lunes, 24 de enero de 2011

Let me roll it

El espectro de la remake sobrevuela la vida moderna. Todo o casi todo es la versión de una historia ocurrida muchos años atrás. El futuro rebota entre los límites del pasado. Allí están las bandas de covers. Los discos remasterizados. Volver al futuro en 2D. Kill Gil. Los múltiples avatares digitales que hacen de nosotros mismos convirtiéndonos en una serie de preferencias, frases y videos musicales. El resultado suele ser el peor. El cese de comercialización de granos actual intentó emular el paro del 2008. Pero al igual que cuando una pareja decide hacer la remake de un amor y sale todo mal, esta vez no hubo química entre la "gente" y los terratenientes oligarcas.

Hasta hace algunos días, en el hipotético caso de que un maldito loco me interceptara por la calle y apuntándome con un revólver me preguntara cuál es la película de la historia de la cinematografía mundial que no necesita de ningún modo remake, no hubiese dudado en responder a los gritos y al borde del llanto que Let the Right One In. Me pregunto si alguien todavía no habrá visto el romance sueco entre la vampira Eli y el freak Oskar como así también por qué razón un maldito loco saldría a la calle con un revólver a inquirir sobre cuestiones cinéfilas. La respuesta está soplando en el viento y lo vamos a dejar hablar. Escuchen su rumor en la unánime noche de verano.

Las expectativas sobre Let Me In, la remake filmada por Matt Reeves, entonces, no eran tales. Nos internamos en las tinieblas del cine con la secreta esperanza de que la cinta se vaya por la banquina para estrellarse contra los espectadores al estilo Rally Dakar (el acontecimiento más irreversiblemente estúpido de la historia de la Humanidad, comento, por si alguno de esos malditos locos armados que pululan por mi mente me pregunta). La adaptación hollywoodense de un film extranjero suele transitar por el cause de la pasteurización total de sus elementos más constitutivos. De modo tal que una película densa y oscura como Let the Right One In, después de atravesar ese río, se puede transformar en un producto impersonal y listo para ser consumido por come-pochoclos obsesivos. O no.

Sin apartarse demasiado del guión original, Matt Revees añade algunas pinceladas que otorgan a su remake una identidad propia. En primer lugar, juega al Derrida pocket y deconstruye la historia: comienza por la mitad y regresa al principio. Después la ambienta en los EE.UU de mediados de los 80', con el discurso conservador de Reagan como telón de fondo y el característico pop ochentoso haciendo un contrapunto genial con los sonidos siniestros de las partituras de Michael Giacchino (responsable de la banda sonora de Lost, entre otros hitos). Se añade, a su vez, una óptica moralista, no muy presente en la original sueca, que apunta a desentrañar la existencia de cosas tales como el Bien y el Mal. Esto último, que podría ser considerado un plomo ante el habitual relativismo cotidiano, está bastante bien manejado y es entendible: el protagonista del film es un niño educado por una madre ultra-católica y no es descabellado que sienta miedo al ser cómplice de una chupa-sangre. Debe ser complicado ponerse de novio con una minita que, aunque no lo quiera, tarde o temprano, te va a morder el cuello. Está en su naturaleza. Se mantiene la estética, entre noir y gótica, alcanzando planos de verdadera belleza visual. El color sepia de algunas escenas producirá el orgasmo del fotógrafo novato.

No se trata de una versión superior, sino diferente y con eso alcanza para que se produzca el milagro de eludir la típica remake mala e innecesaria. Los actores principales tampoco se quedan atrás, aunque la interpretación de la vampira anterior (Lina Leandersson) le saca varios cuerpos a la nueva (Chlöe Moretz). Kodi Smit-McPhee, por su parte, no sólo es muy parecido a su colega (Kåre Hedebrant), sino tan paparulo y perturbado como aquel. Claro que el terror como género está utilizado nuevamente como una herramienta para narrar una historia que pone en órbita algunos de los más grandes hits del Amor (que existe, pero como la poesía, el peronismo y el rock, no se puede explicar). La interacción conflictiva entre la vampira y el nenito sensible (algo que sucede muy a menudo en el mundo real) genera las preguntas básicas. ¿Cómo adecuarse a una persona completamente diferente? ¿Se puede cambiar por amor? ¿Se debe elegir lo que se desea o lo que nos conviene como seres racionales? Ni idea.

