viernes 31 de diciembre de 2010

Felisa me muero

Think about the good times
And never look back

PD: Sé que es complicado festejar con un tema de Radiohead pero si le encontrás la vuelta todo es posible en la vida (?). Y démosle la bienvenida al último "(?)" del año. Muchas gracias por todo, sigan leyendo, Ilcorvino 2011 se viene con todo: nuevos proyectos, nuevas secciones, sorpresas alucinantes. Mentira. Felicidades.

martes 28 de diciembre de 2010

Resumen de lo visto en el año

Enero:
De Sandro a Roberto Sánchez: Se habla de Sandro como alguien que resistió más que cualquier otro ser humano los embates de su enfermedad. Se habla de Sandro como el mejor amante, amigo y el más grande cantante. Se habla de Sandro como el introductor del rock en castellano. Todos estos supuestos, claro está, son incomprobables cuando no falsos.
Redrado resiste: “Redrado resiste”, decía el titular de TN. ¿Un guerrillero en contra del sistema? No. ¿Un terrorista kamikaze a punto de explotar una institución pública? No. ¿Un piquetero en una huelga de hambre? No, el titular del Banco Central. Plop.

Charly en el Polideportivo: Lo que ves es lo que hay: Antes Charly se bajaba los pantalones. Ahora pide disculpas porque se le caen.

Investigación periodística: -Che, acá Rafael Flores dice que Kirchner es como Shylock.

I read dead people: Los diálogos sobre la nada y los silencios incómodos. El pasado que vuelve en forma de fichas que te perforan el cerebro y la devoción por una mina que ama los gatitos.

Febrero:

Apuntes sobre Los Suicidas, de Antonio Di Benedetto: Algunos insectos se devoran a sí mismos si se les ayuda arqueándoles el cuerpo.

Lost. Minuto a Minuto: Sawyer llegó hasta Juliet que está moribunda. Susurra como Pablo Echarri y suda como Osvaldo Laport. La escena dura años. Que se muera (Sawyer, no Juliet).

Sobre El Secreto de sus ojos: Campanella tiene un buen taming para contar historias y hacer que el espectador se interese en ellas. (Esto es algo que molesta demasiado a los fundamentalistas de Lisandro Alonso). El problema es que para lograr esa efectividad es capaz de matar a su madre y no teme caer un sinnúmero de veces en el efectismo más ramplón.

Música triste para escuchar mientras la Tierra explota: Pero sé que ustedes perdonarán a idiotas como un servidor ya que detrás de esta obvia máscara del ego se esconde el deseo más simple y ancestral: compartir algo con alguien. Un paraguas en un día de lluvia. Una conversación en un atardecer de verano. Un asiento en un colectivo. Los discos de The Pains Of Being Pure At Heart y Letting Up Despite Great Faults.

Marzo:

Especies que desaparecen: Debajo de todo, casi llegando al final de la hoja, una P.D lacónica y directa que me recuerdo muy a menudo: “No se agrande, Zariello”.

Adoctrinamiento de pelotudos: Pero a medida que la guerra entre el gobierno y el establishment mediático entró en combustión, 6 7 8, como el mismo Clarín, se convirtió en un pasquín bastante vulgar y desagradable.

Ni mú: Yo soy el que posee un celular monofónico y aborrece la verdura.

Bullying contra Kirchner: Señoras y señores, seré pornográfico, seré atrevido, pero no tengo otra salida: ¿qué otro objetivo sino el de que el lector imagine el culo lleno de hemorroides de Néstor Kirchner tiene esta delectación morbosa en la descripción de una afección conocida por todos?

El majulismo, una nueva escuela literaria: Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será majulista. Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne (?).

Abril:

Sobre la miseria de la posesión, el amor, la música indie y Album, el disco de Girls: Ahora bien, ¿se puede amar a alguien sin asimilarlo a una pertenencia? Se supone que de eso se trata el amor y si no es así estamos todos perdidos y condenados a ser esclavos del ego. Pero al mismo tiempo ¿cómo podría saberlo? y, a decir verdad, ése no es el tema de este texto.

Dead and Lovely: El indie es el reino de la patraña y, aunque sus integrantes se jacten de despreciar lo masivo, podemos afirmar que en un reducto en boga se encuentra el mismo porcentaje de idiotas que en una cancha de fútbol, con el agravante de que estos últimos no se creen a la vanguardia de nada (a no ser de un paraavalanchas).

Tipología de chicas de la Universidad: La chica linda con un amigo feo que le quiere dar masa. El nombre de este tipo de chica no necesita mucha elucidación, ¿no es cierto? Simplemente es una chica linda a la que se le ha adosado un feo que usa como sirviente: le compra cigarrillos, le guarda el asiento, le pasa los apuntes cuando falta porque se quedó haciendo cucharita con su novio de 35 años.

Mayo:

Joe Lie: Vos no lo sabés, pero sos el amor de su vida. Vos sos el amor de la vida del 85 por ciento de los hombres que te conocen. El resto son putos o imbéciles.

Cada vez más Solaris: En los pasillos de nuestra mente el verdadero monopolio a combatir no es Clarín, sino el Ego. Pero el monstruo lo maneja todo a su conveniencia y es tan inteligente que los únicos que nos dicen que su profusión es nuestra tumba son pelmazos, como los autores de libros de autoayuda o chantas, como los garúes de la India o pelmazos y chantas, como los psicólogos.

Horla City, el libro que reúne toda la poesía de Fabián Casas: El mundo ha cambiado bastante en todos estos años, nos hemos entregado con sumisión a la sobre información que nos brinda Internet, el furor de la vida virtual y la música para pastillas, pero estos versos sobre el lado b del amor, el desencanto, la melancolía urbana y las epifanías cotidianas suenan cada vez más atemporales.

Los 23 convocados. Uno x uno:

Ariel Garcé

A favor: Un jugador fantástico, de una técnica insuperable. Hito de las inferiores de River, en la senda de otros grandes como Gandolfi y Tula. De él depende el objetivo mayor del plantel: campeonar. Contra el Seleccionado de sobrevivientes de Haití demostró toda su capacidad de reacción ante países en crisis, lo que le augura un buen desempeño ante Grecia. Oriental, también conoce los entretelones del fútbol coreano. Una grata sorpresa, un crack que no tiene techo y no deja de volar.

