ¿Esa es la última esperanza del fútbol? ¿Una multinacional catalana que puede contar con el mejor argentino, el mejor uruguayo y el mejor brasileño mientras las ligas de los países de esos mismos cracks no tienen un solo tipo que exprese futbolísticamente el diez por ciento de ellos?

Y ahora mejor dejo de escribir: está por empezar el partido.