jueves, 20 de enero de 2011

Spinetta está en su derecho

Si hay algo claro en este mundo es que Spinetta está en su derecho. Luego de discos como Almendra, Pescado 2, Artaud, El jardín de los presentes, Kamikaze y Madre en años luz, por nombrar los primeros 6 que se me vienen a la cabeza, sí, el tipo puede hacer lo que se le canta. Por ejemplo, Spinetta está en su derecho de hacer un cover de Hugo Fattoruso ("Milonga Blues") y no contento con ello irse del escenario con toda su banda a excepción de su tecladista invitado, el Mono Fontana, quien hace otra versión del uruguayo pero con las voces grabadas. Spinetta, por supuesto, está en su derecho de irse nuevamente del escenario y dejar a su tecladista titular, Claudio Cardone, ejecutar un tema propio repleto de ruidos, bases y melodías extrañas. Spinetta también está en su derecho cuando decide abusar de los sonidos de cuerdas del teclado de Claudio Cardone haciendo que todo se asemeje a la banda de sonido de una película de Disney (vieja, de mediados de los 90’). Spinetta está en su derecho de sermonear al público sobre la irresponsabilidad de tomar y manejar al mismo tiempo. Spinetta está en su derecho de tocar durante 2 horas un repertorio que elude estrictamente los clásicos (los momentos más parecidos al concepto de "una que sepamos todos" fueron "Ludmila" y "Contra todos los males de este mundo"). Spinetta sigue transitando su inclaudicable y acaso inobjetable y por qué no indispensable derecho cuando toca interminables versiones de temas bastante desconocidos como "Nelly no me mientas" o "Canción de amor para Olga" o un inédito como "Luna nueva (Mundo Arjo)". Spinetta está en su derecho de fascinarse con ese jazz pop, tenue, sofisticado y hermético que ejecuta desde hace por lo menos 10 años. Es decir, Spinetta está en su derecho, en su más elemental derecho, ¿qué digo su derecho?, debo decir "su elemento", en no alternar sus temas nuevos (algo densos, por decirlo de algún modo) con alguna que otra gema del Pasado. Fue él y no otro el que dijo que mañana es mejor y todos le creímos, así que: ¿quién se atrevería a cuestionar ese repertorio apacible, sereno, sedante? Quizás quien le pidió "Blues de Cris" en medio del recital sí, yo no, yo creo, por si no queda claro, que Spinetta, Spinetta está en su derecho. Ahora bien, como espectador que paga una suma considerable de dinero, y no estoy diciendo que Spinetta no valga ese dinero, es más Spinetta vale todo el maldito dinero de las reservas del Banco Central, incluso en un mundo perfecto Spinetta no debería rozarse con la idea capitalista-pequeño-burguesa-industrial de "dinero", Spinetta debería ser un estado del alma o un sentimiento, algo parecido al amor. Decía que como espectador que va y pone la guita y dice "dame dos entradas para Spinetta", como consumidor, como hombre que paga sus impuestos, si se quiere, diré ya explícitamente, reconociéndome desde una postura antipática, decía, perdón, parezco José Pablo Feinmann, que como espectador tengo también el derecho a calificar lo que vi y oí. Claro que como spinetteano debería morderme la lengua antes de pensar, como spinetteano estalinista, dogmático hasta la médula, sumiso hasta el punto que grita "Flaco sos Dios" sólo para que el Flaco le responda que no, que "Equivocado", sólo para entablar conversación con la Divinidad y que éste le otorgue sentido a esa vida periférica y rutinaria, igual a la tuya y la mía, esa vida que sólo se contenta con llamar a un amigo por teléfono y decirle: "¡No sabés! ¡El Flaco me contestó, loco, el Flaco me habló a mí, una masa el Flaco!". Pero no, hace tiempo que intento separar mi fanatismo de mi obsecuencia y me niego a festejarle al Flaco, al querido Flaco, hasta la forma en que se suena la nariz en medio de "La herida de París" (algo que sucedió ayer tal como lo cuento: el Flaco dejó de tocar, se sonó la nariz con un pañuelo y la gente aplaudió el prodigio fisiológico). En fin, como espectador y espero no dar más vueltas, estoy en mi derecho de decir que el recital de Luis Alberto Spinetta en el Teatro Auditorium del día 19 de enero del año 2011 fue un gran, terrible y por momentos doloroso: bodrio. Probablemente nadie lo reconozca. Ni siquiera la chica de atrás mío, sí, vos, la de pelo verde, que te quedaste dormida en la Fila 6 de la Platea Alta. Ella dirá que le encanta dormir con la música del Flaco, que es mágico dormir mientras suena "Para soñar". Otro dirá que durante esas dos horas bostezó, es cierto, se aburrió, no es menos cierto, pero voló, loco, "con el Flaco vuelo, me lleva a otra dimensión el Flaco". Si querés volar, tomate un avión y si querés otro panorama, buscá una pepa. Vi muchos recitales del Flaco, pero siempre había tenido la deferencia de alternar temas nuevos con hits o clásicos o como se quiera llamarlos. No hablo de "Seguir viviendo sin tu amor" o “Muchacha”, apenas de "No te busques más en el umbral", "Ella también", "La montaña", “Jardín de gente”, canciones que sirven para cambiar de ritmo ante los climas apesadumbrados de Pan, Un mañana o Silver Sorgo, discos buenos, discos interesantes para escuchar en la casa, en el teatro e incluso arriba de un árbol, pero discos que no encienden la mecha de un recital ni remotamente. No hablo del sonido o de la calidad de los músicos (superlativa, empezando por el mismo Spinetta y siguiendo por su guitarrista extraordinario, Baltasar Comotto) o que fue el peor recital de mi vida (allí estuvieron "Yo miró tu amor", "Asilo en tu corazón" y otras genialidades que garantizan que eso fue mejor que el 95 por ciento de los conciertos que veré de aquí en adelante), digo que la sensación es que hay una gran distancia entre lo que Spinetta quiere y lo que su público desea. Esto no es malo, sucede casi siempre y es lo que distingue a un Artista de un Showman. De otra forma Di Benedetto no hubiese escrito Zama. Ni existiría la obra de Frank Zappa. Nadie pidió que esos tipos hicieran lo suyo y cambiaron el mundo. Pero en este caso la distancia fue atroz. Spinetta se encontraba en el Polo Norte y su público en Mar del Plata, cerca de los Lobos Marinos, la Rambla y la fuente de las aguas danzantes. Sólo hizo falta ver el rostro de la marea de público que salía del Teatro para entender lo sucedido. Parecía la tapa de Oktubre, parecía que habían visto la última película de Lars Von Trier, parecía que se habían enterado de que Papa Noel no existe. La idea que me sobrevuela como spinetteano es que el recital de las Bandas Eternas fue la máxima bendición de Dios pero también la imposibilidad de escuchar en el futuro temas de Pescado Rabioso, Almendra o Invisible, como si el Flaco hubiese vuelto al Pasado (una idea que siempre despreció) por única vez y para borrarlo totalmente de su repertorio: “Ahí tienen, ahora no me jodan más”. Sin embargo todos sabemos que puede que hayamos acabado con el Pasado, pero el Pasado no acabó con nosotros. Como contestó Spinetta al que le pidió "Blues de Cris" (tal vez no lo toque para hacerle la contra a esa clase de tipos, si es así le doy la razón): "También tenés el disco". Y también tenés You Tube.


lunes, 17 de enero de 2011

Lectura en Sibelius

Como bien lo indica el cartel, este viernes 21 de enero a las 18 hs. participaré de una lectura junto a Gonzalo Viñao, escritor a cargo del blog Costa Negra. El encuentro se desarrollará en los jardines floridos de la librería Sibelius, ubicada en Güemes al 3381 en "La ciudad antes conocida como Mar del Plata y ahora conocida como la República Unida de Aldrey Iglesias". Se advierte que el que no va corre el riesgo de ser denominado "puto ortiba como J.J López" y que eso es muy feo. Queda a su parecer asistir o no a la tertulia. Además de un par de nuestros propios textos, también debemos leer algo de nuestros blogs favoritos. Todavía no decidí cuál será el elegido pero aprovecho para recomendar los nominados (?):
En fin. Sayonara.

jueves, 13 de enero de 2011

El mundo de Sofía

Después de Somewhere uno se pregunta hasta qué punto no sería mejor que Sofía Coppola, en vez de ser directora de cine, se dedique a pasar música en fiestas para iniciados. O a dirigir una discográfica. Porque luego de cuatro films lo único que podemos asegurar sobre Sofi es que tiene buen gusto musical. En ese sentido, más que una discípula aplicada de su padre, parece continuar el camino iniciado por Cameron Crowe: sus películas son sólo el pretexto de una buena banda de sonido. (O de una sola canción: "I'll Try Anything Once", el sensacional demo de "You Only Live Once", el último hit de The Strokes). Esto no tiene nada de malo, si no fuera porque se supone que el concepto de cine difiere del de video-clip. Por momentos (aproximadamente el 85 por ciento de la película), Somewhere parece un gran y sofisticado video clip. Qué interesante, pero, ¿habrá alguien en el mundo que aún quiera ver un video-clip? Destacar el envoltorio sobre el contenido es la tentación elemental de nuestra era. Allí vemos libros de poesía con accesorios. Discos con sorprendente packaging. Pero resulta que este servidor cree que la poesía se lee, no se usa y la música se escucha, no se mira. Allá él, déjenlo hablando solo con su sombra al pobre prejuicioso.

Por otro lado, el problema de Somewhere es que llega tarde: Perdidos en Tokio ya fue filmada. Lo más raro es que su directora es la misma Sofía Coppola. Extraño caso de semi-autoplagio. Johnny Marco (Stephen Dorff), un actor taciturno, superficial e inescrutable (que ni siquiera es Bill Murray), conoce a una adolescente que ni siquiera es Scarlett Johansson, sino su hija (Elle Fanning). Juntos pasan jornadas agradables, signadas por el aislamiento y la estupefacción. Aquí el estereotipo extranjero degradado es el italiano. Como los japoneses eran bajitos y serviciales, éstos son gritones y ridículos. Desde esa perspectiva, Sofi, tan moderna, es como los humoristas de Tinelli: se ríe de los que hablan otro idioma. Quién sabe cuál sería la suerte de Somewhere de no existir su antecedente, tal vez estaríamos hablando de una gran película y no de un bodrio elegante. La escena inicial, con la Ferrari de Johnny dando vueltas en círculos, remite a la secuencia de la autopista en Solaris. Sólo que aquí la alegoría es tan obvia que muere siete veces antes de tocar el piso.