En contra: No tiene contra.

Curiosidad: Tiene de la buena.

Apuntes atropellados sobre el final de Lost: En la era de la sospecha, Lost es una serie que trata sobre la fe en las personas y las cosas.

Apología de Julieta Venegas: A esta altura del texto uno podría pensar que estoy un poco enamorado de Julieta, pero ¿quién no? ¿Cómo no rendirse ante el encanto escandaloso de esa chaparrita (?) de cejas grandes que baila en forma preciosa al final del video clip de “Eres para mí”?

Junio

On the rock, el nuevo disco de Andrés Calamaro: En la música debería ser igual, lo que sucede es que los críticos de rock no saben nada de música. Y los que saben de música no saben nada de escribir (no hablo de escribir bien, porque nadie sabe en qué consiste eso, sino de elaborar un texto de tal forma que el lector lo termine de leer sin dormirse en el medio).

Con el viejo póster, Diego en México campeones: No me remito a su abrazo con Estela de Carlotto, Maradona lo único que tiene de progre es el look.

Cinco años de Ilcorvino: El 73 por ciento de las personas ya no me dice: “¿Cómo andás?”, sino: “¿Cómo anda el blog?”. El restante 27 no sabe que tengo blog.

Música para camaleones: Gabo Ferro: Música para estudiantes de Letras que se miran en los recitales pero no se saludan.

Julio

Los 23 convocados. Uno por uno:

Garcé: El distinto. El desequilibrio (mental) constante. La locura que se confunde con el genio. El que trae alfajores y… convida (?). Y no son de membrillo ni de fruta, son de chocolate y de dulce de leche. El ancho de espadas sorprendente que se guarda y se guarda y se guarda y finalmente no se usa nunca. Irrepetible.

Play al nuevo rock argentino: Nuestro olvidado líder de masas Juan Carlos Blumberg preguntaría: “¿Se entiende?” Si la respuesta es afirmativa tenga la deferencia de explicarme adónde carajo me dirijo en esta deriva de palabras y términos fucking seductores (por no decir eróticos, por no decir definitivamente pornográficos y no aptos para mayores de 18 años) como “mockbuster” o “boutade”.

De maradoneanos y favaloreanos: El suicidio es una opción más que respetable, pero me caen mal las personas que se creen tan importantes como para morir orgullosamente por una causa y no vivir humildemente por ella.

Agosto

Acá afuera: Allí afuera había seres humanos, ¿cómo decirlo?, moviéndose.

Llevo la tos como propia voz: ... no vengan con boludeces, no vengan con “las drogas son un camino de ida”, con rockeros limpios y lobotomizados, yo quiero que estén re locos, re hechos mierda, sacados, de la cabeza, con las facultades mentales alteradas, que tiemblen y exploten arriba del escenario y si es posible que la sangre manche a la primera fila de groupies, ¿qué mierda me importa la salud de un artista?, ¿ellos se preocupan por la mía?

Si Laura Palmer viviera, sería montonera: Twin Peaks es un alegato sobre la enajenación del mundo. Su perdurabilidad indica que, a pesar de los laberintos sobrenaturales, es un espejo inquietante en el que nos podemos reconocer. Como dirían en Telenoche o C5N: Laura Palmer somos todos.

Érase una vez cabeza de radio: Retribuir la confianza que Radiohead nos otorgó en la adolescencia para ser depresivos es una de esas tantas cuentas pendientes que nunca saldaremos.

El Servidor de internet que amas puede desaparecer: Esto me suena al defensor que se tira al piso cuando la pelota ya se fue al lateral. ¿Hasta qué punto este tipo de medidas (correctas, pero repentinas, con aparentes plazos estrictos, muestras gratis de chavismo pocket) no son las que hicieron que el 28 de junio gran parte del electorado le diera la espalda al mejor gobierno de los últimos 60 años?

Fogwill, nos vemos en el infierno: Somos formados en una sociedad prejuiciosa, hipócrita, clasista, misógina. Algo de toda esa mierda permanece inmutable en el transcurso de nuestra vida. Nos atemoriza saber que en el fondo somos quienes decimos detestar. Sólo hace falta que peligre nuestro servidor de internet. Que le roben la cartera a tu novia. Que te toque elegir al lado de quién te sentás en el colectivo.

La rebelión consiste en escuchar Los Redondos hasta pulverizarse los oídos: ¡La cuestión se complica si el enemigo está en todas partes y ninguna! Ahí no hay certidumbre que nos tranquilice porque no sabemos de qué lado de la mecha nos encontramos. Puede fusilarnos hasta la Cruz Roja.

Análisis estructural del relato: Creo que la gran enseñanza de estos días (y tal vez de estos tiempos) es aprender a surfear en la ola de la incertidumbre general, con el equilibrio adecuado para no pasarse de rosca y quedar anclado en la fe desmedida a un dogma. O golpeando las puertas de un nihilismo inconducente. En vez de “No future”, “No Truth”.

Septiembre

Correme por izquierda que me gusta: La secularización del “periodismo independiente” ya se puso en marcha y es irreversible. Es un boomerang incluso para quien lo denuncia. “Ellos trabajan para Ernestina, ¿y vos para Spolsky?”. Nadie está a salvo. Todos somos sospechosos del asesinato de Laura Palmer.

La Gran Velada Herzog: Ver Fitzcarraldo es un trip, como leer “Capítulo XXX (El milagro de la metamorfosis aparece en todas partes)”, el cuento de Mario Levrero que cambia irremediablemente la vida de sus lectores (no se lo digan a nadie).

Aleluya Señor: Donde exista una necesidad habrá un derecho y una canción de Leonard Cohen. He aquí la única similitud entre el Estado Anímico y el del Bienestar.

Un ardiente beso: Amor kafkiano el que neutraliza el deseo y posterga sistemáticamente el vínculo elemental de los involucrados. Y efectivo, ya que mantiene expectante al receptor, que ansía un desenlace feliz (o no).

Contra las personas: Que hacen gestos cuando pasa algo. Lo que sea. Un choque, un estornudo. No abra la boca ni los ojos ni haga muecas, Infantil Persona, ya no tiene 4 años, nadie malditamente nadie se lo festejará.