Se atribuye a Umberto Eco la idea de que el hombre posmoderno no puede decirle a una dama "te quiero tanto..." porque ya sabe que eso lo dijo Sergio Denis en una canción. Sin embargo, le queda la artimaña de decir: "Como diría Sergio Denis: te quiero tanto...". De este modo elude la ingenuidad y, a la vez, logra su cometido: realizar una declaración de amor. Se saca de encima el lastre semántico de las grandes palabras aún cargando con él. Es, de algún modo, la sensación de virtualidad que ofrecen los mensajes de texto, el chat, facebook. A través de esos canales, el Otro existe pero impersonalizado, de modo tal que algunos aprovechan ese terreno para expresar lo que nunca se atreverían cara a cara. En fin, el pasado no puede destruirse (toda vanguardia tiene un límite) por lo tanto debemos revisitarlo a través de la máscara de la ironía. Es en ese plan que puede funcionar el tren posmo. Ahora bien, en Somewhere no ocurre. A la segunda vez que observamos las penosas situaciones que debe soportar Johnny Marco por su condición de estrella de cine, el chiste no causa gracia, se convierte en un drama. Y a esta altura de mi vida, amigos, los laberintos existenciales de los famosos y los niños ricos con tristeza no me generan ningún tipo de compasión, más bien todo lo contrario: me obligan a la inclemencia. Todo se convierte entonces en una broma para que los colegas del jet set hollywoodense se sientan reconocidos, se rían y lloren entre sí. La escena con Benicio del Toro en el ascensor es de un manierismo casi repulsivo. Da la sensación de que Somewhere debería haber sido una película distribuida entre el círculo cercano de su directora. De ese modo nadie se hubiese sentido un convidado de piedra, el receptor silencioso de una fiesta a la que no ha sido invitado.


martes, 11 de enero de 2011

Kill Gil: un disco que se escucha pero también existe

Tus cortes de pelo. El culto por Osvaldo Lamborghini. El desprecio de River Plate hacia Ariel Arnaldo Ortega. La tira roja que abre los paquetes de galletitas. Los hombres con rodete. Las mujeres fascinadas con el horóscopo maya. El progresismo de Amado Boudou. Amado Boudou en sí mismo.

La vida está repleta de incertidumbre, acontecimientos difíciles de asir, cuestiones indecibles que están más allá del entendimiento, pero nada se asemeja en ese terreno a Kill Gil. Primero fue un disco que se escuchaba pero no existía. Ahora se convirtió en un nuevo disco viejo. Y encima lleva por subtítulo una frase temeraria: "Un disco para mirar". Es decir, una celebración del oxímoron. O de la antítesis. O de alguna figura retórica que ponga en correlación dos conceptos que se contradicen. Ésas son las primeras impresiones que produce Kill Gil y probablemente entre tales sombras quede escondido para siempre: con la música de Las pastillas del Abuelo y Onda Vaga tan alta, ya nadie se preocupa por escuchar a Charly García. A eso hemos llegado. Cuando digo "nadie" me refiero a que "el gran público de rock" lo último que escuchó de García fue Filosofía barata y zapatos de goma. Ya lo dijo El Salmón: “Hace 20 años qué lindo era”. Es verdad que el susodicho hizo bastante para que "el gran público de rock" le de vuelta la cara, pero también se hiperbolizó (soy estudiante de Letras, nunca supe qué significa "exagerar") la imagen de que García terminó en 1991 y no hizo nada más. Como si fuera un equivalente musical de Midachi, el trío "cómico" que, atrapado en un trágico intersticio temporal, todavía imita a Horacio Guarany y la Mona Giménez. Pero, ahora bien: ¿qué carajo es "el gran público de rock"? Y en caso de existir: ¿por qué durante todos estos años formamos parte de algo tan fascista, unidimensional y monótono como debe ser, sin dudas, "el gran público de rock"? Porque, si no me equivoco, todos despreciamos Say No More, El Aguante, Sinfonías para adolescentes en beneficio del avance de bandas como... ¿Catupecu Machu? ¿"Guereli paichú soufá/ Guerelí paichú mamá/ Guerelí paichú prehué"?

Perdoná, ¿me podés traer una elipsis más grande que el patrimonio de Aldrey Iglesias? Muchas gracias.

El punto, como diría Bill Hicks, es que más allá de los avatares coyunturales antes mencionados, de la actualidad psicológica del artista, de la falta de billetes, de la posible candidatura de Miguel del Sel (un hombre que, repito, basa su prestigio artístico en imitar a Horacio Guarany), anda dando vueltas en el aire un nuevo disco de Charly García. Y si uno es un hombre de bien, debe dejarse de esnobeadas, de cooleadas, de "yo tengo bigotes y escucho The Radio Dept", sentarse, colocarse unos auriculares y disfrutar. Porque Kill Gil, más allá del dvd con las pinturas (evidente accesorio de marketing para captar ventas), es un disco para prestarle atención al sonido.

En relación al demo que se filtró en el 2007, desde el punto de vista técnico, es una versión "desseynomorizada". Instrumentos amplificados, cierta prolijidad en la mezcla, voces mejor ecualizadas. Esto se evidencia en "Mirando las ruedas", el cover de Lennon que aquí aparece inexplicablemente interrumpido a los 2 minutos. Tal vez se trate de otra claudicación producto de la "lobotomía" de Szereszevsky y Cía, pero es lo que el material que lo compone requiere y termina favoreciendo el resultado final de la obra. A veces los malos tienen razón. Hay un nivel de melodías y letras que García no había entregado desde que "el gran público de rock" (que existe, yo lo vi en Arena Beach, en los festivales de reggae, en Cromañón) le bajó el pulgar. Se pasteuriza el envoltorio, es cierto, pero la esencia se mantiene inmutable. "Te voy a dar un colchón/ Con ruedas y un planeador/ Para que puedas ver toda tu vida desde acá", es probablemente una de las mejores cosas que escribió García en su carrera. Y nos lleva al éxtasis. A la gloria de reencontrarnos con un viejo conocido que nos hizo reír y nos acompañó en momentos desdichados. Es como si viniera Dios y nos dijera: “Existo, boludo, acá estoy, ¿qué querés saber?”. ¿Te acuerdas de Charly? ¡Volvió! ¡En forma de 3 versos! "No importa", un tema poderoso, apocalíptico en forma y fondo, es una introducción a la altura de "Demoliendo hoteles" o "Necesito tu amor". "In The City That Never Sleeps" y "Break it up", son mejores que "Sólo un poquito nomás" o "Shisyastawuman", otros experimentos en idioma inglés de años atrás. En "Los fantasmas", hit instantáneo, vuelve a sintonizar con la realidad cotidiana: "El Falcon verde que usabas para pasear/ Pasó de moda, no existe más". Kill Gil salió la semana en que Videla fue condenado a cadena perpetua. Pero más allá del azar, en "King Kong", "Pastillas" (que remiten a esa vertiente subterránea de canciones tristes y sofisticadas, al estilo "Ojos de videotipe" o "Promesas sobre el bidet") y las remakes de "Transformación" y "Telepáticamente" García identifica nuevamente los dramas que acosan nuestras conciencias: el amor, la soledad, el sufrimiento, los grandes hits de la Humanidad.

Tres años y medio atrás, elaboré otra reseña de Kill Gil: Un disco que no existe pero se escucha. La verdad no entiendo porque hago lo mismo que hice ayer pero como hasta ahí nomás, como viviendo en el pasado.


jueves, 6 de enero de 2011

Lamborghini retrocede

Osvaldo Lamborghini es un autor de esos que dan más ganas de decir que lo leíste ante una tribuna que de leerlo en la soledad de tu habitación. Un autor para "hacer rostro" ante la muchachada distraída. Quiero decir que a Lamborghini no lo leyó casi nadie más allá de El Fiord y "El niño proletario".

Regla de oro en la que basan su prestigio los autores malditos: no ser leídos. O ser leídos por adolescentes. O por lectores drogados. O por Spinetta. O por lectores que van a encontrar allí lo que fueron a buscar aunque ni siquiera lo entrevean, como quien en el cine se ríe no porque lo que ve le cause gracia, sino porque lo que ve es una comedia.

En fin. Si la literatura maldita fuera un organismo viviente, si se humanizara como sucede con los balcones (y hasta con las partes del cuerpo) en los relatos de Felisberto Hernández (otro maldito, a su manera).

Otra vez: si la literatura maldita fuera un organismo viviente (es decir un ente que piensa), debería preocuparle que Sudamericana publique su obra. Es el caso de Osvaldo Lamborghini (Cuentos y Novelas I). ¿Cómo reacciona la literatura de Osvaldo Lamborghini ante una edición de 3000 ejemplares que se puede conseguir en Yenny? Con una mano en el corazón: una de las características que hacen maldita a una literatura es la dificultad que el resto de los mortales (los que no son el autor ni sus personalidades ni sus amigos ni sus víctimas) tienen para llegar a ella (1). Buena parte del poder maldito reside en esa dinámica de añorar un libro que no se consigue por ningún lado. Pero ¿qué pasa cuando la tortuga se detiene y deja que Aquiles siga de largo? ¿Aquiles seguirá preocupado en la tortuga? ¿Aquiles, entre sus muchísimas ocupaciones, seguirá perdiendo el tiempo en competir con una miserable tortuga?:

No, Aquiles, en esa hipotética situación,

ha consumado su deseo

y cuando uno consume su deseo

lo que menos le interesa es su deseo.

Aunque también cabe la posibilidad de que Aquiles le proponga casamiento a la tortuga, hipotética situación que nos deposita en el interrogante elemental: ¿aprobará Aquiles la zoofilia?

A excepción de "El niño proletario", el resto de los textos que componen Sebregondi retrocede, por ejemplo, es in-leíble. En el sentido de que el fluir sintáctico está obturado para causar un efecto de ritmo que hace fusionar la prosa con la poesía (estructura original en la que se escribió la obra). El resultado no dista mucho del surrealismo, pero con 50 años de atraso y todas las maneras posibles de nombrar un "falo". Es un sistema de escritura (automática), repetitiva y anti-estética, sin un programa preciso, consciente de sí misma, que se muere de ganas de ser calificada de meta-lingüística: "El narrador siempre cuenta lo que cuenta, no puede contar otra cosa: refiere él su voz". Estamos, entonces, ante un autor que sirve para escribir muchos trabajos prácticos.

Creer que la "experimentación", la rareza, el supuesto (2) descentramiento del canon (que ya es canon), es bueno por sí misma es algo que no resiste la mayoría de edad. A veces creo que el neobarroco es la corriente tras la que se escudan los fantoches.

Por otro lado, Lamborghini es demagógico: siempre le da al lector lo que pide. Marqués de Sade + Cantos de Maldodor + Lacan. Igual a: Abundante penetración anal. Escatología. Guasca. Gente que garcha. Sindicalismo. Sangre (3). Es probablemente uno de los autores más aburridos de la literatura argentina. Es político en el sentido más panfletario del término: las iniciales de Carla Greta Terón, etc. Se dirá que Lamborghini buscaba ese efecto deliberadamente. Era explícito, sabía que todo era pura retórica. Mordía (y rompía) la cola de su propio discurso para demostrar la falibilidad del lenguaje. No lo dudo. Pero: ¿y qué?, ¿hay que felicitarlo por eso? ¿Entonces que tenemos que hacer con Apollinaire? Se aludirá destempladamente a lo que la irrupción de la obra de Lamborghini significa en la literatura argentina de los 60'. Una literatura que sólo adquiere valor a través de su contexto es más un material arqueológico o testimonial que literatura.

En caso de que haya querido espantar al burgués, tenemos una mala noticia: el burgués que lee a Lamborghini, lee para ser espantado. Eso es casi como practicar el duhaldismo, corriente política especializada en romper cosas para luego autodenominarse la única capaz de arreglar lo que acaba de romper. Hay más posibilidades de que le caiga una copia de Las hijas de Hegel a Cristina Piña que al almacenero de la esquina de tu casa.

Un dato curioso y contradictorio sobre Lamborghini es que a menudo lo señalan como el gran transgresor de la literatura argentina, el tipo que desacraliza el oficio de escribir a través de su lamentable eslogan ("yo pienso siempre en publicar, nunca en escribir" en Sebregondi se excede), pero al mismo tiempo, la imagen autoral que han construido de él atrasa por lo menos un Siglo (4).

Para justificar a Osvaldo Lamborghini usualmente se alude al sindicalismo (¡!). Al psicoanálisis. Al carácter profético de su obra. Al desafío que significa su lectura. Cualquier cosa menos a lo que escribe Lamborghini. Incluso se suele hacer referencia a su indudable "genio", operación retórica a través de la cual se explicita la ausencia total de análisis. Es el problema y el truco de los que se dedican a la alegoría y la parodia (procedimientos en los cuales Lamborghini, maravillado, se estanca, mientras ve crecer un girasol en su ombligo), para entenderlos hay que irse afuera del texto (5). Y el que no quiera hacerlo, sencillamente, es un boludo. Por eso la nota del compilador abunda en calificaciones arbitrarias (6) y datos fetichistas (7). La arbitrariedad es usual en Aira cuando firma como crítico (8). Aira prescinde de cualquier tipo de argumentación, abusa de la cita de autoridad que significa en la literatura argentina contemporánea y se dedica a la adjetivación o las definiciones rimbombantes. Alguna vez llegó a escribir cosas tales como "El que no ama a Emeterio Cerro no ama a la literatura, así de simple es" (9). Sus palabras sobre Lamborghini van en ese sentido. En fin, no hace profundizar pues se presume que todos los que leen Cuentos y Novelas I ya saben de antemano que Osvaldo Lamborghini es un genio. ¿Y cómo no lo iban a saber esos muchachos? ¡Si se las saben todas!