Si yo fuera tu esclavo, te pediría más: Advertencia: Este post posee lenguaje adulto y escenas de sexo. Se recomienda leer junto a una persona mayor acostumbrada al lenguaje y al sexo.

Octubre

No voy a soportar un Golpe de Estado en Ecuador:

-Voy a entrar a facebook y me voy a unir a todos los grupos a favor de Correa, a todos los grupos a favor de la democracia, a todos los grupos en contra de la policía...

-¡Es una locura, hijo, te puede pasar cualquier cosa!

Aquí debería haber un título que resuma el siguiente post: Promediando el recital me dijo "despertame si el tema está bueno". Sublime.

Entradas para Paul McCartney en River: ¿Cuál te conviene?: A partir de este sector los fans no deben preocuparse por su estado rectal, puesto que se intuye que si pagaron casi el salario mínimo, vital y móvil para ver al genio de Liverpool, no cuentan con culo alguno o tienen uno lo bastante amparado para no darse cuenta si es vejado (o no).

Justicia por Mariano Ferreyra: La vida es aquello que sucede mientras estamos concentrados en otro plan: leer la biografía de Magnetto en Miradas al Sur.

Néstor y nosotros: Pero quién mierda es este tipo?". Eso nos preguntamos todos, a veces cagándonos de risa, encadenados a su show, en otras ocasiones indignados, especialmente cuando su estrella comenzó a apagarse, se recostó en el PJ y tuvimos que justificar cada uno de sus movimientos aludiendo al verso de la "realpolitik".

Noviembre

Divino tesoro: En la aldea virtual 2.0 son todos nacionales y populares, pero a veces, hasta un servidor, individualista miserable incapaz de formar parte de su propia familia, puede sentirse incluido en esa corriente. El peronismo cool es la muerte del peronismo.

Paul is Live: Como el tipo que estaba atrás mío, ése que desafinaba como un maldito perro, ése que evidentemente no sabía inglés y no tenía idea de lo que decía la letra pero probablemente la entendió muchos años atrás y mejor que yo.

En el fondo es bueno: Mi tía deviene en repentina azafata y hace una serie de expresiones y ademanes inentendibles. El avión es el primo.

Un amor de Carbonell: La camarera le habla de cosas que él apenas entiende. Durante un instante Carbonell está seguro de que ella maneja otro idioma. El ruso por ejemplo.

Axolotl: Durante 30 o 20 o 10 años comieron (real o simbólicamente) con "la Chiqui", le festejaron los chistes malos, los comentarios desmedidos y su egolatría a prueba de balas, pero de repente el satori, la impensada epifanía: Mirtha Legrand es reaccionaria, es fascista y es conservadora. Y hay más: en algunas fotografías sonríe junto al dream team de la última dictadura militar. Y las fotografías, a no ser cuando muestran al principal sospechoso de asesinar a Mariano Ferreyra con el "payaso liberal" o una panelista de 678, siempre dicen la verdad.

Diciembre

Dejemos hablar al viento: Que nadie tenga dudas: los celulares no sirven para comunicarse, sino para hacer ruido cuando hace falta silencio. Hay gente que le pone volumen hasta a las teclas.

La noche que en el blog lo postearon: Por otro lado: ¿quién dijo que es bueno tener sensibilidad? Hay muchos tipos de sensibilidad. También está la sensibilidad del tipo que sale a matar bebés. Del tipo que sale a cortarle las patas a los flamencos. Del tipo que tira gatos al río y se graba a sí mismo sonriendo. Del tipo que baila salsa con camisas hawaianas.

No podría estar más de acuerdo: Nos cruzamos viejos chotos y fachos y parecían ejércitos de Leslie Nielsen.

domingo 26 de diciembre de 2010

Sobre los Cuentos de Roberto Bolaño

"Vive y muere, pero no huevees"

A esta altura, como Alf en el antológico episodio de los Simpsons, sólo resta que Bolaño vuelva en forma de fichas. Esta edición de sus tres libros de relatos en un solo volumen (Llamadas telefónicas, Putas Asesinas, El Gaucho Insufrible), al contrario de lo que se acostumbra a decir, no viene a echar un manto de justicia sobre ningún olvido ni termina con años de indiferencia editorial, así que este párrafo termina aquí mismo.

Tarde o temprano, advertimos que nuestro padre no es Superman. Que la presencia de Ariel Arnaldo Ortega no asegura un triunfo de River Plate (más bien lo ahuyenta). Que la mujer que creímos amar no era tan brillante ni tan hermosa como nos parecía. Que Charly García se convirtió en un imitador de Charly García. Son pequeños o inmensos desengaños emocionales que nos demuestran que el piso no es más que una tabla de surf en constante movimiento. Lo mismo ocurre con los escritores que inmortalizamos durante la juventud y convertimos en póster. Bolaño, que de alguna manera es nuestro Cortázar, no escapa a esa suerte. Bolaño, entendemos recién ahora, era mortal. Incluso lo era al punto de que se murió (1). Incluso lo era al punto de que muchos de sus cuentos no resisten muchas lecturas.

Recién ahora se vislumbra que esa pulsión romántica por la escritura que atraviesa tanto su vida como su obra, fácilmente se puede confundir con la cursilería o el mal gusto. En sus cuentos los escritores fracasan estrepitosamente. El amor siempre es fatal. Cada situación está dotada de un trasfondo dramático que tal vez no se justifica. Reitera innumerables veces como epílogo que los personajes principales no se vuelven a ver "nunca más" (recurso propio de una composición con tema para la escuela primaria). Abusa de la inconclusión (lo que llevó a sus editores, en "El secreto del Mal", a publicarle cualquier esbozo de relato). En los peores casos, estas características terminan por conformar un imaginario bastante grotesco (2), como si el centro de la obra de Bolaño fuera comandada en realidad por un joven nihilista, sabatiano y solemne y no por el tipo inteligente, borgeano y lúcido que era.