(1): Ese efecto, en realidad, es propio de todos los libros deseados.

(2): "Supuesto" porque toda la obra no es más que la reescritura infinita y monótona de "El matadero". Algunos dirán: "eso es la literatura argentina, estúpido".

(3): Esto equivale a decir: "Espejos. Laberintos. Tigres. Aquiles y la tortuga. El Tiempo. La ceguera. Los libros. La noche. La metafísica. El ajedrez. La verdad que Borges es un autor aburridísimo".

(4): ¿Qué imagen autoral? ¿La de autor maldito?

(5): ¿Está usted hablando de la autonomía del arte? ¿Está usted hablando de irse del país y contemplar desde allí la obra de Lamborghini? ¿Usted sabe de qué está hablando?

(6): Sobre Las hijas de Hegel: "su "libro" más acabado y perfecto".

(7): Incluye la marca de los cuadernos en que están escritos los textos inéditos.

(8): Osvaldo Lamborghini es un chiste de Aira, como Macedonio Fernández uno de Borges. La ecuación es tan clara que me avergüenza exponerla.

(9): Afortunadamente, Charlie Feiling despedazó semejante abuso del lenguaje en unos pocos párrafos. Charlie Feiling es Borges después del estallido del punk.


lunes, 3 de enero de 2011

Dos películas de frontera

Machete. Donde debe haber una muerte, hay cinco. Donde debe haber una decapitación, hay tres. Donde debe haber un émulo de Bush hay un Bush Recarcagado que sale a matar mexicanos por el desierto. Machete es una caricatura y persigue un imaginario propio del cómic. En base a esta dinámica de la desmesura constante, Rodríguez realiza una de las películas más entretenidas de los últimos tiempos. Sin aliento. Un ritmo insostenible. Una aparición estelar atrás de la otra (De Niro, Lindsay Lohan, Jessica Alba, Michelle Rodríguez y siguen las firmas). Las escenas, que tienen bastante de video-clip, mucho de publicidad sofisticada y poco de cine, se convierten en un hit automáticamente, mientras provocan la risa y el espanto del espectador. La sangre riega cada uno de los escenarios con armonía, como si el líquido rojo y vital hiciera una coreografía de una hora y cuarenta minutos. Es en esa brutal estetización de la violencia que el espectáculo gana por sobre la politicidad (que se encuentra, por supuesto, hasta en el modo en que comemos una naranja). Este observación no es (¡sálveme Dios!) un cuestionamiento ético, sino una evidencia para advertir a los distraídos: Machete no es Alejandro Salvatierra. La película de Robert Rodríguez no tiene nada que ver con el Parque Indoamericano, ni siquiera con el muro en la frontera de Texas. En cuanto al tema de la inmigración, sería lo que La vida es bella (un arsenal de golpes bajos) al Holocausto. Pero vintage y con el resguardo omnipresente de Tarantino y con la resignificación cool de viejas glorias de la Súper Acción ochentosa (Don Johnson, Steven Segal). Un caso más en el que el discurso dominante se apropia de un factor de lucha y, a través de su representación, logra neutralizarlo. O masificarlo para que se vuelva apto para todo público. Si se quiere ser más mesurado, un alarde de esnobidad, como el de alguien que tiene una marca de ropa y, supongamos, le pone "Bolivia" (no creo que eso suceda). Esto no invalida la diversión que provoca la película, pero a los que buscan un compromiso, una bandera: se les escapó la tortuga. Lo que sí se reivindica en Machete es la ingestión de pochoclos. Y con creces.


Monsters. "Los superjuguetes duran todo el verano". Así se llama el cuento de Brian Aldiss que inspiró Inteligencia Artificial, la película de Stanley Kubrick que terminó Steven Spielberg recauchutando algunos viejos alienígenas de Encuentros cercanos del Tercer Tipo. En un prólogo a la edición de un libro de cuentos especialmente editado antes de A.I, Aldiss dice: "Hasta la ciencia ficción es el arte de lo verosímil". Recordé esa premisa cuando vi Monsters, una historia ambientada en un futuro inmediato en el que una sonda con vida extraterrestre cae justo en la frontera donde hace estragos Machete. Los bichos del espacio se reproducen (convirtiéndose en horribles alimañas de tentáculos gigantes) y el gobierno de EE.UU decide radicalizar el Muro Infernal para que no ingresen las "criaturas". Un periodista trotamundos, bastante paparulo, debe atravesar el territorio infectado acompañado por la hija de su jefe. A medida que avanzan en su atroz itinerario, ¡eureka!: comienza a funcionar la máquina del amor. La película es bastante mala. Abusa en alegorías de manual: las imágenes remiten a Afganistán, la inundación de New Orleans. Recurre al golpe bajo. La crueldad de los militares con los habitantes de la frontera es equivalente a la que se tiene actualmente con los inmigrantes ilegales. Una escena final explicita el "mensaje" del film: los monstruos, en realidad, somos los humanos. Ya lo sabíamos. Pero por otro lado, abunda en aciertos: la fotografía es extraordinaria (es un lugar común apelar a esta característica pero este caso es la excepción a la regla). La química entre los dos protagonistas (que en la vida real son pareja) traspasa la pantalla. Por momentos, al estilo Orgullo y Prejuicio Zombie, parece Antes del amanecer con aliens. El montaje acierta al revisitar planos y paradigmas estéticos del documental. Pero en donde la película hace agua es en algunos detalles, esos que de tan insignificantes, terminan arruinándolo todo en la vida. ¿Nunca te pasó que te gusta un/a chico/a hasta que te manda un mensaje de texto con una falta de ortografía? Porque un servidor, bien predispuesto, puede creerse que los extraterrestres invadan la tierra, que la hija del jefe justo paseaba por donde no tenía que pasear, pero no que existan pancartas con frases tales como: "Detener los ataques. 5000 dead”; "Que son los monstruos. No bombing"; "Extraterrestres (calavera). Peligro". O que un empleado de la aduana quiera sobornar... aludiendo a la palabra "soborno". Vuelvo a la frase de Aldiss: "Hasta la ciencia ficción es el arte de lo verosímil". Avísenle a Gareth Edwards para la próxima.

martes, 28 de diciembre de 2010

Resumen de lo visto en el año

Enero:
De Sandro a Roberto Sánchez: Se habla de Sandro como alguien que resistió más que cualquier otro ser humano los embates de su enfermedad. Se habla de Sandro como el mejor amante, amigo y el más grande cantante. Se habla de Sandro como el introductor del rock en castellano. Todos estos supuestos, claro está, son incomprobables cuando no falsos.
Redrado resiste: “Redrado resiste”, decía el titular de TN. ¿Un guerrillero en contra del sistema? No. ¿Un terrorista kamikaze a punto de explotar una institución pública? No. ¿Un piquetero en una huelga de hambre? No, el titular del Banco Central. Plop.

Charly en el Polideportivo: Lo que ves es lo que hay: Antes Charly se bajaba los pantalones. Ahora pide disculpas porque se le caen.

Investigación periodística: -Che, acá Rafael Flores dice que Kirchner es como Shylock.

I read dead people: Los diálogos sobre la nada y los silencios incómodos. El pasado que vuelve en forma de fichas que te perforan el cerebro y la devoción por una mina que ama los gatitos.

Febrero:

Apuntes sobre Los Suicidas, de Antonio Di Benedetto: Algunos insectos se devoran a sí mismos si se les ayuda arqueándoles el cuerpo.

Lost. Minuto a Minuto: Sawyer llegó hasta Juliet que está moribunda. Susurra como Pablo Echarri y suda como Osvaldo Laport. La escena dura años. Que se muera (Sawyer, no Juliet).

Sobre El Secreto de sus ojos: Campanella tiene un buen taming para contar historias y hacer que el espectador se interese en ellas. (Esto es algo que molesta demasiado a los fundamentalistas de Lisandro Alonso). El problema es que para lograr esa efectividad es capaz de matar a su madre y no teme caer un sinnúmero de veces en el efectismo más ramplón.

Música triste para escuchar mientras la Tierra explota: Pero sé que ustedes perdonarán a idiotas como un servidor ya que detrás de esta obvia máscara del ego se esconde el deseo más simple y ancestral: compartir algo con alguien. Un paraguas en un día de lluvia. Una conversación en un atardecer de verano. Un asiento en un colectivo. Los discos de The Pains Of Being Pure At Heart y Letting Up Despite Great Faults.

Marzo:

Especies que desaparecen: Debajo de todo, casi llegando al final de la hoja, una P.D lacónica y directa que me recuerdo muy a menudo: “No se agrande, Zariello”.

Adoctrinamiento de pelotudos: Pero a medida que la guerra entre el gobierno y el establishment mediático entró en combustión, 6 7 8, como el mismo Clarín, se convirtió en un pasquín bastante vulgar y desagradable.

Ni mú: Yo soy el que posee un celular monofónico y aborrece la verdura.

Bullying contra Kirchner: Señoras y señores, seré pornográfico, seré atrevido, pero no tengo otra salida: ¿qué otro objetivo sino el de que el lector imagine el culo lleno de hemorroides de Néstor Kirchner tiene esta delectación morbosa en la descripción de una afección conocida por todos?

El majulismo, una nueva escuela literaria: Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será majulista. Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne (?).

Abril:

Sobre la miseria de la posesión, el amor, la música indie y Album, el disco de Girls: Ahora bien, ¿se puede amar a alguien sin asimilarlo a una pertenencia? Se supone que de eso se trata el amor y si no es así estamos todos perdidos y condenados a ser esclavos del ego. Pero al mismo tiempo ¿cómo podría saberlo? y, a decir verdad, ése no es el tema de este texto.

Dead and Lovely: El indie es el reino de la patraña y, aunque sus integrantes se jacten de despreciar lo masivo, podemos afirmar que en un reducto en boga se encuentra el mismo porcentaje de idiotas que en una cancha de fútbol, con el agravante de que estos últimos no se creen a la vanguardia de nada (a no ser de un paraavalanchas).

Tipología de chicas de la Universidad: La chica linda con un amigo feo que le quiere dar masa. El nombre de este tipo de chica no necesita mucha elucidación, ¿no es cierto? Simplemente es una chica linda a la que se le ha adosado un feo que usa como sirviente: le compra cigarrillos, le guarda el asiento, le pasa los apuntes cuando falta porque se quedó haciendo cucharita con su novio de 35 años.

Mayo:

Joe Lie: Vos no lo sabés, pero sos el amor de su vida. Vos sos el amor de la vida del 85 por ciento de los hombres que te conocen. El resto son putos o imbéciles.

Cada vez más Solaris: En los pasillos de nuestra mente el verdadero monopolio a combatir no es Clarín, sino el Ego. Pero el monstruo lo maneja todo a su conveniencia y es tan inteligente que los únicos que nos dicen que su profusión es nuestra tumba son pelmazos, como los autores de libros de autoayuda o chantas, como los garúes de la India o pelmazos y chantas, como los psicólogos.

Horla City, el libro que reúne toda la poesía de Fabián Casas: El mundo ha cambiado bastante en todos estos años, nos hemos entregado con sumisión a la sobre información que nos brinda Internet, el furor de la vida virtual y la música para pastillas, pero estos versos sobre el lado b del amor, el desencanto, la melancolía urbana y las epifanías cotidianas suenan cada vez más atemporales.

Los 23 convocados. Uno x uno:

Ariel Garcé

A favor: Un jugador fantástico, de una técnica insuperable. Hito de las inferiores de River, en la senda de otros grandes como Gandolfi y Tula. De él depende el objetivo mayor del plantel: campeonar. Contra el Seleccionado de sobrevivientes de Haití demostró toda su capacidad de reacción ante países en crisis, lo que le augura un buen desempeño ante Grecia. Oriental, también conoce los entretelones del fútbol coreano. Una grata sorpresa, un crack que no tiene techo y no deja de volar.

En contra: No tiene contra.

Curiosidad: Tiene de la buena.

Apuntes atropellados sobre el final de Lost: En la era de la sospecha, Lost es una serie que trata sobre la fe en las personas y las cosas.

Apología de Julieta Venegas: A esta altura del texto uno podría pensar que estoy un poco enamorado de Julieta, pero ¿quién no? ¿Cómo no rendirse ante el encanto escandaloso de esa chaparrita (?) de cejas grandes que baila en forma preciosa al final del video clip de “Eres para mí”?

Junio

On the rock, el nuevo disco de Andrés Calamaro: En la música debería ser igual, lo que sucede es que los críticos de rock no saben nada de música. Y los que saben de música no saben nada de escribir (no hablo de escribir bien, porque nadie sabe en qué consiste eso, sino de elaborar un texto de tal forma que el lector lo termine de leer sin dormirse en el medio).

Con el viejo póster, Diego en México campeones: No me remito a su abrazo con Estela de Carlotto, Maradona lo único que tiene de progre es el look.

Cinco años de Ilcorvino: El 73 por ciento de las personas ya no me dice: “¿Cómo andás?”, sino: “¿Cómo anda el blog?”. El restante 27 no sabe que tengo blog.

Música para camaleones: Gabo Ferro: Música para estudiantes de Letras que se miran en los recitales pero no se saludan.

Julio

Los 23 convocados. Uno por uno:

Garcé: El distinto. El desequilibrio (mental) constante. La locura que se confunde con el genio. El que trae alfajores y… convida (?). Y no son de membrillo ni de fruta, son de chocolate y de dulce de leche. El ancho de espadas sorprendente que se guarda y se guarda y se guarda y finalmente no se usa nunca. Irrepetible.

Play al nuevo rock argentino: Nuestro olvidado líder de masas Juan Carlos Blumberg preguntaría: “¿Se entiende?” Si la respuesta es afirmativa tenga la deferencia de explicarme adónde carajo me dirijo en esta deriva de palabras y términos fucking seductores (por no decir eróticos, por no decir definitivamente pornográficos y no aptos para mayores de 18 años) como “mockbuster” o “boutade”.

De maradoneanos y favaloreanos: El suicidio es una opción más que respetable, pero me caen mal las personas que se creen tan importantes como para morir orgullosamente por una causa y no vivir humildemente por ella.

Agosto

Acá afuera: Allí afuera había seres humanos, ¿cómo decirlo?, moviéndose.