Pero un chileno (3) debe ser recordado por sus mejores versos y Bolaño se sentía, más que nada, un poeta. Y verdaderamente lo era pero no en el sentido formal. Hay más poesía en sus novelas (el desierto repleto de cadáveres de 2666, las huellas en el aire del avión de Carlos Wieder, la ciudad balnearia de El Tercer Reich, el soliloquio de Joaquín Font en la Clínica de Salud Mental El Reposo), en el itinerario de su vida, en la expresión de su rostro en algunas fotos, que en la poesía que publicó como tal. Sus mejores cuentos (por lo menos una docena) son una buena prueba de ello porque el efecto de lectura equivale a un shock poético. El viaje por la carretera del padre y el hijo en "Últimos atardeceres en la tierra". El desierto a través de la ventana en "Gómez Palacio". El via crucis amoroso en las llamadas telefónicas que se cruzan dos (des)enamorados. El tragafuegos urbano que provoca un satori indecible a Jim. Son momentos destacados de la literatura latinoamericana que probablemente perduren en el tiempo mucho más de lo que su autor alguna vez intuyó (4).

En uno de sus libros autobiográficos, Roland Barthes se manifiesta incómodo ante el carácter asertivo del lenguaje (5). Chocolate por la noticia viniendo de un estructuralista, pero por consecuencia de ello, como no podía ser menos de su parte, propone una idea genial: ¡que cada frase esté acompañada de alguna cláusula de incertidumbre!, "como si cualquier cosa que provenga del lenguaje pudiera hacer temblar al lenguaje". Esto le vendría al dedillo a los fanáticos, a los ultra, a los fundamentalistas (6), esos tipos que sólo se hacen preguntas para las que ya tienen armadas las respuestas. Barthes es un Quijote y lucha contra la dirección unívoca, contra la obra como totalidad y composición acabada. A su cláusula utópica (la que hace tambalear el discurso per se), opone la "cláusula retórica" del concepto de final, la policía del pensamiento.

Esta alusión a Barthes sirve, en primer lugar, para quedar como un tipo demasiado inteligente para festejar la Navidad y, operativamente, para analizar la obra de Bolaño toda, en particular sus cuentos. El autor de 2666 no recurre, como el francés, al fragmento como modo de producción, pero sí instala una cláusula de incertidumbre permanente en el discurso de sus narradores. Éstos, como Thom Yorke, nos dicen: "I Might Be Wrong". Esa mezcla de paranoia y ambivalencia relativista que recorre nuestra vida actual, tan propia de la posmodernidad (7), de una época de transición hacia lo desconocido, es evidente en Bolaño y probablemente explique algo de su "boom boom asesino" (8). Sus narradores o personajes tienen siempre una historia entre labios, son máquinas de narrar, pero explicitan que no saben si fue así, advierten que el verosímil del recuerdo puede estar fallando, ofrecen puntos de vista distintos.

En enero se espera una nueva novela póstuma. Se habla también de la publicación de otros textos inéditos para el porvenir (que es largo, más en el caso de Bolaño y de Althusser, aunque su esposa no dijera lo mismo). A partir de ahora lo pertinente sería dejar descansar en paz a Bolaño. Antes deberá ocurrir, claro, su muerte simbólica. Esta operación no tardará: nada pasa más rápido que lo que está de moda. Y Bolaño, que es un grandísimo escritor, también es una moda. Si el Mercado, además de una mano invisible (e inservible), tuviera cerebro, lo asimilaría a un celular súper lujoso. O al último disco de Calle 13 (9). En fin. Primero vendrán las críticas. Luego el estigma hacia sus lectores. Después llegará el olvido (que es la meta). Más tarde, cuando nadie se acuerde de Bolaño, por alguna extraña razón ajena a las estrategias marketineras de las editoriales, volverá. Recién ahí apreciáremos su obra. No sé ustedes, pero entiendo que la única manera de valorar algo es perderlo durante un tiempo (10).

(1): Mátenme.

(2): La vida es grotesca, el amor siempre es fatal, los escritores siempre fracasan, no sé a qué apunto con este comentario.

(3): Todos los chilenos son poetas, hasta Piñera.

(4): ¿Y yo qué sé lo que Bolaño intuyó?

(5): ¿Merece vivir alguien que escribe "caracter asertivo del lenguaje"? Lo dudo. En caso de que la respuesta sea afirmativa, que sea una vida espantosa. A propósito, el libro es Roland Barthes por Roland Barthes.

(6): "Ustedes los cumbia, ustedes los giles". ¿"Le vendría al dedillo"?

(7): ¿Alguien podría ser tan amable de pegarme un tiro cada vez que aludo a la “posmodernidad”?

(8): Boom Boom bien latino.

(9): Ahora son todos fanáticos de Calle 13.

(10): ¿A quién puedo acusar de cursi, de tener mal gusto, de ser un joven nihilista, sabatiano y solemne? ¡Por favor, terminemos con esta farsa de una vez! Yo me voy.


domingo 19 de diciembre de 2010

No podría estar más de acuerdo

Al principio fue la inminencia de una revelación que no se producía. Puro arte. Todos callados a la espera de la fantaciencia cerebral.

A la vera del satori. Y nada.

Pero después empecé a sentir que tenía un cerebro muy poderoso. Lo vi. Es un cerebro implacable con neuronas color flúor que van y vienen. Y tocan mi corazón y mis pulmones y mis tripas. Y hay en el centro de mi cerebro un misterio. Mi psiquis, advertí, es una novela policial a la que debo encontrarle el asesino. Y yo soy el detective. Pero me va a costar toda la vida saber qué hay ahí adentro. Yo creo que es una obra maestra. Esto mismo le conté a L y me dijo que a todos les pasaba igual.

-Yo no lo diría con esas palabras, pero más o menos siento lo mismo.

Nuestras mentes están muy superlativas esta noche, ¿no?, le dije. Exactamente, contestó él, siempre son así ellas pero ahora las podemos valorar en todo su dimensión. Su voz tenía sonido estereofónico. Me envolvía. Era como si su voz estuviera ofreciendo un mega-recital exclusivo. Todo lo que decía y pensaba me parecía sublime. Tuve ganas de abrazarlo por ser tan inteligente.

¡Quería levantarme y saltar y romper el techo de ladrillos con la cabeza como Mario Bros!, pero L me aconsejó que no lo haga. Yo ya me había subido a la silla. Antes de bajar tuve una visión panorámica del departamento pero también del curso de mi vida, la economía europea, el arte contemporáneo, la obra de Jorge Luis Borges y la situación política de Haití.