Llevo la tos como propia voz: ... no vengan con boludeces, no vengan con “las drogas son un camino de ida”, con rockeros limpios y lobotomizados, yo quiero que estén re locos, re hechos mierda, sacados, de la cabeza, con las facultades mentales alteradas, que tiemblen y exploten arriba del escenario y si es posible que la sangre manche a la primera fila de groupies, ¿qué mierda me importa la salud de un artista?, ¿ellos se preocupan por la mía?

Si Laura Palmer viviera, sería montonera: Twin Peaks es un alegato sobre la enajenación del mundo. Su perdurabilidad indica que, a pesar de los laberintos sobrenaturales, es un espejo inquietante en el que nos podemos reconocer. Como dirían en Telenoche o C5N: Laura Palmer somos todos.

Érase una vez cabeza de radio: Retribuir la confianza que Radiohead nos otorgó en la adolescencia para ser depresivos es una de esas tantas cuentas pendientes que nunca saldaremos.

El Servidor de internet que amas puede desaparecer: Esto me suena al defensor que se tira al piso cuando la pelota ya se fue al lateral. ¿Hasta qué punto este tipo de medidas (correctas, pero repentinas, con aparentes plazos estrictos, muestras gratis de chavismo pocket) no son las que hicieron que el 28 de junio gran parte del electorado le diera la espalda al mejor gobierno de los últimos 60 años?

Fogwill, nos vemos en el infierno: Somos formados en una sociedad prejuiciosa, hipócrita, clasista, misógina. Algo de toda esa mierda permanece inmutable en el transcurso de nuestra vida. Nos atemoriza saber que en el fondo somos quienes decimos detestar. Sólo hace falta que peligre nuestro servidor de internet. Que le roben la cartera a tu novia. Que te toque elegir al lado de quién te sentás en el colectivo.

La rebelión consiste en escuchar Los Redondos hasta pulverizarse los oídos: ¡La cuestión se complica si el enemigo está en todas partes y ninguna! Ahí no hay certidumbre que nos tranquilice porque no sabemos de qué lado de la mecha nos encontramos. Puede fusilarnos hasta la Cruz Roja.

Análisis estructural del relato: Creo que la gran enseñanza de estos días (y tal vez de estos tiempos) es aprender a surfear en la ola de la incertidumbre general, con el equilibrio adecuado para no pasarse de rosca y quedar anclado en la fe desmedida a un dogma. O golpeando las puertas de un nihilismo inconducente. En vez de “No future”, “No Truth”.

Septiembre

Correme por izquierda que me gusta: La secularización del “periodismo independiente” ya se puso en marcha y es irreversible. Es un boomerang incluso para quien lo denuncia. “Ellos trabajan para Ernestina, ¿y vos para Spolsky?”. Nadie está a salvo. Todos somos sospechosos del asesinato de Laura Palmer.

La Gran Velada Herzog: Ver Fitzcarraldo es un trip, como leer “Capítulo XXX (El milagro de la metamorfosis aparece en todas partes)”, el cuento de Mario Levrero que cambia irremediablemente la vida de sus lectores (no se lo digan a nadie).

Aleluya Señor: Donde exista una necesidad habrá un derecho y una canción de Leonard Cohen. He aquí la única similitud entre el Estado Anímico y el del Bienestar.

Un ardiente beso: Amor kafkiano el que neutraliza el deseo y posterga sistemáticamente el vínculo elemental de los involucrados. Y efectivo, ya que mantiene expectante al receptor, que ansía un desenlace feliz (o no).

Contra las personas: Que hacen gestos cuando pasa algo. Lo que sea. Un choque, un estornudo. No abra la boca ni los ojos ni haga muecas, Infantil Persona, ya no tiene 4 años, nadie malditamente nadie se lo festejará.

Si yo fuera tu esclavo, te pediría más: Advertencia: Este post posee lenguaje adulto y escenas de sexo. Se recomienda leer junto a una persona mayor acostumbrada al lenguaje y al sexo.

Octubre

No voy a soportar un Golpe de Estado en Ecuador:

-Voy a entrar a facebook y me voy a unir a todos los grupos a favor de Correa, a todos los grupos a favor de la democracia, a todos los grupos en contra de la policía...

-¡Es una locura, hijo, te puede pasar cualquier cosa!

Aquí debería haber un título que resuma el siguiente post: Promediando el recital me dijo "despertame si el tema está bueno". Sublime.

Entradas para Paul McCartney en River: ¿Cuál te conviene?: A partir de este sector los fans no deben preocuparse por su estado rectal, puesto que se intuye que si pagaron casi el salario mínimo, vital y móvil para ver al genio de Liverpool, no cuentan con culo alguno o tienen uno lo bastante amparado para no darse cuenta si es vejado (o no).

Justicia por Mariano Ferreyra: La vida es aquello que sucede mientras estamos concentrados en otro plan: leer la biografía de Magnetto en Miradas al Sur.

Néstor y nosotros: Pero quién mierda es este tipo?". Eso nos preguntamos todos, a veces cagándonos de risa, encadenados a su show, en otras ocasiones indignados, especialmente cuando su estrella comenzó a apagarse, se recostó en el PJ y tuvimos que justificar cada uno de sus movimientos aludiendo al verso de la "realpolitik".

Noviembre

Divino tesoro: En la aldea virtual 2.0 son todos nacionales y populares, pero a veces, hasta un servidor, individualista miserable incapaz de formar parte de su propia familia, puede sentirse incluido en esa corriente. El peronismo cool es la muerte del peronismo.

Paul is Live: Como el tipo que estaba atrás mío, ése que desafinaba como un maldito perro, ése que evidentemente no sabía inglés y no tenía idea de lo que decía la letra pero probablemente la entendió muchos años atrás y mejor que yo.

En el fondo es bueno: Mi tía deviene en repentina azafata y hace una serie de expresiones y ademanes inentendibles. El avión es el primo.

Un amor de Carbonell: La camarera le habla de cosas que él apenas entiende. Durante un instante Carbonell está seguro de que ella maneja otro idioma. El ruso por ejemplo.

Axolotl: Durante 30 o 20 o 10 años comieron (real o simbólicamente) con "la Chiqui", le festejaron los chistes malos, los comentarios desmedidos y su egolatría a prueba de balas, pero de repente el satori, la impensada epifanía: Mirtha Legrand es reaccionaria, es fascista y es conservadora. Y hay más: en algunas fotografías sonríe junto al dream team de la última dictadura militar. Y las fotografías, a no ser cuando muestran al principal sospechoso de asesinar a Mariano Ferreyra con el "payaso liberal" o una panelista de 678, siempre dicen la verdad.

Diciembre

Dejemos hablar al viento: Que nadie tenga dudas: los celulares no sirven para comunicarse, sino para hacer ruido cuando hace falta silencio. Hay gente que le pone volumen hasta a las teclas.

La noche que en el blog lo postearon: Por otro lado: ¿quién dijo que es bueno tener sensibilidad? Hay muchos tipos de sensibilidad. También está la sensibilidad del tipo que sale a matar bebés. Del tipo que sale a cortarle las patas a los flamencos. Del tipo que tira gatos al río y se graba a sí mismo sonriendo. Del tipo que baila salsa con camisas hawaianas.