Salimos a caminar, no sé por qué, y el mundo se movía a medida que iba avanzando. Pude percibir cómo giraba sobre su eje y me dio vértigo. Y miedo. Seguía con la pantalla panorámica activada. Estaba en el piso pero a inmensas alturas. Entonces corrí y estuve cerca de la Luna, del Sol, de las estrellas y de Marte. Me mareé. Me acordé de mi mamá y tuve ganas de ir a su casa a darle un beso y decirle que no se preocupe. Me sentí hermanado con los extraterrestres, en un videojuego repleto de travesías.

Nos cruzamos linyeras y parecían clochards.

Nos cruzamos putas y parecían madames.

Nos cruzamos viejos chotos y fachos y parecían ejércitos de Leslie Nielsen.

Todo era mejor y más divertido, pero eso no quitaba ni un poco la sensación de drama existencial que nos acechaba. También se intuía la posibilidad de que pasara algo verdaderamente desagradable: un robo, un asesinato, una violación, un nacimiento.

Estábamos tan cerca del amor

como del odio.

Y nos sentíamos tan vivos

como próximos a la muerte.

Entramos después a un lugar desconocido que resultó un bar y me acomodé en la barra. Las palabras me brotaban como si mi boca fuese una cascada. Me la tapé, porque tuve miedo de estar ofreciendo un espectáculo deplorable. Como no tenía a nadie al lado me empecé a hablar solo. Fue un juego psicológico de excepción. Me conté historias, me enojé conmigo, me indigné con mis respuestas, me enternecí, me conmocioné, me avergoncé, me admiré, me enamoré, fui mi novio y me abandoné por no estar en forma. Y casi lloro. Casi estuve a punto de tirar la toalla, de deprimirme, de volver a mi casa para meterme en la cama, taparme con una frazada hasta el cuello y morir solo en la oscuridad.

Y el televisor sintonizado en T y C Sports emitiendo un partido de River contra Talleres del año 1993.

Pero a punto de caer, resucité. De repente otra vez el bar fue el Submarino Amarillo, el mundo fue de colores y mi cabeza latía al ritmo de una inteligencia indescifrable. Eso es algo que le pasa siempre a los superhéroes, pensé, a Superman, al Zorro, a James Bond, a Batman, siempre los están por acribillar y sacan de la galera una estrategia que deja en ridículo a los villanos. Mi villano es la nostalgia. Ni siquiera podía entender lo que pensaba de tan genial que me había vuelto. Me hubiese gustado en ese momento tener muchas microscópicas personalidades, todas sentadas alrededor de una mesa, tomando whisky e interpretando lo que se me ocurre.

Hasta que se materializó una mujer al lado y me dijo "Hola" y le conté la historia de mi vida. De principio a fin. Una autobiografía oral en media hora. No faltó nada. Hasta los detalles más escabrosos. Dije cosas que ni siquiera sabía. Como el loco Althusser, cada acontecimiento lo reflexioné y lo exprimí hasta convertirlo en una jugada de ajedrez que explicaba mi presente y mi porvenir (que es largo) a la perfección. Ella no dijo una sola palabra. Me miró, primero con los ojos entrecerrados, buscando un símbolo de entendimiento, y después con los ojos bien grandes, tan grandes que mientras hablaba me hipnotizaron. Pude ver el iris, la pupila, la textura de la retina. Cada vez que pestañeaba me quedaba a oscuras y me ahogaba. Escudriñé hasta borrar su cara y su cuerpo y convencerme de que esos ojos eran un organismo vivo distinto al de la mujer que los portaba. Y cuando terminé finalmente dijo algo pero ni siquiera pude saber de qué se trataba. Mi cerebro la puso en MUTE y alrededor de sus ojos era todo gris.

Encontré a L. Él también me contó la historia de su vida y fue extraordinario. Utilizó un lenguaje muy particular para referirse a hechos que yo ya sabía de sobra por conocernos desde chiquitos. Para no aburrirme, inventó un idioma compuesto de palabras novedosas que parecían sacadas de un tema de Luis Alberto Spinetta. Después le conté de la mujer que me gusta, la que "coming soon" va a secuestrar mi estado de ánimo y me va a dejar en un hikikomori severo y quizá terminal. Los hikikomori son japoneses jóvenes y melancólicos que se encierran en sus habitaciones a huevear porque no le encuentran sentido a la vida.

La mujer esta de la que te hablo, L,

es tan brillante

que para mirarla

tenés que usar anteojos negros.

Cayó del cielo, parece el personaje

de alguna canción de Jarvis Cocker.

Es de ésas

que todas las demás odian.

Usa unas polleras alucinantes.

Otra cosa que me dejó el cerebro frito de ella, L,

escuchame bien, boludo,

es el modo en que camina,

una cadencia y un swing absolutos,

como si tuviera las caderas conectadas a un disco

de música lounge.

Es de ésas a las que no les podés marcar territorio

a no ser que te quieras comprar una 38, L,

entonces mejor, mejor no pensar.

Fogwill la describiría mejor,

con sus cigarrillos Marlboro,

su colección de sacos,

la fragancia de su nuca.

Es intimidante,

tiene un pathos sensacional,

con efectos especiales.

Y maneja una ambivalencia

que me da escalofríos.

Está siempre viajando,

como en una montaña rusa mental

y a veces se pone fría

e inescrutable como un iceberg.

L: me preocupa no haberle sacado la ficha,

no haberla decodificada

para ubicarla en la repisa de mis estereotipos

y quedarme tranquilo

mientras me la fumo en pipa.

Y me deja en off side semántico

al menos una vez por semana.

Y a esta altura

eso es algo que mi cerebro fosforescente

no debería permitir.

Al hermano de L, que llegó después, le di una lección de vida. Estaba sobrio y es tan feo que me pareció interesante tirarle unas profecías. No sabe qué estudiar ni adónde ir y la chica que lo vuelve loco sale con uno treinta mil veces más grande, algo que suele ocurrir a los diecisiete. Entonces lo tomé de los hombros con las dos manos, lo miré fijamente a los ojos y le dije, a los gritos (porque la música estaba muy alta), lo que le iba a pasar. Alrededor nuestro todos se movían en cámara lenta:

"Vas a estar de novio cuatro o cinco o seis años, a punto de irte a convivir, a punto de tener un hijo, a punto de llegar al centro del más grandioso Amor nunca jamás visto y de repente se termina todo. Vas a trabajar en lugares espantosos y vas a tener que encerrarte en el baño a llorar porque estás tan perdido que no sabés ni cómo te llamás. Te vas a sentir solo como un perro. Vas a culear o ser culeado. Ojalá tengas suerte según sea tu preferencia. Vas a vivir de recuerdos. Cinismo, nihilismo y todo aquel "ismo" que represente una postura absolutamente opuesta a la que tuviste en algún momento marcarán el rumbo de tu vida. Te vas a creer de vuelta cuando ni siquiera empezaste a caminar. Vas a dejar atrás el romanticismo, vas a aprender, sí, un día, a especular en el amor y calibrar cada decisión como si se tratara de un asunto de Estado, pero cuando ya nadie te quiera. Vas a pasar del porro a la merca. Del blog al twitter. De la bici a la moto. De pensar que tu vida la dirige Spielberg a pensar que la dirige El Señor Spielbergo. Pero vos, vos vas a ser siempre el mismo pelotudo. Y después te morís".

Le gustó. Se cagó de la risa. "Nostradamus", gritó. Y empezó a bailar reggaeton. Las nuevas generaciones, una de dos: no entienden un choto o entienden demasiado.

Creo que el futuro será una guerra entre psicóticos.

Yo estoy en una edad bisagra: no sé si pertenezco a las nuevas generaciones, no sé si tuve una generación, no se si tengo Dios, no sé si existo, no sé si creo en el amor, no sé si me equivoqué, no sé un carajo y prefiero quedarme callado y dejar hablar al viento.

Cerca del amanecer, mientras caminamos por Independencia, L me enumera qué cosas descubrió de las mujeres desde que ya no es un pendejo:

-Las piernas principalmente. Dice que estaban ahí y no las veía.

-La nuca.

-La espalda y sus omoplatos.

-Los hombros.

-Los lunares. Que también, dice, pueden ser un lugar.

-La ingle.

-El cuello.

-Las clavículas.

-Los tobillos.

-Y el arco de un pie puede ser hermoso.

-Las manos.

-El esternón.

Exceptuando las clavículas, le digo, no podría estar más de acuerdo.


miércoles 15 de diciembre de 2010

La noche que en el blog lo postearon

Recién veía un programa de Rock/ con distintas entrevistas a grupos de Rock/ y escuché hablar a músicos de Rock/ y fui invadido por sentimientos sobre el Rock/, sentimientos que se ubicaron en un lugar impreciso, no sé si de mi corazón o de mi mente o de mis pulmones, pero sentimientos existentes que debo expresar y en caso de no hacerlo desfalleceré amargamente, desfalleceré, ¡oh sí, oh no, oh God!, sobre el teclado como una heroína de Emily Brontë.

Entonces hablemos de los músicos de rock. Hablemos sin tapujos, sin miedos y de frente. Y hablemos con el aplomo de los que ignoran la duda, como Orlando Barone o Sandra Russo, es decir, como si acabáramos de sacar de la miseria a 150 indigentes y tuviésemos la misión de purificar las almas a través de la palabra mágico-religiosa.

Y hablo en plural porque yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades. No sé por qué eso me suena de algún lado, pero se me acaba de ocurrir porque entre mis múltiples personalidades también soy Oliverio Girondo una tarde de 1932 mientras escribe Espantapájaros y Norah Lange duerme en el sillón.

Ah, lo que quería decir: odio a los músicos de rock. Cómo los detesto por dios.

Si hasta me dan ganas de tipear un "Grrr" como dicen las chicas modernas cuando quieren expresar su bronca y no encuentran las palabras porque los gritos del despótico profesor de spinning les quemaron el cerebro. ¿Dónde está la dignidad de la muchacha que va a spinning y obedece las órdenes de un ser humano que no es más que un complejo anfetamínico? ¡¿Dónde, maldita sea?! Grrr, así también decía Cielo Latini en su Abzurdah, un libro imprescindible para saber cómo NO hay que escribir. Y ahora que veo una "h" de más: ¿por qué la gente ahora escribe la onomatopeya de la risa "hahaha" en vez de "jajaja"?, ¿acaso somos norteamericanos, acaso estoy en Nashville, Tenneesse y no me di cuenta? No, no, a mí no me engañan, esto es Argentina, esto está lleno de negros. Aunque: así como no debería existir la mayonesa, tampoco la onomatopeya de la risa. Ni los negros, claro.

¿Y por qué los hombres, masivamente, se lanzaron a usar rodete? ¿Y por qué entre círculos esnobs está de moda el bigote? Lo que sí nunca vi es un tipo con rodete y bigote. Cuando vea alguno le pego un tiro, lo embalsamo, lo pinto de azul y lo dono a la Comuna.

Uy, tengo que volver, tengo que volver adónde iba: los músicos de rock. No es que los odie particularmente, uno por uno, por dios, somos grandes. Incluso puede que algunos sean mis máximos ídolos interplanetarios, mis amigos, mis conocidos, mis futuros novios, porque siendo tan abierto mentalmente como buen kirchnerista que se enoja cuando dicen "matrimonio gay" en vez de "igualitario", quién te dice que el día de mañana (pasado o mañana, diría David Lebón, un músico de rock que confesó haber comido caca) no me enamoro del típico baterista músico frustrado, de un fantoche que canta y ni siquiera se cree Dios sino el Primer Motor Inmóvil, una ameba que toca el bajo, un soberbio que toca la guitarra, porque esos, esos y no otros son los estereotipos de los músicos de rock reconocidos por la Enciclopedia Británica.

Es que odio la construcción mental que Yo me hago de lo que Yo creo es un músico de rock para Mí. En sí, no tengo la más mínima idea de lo que es un músico de rock o un spinetteano, por favor, ¿cómo carajo podría saber tales cosas si nunca entendí algoritmo en la Escuela Técnica? Sé cómo soy yo y me odio, entonces a partir de mis propios y bifurcados parámetros de la realidad (que al igual que el tiempo no existe) termino odiando a todo el mundo.

Quería decir: odio a los músicos de rock porque en el sindicato de los que somos feos tienen más posibilidades de garchar, simplemente. Todo por el verso del arte y la sensibilidad.