No podría estar más de acuerdo: Nos cruzamos viejos chotos y fachos y parecían ejércitos de Leslie Nielsen.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Sobre los Cuentos de Roberto Bolaño

"Vive y muere, pero no huevees"

A esta altura, como Alf en el antológico episodio de los Simpsons, sólo resta que Bolaño vuelva en forma de fichas. Esta edición de sus tres libros de relatos en un solo volumen (Llamadas telefónicas, Putas Asesinas, El Gaucho Insufrible), al contrario de lo que se acostumbra a decir, no viene a echar un manto de justicia sobre ningún olvido ni termina con años de indiferencia editorial, así que este párrafo termina aquí mismo.

Tarde o temprano, advertimos que nuestro padre no es Superman. Que la presencia de Ariel Arnaldo Ortega no asegura un triunfo de River Plate (más bien lo ahuyenta). Que la mujer que creímos amar no era tan brillante ni tan hermosa como nos parecía. Que Charly García se convirtió en un imitador de Charly García. Son pequeños o inmensos desengaños emocionales que nos demuestran que el piso no es más que una tabla de surf en constante movimiento. Lo mismo ocurre con los escritores que inmortalizamos durante la juventud y convertimos en póster. Bolaño, que de alguna manera es nuestro Cortázar, no escapa a esa suerte. Bolaño, entendemos recién ahora, era mortal. Incluso lo era al punto de que se murió (1). Incluso lo era al punto de que muchos de sus cuentos no resisten muchas lecturas.

Recién ahora se vislumbra que esa pulsión romántica por la escritura que atraviesa tanto su vida como su obra, fácilmente se puede confundir con la cursilería o el mal gusto. En sus cuentos los escritores fracasan estrepitosamente. El amor siempre es fatal. Cada situación está dotada de un trasfondo dramático que tal vez no se justifica. Reitera innumerables veces como epílogo que los personajes principales no se vuelven a ver "nunca más" (recurso propio de una composición con tema para la escuela primaria). Abusa de la inconclusión (lo que llevó a sus editores, en "El secreto del Mal", a publicarle cualquier esbozo de relato). En los peores casos, estas características terminan por conformar un imaginario bastante grotesco (2), como si el centro de la obra de Bolaño fuera comandada en realidad por un joven nihilista, sabatiano y solemne y no por el tipo inteligente, borgeano y lúcido que era.

Pero un chileno (3) debe ser recordado por sus mejores versos y Bolaño se sentía, más que nada, un poeta. Y verdaderamente lo era pero no en el sentido formal. Hay más poesía en sus novelas (el desierto repleto de cadáveres de 2666, las huellas en el aire del avión de Carlos Wieder, la ciudad balnearia de El Tercer Reich, el soliloquio de Joaquín Font en la Clínica de Salud Mental El Reposo), en el itinerario de su vida, en la expresión de su rostro en algunas fotos, que en la poesía que publicó como tal. Sus mejores cuentos (por lo menos una docena) son una buena prueba de ello porque el efecto de lectura equivale a un shock poético. El viaje por la carretera del padre y el hijo en "Últimos atardeceres en la tierra". El desierto a través de la ventana en "Gómez Palacio". El via crucis amoroso en las llamadas telefónicas que se cruzan dos (des)enamorados. El tragafuegos urbano que provoca un satori indecible a Jim. Son momentos destacados de la literatura latinoamericana que probablemente perduren en el tiempo mucho más de lo que su autor alguna vez intuyó (4).

En uno de sus libros autobiográficos, Roland Barthes se manifiesta incómodo ante el carácter asertivo del lenguaje (5). Chocolate por la noticia viniendo de un estructuralista, pero por consecuencia de ello, como no podía ser menos de su parte, propone una idea genial: ¡que cada frase esté acompañada de alguna cláusula de incertidumbre!, "como si cualquier cosa que provenga del lenguaje pudiera hacer temblar al lenguaje". Esto le vendría al dedillo a los fanáticos, a los ultra, a los fundamentalistas (6), esos tipos que sólo se hacen preguntas para las que ya tienen armadas las respuestas. Barthes es un Quijote y lucha contra la dirección unívoca, contra la obra como totalidad y composición acabada. A su cláusula utópica (la que hace tambalear el discurso per se), opone la "cláusula retórica" del concepto de final, la policía del pensamiento.

Esta alusión a Barthes sirve, en primer lugar, para quedar como un tipo demasiado inteligente para festejar la Navidad y, operativamente, para analizar la obra de Bolaño toda, en particular sus cuentos. El autor de 2666 no recurre, como el francés, al fragmento como modo de producción, pero sí instala una cláusula de incertidumbre permanente en el discurso de sus narradores. Éstos, como Thom Yorke, nos dicen: "I Might Be Wrong". Esa mezcla de paranoia y ambivalencia relativista que recorre nuestra vida actual, tan propia de la posmodernidad (7), de una época de transición hacia lo desconocido, es evidente en Bolaño y probablemente explique algo de su "boom boom asesino" (8). Sus narradores o personajes tienen siempre una historia entre labios, son máquinas de narrar, pero explicitan que no saben si fue así, advierten que el verosímil del recuerdo puede estar fallando, ofrecen puntos de vista distintos.

En enero se espera una nueva novela póstuma. Se habla también de la publicación de otros textos inéditos para el porvenir (que es largo, más en el caso de Bolaño y de Althusser, aunque su esposa no dijera lo mismo). A partir de ahora lo pertinente sería dejar descansar en paz a Bolaño. Antes deberá ocurrir, claro, su muerte simbólica. Esta operación no tardará: nada pasa más rápido que lo que está de moda. Y Bolaño, que es un grandísimo escritor, también es una moda. Si el Mercado, además de una mano invisible (e inservible), tuviera cerebro, lo asimilaría a un celular súper lujoso. O al último disco de Calle 13 (9). En fin. Primero vendrán las críticas. Luego el estigma hacia sus lectores. Después llegará el olvido (que es la meta). Más tarde, cuando nadie se acuerde de Bolaño, por alguna extraña razón ajena a las estrategias marketineras de las editoriales, volverá. Recién ahí apreciáremos su obra. No sé ustedes, pero entiendo que la única manera de valorar algo es perderlo durante un tiempo (10).

(1): Mátenme.

(2): La vida es grotesca, el amor siempre es fatal, los escritores siempre fracasan, no sé a qué apunto con este comentario.

(3): Todos los chilenos son poetas, hasta Piñera.

(4): ¿Y yo qué sé lo que Bolaño intuyó?

(5): ¿Merece vivir alguien que escribe "caracter asertivo del lenguaje"? Lo dudo. En caso de que la respuesta sea afirmativa, que sea una vida espantosa. A propósito, el libro es Roland Barthes por Roland Barthes.

(6): "Ustedes los cumbia, ustedes los giles". ¿"Le vendría al dedillo"?

(7): ¿Alguien podría ser tan amable de pegarme un tiro cada vez que aludo a la “posmodernidad”?

(8): Boom Boom bien latino.

(9): Ahora son todos fanáticos de Calle 13.

(10): ¿A quién puedo acusar de cursi, de tener mal gusto, de ser un joven nihilista, sabatiano y solemne? ¡Por favor, terminemos con esta farsa de una vez! Yo me voy.