Cierto tipo de mujer cree que un tipo que hace "música" tiene sensibilidad y yo quiero explicar algo: ese tipo es igual a todos, lo único que quiere es cannabis sativa y sexo oral, no tiene la más remota pizca de sensibilidad.

Por otro lado: ¿quién dijo que es bueno tener sensibilidad? Hay muchos tipos de sensibilidad. También está la sensibilidad del tipo que sale a matar bebés. Del tipo que sale a cortarle las patas a los flamencos. Del tipo que tira gatos al río y se graba a sí mismo sonriendo. Del tipo que baila salsa con camisas hawaianas. Del tipo que usa zapatillas sin medias. Del tipo que es Mike Amigorena. Del tipo que es Tito Pompei.

Pero especialmente lo que nos aleja de los músicos de rock, lo que nos hace huir de ellos, lo que nos incita a correr como Marlon Brando al final de Último tango en París en busca de una María Schneider, lo que nos hace odiarlos, así, simbólicamente, así, generalmente, así, sin dar nombres porque no estamos en Matemos a las ballenas (que es un blog que hacemos 578 personas de Mar del Plata confabuladas entre sí para acabar con Carlos Aletto) es la falta de humildad.

Es verdad que la falsa modestia nos hace mal, pero un poco de realismo, muchachos.

Al fucking Borges, mirá lo que te digo, boludo, el fucking Borges, crack de la literatura mundial, personaje al que ante la mención de su nombre deberíamos renunciar a nuestras actividades y arrodillarnos en señal de reverencia, alguien capaz de escribir "Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel en cuyo amor desfallecía Matilde Urbach", a ese ciego demoledor que justifica la existencia de este país, cuando le preguntaban por sus más gloriosos libros decía que eran olvidables, que a lo sumo había dos o tres líneas dignas de atención y nada más y sólo porque Plinio El Joven dijo que no hay libro malo que no tenga algo bueno.

Ahora bien, vos le preguntás al integrante X de Pindongas Rock qué tal su último disco, qué tal su último show, qué tal su último pedo y el tipo te responde que es lo mejor que hizo en la vida, que son lo más, que el escenario se prende fuego, que si no los vas a ver sos un nabo. Y yo sé que voy a seguir siendo un nabo, vaya o no a ver a Pindongas Rock que, dicho sea de paso, es un buen nombre para una banda. Eso es lo que quería decir.

Le he narrado la historia de este modo para que usted la oyera hasta el fin. Yo he denunciado al hombre que me amparó: yo soy Vincent Moon. Ahora desprécieme.

lunes 13 de diciembre de 2010

Escritos de un spinetteano indecente

La salida del box set del histórico concierto de las Bandas Eternas activó mi fervor spinetteano. Hace 4 días que no dejo de escuchar los 3 cds. El material es extraordinario. Un spinetteano de la Liga de la Justicia subió gran parte del show a You Tube y todos aquellos que pensamos 785.986 veces antes de pagar 490 pesos por algo (lo que sea), podemos acceder a esas imágenes que, quienes estuvimos en el campo, detrás del bendito vip, creímos que nunca habían ocurrido.

El spinetteano es un personaje bastante insufrible, ¿no? En primer término está convencido de que es superior por escuchar a Spinetta. En discusiones musicales se calla y sólo al final, cual jugador de truco que tiene el ancho de espadas, explicita su favoritismo por Spinetta como el non plus ultra del Universo. El spinetteano cree que tiene una sensibilidad superior al resto. El spinetteano cree que las mujeres lo deben amar porque escucha a Spinetta. En todo caso las mujeres deben amar a Spinetta por ser Spinetta, pero ¿por qué un spinetteano cree que va a seducir a alguien porque escucha a Spinetta? El spinetteano nunca pensó que una mujer le iba a decir que no le gusta Spinetta. Un 80 por ciento del vínculo que pretendía establecer se desmantela: "Nosotros y nuestro amor por el Flaco". Desconfía y arremete con frases del tipo "Lo que pasa es que no lo escuchaste bien" (subestimación), "¿Querés que te grabe un compilado?" (colonización cultural masculina), etc. El spinetteano ortodoxo, más o menos literalmente, cree que Spinetta es Dios. El spinetteano que lo llama “Luis Alberto” merece una patada en el culo. El spinetteano sobrevalora la lírica spinetteana que en más de una ocasión no es más que un surrealismo pocket, surrealismo para principiantes de Longseller: "Jugo de lúcuma chorreando en mí/ Patas de mueble de bronce caminan ya". El spinetteano atribuye genialidad a todo lo que haga Spinetta, incluso un 75 por ciento más que el fanático de Charly García o el Indio Solari. El spinetteano jamás reconocerá que Pan o Silver Sorgo lo aburrió o que la voz de Spinetta ya no es la misma que antes y en algunos temas viejos suena mal o que le rompe las bolas la prédica sobre "Conduciendo a conciencia". El dogmatismo del spinetteano, en fin, es peor que el de un estalinista en 1950. Un fan normal se permite criticar a su ídolo porque cree que su devoción le da derecho, el spinetteano sólo critica cuando Spinetta le agarró los dedos con la puerta o le garcó a la mujer o tardó un año en sacar unos dvds y la distribución de los mismos resultó ser un desastre. Un spinetteano siente escalofríos de todo tipo y color cuando lee lo que Gustavo Escanlar (escritor y periodista uruguayo recientemente fallecido que pasado mañana se convierte en el nuevo Bolaño) opinaba: "Suelo ser de los pocos tipos rioplatenses que no están convencidos de que Spinetta es un poeta genial. Es más: me aburre, me duerme, me pone de mal humor, me parece soberbio, pedante, incomprensible, inaguantable. Pero los fanáticos de Spinetta siguen pensando que es un Dios. Y el mismo Spinetta cree ser Dios. Un tipo capaz de usar la palabra "farabute" no debería ser tomado en serio".

Recuerdo cuando sonó el acorde inicial de "Cementerio Club". Ahí sentí que estaba viviendo un momento histórico. Fue como si bajara un ovni de sofisticación musical, como si se instalara entre todos los presentes una mística palpable. No sé por qué me gusta tanto ese tema. Es un blues y a mí ese género ni me va ni me viene, pero "Cementerio Club" tiene una letra sensacional, es como si cada palabra hubiese sido tallada con la habilidad de un orfebre.

"Qué calor hará sin vos en verano".

"Oye dime nena, ¿adónde ves ahora algo en mí que no detestes?".

“Sólo sé que no soy yo a quién duerme”.

En esta versión se equivoca y repite un verso, pero eso le otorga aun más poder al tema. Incluso uno accede al disco en vivo y quiere que haya errores, pifies, desafinaciones. En caso contrario escuchamos las versiones originales. Por eso nunca me gustó Cerati en vivo como solista (no así con Soda o como invitado, donde adquiere cierta necesaria espontaneidad; es como si representarse a sí mismo lo limitara). Es demasiado perfecto. Prácticamente como escucharlo en el living de tu casa, sólo que rodeado de tipos con gel, muy bien perfumados y que saltan (con la precaución de no rozarse entre sí) al grito de "Hey, hey, hey" (ése es el raro fonema que distingue al ceratiano, el llamado que los une y los congrega).

En el caso del recital de las Bandas Eternas uno debe aguzar bastante el oído para darse cuenta que se trata de un Estadio. Es verdad que el público se mantuvo en estremecedor silencio durante buena parte del concierto, pero hubo lapsos de gran estruendo, de cósmicos y masivos orgasmos, que en el audio oficial casi ni se oyen o brillan por su ausencia. Por ejemplo en el primer punteo de "Cementerio Club" y en su riff-estribillo. Cuando luego de la introducción con sintetizadores marca Juan del Barrio empieza "Alma de diamante". Y especialmente cuando Charly García canta su parte en "Rezo por vos". Esto último se gritó como un gol, como un triunfo de la vida sobre la muerte y a más de uno se nos hizo un nudo en la garganta porque siempre es bueno para la Humanidad que Charly y Spinetta toquen y se rían juntos. La verdad es que aquella vez (como siempre desde que volvió en su Vélez 2009) se lo vio muy mal a Charly. Lento, impreciso. Cuestiones entendibles si tenemos en cuenta su reciente aparición y que él (o quienes lo manejan cual principiante Pop Star) se había largado al ruedo con apuro. Pero ya a más de un año de su regreso, su tristísima participación en la Celebración por el aniversario de la recuperación democrática y el día de los derechos humanos demuestra que el "Charly Deluxe" es una farsa monumental, un invento monstruoso ideado por empresarios ávidos de dinero, una canallada cruel para todos aquellos que amamos al compositor de buena parte del soundtrack de nuestra vida. No es que esté gordo o flaco, que se drogue o no (aspectos personales que apenas me interesan), es que el resultado artístico es impresentable desde todo punto de vista. No soy un cultor del reviente, pero la verdad es que está mucho peor que antes. El que diga lo contrario es porque se dejaba llevar por el dispositivo mediático y en los últimos 15 años no lo vio en vivo ni una puta vez (yo lo fui a ver alrededor de 10 veces del 2000 para acá): García tenía días malísimos, pero otros (la presentación de Influencia en el Luna Park y el Gran Rex en el 2002, los recitales de La venganza del 2004) están a la altura de lo mejor de su carrera. En fin, el murmullo o el coreo de los espectadores (que lo hubo y mucho en los temas de Pescado) tal vez hubiera servido para matizar un poco algunas partes en que Spinetta no llega vocalmente y se da un profundo contraste frente a la perfección instrumental. La edición de los tracks, en su totalidad, es polémica. Spinetta maneja un humor absurdo estilo Capusotto y muy bien logrado pero también se eliminaron todas las presentaciones y los comentarios graciosos que hizo entre tema y tema.

Fito Páez debería ser exonerado de todas las críticas que ya conocemos de memoria, ni siquiera por sus grandes discos, sino por haber compuesto un tema tan hermoso como "Las cosas tienen movimiento". Entre tantos puntos altos, la versión de Spinetta de "Filosofía barata y zapatos de goma" no ha sido destacada como se debería. La performance de Juanse (a quien el público reprendió con un hiriente: "Pomelo, Pomelo") en "¿Adónde está la libertad?" es muy buena. Parece a punto de tener un ataque de epilepsia de hard rock. Mi teoría (no muy original ni descabellada) es que Spinetta cuidó y reguló su voz a lo largo del concierto, de otro modo no se puede entender que haya cantado tan bien los tres temas de Almendra, casi al final del show, llegando a resignificar "Muchacha ojos de papel" por la enorme calidad de su interpretación. Algo así como que el Himno o "Imagine" te provoquen un efecto de extrañamiento. De la ansiedad que tenía por ver a las Bandas Eternas tal vez no le presté mucha atención a ciertos medley’s. El que une “Era de uranio”, “Vida siempre” y “Maribel se durmió” es imprescindible para caminar por el mundo. Lo de Invisible, Pescado y Almendra, finalmente, sí, fue tan asombroso como lo notamos aquella noche.

Recuerdo cuando tenía 7 u 8 años y fui al cumpleaños de un compañero de la escuela. Mientras todos estaban viendo una película horrible me metí abajo de la mesa con una nenita que me gustaba. Comimos papas fritas y hablamos cosas de grandes. En ese momento no me di cuenta, claro: era el descubrimiento del mundo femenino. Pero mis viejos se equivocaron de horario y me vinieron a buscar antes de tiempo. El sentimiento de desconsuelo que me invadió cuando los vi fue demoledor. Todavía recuerdo la mirada de mi amada en la oscuridad, debajo de la mesa y con un plato de papas en la mano. No hablo de extrañar a alguien, sino de echar de menos un microcosmos y angustiarse. Esto me volvió a ocurrir muchas veces en la vida. No sólo con personas, sino con libros o películas. Y una de ellas fue cuando se terminó el recital de Spinetta y las Bandas Eternas. Mucha gente se fue antes de tiempo. Yo no, yo quería seguir ahí para siempre, viendo al Flaco Spinetta cantar:

“Sin darme cuenta voy cayendo en cruz hacia el cenit,
el cielo ya no tiene mis pies.
Y la espiral que me habrá de llevar no es mejor
que todas esas vueltas que dí,
buscando un amanecer,
buscando un amanecer,
buscando un amanecer”.